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Descubrir la naturaleza en la ciudad


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La vida urbana también tiene su escape, su pulmón verde; tiene un espacio donde se impone la naturaleza, que se quiere dar a conocer, jugando como local. Con libreta en mano, al más puro estilo naturalista decimonónico, en esta crónica hacemos un recorrido por algunos de los más emblemáticos parques urbanos de Santiago, para aplicar la observación y la paciencia de antaño y descubrir (y describir) las numerosas especies naturales que podemos encontrar en cada uno de ellos.

Por Pablo Álvarez, editor de Ediciones Ekaré Sur

Parque Balmaceda 1
Ilustración de Felipe Muhr

“Un día, quién sabe desde dónde, llegó hasta la franja de tierra de una calle de ciudad una ráfaga de esporas, y se formaron setas. Nadie se dio cuenta excepto el trabajador Marcovaldo, que cada mañana cogía el tranvía precisamente allí. Este Marcovaldo tenía una mirada poco adaptada a la vida de la ciudad: carteles, semáforos, escaparates, rótulos luminosos, anuncios, por más estudiados que estuvieran para llamar la atención, nunca lograba captar la suya que parecía vagar en la arena del desierto. Mientras que una hoja que se marchitaba en una rama, una pluma que se enganchaba en una teja nunca se le escapaban, no había tábano sobre el lomo de un caballo, boquete que no hiciera la carcoma en una mesa, una piel de higo aplastada en la acera que Marcovaldo no notara y no le llevara a reflexionar, descubriendo los cambios de estación, los deseos de su alma y la miseria de su existencia.”

-Ítalo Calvino, “Primavera”, Marcovaldo

strong>Atrás van quedando los días grises, fríos del invierno y, poco a poco, con timidez, veo que aparecen las primeras magnolias soulangeanas. se adelantan a la primavera con sus tonos blancos y rosáceos. Confirmé esto en el oratorio del Parque Bicentenario. ¿Por qué un espacio público, como un parque, tiene un oratorio en su centro? Fue la primera pregunta que me hice en mi excursión de domingo, cuando pretendía recorrer los parques urbanos de santiago. ¿qué quería ver? ¿Las aves de la zona central? ¿Los árboles nativos? ¿Las flores silvestres? ¿oratorios instalados en espacios públicos? Me imaginaba a Claudio gay, con su propia libreta en mano, en sus expediciones por todo Chile, entrando por selvas y bosques, subiendo grandes montañas solo por la posibilidad de ver un jilguero cordillerano. o viajando hasta las tierras australes para observar un pequeño churrete. Así que agarré mi guía Aves de Chile, de Álvaro Jaramillo, mi libreta de bolsillo y puse un cartel en la bicicleta que decía: Claudio gay es mi copiloto.
¿qué beneficios habría tenido para la ciencia si los conductores de las micros amarillas, en lugar de Jesús, hubieran llevado a Claudio gay a su lado? seguramente, los micreros de antaño habrían reconocido cientos de subespecies chilensis: el que paga y exige su boleto, el que pide que lo lleven por $100, el que sube por atrás, el que se hace el dormido, el que mira embebido por la ventana, el que se golpea contra la ventana, profundamente dormido, fatigado después del trabajo, soñando con una marraqueta y una paila de huevos.

Listo el plan de ruta
El tramo de mi expedición fue el siguiente: Par- que Bicentenario, Parque Uruguay, Parque Balmaceda, Parque Forestal, Parque de los reyes, Parque Fluvial y un pequeño desvío al sur para terminar en el Parque quinta Normal. En total, unos 13 kilómetros solo de parque urbano. Lamentablemente faltaron dos de los más emblemáticos: el Parque Metropolitano y el Parque o’Higgins. Pero Claudio gay era mi copiloto, y lo importante no era recorrer la mayor cantidad de lugares posible en poco tiempo, sino observarlos, registrarlos, habitarlos por un momento.

Empieza el recorrido en el Bicentenario
Partí en el Parque Bicentenario (para ir en baja- dita, dirán algunos), proyectado por el arquitecto teodoro Fernández. Me sorprendí con su pequeño zoológico, tan civilizado, tan fino: unos Phoenicopterus chilensis (flamenco chileno) daban espectáculo a todos aquellos que los sobrealimentaban. Cisnes de cuello negro, patos que aún no he logrado dilucidar a qué subespecie pertenecen, quizás alguna tagua escondida entre los juncos. Me impresionó la belleza del Agelasticus thilius thilius (trile), muy sociable, con esas alas que adivinan un amarillo intenso al momento de emprender su elegante vuelo, en el caso del macho. Me detuve un momento a mirar a los perros en cautiverio: finas razas que jugaban, con educación, dentro de una jaula, supervisados por sus amos, pequeñas extensiones de sus vidas; algunos llevaban ropas ridículas; otros, los más estrafalarios peinados. En el parque todo está normado, sectorizado, formalizado. Hay un espacio para que los humanos adultos se recreen; otro, para que los humanos en desarrollo lo hagan; un tercero para que los humanos con revoluciones hormonales las sigan reprimiendo y, por último, un sitio también para que las extensiones de los humanos se diviertan con otros de su especie.
seguí mi camino, luego de recorrer casi el kilómetro y medio de longitud del parque. Hay una interesante ciclovía bolivariana que une el oriente con el poniente, el mundo de los ricos con el de los pobres. ¿qué ciclista se aventuraría a recorrer entera esta ruta de unidad social? El camino lleva por el Parque Uruguay, donde se pueden ver las transformaciones del río Mapocho, cambian sus escenarios, las paredes frontales, las imágenes que lo adornan. Ahora veo menos pájaros y más humanos circulando por los bordes del parque, mirando el río, su fluir constante. El Parque de las Esculturas, en la otra orilla, alberga abigarra- das formas y abigarrados amantes que retozan sobre el pasto. Veo, a la distancia, el Puente del Arzobispo y me quedo como suspendido entre la imagen del puente y la furia del río que baja sin descanso. Por un lado el río; del otro, el monumento a rodó, de tótila Albert: me quedaría ahí eternamente. Pero tengo una misión y debo seguir mi ruta descendente. Pedaleo por el Parque Balmaceda, que fuera proyectado por el paisajista austriaco oscar Prager en la década del 30. sus más de 80 años los confirman esos árboles espigados y robustos: antiguos pimientos, plátanos, encinas, pinos y algún otro árbol introducido.

En el Forestal, punto neurálgico de la ciudad
La Plaza Italia es el punto simbólico que por décadas ha dividido la ciudad: los de arriba y los de abajo (¿habrá sido en un tiempo la expresión “del Parque Bicentario pa’ abajo”?). Aquí comienzo mi recorrido por uno de los parques más antiguos de Santiago, y uno de los más emblemáticos y visitados, con más de 100 años de existencia: el Parque Forestal. A inicios del siglo XX, y con motivo del Centenario de la república, se le encargó al francés Jorge Dubois que proyectara un gran parque en el centro de la ciudad. En 1910, el país, ya con 100 años, tuvo su gran parque urbano afrancesado en plena capital. Pude ver las variadas especies de árboles que se plantaron para embellecer el entorno: pimientos, acacias, tilos, magnolios, plátanos, araucarias, pinos y palmas traídas desde el mismo ocoa, tierra de poetas. todo un sincretismo arbóreo. Vi perros correr libremente; vi a otros que intentaban hacerlo, pero las correas de sus amos no se lo permitían. también vi niños correr por el parque, con y sin celulares, y divertirse sobre unos juegos horrorosos; otros perseguían monstruos que mi guía de pájaros no registra. Vi a Cristian Warnken, que tenía apariencia deslavada, como en blanco y negro, como de otra época, que hablaba con un peumo al que llamaba Enrique. Parecía delirar. Lo abracé y sentí su orfandad de poeta con todos sus padres muertos. El parque se me acabó en el monumento a Prat y me acordé que no está muerto. En mi horizonte, la Estación Mapocho.

Parque Forestal 1

Senderos que siguen los raíles de los trenes
El Parque de los reyes nace a las espaldas de la Estación. Donde antes partían los trenes hacia la costa o al norte, ahora parten los senderos hacia el sector poniente de la ciudad. Este parque joven y lleno de vitalidad recibe a los más diversos paseantes de las comunas de santiago Centro, renca, recoleta, Independencia, quinta Normal. Lo más impresionante son las vistas del río Mapocho que sigue su descenso furioso. grandes murales, espacios muertos, vacíos, debajo de la autopista, como si se tratara de pasadizos que sólo los habitantes del río, sus personas y sus perros, conocieran. A la derecha, el río; a la izquierda, una gran laguna; arriba, santa teresa de Los Andes, ¿nuevamente una figura religiosa? Esta vez no fueron los Legionarios de Cristo, sino los microbuseros los que, en 1993, donaron esta imagen al recién inaugurado parque. sigo el camino y veo un skatepark; veo a los muchachos saltar en sus tablas. Me detengo en las canchas viendo un partido de fútbol; aquí no juegan los blancos contra los negros ni los rojos contra los azules, sino que veo camisetas de todos los colores: Deportivo Cali, Atlético Nacional, Alianza Lima, sporting Cristal, Millonarios, Colo Colo, Boca Juniors, river Plate, Universidad de Chile, racing Club Haitien. El partido es entretenido, las lenguas y los reclamos son estímulos para seguir mirando. ganó el Cono sur al caribe: 6 – 4 fue el resultado.

Parque Forestal 2

El corazón del río
La ruta de los parques parecía nunca acabar. Ahí está el Parque Fluvial Padre Renato Poblete, en plena comuna de quinta Normal. Veinte hectáreas de un parque que tiene un poco más de un año de vida. Las palmas son los árboles con mayor altura. El resto de las especies aún es muy joven. Los espejos de agua al atardecer son bellas postales de una ciudad convulsa, de un sol que se esconde hacia el poniente, rosáceo y anaranjado en estas fechas, que tiñe todo el ambiente. Descanso un momento y miro hacia todas las direcciones: el cerro renca, el san Cristóbal, a lo lejos, ya más pequeño, pero siempre imponente, ese “sueño de piedras que soñamos” y que Pablo Domínguez hubiera pintado con tanto ardor.

El parque más antiguo de Santiago
tengo hambre y la tarde empieza a refrescar. Me despido del río y tomo un desvío hacia el sur por Matucana. Viejas fábricas y construcciones de ladrillos que las oficinas de diseño desearían tener en sus barrios. Llego al cité Las Palmas y ya siento el olor a sopaipillas, empanadas fritas, “completos”, sánguches y ceviches. Entro al Parque quinta Normal, quizás el más antiguo de santiago, fundado en 1841 y refaccionado recientemente por Teodoro Fernández. La ballena azul sigue ahí, tan blanca. Los trenes siguen ahí, tan estáticos. Me acordé, de repente, de la primera novela de Joaquín Edwards Bello y de los paseos por el parque. quise estar en el Matucana que cantara Violeta Parra. Vi la casa quemada del tony Caluga. sentí la humedad del parque, que fue pensado, en su origen, como un centro de experimentación agrícola. Estuve tentado de entrar al Museo de Historia Natural y ver el tiempo detenido. Pero decidí tirarme en el pasto, bajo la sombra de la gran secuoya que vive en el parque desde su inauguración hace más de 170 años. Miré los trozos de cielo entre el follaje primaveral e inspiré profundo.
Un alcornoque, un eucaliptus, una araucaria, un ginkgo. Un chincol empezó a picotear a mi lado. seguramente buscaba las migas de la empanada que me acababa de comer. Más allá, unos niños que parecían chincoles, jugaban a ser artistas pintando imágenes de Cars, una princesa de Disney o algún minion. Y sentí esperanza por la ilustración en Chile.

Parque Balmaceda 2

Publicado en RHUV Nº25

Animalium


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Por Magdalena Aguayo, docente de literatura infantil, de la Universidad Diego Portales.

Animalium
Escritora: Jenny Broom
Ilustradora: Katie Scott
LectoresBig Picture Press/ Impedimenta/Océano Travesía | 2015

Hay libros que nos gustan desde antes de tenerlos entre las manos. Es lo que pasa con las ediciones de Big Picture Press, una editorial de libros de gran formato, sobre grandes temas (las ciudades, los mapas, el espacio, la historia, entre muchos otros) y “accesibles a lectores de todas las edades, habilidades y nacionalidades”.
Lo que me pasó con Animalium superó cualquier expectativa inicial, porque es un libro informativo impecable en sus aspectos editoriales y una obra que sorprende desde el marco conceptual en el que se presenta. El prefacio del libro, a cargo de Dra. Sandra Knapp, del Museo de Historia Natural de Londres, es una invitación a los seres humanos a observar y a pensar con relación a los animales.
“Compartimos nuestro espacio con unos dos millones de especies diferentes, y estas son solo las que se conocen y han recibido un nombre”.
Animalium está organizado como un museo y propone varias lecturas: se puede entrar solo a las salas que te interesan, ver las ilustraciones o visitar las exposiciones en el orden propuesto por las autoras.
Cuando Geneviève Patte estuvo en Santiago, dijo que en la selección de recursos había que incluir libros hermosos. En esa selección, creo que Animalium va con otros libros, pero llama la atención antes, porque es hermoso, sus ilustraciones son cuidadas y su tamaño impresionante. Probablemente es esto lo que hace que sea difícil reseñar este libro, porque no quieres hablar de él, quieres que otros lo tengan en su poder y lo disfruten al máximo.

Publicado en RHUV Nº25

Las mariposas de la biblioteca


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El proyecto Mariposa es una iniciativa de fomento lector de la profesora y actual encargada de biblioteca infantil, Inés Rojas, que consiste en observar de principio a fin el ciclo de vida de una mariposa. Con la ayuda de una lupa y del maravilloso mundo que encierran los libros informativos y también literarios, además de la enorme curiosidad que despierta un fenómeno de la naturaleza en los niños, este proyecto es la viva prueba de que la ciencia puede transformar el saber en el placer por leer. Y viceversa.

Por Inés del Carmen Rojas Profesora de educación básica y encargada de la biblioteca infantil del colegio Institución Teresiana, de Santiago

FHUV finalIlustración de Itza Maturana

El proceso lector y los rápidos cambios que las prácticas lectoras están experimentando en estos tiempos son factores que invitan a realizar una reflexión pedagógica sobre el actuar docente dentro de la biblioteca infantil, especialmente en la práctica diaria. Debido a ello, les mostramos esta propuesta didáctica que ha tomado como base la incursión sobre la utilización de textos informativos como herramienta de estímulo para el hábito lector y multiplicador de las oportunidades de los niños para construir su conocimiento y abrir su mente. todo ello unido a un proyecto de acción, observación e intervención.

El proyecto Mariposa
Esta iniciativa consiste en asomarse al misterio de la vida como un milagro de transformación permanente que despierta el asombro, invita a socializar, leer, escribir, investigar, cuidar, saber esperar… Y prepara las alas del corazón, para dar libertad a un ser vivo, en este caso la mariposa, que embellecerá la naturaleza, La idea surge de unir conocimientos, a través de los libros y la observación, de manera entretenida, experiencial y práctica. Criar mariposas y conocer su ciclo de vida de principio a fin fue el gran desafío pro- puesto a los niños.
Usando los libros informativos sumados a la ilimitada curiosidad de los niños, se siguieron todas las fases de este ciclo vital. Uno de los objetivos iniciales era vincular los contenidos de dos sectores de aprendizaje de los segundos básicos (Ciencias Naturales y Lenguaje y Comunicación). Las unidades que más se acercaban al tema y que se integraron armónicamente eran “Hábitats y ciclos de vida de algunos seres vivos”, para identificar ciclos de vida de algunos animales, y “Leo un artículo informativo”, para reconocer las características del texto informativo, respectivamente. Además, los niños fueron invitados a incursionar también en la lectura complementaria del libro La cuncuna Filomena, de gisela Hertling.

“La idea surge de unir conocimientos, a través de los libros y la observación, de manera entretenida, experiencial y práctica”

El libro informativo, solo para curiosos empedernidos
El texto informativo podría ser definido como “una puerta abierta al mundo y a las realizaciones humanas y, por tanto, un elemento de culturización incuestionable que, además, puede contribuir a la consolidación del hábito lector en aquellos niños y jóvenes que no se sienten atraídos por los libros de ficción y que, en cambio, sienten más curiosidad por el mundo que les rodea” (Mónica Baró, 1996). otra definición más explícita (Borda, 1996) es que el libro de no ficción es aquel que permite la aproximación al conocimiento de cualquier ámbito del saber humano, estimulando la curiosidad por saber más. En resumen, diríamos que es una puerta abierta al mundo y a las realizaciones humanas; un elemento de culturización incuestionable y contribuye a la consolidación del hábito lector.

La clave del libro de no ficción es compartir el conocimiento
En este proyecto se utiliza el texto informativo como un guía para la promoción de la lectura de los niños, que les permite disfrutar, conocer, relacionar y comprender el mundo que les rodea, ya que les provee información que conduce a descubrir con sentido de asombro y fascinación. Así, leen, descubren y dominan un tema, dándoles así una satisfacción personal. Además, nos muestra modelos de pensamiento analítico (el conocimiento) y a menudo sirve como punto de partida para inquietudes que duran toda la vida (Carter, 2007). Así mismo, se necesita de un guía que les transmita a los niños sugerencias relacionadas con algunas temáticas de interés personal y, además, pueda vincular e integrar las distintas disciplinas de ese mismo tema; para que el lector se dé cuenta de que el conocimiento es un todo significativo, que solo cobra sentido, si se socializa y comparte con otros interesados.
Es importante recordar que la promoción de la lectura con materiales informativos favorece el paso de la lectura literal a la lectura comprensiva crítica. En otras palabras, lleva a los lectores hasta el alto nivel de sus habilidades y competencias, contemplando siempre las posibilidades que brinda el vincular el placer de leer con el placer de saber (gonzález, 2011), mediante una lectura integradora donde las áreas del currículum Lenguaje y Ciencias Naturales puedan dialogar, enriquecerse y potenciar nuevos aprendizajes que perdurarán por siempre.

FHUV mariposa

El perfil de los participantes
Para el desarrollo de esta propuesta didáctica de lectura, se seleccionó a un grupo de alumnos de segundo básico, compuesto por 32 niños de alrededor de 7 años, ya que son estudiantes que ya son capaces de dominar el ejercicio básico de la lecto-escritura. Además, se caracterizan por ser un grupo que demuestra una constante motivación por conocer, investigar y compartir sus aprendizajes. se buscaba niños comunicativos, expresivos y cercanos; ingeniosos a la hora de crear y compartir sus aprendizajes; demandantes a la hora de obtener resultados.

“El libro informativo es un guía que permite disfrutar, conocer y comprender el mundo que nos rodea y que provee información asombro y fascinación”

Nació la motivación
Durante la hora de recreo, muchos alumnos frecuentan la biblioteca. En uno de esos encuentros, los niños trajeron a la biblioteca infantil unas orugas que habían encontrado entre las plantas. Fue una gran novedad porque no conocía esas orugas y, en época de invierno, es poco frecuente observar mariposas debido a las bajas temperaturas. Les solicité que me invitaran al lugar donde las habían encontrado y me percaté del gran número que había de esta especie y que se encontraban en distintas etapas de desarrollo. Luego, había un taller con un segundo básico y los niños comenzaron a preguntar qué eran esos seres vivos y de dónde venían. Los invité a participar del proyecto Mariposa para trabajar con libros que se encontraban en la biblioteca y que podrían servir para investigar o para conocer sobre ellas. Ahí, encontramos ejemplares de textos informativos sobre insectos y textos literarios sobre las orugas y las mariposas. Luego, como forma exploratoria, se constataron los conocimientos previos de los alumnos respecto a las orugas y las mariposas por medio de una rueda de preguntas.
Los niños algo sabían sobre estos insectos, pero ante la pregunta de lo que deseaban aprender sobre ellos, surgieron otras: ¿Cómo se reproducen?, ¿qué comen?, ¿Dónde van cuando nacen?, ¿Cómo crecen?, ¿Cómo se forma el capullo?, ¿todas comen el mismo tipo de hojas?, ¿En cuál estación del año nacen?, ¿De qué color son sus alas?, entre otras.

Los libros, los grandes compañeros
Hasta aquí, ya se iba dilucidando la parte preliminar. Y todo ello dio pie para que las investigaciones del proyecto de las mariposas se realizaran con exploración directa de las orugas en su hábitat y con el apoyo de una lupa, pero además con la lectura de diversos textos informativos como Insectos, de Bárbara taylor, Invertebrados Enciclopedias Español Invertebrados Obras ilustradas, de george Else, La gran enciclopedia de los insectos, de Christopher o ́toole, La mariposa y la oruga (Colección Ciclos vitales), de Watts Barrie, entre otros. Pero también tuvieron cabida algunos literarios: La pequeña oruga glotona, de Eric Carle, La cuncuna Filomena, de gisela Hertling, y El taller de las mariposas, de gioconda Belli.
De los conocimientos adquiridos tanto por la revisión bibliográfica como por la aplicación de algunas etapas del método científico (focalizar-explorar-reflexionar- aplicar), los niños utilizaron diferentes recursos de lectura para descubrir, por ejemplo, que el nombre científico de esta oruga es Pieris brassicae, que es una especie introducida y que habría llegado en un barco al puerto de Valparaíso de Chile desde donde logró reproducirse. Durante la hora del cuento escucharon La cuncuna Filomena, a la que durante el relato le suceden transformaciones (metamorfosis) y cuando se transforma en mariposa vuela y conversa con el sol. Una vez que terminaron de escuchar, vinieron los comentarios e interrogantes. ¿De dónde surgió la oruga?, ¿Por qué le suceden estos cambios?, ¿Cuándo no necesita de comida?, ¿Cuánto tiempo transcurre de capullo a mariposa? Un grupo dibujó las escenas de la historia y mostró su creación, los demás compañeros completaron la información escribiendo cada una de las etapas que reconocían. Para concluir, se dio un tiempo para la creación literaria de cómo comprendieron dicho proceso.

“Este proyecto no hace más que reafirmar que la biblioteca es un espacio para compartir, socializar y construir sentido entre todos los lectores”

La primera mariposa
Y, por fin, nació una mariposa en la biblioteca infantil y fue motivo de gran alegría para cada uno de los niños. Estaban sorprendidos de su color, tamaño y belleza. Como este momento fue mágico, la noticia fue difundida a otros niños, quienes llegaban expectantes a ver lo sucedido, en un clima de silencio, respeto y sorpresa. tuvimos a este ser alado, tres días y para que se alimentara lo pusimos en un arreglo floral. Enternecedora fue una niña que trajo de regalo una flor para que la mariposa comiera. Con esta flor fue donde los niños vie- ron cómo aparecía la espiritrompa (aparato bucal de los insectos).
Al tercer día liberamos a la mariposa para que volara en libertad. Los niños se despidieron de ella, como un ser especial, bello, frágil y maravilloso.
Este proyecto no hace más que reafirmar que la biblioteca es un espacio para compartir, socializar y construir sentido entre todos los lectores. Un lugar donde todos nos involucramos y celebramos. Además, queda constancia de que los libros son grandes aliados de la ciencia, de la naturaleza y de la curiosidad. Los objetivos de esta iniciativa se cumplieron a cabalidad e, incluso, la comprensión lectora y la observación del proceso de metamorfosis les permitió experimentar sensaciones de asombro, sorpresa, gratitud… finalmente, el agradecimiento al milagro de la vida.

Extracto del trabajo Final de Máster “Literatura infantil y juvenil”, de la Universidad Autónoma de Barcelona, de Inés rojas.

Publicado en RHUV Nº25

Geografía de pájaros. Chile Central


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geografia-de-pajaros-post5


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Por Bernardita Cruz, periodista.

Geografía de pájaros. Chile Central
Escritores: Fernando Claro y Juan José Donoso
Ilustradora: Pilar Mackenna
LectoresCentro de Estudios Públicos | 2014

Desde el tucúquere a la tagua, pasando por el pitío, el chincol, la tórtola y el tiuque, este libro convierte al lector, de la edad que sea, en un observador atento de las aves que habitan en la zona central de Chile.
El recorrido comienza en la cordillera de los Andes, sigue por campos y ciudades, y termina en la costa y los humedales. Si bien los protagonistas absolutos son los pájaros, estamos frente a un volumen generoso, que no escatima en información relevante sobre la flora y fauna de cada zona, y que denota cuida- do en cada detalle.
En total, esta obra reúne a 44 especies. Para cada una hay una doble página, ilustrada por la talentosa Pilar Mackenna. Cada ave es presentada por su nombre y una frase corta que funciona como un atractivo gancho para el lector: imposible no tener ganas de saber más del “pajarito hiperactivo” (chercán), de “la gran imitadora” (tenca) o de “el flojo” (mirlo). ¡Bravo por la idea!
Acerca de todos los pájaros recibimos datos claves, curiosidades y las coordenadas aproximadas para su avistamiento, muy en consecuencia con la invitación de los autores a dis- frutar de la contemplación de “nuestros compañeros emplumados”. Un gran acierto es la reproducción de la onomatopeya de algunos cantos, un juego que desafía al lector a ensayar trinos y silbidos.
Para terminar, un glosario con términos como “carroña”, “hábitat”, “migración” o “equilibrio ecológico”, y bibliografía para aprender más sobre las aves.
Un libro, repito, generoso, que con un lenguaje directo y sencillo, a la vez, despierta la curiosidad y obliga a estar atento a nuestra rica geografía de pájaros. Indispensable para amantes de las aves y para los que nunca pensaron que lo serían. Como yo.

Publicado en RHUV Nº25

Chile, el país imaginado por la literatura


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Julio Verne, Daniel Defoe, Herman Melville, Edgar Allan Poe y Neil Gaiman se inspiraron en el maravilloso paisaje americano en general -y el chileno, en particular- para componer el entorno ideal y fantástico de sus obras. Es posible que los niños de aquella época solo vieran estas bondades de la naturaleza como un imaginario de fantasía, gracias al ojo explorador de estos autores.

Por María José Frazzoni, redactora

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Ilustración de Elisa Monsalve

En El forastero misterioso, Mark twain se refiere a la vida como una visión y un sueño donde nada existe, excepto el espacio vacío en el que no somos más que un pensamiento, criaturas inventadas por nuestra propia fantasía. Mientras que George R. R. Martin, (autor de Juego de Tronos) uno de los grandes creadores de ficción, sostiene que un lector vive mil vidas antes de morir en comparación con quien no lee. Y es que sabemos que los libros son dispositivos efectivos para detonar la imaginación sin establecer límites, como si fueran tierras sin fronteras por las que cualquiera puede transitar sin necesitar pasaporte.

Lo más cercano a viajar
Aunque hoy nos parezca un concepto poco exclusivo, hubo un tiempo en que leer era privilegio de pocos, probablemente el momento más preciado era sentarse a escuchar historias y dejarse envolver por las palabras que tomaban forma antes de desaparecer en la nada. sí, eran otros tiempos, escuchar historias de aventureros que emprendían excursiones por tierras nunca antes exploradas era lo más cercano a viajar, y quizás, la única manera posible de conocer el mundo. La literatura entregaba un espacio ilimitado para vagar por la infinita imaginación, en soledad o en compañía de personajes eternos, revelaba lugares de naturaleza inextinguible e indestructible que liberaba la mente para soñar otros mundos, cada vez mejores.

Chile, inspirador de historias
Entre estos mundos, apareció en medio de la geografía literaria, el paisaje más austral del mundo, generando la fascinación precisa para inspirar las obras de grandes novelistas
a través de sus singularidades. Chile, en la fantasía universal, construido por quienes nunca estuvieron aquí, pero que supieron de nuestro país por lecturas, relatos o simplemente porque imaginaron el paisaje, emerge como un territorio aislado, ubicado en los confines del mundo, sacudido por terremotos y volcanes.
Por la enorme diversidad de paisajes y climas, la visión que los europeos tenían de Chile en el siglo XIX, era la de un país de lo más salvaje y tropical lleno de especies animales y vegetales que aún no llegaban al Viejo Continente, mientras que sus habitantes eran más parecidos a criaturas de la mitología clásica que a personas del mundo civilizado.

“Eran otros tiempos: probablemente el momento más preciado era sentarse a escuchar historias y dejarse envolver por las palabras que tomaban forma antes de desaparecer en la nada”

El tiempo y la nave imaginaria de Verne
Como un náufrago, Julio Verne, navegó entre la monotonía de una sociedad escéptica frente a los productos de la imaginación y sus conocimientos geográficos adquiridos a través de numerosos viajes. Para la época era un adelantado. su interés por la revolución industrial y adelantos tecnológicos, lo llevó a encontrar un cauce de expresión para la desbordada fantasía de su literatura, convirtiéndose en un especialista de los relatos de viajes y aventuras de corte científico. Entre las extravagantes situaciones que se le presenta- ban y los momentos poéticos que con dramática tensión combinaba, Los hijos del capitán Grant fue una de sus más apasionantes y mejores novelas. Para crear la ambientación perfecta, Verne fue capaz de saltar las barreras del tiempo y el espacio para trasladarse, bajo la mirada de los emigrantes europeos de 1800, a una tierra virgen y áspera. De esta manera las aventuras de la novela se centran en el viaje de Mary y robert, los hijos del capitán grant, quienes parten a bordo del Duncan en busca de su padre que ha naufraga- do; para encontrarlo solo cuentan con las indicaciones de un mensaje suyo hallado en el mar, dentro de una botella. Las coordenadas los llevan a navegar por el océano para llegar hasta donde los puntos aislados se van uniendo, los contornos se hacen conocidos y, finalmente, surge el nuevo continente, con sus lagos, riachuelos y ríos, con sus montañas, valles, aldeas y ciudades que se despliegan en todo su esplendor. Verne se inspiró en un Estrecho de Magallanes en el que desde su horizonte se distinguían las costas bajas de la Patagonia. Y a través de su nave imaginaria, el Duncan, navegó por numerosos manantiales de agua potable, bosques, ríos de abundante pesca, despertando el vuelo de las aves bajo los rayos del sol austral. Y así, era seguido por las atentas miradas de los fueguinos, desde las desérticas rocas de tierra del Fuego.
La naturaleza mística de la Cordillera de los Andes inspiró un capítulo entero de esta historia, en el que se describen las vértebras inferiores de la enorme espina dorsal en que se apoya toda la armazón del Nuevo Mundo. Aquí la travesía comienza en el paso de Antuco, con un cielo puro y la brisa marina refrescando los ardores del sol que se ocultaba entre los inmensos bosques, cuyos árboles tocaban las nubes con sus copas. El cielo más claro del mundo inspiró las noches de los personajes en lo alto de la cordillera cubierta de nieves perpetuas con brillantes estrellas que formaban la Cruz del sur para guiarlos.
Los zorros, llamas, chinchillas, focas y ballenas también tienen lugar en medio del paisaje fértil de este relato, pero es la figura del cóndor la que aparece como reina de los Andes del sur. El ave se transforma en el protagonista amenazante al intentar llevarse por los aires a robert, atrapado entre sus garras.

Defoe, del escritor a la isla
Las islas más australes de nuestro país, donde el cielo se une con el océano y el horizonte, desaparece en el infinito, entre- lazándose con los hielos eter- nos. se convierte también en una postal que ha servido como fuente de inspiración para otros grandes novelistas como Daniel Defoe y Herman Melville.
La puerta de entrada a la Patagonia, ese lugar mágico donde la vida se desarrolla a su ritmo, la naturaleza no solo es un testigo de la historia, sino que también es capaz de desatar cuadros de fantasía y ficción incomparables. La obra más famosa en esta categoría es Robinson Crusoe, la novela de Daniel Defoe basada en el verídico naufragio del marinero escocés Alejandro selkrik, en el archipiélago de Juan Fernández. Enmarcada en la literatura del siglo XVIII, a través de los recursos de la ilustración
y la influencia del movimiento romántico, se entrega por completo a la imaginación y la subjetividad con libertad de expresión e idealización de la naturaleza. De esta manera, la capacidad para transportar al lector al universo creado por Defoe, convierte a robinson Crusoe en una obra maestra de la literatura universal, recomen- dable para todos.
si bien la novela nace como inspiración de los cuatro años que Alexander selkirk pasó en una isla desierta que hoy lleva su nombre, la ambientación que el autor escogió para el relato se centra en Inglaterra, Marruecos, Brasil, Portugal y España. Durante el desarrollo de la novela, la isla ficticia del archipiélago real, en la que el protagonista vive 28 años se ubica cerca de la desembocadura del río orinoco, en la zona ecuatorial del océano Atlántico, con una descripción climática, de fauna y flora lejana a la realidad de nuestra isla austral. El protagonista navegaba por cuevas en la penumbra del alba entre frondosos árboles con espinas, descansaba en playas donde el sol quemaba la arena, exploraba valles cubiertos por neblina y su fiel amigo era un loro en un lugar donde los gatos se multiplican a gran velocidad. sin embargo, la relación entre la obra y Chile deja como herencia el bautizo de la que hoy conocemos como isla robinson Crusoe, que pasó a llamarse así en ho- nor a la fama mundial de la pieza literaria.

La costa chilena, musa de Melville
En las mismas aguas australes se inspiró también Herman Melville, otro autor que se abrió paso en la literatura de fantasía y aventura de un mundo por descubrir. Con la historia de Benito Cereno, el autor desarrolló un estilo reconcentrado, denso y muy ambiguo, sin abandonar el tono épico de sus novelas anteriores. Al desmarañar las historias de sus protagonistas como un juego de espejos con un constante intercambio de roles, la transformó en su obra más inquietante. Las reflexiones del protagonista, el Capitán Déla- no, siempre giran en torno al mar, nuestras aguas, que se transforman en la musa inspiradora de Melville. Luego de anclar en la bahía de una isla desierta del litoral chileno, describe el amanecer de las costas de Chile como una totalidad gris donde todo es silencio y calma, donde el mar, aunque cruzado por las largas ondas del oleaje, parece fijo, con la superficie bruñida como un plomo ondulado que se ha enfriado y solidificado en el molde de un fundidor. El cielo aparece siempre totalmente gris. Y las bandadas de aves de color gris turbio estrechamente entremezcladas con jirones de vapores de un gris igualmente opaco pasaban a rachas en vuelo rasante sobre las aguas, como golondrinas sobre un prado an- tes de una tormenta. Para Melville y sus personajes siempre hay sombras presentes en este lugar, que anuncian la llegada de otras más profundas.
Aunque uno no quiera ser parte de esta historia, a veces deprimente, su atmósfera entra sin permiso en el cuerpo del lector para quedarse.

Las historias de hielo de Allan Poe
Nuestro continente blanco es también un territorio que ha llamado la atención de escritores de distintas latitudes. Las aventuras de Arthur Gordon Pym, la única novela de Edgar Allan Poe y uno de sus textos más misteriosos y extraños, repleto de detalles que parecen ser símbolos y sugerencias que han hecho correr mucha tinta a los analistas literarios, concluye sobre el suelo de nuestro frío territorio. La obra es un diario de viaje de un marino aventurero que pasa por todo tipo de situaciones en su odisea. Con realismo a lo largo de la historia, Poe describe con precisión y gran detalle las características de la geografía visitada y los comportamientos de las aves que observa en la costa insular. No hay precisión sobre el origen de los conocimientos que Poe tenía sobre estos antecedentes de la Antártica, ya que en ese entonces había muy poca literatura científica al respecto, y en América se desconocían los detalles de los grandes viajes que Poe describe con enorme precisión.
Experiencias de vida y muerte, barcos fantasma- les llenos de cadáveres que se le aparecen de ca- mino a las aguas del Pacífico sur. Hambre y sed de pesadillas. tras penurias terroríficas, Las aventuras de… es un viaje a los misterios que esconde nuestra tierra en los confines del mundo. Poe se transforma en el cultor de un mito propio para
la Antártica. Una Antártica fabulosa, con aguas tibias que llegan al polo, con hostiles habitantes negros y gigantes custodiando entradas al interior del mundo. Estructura mítica que volverá a representarse varias veces más, en esa frontera entre la ciencia y lo imaginario que continúa rondando al legendario del continente blanco.

“Experiencias de vida y muerte, barcos fantasmales, cadáveres que se aparecen en las aguas del sur, hambre y sed de pesadillas: ingredientes básicos para Poe”

El mundo de fantasía para Gaiman
Para Neil gaiman (autor inglés, conocido por su novela gráfica El hombre de arena, además de El océano al final del camino, Coraline, Stardust… ), los libros eran sueños al alcance de la mano, y quizás para los niños del pasado, los paisajes de Chile fueron solo lugares fantásticos; tal vez las inmensas ballenas que solo se ven en las heladas aguas del sur del mundo o las majestuosas aves cordilleranas solo podían pertenecer al mundo de los sueños y cobrar vida en la imaginación.

Publicado en RHUV Nº25

El cuaderno perdido de Claudio Gay


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Por Daniela Sánchez Allende, licenciada en Letras por la Univ. Católica. Encargada de Área de Proyectos de la Fundación Había Una Vez dsanchez@fhuv.cl

El cuaderno perdido de Claudio Gay
Escritora: María José Ferrada
LectoresBiblioteca Nacional | 2016

Rescatar y divulgar entre los niños la maravillosa obra del naturalista francés Claudio Gay es lo que pretende este libro publicado por Ediciones de la Biblioteca Nacional. Tomando como pretexto el descubrimiento que hace el búho Medina, sabio personaje del portal “Chile para Niños”, de un cuaderno olvidado en medio de los anaqueles de la biblioteca, el lector se acerca, en un recorrido por la tierra, el aire y el agua, a algunos representantes de la fauna nacional. A través de las páginas del libro se nos presentan diferentes especies ilustradas con gran precisión por Gay, acompañadas de textos de María José Ferrada, quien conjuga de manera graciosa y oportuna datos científicos con lenguaje literario y comentarios personales de quien, dentro de la ficción, escribió el cuaderno. Es así como nos enteramos, por ejemplo, que la lagartija es ovípara, al tiempo que nos hace preguntarnos si “lavará su traje con la lluvia de la mañana” o que el pájaro de siete colores vive entre juncos y que lleva un curioso moño que lo hace parecer un emperador japonés.
El cuaderno perdido de Claudio Gay es un libro que, a primera vista, puede pasar desapercibido, pues su tamaño y cubierta no necesariamente hacen honor a lo que se encuentra entre sus páginas. Pero, sin duda, es un aporte en cuanto al rescate de la obra de un gran estudioso de nuestra naturaleza y también como medio de divulgación de algunas de nuestra especies.
Se agradece la calidad de la impresión, del papel y de la edición en general, que permiten valorar como corresponde el trabajo de Claudio Gay. También está disponible en digital y su descarga es gratuita.

Publicado en RHUV Nº25

La ilustración botánica está en flor


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La ilustración botánica vive uno de sus grandes momentos. Florece con frescura y perfección. Siguiendo el camino de los exploradores y viajeros de antaño, apasionados por la observación del siglo XIX, en nuestro siglo y en nuestro país esta práctica artística está alcanzando cotas muy altas. Y todo porque disfrutamos de unos ilustradores muy talentosos. Vamos a hacer un recorrido por la historia de la ilustración botánica y la actualidad, pasando por los más bellos y detallados dibujos de naturaleza.

Por Isabel Molina, periodista, directora de Grafito Ediciones y socia de Plop! Galería.

Para los otros niños era un roble. Para mí era un nothofagus macrocarpa. tener un abuelo ingeniero forestal y un padre que trabajó en el Departamento de Ecología de la Facultad de Biología de una universidad moldeó mi percepción de la naturaleza. No fui la única. Pertenezco a una generación que aprendió a reconocer su entorno a través de las enciclopedias, programas como Al sur del mundo y los juegos al aire libre. Una generación que actualmente se ha reencontrado con la flora y fauna también a través del dibujo de creadores que, seducidos por la inagotable gama de formas que adquiere la flora, se dedican en forma profesional o como pasatiempo a la ilustración botánica. Lo que todos tienen en común es la fuerte atracción por observar con detención y paciencia un determinado espécimen con el fin de extraer aquellos elementos únicos que solo puede captar el ojo humano y no una lente.
Al igual que muchos de estos ilustradores, en algún momento (en mi caso, en la adolescencia) realicé un herbario. tomando como guía el libro Plantas medicinales de uso común en Chile, de Adriana Hoffmann, me adentré en la tarea de estudiar las propiedades y formas de las plantas para después buscar las especies y almacenarlas adecuadamente. Hoy ese interés sigue vivo a través de la creación de libros y de exposiciones.

HABÍA UNA VEZ con firma
Ilustración de María José Herrada

Un momento dulce para la ilustración botánica
En la actualidad, la ilustración botánica vive un gran momento. Las charlas y presentaciones de libros relacionados con ella se llenan. Fue el caso de la presentación de Plantas de los bosques de Chile, de Martin gardner, Josefina Hepp y Paulina Hechenleitner. Ilustrado por gülnur Eksi, Isik gü- ner y Hülya Korkmaz, fue publicado por el royal Botanic garden Edinburgh en mayo pasado en la Biblioteca Nacional, asociado a la exposición Chile, naturalmente bello, abierta entre abril y agosto de 2016 y que congregó a cientos de personas.

Los primeros trazos
El trabajo de campo fue una de las principales características de la labor que desarrollaron los primeros naturalistas en el territorio chileno. según los estándares de las ciencias naturales, entre los siglos XVIII y XIX estaba todo por descubrir, analizar y clasificar. Herborizar, es decir recoger plantas silvestres para estudiarlas y coleccionarlas, era una actividad indispensable en la metodología de los hombres de ciencia que llegaron desde Europa a Chile para localizar nuevas especies vegetales.
Durante esa época sobresalen nombres como el del sacerdote francés Louis Feuillé (1660–1773), uno de los pioneros de la investigación botánica en Chile, y Amadée Frazier (1682–1773), ya que ambos realizaron los primeros estudios de la flora en nuestro país. registro de su paso por aquí y de sus observaciones son las valiosas publicaciones Relation du voyage de la mer du sud aux cotes de Chili et du Peru (1716) y Journal des observations physiques (1714 y 1725).

Alianza de diferentes disciplinas
La travesía de estos viajeros sentaron las bases para los siguientes estudios sobre botánica. Es destacable cómo en el siguiente siglo estos trabajos estuvieron cruzados con otras disciplinas, no solo científicas, sino también pertenecientes a las ciencias sociales y humanidades. Es el caso de Historia Física y Política de Chile, de Claudio gay (1800 – 1873), obra monumental que supuso 11 años de viajes por Chile y una vasta descripción de la vida social y política, además de las referentes a la flora y fauna de este territorio. similar a la anterior en cuanto a la amplitud de sus contenidos es la obra de Ignacio Domeyko (1802-1889), naturalista polaco que recorrió Chile, dedicado a temas relacionados con la mineralogía principalmente, pero que también abordó las costumbres, saberes y prácticas desarrolladas en Chile por sus habitantes en diversas localidades. otro destacado investigador en este ámbito fue Rodulfo Amando Philippi (1808-1904), cuya gestión al mando del Museo de Historia Natural incluyó la creación del Jardín Botánico. A partir de sus travesías por el norte y el sur de Chile es un ejemplo de la férrea disciplina con que los naturalistas asumieron sus tareas de investigación.

“El trabajo de campo fue una de las características de los primeros naturalistas. Entre los siglos XVIII y XIX estaba todo por descubrir, analizar y clasificar”

Mujeres exploradoras
En la labor de exploración y registro destacan en este período María graham (1785–1842) y Marianne North (1830–1890). Ambas nacidas en Inglaterra, visitaron Chile con una diferencia de varias décadas. Mientras que graham llegó en 1822; North lo hizo en 1884, por sugerencia del naturalista inglés Charles Darwin. sus registros tienen diferente tono, inscribiéndose el de gra- ham en una crónica de su paso por el país que involucra un retrato de la sociedad de la época y escenas de la vida cotidiana, así como también descripciones de localidades, las que se acompañaban de ilustraciones de las especies de distintos paisajes y, dentro de estos, de plantas nativas, lo que se puede leer en su obra Diario de mi residencia en Chile (1822).
La estadía de North, en cambio, estuvo destinada desde un inicio a realizar su labor como ilustradora botánica. Durante cuatro meses, se dedicó a pintar flora chilena, legando un detallado trabajo que se puede apreciar en la galería ubicada en el royal Botanic gardens, de Kew, en Inglaterra. En 1999, la editorial Pehuén publicó La flora chilena bajo la mirada de Marianne North, de María Victoria Legassa y Antonia Echenique, que da cuenta de la contribución de la ilustradora y naturalista al conocimiento de nuestro patrimonio natural.

ELEM 5 PIÑA

Entrada triunfal al siglo XX
El desarrollo de esta disciplina se vería apuntalado por nombres como el del abate Ignacio Molina (1740–1829), Eduard Poeppig (1798–1868) y Pedro Pissis (1812–1889). A principios del siglo XX sobresalen nombres como Carlos Muñoz Pizarro; Eugenio sierra, español que llegó a Chile en el Winnipeg y que regresó a su tierra después de 1973, y Fusa sudzuki, ingeniera agrónoma y botánica especializada en árboles frutales, quien recibió, en 1994, el Premio Amanda Labarca de la Universidad de Chile por su trayectoria y obra. El desarrollo de publicaciones durante esta centuria estuvo aparejado a la instauración de las carreras universitarias ligadas a la botánica, desde la Ingeniería Forestal a Paisajismo. Y, por otro lado, la fundación de jardines botánicos en Viña del Mar, Valdivia, Punta Arenas y Hualpén (Concepción), al interés cada vez mayor del público general por conocer nuestro medio ambiente.

Voces actuales del naturalismo
si en el siglo XIX Claudio gay se demoró cerca de tres décadas en publicar los 30 volúmenes de su Historia física y política de Chile, hoy las redes sociales son las principales herramientas de los diversos profesionales dedicados a la ilustración científica. La disciplina sigue fusionando la ciencia y el arte en un lenguaje visual específico, además de continuar basándose en habilidades como la ejecución de una práctica del dibujo impecable, una observación detallada de los especímenes a plasmar y la prolijidad del trabajo final. La ilustración de animales, plantas o cuerpos humanos (en libros de medicina) se enmarca dentro de este amplio concepto de la ilustración científica.
La representación fiel de la morfología del modelo implica un frágil equilibrio entre la representación figurativa y la abstracción. Estas permiten al autor resaltar las características fundamentales a registrar, que junto al uso de escalas conforman la ilustración botánica. Esta disciplina se incluye a su vez en una categoría más extensa: el arte botánico, en el que el autor experimenta más libremente composiciones, temáticas y técnicas.
A este respecto, entre los nombres más importantes en Chile destacan Francisco ramos, quien ha formado a un gran número de jóvenes en su taller y ha trabajado junto a la botánica Adriana Hoffmann, Patricia Domínguez, Felipe Portilla, Geraldine MacKinnon y Andrea Ugarte.

“Hoy las redes sociales son las principales herramientas de los profesionales de la ilustración científica”

La ilustración de hoy
sobre el momento en que vive la ilustración botánica, Andrea Lira, quien estudió esta disciplina en el New York Botanical garden (y en Chile con Ramos y MacKinnon), señala que “en general, ahora hay una mayor demanda por aprender a dibujar y estudiar a las plantas, por lo que muchos ilustradores colaboran con botánicos para compartir conocimientos y salir de excursión para identificar especies de flora nativa y luego dibujarla”. Hay que decir que Lira ha realizado exposiciones para indagar sobre los cruces entre artes visuales y dibujo botánico.
Algo similar comparte la ilustradora Elisa María Monsalve, quien se formó con Geraldine y está por comenzar un libro de huertos: “En Chile se ha ido gestando algo muy bueno en torno a la ilustración. Hay una tendencia muy fuerte que indica que algunos trabajan en torno a la ilustración botánica más ‘dura’ y otros lo hacen de una manera más libre. Pero ambos métodos tienen el mismo propósito, eso sí, que es difundir y propagar el conocimiento de las ciencias”.
En ese espacio aparecen los nombres de Loreto salinas, por ejemplo, quien publicará próximamente con Hueders un libro para niños que incluye coloridas imágenes de flores chilenas. o de las ilustradoras argentinas María Elina, Cecilia Afonso Esteves, quienes, como señala Monsalve, trabajan en torno a referencias científicas y botánicas, pero todas llevadas a imágenes surrealistas y oníricas.
ELEM.3 SUCULENTA

Próximas experiencias
Una aproximación a estas tendencias se realizará en PLoP! galería a través de una exposición que se inaugurará el 12 de noviembre bajo el concepto de naturaleza ilustrada y que incluirá los trabajos de Andrea Ugarte, Francisco Ramos, Geraldine MacKinnon, Elisa María Monsalve, Loreto salinas, Antonia reyes y Andrea Lira. El objetivo es mostrar la ilustración científica y otras ilustraciones que incorporan elementos o temas relacionados con la botánica, dando cuenta del diálogo que tiene lugar entre los autores y las tradiciones.

Talleres, espacios para sembrar talento
Este tipo de formación también prolifera, así como las publicaciones en redes sociales de ilustradores explorando técnicas aplicadas a esta disciplina. Los talleres abiertos al público son el espacio de aprendizaje e intercambio de quienes se dedican hoy a la ilustración botánica. Francisco ramos realiza su taller en Herbarium, lugar ubicado en Peñalolén, que ofrece otros cursos ligados al ámbito como, por ejemplo, uno dedicado a huertos. Por su parte, Geraldine MacKinnon ofrece talleres en su casa, bajo diversas modalidades. Desde hace unas semanas está impartiendo talleres monográficos y bien específicos, y de corta duración: solo flores, vegetales comestibles, solo de moluscos y crustáceos que se encuentran en la arena, etc. A ello se suman sus cursos en la Universidad Católica y una experiencia muy novedosa que es el Curso de Ilustración Botánica de Campo, una expedición al bosque chilote en dependencias de la Fundación senda Darwin. realizado en Ancud, Chiloé y organizado por el IEB (Instituto de Ecología y Biodiversidad), dura varios días, en los cuales los alumnos tienen la posibilidad de realizar una experiencia formativa realmente intensa. Monsalve, quien fue parte de su primera edición, explica que ahí es donde “se genera una instancia única porque todos los asistentes aman las plantas y quieren aprender sobre ellas. Allí se aprende de ilustración botánica, pero también a observar un bosque,
las diferentes plantas, empiezas a entender la morfología y comportamiento de los musgos, las epífitas, conoces cómo clasificar las hojas, se abre un universo inesperado”. La próxima versión se realizará entre el 18 y el 27 de noviembre de 2016 y participan también las profesoras Javiera Díaz y Fernanda oyarzún.
otra modalidad que supone una herramienta a la hora de formar en ilustración botánica son los talleres interdisciplinarios como el que ofrecerá Andrea Lira y al que ha llamado “Experimentación con pigmentos florales para capturar la naturaleza”. se realizará a finales de noviembre en su taller y contará, además, con la presencia de una experta en plantas medicinales, de manera de poder abordar paralelamente la alquimia para hacer los pigmentos y las técnicas de dibujo botánico y pintura.

El arte y la ciencia en la vida cotidiana
El interés por la botánica también se refleja en la creciente producción de objetos de uso cotidiano que incluye representaciones que se inspiran en esta disciplina. si bien la ilustración botánica se realiza con fines de divulgación científica y su medio de circulación son las publicaciones de esta categoría, cada vez es más común verlas plasmadas en libretas, stickers, postales y textiles, creados por las diferentes marcas. Es el caso de Hued Hued, dedicada a la creación de papeles murales y textiles ilustrados con elementos chile- nos (entre ellos patrones florales), y el de Acaena, Kai Kai y Flor de Chile. Así, la ilustración naturalista nos conecta con el medio ambiente y con el territorio en que habitamos, cuyos rincones visitamos cada vez que abrimos una página bellamente ilustrada.

ELEM.2 FLOR

Publicado en RHUV Nº25

Historia de la vida: Evolución


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Historia de la vida: Evolución
Escritora: Fiona Munro
Ilustradora: Kattie Scott
Lectores Impedimenta | 2016
Clasificación: Ciencias naturales

Es un libro informativo con un contenido cronológico que gráfica la evolución de la vida en la Tierra. A través de un recorrido visual por un desplegable de casi dos metros, muestra más de 80 especies, entre plantas y animales, que habitaron en el pa- sado en nuestro planeta. Además, la obra sugiere al lector, dos tipos de lectura que se complementan: una icónica y otra textual. Una buena opción para los amantes de la naturaleza, con el tema principal muy bien resuelto.

Publicado en RHUV Nº25

Animales americanos


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Animales americanos
Escritora: María Pía Escobar
Ilustradora: Loreto Salinas
Lectores Hueders | 2015
Clasificación: Ciencias naturales

¿Sabías que una rana dardo es del tamaño de la palma de la mano? ¿O que la chinchilla chilena se encuentra en estado crítico de conservación? Aquí hay una invitación a iniciar un recorrido guiado de norte a sur y de este a oeste por nuestro continente, a través de un extenso y colorido viaje por 78 animales, donde podrás conocer su variedad de formas, tamaños y proporciones, además de sus modos de habitar, estados de conservación y ciclos de vida. Un libro que nos sitúa desde el comienzo en el asombroso universo animal, con cuidadas ilustraciones, agrupadas desde el árbol de la vida hasta la ubicación exacta de cada uno en el mapa.

Publicado en RHUV Nº25

Un año con los gorriones


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Un año con los gorriones
Escritor e ilustrador: Thomas Müller
Lectores Lóguez | 2015
Clasificación: Ciencias naturales

Un libro álbum informativo que nos relata cómo es la vida de esta simpáticas y cantarinas aves durante un año: la forma en que construyen su nido, el crecimiento de sus crías, su alimentación, sus costumbres y los desafíos a los que se ven enfrentadas. La narración está escrita con gracia e ironía y junto a las ilustraciones muestra el paso de las distintas estaciones del año y el actuar de los gorriones en cada una de ellas. Además, el libro termina con una sección sobre distintos tipos de gorriones e información sobre su estado actual en Europa Occidental. Este libro es parte de la colec- ción “Un año con”, de Lóguez Ediciones, escrita por Thomas Müller, que busca dar a conocer, a través de un texto preciso complementado de bellas y atractivas ilustraciones, cómo transcurre la vida durante un año de diferentes tipos de aves.

Publicado en RHUV Nº25