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¿Quién fue?

 
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Por Claudio Aguilera Periodista y socio fundador de PLOP! Galería

¿Quién fue?
Gabriel Glasman: Magdalena Armstrong
LectoresOcho Libros Editores | 2013

¿Qué pasa con la botella de la bebida que apagó tu sed? ¿A dónde va a parar el frasco de mermelada que con tanto gusto devoraste? ¿El envase de yogurt que saboreaste en el desayuno? ¿La lata de conservas, la bolsa de las papas fritas, la caja de los cereales?  ¡A la basura, todo a la basura!
Producción. Consumo. Desecho. Como nunca en la historia de la humanidad, el mundo se ha transformado en una gigantesca maquinaria de producción que no duerme. Adosada a ella, una sociedad que devora sin control, llena de ansiedad y deseos creados, que se repleta la boca, la mente y el alma de alimentos procesados, aparatos innecesarios y tecnología con fecha de expiración.
En el patio trasero de esta gigantesca fábrica, día a día crece una enorme montaña de basura. Una realidad que nadie quiere ver y que se oculta detrás de un discurso desarrollista de crecimiento y bienestar, que contrabandea el consumismo como progreso material e incluso como felicidad.
El libro ¿Quién fue?, de la autora e ilustradora Magdalena Armstrong, se atreve a mirar bajo la alfombra. Pero en el lugar donde otros hubieran puesto proclamas o sentencias edificantes, ella agrega  humor y cariño por la naturaleza para contar una historia sencilla sobre un grupo de animales que intenta sobrevivir en un ambiente contaminado.
En esta nueva publicación, tal como lo hizo en Trapo y Rata (FCE), la autora vuelve a mostrar su capacidad para construir narraciones que se sostienen exclusivamente en un dibujo sobresaliente, poblado de personajes expresivos y gran dominio de la composición. Su manejo de los tonos del grafito, en combinación con un uso generoso de los espacios en blanco, hace que el conjunto mantenga el dinamismo de los bocetos, sin descuidar el gusto por los detalles y las narraciones que se suceden en paralelo.
Pero más allá de su dominio técnico, el gran acierto de Magdalena Armstrong es acercar el mundo natural al lector, hacerlo vivenciar el riesgo que significa para el medio ambiente el mal manejo de los residuos y tomar conciencia de un problema cuya solución pasa por una nueva actitud.
Porque de lo que se trata aquí es de dar un paso adelante y responder con valentía a la pregunta que formula el libro (¿Quién fue?) reconociendo que somos nosotros los responsables de llenar de basura el planeta, pero que de igual forma somos nosotros quienes debemos limpiarlo. Más que nunca, cambiar el mundo está en nuestras manos.

Publicado en RHUV Nº16

Del folclor a la mesa

Los refranes, rimas, adivinanzas y dichos populares relacionados con las comidas y bebidas son numerosos en Latinoamérica. La mayoría proviene del repertorio de la tradición oral española y se extiende por todo el continente.

Por Manuel Peña Muñoz (Chile)
Escritor, Profesor de Castellano
Especialista en Literatura Infantil y Juvenil
www.elcaballerodelosalerces.cl

Virginia Donoso

Ilustración de Virginia Donoso / www.virbujos.blogspot.com

Gran parte de la poesía infantil de tradición oral recoge nuestras frutas, postres, bebidas y platos de comida en los que se reflejan costumbres, tradiciones y diversos aspectos de la vida cotidiana.

Por ejemplo, cuando llega a la mesa un plato de lentejas, se dice: “Si quieres las tomas y si no las dejas”. Y también: “Lentejas, comida de viejas”.

Para aludir a que en todos los hogares hay problemas, se comenta: “En todas partes se cuecen habas”. Y para referirse a una persona que es directa al expresarse, se dice que llama “al pan, pan y al vino, vino”.

Hay dichos muy certeros como: “Contigo, pan y cebolla”, para referirse a que en el amor lo material no tiene importancia. Todos buscamos “la media naranja” y nadie quiere ser “plato de segunda mesa”. También “se conquista por el estómago” y si se trata de platos bien servidos, ya se sabe que “la comida entra por los ojos”.

Al levantarnos de una mesa y anunciar que nos vamos, decimos “comida hecha, amistad deshecha”, aunque en Colombia se dice “indio comido, indio ido” y en Costa Rica, “indio comido, puesto al camino”, expresiones análogas de “pájaro que comió, voló”.

El que saca buena parte de una situación, saca “pan y pedazo”. En Chile se agrega: “Y una marraqueta debajo del brazo”. La marraqueta se refiere a un tipo de pan muy característico en Chile, Perú y Bolivia. Es un galicismo que proviene de Marraquette, apellido de dos hermanos panaderos franceses radicados en Valparaíso, que popularizaron este delicioso pan crujiente en el siglo XIX hasta el día de hoy.

Y, siempre en relación con el pan, si algo resulta demasiado fácil es “pan comido” y cuando se juntan dos personas similares, se afirma que “se juntó el hambre con las ganas de comer”.

Un refrán que aconseja prudencia señala: “Está bueno cilantro, pero no tanto”. Y si el niño o la niña preguntan qué plato le sirvieron, la madre responde: “Come y calla”. En las comparaciones también se reflejan nuestros alimentos: “Fresco como una lechuga” o “dulce como la miel”.

En México y Centroamérica se dice: “El que nace p’a tamal, del cielo le caen las hojas”, aludiendo irónicamente al vago que no quiere trabajar pues siempre por algún lado le va a caer alguna ayuda. El refrán menciona el tamal, una comida típica mexicana de origen azteca, a base de masa de maíz mezclada a carnes y verduras, envuelta en las hojas hervidas de la mazorca tierna.

¿A alguien alguna vez lo mandaron “a freír espárragos”? Seguro que sí.

En los refranes aparecen también nuestras bebidas tradicionales. Para referirse a que en materia de cifras es preferible ser preciso, se dice: “Las cuentas claras y el chocolate espeso”.

Nanas, juegos y rondas

En varias canciones de cuna de origen hispánico aparecen las frutas:

-Señora Santa Ana
¿por qué llora el niño?
-Por una manzana
que se le ha perdido.

Y en Colombia algunos postres de origen precolombino han inspirado algunas nanas:

Dormíte niñito,
¡qué tanto llorar!
que no hay mazamorra
ni qué merendar.

Esta mazamorra colombiana de los pueblos antioqueños es maíz hervido endulzado con panela o azúcar.

En los juegos de prenda también aparecen nuestras bebidas de verano:

Al corre el anillo
caballo tordillo
pasó un chiquillo
comiendo huesillos.

Aquí la rima hace referencia a los duraznos deshidratados, muy comunes en Chile en la refrescante bebida llamada mote con huesillos.

Y un clásico postre de invierno aparece en rondas tradicionales:

Arroz con leche
me quiero casar
con una señorita
de Portugal.

Se alude al arroz que se arroja a los novios al salir de la iglesia para augurarles prosperidad.

Otra ronda que ha tenido cierta dispersión en Colombia, Venezuela y Costa Rica, dice:

Los pollos de mi cazuela
no sirven para comer
sino para la viudita
que los sabe componer.

Se les echa ajo y cebolla
con hojitas de laurel
se sacan de la cazuela
cuando se van a comer.

Rimas y coplas

Algunas rimas también recogen nuestras frutas:

Me regaló mi madrina
esta dulce mandarina.

En tanto que en los campos de Chile se grita una copla absurda relacionada con la comida:

De las aves que vuelan
me gusta el chancho
de las frutas silvestres
las empanadas.

Y otra copla humorística:

“Taba” la lagarta un día
arriba de un chirimoyo
pasa el lagarto y le dice:

-Afloja el charqui, demonio.

En esta copla aparece el charqui, palabra quechua para designar la carne deshidratada al sol que sirve de base para muchos platos de origen precolombino preparados hasta  el día de hoy en Chile y Perú, como el charquicán, a base de puré de verduras y carne deshidratada. Aquí también aparece el chirimoyo, palabra quechua para designar un árbol típico de América del Sur cuyas chirimoyas son frutas muy apetecidas.

Otros versos populares de Chile se refieren igualmente a nuestras comidas:

Tres días ha que no como
déme un pedazo de lomo
mire que el hambre me mata
el sábado tengo plata
y el domingo me lo tomo.

En una rima de sorteo del folclor chileno aparece una bebida típica:

Zapatero
tira de cuero
toma chicha
y embustero.

De bajo grado alcohólico, la chicha es una bebida a base de uva fermentada, aunque en el mundo maya y azteca se la preparaba originalmente de maíz fermentado. Con mucha presencia en toda América, tiene distintas versiones en cada país y por lo general siempre aparece asociada a los medios rurales. La chicha también está en el dicho popular “no es ni chicha ni limonada”, que alude a una persona que no se define.

La mistela –una bebida colonial hecha con aguardiente de uva, azúcar, hierbas aromáticas y canela– no podía faltar en las coplas de la zona central de Chile:

Y esa mano blanca y pura
con que ciñes la cintura
más me agrada, mi gacela,
que una copa de mistela.

Una rima chilena menciona otra bebida tradicional:

En la puerta de mi casa
voy a poner un letrero
en un tablero que diga
vendo la aloja ¡ay, casero!

La aloja era una bebida refrescante que se vendía en los corrales de comedias españolas del siglo XVII, de donde pasa a Latinoamérica con sus distintas variantes. Por lo general se preparaba con agua, miel y canela, aunque en Chile, Argentina, Perú y Bolivia se la elaboraba con el fruto del algarrobo o también con hojas de culén, que es una planta medicinal de donde procede la expresión aloja de culén. El casero a que hace referencia la rima es una palabra del habla familiar en Chile para referirse al cliente de una pequeña verdulería o frutería.

Los villancicos populares retratan las bebidas navideñas:

María, María,
ven acá corriendó
que el chocolatilló
se lo están comiendó…

Cuentos, adivinanzas y versos

En algunas palabras mágicas para iniciar un cuento, aparecen nuestras comidas y bebidas chilenas, como en este conjuro:

Esteras y esteritas para secar peritas
esteras y esterones para secar orejones,
no le echo más matutines para dejarlos para los fines
ni se los dejaré de echar porque de todo ha de llevar.

Pan y pan para las monjas de San Juan
pan y vino para los monjes capuchinos
pan y queso para el diablo leso,
pan y cebada para los que no saben nada…
Esta era una vez…

Las esteras son tejidos artesanales de esparto que se usaban en tiempos coloniales como alfombras o para deshidratar la fruta, como en este caso, pues los versos se refieren a las esteras para secar las peras y los orejones, que son los duraznos o melocotones secados al aire y al sol.

En Bolivia, los niños cantan:

-Don Juan Barrigón
¿de quién son las bodas?
-De cola de ratón.
-¿De qué es el chupe?
-De carne de chulupe.
-¿De qué es la merienda?
-De carne de rienda.

Esta sencilla rima nos habla del chupe, comida proveniente del antiguo imperio incaico, extendida por toda América del Sur con distintas variaciones. Su característica principal es que se trata de una sopa muy espesa preparada principalmente con mariscos, aunque en este caso dice que es de chulupe, palabra quechua que designa un tipo de escarabajo.

En muchas adivinanzas chilenas aparecen, como sabrosas soluciones, los damascos, las lúcumas, las papayas, las tunas, los higos, las paltas o aguacates, y algunos de nuestros platos típicos:

 Me envuelven como guagüita,
me atan a la cintura,
el que quiera enterrarme el diente,
que me corte la ligadura.

                                    (La humita)

La palabra guagüita es un diminutivo de guagua, vocablo de origen quechua para nombrar en Chile al niño o niña de pocos meses de vida. La humita es una comida de verano que se prepara con el maíz hervido y molido envuelto en las hojas de choclo.

Y para terminar, un poema “de mi cosecha”:

La H de humita

Con un lazo en la cintura
y un vestido de maíz
habla con gran finura
de su pasado y raíz.

Habla de sus ancestros,
de su pueblo americano.
La comió el inca y el azteca
y también el mohicano.

Es dulce y salada,
de pulpa amarilla suave.

En verano con ensalada
o con un ala de ave.

No comas renacuajos

 
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Por Pilar Echeverría, profesora de Castellano y animadora de la lectura.
pcarcer@gmail.com

No comas renacuajos
Autor: Francisco Montaña
Lectores avanzadosBabel Libros | 2008

Su ingrediente principal es la miseria, y su acompañamiento, el abandono infantil. Una familia de cinco niños queda huérfana de madre y el padre los abandona. Viven en la casa familiar, y le arriendan un departamento a una vecina que no les paga con dinero sino lavándoles la ropa. Héctor, el mayor, tiene tan solo 13 años y se convierte en el proveedor. María, la que le sigue, se preocupa de la casa, la comida y los hermanos. Robert, de 10 años, se abandona a las drogas. David, de 9, va al colegio, pero es solitario y tímido. La más pequeña, Manuela, solo quiere asistir a la escuela. Todos ellos padecen un hambre visceral, tanto en lo físico como en lo afectivo.
Paralelamente, se desarrolla una historia de amor. Nina, compañera de David, se enamora de él y haría cualquier cosa por él. Esta historia viene a ser el postre: dulce, esperanzador, consolador. Si en la historia de los cinco hermanos visualizamos el abandono y la indiferencia de la sociedad adulta hacia los niños, en la historia de David y Nina encontramos la inocencia infantil, la lealtad y la esperanza de un futuro más conciliador.
La presentación de este plato también tiene su mérito. Montaña juega con dos narradores. Uno es omnisciente y relata las vivencias y sufrimientos de los niños; conoce a cabalidad lo que cada uno hace y siente. Narra la desesperación que padecen por conseguir una moneda, un mendrugo de pan o dar con el paradero del padre. En capítulos intercalados es la voz de Nina la que narra su propia historia, su amistad y cercanía con David. Ella nos revela cómo ve a este niño solitario y raro que la atrae enormemente. Ambas historias terminan uniéndose en una llama de esperanza.
El lenguaje culto y coloquial del texto permite una fácil lectura. Puede llamar la atención que los niños se traten de “usted”, pero es costumbre tratarse así en Colombia, donde se desarrolla la historia. Por el contrario, la hace más real, más auténtica, más verídica.
Como dije inicialmente, es un plato hipercalórico en el sentido de exponer una cruda realidad sin ningún filtro, sin tapujos. El lector no tiene excusa para no ver las responsabilidades incumplidas de los adultos para con los niños. Y obliga a tomar conciencia de lo que estos pueden llegar a hacer en situaciones extremas.
¿Vale la pena comérselo? Sí, es un alimento necesario para abrir esas puertas que normalmente están cerradas y ver qué hay detrás de ellas. Y no quedarnos indiferentes frente a realidades que muchas veces permanecen ocultas a la indiferente mirada del observador pasajero.

Publicado en RHUV Nº16