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Violencia en la LIJ chilena: El lento camino para hacerla visible

¿Visibilizamos la violencia en la literatura infantil? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué temáticas particulares queremos tratar? Estas preguntas y más son las que nos hicimos y que quisimos responder a través de las voces de editores chilenos. Cómo se están haciendo cargo ellos de los temas violentos en la LIJ y cómo logran cautivar a sus pequeños lectores.

Por Catalina González, editora FHUV


Ilustración de Manuel Méndez | Manu con tinta

En el momento en el que nos decidimos a abordar el tema de la violencia en la literatura infantil y juvenil asumimos que la tarea no sería fácil. Cualquier asunto que conlleve una implicancia moral o ética es complejo de tratar. Si a esto sumamos el hecho de que estamos hablando de un tema presente en la literatura que va dirigida a niños y adolescentes, la complejidad se torna aún mayor.

A lo anterior hay que agregar el contexto cultural. Como chilenos, somos parte de una cultura tradicional y conservadora que hace que sea muy propio no hablar de temas incómodos o difíciles. Además, la lejanía geográfica de nuestro país hace que las influencias de países lejanos y de culturas diferentes tarden en llegar.

Entonces, ¿cómo hablar de violencia y literatura infantil y juvenil?

Para entenderla y analizarla, pensamos que primero había que abrir la conversación y considerar diferentes tipos de violencia. Así aparecieron la violencia de género, el maltrato infantil, la xenofobia, el bullying, las violaciones a los derechos humanos, el abuso sexual, el maltrato psicológico y la guerra.

Lo más llamativo al abordar el tema fue la respuesta inmediata de cada una de las voces con las que hablamos: “la violencia ha estado siempre en la literatura infantil. Los cuentos clásicos son terriblemente violentos”, fue lo que se oyó sin excepción. Y es cierto. Conocemos, y no nos llaman la atención, relatos como Caperucita Roja o Hansel y Gretel, en los que la violencia es absolutamente explícita. La Caperucita que escribió Charles Perrault, y que rescató de la tradición oral, probablemente no podría ser hoy publicada sin considerar importantes cortes editoriales. “Antes leíamos los clásicos, pero no se concientizaban, ahora hay mucha más conciencia” comenta Rafael López, editor de Hueders, quien concibe a los niños como seres autónomos intelectualmente, reflexivos y parte de la sociedad como cualquier adulto, por lo que esconderles ciertos temas no tiene sentido: “Tienen que entender que la violencia está ahí. La violencia está y hay que encontrar la forma en que los niños la saquen. Negarla es absurdo. Tiene que ser parte de su cotidianeidad”.

Surge aquí una primera postura respecto al tema. La violencia está implícita en todo, entonces es mejor liberarla que negarla. Pero, ¿nos hacemos responsables de cómo comunicarla?

Sí, la literatura se está haciendo cargo y las editoriales chilenas se están sumando. Sin embargo, también enfatizan la necesidad de un delicado tratamiento del texto, para llegar a un libro cuidadosamente editado, dirigido a cualquier niño, de diversas realidades, con distinto bagaje cultural y que puede haber sido -o no- víctima de violencia. “Es importante abrir esas conversaciones difíciles, pero respetando siempre la mirada de los niños. No sé si tiene sentido hacer un libro que entregue la mirada de los adultos. La idea es conectar con la sensación de los niños frente a temas difíciles, no con la nuestra, como adultos”, indica María José Thomas, editora de Ocholibros. Esta parece ser la opinión general de nuestras editoriales locales.

“No hablar de ciertos temas” parece estar pasado de moda en el mundo editorial: “La literatura nos ayuda a pensar, nos permite construir mundos, nos entrega pautas. Hacernos los tontos no publicando libros que aborden la violencia, no”, enfatiza tajante Ana María Pavez, editora de Amanuta. “Es mejor acercarlos al mundo con un producto bien hecho, responsable; que acercarlos, por ejemplo, con un video que pueden ver en YouTube”. Este punto es clave. El consumo de información que tienen niños y adolescentes hoy es excesivo y sin filtros. Son día a día testigos de noticias terriblemente crueles y violentas. Para qué decir lo que pasa cuando entran a internet o son parte de chats en WhatsApp en los que las ofensas o memes agresivos son algo habitual.

Pese a este escenario, existe una cierta prudencia al abordar el tema desde la LIJ, como si el mundo de los libros infantiles y juveniles estuviera alejado de ese contexto. La especialista en LIJ Maili Ow no está de acuerdo con esa mirada: “Me parece que hay que afrontar el tema directamente. No como un panfleto, sino que usando recursos del arte, estéticos, visuales, verbales; bonitas ediciones, un producto de mucha calidad”. Como complemento, cree que las imágenes pueden aportar a tratar este tema, ya que en su opinión los tópicos más difíciles en la literatura infantil son más abordables a través de la imagen que de la palabra: “La visualidad se ha ido posicionando, pareciera que la imagen va más de avanzada, que permitiera decir cosas que las palabras no pueden”.

El mundo editorial en Chile no quiere excluir la violencia ni otros temas difíciles de sus catálogos infantiles. Quieren que esté presente y exhibirla responsablemente, desde distintos ángulos, pero, ¿quieren enseñar a través de los libros? La respuesta es no. Al leer un libro, inevitablemente, se integrará conocimiento y experiencia, pero dar pautas a través de la narrativa infantil parece no ser el objetivo final. Al menos, no en las editoriales pequeñas, cuyo principal enfoque son los buenos textos y los relatos atractivos, que despierten interés y curiosidad en sus lectores: “Consideramos que enseñar no es el rol de los libros. Y si queremos fomentar la lectura y que los niños disfruten de ella, creemos que por ahí no va el camino”, comenta María José Thomas: “Si bien la literatura sirve para abrir conversaciones, para plantearse temas, no está ahí para apostolar”.

De la misma forma piensa Rafael López, quién está de acuerdo con que no se excluya la violencia de los libros para niños, pero sin que el tema sea un pie forzado. Para él son esenciales las buenas historias, los relatos contundentes, que despierten curiosidad y ganas de leer. “Mi propuesta es que los libros sean interesantes para los niños y no tengan que estructurarse valóricamente. Sí dar posibilidad a un diálogo, y ahí es donde se les puede enseñar”.

La idea parece ser no convertir estos temas en una bandera de lucha, sino dejar que fluya la buena literatura. En esta línea, Rafael López destaca el trabajo realizado por Luigi Amara en su libro Los calcetines solitarios: una historia sobre bullying, que en su opinión aborda el tema de manera fresca e inteligente.

Siguiendo esta temática es que Ocholibros publicó su libro Espantoso, de Luis Alberto Tamayo; en él, la historia se desarrolla desde el agresor, que vuelve al colegio después de un año fuera.

¿Qué violencia vamos a mostrar?
El entramado social en el que vivimos parece ser un punto de partida común para abordar la violencia en Latinoamérica. La violencia social y política que ha vivido esta parte del mundo ha inspirado una serie de libros. Entre los autores, la mayoría coincide en destacar el trabajo del colombiano Jairo Buitrago. Amanuta, de hecho, se la jugó por publicar su libro Un diamante en el fondo de la tierra, en el que se aborda la dictadura en Chile, con ilustraciones de Daniel Pantoja.

Ocholibros, por su parte, desarrolló una colección en la que trabajaron con Villa Grimaldi, y que se llama Hablemos de…, dentro de la que destaca Canción para mañana, en que a través de una metáfora poética se tematiza el terror de quienes pierden a un familiar durante la dictadura. Y como el contexto social y político va abriendo temas, la migración y la xenofobia no se quedan atrás. Amanuta publicó El camino de Marwan, premiado con un Bologna Ragazzi el 2017, que retrata la realidad cruda de la migración.

Así, parece que estamos atreviéndonos a incluir en el trabajo editorial a la violencia; al menos la que se da puertas afuera, en el contexto público. La situación cambia cuando hablamos de lo que ocurre puertas adentro. Al parecer, la violencia sexual y la agresión que ocurre en contextos íntimos ha sido más difícil de abordar; o al menos eso podemos deducir al revisar la oferta de libros. En este ámbito, destaca Estela grita muy fuerte, en el que Isabel Olid y Martina Vanda describen la protesta de una niña a la violencia que sufre su madre por parte de su pareja.

Otro buen ejemplo es el realizado por Jutta Bauer con Madrechillona, en el que astutamente y a través de acertadas imágenes se refleja la violencia de una madre a su cría, con un final feliz.

En esto coincide Maili Ow: “Hay un conjunto de obras que habla de violencia política, otro de violencia escolar, eso todavía lo podemos tragar; pero cuando ya te metes en violencia contra la mujer, o contra los niños… No he visto en Chile mucho de eso”. Abrir el campo temático a este tipo de situaciones y conflictos es la siguiente tarea. Para Maili, hay algunos autores en Chile que se están atreviendo. “Aquí es clave lo que hace María José Ferrada, que ha seguido un camino menos seguro, pero más innovador a través de sus libros Niños y La tristeza de las cosas, por ejemplo. Sara Bertrand está como en el medio, saliéndose un poco del plan lector y avanzando a obras un poco más desafiantes temáticamente”.

Escuela y padres, los protectores
Nuestras editoriales sí se atreven. Son capaces y no les asusta producir libros infantiles en los que la violencia esté presente. Pero, ¿qué tanto de esto leen efectivamente los niños?
Ana María Pavez es enfática: “Los padres no quieren que sus hijos se enfrenten a temas violentos. Llegan en la noche y prefieren tocar otros temas, leerles otro tipo de cuentos”; incluso, asegura que estos libros no se venden en librerías.

El fenómeno sigue la tendencia norteamericana, marcada por una fuerte regulación de la literatura infantil. La asociación de padres juega un rol fundamental en esto y es sumamente estricta a la hora de decidir qué leen los niños. “Los compradores gringos no se interesan por comprar nuestros libros que pueden contener temáticas violentas; ellos quieren algo más bonito”, asegura Ana María.

Distinto es lo que ocurre en Europa, o incluso en países de Asia, lugares en que están más dispuestos y abiertos a abordar temas complicados, al menos en el mundo editorial infantil y juvenil. Acá, el espacio que se ha dado a temáticas violentas proviene de algunas editoriales que se han atrevido y se han desmarcado del plan lector. Las grandes multinacionales son menos osadas en el área infantil y juvenil.

En Chile, hay además otro freno: las escuelas. Según Maili Ow: “Este tipo de libros se compran, pero no han ingresado a las escuelas como parte del plan lector. Todavía hay muchos prejuicios. Hay una distancia entre el mundo editorial más grande y los libros infantiles que llegan a las escuelas a través de las bibliotecas CRA, o lo que se trabaja en distintos diplomados y seminarios, lugares en los que hay mayor apertura a estas temáticas”.

Trabajar con libros como estos supone mover un poco el piso de lo que pasa en el colegio, y hay muchos a los que aún no les acomoda. “Esto es un proceso y se han ido abriendo espacios. El CRA ha dado un gran paso, de ampliar el foco de la lectura, ha abierto espacio a libros no necesariamente parte del plan lector”, reitera Ow.
Vemos así que el mundo editorial sí está dando espacio a temáticas como la violencia en nuestro país, pero tenemos que ser conscientes de que esto es un proceso, que avanza lentamente y que encuentra detractores en el camino. Lo que parece ser un acuerdo implícito entre los distintos actores es la importancia de tocar los temas de manera adecuada, sin irrumpir en un espacio que por años ha sido cuidado y protegido. La tónica parece ser visibilizar el mundo como verdaderamente es, violento y crudo, pero con delicadeza, abriendo preguntas, despertando curiosidad, empoderando a los niños como seres autónomos y fuertes.

Publicado en RHUV Nº26

Roger Mello: Provocación a través del lápiz

La ilustración ha sido parte de la vida de Roger Mello desde muy niño, cuando dibujaba historietas y cómics en su Brasilia natal. Al mismo tiempo transcurría la dictadura, hecho que marca profundamente el trabajo del ilustrador y que lo ha llevado a exhibir a través de su obra una visión crítica de la sociedad. Mello no cree en el eurocentrismo clásico de la literatura infantil, y por ello, su trabajo busca reflejar el folclore y la cultura popular brasilera a través de temas como el trabajo infantil. Amante de los libros, es el ilustrador de más de un centenar de ellos, algunos de los cuales también ha escrito. Entre ellos, encontramos Carvoeirinhos, Meninos do Mangue y João por um Fio. Su mayor reconocimiento: el Premio Hans Christian Andersen el año 2014.

El mejor regalo literario para un niño
Quedarse frente al códice maya. La lectura en él es visual, subjetiva.
Son geoglifos mayas que el lector puede descubrir e interpretar.

Un libro que hace reír
Macunaima, de Mario de Andrade.

No se puede evitar llorar con este libro
La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca.

Para cautivar a un adolescente no lector
La música de Nelson Cavaquinho, el filósofo del samba. Aunque no sea un escritor, pienso que una manera de cautivar a jóvenes no lectores puede ser través de las letras de la música.

Un libro que no falte a la hora del cuentacuentos
Panchatantra de Vishnu Sarma.

Mi libro álbum favorito es…
Etrusco dorado, el más antiguo códice completo encontrado. Es un libro y tiene imágenes. No considero que el libro álbum sea solo el hecho en la actualidad, para niños.

Mi mejor novela juvenil
A odalisca e o elefante, Pauline Alphen.

El ilustrador que más me gusta
¿Tengo que elegir una persona? Empezaría con los anónimos que ilustraron la Pedra Furada en el Parque da Capivara, Piauí.

La biblioteca donde encuentro todo
La biblioteca de Babel, de Borges.

El libro que hoy tengo sobre mi velador
El Rey Mono ilustrado por Xiong Liang.
Quando Pedro tinha 9 anos, Mariana Massarani.

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Publicado en RHUV Nº26

Gusti: “Hacer libros e ilustrar es algo muy sagrado, porque es para los niños”

Se mueve de lado a lado en encuentros que ya se han convertido en verdaderos espacios de sanación. Es lo que pasa cuando se conecta el lápiz con el corazón. Lo que hace el argentino Gusti a través su ilustración.

Por Claudio Aguilera, fundador de Plop! Galería


Ilustraciones de Gusti

Viene llegando de Bolivia. En un par de semanas irá a Portugal, luego a Colombia, más tarde quién sabe. Así ha sido su vida durante los últimos años. Desde que en 2014 presentó su libro Mallko y papá, el ilustrador Gusti se ha dedicado a viajar por el mundo dando talleres y conferencias. Encuentros que son también una ceremonia, un espacio de sanación de los que nadie sale igual a como entra. Porque en sus dibujos y en sus palabras la emoción, fuerza y humanidad es capaz de tocar hasta los corazones más duros.
“Es lo que pasa cuando le hablas al otro de igual a igual, mirándolo a los ojos, con una obra que ha nacido desde las tripas”, dice él en Santiago, donde estuvo algunos días para participar en el Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lectura e Inclusión”, organizado por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación y la Universidad Católica.
Mallko y papá fue ante todo una forma de sanarse a sí mismo. Tras el nacimiento de su hijo con síndrome de down, decidió narrar su experiencia y dar cuenta, sin indulgencia y enorme sinceridad, de su proceso.
“Cuando nació Mallko, evidentemente, un papá humano como yo, ignorante en muchos aspectos, no lo aceptó. Estuve sufriendo una semana y mi otro hijo, Theo, que ahora tiene 18 años y en ese tiempo tenía ocho, me pregunta: “Gusti, ¿qué es el síndrome de down?”. Le expliqué que no era una enfermedad, sino una condición genética. Y que a Mallko lo íbamos a querer igual. Yo no sabía si tirarme por la ventana o dejar que me atropellara un tren. Y Theo me dice: “A mí qué más me da si él es azul, verde, rojo, para mí va a ser siempre mi mejor hermanito”. Y ahí vi una especie de iluminación: qué más da cómo viene, así como está es lo mejor. Fue la primera lección de aceptación que tuve”.
Ese fue el germen de lo que vendría después. Pero antes tuvieron que pasar otros dos años en los que golpeó puertas en busca de apoyo, debió superar el bloqueo creativo y la frustración, y enfrentar la incomprensión de quienes se negaban a esa visión sin endulzantes que quería transmitir. Esta vez, la iluminación vino en un sueño.
“Una vez me levanté en medio de la noche, hacía frío, y me puse a dibujar unos dibujos chiquititos en una libreta. Hice una relación entre el dibujo y el nacimiento de Mallko. Porque cuando uno dibuja se hace una imagen de lo que quiere, pero a veces no sale como espera y tienes la opción de tirarlo, recortarlo, retocarlo con Photoshop. Pero con un hijo no puedes hacer eso. Imaginé los dibujos que yo tiraba a la basura escapando como de la prisión de Alcatraz y esos que tachaba como si fueran crucificados. Entonces, entendí que yo era como el rey Arturo que debe sacar la espada de la piedra. Pero no es el más fuerte o poderoso el que logra sacarla, sino el que es puro de corazón. Y yo en vez de una espada debía sacar un lápiz. Mientras lloraba y temblaba de frío lo entendí todo: para dibujar este libro tenía que hacerlo con el corazón. Fue el momento en que todo se unió”.
Bajo el cuidado del prestigioso editor Daniel Goldin y el diseñador e ilustrador Alejandro Magallanes, mezclando estilos y agregando una gran dosis de humor, en 2016 Mallko y papá ganó el Premio Bologna Ragazzi en la categoría de libro sobre discapacidad por ser una obra que, como señaló el jurado, “combina exitosamente una narrativa y una estética experimental en la que con diversas técnicas artísticas se reflejan emotivos y profundos sentimientos”.
“El libro está haciendo su trabajo”, dice hoy Gusti, quien además es fundador de la asociación Windown, donde realiza talleres educativos para personas con capacidades diferentes y junto a Mallko graba videos para su programa on-line Radio La Foresta. “Yo sabía que iba a pasar algo, pero no sabía qué. Tampoco tenía ninguna expectativa, lo que no quería era caer en tópicos, en dar mensajes. Y ha sido un libro que marcó un enorme cambio en mi vida: ahora miro para atrás y digo por suerte me pasó todo esto. Si alguien me dijera te cambio al Mallko por un rubiecito sueco atlético y campeón de maratón, evidentemente diría que no. Que muchas gracias, pero que yo estoy bien con mi hijo”.

La ceremonia del lápiz
Llegar a este punto significó para Gusti no solo un arduo proceso personal y artístico, sino que también espiritual. “Yo ando mucho en la selva, trabajo con pájaros y con las comunidades indígenas. Para mí todo se solucionó en una ceremonia chamánica”, comenta. “Y una forma de unir y compartir mis experiencias son los talleres que hago que son también como ceremonia, la ceremonia del lápiz. Pero si lo digo, se escapan o se ponen a la defensiva. Por eso, mejor hacerlo como en Karate Kid: vas a aprender karate y te enojas con el profesor porque después de seis meses no te enseñó karate, pero en realidad no sabías que habías aprendido”, agrega entre risas.

¿La ceremonia del lápiz también se refleja en tus libros?
Sí. Hacía muchos años que dibujaba y llegó un momento en que estaba un poco cansado. No sé si quiero seguir haciendo esto, me dije. Es mucho trabajo, muchas horas de estar muy solo. Pero descubrí que había que darle la vuelta a esa condición. Entendí que hacer libros, ilustrar, era algo muy sagrado, porque es para los niños, no es para los ilustradores amigos, para los editores, para los cócteles ni los premios. Y ahora yo pongo semillitas en mi libro. Eso no significa que todo el mundo las vea o las recoja, y le ponga agüita para que crezcan, pero cuando llega alguien más grande y te dice que tu libro lo acompañó durante su infancia y fue importante; ahí tienes una maravillosa dimensión de tu trabajo.

En tus charlas hay algo muy emotivo también, la gente se te acerca, algunos lloran, te piden consejos. Como autor, uno no está preparado para enfrentar algo así.
Es impresionante. La primera vez que hablé del libro fue en una charla en México. El libro estaba todavía en proceso. Era una mesa redonda muy importante, con puros cracks y yo no sabía qué decir. Entonces me habló una voz. Van a decir que estoy loco, pero esa es la verdad. Y la voz me dijo: “ustedes los ilustradores son personas muy inclusivas, porque trabajan con todos los colores, con lápices chiquititos, lápices viejos, lápices gordos, lápices nuevos”. Y yo dije, wow, ya está, ya tengo lo que debo decir. Fui a la charla, hablé de los lapicitos, hablé de Mallko y se hizo un silencio que no se puede explicar. Cuando salí se empezó a acercar mucha gente. Yo tengo poliomielitis, me dijo una. Fírmame un libro para mi nieto porque tengo cáncer y me voy a morir, me dijo otra. Estuve una hora entre firmas y gente que me contaba que se había sentido identificada con lo que dije. En un momento fue tanta la intensidad que me tuve que ir. Desde ese momento no paré.

¿Por qué crees que se produce esta conexión tan intensa?
Porque la gente necesita que se le hable desde el corazón. No que se le dé solo una palmadita en la espalda. Basta una charla mirándose a los ojos, diciéndose las cosas tal cual son, mostrando las debilidades sin creer que somos súperhéroes. Y transmitir la sensación de que se puede, porque ven que tú pudiste. Mi hijo tiene diez años ahora, pero está el otro con el bebito que acaba de nacer y le preguntas cómo estás y ves que los ojitos le empiezan a tambalear. Tranquilo, hermano. Pronto te vas a dar cuenta de que esto es lo más grande que va a pasar en tu vida.

Me contabas antes que estos viajes te han enseñado mucho. ¿Qué has aprendido?
Que en la vida nos acobardamos con muchos temas, que se dicen las cosas, pero a medias. Y con la discapacidad, eso es aun peor. Si fuera un tema de fútbol, quizás todo lo sueltan más rápido. Pero en el tema de la discapacidad hay que ser cuidadoso, que nadie se sienta ofendido. Pero es lo contrario. Hay que soltarlo todo y decir “esto es así”. Y me encontré con un montón de padres, no madres, que les pasó lo mismo que a mí. Pero que no se atrevieron a contarlo porque los crucificaban. Y se lo guardaron adentro y al escucharme se atreven. Es como una sanación. Ahí está el secreto. Decir las cosas como son. No tienen que ser bonitas o feas. Y eso es algo que me gustaría que estuviera más presente: hablar de igual a igual, con humanidad y cariño.

Antes de llegar hubo un ataque terrorista en Barcelona, la ciudad donde vives. Y por todas partes vemos mucha violencia e intolerancia. ¿Pueden ayudar los libros a luchar contra eso?
No creo en las recetas ni en las fórmulas mágicas para hacer las cosas. Está lleno de gente que, a través de los libros, y especialmente de los libros para niños, quiere dar recetas. Pero eso es un poco ilusorio. No se puede hacer algo general. Se puede hablar de tu experiencia, pero no siempre funciona, porque somos todos tan diferentes, nuestros contextos e información son distintos. Me parece que la clave está en la educación y en asumir nuestras diferencias, y en eso los libros pueden aportar. Por eso es importante que cada uno desde su ámbito haga lo mejor posible. Esa ya es una forma de arreglar las cosas. Para que un pájaro vuele necesita todas sus plumas. Las grandes y bonitas, pero también las chiquitas y grises. Y la sociedad es un pájaro. A cada uno le toca una pluma y con eso cada uno puede aportar a que la sociedad alce su vuelo.

¿Crees que el dibujo puede ser sanador?
poder trasmutar mi experiencia y plasmarla en un libro. También me di cuenta de que hay imágenes poderosas. Una vez me escribió la mamá de una niñita con síndrome de down que estaba muy enferma y me pidió un dibujo para ella. Yo le mandé uno en que decía: “Gracias, porque ya se sanó”. Hice una afirmación. A partir de ahí tuve una comunicación con esta niña. Ella me enviaba dibujos, yo le enviaba otros. La niña se salvó y está divina ahora. No digo que se salvó por eso, pero la intención de sanar ayuda. Y también la no intención, hacer las cosas sin esperar nada, solo porque está bien hacerlas. Por eso creo que el dibujo es poderoso. El lápiz es una herramienta que sirve para escribir o para hacer un monigote, pero también para salvarle la vida a alguien, partiendo por ti mismo.

Dejar fluir
Durante su visita a Chile, Gusti también inauguró en PLOP! Galería la muestra A bolígrafo, donde reunió una serie de coloridos dibujos de trazo divertido y algo infantil que ha ido realizando en los últimos años. Muchas de estas creaciones, en las que abundan disparatados personajes y entretenidas situaciones, fueron recientemente publicadas por la editorial argentina Pequeño Editor en el libro Animales escondidos, realizado junto a la escritora Lola Casas.
Estas obras, a las que él llama “mi mandala”, condensan bien algunas de las constantes de su trabajo artístico: el juego, el humor, la experimentación, el uso del error y la yuxtaposición de elementos diversos como gatilladores del relato, pero por sobre todo, una enorme libertad. “Me da risa cuando veo esas críticas que hablan de mis libros y empiezan mostrando un gran despliegue técnico. A veces me preguntan por qué pinto con tal color y lo que pasa es que era el único lápiz que en ese momento tenía punta”, comenta entre risas. “Todo es así en mi trabajo, no hay nada buscado. Lo importante es contar lo que tengo que contar. Sin ninguna intención de gustar. Y eso me relaja mucho. Por eso yo digo que no se trata de saber dibujar, sino de conectar con algo bien profundo. Soltarlo y aceptarlo. Porque el fondo siempre es un tema de aceptación, de amor, de corazón”.

¿Qué rol cumple el humor en tu trabajo?
El humor es sagrado para mí. Reírse de las cosas es una buena terapia. No es buscado. Yo voy así por la vida. Es mi manera de entender las cosas complejas. Pero no invento nada, mis historias tienen que ver con cosas que veo, que pasan en mi casa. Y tras ese humor se esconde siempre mucha verdad.

Incluso te burlas de los estereotipos en torno a los niños con síndrome de down.
Me pasa mucho, sobre todo en Latinoamérica, que cuando la gente ve a Mallko, se acerca y me dice que es un angelito, una bendición de Dios. Al principio me hacía gracia, pero después me empecé a poner pesado: mi hijo no tiene alas, les decía. Y después viendo lo que es a veces, un verdadero diablo con patas, menos que menos. Lo que hay que entender es que son personas como todas, con momentos de felicidad, momentos malos, y eso es lo maravilloso.

Pareciera que siempre el azar está muy presente en tu obra.
No sé si es el azar. Es más bien estar atento a las señales. Para mí, el “había una vez” parte siempre de un dibujo y después me gusta dejar fluir, sin mucha planificación, sin componer; usando lo que tengo a mano y materiales baratos. En eso he aprendido mucho de Mallko, que le encanta dibujar, y de los niños y artistas con capacidades distintas con que hago talleres. Es increíble como ellos rompen las formas. No tienen miedo, no hacen bocetos, no planean nada. Y me encanta porque es más rápido, más cómodo y se acepta el error. En una charla, un niño me preguntó por qué dibujas tan mal. Yo le dije “gracias, es el mejor cumplido que me puedes hacer”. Porque hace 30 años estoy tratando de dibujar así de mal. Y es verdad. Intento desandar esta cosa tan preciosista que se puso de moda en la ilustración, que me parece un poco aburrida y no me interesa.

¿Cómo se logra eso?
No preocuparme del resultado me relaja mucho. Creo que esos dibujos que se hacen sin mucha ambición son los mejores. Lo importante es estar dibujando todo el tiempo y de ahí salen las ideas. Hay que hacer muchos apuntes y mirar mucho a la gente en la calle. Así, poco a poco se te va metiendo cómo funciona el ser humano. Eso es ser ilustrador: tener una capacidad de observación de la vida y después lograr transformarlo.

Gusti
Ilustrador y escritor de libros infantiles, profesor y director artístico; viajero incansable. Sus inicios en animación fueron en el estudio “Catu Cineanimación”; después de eso, comenzó a colaborar para distintas magazines y editoriales infantiles.
Si bien es bonaerense, Barcelona es desde hace años su centro de operaciones y el lugar donde reside. Cofundador de Windown-La Ventana en la que trabaja por una sociedad más inclusiva.

Publicado en RHUV Nº26

Lectura y escritura en la sombra de la sociedad

“La humanidad es algo que todavía hay que humanizar”. Gabriela Mistral

Por María Paz Garafulic, socia y directora de Confín Ediciones y directora de Fundación Había una Vez

Es sabido que la lectura proporciona innumerables beneficios y que sus efectos trascienden con mucho la mera adquisición de información y entretención. Se habla con frecuencia de sus efectos en el desarrollo cognitivo, emocional y personal, en la construcción del pensamiento y la capacidad de comprensión y análisis. Se habla incluso -y desde no hace mucho- de sus bondades terapéuticas. Es cierto, desde muchas perspectivas la literatura, vivida a través de la lectura y la escritura, puede ser una excelente herramienta, y mucho más que eso, puede ser un remedio, un consuelo, un refugio y una compañía.

Esta conceptualización de la literatura y de la práctica lectora como instancias de encuentro, de reflexión, expresión y calma es particularmente aplicable en espacios como las cárceles. Espacios en que la violencia suele ser uno de los elementos fundantes de la convivencia, y no solo como violencia personal, entre individuos, sino institucional, del sistema y la sociedad frente a aquellos que, habiendo transgredido las normas básicas de la convivencia social -habiendo delinquido- se encuentran privados de libertad.
Conocidas son las condiciones en que viven hoy en día hombres y mujeres privados de libertad en Chile. Los contextos físicos bordean lo inhumano, el hacinamiento, escasez de recursos y casi nulas instancias para promover la futura reinserción son la lamentable regla general.

La gravedad de la situación admite una amplia variedad de enfoques y análisis que trascienden con mucho el objetivo de este texto, que busca solamente poner en evidencia y compartir dos hechos fundamentales. Primero, al parecer hoy en día, violencia con violencia se paga. Se ha olvidado que las personas privadas de libertad se encuentran privadas de cierto tipo de libertad, la libertad de circulación, y no de otras libertades y derechos que le corresponden al individuo en su calidad de ser humano. Hoy se priva también del derecho a una vida digna, del derecho a la integridad física y síquica, del derecho al desarrollo personal y cultural. Todas estas garantías, establecidas por la misma Constitución y reconocidas como normas internacionales de derechos humanos, se ven vulneradas con peligrosa frecuencia.

En segundo lugar, y lo que justifica estas líneas, es la importancia que puede adquirir la literatura en estos contextos especialmente vulnerables y violentos, deshumanizados. Violentos en sí mismos, como recintos cuyas características promueven la violencia intramuros, y violentos desde la perspectiva de los rasgos de las personas que los habitan.1
¿Qué puede hacer la literatura en estos contextos? Conozco puntualmente dos experiencias que avalan la tesis de que la literatura, tanto desde la perspectiva de la lectura como de la escritura, contribuye a la libertad interior2 del individuo y, siguiendo a Gabriela Mistral, a humanizar la humanidad.

Uno de ellos es el proyecto de implementación y activación de bibliotecas penitenciarias en centros de reclusión de la Sexta Región, Peumo, Rengo y Santa Cruz, y el segundo, el concurso “Cartas de Mujer”, desarrollado por el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín.
En ambos proyectos ha sido claro el efecto humanizador de la literatura. En el primer caso, el acercamiento de los internos a un mundo hasta ese entonces completamente desconocido, el de la literatura y en general del conocimiento, sorprendió a todos quienes participamos. Las bibliotecas se transformaron en el lugar más visitado por los internos y en el menos violento. Hubo incluso un periodo en que, proporcionalmente, el número de préstamos de libros a celda fue mayor que el de un colegio promedio. En palabras de un interno del Centro Reclusión Peumo: “Paso a darles las gracias por la maravillosa biblioteca que nos regalaron, en donde tenemos un mundo lleno de cultura, conocimiento y entretención”. ¿Qué se manifiesta? La profunda necesidad del ser humano, más allá de su situación vital, de acceder al mundo de la palabra, de la creación, de la información y la belleza.

Por su parte, el proyecto “Cartas de Mujer” nos llevó a mirar cara a cara la sombra3 de la sociedad, a conocer a estas mujeres supuestamente peligrosas y muchas veces violentas o violentadas, que al escribir llegaron a los más profundos rincones de sus historias y almas.

Los procesos de creación no fueron fáciles, para muchas fue un desafío, para la mayoría una posibilidad de encontrarse con sus pensamientos y anhelos más profundos; para muchas tuvo un componente catártico. Las cartas abarcaron un amplio abanico de temas: la maternidad, la muerte, el dolor, el miedo, la libertad, la esperanza, el amor.

Escucho los gritos de la desesperanza
que atraviesan los viejos muros
fríos y gastados
donde rebotan las voces del silencio,
llevándose mi alma.
Te busco en mi soledad
y tú no estás conmigo.

-Fragmento de una de las cartas ganadoras

¿Por qué la creación literaria, la escritura? Porque invitarlas a escribir sobre sus propias sombras y dar a conocer sus voces nos permite cumplir, aunque sea mínimamente, con el mandato de humanizar nuestra sociedad, proveyendo condiciones de desarrollo y bienestar. Nos obliga a abrir los ojos ante la violencia, no solo respecto de la que sufrimos, sino también de la que ejercemos en mayor o menor medida como sociedad.

A la luz de estas y otras iniciativas, la literatura, tanto desde la perspectiva de la lectura como de la creación literaria, es un llamado a escuchar, a comprender y a responder a los gritos de la desesperanza.


María Paz Garafulic, abogada de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fundadora de la Fundación Había Una Vez el año 2005. Ha ejercido su carrera profesional en ámbitos como el acceso a la justicia, desarrollo de la ciudadanía, fomento de la lectura y cultura. Ha realizado actividades académicas en Chile y el extranjero. También ha participado en programas de formación ciudadana en ONGs y universidades y es cofundadora de Fundación Probono. Miembro del Comité Asesor del Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts de Washington y socia de Confín Ediciones.

Publicado en RHUV Nº26

To This Day (Hasta el día de hoy)

 


recomendado-por-mediadores3
Por Jennifer King, Comunicadora visual británica, ex directora de la Revista HUV, Profesora UDP y directora de Confín ediciones.
jennifer@confin.cl

To This Day (Hasta el día de hoy)
Autor: Shane Koyczan
Lectores AvanzadosApp gratis del sello Moving Tales | 2013

A propósito de violencia, hace cuatro años, Shane Koyczan, un poeta canadiense de “la palabra hablada”, una pequeña corriente poética nortina, como nuestra paya local, un “spoken word artist”, lanzó en YouTube y en una charla TED simultánea, el video de su poema To This Day (Hasta el día de hoy). El primer día lo vieron casi dos millones de personas y, hasta hoy, lleva 21 millones de vistas, un éxito viral total. Se trata de un corto animado, narrado en verso, de siete minutos y medio que aborda el bullying. El corto se ha convertido en el lema mundial de las víctimas de la violencia escolar.
Me dio mucho placer encontrarlo en la App store bajo el sello Moving Tales; el casi desaparecido precursor de los mejores libros app animados que he visto hasta hoy. El formato app permite variar los idiomas de los subtítulos y además controlar el audio; o lo mejor de todo: grabar tu voz, acompañada por la música, para ir reemplazando el inglés en cada escena (¡la mejor opción para el aula local y profes dramáticos!). Esta es realmente la diferencia de verlo en YouTube. Además, la descarga de la app -gratis- permite verlo sin conexión a internet y con calma, ya que divide las estrofas en escenas subtituladas. Combina distintas animaciones aleatoriamente, hechas para cada segmento, permitiendo recibir una nueva experiencia en cada lectura. Doce animadores digitales y ochenta artistas de renombre participaron en esta colaboración, los cuales elevan la app a una calidad estética memorable.
A pesar de lo complejo, la traducción funciona. El traspaso al español no pierde la fuerza del relato. Lo más impactante es la voz del autor en inglés y su intención de relator –digno de parar pelos–. No omitan este paso (con subtítulos), aunque graben su propia versión. Una aplicación digna de pertenecer al currículum, como lo ha sido por décadas en EEUU Shel Sileverstein, con su encantador y dramático poema ecológico “El árbol generoso”, de 1964. Hoy más vigente que nunca.
Hasta el día de hoy relata la experiencia universal del autor y una amiga al ser amedrentados en el colegio. Casi como una confesión, constantemente intercala las repercusiones en la adultez; logra impresionar de una manera muy empática y sensible.
Abarca temas fundamentales como la depresión infantil, terapia, la crueldad en el colegio, la violencia de las palabras, niños medicados, y sobre todo, las secuelas que acompañan.
Es lamentable que algunos de los subtítulos tengan errores de digitación, y no incluyen puntuación –la peor parte– (¡estoy a punto de enviarles una versión revisada!) aunque son contados con una mano. Sin embargo, el beneficio que brinda el conjunto es inigualable. Se agradece finalmente material novedoso y creativo para abarcar esta temática tan presente.

Publicado en RHUV Nº26

Refugiada: la odisea de una familia

 


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Refugiada: la odisea de una familia
Escritora: Tessa Juliá
Ilustradora: Anna Gordillo
Primeros lectores La Galera | 2017
Clasificación: Literatura

Una niña y su familia, al igual que muchas otras personas, deben abandonar su casa, su comunidad, su tierra, por la guerra. Una diáspora que se ha vivenciado tantas veces en la historia de la humanidad se convierte en un libro álbum para todas las edades.
No se ha visto tanto sobre la migración forzada por acontecimientos bélicos u otro tipo de violencias en el mundo de los libros infantiles, así que puede ser un buen recurso para trabajar el tema con los niños. Puntos fuertes: la sencilla y triste historia de la pequeña protagonista, que el relato ni siquiera nombra, enfatizando así su desarraigo de tierra e identidad; las ilustraciones en tonos azulados, que enfatizan la tristeza y permiten vivir el caminar desolador de la migración.

Publicado en RHUV Nº26

No toques a mi madre

 


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No toques a mi madre
Autor: Hervé Mestron
Grandes lectoresZig-Zag | 2016
Clasificación: Literatura

Cecilia, una joven adolescente, vive sola con su madre desde que el padre se fue en un viaje sin retorno. La mujer ha tenido un par de novios ocasionales, pero su hija advierte que el abandono del que fue su marido le ha dejado con marcadas secuelas emocionales. Sin embargo, las cosas están por cambiar. Hace algún tiempo, ha aparecido Sebastián en la vida de su mamá, y se aprestan a cambiarse de casa para vivir juntos los tres.
Sebastián es el hombre perfecto: cariñoso, cooperador, protector. Siempre está atento a detalles que puedan hacer más feliz a su nueva familia. Cecilia, aunque lo acepta, siente que la vida ahora será diferente… ¡estaba tan acostumbrada a vivir sola con mamá!
El desconcierto surge cuando frente a una instrucción no acatada por la adolescente, Sebastián le levanta la mano. Si no fuera por la acción defensiva de la madre, la habría golpeado. Luego vienen las sospechas: su mamá tiene moretones que, según ella, son provocados por choques con muebles o repentinas caídas. La confirmación se produce cuando una tarde Cecilia sorprende al novio de su madre agrediéndola violentamente. Está tan asustada, que sale arrancando. Afortunadamente, cuenta con la sólida amistad de Bettina y su familia, quienes la ayudan a quebrar el círculo de la violencia y a encarcelar al agresor.
Una nueva novela del músico y escritor francés Hervé Mestron, que enfrenta un tema de absoluta vigencia en la sociedad actual: la violencia contra la mujer. Con un lenguaje simple, y orientado hacia un público juvenil, el autor va presentando una historia que si bien es predecible, permite empatizar con las víctimas y tomar conciencia sobre el problema del maltrato.
Libro entretenido y fácil de abordar. Una buena opción para jóvenes lectores.

Publicado en RHUV Nº26

Nube negra

 


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Nube negra
Autora: Juliet Escoria
Grandes lectoresLos libros de la mujer rota | 2015
Clasificación: Literatura

Nube negra es un título que refleja fielmente el contenido de la obra de Juliet Escoria. A través de relatos breves, crudos y directos, asociados a un título con nombre de sentimiento, la autora hace un paneo por la vida de una joven desesperanzada y que refleja la oscuridad de una sociedad decadente. Cortante, con palabras rudas y brutales, con frases cortas pero inundadas de miseria, conocemos la rutina y las desesperanzas de este personaje desencontrada consigo misma en un mundo que parece no ofrecer una salida. El cometido de la obra: retratar la miseria humana.
El libro rompe con los esquemas clásicos en la literatura juvenil, donde se perpetúa el final feliz y los textos aleccionadores. La mirada cruel y desesperanzada de este texto nos lleva a vivirlo desde la literatura sin pretender una instrucción en modales o en formas de vivir, sino más bien, un acercamiento a las letras
y a lo que nos hacen sentir (desde diversas vitrinas).

Publicado en RHUV Nº26

Por trece razones

 


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Por trece razones
Jay Asher
Grandes lectoresV&R Editoras | 2017
Clasificación: Literatura

Tengo la certeza de que muchas veces habrás escuchado: “¡Es mucho mejor el libro que la película!” y debo decir que esta no es la excepción. La serie, basada en el libro, es buena; mantiene la atención capítulo a capítulo, pero sus diferencias con el libro son sustantivas.
El argumento: Hannah Baker está muerta, se ha suicidado y ha dejado una singular herencia para algunos compañeros de colegio: el relato de su historia, o al menos de los trece motivos que la llevaron a tomar la decisión de quitarse la vida. Cada uno de estos motivos es a la vez un destinatario que recibirá una caja con cintas de cassette, grabadas por la misma Hannah; y un mapa, con el itinerario geográfico de cada lugar donde se suscitaron los acontecimientos. Clay Jensen es uno de los destinatarios y es a quien acompañaremos durante todo un día, sumergiéndose en estos trece encuentros de dolor, burla, daño, abuso y falta de sentido, tratando de descubrir cuándo Hannah “dejó de querer ser parte de algo”.
Esta novela es un relato de desamor, de la profundidad e importancia que tiene la mirada de los otros en nuestro autoconcepto, pero también es una oportunidad para ver que nuestros actos determinan el actuar de otros sobre sí mismos y sobre otros: “supongo que ese es precisamente el punto, nadie sabe con certeza cuánto impacta en la vida de los otros, pero de todos modos, forzamos la situación”.
Si comencé leyendo esta historia pensando en la mirada omnipotente de los jóvenes, la terminé con el temor de no acogerlos y mostrarles que todo puede ser mejor.

Publicado en RHUV Nº26

Greta La Loca

 


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Greta La Loca
Geert De Kockere / Ilustrador: Carll Cneut
Lectores AvanzadosBarbara Fiore | 2006
Clasificación: Literatura

Esta es la historia: una nueva interpretación sobre un clásico como lo es Dulle Griet, del pintor holandés Pieter Brueghel, el Viejo. Un óleo de 1562 de carácter folclore flamenco con claras influencias de El Bosco, que se hizo famoso en todo el mundo “por contar lo que no se puede contar” y en el que la protagonista representa a una mujer campesina: la loca Meg, quien llegó al infierno para entregarse al diablo. Tanto autor como ilustrador proponen un nuevo relato al sumergirse hacia una atmósfera gris, lúgubre y llena de locura. En este escenario, Greta, la protagonista, sin titubear, camina hacia el infierno en búsqueda del diablo, sorteando sin miedo seres grotescos y monstruosos, tan solo porque quería preguntarle al diablo si cuidaría de ella, si le daría su corazón, su alma… Pero el diablo no tiene corazón; el diablo tampoco tiene alma.
Un relato intertextual, en donde las Ilustraciones de estilo renacentista se desprenden desde una portada oscura, que nos lleva hacia un universo perturbador, prohibido, que se contrarresta con la riqueza visual del imaginario que quiso ilustrar Cneutt con una gama de colores rojizos, ocres, naranjas; que comulgan y se complementan con la iconografía surrealista que Brueghel el Viejo quiso representar en esta obra.
Imágenes llenas de fantasía y oscurantismo que dialogan con un texto de gran talento narrativo. Una propuesta literaria que incluso busca interpelar al lector situándolo en lo escalofriante que sería estar cerca del infierno, del diablo y del inevitable miedo que nos provocaría, cuestionándonos quizás si continuar o no con la lectura; que deja acceder al mundo narrado. En este caso, hacia personajes excluidos del mundo, donde la relación del personaje con la realidad y la sociedad genera un ambiente sicológico que no estamos acostumbrados a ver, ya sea por prejuicios, o por la idea preconcebida de que las historias siempre deben tener finales felices. Porque finalmente, “Greta La Loca, la que en lugar de querer, queretaba. La que en lugar de gritar, gretaba. Greta se había entregado completamente”.

Publicado en RHUV Nº26