Etiqueta: Nº14

La biblioteca infantil

La Feria del Libro Infantil y Juvenil del Parque Bustamante es un paseo anual ansiado por mis dos hijas, Lupita (7) y Lulú (9), y sobre todo por mí. Nos levantamos temprano, llegamos cuando todavía hay estacionamientos y poco público, y nos vamos directo a los stands con los libros más lindos.

Columna de Marcela Trujillo
Pintora y dibujante de cómics

Maliki-Biblioteca-800x450

Ilustraciones de Marcela Trujillo / www.tallerdemaliki.cl

 

Cada una puede escoger un libro grande, un par chicos y alguno para pintar. Después ellas dibujan en el stand para niños, vemos algún show y almorzamos en la cafetería. Justo cuando comienzan a llegar las multitudes caminamos por el parque y nos vamos a la casa felices a revisar nuestras adquisiciones. No puedo comprar todos los libros que quisiera para ellas, porque hay demasiados y no son muy baratos, pero al menos una vez al año hago el esfuerzo y desembolso en pos de enriquecer la biblioteca infantil del hogar, que me enorgullece porque es variada y sustanciosa, y porque amo las ilustraciones de los libros infantiles.

Pero mis hijas no miran sus libros tanto como yo quisiera. Muchas veces prefieren ver tele –un capítulo de Violetta (su teleserie argentina de niñas que las tiene locas) o alguna película de Selena Gómez que ya han visto 20 veces– o jugar en mi computador a vestir animales o decorar dormitorios.

No es fácil para la literatura competir con la tecnología. Cuando yo era chica jugaba solo a cuatro cosas: a ser grande (mamá, doctora, feriante, vendedora, conductora de micro, etc), andaba en patines o en bici en la plaza, dibujaba con mis hermanas o leía un libro de cuentos. El Atari llegó cuando era adolescente (soy vieja).

Mi biblioteca infantil era modesta, pero esencial. Recuerdo perfecto las tres lecturas que sembraron mi amor por la ilustración y por contar historias: la colección El país de los cuentos, los dos tomos ilustrados de Las mil y una noches y un libro de Fábulas de animales.

La primera era una colección de cuentos clásicos europeos con imágenes en 3D, actuados por títeres hechos a mano, en escenarios en miniatura, con accesorios preciosos. Eran libros negros con tapas y páginas duras (que además se podían usar como bandejas para dibujar o muro para las casas de muñecas) y con una lámina holográfica en la portada. La magia de estas escenografías me cautivó profundamente. Recuerdo haber mirado cada detalle con avidez y deseo. Aún tengo en la retina el zapato de cristal y el vestido del baile de Cenicienta lleno de encajes y perlas, o la casa de dulces y galletas de la bruja en el bosque (yo quería ser chica y comérmela entera). También recuerdo lo terrible y truculento de algunas historias. Lloré cuando la pequeña vendedora de fósforos muere congelada por dormir en la calle y cuando los papás de Hansel y Gretel los abandonan en el bosque… ¿Qué clase de padres eran esos? ¡Eran niños chicos!

Pero lo más alucinante de esos libros es que no solo me hipnotizaron a mí: la Red está llena de personas de mi generación que los recuerdan con nostalgia y quieren comprarlos al precio que sea.

Las mil y una noches no me causó tanta euforia, más bien me daba miedo. Eran dos tomos empastados con ilustraciones realistas y con mucho detalle que describían jeques árabes, ogros gigantes, mujeres con velos y pantalones bombachos, enanos que escapaban en desiertos, lámparas mágicas y barcos que se hundían en un mar tempestuoso. A diferencia de El país de los cuentos, este era un mundo al que yo no quería ir por ningún motivo. Seguramente mi papá (que fue quien los compró) esperaba que los leyéramos, pero quizás el realismo de sus dibujos hizo que nos costara zambullirnos en la historia. Pero fue toda una lección artística: terminé copiando los dibujos en las hojas en blanco que traían al principio y al final.

Y, por último, está el libro Fábulas de animales, un libro grande, blanco, de hojas lindas, con ilustraciones a media página en acuarela, de colores vibrantes y expresiones exageradas, que dejaban una moraleja al final de cada historia, moraleja que yo trataba de aprender para ser mejor persona.

Entre las historietas y estos pocos libros pude alimentar una relación férrea con la literatura y la ilustración, que derivó más tarde en los cómics y la pintura. De algo estoy segura: no es necesario tener una biblioteca infantil nutrida y rechoncha para que los hijos desarrollen el amor por la lectura y la pasión por el dibujo. Con un par de libros esenciales y poderosos, se puede hacer maravillas.

Ni idea qué saldrá de toda la influencia tecnológica a la que mis hijas están expuestas (yo solo espero que sean felices). Al menos ayer Lulú me dijo: “Mamá, para la Feria del Libro de este año quiero comprar TODOS los libros de Julito Cabello”.

“Ok, mi amor”, respondí.

 

Maliki-2

Gracias, compra virtual

Hay quienes no pueden esperar cuando se trata de libros. Por ejemplo, quien escribe esto. Apenas salen novedades en otros países, debieran estar acá, de inmediato, pero no ocurre así. También hay libros viejos que nunca han llegado, u otros que ya están descatalogados. Una pena, hasta que un conocido autor chileno, Mauricio Paredes, habló alguna vez de este sitio: The Book Depository.

Columna de Esteban Cabezas
Periodista, crítico de restaurantes y escritor
Creador de personajes como Julito Cabello y María la Dura

Sebastian Miranda-14b

Ilustración de Sebastián Miranda / http://sebastuff.tumblr.com/

Hay quienes no pueden esperar cuando se trata de libros. Por ejemplo, quien escribe esto. Apenas salen novedades en otros países, debieran estar acá, de inmediato, pero no ocurre así. También hay libros viejos que nunca han llegado, u otros que ya están descatalogados. Una pena, hasta que un conocido autor chileno, Mauricio Paredes, habló alguna vez de este sitio: The Book Depository.

Se encuentra en Reino Unido y no cobra por el envío, ya que es por correo británico. O sea, lento pero seguro. Y lo otro buenísimo es que tienen cantidades de libros en español. Entonces, mejor aún.

No sé cómo lo hará otra gente, pero en este caso la limitante son cien dólares al mes, para no irse a la quiebra. Y después de la compra, a esperar. Lo usual es que el primer paquete llegue unas dos semanas después.

Entonces, algunos ejemplos. La lección de August de R. J. Palacio, cuyo título original, y mucho mejor, es Wonder. Es la historia de un niño que nació con el rostro deforme y que, al cumplir cierta edad, deja de estudiar en su casa y se integra a un colegio. “Es como mandar a un cordero al matadero”, dice su padre, y es un poco así, aunque los caminos que le evitan el degüello son tan extraños como inesperados. Es para llorar a moco tendido. Es una obra maestra del melodrama, de verdad.

También está Tuck para siempre de Natalie Babbitt, una pequeña novela –por la extensión– en la que una niña se enfrenta al dilema de convertirse en inmortal o no, en busca del amor. Y está escrita con maestría, y sin pedantería. O también se puede acceder a La cometa rota de Paula Fox, la historia de una niña que descubre, a la par, que su padre ha reconocido su homosexualidad y que –además– tiene sida. Drama puro, realidad dura, buena literatura.

Y así, suma y sigue. Es cosa de alimentar a la inquietud. Y si alguien sabe cuál es uno de los libros que últimamente ha comprado Tim Burton para hacerlo película, ya conoce este título: El hogar de miss Peregrine para niños peculiares de Ramson Riggs. ¿Disponible en Chile? Aún no. Por eso, si quieres conocer la trama de un singular orfanato con integrantes realmente extraños, ubicado en una isla perdida del Reino Unido y que es bombardeado en la segunda guerra mundial, pero que nunca desaparece, ahora sí puedes leerlo.

Right now! O, más bien, como en dos semanas más.

Cabezas-Gracias

La cometa rota
Autora: Paula Fox
Noguer Ediciones, 2009

La lección de August (Wonder)
Autor: R.J. Palacio
Nube de Tinta, 2012

Tuck para siempre
Natalie Babbitt
Square Fish, 1993

María José Ferrada. La palabra como abrigo

Tengo tres recuerdos relacionados con los libros que creo que de alguna manera determinaron mi relación con ellos.

Por María José Ferrada
Poeta y escritora

Ferrada_800x450

El primero, es el de mi madre leyendo cada noche y durante dos o tres años un libro de tapas amarillas que se llamaba Un cuento para cada día. Me gustaban especialmente dos cuentos: Juan sin miedo y La fiesta de las flores. No recuerdo nítidamente el argumento de ninguno de los dos, pero sí  la voz de mi madre cuando los leía. De ese libro con ilustraciones de mala calidad y cuya versión probablemente estaba muy lejos del relato original, aprendí algo: leer un cuento a otro es ante todo un acto de cariño.

Probablemente el primer cuento que se contó a la tribu frente a una fogata fue lo que nos hizo definitivamente humanos. La madre, el padre o la abuela, al replicar ese acto, no hacen otra cosa que recordarnos que ser humano es ser parte de una memoria colectiva y ser dignos de disfrutar de su belleza.

El segundo recuerdo es el de mi padre leyéndome a Neruda en nuestra casa de Temuco. Recuerdo que me gustaban especialmente El Libro de Las Preguntas y las Odas Elementales pero que mi padre, sin  hacer caso a eso de que hay una lectura para cada edad, me leía también poemas de Estravagario o de Canto General. De esas lecturas aprendí que la cebolla era la estrella de los pobres y que el pájaro amarillo llenaba su nido de limones, pero también que la poesía no es algo que deba entenderse. Cuando en los colegios me preguntan si un niño de alguna edad específica entenderá la poesía que hago, les respondo que tal vez sí o tal vez no, que dependerá del niño, pero sobre todo que al leer poesía, el entender o no entender es lo menos importante. A veces creo que conceptos como la comprensión de lectura, mal entendidos, nos han hecho mucho daño. Cuando todo busca un fin, la belleza escapa irremediablemente. En resumen, esa lectura temprana de Neruda me enseñó que se lee poesía porque se lee poesía. No hay otra razón, por lo menos para mí.

Mi tercer recuerdo tiene que ver con una recopilación de los cuentos de los hermanos Grimm que un amigo de mis padres me llevó un día de regalo. Era una versión que había sido de sus hijas que ya eran mayores, una traducción del alemán que probablemente era bastante mejor que las que habían caído en mis manos hasta ese momento. Recuerdo que me quedé fascinada y que lo atesoré durante lo que quedaba de mi infancia. Pensaba que me habían dado algo muy valioso; de alguna manera ese libro me mostró por primera vez la rara belleza de los libros usados, que ya han sido leídos y hojeados por alguien más. Ese gusto del secreto compartido con otro lector. Asocio ese ejemplar de los hermanos Grimm con mi gusto por las bibliotecas y por los libros usados.

Seguramente hay otros títulos que influyeron en mi relación con los libros, pero son esas tres lecturas, que relaciono con la palabra vista como abrigo y forma de pertenencia, las que siguen alumbrando, hasta
el día de hoy, mi vida como lectora.

Adiós a Elsa Isabel Bornemann

Elsa Isabel Bornemann (1952-2013) nació predestinada para escribir libros infantiles ya que fue hija de Blancanieves. Sí. Su madre era argentina descendiente de portugueses y españoles y se llamaba Blancanieves Fernández, y su padre  Henri Bornemann, quien llegó desde Alemania a Argentina a colocar una campana y un reloj en el Concejo Deliberante de Buenos Aires.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor, profesor y especialista en literatura infantil

Ilustraciones de José Reyes / www.flickr.com/photos/cosasdejose

Lamentablemente los sorprendió la revolución del año 1930 y los mecánicos relojeros se tuvieron que regresar, dejando al señor Bornemann para que cobrara, pero lo cierto es que pasó el tiempo y nunca regresó. Colocando un día un reloj en la famosa tienda de departamentos Harrods de Buenos Aires, vio salir a una mujer muy bella del brazo de una amiga. No sabía si aquella era una mujer real o un personaje de un cuento. Se acercó a ella y le preguntó su nombre. “Blancanieves”, le respondió. Desde entonces se amaron y se casaron como en los cuentos de hadas. De la unión nacieron tres hijas, la menor de las cuales fue Elsa Isabel, que nació en el Parque de los Patricios. Seguramente en su bautizo la visitó un hada de los buenos deseos que le concedió el don de escribir cuentos infantiles y juveniles.

A partir de la década del 70, teniendo apenas 20 años, empezó a publicarlos en libros. Luego siguió escribiendo poemas, novelas, canciones, ensayos, reseñas y guiones teatrales. Muchos de sus cuentos fueron traducidos al braille y también se grabaron en discos. Interesada en la poesía, publicó Poesía Infantil. Estudio y antología  y Antología del cuento infantil.

Sus obras rompen los estereotipos tradicionales y presentan temas para que los niños reflexionen y sean críticos del mundo que habitan. Son libros que tratan sobre la amistad, la injusticia, el miedo, la guerra, la desaparición, la muerte, la sátira a las historias de horror y la destrucción de los mitos.

Cercana al mundo oriental, por haber viajado a Japón, escribió un cuento conmovedor, Mil grullas, con el tema de la bomba atómica de Hiroshima y de cómo afectó la vida de dos adolescentes enamorados. Otro cuento lleno de ternura es ¿Por qué es tan hermoso el oficio de cartero? Son cuentos delicados, profundos, llenos de emoción… Todos ellos hablan el lenguaje de los afectos…

Junto con escribirlos, Elsa participó en congresos tanto en Argentina como en el extranjero, impartió talleres y cursos, difundió la literatura infantil, viajó por muchos países, recibió premios, inauguró en Argentina la moda de los libros infantiles de terror, escribió cuentos sobre los sentimientos amorosos de la infancia y fue una apasionada de la literatura, convencida de la felicidad que transmite la palabra escrita.

La conocimos en un encuentro sobre Pablo Neruda en el Palais de Glace en el barrio de La Recoleta de Buenos Aires, porque su obra estaba muy cerca de la poesía. Amable, sonriente y melancólica, dio su testimonio poético, sola en el escenario…

Catorce años más tarde, estábamos con otros escritores en la provincia de Misiones, participando en unas Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil, cuando nos sorprendió la noticia de su fallecimiento. De inmediato compartimos recuerdos de cómo la conocimos y de cómo nos impresionaron sus libros… Hacía tiempo que no la veíamos. Se relacionaba muy poco con los otros escritores. Muy pocos sabían de ella. Tenía apenas 61 años. Sus libros quedan ahora con nosotros: Un elefante ocupa mucho espacio, Queridos monstruos, El libro de los chicos enamorados; la vida de Elsa Isabel latiendo en cada una de sus páginas…

Katie Acosta

Coordinadora CRA
Escuela Diego Portales, Quinta Normal

El mejor regalo literario para un niño…
Algún cómic de las aventuras de Ogú y Mampato. Es imposible que no se encanten con estos personajes del inolvidable Themo Lobos.

Un libro que hace reír a grandes y chicos…
La vuelta de Pedro Urdemales de Floridor Pérez. La picardía de este personaje no deja indiferente a nadie.

No se puede evitar llorar con el libro…
El principito. Me conmueven su sabiduría y simpleza. Lo he leído en distintas etapas de mi vida y siempre encuentro algo nuevo en él.

Para cautivar a un adolescente no lector hay que regalarle…
Toda Mafalda de Quino.

Un libro que no falla a la hora del cuentacuentos…
Niña bonita de Ana María Machado. A los niños les encanta escucharlo.

Debería hacerse una película del libro…
Cien años de soledad.

La editorial que más aporta en el ámbito infantil es…
Ekaré y el Fondo de Cultura Económica.

Me gustaría tomarme un café con el escritor(a)…
Isabel Allende. La admiro desde que trabajaba en la revista Paula; es vital e inteligente.

Mi libro álbum favorito…
Me encantan las imágenes y la historia de El sombrero de la escritora e ilustradora Jan Brett. Los alumnos lo disfrutan cada vez que lo compartimos.

Mi novela juvenil favorita….
Martín Rivas de Alberto Blas Gana. Una novela realista con el justo toque de romance imposible y, por supuesto, de un momento histórico de Chile como lo fue la revolución de 1851.

Mi poeta preferido…
Mario Benedetti. Me gusta su poesía comprometida.

El ilustrador que más me gusta…
Loreto Corbalán y Alberto Montt.

La biblioteca donde encuentro todo…
La Biblioteca de Santiago es amigable y tiene todo lo que necesito.

KATI1

El sombrero
Autora: Jan Brett
Editorial Norma, 1998
ISBN: 9789580441694

KATI2

Las aventuras de Mampato
¡Allá sopla! Los balleneros I
Sudamericana, 2013
ISBN: 9789562624015

KATI4

La vuelta de Pedro Urdemales
Autor: Floridor Pérez
Ilustraciones de Hernán Venegas
Alfaguara Infantil, 1999
ISBN: 9789562396776

KATI3

Niña bonita
Autora: Ana María Machado
Ilustraciones de Rosana Faría
Ediciones Ekaré
ISBN: 9788493486341

Fede Combi: “En todas”

Empezó con historietas, siguió con pinturas por encargo, tuvo un local de arte y antigüedades, trabajó en el Teatro Colón y ha ilustrado más de una decena de libros infantiles y juveniles.
Su palabra favorita: versatilidad.

Por Bernardita Cruz M.
Editora Revista HUV

Fede-Combi-1

http://fedecombi.blogspot.com/

El 2012 Federico Combi regresó de la Feria de Bolonia con una maleta a punto de estallar. ¿Loco por la moda europea? No, fanático de los libros y las revistas, tanto que viajó desde Italia con 23 kilos de cómics, historietas
y publicaciones de ilustración. “Desde muy pequeño empecé a comprar libros y ahora tengo muchísimos, por todos lados”, cuenta entre risas el ilustrador argentino.

A sus 31 años, este porteño de nacimiento lleva el arte metido en las venas. “Para mí significa un modo de vida, un espacio donde puedo encontrarme y donde mejor puedo expresarme hacia el exterior”, asegura.

Desde chico tuvo habilidad para el dibujo. Recuerda que cuando niño pintaba todo el día dinosaurios y a los 13 años se inscribió en el taller de Jorge Lucas para aprender a dibujar y escribir historietas. Tiempo después fue a la Asociación Nacional de Estímulos de Bellas Artes para aprender pintura y tras 3 años estudiando ahí decidió ingresar a Bellas Artes, donde obtuvo una tecnicatura.

Sus primeros trabajos profesionales surgieron en paralelo a sus estudios y eran principalmente pinturas por encargo. Como las temáticas no siempre resultaban motivadoras, con el tiempo comenzó a explorar la ilustración, que le permitía dibujar y pintar a la vez, y entró al taller de Carlos y Enrique Villagrán.

“Pasé varios años sin trabajar sobre tela pero seguí pintando en las ilustraciones, tanto con acrílico y óleos como en digital, siempre con la idea fija de perfeccionar la técnica”. Luego, a los 21 años, armó “Lisboa”, un local de Arte y Antigüedades en San Telmo.

La editorial SQP Publishing, de Estados Unidos, fue su primer contacto con el mundo editorial. “Entonces me dedicaba a las ilustraciones de arte fantástico y pin up; tengo un gran recuerdo de aquellos años”, cuenta Fede. A pesar de su juventud, en su currículum también figura un paso por el Teatro Colón de Buenos Aires, donde integró el área de Pintura y Artesanía Teatral.

Como ilustrador ha desarrollado múltiples proyectos editoriales que incluyen libros infantiles, de ciencias, de dinosaurios y sagas juveniles. De hecho, a la hora de definir su estilo no duda en declararse “versátil”. Y es que, dice, cada estética le aporta diferentes técnicas.

¿En cuál de tus facetas creativas te sientes más cómodo?

Creo que en cada una me siento cómodo, por eso tengo tanta versatilidad de estilos; pienso que cada una tiene diferentes características, matices, colores para explorar. Hoy en día disfruto muchísimo con la estética de mi libro Chaparrón –editado en Francia por Balivernes Editions–, que me permite experimentar la sutileza, las texturas y sobre todo composiciones desafiantes.

Tienes muchos libros publicados. ¿Hay alguno al que le tengas especial cariño?

Tengo la suerte de haber podido ilustrar muchísimos libros para diferentes mercados en los últimos 10 años, pero le tengo un especial cariño al que te acabo de nombrar, Chaparrón, ya que en él pude dibujar todo lo que imaginé en mi cabeza. Aunque por lo general mi favorito es siempre el último que estoy haciendo…

¿Y hay algún libro antiguo que detestes?

Creo que hay algunos encargos en los que uno no puede resolver las cosas como quisiera, y eso hace que internamente el trabajo se vuelva difícil y tedioso. A pesar de todo, siempre disfruto ilustrar un libro, independiente de su temática.

Fede suele trabajar 16 horas diarias. Por eso, explica, la amplitud y comodidad de su estudio es fundamental. Ahí se concentra entre lápices, fibras, pinceles, pasteles, pinturas, bastidores, hojas con carpetas y muchos, muchísimos libros y revistas.

¿Trabajas más a mano o en el computador?

Hoy en día trabajo prácticamente solo en la computadora, pero en algún momento de este año o en el próximo tengo pensado realizar una serie de pinturas para exponer en una galería; ya tengo pensada la serie y la temática y la estoy planificando.

 

Fede-Combi-3

 

Últimamente también has incursionado en infografía…

Sí, la infografía es un trabajo relativamente nuevo que vengo haciendo en los últimos dos años. Creo que la ventaja es que transmite de forma más rápida y atractiva la comunicación educativa, ya que tiene el poder de entregar información visualmente concisa y estimulante.

¿Hay alguna faceta de la ilustración que aún no hayas explorado y que te gustaría abordar?

Creo que el cine sería un gran desafío. Me gusta mucho lo que se viene realizando en el sector del Concept Art o el Digital Matte Painter; hay grandes artistas explotando toda su técnica para generar diversos universos.

¿En qué estás trabajando ahora?

En varios proyectos dentro del campo literario: estoy finalizando un libro que me fascina para Francia, una adaptación de la obra El Cascanueces; también acabo de terminar uno de poesías titulado Canto de sirena, y estoy trabajando en 4 libros de pop up, los cuales me significaron un gran desafío, ya que tuve que estudiar las formas de los pliegos para ver cómo adaptar los dibujos.

¿Te ves ilustrando para siempre?

Sí, sin duda. Es donde puedo expresar sentimientos, formas o simplemente contar una historia. Por eso siempre, por más que esté con muchos encargos, trato de ir paralelamente con alguna obra personal, fundamentalmente para conectarla con lo que necesito volcar en ese momento.

 

Fede-Combi-2

 

Un momento del día:
La mañana y su luz.

Una estación del año:
El invierno, sin duda.

Una ciudad:
Es difícil quedarse con una, pero París es única.

Una obra de arte:
La obra que más me impactó fue El jardín de las delicias de El Bosco en el Museo del Prado.

Un sueño:
No sé si es un sueño, pero poder tener el tiempo para realizar todo lo que proyecto.

Un libro:
Elijo Altazor de mi poeta favorito de siempre, Vicente Huidobro.

 

Fede-Combi-4
¿Dónde está la ballena?
Autora: Mercedes Calvo
Ilustraciones de Federico Combi
Cántaro Editores, 2013
ISBN: 9789507533570

Fede-Combi-5

Había una Vez… ¿y después?
Autora: María Inés Falconi
Ilustraciones de Federico Combi
Ediciones Quipu, 2011
ISBN: 9789875040779 (Cartoné)

Fede-Combi-6

Chaparrón
Autor e ilustrador: Federico Combi
Balivernes Editions (Francia), 2013
ISBN: 9782350670799

Fede-Combi-7

Cuentos rojos
Autora: Hilda Marisol Tamola
Ilustraciones de Federico Combi
Editorial Dunken, 2011
ISBN: 9789870252504

Fede-Combi-8

Colegio maldito
Autor: Gabriel Korenfeld
Ilustraciones de Federico Combi
Ediciones Quipu, 2011
ISBN: 9789875040588

Fede-Combi-9

Colegio maldito II. El secreto del director
Autor: Gabriel Korenfeld
Ilustraciones de Federico Combi
Ediciones Quipu, 2013
ISBN: 9789875040694

Fede-Combi-10

Florín y Cepillo, detectives del mundillo. La momia del faraón Tar-harí
Autora: Luisa Villar Liébana
Ilustraciones de Federico Combi
Planeta, 2013
ISBN: 9788408114369

Fede-Combi-11

Don Juan Tenorio
Autor: José Zorrilla
Ilustraciones de Federico Combi
Editorial Guadal, 2011
ISBN: 9789873200588

Fede-Combi-13

Los Bicilibros 3. Max, Zoe y Vito y la fuga de palabras
Ilustraciones de Federico Combi
Puerto de Palos, 2013
ISBN: 9789875475151

Fede-Combi-15

Nada de Luz
Autora: Ruth Kaufman
Ilustraciones de Federico Combi
Ediciones Quipu, 2012
ISBN: 9789875040632

Fede-Combi-12

Fuego de dragón
Autora: Canela (Gigliola Zecchin)
Ilustraciones de Federico Combi
La brujita de papel, 2012
ISBN: 9789871337682

Fede-Combi-14

El castillo encantado
Autor: E. Nesbit
Traducción: Carolina Fernández
Ilustraciones de Federico Combi
Letra Impresa, 2011
ISBN: 9789871565221

De la función social del narrador oral

El presente texto es un extracto de un artículo incluido en mis Apuntes de oralidad, un bloque completo de mi web (www.pepbruno.com) dedicado a la reflexión sobre la narración oral. Este artículo en particular analiza la función social del narrador oral.

De los siete ítems que aquí propongo, los cuentistas pueden habilitar algunos o todos en función de su propuesta narrativa, el contexto, repertorio, etc.

Por Pep Bruno
Cuentista

Estefani Bravo-14

Ilustración de Estefani Bravo / http://cargocollective.com/estefanibravo

Para analizar la función social del narrador oral he decidido diferenciar dos situaciones: la primera, el momento previo a la sesión de cuentos, donde el narrador se concentra en la búsqueda, selección y oralización de relatos; y la segunda, el momento mismo de la narración, en la que el narrador está frente a un público contando cuentos. Un tercer momento, el del narrador después de contar, que implica un tiempo para la reflexión crítica sobre el trabajo hecho y pendiente, estaría implícito en la primera situación.

Del narrador antes de contar

Normalmente el narrador popular –sobre los tipos de narrador me remito a los citados Apuntes de oralidad – suele contar siempre en un mismo lugar (en su pueblo, su calle, su casa), mientras que el narrador profesional deambula de un lado a otro ofreciendo su repertorio (antes romances, cuentos y noticias; ahora un registro más diversificado).

Habitualmente el narrador popular asume, de una manera más o menos consciente, la función de preservar y mantener viva la tradición local, la memoria de la comunidad, los cuentos que viajan de abuelas a nietos durante generaciones. En muchas ocasiones también son los encargados de renovar este repertorio local.

Por otro lado, el narrador profesional suele llevar a los lugares que visita textos nuevos, ya sea de creación propia o historias tradicionales recogidas en otras zonas. Así, también renueva y amplía repertorios locales y, además, comunica, trenza lazos y tiende puentes entre repertorios y comunidades diferentes. Puede suceder también que el narrador profesional, gracias a su habilidad para memorizar, traiga en boca grandes textos de esa comunidad que de otra manera no podrían conservarse en forma oral.

De cualquier manera, ya sea popular o profesional, ese narrador se siente parte de una comunidad y este sentimiento de pertenencia implica ciertas responsabilidades, incluso antes de contar, que tienen que ver con preservar y renovar el repertorio común.

Por un lado, la selección de textos tradicionales que realiza para su propio repertorio es una decisión que le afecta a él como narrador pero también a la comunidad, pues estos textos permanecerán vivos en su garganta y en el imaginario colectivo.

Por otra parte, la elaboración de nuevos materiales, que en mayor o menor medida pasarán al repertorio común, deben ser alimento para la comunidad, ya sea en forma temporal o de manera  prolongada en el tiempo.

Y, por último, el trabajo previo que se realiza con cada texto determina también la pervivencia del repertorio común y su adaptación al devenir de los tiempos (el ejemplo está claro con los textos tradicionales, pero podría aplicarse igualmente a textos de nueva creación que pasan al imaginario colectivo). Me explico con más detalle con el ejemplo de los cuentos tradicionales:

Se puede observar que el cuento tradicional se mueve entre dos fuerzas: la conservación y la innovación. La conservación de los textos tradicionales, su pervivencia, es lo vinculado a la memoria común, a la propia historia, a lo que somos. La innovación, en tanto, es lo vinculado a lo que está sucediendo ahora, a lo que nos cambia, a lo que nos puede permitir ser otra cosa mañana.

Estas dos líneas de fuerza confluyen en la garganta del narrador que se convierte en quien, de manera más o menos consciente, selecciona los textos que cuenta y decide el modo en que habrá de contarlos, convirtiendo así estos textos que son memoria en textos que son ahora, y en posibilidad de ser textos también mañana.

Del narrador cuando cuenta

El momento en el que el narrador cuenta un cuento a un grupo de oyentes es un acto de comunicación. Y para que ese acto suceda debe haber un espacio de libertad suficiente para que el cuentista, el público y el contexto puedan edificar de manera conjunta la narración.

Esta peculiaridad determina gran parte de las funciones que asume el narrador en el momento en que está frente a un grupo de personas.

Por un lado, creo que el narrador genera un espacio de libertad suficiente para que el cuento pueda suceder; fomenta y cuida que así sea durante toda la sesión de cuentos, por eso ocurre que el tiempo del cuento es un tiempo de libertad. También pienso que el narrador acoge al grupo de oyentes y lo invita a que sea parte activa de ese evento que va a suceder en ese momento concreto: el cuento contado aquí y ahora, contado por el narrador pero también contado en función de la implicación del público en un contexto determinado.

Creo que todo esto determina la cualidad del momento único e irrepetible en el que el cuento va a ser contado, un contexto concreto con un público concreto que se encuentra en el ahora. Este carácter fugaz, inaprehensible y único del acto de contar cuentos determina incluso el discurrir narrativo: es por eso que cada vez que se cuenta un cuento hay diferencias y nunca se cuenta el mismo cuento de la misma manera.

Pienso, como narrador, que muchos de nosotros somos conscientes de la importancia de habilitar  un espacio de libertad cuando contamos cuentos, espacio que permite al público asumir como propio lo que está sucediendo en ese momento. El narrador debe velar porque esto ocurra para que, en ese momento compartido, el público se sienta responsable del cuento que está siendo contado. El grupo debe vivir como propio eso que sucede para que se sienta parte implicada, activa y responsable.

Así ocurre que el cuento contado crea comunidad, alimenta al grupo, estrecha los lazos entre las personas. Acaso el cuento contado sea una de las pocas experiencias en las que hoy en día un grupo puede emocionarse juntos, reír juntos, sentir juntos, al mismo tiempo que se siente responsable de eso que se está viviendo. Y que esto siga siendo así forma parte de las funciones del narrador.

Otra de sus funciones es tener la palabra. Esto implica una gran responsabilidad: el narrador tiene la palabra en la que subsiste una voz ancestral y en la que hay ecos de la voz que será, pero también tiene la palabra ahora. Es por tanto una palabra que trasciende al momento, una palabra hilada por muchas voces y que, además, se sostiene en ese momento, en ese contexto, con ese público.

Tener la palabra implica también conocer la palabra, ser parte activa de la memoria común, de su preservación, ampliación y difusión.

Creo que esto articula una nueva función: ser memoria viva, lo que también implica asumir la responsabilidad que conlleva articular la palabra (que da vida a la memoria), contarla y transmitirla. En cuanto a la adaptación de los textos, es importante acercar y renovar los relatos tradicionales para que sean capaces de acomodarse a los nuevos tiempos y los nuevos públicos. Si se crean nuevos textos, deben llegar a ser textos con los que la comunidad se identifique, se piense, se vea, y a la hora de contar esos textos debe haber una continua reflexión sobre el trabajo de los narradores (propio y de otros) y una formación continua.

Caben, por tanto aquí, también todas las nuevas historias (de propia autoría o de otros autores) que puedan alimentar la memoria personal y comunitaria y puedan incluso llegar a formar parte del imaginario colectivo (en este sentido recuerdo la emoción que sentí cuando unos amigos me contaron como cuento tradicional un cuento que había inventado yo, un cuento que había escrito y contado durante años y que había dejado de contar hacía tiempo. Este cuento llevaba años viajando de boca en oreja hasta que decidió acercarse a hacerme una visita).

El narrador oral forma parte de la cadena de autores. Contar un cuento de un autor implica asumir ese texto, hacerlo también propio. Este proceso de oralización debe sustentarse, sobre todo, en el respeto al resto de autores de la cadena (ya sean “autores” de la cadena de tradición como autores de un texto), así como en los rudimentos y estrategias que cada cuentista utilice en su taller de trabajo.

La autoría toca también a una importante cuestión: la creación artística. Debemos cuidar nuestra expresión artística, nuestra voz, porque la forma como contamos también cuenta. Y como expresión artística, la narración oral y los narradores somos parte de los sumandos que conforman la cultura, la del pequeño grupo y la gran comunidad. Ser conscientes de esta cuestión es también relevante: cuidar que nuestro aporte sea más, y no menos, en el cómputo global del arte y la cultura también forma parte de nuestras tareas.

Y por último, desde este punto de vista creo que contar implica, sobre todo, respetar: a la historia, al público, al autor del texto seleccionado, a la memoria colectiva…

Disponer de la palabra siendo parte de la comunidad conlleva también una responsabilidad añadida: ser palabra crítica. Al menos, desde mi punto de vista, lo que se cuenta y cómo se cuenta ha de alimentar la conciencia de la comunidad.

Ya sea mediante la selección de textos del repertorio propio (o común), ya sea mediante el modo de contar, creo que el narrador ha de ser consciente de esta función que tanto valor da a nuestro oficio. Durante siglos, narradores de culturas diversas y en muy distintos momentos de la Historia han sido voz crítica y su palabra estopa en la que ha prendido la lumbre de la conciencia común.

En suma, pienso que el narrador ha de estar ahí, al lado del grupo, de la comunidad, pues esta le da la palabra, le hace su portavoz. Una gran responsabilidad. Un gran privilegio.

 

Algunas funciones del narrador oral

1.     Preservar y renovar el repertorio común
2.     Generar un espacio de libertad
3.     Crear comunidad
4.     Tener la palabra
5.     Ser memoria viva
6.     Formar parte de la cadena de autores
7.     Ser conciencia crítica

Eso que guardamos dentro

Columna de Catalina Infante Beovic
Editora infantil y juvenil de Editorial Catalonia

Hace poco menos de un año, en la Feria del Libro de Guadalajara, me encontré con un hermoso ejemplar ilustrado por Paloma Valdivia, basado en la canción popular Duerme, duerme negrito. He escuchado esa canción varias veces en mi vida, entonada en la voz de Atahualpa Yupanqui o de Víctor Jara, y siempre provoca en mí esa nostalgia del recuerdo de mi madre cantándomela para que durmiera, el recuerdo de mí misma no queriendo conciliar el sueño por saber todas las cosas que “va traer” la mama del campo. Pero no fue hasta ver esa canción como un texto, escrita en un libro, hasta que abrí ese ejemplar y no pude evitar leerlo en voz alta, que entré en conciencia de lo importante que es encontrar a un otro que atesore las mismas palabras que tú, más allá de una canción, sino como una narración guardada en un vínculo de afecto.

Cuando se habla de tradición oral o narración oral, se habla de esa voz que guardamos dentro, la voz de nuestra madre, de nuestro abuelo, de la comunidad de la que somos parte, voces que no son más que fragmentos de otros seres humanos que se conservan vivos dentro de nosotros. Ya sea a través de una canción popular, un mito del campo o en una rima tradicional, esas voces, esos textos, se arraigan tan profundo que a veces apenas podemos recordar bien de dónde vienen, porque parecen haber nacido con nosotros mismos.

Por ello la importancia de seguir contándonos unos a otros las historias que escuchábamos de niños, o hacer libros con esos textos, o cantarle a los más pequeños las canciones que nos cantaron en la infancia. Ahí la importancia de sacar nuestros textos internos y hacerlos dialogar con otros, ver la diferencia en los detalles, en los finales, o en las versiones desencontradas de una misma letra. Porque ponerle voz a esas palabras y regalárselas a otro es volver a conectarse con todos aquellos que a lo largo del tiempo nos ha tocado existir en una misma cultura y en una misma zona geográfica. Son voces que se remontan muchas veces a nuestros antepasados, a los pueblos originarios, al mundo mestizo campesino, o directamente a la tradición europea; voces que resguardan nuestra mezcla de culturas y que al compartirlas borran cualquier distancia étnica, social o cultural que creemos tener con el otro.

La narración oral, eso que guardamos dentro, al igual que cualquiera de nosotros, es un organismo vivo, que se conserva al mismo tiempo en que se transforma, que necesita de la palabra hablada, pero que por sobre todo necesita de un otro, de un vínculo de afecto, de una boca que habla y una memoria que recibe.

Para ser letrados. Voces y miradas sobre la lectura

 


recomendado-por-mediadores3
Por María Paz Garafulic Litvak, socia y directora de Confín Ediciones y directora fundadora de Fundación Había Una Vez
www.fhuv.cl

Para ser letrados. Voces y miradas sobre la lectura
Autor: Daniel Cassany (compilador)
Para Mediadores | Paidós Educador | 2009

Llega este libro a mis manos y el nombre de quien oficia como compilador, Daniel Cassany, me proporciona la confianza necesaria para emprender su lectura; su trayectoria resulta suficiente para confiar en que será tiempo bien invertido.
Con tal confianza emprendo la lectura cometiendo un error: enfrento el texto de manera lineal, apartado tras apartado. Ya el prólogo advierte que se trata de una recopilación de miradas que pueden, y quizás deben, ser leídas sin un orden preestablecido.
¿Quiénes serán sus potenciales lectores?, me pregunto a medida que avanzo en la lectura. Al parecer, profesionales y estudiosos de la educación. El análisis de la lectura como fenómeno sociocultural y la conceptualización y tratamiento de la literacidad parecieran llevarnos por caminos puramente teóricos.
¿No será una perspectiva demasiado amplia y profunda a la vez para nuestro enfoque y prácticas respecto de la lectura? ¿No será un cuestionamiento demasiado sociológico, incluso filosófico, respecto de este hecho tan “común”? ¿Resultará de interés para el público en general?
Al final de uno de los apartados encuentro algunas respuestas. ¡Es significativo e importante! Me queda grabada la necesidad de reconocer la importancia del contexto, la identidad y la práctica de la lectura y la escritura, el preguntarnos qué tipo de lectores y escritores queremos producir y para qué. Excelentes preguntas considerando que en general quienes nos abocamos a esta área ponemos énfasis en lograr que se lea, presuponiendo los beneficios que la lectura conlleva, sin detenernos a analizar su contenido social.
Creyendo que seguiré sumergida en las áridas aguas del análisis, me sorprendo en el capítulo 3 con “DOCE DEMOS SOBRE LA LECTURA”, del mismo Cassany, donde se lee:
Con estos textos, curiosos por decir lo menos, presentados a modo de ejercicios y tareas para el lector, Cassany introduce los elementos básicos de la lectura: la decodificación, la estrecha relación entre la escritura y el habla, el entrenamiento de nuestros ojos para reconocer formas gráficas, entre muchos otros. La sección plantea 12 tareas para el lector similares a las recién presentadas. El libro trasciende así la pura teoría y el lector aplica dinámicamente los supuestos y principios asignados a la lectura y escritura. Ya este capítulo justifica, en mi opinión, tener este libro en nuestras manos. El autor nos lleva a entender más sobre el complejo proceso de la lectura y la escritura y en el camino, a disfrutar y vivenciar dichos procesos.
Más adelante, el mismo Cassany nos enfrenta a un TEST SOBRE LA LECTURA. Reconozcámoslo, a todos o a muchos nos gusta someter nuestros conocimientos o experiencias al cotejo de un experto. Vale la pena responder sus 10 preguntas.
Necesitaría un par de páginas más para comentar otros contenidos: reflexiones sobre la lectura multimodal (el cuestionado uso del sistema PowerPoint); estrategias para la adecuada lectura en la web; tareas para aprender a leer;  enseñanza crítica de la lectura; el periodismo como caso de estudio y práctica; los primeros acercamientos a la escritura; luces y sombras sobre la lectura en voz alta,  y mucho más.
Se trata de un libro que ofrece la posibilidad de ser real y significativamente “letrados”, en el sentido más amplio y social de la palabra, dando la libertad de seleccionar los contenidos que nos resulten más significativos y útiles conforme a nuestros intereses.
Un libro de referencia, para la reflexión en torno a las palabras, su importancia, modalidades, impacto, profundidad y utilidad, su dimensión social y formativa, personal y creativa.

Publicado en RHUV Nº14

El placer de la lectura

Columna de Carolina Schmidt Z.
Ministra de Educación, Chile. Agosto 2013.

La lectura es la puerta al conocimiento. Pero no solo es eso: la lectura es un placer, es la puerta a mundos nuevos, la puerta a otras vidas y al verdadero desarrollo de la imaginación.

Sabemos hoy que las actitudes y destrezas que determinan más poderosamente la comprensión lectora se forman durante los primeros años de vida. En particular, el interés por los libros, la ampliación del vocabulario y el desarrollo de habilidades cognitivas, tales como la capacidad de formular hipótesis, plantear interrogantes, realizar asociaciones complejas, predicciones e inferencias a partir de narraciones y otros textos escritos.

La primera infancia es clave para el desarrollo del placer de la lectura. Los niños cuyos padres les leen desde los primeros años adquieren no solo el gusto por los libros sino una mejor comprensión lectora, conocimientos invaluables para el resto de su vida. Leerles a los niños, y luego incentivarles a la lectura, hace la diferencia.

Para lograr esto, sabemos que es necesario facilitar el acceso a libros de calidad, adecuados a las necesidades de desarrollo de los niños y niñas, pero también es necesario que los adultos los provean de experiencias lectoras gozosas, intelectualmente desafiantes y emocionalmente enriquecedoras, desde mucho antes de que comiencen a leer por sí solos.

Como Ministerio de Educación, hemos incentivado diversos planes y medidas para lograr estos objetivos. En primer lugar, se ha impulsado la evaluación de la comprensión lectora en los estudiantes de segundo básico a través de la prueba SIMCE, para diagnosticar tempranamente falencias en ese aspecto.

Además, desde el año 2010, la División de Educación General del Ministerio de Educación, a través del Plan Nacional de Fomento de la Lectura Lee Chile Lee, junto a la Fundación Integra y la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) no solo ha implementado bibliotecas de aula en los cursos preescolares -conformadas por libros de primera calidad-, sino que además ha capacitado a educadoras de párvulos de todos los establecimientos educacionales, beneficiándolas con modernas estrategias de fomento lector especialmente diseñadas para el trabajo óptimo con estas bibliotecas.

Por tercer año consecutivo, el programa ha alcanzado al ciento por ciento de los kinder y prekinder de los establecimientos municipales y particulares subvencionados del país y, desde este año, además, a todas las aulas de los jardines infantiles y las salas cunas con administración directa de la JUNJI e Integra. De este modo, estamos convencidos que hemos dado un salto en el gran desafío de educar a una nueva generación de mejores lectores y lectoras, y más niños que van a poder disfrutar en su vida del placer de la lectura.