Categoría: Recordando a…

Gloria Fuertes, la amiga de los niños

En el centenario de su nacimiento, recordamos a la española que escribió poesía para ellos, con su particular musicalidad y su tono cercano.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Hace cien años, nació la escritora española Gloria Fuertes (1917-1998), en un ambiente muy humilde, del ajetreado barrio madrileño de Lavapiés. A los cinco años ya escribía cuentos y dibujaba; su familia no la ayudó en el camino de las letras pero estaba convencida de que “si vales de verdad y quieres una cosa con todas tus ganas, sales adelante seguro”. Muy joven empezó a publicar sus poemas en revistas infantiles, y a leerlos en programas radiales. Luego, trabajó como redactora de la revista Maravillas donde publicaba cuentos e historietas. En la España de la post guerra, escribió un libro de Canciones para niños y Pirulí, Versos para párvulos, además de crear una pequeña biblioteca infantil ambulante que recorría los pueblos pues su interés era difundir los libros infantiles y que la poesía llegara todos los rincones españoles.
Gloria se autodefinía “la amiga de los niños” y como tal, escribió para ellos cuentos, obras de teatro, poesías, canciones, adivinanzas y acertijos. Su rostro fue muy conocido por la generación de niños y jóvenes de los años 70 por aparecer en programas de Televisión Española como “Un globo, dos globos, tres globos” cuya canción inicial fue compuesta por ella. Quienes fueron niños en esa época no podrían olvidarla.
Intuitiva, transgresora, disparatada, auténtica, fiel a sí misma; siempre de pantalones, con sus llamativas cortabas y sus frases punzantes a flor de piel. Se impuso en la España franquista con una forma de ser poco convencional: fumaba, bebía y andaba en moto. Escribía pensamientos y palabras en papelitos y servilletas. Decía lo que pensaba sin rodeos. Su humor era agudo y captaba a las personas a la primera mirada. Supo ganarse a grandes y chicos con su forma de hablar desenfadada, un tono conversacional muy castizo y de voz ronca pero a la vez dulce.

Le gustaba disfrazarse, jugar y sorprender al interlocutor. Evitaba a los niños que se le acercaban a pedirle autógrafos porque cuidaba su intimidad. Prefería comunicarse con ellos a través de sus canciones y poesías. Sabía que “un niño con un libro de poesías en sus manos nunca tendrá un arma entre ellas” y también que “los niños que leen poesía se aficionan a la belleza del lenguaje y seguirán leyendo poesía toda su vida”. “El mejor regalo para un niño es un cuento” solía decir.
Fue una defensora de la paz, enemiga acérrima de la violencia. Su poesía es anti autoritaria y llama a la comprensión de los seres humanos, borrando las diferencias. Combatió las discriminaciones de toda clase. Denunció la depredación de la naturaleza y el medio ambiente. Amó a los animales y a las plantas. Defendió la igualdad de género en una época en que la mujer estaba confinada al espacio doméstico y no estaba bien visto dedicarse profesionalmente a las letras, mucho menos a escribir poesía infantil. Tocó temas duros en su poesía para adultos como las injusticias sociales, la muerte y la soledad. Compartió en bares y tertulias con los poetas de la Generación del 50, como Miguel Celaya, Blas de Otero, José Hierro y Carlos Bousoño.
Su obra poética está llena de referencias autobiográficas porque se inspiró en sus propias experiencias, a menudo dolorosas. Cuando habla de sí misma, muchas veces de pequeños asuntos, da la sensación de que pone palabras a nuestros propios sentimientos.
Al morir a los 80 años, víctima de una enfermedad pulmonar, los niños de la Ciudad de los Muchachos de Madrid leyeron sus poemas y depositaron claveles rojos y blancos en su tumba. Fue irónica hasta para escribir su propio epitafio: “Ya no toso”.
Hoy, en el centenario de su nacimiento, se han sucedido en España homenajes, exposiciones y reediciones de sus libros para reivindicar su obra. Su poesía infantil, rica y lúdica, perdura por su musicalidad y un tono oral muy cercano a los niños. Antes de morir, aconsejó siempre la bondad y el talento a la hora de ponerse a escribir. Y esa fue siempre su regla de oro.

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Alicia Morel, adios a la última hada

Reconocida por sus numerosas obras literarias infantiles, entre las que se incluyen libros, ensayos, poemas y cuentos, algunos que incluso fueron transmitidos por radio teatro, Alicia Morel fue una de las voces más influyentes de la LIJ en Chile

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Fotografía de Memoria chilena

En Santiago falleció a los 95 años la escritora Alicia Morel (1921-2017), una de las voces más reconocidas de la literatura infantil en Chile.
Alicia fue bautizada con un nombre digno de una historia maravillosa. Así, predestinada a la fantasía, entró en el mundo de las hadas y la literatura infantil desde su propio nombre. Con su pelo blanco y ojos azules que siempre sonreían, parecía un personaje de cuento de otra dimensión que están allí para siempre. Fue una mujer que tenía algo de hada porque era capaz, con su sola presencia, de transfigurar la realidad; una mujer-niña que conservó intacta la capacidad de soñar, el asombro ante la vida y un impulso maravilloso hacia el mundo que nos rodea.
Siempre dijo que la lectura de cuentos en su infancia fue clave en el desarrollo de su obra literaria y en su personalidad. En esa época, leyó todo lo que cayó a sus manos. Sus tíos le regalaban libros de cuentos, que Alicia leía, además de mirar sus ilustraciones queriendo entrar en ellas y visitar las habitaciones de los castillos, palacios y casas de zapateros ilustradas por Gustave Doré.
Desde niña se identificó con la naturaleza, los árboles, los bosques y los animales; observó casi todos los fenómenos que más tarde aparecieron en sus cuentos. Su padre le enseñó a reconocer los árboles por sus hojas; percibía la naturaleza con todos sus sentidos: las flores, el viento, la lluvia, las hojas secas.
Lo maravilloso y fantástico era algo inherente a su forma imaginativa de pensar. En sus cuentos para niños, la realidad y la fantasía se mezclan porque la realidad suele ser fantástica y lo maravilloso resulta real. Esta unión entre el mundo real y el imaginario es la esencia de su obra literaria.
“Nací escritora para niños”, dijo. “Claro que no me he limitado solamente a este género, pero sé que mi facilidad está en él”.
Gran lectora de Christian Andersen, Selma Lagerlöf y Lewis Carroll, supo captar la mentalidad de los niños en sus cuentos llenos de fantasía y originalidad; le gustaban los mitos y leyendas. Escribió cuentos infantiles, poesías, ensayos, novelas, autobiografías, teatro infantil y de títeres. En su obra está presente la naturaleza como el más inspirador de sus personajes. Tradujo del inglés a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf. Dio charlas literarias y visitó colegios animando a la lectura.
Entre sus libros se destacan los Cuentos de la Hormiguita Cantora y el Duende Melodía (1956) que pasó de la radio al libro. Los niños que oían las historias por la radio buscaban después el libro para leerlo. Su gran aliada fue Elena Poirier, quien traspasó a bellas ilustraciones el mundo literario de Alicia. Junto con otros escritores, fundó IBBY Chile en 1964, dedicándose a la creación y difusión de la literatura infantil. Por la belleza del lenguaje, la calidad de los contenidos y la novedosa ambientación indígena, su libro Cuentos Araucanos, la Gente de la Tierra (1983) mereció figurar en la Lista de Honor de IBBY1984.
En Santiago fue despedida por su numerosa familia y escritores que le manifestaron admiración por su espiritualidad y sensibilidad literaria.
Vamos a extrañar a Alicia, que nos deja un legado literario y humano de primera calidad. Por suerte vamos a encontrarla cada vez que abramos uno de sus maravillosos libros de cuentos.

Su vida y obra pueden consultarse en la página web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en el siguiente enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/alicia_morel/presentacion/

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Marianne north, la cazadora de flores

Una de las precursoras de la ilustración botánica. Esta mujer de armas tomar fue una viajera entusiasta del siglo XIX, que disfrutó pintando lo que observaba a su paso. tras visitar muchos y variados destinos de maravillosa riqueza natural, Marianne North llegó a Chile para instalarse e ilustrar al detalle la flora y la fauna de un país con un enorme tesoro que descubrir.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

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Ilustración de María Paz Muñoz

Durante el siglo XIX, muchas mujeres europeas se aventuraron a viajar a países exóticos animadas por un espíritu de curiosidad intelectual y científica. querían avistar los pájaros, coleccionar helechos, descubrir los secretos de la naturaleza. Una de estas viajeras intrépidas fue la inglesa Marianne North que, siendo muy joven, recorrió muchos países en compañía de su padre, un importante político y terrateniente británico. Juntos visitaron Marruecos, Egipto, Siria, Italia y Grecia. En las viejas ciudades recorrían museos y ruinas históricas para regresar siempre con un cargamento de herbarios y libros de arte. Era una época en la que los ingleses viajaban a lugares lejanos con el afán de conocer las culturas antiguas y empaparse de viejos estilos de vida.

Emprendiendo el vuelo hacia el mundo
Al morir su padre en 1869, Marianne deja Hasting (al sur de Inglaterra), su ciudad natal, y viaja a Canadá con una amiga para conocer un nuevo continente. A diferencia de otras damas de la sociedad victoriana, que se quedaban en casa con sus bordados y mermeladas, Marianne quiere conocer otros paisajes. Ahora sigue sola su viaje interminable. Visita Estados Unidos y Jamaica, donde se extasía con sus playas de arenas doradas. En Brasil, permanece un año en una cabaña en la selva, pintando lianas y árboles del río Amazonas y sus alrededores. Luego, sigue su periplo hacia las españolas islas Canarias donde registra la flora nativa de una de ellas, tenerife.
Con su maleta viajera, su silla plegable, su atril y su caja de pinturas, se aventura a visitar Japón, singapur, Borneo, Java y sri Lanka. En India pinta la flor del loto, las caléndulas, el jazmín blanco y la orquídea. En ciudades y pueblos pinta las flores silvestres que le llaman la atención. sigue el recorrido por Australia y Nueva Zelanda por donde viaja en vapor, tren, carreta o lomo de mula con tal de llegar a un paisaje nunca revelado. En África pinta los tamarindos, los baobabs y los nenúfares de un es- tanque. En una época en que aún no se conocía la fotografía, considera que el registro de las plantas y flores debe ser fidedigno, pero a la vez expresado con belleza.
Marianne es una viajera incansable, deseosa de captar la naturaleza con sus pinceles de pelo de marta y sus pomos de óleo. Mezclando colores en la paleta, consigue el tono justo de un pétalo o un pistilo. Había querido ser cantante de ópera, pero en la ilustración botánica encontró su vocación y su camino.

Su bella última parada
En 1884, con 54 años, llega a Chile, donde permanece durante cuatro meses dibujando plantas en quilpué, Cajón del Maipo, Molina y otros pueblos de la zona central y sur del país. Este será el último viaje que emprenda a la caza de flores y pájaros. En la cordillera austral pinta las araucarias a su- gerencia de Charles Darwin, quien había sido amigo de su padre. Le interesa pintar los árboles nativos en su medio ambiente, junto a sus aves, insectos y flora. su pincelada es detallista. Pinta la corola de una flor, un nido un diminuto colibrí. Es científica y a la vez romántica porque ama la naturaleza adelantándose a una época ecológica y de protección del medio ambiente. sus pinturas parecen decirnos: “Cuiden estos árboles, son bellos. observen las flores que crecen silvestres en la ladera del camino. Miren las aves y su hermoso plumaje. ¡Cómo es posible que usen las plumas en un sombrero!”.

Precisión en pincel y color
Marianne pinta litres, espinos, peumos y canelos. Cada hoja es pintada con toda precisión en color, brillo y textura. Pasea a caballo por las quebradas buscando una cascada, un musgo apegado a una piedra, un liquen, un árbol en flor. Visita al sena- dor por santiago y Coquimbo, Benjamín Vicuña Mackenna, en su hacienda de Concón donde pinta la palma chilena, los boldos y los cactus de los cerros de Valparaíso. también orugas, mariposas, caracoles y toda clase de jazmines, begonias, rododendros, amapolas, lirios, dedalitos de oro…
Pero también integra al ser humano en el paisa- je pues registra la arquitectura rural. Y pinta un cacharro de greda de Pomaire para expresar la alfarería de la zona y el color de la tierra. Corredores de pilares de patagua, patios coloniales con sus fuentes de agua, una tinaja, un pozo junto al camino… Estas pinturas son un fiel registro del paisaje y su entorno, por lo que tienen hoy día un carácter documental. En Chile, las autoras Antonia Echenique y María Victoria Legassa se interesaron tanto en su obra artística que publicaron el libro Flora chilena bajo la mirada de Marianne North (1999), editado por Pehuén.
A finales de su vida, Marianne North hizo una donación de 832 ilustraciones al royal Botanic gardens, de Kew, en Londres, que se exhiben allí hasta hoy. tras su muerte en 1890, a los 60 años, víctima de fiebres tropicales contraídas en sus múltiples viajes, sus hermanas publicaron sus diarios de viaje titulados Recuerdos de una vida feliz y Más recuerdos de una vida feliz (1830-1890).
A más de un siglo de su muerte, nos sigue sorprendiendo la vida y obra de esta precursora en el arte de la ilustración botánica, que dejó huella en el conocimiento de nuestra flora y fauna. Y también en la historia de su época.

Publicado en RHUV Nº25

Roald Dahl: El gigante de la literatura infantil

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El 13 de septiembre de este año se cumplirían 100 años del nacimiento de Roald Dahl, un escritor inglés brillante, cuya entretenida forma de contar las cosas lo llevó a que los niños (y los no tanto) devoren su prolífica obra hasta el día de hoy. Pero, hay que decirlo, Dahl no era un sujeto fácil.
A través de entretenidas y mágicas historias, introducía reflexiones personales y éticas, utilizando su irónico humor inglés y una heredada fantasía noruega. En este número, hacemos un homenaje a este grande, a quien rodean sorprendentes vivencias que sirvieron de inspiración para muchos de sus libros y personajes.

Por Mauricio Paredes, escritor.

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Ilustración de María Paz Muñoz

Este año, 2016, se estrena The BFG, en castellano, Mi amigo el gigante, basada en el libro El gran gigante bonachón, de Roald Dahl. Fueron necesarios más de 25 años para que esta joya de la literatura infantil llegara a la pantalla con actores de carne y hueso. Fue necesario que Steven Spielberg dirigiera por primera vez en su vida una película de Disney. Fue necesaria la actual tecnología de imágenes gene- radas por computador (CGI) para mostrar la inmensidad del mundo imaginario creado por el autor galés. Fue necesario que la adaptación del texto la hiciera Melissa Mathison, quien escribió muy pocos guiones, pero uno de ellos fue nada menos que E.T., el extraterrestre. Ella estuvo casada con Harrison Ford, fue gran amiga del Dalai Lama y murió de cáncer al poco tiempo de haber terminado este trabajo. Fue necesario que el papel del gigante lo tuviera Mark Rylance, ganador del Oscar por su extraordinaria representación de un agente soviético en Puente de espías a quien el personaje de Tom Hanks le preguntaba con insistencia si no estaba preocupado por su oscuro destino, ante lo cual él respondía con un cándido y astuto “¿sería de alguna ayuda?”.
¿Y por qué tanto esfuerzo y tantas dificultades? Porque Dahl no es fácil y parte de su genialidad es parecer extremadamente sencillo. Roald Dahl escribía en el lenguaje de la paradoja. Sus libros son tan entre- tenidos que uno los devora y queda ansioso por más, pero al mismo tiempo y casi “como quien no quiere la cosa” plantea desafíos éticos que hacen tiritar a muchos adultos. Los padres y profesores que aparecen en sus cuentos no siempre son buenos, de hecho pueden ser horribles como en Matilda. Los personajes se comportan de manera errática, como Willy Wonka en Charlie y la fábrica de chocolate o definitivamente absurda y agresiva, como en Los Cretinos.
Tratar a los lectores como seres inteligentes y con criterio siempre ha traído consecuencias. Por un lado, la admiración casi reverencial que le profesamos sus seguidores y, por otro, la irritación furiosa de quienes creen que la literatura infantil debe ser un medio para el adoctrinamiento moral de los niños. Dahl fue acusado de racista, entre muchos, por la Asociación Nacional para el Programa de las Personas de Color, en Estados Unidos, e incluso tuvo que modificar a los Oompa Loompas, quienes originalmente eran pigmeos africanos y luego se vio obligado a describirlos como de raza blanca y rubios. Con toda seguridad, los líderes de la llamada “PC Police” —policía de lo políticamente correcto— deben sufrir con las maravillosas barbaridades de este escritor, tan cándido y astuto como Rudolf Abel, el ruso de Puente de espías. Y sí, de hecho Dahl fue espía para la monarquía británica (jugando con fuego escribió el guión de James Bond Sólo se vive dos veces, con Sean Connery), además de ser piloto de la Real Fuera Aérea Británica (RAF) e inventor de la válvula Wade-Dahl-Till para personas con hidrocefalia (luego de que el coche de su hijo de cuatro meses, Theo, fuese atropellado por un taxi y notar que la válvula Holter que le pusieron se trababa con demasiada frecuencia).
En El gran gigante bonachón encontramos una metáfora que resume lo que es el propósito y sentido de un autor de libros para niños. Un gigante bueno (Dahl medía 1,98 m), con un lenguaje inventado y enredado a más no poder (la fascinación por las pa- labras), que escucha el murmullo de la imaginación con sus grandes orejas (gran parte de la creación artística es estar atento a lo que nos rodea y e identificar detalles), luego captura estas fantasías y las mezcla en botellas (el oficio de escritor, el ser capaz de llevar las ideas etéreas al texto concreto) y finalmente las sopla por una larga trompeta dentro de los dormito- rios de los niños, para que formen parte de sus sueños (el premio mayor de cualquier artista es, sin duda, ser capaz de conmover, que su trabajo trascienda hasta llegar al inconsciente de las personas). La pequeña huérfana que acompaña al gigante es Sophie, en honor a su nieta, quien ahora mide
1,83 m, está casada con el músico Jamie Cullum y fue modelo “plus size” para Vogue, pero que después sufrió fuertes críticas por bajar de peso, siguiendo la tradición familiar de recibir ataques aviesos porque sí y porque no. ¿Enganchó ella en esta discusión tan contemporánea en la que todos los animales están obligados a ser iguales, pero algunos son más iguales que otros? Claro que no, al igual que su abuelo, no lo hacía porque “¿sería de alguna ayuda?”.
El estilo de Dahl conjuga la ironía del humor inglés con la fantasía mítica de Noruega, de donde eran sus abuelos. Esta fascinación por lo sobrenatural se puede apreciar en toda su obra, pero con particular fuerza en Las brujas. Ophelia, una de sus hijas, una vez dijo en una entrevista que “nuestra vida era como un cuento de hadas oscuro”. Resulta evidente que no sólo sus raíces llevaron a este gran escritor a tener una personalidad mágica y a la vez reservada en extremo, risueño y también demandante, de luces y sombras muy marcadas. También hay que tener en cuenta una vida intensa y con grandes momentos de dolor. Su hija Olivia murió a los siete años producto de una encefalitis derivada del sarampión. A ella le dedicó James y el durazno gigante cuando nació y el propio El Gran Gigante bonachón cuando murió. Luego de esta tragedia, Dahl perdió su fe en Dios y se enfrascó en un insólito debate con un arzobispo, quien le dijo que Olivia estaría en el Paraíso, pero no con su perro.
Estuvo casado con la talentosa actriz estadounidense Patricia Neal, ganadora de un Oscar, a quien conoció en una de las elegantes comidas en donde Dahl utilizaba su encanto para su labor de espionaje. En 1965, cuando ella llevaba 12 años de casada con el escritor británico, sufrió tres accidentes cerebro vasculares. Dahl se encargó de su rehabilitación y, como si se tratara de un libro, él inició un romance con Felicity Crosland, una de las mejores amigas de Neal, lo cual llevó finalmente al divorcio después de 30 años de matrimonio. Patricia
se hizo católica poco antes de morir y Felicity siguió viviendo en la “Gispy House”, donde Dahl escribió todas sus obras, y es visitada con frecuencia por sus hijastros. Roald Dahl fue amigo de Hemingway y de Ian Fleming y fue catador de chocolates para Cadbury’s.
Murió en 1990 de una enfermedad a la médula ósea y lo enterraron con su taco de billar, lápices de mina y una botella de borgoña.

Publicado en RHUV Nº24

Cervantes y Shakespeare: 400 años del aniversario de su muerte

Una vez más conmemoramos una de las efemérides más importantes del mundo literario: el fallecimiento de Miguel de Cervantes y Saavedra, el autor de El Quijote de la Mancha, y del dramaturgo inglés William Shakespeare cuyas obras Hamlet, Romeo y Julieta, y Otelo, entre otras, han reflejado la conducta humana universal. Muchas veces representadas y versionadas en el cine, la música y el teatro, estas tragedias constituyen un tesoro artístico. Este año les rendimos homenaje, además, porque se cumple el cuarto centenario de su muerte, sin que se olvide su obra.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y especialista en literatura infantil.

En Londres y Stratford upon-Avon, el pueblo natal de William Shakespeare, se han iniciado numerosos congresos, conferencias, lecturas y representaciones teatrales en el Globe Theater, junto al río Támesis, como una manera de acercar a las jóvenes generaciones a la obra del gran dramaturgo. Al ver las obras montadas como en su época, en un auténtico teatro isabelino, los lectores se sienten motivados para leer la obra de Shakespeare y reflexionar sobre sus grandes temas, presentes también en la sociedad contemporánea: el amor, los celos, la muerte, la identidad, el poder, la libertad y la justicia.
Por su parte, en España también se suceden los festejos destinados a realzar la figura de Cervantes, el gran referente de la cultura hispánica. Una de las representaciones teatrales y musicales más ricas es el espectáculo Cervantina, basado en fragmentos de El celoso extremeño, El licenciado Vidriera, El retablo de las maravillas y, desde luego, El Quijote de la Mancha.
Entre tanto, en Madrid, se presentó en la Real Academia Española un libro que contiene reproducciones de manuscritos cervantinos. Estos autógrafos inéditos que estaban en el Archivo de Simancas desde el siglo XIX constituyen un valioso documento que nos acerca a este “príncipe de los ingenios”, capaz de crear libros de poesías, comedias, entremeses, cuentos, novelas pastoriles y la primera novela española moderna que se inicia con estas palabras: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”
Este Don Quijote está considerado una de las obras más importantes de la literatura universal así como el libro más editado y traducido a todas las lenguas después de la Biblia. Unión poética entre fantasía y realidad, entre idealismo y sentido común, esta obra maestra de la literatura española sigue inspirando (por diferentes vías y canales) a las nuevas generaciones por sus temas, estilo y contenidos.
En la actualidad, se siguen realizando versiones y adaptaciones al cómic, teatro, radio, televisión y cine. También sus personajes y ambientes son fuente de inspiración para los ilustradores desde los primeros que llevaron al Quijote y Sancho al grabado en madera hasta los contemporáneos, desde Salvador Dalí que los ilustró en un mundo de fantasía onírica hasta los más vanguardistas que emplean collage, fotografía, grabado calcográfico, litografía y estampación digital. El Quijote siempre se inventa y reinventa a sí mismo.

Libros, rosas y enamorados
Miguel de Cervantes murió un 23 de abril por consiguiente se escogió este día para celebrar mundialmente el Día del Libro, ya que coincide con la fecha de la muerte de Shakespeare y del escritor Inca Garcilaso de la Vega. Inicialmente esta celebración arraigó en España desde 1930, especialmente en Barcelona, donde la festividad coincide con el Día de Sant Jordi, su santo patrono, por lo cual, la ciudad vive un clima festivo en medio de la primavera catalana. La Rambla de Las Flores se llena de puestos de libros y rosas. Así, en la ciudad de tradición editorial por excelencia, es común que los catalanes se intercambien un libro y una rosa en homenaje al santo, el amor y la cultura literaria.

Premio Cervantes
Este mismo día se entrega el Premio Cervantes, en la Universidad de Alcalá de Henares, en la Comunidad Autónoma de Madrid, ciudad de nacimiento del autor de El Quijote. El premio destaca a un autor español o latinoamericano en forma alternada. Su primera edición data del año 1976. Desde entonces, cada 23 de abril, el rey de España entrega este premio que equivale al Nobel de las letras hispánicas. Diversos autores lo han obtenido, entre ellos Jorge Guillén, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, María Zambrano y Jorge Edwards. En los últimos años han sido Elena Poniatowska (México/2013), Juan Goytisolo (España/2014) y Fernando del Paso (México/2015).

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Cervantes

Nacido en Alcalá de Henares, España, el 29 de septiembre de 1547, fue nombrado Miguel siguiendo con la tradición española de recibir el nombre del santoral del día del nacimiento. Hijo de Rodrigo y Leonor, de la que poco se sabe, fue soldado, novelista, poeta y dramaturgo. Formó parte de la Armada Cristiana, por la que combatió en la batalla de Lepanto, donde quedó malherido de la mano izquierda, seccionándosele un nervio; de ahí el apodo de Manco de Lepanto. Fue capturado y llevado a Argel, donde estuvo prisionero cinco años. Ahí empezó a escribir. Pero no es hasta 1597, cuando, de vuelta a la cárcel, engendra su Quijote de la Mancha. No obstante, sólo en 1605 se publica la primera edición. Ello marcó el comienzo de la novela moderna.

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Shakespeare

Originario de Stratford-upon-Avon, Birmingham, Inglaterra (1564-1616), es considerado el más grande escritor de la literatura inglesa de todos los tiempos. La fecha de nacimiento no se conoce porque, en esos tiempos, solo se registraba la fecha bautismal, que solía ser dentro de la semana siguiente al nacimiento. Se tiene documentación de que lo bautizaron el 26 de abril, por lo que se suele otorgar el día 23, tal vez para hacer analogía con la fecha de su muerte, según el calendario gregoriano (en realidad, 3 de mayo en nuestro calendario). A los 22 años se trasladó a Londres, donde se hizo conocido como actor y dramaturgo. Simultáneamente, realizaba además, otros oficios, pues, pese a la fama, no llevaba una vida ostentosa, sino todo lo contrario, bastante humilde.

Ilustración de María Paz Muñoz

Publicado en RHUV Nº23

El silabario de la nostalgia

Este 2015 se cumplen 70 años desde que apareció la primera edición del Silabario HispanoAmericano, con el que muchas generaciones de niños y niñas de todo el continente aprendieron a leer.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor y especialista en literatura infantil
www.elcaballerodelosalerces.cl 

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Ilustración de July Macuada
http://www.julymacuada.com

El pedagogo chileno Adrián Dufflocq Galdames (1905-1984) creó el Silabario HispanoAmericano en 1945, publicado en Santiago de Chile por la editorial Lord Cochrane, y desde entonces suma casi un centenar de ediciones. Su presencia inconfundible trae nostalgia de esa niñez con sabor a otoño, a camisa recién planchada y a lápices de colores para pintar una casa con un sol entre montañas.

Las recordadas ilustraciones son obra de Coré, Mario Silva Ossa, el ilustrador de la revista El Peneca. Aquellas imágenes son únicas y nadie que se haya iniciado en las primeras letras con este libro podrá olvidar su portada, en la que aparecían dos niños sentados sobre grandes cubos con vocales, leyendo un Silabario en cuya tapa estaban ellos mismos leyendo el Silabario

Como gran dibujante que era, Coré dotó a las figuras de esa aureola poética que lo hacía único. Y en la mente de millones de lectores quedaron para siempre grabadas las imágenes del niño manejando una locomotora, de aquella isla rodeada de agua por todas partes, de la cama que tenía un corazón calado, del reloj cucú, del loro, de la muñeca, de la niña a la que le faltaba un diente o de aquel sol que nos guiñaba un ojo.

A través de este silabario, Coré formó la sensibilidad estética de millones de niños en toda América. Fue él quien dibujó al niño que se pierde por seguir al organillero, al duende que lleva un libro sobre una carretilla o aquella jaula en la que estaban encerrados varios pájaros blancos y negros.

En la primera página silabeábamos: “pi-pa”, “pa-pá”, “pe-pe”. Y más adelante, ya podíamos leer: “a-mo a mi ma-má”, “la cu-na de la ne-na” o “Filomena dibujó una foca fea”.

Al final aparecía el cuento de las cabritas que engañaron al lobo porque sabían leer el letrero que decía: “El que pase por el puente se cae al agua porque está quebrado”. También estaba el relato del gigante que para demostrarle al enano que no estaba enojado, se arrancó un bolsillo y se lo regaló para que se hiciera un par de abrigos.

Dufflocq quería que el estudio de las primeras letras se transformara en algo bello y ameno. Por eso, les dedica su silabario “a los niños de habla española, con mi fervoroso deseo de hacerles llano y fácil el camino en este primer paso del conocimiento de nuestra hermosa lengua”.

La escritora uruguaya Juana de Ibarbourou escribió en las primeras páginas: “Aprender a leer en los antiguos textos pesados, y aprender a leer en el Silabario del gran pedagogo Adrián Dufflocq, lujo de los ojos, gracia para el entendimiento del niño. ¡Ah!, ¡cuánto tienen que agradecerle madres y maestras a ese hermoso talento creador, a ese puro corazón intuitivo que ha hecho para los niños de las Américas este libro perfecto!”.

El autor promovió la hermandad latinoamericana poniendo en la contratapa las banderas de los países del continente junto con la española, para que los niños se sintieran integrados a una cultura hispánica común. El texto fue usado en campañas de alfabetización llevadas a cabo en zonas rurales del país y difundido en gran parte de Latinoamérica. Por esta labor idiomática y educacional, recibió la prestigiosa Orden del Rey Alfonso X el Sabio en España.

Pese a los modernos sistemas de enseñanza actual, el Silabario HispanoAmericano tiene algo especial que nos hace soñar con pupitres, tinteros con una pluma de palo y una profesora de pelo blanco, haciéndonos leer: Zulema sacó mucha maleza de la viña” o “René dibujó la cabeza de una lechuza”. Y es que después de setenta años sigue estando en los laberintos más entrañables de la memoria. Tal vez sea porque fue la puerta inicial a la lectura, porque nos llevó de la mano al mundo de los libros, al universo de la palabra escrita, o más precisamente porque estuvo allí, en nuestra infancia, con las páginas abiertas, en el seco banco escolar o en la mesa familiar cubierta por un mantel de hilo donde estaban el costurero y las tareas.

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Portada del Silabario HispanoAmericano (1945). “Método fónico sensorial objetivo sintético deductivo”, ilustrado por Coré, Mario Silva Ossa.

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Montserrat del Amo: energía inagotable

El 26 de febrero recibimos la triste noticia del fallecimiento de la escritora española Montserrat del Amo (1927-2015), a los 87 años, en Madrid. 

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor y especialista en literatura infantil
www.elcaballerodelosalerces.cl 

Montserrat

Ilustración de Marisol Abarca
http://marisolabarca.tumblr.com

 

Tuvimos la alegría de conocerla cuando estuvo en Chile participando en el Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil que se desarrolló en Santiago de Chile en febrero del año 2010. Tres años antes había obtenido el Premio Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil que concede la editorial SM en Madrid, por el conjunto de su obra dedicada a la infancia y la juventud. Fueron más de cincuenta libros de cuentos, novelas y poesías, además de dedicar su vida entera a brindar cursos y conferencias sobre teatro, historia, educación, literatura, cuento popular y poesía de tradición oral, fomentando siempre el libro infantil de calidad literaria.

Llegó al aeropuerto de Santiago días antes del terremoto con su gran amigo, el profesor de literatura infantil e investigador de la Universidad Complutense, Jaime García Padrino, y su esposa Lucía Solana. A sus 83 años se veía con una energía incansable, dispuesta a recorrer el sur del país. Se embarcaron en un largo viaje en auto hasta Puerto Montt y la isla de Chiloé de donde llegó feliz y llena de vida, entusiasmada con los paisajes. A los pocos días participó activamente en el Congreso con su sabiduría ejemplar. Una de esas noches la tuvimos en casa con sus compañeros de viaje. Fue ocasión de ver por primera vez los libros que se presentarían en el Congreso durante esos días: el Gran Diccionario de Autores de la Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana y la Historia de la Literatura Infantil en América Latina. Luego participó de ambas ceremonias y habló con su voz enérgica, sorprendiéndonos de que una escritora de esa edad fuera tan lúcida, tan segura de sí misma y tan moderna en su visión de la vida y la literatura infantil.

Habíamos leído El Nudo (1980), su magnífica novela que nos sorprendió por su original técnica al presentar la elusión como recurso narrativo e incluso la página en blanco. Con esta novela consiguió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en España. Otros libros suyos han sido Patio de corredor (1956) y Zuecos y naranjas (1972), que fueron adaptados para Televisión Española. También escribió La casa pintada (1990), Tranquilino, rey (1990) y La piedra de toque (1983), en los que presenta siempre la superación de un problema, ya sea social o personal.

La noche del terremoto de ese día 27 de febrero, la vimos conteniendo a los escritores e investigadores que habían venido de muchos países del mundo, en el vestíbulo del hotel Plaza San Francisco. Fue ella quien empezó a contar cuentos, uno tras otro, a la luz de una lámpara. Y fueron esos cuentos los que consiguieron el milagro de apaciguar los ánimos. El temor se fue disipando poco a poco, gracias a la voz cadenciosa y maternal con que los narraba. Montserrat fue la antigua sabia de la tribu que calmó el miedo en aquella noche con sus relatos prodigiosos. Sabía ella que los cuentos tienen esa función terapéutica y que en los momentos de más dificultad, el ser humano necesita siempre un buen cuento narrado al calor de la palabra.

Fue casi una de las últimas en irse. De pie, en el vestíbulo de ese hotel, se despidió de todos, sin perder nunca su sonrisa.

Al poco tiempo, nos envió un regalo desde Madrid. Era una caja antigua que contenía sus juguetes de niña: un pájaro musical de lata, un pollito que pía en su cascarón y sus libros de cuentos. Fue su tesoro de infancia y su herencia. Me basta abrir la caja para escuchar su voz diciéndonos que los libros infantiles acercan a las personas y brindan la amistad y la comprensión.

Nudo

El Nudo
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2007
ISBN: 9788467521764

Piedra

La piedra de toque
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2005
ISBN: 9788434852501

Casa

La casa pintada
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2001
ISBN: 9788434877696

Historias

Historias de osos. Cuentos para contar
Autora: Montserrat del Amo
Cometa, 2011
ISBN: 9788408099000

Cuentos

Cuentos para contar
Autora: Montserrat del Amo
Noguer, 2008
ISBN: 9788427933767

Patio

Patio de corredor
Autora: Montserrat del Amo
Bruño, 2009
ISBN: 9788421663264

Andersen, un viajero incansable

Para Andersen, el viaje alcanza el valor de símbolo: “Viajar es vivir”, escribe. Es el viaje como meta, como búsqueda del conocimiento, para superarse a sí mismo y alcanzar la felicidad.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor y especialista en literatura infantil
www.elcaballerodelosalerces.cl

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Ilustración de Marisol Abarca
http://marisolabarca.tumblr.com

 

Hans Christian Andersen (1805-1875) fue un viajero romántico en busca de paisajes de su Dinamarca natal. Caminó por sus bosques, bordeó los lagos y contempló las cascadas. Por sus cuentos desfilan islas, fiordos y ríos. En sus páginas describe Selandia, Fionia, Falster, una capilla gótica coronada por un nido de cigüeñas, un venado asustadizo, el ondulante río Gudenaa.

En 1833, a la edad de 28 años, recibe una pensión monetaria del rey de Dinamarca, Federico IV, que le permite viajar por Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Viaja en carruaje, en vapor y en tren. Fue el autor de su tiempo que más viajó y cada destino le permitió conocer realidades muy distintas, abrirse a otras culturas y plasmar escenarios muy diversos en sus cuentos.

Andersen realizó más de 30 viajes por Europa, Escandinavia y Medio Oriente. En su autobiografía El cuento de mi vida, escribe: “Como un filtro de Medea que me diera fuerzas para mi espíritu, así son para mí los viajes”. El primero que hizo fue a Suecia y luego siguió camino por toda Europa. En Londres conoce a Charles Dickens, quien lo hospeda. Frecuenta a la duquesa de Suffolk y recibe una invitación de la reina Victoria para pasar una temporada en la isla de Wight. También recorre Suiza, que le agrada mucho por sus bosques de hayas y lagos azules.

En Francia frecuenta los ambientes teatrales y literarios y conoce a Victor Hugo y a los músicos Franz Liszt y Felix Mendelssohn. También lo recibe la condesa de Bocarné, quien le presenta a Balzac y posteriormente, en 1844, es presentado al gran duque de Sajonia, en cuya corte de Weimar habían vivido Goethe y Schiller.

Luego sigue rumbo a España, donde visita Barcelona, Levante, Andalucía, Madrid y Burgos en 1862. De esta experiencia escribe el libro Viaje por España (Alianza Editorial, 2005) en una de cuyas páginas leemos: “En ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso como en Málaga”.

A Italia la llama “el país de mis sueños”. Aficionado a la ópera, va a la Scala de Milán, y también a las canteras de mármol de Carrara, a Pisa y Florencia. Se hospeda en posadas y albergues, en palacios y casas de escritores. Como es un hombre culto, aficionado a los museos y sensible a las esculturas, observa en una calle de Florencia la curiosa estatua de un animal que arroja agua por la boca, y lo inmortaliza en el cuento El jabalí de bronce. Estando en Roma, va al Café Greco de la Via Condotti, que hoy exhibe en sus paredes un retrato del escritor, recordando su paso y su conversación con los artistas romanos.

Tras Italia sigue viajando a muchos otros países, en los que recorre ciudades y pueblos, interesándose siempre en las pequeñas escenas de la vida cotidiana. Se queda varios días en los lugares para visitar el mercado, el cementerio, los cafés, los teatros, pasear por las calles y parques, conocer las iglesias, observar las tiendas y empaparse de la vida misma. Y de todo saca material para sus cuentos, hasta de los detalles más insignificantes, como un dedal, una mosca o un soldadito de plomo.

Viaja a Grecia: El Pireo, Atenas, la Acrópolis. En el cuento El pacto de amistad nos relata lo que vivió en la antigua ciudad de Delfos. Desde las primeras líneas, nos introduce en su propia vida: “Hace poco que estuvimos de viaje y ya tenemos ganas de hacer uno más largo. ¿A dónde? A Esparta, a Mecenas, a Delfos. Hay cientos de ciudades ante cuyos nombres el corazón palpita con ansias viajeras”.

Sigue viaje al Medio Oriente. Visita Esmirna, con sus torreones y minaretes. Allí escribe el cuento Una rosa en la tumba de Homero con el motivo del ruiseñor y la rosa que inspiró también a Oscar Wilde.

Andersen no puede estarse quieto en un solo lugar y tampoco sus personajes, que siempre se desplazan de un punto a otro. El viaje es un motivo que se repite a lo largo de sus cuentos, como un leitmotiv que los engarza a todos. En barco, vapor, diligencia, globo aerostático o a caballo; a pie, en excursiones a la montaña, a lomos de un ave, en un barquito de papel, en el vientre de una ballena o en un baúl volador, sus personajes viajan sin parar.

En Los cisnes salvajes, los príncipes, convertidos en cisnes, vuelan por el cielo y cruzan el océano para aterrizar en un arrecife en alta mar. En El patito feo, el protagonista emprende un recorrido por la granja hasta llegar a la laguna de los cisnes. En El traje nuevo del emperador, el monarca avanza por una alfombra roja en medio de la multitud hasta que un niño grita la verdad. En El sapo, el protagonista sale del fondo del pozo y emprende un viaje a saltos por el campo pues quiere conocer el mundo. Su madre le dice que abajo está más seguro, pero el sapo quiere aventurarse. Va feliz. A veces tiene nostalgia del pozo y de su madre pero sigue su camino aunque ello le cueste la vida. No importa. ¡Viajó! El viaje es sinónimo de cambio, de vida. Es la única forma de alcanzar la culminación. Lo importante es optar por el viaje pese a todos los obstáculos.

Andersen se burla de los que prefieren las comodidades del hogar. No es de extrañar que dedique tantas páginas a ensalzar a las cigüeñas y las golondrinas, que son aves migratorias.

Cuando finalmente regresa a Dinamarca, llega cargado de recuerdos, una pluma y un legajo de papeles para escribir sus cuentos.

Maurice Sendak, el rey de todos los monstruos

Autor fundamental de la LIJ contemporánea, Sendak logró conectarse con la fantasía y el mundo onírico infantil. En este artículo, la editora y especialista Claudia Olavarría revisa algunas de las obras claves del autor, fallecido en mayo del 2012.

Por Claudia Olavarría
Socia y editora de Gata Gorda Ediciones
Académica de la Facultad de Educación UC
www.gatagordaediciones.com

Sendak-1

Ilustración de Marisol Abarca
http://marisolabarca.tumblr.com

Por mucho tiempo, el único libro que conseguimos leer en español de Maurice Sendak fue el incomparable Donde viven los monstruos (1963). Pero ahora, gracias a la editorial Kalandraka, contaremos, en un corto y mediano plazo, con La cocina de noche (1970), una reedición de Donde viven los monstruos (ambos ya disponibles en Chile) y la traducción de Outside over there (1981), un álbum perturbador e imprescindible.

Es probable que con estas nuevas entregas de Sendak en español, algunos de los que admiraban Donde viven los monstruos por su especial visión del mundo infantil de fantasía, observarán con ojos un poco más críticos estos nuevos ejemplares. ¿Por qué? Porque ambos textos, La cocina de noche y Outside over there, son bastante perturbadores. ¿En qué sentido? Desde perspectivas asociadas a la ilustración y a las temáticas. Si bien el autor nuevamente se sumerge en el universo fantástico infantil, en un mundo de ensoñación y aventura, lo hace perturbando al adulto, al primer receptor de la obra.

Sendak escribió para los niños, no para los adultos. Para él, sus mejores críticos eran justamente los niños; poco o nada le importaba perturbar a los más grandes. Si sus obras inquietaban a los adultos no era algo que él –desde el espacio creativo de la LIJ– tuviese que resolver. Entonces, si nos encontramos con la desnudez de Mickey en La cocina de noche o con el rapto del lactante y la depresión de la madre en Outside over there, no nos desconcertemos. Estas historias que pasaron la censura de su época (y espero que no vuelvan a tenerla en la nuestra) deben ser leídas desde la creatividad del álbum y no desde lo que a nosotros, los adultos, nos incomoda.

En los tres libros mencionados, la clave es la fantasía infantil y el mundo onírico. Para Sendak, expresar a través de estos espacios dice relación con sus propias vivencias de niño, según explica Marcela Carranza en un artículo de Imaginaria. Por ejemplo, su fascinación con la figura de Mickey Mouse se ve reflejada en la estética de La cocina de noche; el miedo que le causó el caso del rapto del niño Lindbergh, ocurrido en 1932, está inmerso en Outside over there; y su particular visión de la infancia, liberada de las ataduras de la sobreprotección y de concepciones conservadoras, se refleja en el clásico Donde viven los monstruos.

Creo que ese tipo de manifestación vital permite que los lectores se sientan identificados y empaticen con los protagonistas de Sendak –tanto por los textos como por las ilustraciones de sus álbumes– desde el lugar de la fantasía y la imaginación. La grandeza del autor radica precisamente allí: en esa capacidad de retratar los mundos oníricos de los niños lectores, probablemente por haber sido un niño retraído, criado en Nueva York a principios del siglo XX, entre la Gran Depresión y las grandes guerras. Por lo mismo, Sendak vive aún y se ha transformado en uno de los autores contemporáneos de LIJ fundamentales, especialmente en el género del libro álbum.

Se ha dicho bastante que Donde viven los monstruos es el primer álbum contemporáneo. Publicado en 1963, fue galardonado con la Medalla Caldecott en 1964 y situó al autor dentro de un selecto grupo de creadores de LIJ que narran no solo desde la palabra sino que, muchas veces, principalmente desde la imagen. A Randolph Caldecott se le ha llamado el padre del libro álbum y a Sendak, desde la aparición de Donde viven los monstruos, el padre del libro álbum contemporáneo.

¿Qué tiene de especial dicho álbum? Mucho. Primero, el manejo de los silencios en el texto y en la ilustración: ¿Cómo es la madre de Max? ¿Alguien la ha visto? Pues no. Solo sabemos de ella a través de las palabras, a través de ese “¡MONSTRUO!”, a través del castigo a la cama sin cenar. Ella es el catalizador de la aventura, pero no aparece en ninguna imagen.

Segundo, por el manejo de la doble página. ¿Han notado cómo la ilustración se va “tomando” la doble página a medida que Max se adentra en el mundo onírico hasta que, en el clímax de la narración, ahuyenta completamente a las palabras? ¿Se han fijado que, a medida que Max vuelve a casa, la ilustración va “desapareciendo” hasta llegar a una última doble página que contiene solo palabras y un gran espacio en blanco? Cada vez que he mostrado estos “ingenios” de Donde viven los monstruos a mis estudiantes y grupos de adultos dedicados a la LIJ, he recibido unos asombrados: “¡Oh, no me había dado cuenta!”.

Donde viven los monstruos es un libro álbum fundamental para la comprensión del género y de la LIJ en su conjunto. El autor construyó este álbum sin que le importasen las aprehensiones adultas sobre el tema del miedo infantil, sobre cierto maltrato de la madre hacia el protagonista o sobre los aspectos negativos de vivir en la fantasía, lo que revela el sitial en que ubicó al lector infantil. Finalmente, él es el primer y último crítico de la LIJ. Para ellos está destinada y para ellos fue creada. Que a nosotros nos perturbe, poco o nada importa.

No puedo cerrar este espacio sin antes referirme al amigo lijero, Roberto Cabrera, quien, con su evidente pasión por la LIJ, logró encantar a muchos nuevos apasionados. Uno de sus álbumes favoritos era Donde viven los monstruos. Seguramente, hoy está en un mejor lugar, en el lugar donde viven los monstruos, el lugar donde será coronado como el más monstruo de todos y se convertirá en rey de todos los monstruos. Amigo lijero, buen viaje.

Kalandraka: http://www.kalandraka.com/blog/2014/01/27/maurice-sendak-en-kalandraka/
Imaginaria: http://imaginaria.com.ar/22/2/sendak.htm
Medalla Caldecott: http://www.ala.org/alsc/awardsgrants/bookmedia/caldecottmedal/caldecottmedal

Lukas y el alma porteña

En un relato atravesado por sus propios recuerdos, el autor e ilustrador chileno Marcelo Escobar escribe sobre un hombre cuya obra cambió su manera de ver el mundo: Renzo Pecchenino, el inolvidable Lukas.

Por Marcelo Escobar
Escritor e ilustrador

Lukas-completa

Ilustración de Marcelo Escobar
www.marceloescobarm.blogspot.com

Mi primer acercamiento al trabajo de Lukas ocurrió, como suele acontecer en los encuentros memorables, por azar. Yo era un niño y frecuentaba la biblioteca pública que quedaba cerca de mi colegio. Ahí transcurrían las horas al amparo de la luminosa sala de lectura y de la eterna chimenea que hacía más acogedoras las tardes de invierno.

Una de esas frías tardes, sumergido en esos anacrónicos anaqueles repletos de pequeñas fichas escritas a mano, donde se catalogaban los volúmenes que abarrotaban las estanterías de esa remota biblioteca que hoy recuerdo entre la bruma del tiempo, di con el extraño y sugerente título de un libro: Bestiario del Reyno de Chile (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972). Cuando lo tuve entre mis manos, contemplé maravillado esas extrañas imágenes en la portada color paquete de vela. Un perro antropomorfo con la cara de un hombre de rasgos típicamente chilenos, con una amplia sonrisa de fuertes dientes y, coronando la cabeza de mechas tiesas, una enorme cresta de gallo. En el interior, una escueta dedicatoria: A Condorito.

Lo que venía a continuación era realmente asombroso: casi 90 páginas de una fauna inconcebible, delirante, profusamente dibujada con finos trazos y colmada de detalles y texturas. Cada dibujo venía acompañado de una descripción en un latín muy libre, con nombres imaginados, como “Melancolicus vulgaris chilensis”.

El libro parecía el cuaderno de notas de un naturalista empeñado en descifrar el alma de Chile, dedicado a observar y tomar nota, a clasificar una fauna única.

Mis ojos de niño se dilataban ante cada dibujo, y en ese momento supe que lo único que quería hacer era dibujar.

Con los años también supe que el naturalista imposible tenía también un nombre que evocaba a esos sabios que clasificaron cada piedra y árbol en nuestro país: Renzo Pecchenino Raggi, conocido en el Reyno como Lukas, natural del pueblo de Ottone, cercano a Milán, donde nació el 28 de mayo de 1934.

Un año más tarde, la familia Pecchenino arribó a Valparaíso, sumada al caudal de inmigrantes que han conferido a nuestro puerto esa identidad cosmopolita, y que han enriquecido con su bagaje cultural el patrimonio de una ciudad apasionada y única.

El pequeño Renzo estudió en la Scuola Italiana del puerto y luego ingresó a Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, carrera que quedó truncada por la muerte del padre. Es en esa época cuando recibió algunos encargos como letrista y decorador de vitrinas, para luego publicar su primer dibujo el año 1958 en el diario La Unión. Nació Lukas, el dibujante que desarrollaría una labor íntimamente ligada al encantamiento de su Valparaíso querido, y que inscribiría su nombre junto a otros grandes amantes del puerto, tales como Joaquín Edwards Bello, Manuel Rojas y Pablo Neruda.

Ese amor por el puerto loco quedó registrado en el que se ha convertido quizás en el mejor testimonio de cariño a Valparaíso –al menos en términos gráficos–: Apuntes porteños. El libro apareció en 1971, nuevamente bajo el sello de Ediciones Universitarias de Valparaíso. Las detalladas ilustraciones y los informados textos dan cuenta de un puerto desconocido y oculto, que propaga su luz a un público maravillado.

La historia de una ciudad jamás fundada atravesó sus páginas de formato apaisado, contando su epopeya a través de dibujos en que su formación de arquitecto quedó plasmada en cada construcción imposible. “Aquí deberían dar examen todos los arquitectos de Chile”, decía Lukas, mientras dibujaba cada rincón de ese laberinto de escaleras que ascienden al cielo perdiéndose en los cerros. Manual de usos y costumbres, memoria de personajes que pululan en la estrecha franja del barrio Almendral, unas escasas cuadras que se comprimen entre el mar y los cerros. Ahí está nuevamente el investigador penetrante, mostrando sutiles detalles arquitectónicos, naufragios de goletas varadas en avenida Pedro Montt, ascensores que aparecen escondidos tras pequeñas puertas en algún recoveco de su loca topografía, y que se encumbran a los cerros atiborrados de casas que parecen querer alzar el vuelo en el cálido viento de septiembre, en la también llamada Ciudad de los Vientos.

A mediados de los ochenta, retomando el hilo de mis recuerdos, vi a Lukas en UCV Televisión, el primer canal en Chile, como otras de las tantas “primeras” instituciones que nacieron precisamente en el puerto. Era un espacio sencillo de conversación, sin pretensiones, donde el artista hizo gala de su prodigiosa memoria porteña, narrando particulares episodios de la historia de “Pancho”, amistoso mote que recibe Valparaíso por la iglesia de San Francisco, cuya torre rojiza era como un faro y lo primero que distinguían los marinos al acercarse a la bahía. Lukas hablaba con soltura sobre el origen del hospital Van Büren o del bombardeo de la flota española en 1865, mientras dibujaba las volutas de humo que se alzaban de los cerros, en el detallado dibujo del puerto que realizó mientras conversaba amenamente.

Durante la década del sesenta, el prestigio de Lukas creció a punta de dibujos y su fino humor volcado en El Mercurio y La Estrella de Valparaíso. Pronto se sumarían El Mercurio y La Segunda de Santiago, además de las revistas Topaze, el Pingüino y el entrañable Mampato; luego vendrían medios en Estados Unidos y Brasil.
Los premios se acumularon. Su talento y extraordinaria cultura le valieron numerosos galardones a su labor de difusión y su trabajo como cronista gráfico de nuestra particular idiosincrasia, hasta recibir el Premio Nacional de Periodismo en 1981.

La recompensa postrera le llegó en 1987: se le otorgó la ciudadanía chilena por gracia a un artista que trabajó incansablemente por desentrañar ese ligero hálito que llamamos el “alma chilena”. Apenas unos meses más tarde, el 7 de febrero de 1988, luego de una larga enfermedad, falleció uno de los habitantes más ilustres de Valparaíso y de Chile.

Mi propia historia, como un sencillo dibujante que se siente heredero de ese encantamiento por lo nuestro, comenzó hace treinta años, una fría tarde de invierno junto a la dedicatoria de un libro: A Condorito.

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Lukas-2

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Ilustraciones gentileza Fundación Lukas