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Leer para conocer: Descubriendo el libro informativo

Escribo este artículo en primera persona, para contarles mi experiencia al participar en el taller sobre el libro informativo, dictado por Daniela Sánchez, nuestra encargada de Área de Proyectos. Mi nombre es Josefa Torres, periodista de Fundación Había Una Vez. Llevo pocos meses acá y no se imaginan cuánto he aprendido sobre lectura y fomento lector; sin ir más lejos, hasta hace poco asociaba la lectura sólo a literatura, a ensoñación, a personajes que son reales en la medida del libro, al deleite de la ficción. Qué equivocada estaba. Y eso fue lo que me pasó en el taller del libro informativo: rompí mitos y prejuicios. ¿Quieren saber cuáles? Aquí voy:

A los niños no les gusta leer: A los niños les gusta leer en la medida que la oferta sea atractiva y que como mediadores les presentemos un amplio abanico de posibilidades; en este sentido el libro informativo es un recurso inagotable, y es que si buscan un tema, lo encontrarán: animales, el espacio, los números, la naturaleza y un infinito etcétera. Tenemos la suerte de estar viviendo un boom de este tipo de textos, así es que solo basta buscar.

Leer no ficción es aburrido: Falso. Los libros informativos son imanes para los niños, porque por medio de ellos saben que están aprendiendo y el gozo que les produce saber y conocer se asemeja a la sensación de haber encontrado un tesoro. Y lo mejor, es que a diferencia de lo que se pudiera pensar, la lectura es también una práctica social: cuando uno disfruta con algo, lo recomienda. Además, como los buenos libros informativos poseen una disposición espacial fragmentaria, son un hit por el simple pero importantísimo hecho de que permiten a los niños una lectura autónoma, llena de posibles elecciones. Así como en la literatura la dirección la determina el autor, en el libro informativo es el lector quien elige cómo leerlo y esto es fundamental, porque así se forman lectores competentes, curiosos, activos, a quienes se les desafía a relacionar los contenidos con su propio entorno y a  seguir investigando sobre algún tema relacionado si es de su interés.

Los libros informativos son inferiores a los literarios: Discutible. En términos de calidad siempre hay libros y libros, es verdad, pero los buenos libros informativos son valiosísimos. ¿Y qué hace que un libro informativo para niños sea bueno? Como muestra, dos características: la presencia de recursos paratextuales como índice, bibliografía, uso de fuentes acreditadas e incluso glosarios, y la cualidad de entregar distintos niveles de lectura. Nunca lo había pensado a pesar de que lo veo a menudo cuando miro a mi sobrino José. Acaba de cumplir 3 años y es fan de la música, en especial de The Who y The Beatles y es increíble verlo hojear libros biográficos de estas bandas y cómo disfruta al identificar a Lennon o Townshend en sus páginas e imitar sus poses. Y es que los buenos libros informativos tienen un buen equilibrio entre letra e imagen, y utilizan multiplicidad de tipologías textuales para presentar los datos y diversos lenguajes gráficos como fotografías, ilustraciones, infografías y mapas entre muchos otros, lo que también desarrolla distintas habilidades en el lector, aunque aún no sepa decodificar el texto.

Los libros informativos solo proporcionan información: Sí, pero no solo eso. Evidentemente que por medio de ellos es posible aprender de los más diversos temas, pero no solo entregan hechos, también entregan seguridad, sobre todo a los más chicos. Esto, porque los niños tienen la necesidad de conocer y ordenar el mundo, y por medio de un libro informativo pueden descubrir y controlar mejor su entorno, pueden entender y darle sentido a lo que los rodea. Además, permite tener las más entretenidas conversaciones, compartir datos y procesos, perfilarse como expertos en un tema, desarrollar el pensamiento crítico, y eso sí que entrega seguridad.

Como ven, las bondades y posibilidades de los libros informativos son infinitas, así es que los invito a investigar, a deleitarse con estos textos y a invitar a otros lectores a hacerlo; no se arrepentirán. Y si se agobian y no saben por dónde empezar a buscar buenos títulos, no duden en escribirnos.

 

Liliana Bodoc, artesana de palabras

“No digo adiós. Ustedes se irán. Yo permaneceré, reinventando el recuerdo de lo que han sido. No digo adiós, aquí me quedo para contarlo todo”.

Por Carola Martínez, psicóloga y experta en lIJ

La sorpresiva noticia de la muerte de Liliana Bodoc nos sumió en una profunda conmoción. En pocas horas las letras latinoamericanas lloraban a lo largo del continente y fuera de sus fronteras.

Liliana Chiavetta Bodoc nació en Santa Fe en el año 1958. Cuando era muy pequeña se trasladó con su familia a Mendoza, donde vivió gran parte de su vida. Estudió Literaturas Modernas en la Universidad Nacional de Cuyo y en 2016 recibió el Doctor Honoris Causa de la misma Universidad.

A los 40 años publicó el primer libro de la Saga de los confines, Los días del Venado, lo que cambió para siempre la forma en que concebimos el Fantasy en español. Su editor, Antonio Santa Ana, cuenta que, cuando recibió el original en su oficina, lo dejó estar hasta que lo tomó para matar el tiempo antes de una reunión y leyó: “Y ocurrió hace tantas Edades que no queda de ella ni el eco del recuerdo del eco del recuerdo. Ni un vestigio sobre estos sucesos ha conseguido permanecer y aun cuando pudieran adentrarse en cuevas sepultadas bajo nuevas civilizaciones, nada encontrarían…”

Fue así como la poética de Bodoc le saltó a la cara. Esa particular y bella forma de narrar, de organizar las palabras como quien talla lenta y prolijamente la madera, le habló a un editor experimentado de una escritora extraordinaria. Santa Ana contrató la saga conformada por Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del fuego.

Liliana Bodoc publicó catorce obras más, entre las que destacan Amigos por el viento, Cuando San Pedro viajó en tren, Presagios de carnaval y El espejo africano. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán, holandés, japonés, polaco e italiano. Su último libro Elisa, la rosa inesperada, fue parte de un proyecto de escritura para el que Liliana viajó por el norte argentino.

En 2004, la fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito y, en el 2014, el Konex de Platino. Ganó el premio Barco a Vapor en 2008 y el premio de la Feria del libro en 2000. Integró la lista “White Ravens” en 2002 y 2013 y fue candidata al Andersen en 2010.

Murió en la madrugada del 6 de febrero de 2018, en Mendoza, rumbo a su hogar en El Trapiche, Provincia de San Luis. Pero Liliana era mucho más que estos datos biográficos: era una poeta y vivía el universo poético con una ferviente intensidad. Tenía, por ejemplo, una caja con libros de poemas y jugaba a responder preguntas que le hacían amigos y familiares con pedacitos de estos poemas que sacaba al azar de la caja, como si fuera un tarot poético. “Una poesía es un silencio rodeado de las palabras precisas”, decía, así como así y te dejaba temblando.

Liliana era una persona bella e inolvidable, te abrazaba con tanto afecto. Escuchaba cada cosa que cada lector tenía para decir en esas interminables filas de firmas y dedicatorias. Miraba a los ojos como si te escaneara. Y escribía como los dioses.

Era una narradora ejemplar, comenzaba a leer con una forma potente y arrolladora,  avanzando sobre el lenguaje, rodeándolo como  a un amante. O como a un objeto sacro. Tomaba las palabras como una artesana, resignificándolas en su condición de materia prima, como si fuesen un barro del que se podría moldear cualquier cosa. Respetaba la lengua, el lenguaje, como respetaba a cada persona: “No es mancillando la lengua que lo vio crecer como vamos a unirlo al caudal del lenguaje. Es en cambio celebrando ese puñadito que trae en el fondo del bolsillo como podemos otorgarle voz y que su voz sea un camino.” “El mundo de cada uno empieza y termina con su lenguaje.”

Y Liliana era, sin lugar a dudas, una militante, una mujer comprometida con su tiempo y su realidad. Estaba presente físicamente o con sus palabras. Ahí, en esos casos, usaba las palabras como dagas y las lanzaba como una guerrera a sus enemigos. “Arte, educación y política, son conceptos entramados y dependientes. Si la educación es vapuleada, es vapuleada la palabra de nuestros niños y nuestros jóvenes y con la palabra, sus capacidades, sus sueños y sus derechos. Entonces, la pregunta que todos nos hacemos, pero muy especialmente los escritores: ¿debe la literatura erguirse en defensa de la palabra atropellada? Quién si no.”

Liliana era. Porque el 6 de febrero murió y nos dejó desolados y sufrientes entendiendo que el mundo es más triste y oscuro sin su presencia.

Quiero terminar diciendo que Liliana era extraordinaria. Que cada uno debería haberla leído más, escuchado más, invitado más, premiado más. Que ahora murió. Que quedan sus libros y que la tarea ahora es que el mundo no la olvide, que los chicos la lean, que la recomendemos en los talleres, que la llevemos a las charlas, que la seleccionemos para los planes lectores en las escuelas y las universidades. Que no debemos permitir que su palabra se pierda. Que está en nuestras manos.

Carola Martinez es chilena y vive hace 20 años en Argentina. Estudió psicología y la diplomatura en Literatura infantil y juvenil por la Universidad de San Martín. Dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Es editora, escritora y capacitadora. Ha publicado críticas, reseñas, notas, entrevistas y ensayos en distintos medios y desde su página web Donde viven los libros). Publicó recientemente su primera novela: Matilde (Norma), parte del catálogo White Ravens 2017. Actualmente trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y es socia de la librería Donde viven los libros.

Los cuentacuentos del Madre Tierra sacan la voz

A propósito de proyecto ganador del concurso de Innovación en Mediación Lectora de FHUV, quiero contar mi experiencia con este taller.

Por Constanza Mekis, Presidenta IBBY Chile

Hace algunos meses nació en mí un interés especial por conocer alguna experiencia de fomento lector, innovadora e institucional, que trabajara con niños que tuvieran necesidades educativas permanentes. Me tomó tiempo saber de la existencia de alguna que tuviese valor, hasta que me encontré con un equipo profesional que estaba indagando en estos rumbos: Pilarica Echeverría y María Isabel Aguirre realizaban el taller “quiero ser cuentacuentos” en el colegio diferencial Madre Tierra de lo Barnechea, con niños con discapacidad cognitiva.

Quiero contarles algunos detalles de esta práctica de fomento lector. Los asistentes a este taller son siete jóvenes, que tienen entre 17 y 25 años de edad. Todos poseen distintos diagnósticos, por ejemplo algunos de ellos tienen Síndrome de Down, otros pertenecen al espectro autista y la mayoría de ellos tiene una discapacidad leve y moderada. La razón de que sean tan pocos alumnos por taller, es que las monitoras no cuentan con formación profesional en el ámbito de la educación diferencial, además ese número de alumnos permite desarrollar clases más personalizadas.

Yo tuve el privilegio de participar en dos sesiones y lo primero que percibí es que son jóvenes muy cariñosos, muchos besos y besitos y que sus edades reales son muy diferentes a cómo se les ve, por ejemplo Olivia de 18 años parece de 8. La atención de ellos para escuchar es variable, algunos se ríen y gozan, otros están en su propio mundo… y al notarlo uno se pregunta ¿no escuchan el relato? Hay otros momentos en que se puede ver que todos ponen atención y no agachan la cabeza, lo que permite apreciar cómo ellos al escuchar cuentos, sueñan despiertos.

En mi primera intervención que hice en el taller, me aventuré a invitarlos a que leyéramos juntos el cuento silente Flora y el Flamenco de Molly Idle (Barbara Fiore Editora).  Les leí a viva voz las imágenes que se iban desplegando en el cuento, usando además de las palabras mi cuerpo: imitando a Flora o a Flamenco, con sus diversas posiciones; las que a lo largo de la historia van generando un vínculo entre ellos de amistad y aventura plena. En esta ocasión observé que casi todos los presentes prestaron una atención básica a mi perfomance lectora, salvo dos de ellos que en un momento de la lectura comenzaron a tomarse las manos y a mirarse con una especial complicidad de niños, entonces me fue inevitable preguntarme ¿estarían imitando a Flora que entrelazan sus manos con Flamenco?

Cómo describirles a ustedes esta prueba de fuego… ¡Qué difícil y que hermoso momento! Por una parte, tener en frente la presencia tan heterogénea de personas en edades y en disposiciones de atención distintas y por otra, constatar que estos “niños-jóvenes” tienen por sobre todo una necesidad de afecto muy grande. Constato que el componente emocional es crucial en el mundo de cuenta cuento, su “presencia invisible” potencia un enlace mágico con los lectores. Las preguntas posteriores a la lectura estuvieron relacionadas con sus mundos imaginarios y de qué depende tener imaginación. Una conversación breve y elemental. A paso seguido, Pilarica les contó ¿Cucú quien será?, hay participación entre ellos, se toman de las manos, responden, hacen chistes y un niño-joven comenta que tiene un perro y por eso se puede imaginar a otros animales. Considero que este momento para ellos fue de gran regocijo e interés, muy natural y que se había conquistado un espacio notable de confianza mutua. Finalmente, cantan juntos un poemita acerca de La Luna y vienen las despedidas cariñosas entre todos.

Tras mi participación en aquella sesión y conversando con Pilarica y María Isabel, me enteré que todas las clases del taller cuentan con una metodología similar, lo que les otorga a los jóvenes tranquilidad, pues aquella rutina no les genera ansiedad por saber qué se va a hacer en la sesión. Me gustaría compartir con ustedes su estructura. Cada clase comienzan con el siguiente ritual: todos los participantes se sientan en un círculo y en medio de ellos hay una pequeña mesa con un mantel, sobre el que descansa la figura de una casa, la que representa el lugar donde viven los cuentacuentos. Todas las sesiones se invita a los jóvenes a entrar a esta casa y luego se inicia una breve conversación sobre lo que cada uno ha hecho en la semana.

Tras esto y para partir con el taller propiamente tal, se realiza algún juego que involucre las manos y el canto, con lo que se busca estimular la coordinación visomotriz y el lenguaje oral. En la ocasión en que participé del taller me tocó presenciar: Rompompom, en una de versión de Tamara Chubarovsky.

Luego del juego inicial, los jóvenes se acercan a una exposición de libros, los que han sido seleccionados especialmente para ellos, considerando sus gustos y capacidades. En la que se espera que cada participante elija uno, por lo que se les da un tiempo para mirar y leer. El resultado de este espacio de exploración es puesto en común, ya sea leyendo a sus compañeros o comentando porqué escogieron tal libro y qué fue lo que llamó su atención. Sin duda, este momento de la clase es una excusa para conversar entre lectores, entre personas que gustan de los libros.

Hecho esto, se da inicio al momento central de la sesión, los jóvenes-niños practican el cuento que leerán a sus compañeros en la presentación final. En estos momentos, las monitoras retroalimentan a los participantes, dándoles consejos y sugerencias concretas para mejorar su narración.

Para finalizar las sesiones, se realiza algún juego relacionado con el lenguaje, ya sea con adivinanzas  (muy simples) o interactuando a partir de algún libro. Por ejemplo, con  Puedo rugir de Frank Asch (Editorial Corimbo), aparecen ilustrados diversos animales (tortuga, gato, caballo, cabra, serpiente, morsa, entre otros), que en lugar de tener cabeza tienen un agujero, el que permite que los lectores coloquen su cara en él. De este modo, los jóvenes se desafían unos a otros, invitando a poner sus caras en dicho espacio, para imitar el sonido del animal ilustrado.

En total se han realizado tres talleres y cada uno ha tenido una duración de ocho sesiones, los que finalizan con una gran presentación, en la que los que se han formado como cuentacuentos, regalan la lectura o narración de una historia a alumnos menores de su colegio.

Y en esta sesión final, fue la segunda vez que participé del taller. Se trataba de la ceremonia de graduación y observé a todos los participantes contar el cuento La tortilla corredora de manera coral, es decir, que cada uno narra una parte de la historia. En esta sesión de cierre, estuvieron presentes los padres y apoderados de los jóvenes cuentacuentos: Sebastián, Samuel, Olivia, Yoselyn, Dravna, Cristóbal y Allan. Se sentía en el ambiente un gran entusiasmo y disfrute de la sesión, tanto de los cuentacuentos como de los alumnos del colegio que iban a escuchar el cuento.

No obstante, reparé en una situación especial; había un alumno muy intranquilo pues su madre no llegaba a ver la función. Felizmente, la madre llegó atrasada, con lo cual esta tensión contenida, al final se tradujo en que joven estalló en llanto. Vino un abrazo fuerte, muy fuerte, entre ellos. No hubo palabras de consuelo, solo apego físico. Para él lo importante era simplemente que la madre estuviese allí.

Posteriormente, al conversar con la madre: me comentó que en la casa, ella “nunca está sola, siempre está el hijo a su siga…” él necesita estar cerca de ella, a su lado. Comprenderán que además de todo el trabajo que implican las labores del hogar, también hay que sumar estas demandas hogareñas, que para mí eran insospechadas. La presencia física, la dedicación y los tiempos que hay que dedicarles a estos jóvenes-niños son muy exigentes. Pensar en estas familias y lo que viven cotidianamente con sus hijos, me hizo reflexionar que este trabajo de cuentacuentos, tan simple y lleno de detalles, les traía a estas familias un bello suspiro y alegrías en sus vidas.

Recogiendo la experiencia incluyo algunos consejos prácticos para trabajar con niños con necesidades educativas permanentes:

  • Considerar siempre la etapa del desarrollo en que se encuentra el niño o joven.
  • Tener los intereses y los gustos del joven o del niño.
  • Ofrecer variedad de libros, formatos y géneros, que estos se adapten a sus necesidades, gustos y habilidades
  • Recordar que leer no es solo decodificar. Por lo que para trabajar con niños que no saben decodificar, los libros silentes serán un gran aliado.
  • Invitar a conversar; que los libros sean una excusa para iniciar una conversación.
  • Utilizar los juegos y canciones como otra alternativa para vincular al niño con el libro y la lectura.
  • Realizar una hora del cuento, preparando la sesión y articular de manera coherente sus tres partes (motivación, lectura y cierre).
  • Respetar siempre la visión o interpretación que el niño o joven pueda hacer del cuento.
  • Planificar pensando en adaptarse a las necesidades y habilidades del niño o joven y no al revés.

Y para finalizar, con el propósito que esta práctica se multiplique, me gustaría compartirles algunos libros que han dado buenos resultados en este taller:

  • ¡Beso, beso!, Margaret Wild, Ekaré
  • ¿Qué puede oír Blas?, Lucy Cousins, Serres
  • Lobo, Olivier Douzou, FCE
  • Buenas noches gorila, Peggy Rathmann¸ Ekaré Sur
  • Fuera de aquí horrible monstruo verde, Ed Emberly, Océano Travesía
  • Las manos de papá, Emile Jadoul, Corimbo
  • La sorpresa de Nandi, Eileen Browne, Ekaré Sur
  • Gato azul, Soledad Sebastián, Gato Azul
  • De paseo, Estrella Ortiz y Paloma Valdivia, Amanuta
  • Estaba la rana, Paloma Valdivia y Carles Ballesteros, Amanuta
  • La sorpresa, Sylvia van Ommen, FCE
  • Los amigos de Elmer, David McKee, Anaya
  • Cómo atrapar al monstruo de tu armario en 10 sencillos pasos, Laura Gamero y Manu Callejón, Bárbara Fiore
  • Todo el mundo hace caca, Rascal y Pascal Lemaitre, Corimbo
  • El niño y el aeroplano,  Mark Pett, GataGorda ediciones
  • El pastel está tan arriba, Susanne Straßer, Editorial Juventud
  • Oh! La luna, Eric Battut, Editorial Kókinos.
  • La ola, Suzy Lee, Bárbara Fiore Editora
  • Una pequeña casa en el bosque, Jutta Bauer, editorial Lóguez
  • Pequeña Oruga Glotona, Eric Carle, editorial Kókinos

Constanza Mekis: Bibliotecaria, Magister en Lectura y Literatura Infantil y Juvenil, Universidad de Zaragoza. A cargo por 20 años de la Coordinación Nacional de Bibliotecas Escolares/CRA Enseñanza Básica y Media del MINEDUC. Ex Directora para América Latina de la IASL (International Association School Librarianship).
El 2004 recibió el Premio anual Cámara Chilena del Libro por su destacado compromiso con la Promoción a la Lectura. Ha colaborado para el Máster en Promoción a la Lectura, coordinado por la Universidad Alcalá de Henares y Fundación Germán Sánchez Ruipérez y ha participado como maestra en la Diplomatura de postgrado en Bibliotecas escolares, cultura escrita y sociedad en red de la Universitat Autònoma de Barcelona y el Centro de Altos Estudios Universitarios CAEU de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Barcelona, España, 2012.

Pilarica Echeverría e Isabel Aguirre, ganadoras del concurso de Innovación en Mediación Lectora: Lectura y discapacidad

Con el fin de recoger las mejores prácticas nacionales de fomento lector, nuestra Fundación realizó el primer concurso de Innovación en Mediación Lectora. Luego de recibir 39 proyectos admisibles, el comité dio como ganador a “Los cuentacuentos del Madre Tierra sacan la voz”. Aquí sus protagonistas nos cuentan su experiencia en primera persona.

Por Josefa Torres, editora RHUV

La práctica ejecutada por María Isabel Aguirre y Pilar Echeverría –Pilarica- se lleva a cabo en el Colegio Diferencial Madre Tierra de Lo Barnechea, y consiste en la formación de jóvenes con discapacidad cognitiva de entre 17 y 25 años como cuentacuentos. El taller lleva dos años en curso y para el 2018 fue incorporado como parte del programa educativo del establecimiento. El jurado se decidió por este proyecto por lo novedoso y necesario que representa formar a jóvenes con discapacidad cognitiva como mediadores de la lectura –iniciativa única en nuestro país- y por la presencia del libro como eje central de la actividad.

Pilarica e Isabel realizan voluntariado en la comuna de Lo Barnechea desde hace un tiempo: Pilarica comenzó con la formación del grupo en los 90, e Isabel empezó en 2014, cuando asumió la coordinación del voluntariado con su compañera. Y fue en 2016 que comenzaron a realizar el taller de cuenta cuentos en Madre Tierra. Aquí nos cuentan cómo ha sido este increíble proceso.

– Entendemos que la idea nació de uno de los alumnos. ¿Cómo fue su propuesta?

– La labor de las voluntarias cuentacuentos de Lo Barnechea es ir a contar cuentos a los distintos colegios y jardines de la comuna. Uno de esos colegios era el Madre Tierra, donde periódicamente dos o tres voluntarias iban a encantar a los niños con cuentos, poesías, adivinanzas y trabalenguas. Un joven del nivel exploratorio, Javier, se entusiasmó tanto con esta actividad que le comentó a su profesora que quería ser cuentacuentos. El interés del joven fue tomado muy en serio por las profesoras y las autoridades del colegio, por lo que se acercaron a nosotras, como coordinadoras del voluntariado, para ver la posibilidad de encausar de alguna forma concreta aquel interés.

La primera medida que se tomó en conjunto, fue invitar a Javier a una de las reuniones mensuales del voluntariado, para que tuviera contacto con las cuentacuentos de igual a igual y evaluar la posibilidad de que se integrara al grupo. Para esa sesión él preparó la lectura del cuento Los mejores amigos de Rachel Anderson, lo que fue muy emocionante para todos los que participamos de ese encuentro.

Tras ello, nos reunimos con la directora del colegio, Dayany San Martín, y la jefa de UTP, Nancy Tello, y convenimos que lo mejor que podíamos hacer era realizar un taller de formación de cuentacuentos dedicado especialmente a los alumnos interesados del colegio. Fue así como el año 2016, cinco jóvenes asistieron una vez a la semana al Centro Lector para formarse como cuentacuentos.

– ¿Qué títulos han utilizado? ¿Cómo los eligen? ¿Cuáles son los favoritos de los alumnos?

La selección de los títulos ha sido un camino difícil de recorrer. Como mediadoras de lectura sabíamos que necesitábamos libros con textos básicos e ilustraciones llamativas, ya que no todos los participantes sabían decodificar ni leían de manera fluida y por otro lado sabíamos que los lectores eran jóvenes, por lo que había que buscar  un equilibrio entre libros con textos básicos y que no fueran demasiado infantiles… lo que no fue nada fácil.

El camino que hicimos fue el siguiente: la primera selección contenía libros como Biblioburro o Un león en la biblioteca, pero inmediatamente nos dimos cuenta de que sus textos eran largos y complejos para la habilidad lectora que tenían los jóvenes, ya que en su lectura en voz alta predominaba el silabeo. Por lo que, decidimos escoger libros con predominio de ilustraciones y textos breves; pero como ya adelantamos, el problema es que el tipo de libro que estábamos pensando era para niños muy pequeños, lo que discrepaba de los intereses e inquietudes de los jóvenes. Entonces, fue que se nos ocurrió decirles y aclarar constantemente que los libros con los que trabajaríamos eran para niños más chicos, porque dentro de las habilidades de un cuentacuentos es conocer los intereses de su público lector, y como ellos les leerían a otros niños debían escoger libros acordes a las edades de su público. Convencidos de su rol, rápidamente se apoderaron de los libros y los trabajaron con entusiasmo. Los títulos que seleccionaron de todos los que les presentamos fueron: Las manos de papá de Emile Jadoul, Lobo de Olivier Douzou, ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! de Ed Emberly, Beso, beso de Margareth Wild y Bridget Strevens-Marzo, La tortilla corredora de Laura Herrera y Scarlet Narciso, ¿Qué puedes oír Blas?  de Lucy Cousin y Buenas noches gorila de Peggy Rathmann.

Otros libros con los que hemos tenido buenos resultados han sido los de adivinanzas con solapas como ¿Cu-cú quién es?  de Amanda Leslie o Muéstrame tu colita de Stéphane Frattini. Por último, también recurrimos a juegos de palabras y cuentos breves, especialmente los de Tamara Chubarowsky, pues combinan muy bien movimientos corporales con juegos de rimas.

– ¿De qué manera guían la conversación literaria con estos jóvenes?

– En cada sesión intercambiamos ideas con ellos de manera muy libre y espontánea. Les pedimos sus opiniones sobre el cuento leído, sobre la actuación de los personajes, sobre las ilustraciones. Los escuchamos y sobre sus propias respuestas generamos nuevos comentarios. Obviamente que nosotras conocemos muy bien el tema de los libros y dominamos sus ilustraciones de tal manera que la conversación siempre la dirigimos hacia el libro que estamos comentando y tratamos que no se vayan por las ramas. Pero es inevitable que comenten sobre sus vidas, sus familias, sus preocupaciones del momento. Hay que escucharlos, pero a la vez hay que ser estrictas para traerlos nuevamente al cuento.

– ¿Han notado un aumento en el interés de estos jóvenes por conocer más libros?

– Espontáneamente diríamos que no. Pero nosotras les llevamos muchos libros distintos cada sesión y hacemos una exposición con ellos y los invitamos a mirarlos, a tocarlos, explorarlos y a leerlos. Ese ejercicio es algo que les gusta hacer y de vez en cuando nos piden que les prestemos alguno. Por otra parte, como no hemos hecho un seguimiento de sus experiencias lectoras fueras del taller, no podemos corroborar si ha aumentado el interés de los jóvenes por los libros.

– Comentan que uno de los beneficios de esta práctica es la mejora de la autoestima de los participantes. ¿En qué lo notan?

– En las primeras sesiones se muestran tímidos, conversan poco, se sienten inseguros de leer y titubean bastante. Poco a poco, en la medida que se van familiarizando entre ellos, porque no todos pertenecen al mismo curso, y cuando asumen la responsabilidad de leer a un público determinado, comienzan a adquirir confianza en lo que están haciendo. Esto se manifiesta en que una vez que el taller avanza, ellos comienzan a corregirse unos a otros, siempre en un ambiente de amistad y respeto. Eso es algo muy lindo de ver, el cómo terminan ayudándose entre ellos de tal modo que el día de la presentación se sienten muy seguros y convencidos de lo que están haciendo.

Otro momento en que se manifiesta esta confianza es el dominio del escenario y el desplante que tienen cuando realizan la presentación final. Los hemos visto interactuar con el público haciéndoles preguntas e invitándolos a participar de los juegos que han preparado previamente. Incluso, muchas veces lo hacen de manera improvisada y en forma adecuada. Por último, podemos contarles que los jóvenes del taller han demostrado su orgullo de ser cuentacuentos en las distintas entrevistas que les han hecho en el colegio.

– ¿Con qué dificultades se han encontrado en el camino?

– Más que hablar de dificultades sería bueno hablar de lo que hizo posible este proyecto. Creemos que sin el apoyo de la directora, Dayany San Martín y de la jefa de UTP, Nancy Tello, este taller no hubiese resultado. Ellas creyeron y confiaron en nosotras y con una fe ciega nos abrieron las puertas y nos entregaron a sus alumnos. Además, nos apoyaron aportándonos consejos y conocimientos más técnicos desde el ámbito de la educación diferencial, área que nosotras no manejamos.

Ahora, por supuesto que tuvimos dificultades, desde un inicio era obvio que las tendríamos pues sabíamos que estábamos construyendo un camino a pulso. No fue fácil definir qué libros serían los más adecuados o lograr que la asistencia fuera más constante. Con eso muchas veces nos vimos felizmente obligadas a alargar la cantidad de sesiones para suplir las que los niños habían faltado. Lo importante era lograr el dominio de las lecturas por parte de los cuentacuentos. Otra traba que se hizo evidente fue la falta de libros en la biblioteca y un sistema de préstamos profesional. Gracias a este taller el colegio se inscribió en las bibliotecas CRA y ya recibió su primera partida de libros.

– ¿Cómo es la recepción de los alumnos asistentes al taller final, cuando escuchan a sus compañeros contar cuentos?

– La primera vez que hicimos el taller fue en el Centro Lector. Allí los jóvenes hicieron tres presentaciones a cursos de distinto nivel del mismo colegio. La verdad es que los cuentacuentos dominaron muy bien al público, los motivaron y los dejaron encantados con la presentación. Varios niños de los que asistieron se nos acercaron diciendo que querían ser cuentacuentos, viendo en sus compañeros mayores un ejemplo a seguir. El año 2017 la presentación final fue en el mismo colegio y los niños que asistieron participaron de las canciones, se rieron y disfrutaron de la lectura colectiva de La tortilla corredora. En esa ocasión también se invitó a apoderados y amigos que realmente se conmovieron con la lectura en voz alta de los jóvenes. Fue muy motivador para nosotras ver el orgullo de las mamás, papás, abuelas al ver a sus hijos cautivando a un grupo de niños con un cuento.

– ¿Cuál ha sido la enseñanza más importante para ustedes de toda esta experiencia?

– La primera es que cuando uno cree en algo, se puede. Y la segunda, es que los libros y el gusto por ellos es un idioma universal, independientemente de los intereses, de las habilidades y dificultades de cada uno, siempre se podrá establecer una conversación entre lectores. Lo que queremos decir es que los libros constituyeron un puente de comunicación entre estos jóvenes y nosotras, que no teníamos experiencias con niños con discapacidades cognitivas. Y al final nos dimos cuenta que no resultó diferente a otros trabajos que hemos realizado como mediadoras.

– ¿Cómo creen que se podría diseminar esta práctica en otras instituciones con jóvenes con discapacidad cognitiva?

– Primero teniendo las ganas por parte de la institución de probar nuevas prácticas y teniendo confianza en los jóvenes y en las personas a cargo, como sucedió con la directora y jefa de UTP de este colegio, pues ellas creyeron en la posibilidad de desarrollar habilidades comunicativas y fomentar el gusto por la lectura de sus alumnos a través de instancias distintas a las clases de lenguaje. Fue así como modificaron horarios y reemplazaron las horas de lenguaje de los jóvenes participantes por las del taller. Es decir, fueron flexibles y no tuvieron temor de romper con la rigidez de la estructura escolar en beneficio de los alumnos.

Por otro lado, creemos que una muy buena forma de diseminar esta práctica es dándola a conocer a través de distintos medios para que otros se entusiasmen y las adapten a sus contextos. Por eso agradecemos a la Fundación Había Una Vez por organizar este concurso y por permitirnos contar nuestra experiencia.

– ¿Cuál creen que es la deuda de la sociedad con este tipo de iniciativas?

– Desgraciadamente como sociedad nos falta conciencia acerca de lo que realmente significa integrar a personas que son diferentes a uno. Uno no se pregunta quién es el diferente, simplemente lo da por hecho y eso no nos parece. Para nosotras estos jóvenes son uno más de la sociedad y tienen el derecho de formarse y el deber de entregar lo que han aprendido. Como sociedad hemos avanzado mucho en integración, pensemos en lo que se hizo con la película Los niños de Maite Alberdi, pero eso no quita que nos falta. Tenemos que atrevernos y convencernos que todos podemos cuando realmente queremos.

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Chile en Bolonia, un espacio ganado

Importantes incentivos como un programa de traducciones, y sobre todo, el trabajo coordinado entre el Consejo del Libro, ProChile y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE, permiten costear a una delegación de casi 30 personas con pasajes y estadía incluidas, y ha posibilitado que decenas de ilustradores, autores y editores puedan viajar desde hace varios años a las Ferias más importantes del libro del mundo a ofrecer su trabajo y conocer las características de la demanda editorial.

Por Vivian Lavín, corresponsal desde Bolonia

L

a Feria de Bolonia ofrece un espacio donde se intercambian y muestran “contenidos para niños”, esto es, no solo libros infantiles -considerando que los formatos con los que convive hoy el libro son cada vez más amplios- sino también la creación de aplicaciones digitales, audiolibros, y el licenciamiento. Con China como país invitado de honor 2018, la Feria del Libro Infantil quiso homenajear a una potencia editorial, impresora y compradora de derechos, sin contar con la enorme oferta creativa que tienen para su propio mercado. De hecho, las pequeñas editoriales chilenas vienen ya desde hace mucho tiempo imprimiendo sus libros en China, aunque esto sea a miles de kilómetros de distancia, debido al excelente precio y calidad que ofrece. Esto sucede, por lo general, cuando el Estado les solicita tirajes abultados. El mercado chino representa, junto al asiático en general, una fuente casi inagotable de oportunidades para vender copyrights o el derecho a reproducir libros por tirajes impensables en este lado del mundo. Hay que considerar que el tiraje promedio de un libro en Chile no supera los 500 ejemplares, de modo que alcanzar estas dimensiones implican una oportunidad de crecimiento inédita.

¿Y qué pasa con Chile?

¿Qué tiene que mostrar Chile en un mercado tan competitivo y desarrollado como el que se da cita en la Feria del Libro de Bolonia? Mucho agua ha pasado bajo el puente desde lo que sucedía hace más de una década cuando solo iban hasta allá las fundadoras de Editorial Amanuta o Constanza Mekis, una de las creadoras de las Bibliotecas CRA –Centro de Recursos del Aprendizaje -, y arribaban a un espacio cedido gratuitamente por los organizadores a aquellos expositores de países subdesarrollados… por cierto en una esquina prácticamente invisible.

Todo eso ha cambiado, y en la versión número 55 de la Feria, Chile contó con un stand de casi 50 metros cuadrados, que consideraba cinco mesas para la compraventa de derechos, un espacio de exhibición de los libros, una pequeña bodega-cocina donde se disfrutaba de un excelente espresso italiano y refrigerios para calmar la sed y el hambre de una treintena de personas que eran parte de la delegación y, dominando todo el espacio, una gigantografía que reproducía una de las páginas del libro La playa de la ilustradora chilena Sol Undurraga, ganadora del Premio Opera Prima 2018. Todo esto, sin contar que en el stand contiguo estaban las mismas Amanuta, como se les llama coloquialmente a las socias Ana María Pavez y Constanza Recart, que en esta versión fueron nominadas para el Premio BOP, que reconoce al oficio editorial de diferentes regiones mundo. Es la segunda vez que son nominadas a este premio y, lo cierto es que el solo hecho de estar entre los finalistas las sitúa en el olimpo boloñés.

Para que esto fuera posible, es decir, que la ilustración y la edición chilena hayan conseguido esta visibilidad y prestigio en las grandes ligas, es producto del trabajo serio que realizaron un par de editoriales infantiles nacionales por años, haciendo escuela, entre las que también se cuenta a Ekaré Sur. Por si fuera poco, mientras en el pabellón se realizaba una fecunda actividad comercial, la autora Sara Bertrand realizaba una exitosa gira por Italia y Lola Larra presentaba la versión en italiano en su libro Al Sur de la Alameda.

Importantes incentivos como un programa de traducciones, y sobre todo, el trabajo coordinado entre el Consejo del Libro, ProChile y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE que permiten costear a una delegación de casi 30 personas con pasajes y estadía incluidas, han permitido que decenas de ilustradores, autores y editores tengan la posibilidad de viajar desde hace varios años a las Ferias más importantes del libro del mundo a ofrecer su trabajo y conocer las características de la demanda. Toda una organización que despierta la admiración y envidia de argentinos, peruanos y demás editores latinoamericanos que no cuentan con la ayuda de sus gobiernos para abrirse al mercado internacional. Porque el Chile de salmones, vino y cobre se va abriendo a nuevos mercados como es el de las industrias creativas, propias de países desarrollados que siguen dominando la escena, pero que van encontrando a nuevos competidores como Chile, donde el sector público y privado trabajan de manera coordinada. Una situación ejemplar a este lado del mundo y que orgullosamente los chilenos exhibimos como parte de una política pública de apoyo a las industrias creativas que queremos ver cada vez más consolidadas.

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Fotografías de Paula Vásquez

Mesa de trabajo: Sebastián Ilabaca

¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Por qué me demoré tanto en conocerlo? Son las preguntas que me hago, y seguro no soy el único, una y otra vez al ver el trabajo del ilustrador chileno Sebastián Ilabaca. Sorpresivo y categórico, su arribo a la escena nacional fue una de las grandes noticias del 2017. La primera advertencia de que un nuevo talento había nacido fueron sus imágenes para la impecable reedición del libro Bartleby el escribano (Hueders), de Herman Melville, donde demostró una obra sólida y madura, en la que se podía leer una ardua búsqueda técnica, una rigurosa labor de documentación y una profunda reflexión sobre el rol del ilustrador. Pero sin duda su temprana consagración llegó poco después con Mientras un lobo le canta a la luna (Hueders), realizado junto a Álvaro Núñez y María José Santander, una maravillosa proeza gráfica que tiene el honor de ser el primer libro pop-up diseñado en Chile que le demandó cerca de 5 años de intensa investigación.

Por Claudio Aguilera

“Ilustrar es conversar con la sociedad”

Lector impenitente, perfeccionista obstinado y seguidor de la línea vibrante y risueña de ilustradores como Quentin Blake, John Burningham y Kitty Crowther, reivindica el valor de los antiguos maestros de la ilustración chilena y confiesa detestar profundamente dibujar a “señores aburridos”.
A la espera de su próxima gran obra, los invitamos a conocer la mesa de trabajo de Sebastián Ilabaca.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Dibujar todo el día a Batman, el batimóvil y a Bruno Díaz. En cuadernos de mi papá, sobre revistas e incluso en las murallas de mi casa.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En 2012, cuando gané el Fondo del Libro para realizar el libro Pop-Up Mientras un lobo le canta a la luna, que sería publicado cinco años después.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Creo que dibujar es conectarse con la infancia. Olvidarse del tiempo mientras trabajas. Eso está en todos los libros de Roald Dahl desde James y el Durazno Gigante (1961) hasta Matilda (1988). Además, las ilustraciones de Quentin Blake encierran en ellos todos los secretos que se deben conocer.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Desde hace años, cuando conocí su trabajo, uno de mis referentes principales es el ilustrador inglés John Burningham. También el trabajo de la autora belga Kitty Crowther.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Leo. Tanto como cuando no llegan las ideas como cuando tengo la cabeza llena de ellas. Leer es imprescindible para mí antes de trabajar, hace que mis ideas comiencen a cruzarse, a ponerse en contradicción y a generar nuevas ideas. A veces las imágenes que tengo dentro antes de sentarme a dibujar son completamente distintas a las que tengo cuando ya estoy trabajando. Para mí eso es lo entretenido y emocionante, sentir cómo esas ideas se mueven, crecen, se transforman.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Casi cualquier lugar donde me sienta cómodo y tranquilo es un buen lugar para dibujar. Pero mi taller en casa es el lugar donde siempre hago las ilustraciones finales que van a imprenta. Allí tengo todos mis materiales y libros a mano.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papel y lápices para comenzar. A medida que avanzo voy apilando libros, recortes, pintura, y tazas de té que terminan con pinceles dentro.

¿Hay algo que odies dibujar?
Caricaturas políticas o editoriales que involucren retratos de señores aburridos. Me lo encargaron un par de veces, lo intenté y al final dije que no porque estaba convirtiendo mi trabajo en una pequeña tortura.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Mezclar lo que vaya sintiendo como necesario. Pero siempre giro en torno a los pasteles secos, la acuarela y los lápices de colores.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
¡Mi vida estuvo entre Batman y J.R.R. Tolkien!

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Existe un creciente interés por la ilustración, en el que ayuda mucho la difusión mediante redes sociales. Existen ilustradores, y sobre todo ilustradoras que están haciendo trabajos de gran calidad, editoriales que se están atreviendo no sólo a invertir más, sino a arriesgarse más, abandonando el antiguo paternalismo. Eso está muy bien, pero hay muchos ilustradores jóvenes que suelen olvidar que en Chile la ilustración no es algo nuevo. Tenemos una gran historia gráfica con la que dialogar.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Completamente. Como cualquier otro artista. Ilustrar es conversar con la sociedad, el texto ilustrado es un objeto cultural, lo que conlleva una gran responsabilidad. En este sentido, comprender cómo funcionan las imágenes es fundamental.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar
Es importante preguntarse siempre por qué dibujamos, nunca hay que dibujar para complacer a alguien. También es necesario educarse sobre el dibujo, no para convertirse en un gran dibujante, sino para que las herramientas no sean un obstáculo para darle forma a las ideas que siempre han estado ahí.

Galería


1.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 5
Colaboro con Revista Santiago desde su primer número. Cada mes, el desafío es ilustrar una frase de algún célebre pensador o escritor. En esta ocasión fue una frase de Mario Vargas Llosa: “La vida es un tornado de mierda en el que el arte es nuestro único paraguas”. De niño pasé mucho tiempo en un hospital. Ahí los libros fueron el objeto que me permitió olvidar la pena y soportar el dolor. Creo que en cualquier parte del mundo un buen libro puede ser el paraguas de cualquier niño.


2.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 4
En esta ocasión la frase fue “Experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores”, de J.W. von Goethe.


3.- Portada del libro El Gran Forastero de Mauricio González, Ediciones SM, 2017.
Primer libro que realicé con SM. Le tengo un cariño especial porque disfruté mucho dibujándolo. El texto de Mauricio González es hilarante y nos entendimos perfectamente sin siquiera conocernos. El entusiasmo y cariño de Catalina Echeverría, editora, fueron determinantes en crear un libro que fuese más allá de nuestras expectativas.


4.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
A fines de 2016 fui invitado por Fundación Mar Adentro a un hermoso proyecto. Una residencia artística en Chiloé en la que participamos dos ilustradores chilenos, Matías Prado y yo junto a dos ilustradoras nórdicas, Siri Ahmed Backström, de Suecia, y Linda Bondestam, de Finlandia. Esta ilustración fue hecha al llegar a Santiago, como una forma de dejar un registro de las emociones y los recuerdos de nuestros paseos chilotes. Un dibujo como una forma de no olvidar lo vivido.


5.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
Otra ilustración hecha de vuelta en Santiago, recordando mis cosas favoritas de Chiloé: la lluvia, la vegetación, los Zarapitos y Huairavos.


6.- Portada para el álbum debut de la banda “Mundo del Mañana”, 2017
Colaboración para unos grandes amigos y excelentes músicos. Me dieron la libertad de crear sin limitaciones, por lo que el resultado es muy íntimo, y nació de escuchar su música mientras dibujaba.


7.- Ilustracion personal.
Cuando dibujo simplemente por el gusto de hacerlo, y no por un encargo, siempre aparece dibujada María Fernanda, mi esposa. Nunca es un retrato idéntico, a veces la dibujo como una niña, a veces como una duendecilla o en el cuerpo de algún animalito o insecto, pero ambos sabemos que es ella. Es alguien a quien admiro muchísimo y una fuente constante de inspiración, por lo que creo que es normal que se aparezca tanto.


8.- Ilustración del libro Yo sé que los elefantes lo saben todo, Sebastián Ilabaca, Hueders 2017.
La idea de este libro surgió de la necesidad de crear un proyecto personal entre varios encargos. Tantas eran mis ganas de crear algo propio, que a la semana después ya estaban todas las páginas listas. Rafael López, el editor de Hueders lo vio y me ofreció hacerlo en serigrafía. Imprimimos manualmente 30 copias en papel de algodón a dos tintas. Yo me encargué de encuadernar cada ejemplar.


9.- Ilustración para Bartleby, el escribano de Herman Melville, publicado por Hueders 2017.
Uno de los libros que me ha dado mayor satisfacción ilustrar. Bartleby fue desde mi época escolar uno de mis textos favoritos, y forma parte de mis referentes literarios desde que lo leí. Cuando me pidieron ilustrarlo me sentí infinitamente afortunado, a la vez que enormemente asustado. La responsabilidad de ilustrar un texto tan importante casi me paraliza. Pero me encerré a trabajar en él con determinación. Al cabo de un par de meses estuvo listo.

Sebastián Ilabaca (Santiago, 1988). Ilustrador y artista gráfico autodidacta chileno. Luego de egresar de la Universidad de Chile como Comunicador Audiovisual decidió volcar todo su trabajo a la ilustración, principalmente para literatura infantil. Entre 2012 y 2017 ha ilustrado para las editoriales Hueders, SM y Zig-Zag, además de diversos medios impresos. Actualmente ilustra la sección Pensamiento Ilustrado de Revista Santiago. Participó en el mural Zanmi, que es muestra permanente del Centro Cultural Gabriela Mistral GAM. Su trabajo ha sido expuesto entre otros, en Primavera del Libro y PLOP! Galería.

Ut y las estrellas

 



Ut y las estrellas
Escritora: Pilar Molina Llorente
Lectores avanzados Planeta lector | 2017
Clasificación: Literatura

Entretenida novela juvenil sobre un chico de los tiempos de las cavernas, un tanto desadaptado, ya que no le gusta cazar ni matar ni comer carne, por lo que es una vergüenza para su familia. Es un vago, un “inútil” y repudiado. Sin embargo, en sus tiempos de ocio hace algunos descubrimientos que le permiten ganar cierto respeto (alfarería, pintura rupestre, tallado en madera). Incluso el jefe de la tribu se interesa por sus habilidades -que creen fruto de su locura o posesión demoníaca-, y le hace un encargo clave que cambiará todo. El tema es tratado de manera convincente y coherente con lo que se sabe de aquellos tiempos.
Es una novela entretenida y que de alguna manera reivindica la figura del distinto dentro de una tribu. Encarna a la persona sensible, al artista descreído. Tiene hermosos pasajes sobre costumbres sociales primitivas o descubrimientos trascendentes. Además está articulado en un relato transgeneracional y fraternal.

Pregúntame

 



Pregúntame
Escritor: Bernard Waber
Ilustradora: Suzy Lee
Primeros lectores Océano Travesía | 2017
Clasificación: Literatura

Este libro da cuenta de la tierna relación entre un padre y su hija pequeña. Ambos pasean en el parque y conversan, en un diálogo cómplice y cariñoso. Todo lo anterior, enmarcado y potenciado con magníficas ilustraciones de Suzy Lee, que construyen un escenario coherente y contribuyen a crear el ambiente donde el relato fluye.
Los vemos caminar, los vemos conversar, los adivinamos contentos. Un relato que se erige en la conjunción diálogo-imagen y que nos muestra la estrecha relación de un padre con su hija. No hay narrador porque estamos ante una historia íntima, lo único que importa aquí son ellos dos. Ella guía la conversación, revela sus gustos y su personalidad inquieta. Él sigue su juego y disfruta de la compañía y las ocurrencias de la niña. Un libro bien construido, coherente. Su tono pausado conducen al lector a hacerse sus propias preguntas y a añorar la complicidad de sus protagonistas.

La ciencia POP

 



La ciencia POP
Escritor: Gabriel León
Grandes lectoresPenguin Random House | 2017
Clasificación: Ciencias puras

Es un libro con breves historias sobre ciencia, datos curiosos y explicaciones entretenidas. Cada una de estas historias tiene una dosis exacta de datos duros científicos mezclado con explicaciones simples y un poco de humor para poder llegar a un público general y acercarlos a este mundo a veces un poco distante. Es una excelente aproximación para el público general a los papers científicos. Interesante y entretenido.

Mi casa

 




Mi casa
Escritor: Davide Cali
Ilustrador: Sébastien Mourrain
LectoresBabel | 2017
Clasificación: Literatura

En primera persona, el protagonista de este libro nos cuenta su historia, su constante búsqueda por encontrar su lugar en el mundo. Lo vemos ir del pueblo a la ciudad, de la ciudad a la capital, de la capital al desierto, del desierto a una isla… en todas partes es feliz, pero siempre tiene la sensación de no haber encontrado aún ESE lugar.
Un relato sobre las diferentes búsquedas que emprendemos a lo largo de la vida, sobre el sentimiento de pertenencia y la importancia de volver a la esencia. El texto de Davide Cali consigue, en su simpleza, dar una voz coherente y creíble al narrador, que genera empatía inmediata. Las magníficas ilustraciones de Sébastien Mourrain contextualizan las idas y venidas del protagonista, muestran su evolución y lo mantienen siempre en el foco principal de la historia. El libro es una joya: el texto es claro, directo y evocador; las ilustraciones, muy bien logradas y atractivas; la edición integra ambas dimensiones y construye un relato coherente. En suma, todo funciona como las piezas de un reloj.