Categoría: Recordando a…

Liliana Bodoc, artesana de palabras

“No digo adiós. Ustedes se irán. Yo permaneceré, reinventando el recuerdo de lo que han sido. No digo adiós, aquí me quedo para contarlo todo”.

Por Carola Martínez, psicóloga y experta en lIJ

La sorpresiva noticia de la muerte de Liliana Bodoc nos sumió en una profunda conmoción. En pocas horas las letras latinoamericanas lloraban a lo largo del continente y fuera de sus fronteras.

Liliana Chiavetta Bodoc nació en Santa Fe en el año 1958. Cuando era muy pequeña se trasladó con su familia a Mendoza, donde vivió gran parte de su vida. Estudió Literaturas Modernas en la Universidad Nacional de Cuyo y en 2016 recibió el Doctor Honoris Causa de la misma Universidad.

A los 40 años publicó el primer libro de la Saga de los confines, Los días del Venado, lo que cambió para siempre la forma en que concebimos el Fantasy en español. Su editor, Antonio Santa Ana, cuenta que, cuando recibió el original en su oficina, lo dejó estar hasta que lo tomó para matar el tiempo antes de una reunión y leyó: “Y ocurrió hace tantas Edades que no queda de ella ni el eco del recuerdo del eco del recuerdo. Ni un vestigio sobre estos sucesos ha conseguido permanecer y aun cuando pudieran adentrarse en cuevas sepultadas bajo nuevas civilizaciones, nada encontrarían…”

Fue así como la poética de Bodoc le saltó a la cara. Esa particular y bella forma de narrar, de organizar las palabras como quien talla lenta y prolijamente la madera, le habló a un editor experimentado de una escritora extraordinaria. Santa Ana contrató la saga conformada por Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del fuego.

Liliana Bodoc publicó catorce obras más, entre las que destacan Amigos por el viento, Cuando San Pedro viajó en tren, Presagios de carnaval y El espejo africano. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán, holandés, japonés, polaco e italiano. Su último libro Elisa, la rosa inesperada, fue parte de un proyecto de escritura para el que Liliana viajó por el norte argentino.

En 2004, la fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito y, en el 2014, el Konex de Platino. Ganó el premio Barco a Vapor en 2008 y el premio de la Feria del libro en 2000. Integró la lista “White Ravens” en 2002 y 2013 y fue candidata al Andersen en 2010.

Murió en la madrugada del 6 de febrero de 2018, en Mendoza, rumbo a su hogar en El Trapiche, Provincia de San Luis. Pero Liliana era mucho más que estos datos biográficos: era una poeta y vivía el universo poético con una ferviente intensidad. Tenía, por ejemplo, una caja con libros de poemas y jugaba a responder preguntas que le hacían amigos y familiares con pedacitos de estos poemas que sacaba al azar de la caja, como si fuera un tarot poético. “Una poesía es un silencio rodeado de las palabras precisas”, decía, así como así y te dejaba temblando.

Liliana era una persona bella e inolvidable, te abrazaba con tanto afecto. Escuchaba cada cosa que cada lector tenía para decir en esas interminables filas de firmas y dedicatorias. Miraba a los ojos como si te escaneara. Y escribía como los dioses.

Era una narradora ejemplar, comenzaba a leer con una forma potente y arrolladora,  avanzando sobre el lenguaje, rodeándolo como  a un amante. O como a un objeto sacro. Tomaba las palabras como una artesana, resignificándolas en su condición de materia prima, como si fuesen un barro del que se podría moldear cualquier cosa. Respetaba la lengua, el lenguaje, como respetaba a cada persona: “No es mancillando la lengua que lo vio crecer como vamos a unirlo al caudal del lenguaje. Es en cambio celebrando ese puñadito que trae en el fondo del bolsillo como podemos otorgarle voz y que su voz sea un camino.” “El mundo de cada uno empieza y termina con su lenguaje.”

Y Liliana era, sin lugar a dudas, una militante, una mujer comprometida con su tiempo y su realidad. Estaba presente físicamente o con sus palabras. Ahí, en esos casos, usaba las palabras como dagas y las lanzaba como una guerrera a sus enemigos. “Arte, educación y política, son conceptos entramados y dependientes. Si la educación es vapuleada, es vapuleada la palabra de nuestros niños y nuestros jóvenes y con la palabra, sus capacidades, sus sueños y sus derechos. Entonces, la pregunta que todos nos hacemos, pero muy especialmente los escritores: ¿debe la literatura erguirse en defensa de la palabra atropellada? Quién si no.”

Liliana era. Porque el 6 de febrero murió y nos dejó desolados y sufrientes entendiendo que el mundo es más triste y oscuro sin su presencia.

Quiero terminar diciendo que Liliana era extraordinaria. Que cada uno debería haberla leído más, escuchado más, invitado más, premiado más. Que ahora murió. Que quedan sus libros y que la tarea ahora es que el mundo no la olvide, que los chicos la lean, que la recomendemos en los talleres, que la llevemos a las charlas, que la seleccionemos para los planes lectores en las escuelas y las universidades. Que no debemos permitir que su palabra se pierda. Que está en nuestras manos.

Carola Martinez es chilena y vive hace 20 años en Argentina. Estudió psicología y la diplomatura en Literatura infantil y juvenil por la Universidad de San Martín. Dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Es editora, escritora y capacitadora. Ha publicado críticas, reseñas, notas, entrevistas y ensayos en distintos medios y desde su página web Donde viven los libros). Publicó recientemente su primera novela: Matilde (Norma), parte del catálogo White Ravens 2017. Actualmente trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y es socia de la librería Donde viven los libros.

Jella Lepman, una mujer en tiempos de guerra.

En una Alemania destruida por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, la periodista alemana de origen judío Jella Lepman confió en el poder de la literatura infantil y juvenil para fomentar la paz y la tolerancia.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil


Ilustración de María Paz Muñoz

Las iniciativas destinadas a divulgar la literatura infantil y juvenil de calidad le deben mucho a Jella Lepman (Stuttgart, 1891-Zurich, 1970), una mujer valiente que dedicó su vida a difundir los libros infantiles en condiciones de extrema dificultad. Viuda de 30 años y con dos hijos, huyó a Inglaterra donde se refugió para escapar de los campos de concentración de prisioneros judíos. Al término de la guerra, fue invitada por el gobierno norteamericano para regresar a Alemania a trabajar en la reeducación de las mujeres y los niños. Recorriendo en jeep la ciudad de Múnich devastada por las bombas, vio a niños sin hogar en medio de los escombros. Comprendió que debía emprender una cruzada para reunir libros infantiles de todo el mundo con el fin de que esos niños pudiesen asomarse a otras culturas. Tenía que engrandecerles la mente y la esperanza con libros bellos en un afán de libertad y renovación.

Muchos países apoyaron su iniciativa y le enviaron libros infantiles para crear en 1949 la Biblioteca Internacional de la Juventud en un antiguo palacio de Múnich. En esas lujosas salas, donde en otra época Hitler hospedó a Mussolini, realizó la gran exposición de libros infantiles con el propósito de fomentar la comprensión internacional a través de la literatura infantil y juvenil. Eran libros de cuentos que mostraban ilustraciones de otras latitudes, libros en otros idiomas. Los niños de la guerra se acercaban fascinados a sus páginas, temerosos al comienzo, con más confianza después. En las páginas de esos libros recobraban la alegría y encontraban un mundo más feliz a través de la imaginación. Comprendían que en otros países había otros universos posibles y niños que soñaban y jugaban como ellos, en mundos lejanos. Jella Lepman sabía que esos libros podían contribuir a formar una nueva generación de niños lectores abiertos a otras culturas, credos y razas.

La biblioteca creada por esta mujer visionaria impulsó la literatura infantil a través de cursos, seminarios, charlas, encuentros con autores, conferencias, lecturas, teatro de marionetas y de sombras, clases de idiomas con ayuda de libros infantiles y talleres de pintura infantil. Todos tenían cabida en esas salas bellamente decoradas.

En 1953 creó IBBY (International Board on Books for Young People), organización para el Libro Juvenil que agrupa a profesionales del libro en todo el mundo. En 1964 publicó su autobiografía que se tradujo al inglés en 1969, y ahora por primera vez en español con el título Un puente de libros infantiles (Creotz Ediciones, España, 2017). En ella, da testimonio de las dificultades que tuvo que sortear para llevar a cabo su ambicioso proyecto en medio de las adversidades. Es un libro extraordinario, lleno de anécdotas y salpicado con toques de fino humor, recomendado especialmente a escritores, mediadores de lectura, bibliotecarios y especialistas de la LIJ como ella, que aman y difunden los libros infantiles.

Con el correr del tiempo, sus iniciativas se han multiplicado en todo el mundo, pues fueron muy inspiradoras para los nuevos profesionales de la LIJ. Prueba de ello es la Biblioteca Internacional de la Juventud que desde 1983 funciona en las afueras de Múnich, en el castillo de Blutenburg, precioso pabellón de caza del siglo XV, transformado en una biblioteca única, con una colección de 630.000 libros infantiles de todo el mundo. En sus anaqueles se atesoran colecciones de libros infantiles antiguos y modernos que son verdaderas obras de arte y que inspiran a sus nuevos creadores. Muchos escritores acuden a sus salas a conocer las últimas tendencias de la literatura infantil universal y a recrearse en sus maravillosas ilustraciones. A su vez, esta biblioteca ha creado una distinción llamada White Ravens, que premia anualmente los libros infantiles de más alta calidad en todo el mundo. Este castillo de libros de cuentos ha recibido el reconocimiento de escritores como Erich Kästner, Michael Ende o James Krüss, y la visita de expertos, editores y autores internacionales que acuden a investigar en diversos temas asociados a la LIJ.
Como puede verse, las ideas de Jella Lepman a favor de la literatura infantil y juvenil para favorecer la paz y el entendimiento entre los pueblos están hoy más vigentes que nunca.

Publicado en RHUV Nº26

Saúl Schkolnik, cazador de cuentos

A los 88 años falleció el escritor Saúl Schkolnik (1929 – 2017), uno de los autores más destacados de la literatura infantil chilena.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Con pesar recibimos la noticia el 25 de octubre, pues fue nuestro amigo y compañero en la ruta de la literatura infantil a lo largo de muchos años. Saúl fue arquitecto, especialista en filosofía de las ciencias y un empedernido soñador. Se inició en la literatura infantil en 1965 con su libro Cuentos de por qué. Más tarde, a comienzos de los 70, dirigió la revista infantil “Cabrochico” en la mítica editorial Quimantú. A los 48 años comenzó a escribir su propia historia. Sería Un Cazador de cuentos. Con este libro, obtuvo el primer lugar en 1979 en el Concurso Latinoamericano de Literatura Infantil convocado por la UNESCO, en Colombia, y publicado en ese país en la editorial Voluntad. Este premio fue un gran impulso para dedicarse por completo a la creación literaria de libros infantiles. Uno de los primeros fue Cuentos para adolescentes románticos (1979) en el que combina ternura, poesía y toques de humor. En estos cuentos se preguntaba: “¿Por qué las lágrimas son transparentes?” Luego viene Erase una vez un hermoso planeta llamado tierra (1979).

Las editoriales Universitaria, Andrés Bello y Zig Zag acogen sus libros y lo difunden. Escribe libros de poesía, cuentos y novelas tanto en editoriales chilenas, extranjeras, como en la suya propia, Alicanto, con el deseo de publicar él mismo sus propios títulos en ediciones artesanales que imprimía en su casa de Ñuñoa donde algunas alumnas lo ayudaban a compaginar. Eran libros sencillos que se divulgaban en colegios y escuelas. Entre ellos sobresalen Había un vez y La espina del algarrobo inspirados en los cuentos orales recopilados en 1911 por Rodolfo Lenz.

En su libro Cuentos de Tío Juan, el Zorro Culpeo (1982) hace hablar a los animales del altiplano chileno: el quirquincho, el armadillo, la vizcacha, el ñandú y el flamenco de plumaje rosado pues siempre se interesó en la fauna y flora de Chile y Latinoamérica.

En 1984 publica Breve noticia de mi infancia, que narra la historia de la niña Fernanda Isabel de Sotomayor en Santiago en 1645 a través de un diario de vida imaginado. Luego viene Antai, la historia del príncipe de los Licanantai (1986) en cuyo prólogo señala que uno de los derechos fundamentales de cada niño es conocer las raíces de su propia nacionalidad.

Sus libros de cuentos tienen tres vertientes: una, de divulgación científica; otra de pura invención fantástica; y otra de recreación de mitos orales chilenos o latinoamericanos.

Saúl fue uno de los más activos escritores de libros para niños y jóvenes. Participó durante muchos años en IBBY Chile, siendo parte de su directiva. Fue un adelantado a su época. En una de las primeras reuniones a la que asistió, a principios de los 80, vaticinó que en el futuro íbamos a escribir en un computador, cosa que dejó perplejos a los escritores presentes que solo conocían la lapicera y la máquina de escribir. Quizás se trataba de un cuento de fantasía o ciencia ficción. Nunca se sabía si hablaba en serio o en broma pues tenía un particular sentido del humor.

Su obra muy extensa y variada con más de 120 libros publicados, lo situó entre los autores más representativos de la literatura infantil chilena de las últimas décadas. Le interesaban las ciencias, la filosofía, el medio ambiente, la historia y la divulgación de las culturas ancestrales. Era un humanista integral como hombre de su tiempo. Además de escribir, sabía contar muy bien las historias. Era un cuenta cuentos nato. Visitó colegios, dictó talleres y charlas, recopiló narraciones folclóricas e impartió clases de literatura infantil en las universidades. Tuvo muy buena relación con sus pares. Fue un impulsor del actual resurgimiento que en la actualidad tiene la literatura infantil en Chile y sin duda, un precursor en una época en que nadie hablaba de literatura infantil.

Obtuvo diversos reconocimientos por su labor. En 1995 mereció el Premio de Literatura Infantil del Consejo del Libro por El cazador de cuentos. En el 2006 IBBY Chile le concedió una medalla a la trayectoria por su labor de creación y difusión de la literatura infantil en Chile. Fue nominado al Premio Nacional de Literatura en el 2004 y 2006. Sus últimos libros fueron No me creas lo que te cuento (2013) y Cuentos para sonreír (2014).

Con su barba oscura y su hablar pausado, parecía un personaje bíblico. Fue una figura recurrente en las Ferias del Libro, contando cuentos y firmando sus libros a los niños con quienes le gustaba conversar. El público se le acercaba muy emocionado a saludarlo pues era muy cercano y afable. Fue un hombre amistoso y cordial que tuvo cinco hijos: Paula, Nora Lía, Mariana, Sergei Marcel y Demian Alei.

En los últimos años se retiró de Santiago para vivir en Rinconada de Silva junto a su esposa Marianne Müller, en una casa llena de libros y tesoros de sus viajes. Allí promovió la cultura, la literatura y los cuentos. Le gustaba estar rodeado de la naturaleza y vivir en comunión con el campo. Era un ecologista y un sabio. Hasta el final estuvo participando en coloquios y encuentros de la literatura infantil pues mantuvo siempre un espíritu optimista y vital.

Te extrañaremos, querido Saúl. Nos quedan tus cuentos y tus libros.

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Gloria Fuertes, la amiga de los niños

En el centenario de su nacimiento, recordamos a la española que escribió poesía para ellos, con su particular musicalidad y su tono cercano.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Hace cien años, nació la escritora española Gloria Fuertes (1917-1998), en un ambiente muy humilde, del ajetreado barrio madrileño de Lavapiés. A los cinco años ya escribía cuentos y dibujaba; su familia no la ayudó en el camino de las letras pero estaba convencida de que “si vales de verdad y quieres una cosa con todas tus ganas, sales adelante seguro”. Muy joven empezó a publicar sus poemas en revistas infantiles, y a leerlos en programas radiales. Luego, trabajó como redactora de la revista Maravillas donde publicaba cuentos e historietas. En la España de la post guerra, escribió un libro de Canciones para niños y Pirulí, Versos para párvulos, además de crear una pequeña biblioteca infantil ambulante que recorría los pueblos pues su interés era difundir los libros infantiles y que la poesía llegara todos los rincones españoles.
Gloria se autodefinía “la amiga de los niños” y como tal, escribió para ellos cuentos, obras de teatro, poesías, canciones, adivinanzas y acertijos. Su rostro fue muy conocido por la generación de niños y jóvenes de los años 70 por aparecer en programas de Televisión Española como “Un globo, dos globos, tres globos” cuya canción inicial fue compuesta por ella. Quienes fueron niños en esa época no podrían olvidarla.
Intuitiva, transgresora, disparatada, auténtica, fiel a sí misma; siempre de pantalones, con sus llamativas cortabas y sus frases punzantes a flor de piel. Se impuso en la España franquista con una forma de ser poco convencional: fumaba, bebía y andaba en moto. Escribía pensamientos y palabras en papelitos y servilletas. Decía lo que pensaba sin rodeos. Su humor era agudo y captaba a las personas a la primera mirada. Supo ganarse a grandes y chicos con su forma de hablar desenfadada, un tono conversacional muy castizo y de voz ronca pero a la vez dulce.

Le gustaba disfrazarse, jugar y sorprender al interlocutor. Evitaba a los niños que se le acercaban a pedirle autógrafos porque cuidaba su intimidad. Prefería comunicarse con ellos a través de sus canciones y poesías. Sabía que “un niño con un libro de poesías en sus manos nunca tendrá un arma entre ellas” y también que “los niños que leen poesía se aficionan a la belleza del lenguaje y seguirán leyendo poesía toda su vida”. “El mejor regalo para un niño es un cuento” solía decir.
Fue una defensora de la paz, enemiga acérrima de la violencia. Su poesía es anti autoritaria y llama a la comprensión de los seres humanos, borrando las diferencias. Combatió las discriminaciones de toda clase. Denunció la depredación de la naturaleza y el medio ambiente. Amó a los animales y a las plantas. Defendió la igualdad de género en una época en que la mujer estaba confinada al espacio doméstico y no estaba bien visto dedicarse profesionalmente a las letras, mucho menos a escribir poesía infantil. Tocó temas duros en su poesía para adultos como las injusticias sociales, la muerte y la soledad. Compartió en bares y tertulias con los poetas de la Generación del 50, como Miguel Celaya, Blas de Otero, José Hierro y Carlos Bousoño.
Su obra poética está llena de referencias autobiográficas porque se inspiró en sus propias experiencias, a menudo dolorosas. Cuando habla de sí misma, muchas veces de pequeños asuntos, da la sensación de que pone palabras a nuestros propios sentimientos.
Al morir a los 80 años, víctima de una enfermedad pulmonar, los niños de la Ciudad de los Muchachos de Madrid leyeron sus poemas y depositaron claveles rojos y blancos en su tumba. Fue irónica hasta para escribir su propio epitafio: “Ya no toso”.
Hoy, en el centenario de su nacimiento, se han sucedido en España homenajes, exposiciones y reediciones de sus libros para reivindicar su obra. Su poesía infantil, rica y lúdica, perdura por su musicalidad y un tono oral muy cercano a los niños. Antes de morir, aconsejó siempre la bondad y el talento a la hora de ponerse a escribir. Y esa fue siempre su regla de oro.

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Alicia Morel, adios a la última hada

Reconocida por sus numerosas obras literarias infantiles, entre las que se incluyen libros, ensayos, poemas y cuentos, algunos que incluso fueron transmitidos por radio teatro, Alicia Morel fue una de las voces más influyentes de la LIJ en Chile

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Fotografía de Memoria chilena

En Santiago falleció a los 95 años la escritora Alicia Morel (1921-2017), una de las voces más reconocidas de la literatura infantil en Chile.
Alicia fue bautizada con un nombre digno de una historia maravillosa. Así, predestinada a la fantasía, entró en el mundo de las hadas y la literatura infantil desde su propio nombre. Con su pelo blanco y ojos azules que siempre sonreían, parecía un personaje de cuento de otra dimensión que están allí para siempre. Fue una mujer que tenía algo de hada porque era capaz, con su sola presencia, de transfigurar la realidad; una mujer-niña que conservó intacta la capacidad de soñar, el asombro ante la vida y un impulso maravilloso hacia el mundo que nos rodea.
Siempre dijo que la lectura de cuentos en su infancia fue clave en el desarrollo de su obra literaria y en su personalidad. En esa época, leyó todo lo que cayó a sus manos. Sus tíos le regalaban libros de cuentos, que Alicia leía, además de mirar sus ilustraciones queriendo entrar en ellas y visitar las habitaciones de los castillos, palacios y casas de zapateros ilustradas por Gustave Doré.
Desde niña se identificó con la naturaleza, los árboles, los bosques y los animales; observó casi todos los fenómenos que más tarde aparecieron en sus cuentos. Su padre le enseñó a reconocer los árboles por sus hojas; percibía la naturaleza con todos sus sentidos: las flores, el viento, la lluvia, las hojas secas.
Lo maravilloso y fantástico era algo inherente a su forma imaginativa de pensar. En sus cuentos para niños, la realidad y la fantasía se mezclan porque la realidad suele ser fantástica y lo maravilloso resulta real. Esta unión entre el mundo real y el imaginario es la esencia de su obra literaria.
“Nací escritora para niños”, dijo. “Claro que no me he limitado solamente a este género, pero sé que mi facilidad está en él”.
Gran lectora de Christian Andersen, Selma Lagerlöf y Lewis Carroll, supo captar la mentalidad de los niños en sus cuentos llenos de fantasía y originalidad; le gustaban los mitos y leyendas. Escribió cuentos infantiles, poesías, ensayos, novelas, autobiografías, teatro infantil y de títeres. En su obra está presente la naturaleza como el más inspirador de sus personajes. Tradujo del inglés a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf. Dio charlas literarias y visitó colegios animando a la lectura.
Entre sus libros se destacan los Cuentos de la Hormiguita Cantora y el Duende Melodía (1956) que pasó de la radio al libro. Los niños que oían las historias por la radio buscaban después el libro para leerlo. Su gran aliada fue Elena Poirier, quien traspasó a bellas ilustraciones el mundo literario de Alicia. Junto con otros escritores, fundó IBBY Chile en 1964, dedicándose a la creación y difusión de la literatura infantil. Por la belleza del lenguaje, la calidad de los contenidos y la novedosa ambientación indígena, su libro Cuentos Araucanos, la Gente de la Tierra (1983) mereció figurar en la Lista de Honor de IBBY1984.
En Santiago fue despedida por su numerosa familia y escritores que le manifestaron admiración por su espiritualidad y sensibilidad literaria.
Vamos a extrañar a Alicia, que nos deja un legado literario y humano de primera calidad. Por suerte vamos a encontrarla cada vez que abramos uno de sus maravillosos libros de cuentos.

Su vida y obra pueden consultarse en la página web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en el siguiente enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/alicia_morel/presentacion/

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Marianne north, la cazadora de flores

Una de las precursoras de la ilustración botánica. Esta mujer de armas tomar fue una viajera entusiasta del siglo XIX, que disfrutó pintando lo que observaba a su paso. tras visitar muchos y variados destinos de maravillosa riqueza natural, Marianne North llegó a Chile para instalarse e ilustrar al detalle la flora y la fauna de un país con un enorme tesoro que descubrir.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

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Ilustración de María Paz Muñoz

Durante el siglo XIX, muchas mujeres europeas se aventuraron a viajar a países exóticos animadas por un espíritu de curiosidad intelectual y científica. querían avistar los pájaros, coleccionar helechos, descubrir los secretos de la naturaleza. Una de estas viajeras intrépidas fue la inglesa Marianne North que, siendo muy joven, recorrió muchos países en compañía de su padre, un importante político y terrateniente británico. Juntos visitaron Marruecos, Egipto, Siria, Italia y Grecia. En las viejas ciudades recorrían museos y ruinas históricas para regresar siempre con un cargamento de herbarios y libros de arte. Era una época en la que los ingleses viajaban a lugares lejanos con el afán de conocer las culturas antiguas y empaparse de viejos estilos de vida.

Emprendiendo el vuelo hacia el mundo
Al morir su padre en 1869, Marianne deja Hasting (al sur de Inglaterra), su ciudad natal, y viaja a Canadá con una amiga para conocer un nuevo continente. A diferencia de otras damas de la sociedad victoriana, que se quedaban en casa con sus bordados y mermeladas, Marianne quiere conocer otros paisajes. Ahora sigue sola su viaje interminable. Visita Estados Unidos y Jamaica, donde se extasía con sus playas de arenas doradas. En Brasil, permanece un año en una cabaña en la selva, pintando lianas y árboles del río Amazonas y sus alrededores. Luego, sigue su periplo hacia las españolas islas Canarias donde registra la flora nativa de una de ellas, tenerife.
Con su maleta viajera, su silla plegable, su atril y su caja de pinturas, se aventura a visitar Japón, singapur, Borneo, Java y sri Lanka. En India pinta la flor del loto, las caléndulas, el jazmín blanco y la orquídea. En ciudades y pueblos pinta las flores silvestres que le llaman la atención. sigue el recorrido por Australia y Nueva Zelanda por donde viaja en vapor, tren, carreta o lomo de mula con tal de llegar a un paisaje nunca revelado. En África pinta los tamarindos, los baobabs y los nenúfares de un es- tanque. En una época en que aún no se conocía la fotografía, considera que el registro de las plantas y flores debe ser fidedigno, pero a la vez expresado con belleza.
Marianne es una viajera incansable, deseosa de captar la naturaleza con sus pinceles de pelo de marta y sus pomos de óleo. Mezclando colores en la paleta, consigue el tono justo de un pétalo o un pistilo. Había querido ser cantante de ópera, pero en la ilustración botánica encontró su vocación y su camino.

Su bella última parada
En 1884, con 54 años, llega a Chile, donde permanece durante cuatro meses dibujando plantas en quilpué, Cajón del Maipo, Molina y otros pueblos de la zona central y sur del país. Este será el último viaje que emprenda a la caza de flores y pájaros. En la cordillera austral pinta las araucarias a su- gerencia de Charles Darwin, quien había sido amigo de su padre. Le interesa pintar los árboles nativos en su medio ambiente, junto a sus aves, insectos y flora. su pincelada es detallista. Pinta la corola de una flor, un nido un diminuto colibrí. Es científica y a la vez romántica porque ama la naturaleza adelantándose a una época ecológica y de protección del medio ambiente. sus pinturas parecen decirnos: “Cuiden estos árboles, son bellos. observen las flores que crecen silvestres en la ladera del camino. Miren las aves y su hermoso plumaje. ¡Cómo es posible que usen las plumas en un sombrero!”.

Precisión en pincel y color
Marianne pinta litres, espinos, peumos y canelos. Cada hoja es pintada con toda precisión en color, brillo y textura. Pasea a caballo por las quebradas buscando una cascada, un musgo apegado a una piedra, un liquen, un árbol en flor. Visita al sena- dor por santiago y Coquimbo, Benjamín Vicuña Mackenna, en su hacienda de Concón donde pinta la palma chilena, los boldos y los cactus de los cerros de Valparaíso. también orugas, mariposas, caracoles y toda clase de jazmines, begonias, rododendros, amapolas, lirios, dedalitos de oro…
Pero también integra al ser humano en el paisa- je pues registra la arquitectura rural. Y pinta un cacharro de greda de Pomaire para expresar la alfarería de la zona y el color de la tierra. Corredores de pilares de patagua, patios coloniales con sus fuentes de agua, una tinaja, un pozo junto al camino… Estas pinturas son un fiel registro del paisaje y su entorno, por lo que tienen hoy día un carácter documental. En Chile, las autoras Antonia Echenique y María Victoria Legassa se interesaron tanto en su obra artística que publicaron el libro Flora chilena bajo la mirada de Marianne North (1999), editado por Pehuén.
A finales de su vida, Marianne North hizo una donación de 832 ilustraciones al royal Botanic gardens, de Kew, en Londres, que se exhiben allí hasta hoy. tras su muerte en 1890, a los 60 años, víctima de fiebres tropicales contraídas en sus múltiples viajes, sus hermanas publicaron sus diarios de viaje titulados Recuerdos de una vida feliz y Más recuerdos de una vida feliz (1830-1890).
A más de un siglo de su muerte, nos sigue sorprendiendo la vida y obra de esta precursora en el arte de la ilustración botánica, que dejó huella en el conocimiento de nuestra flora y fauna. Y también en la historia de su época.

Publicado en RHUV Nº25

Roald Dahl: El gigante de la literatura infantil

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El 13 de septiembre de este año se cumplirían 100 años del nacimiento de Roald Dahl, un escritor inglés brillante, cuya entretenida forma de contar las cosas lo llevó a que los niños (y los no tanto) devoren su prolífica obra hasta el día de hoy. Pero, hay que decirlo, Dahl no era un sujeto fácil.
A través de entretenidas y mágicas historias, introducía reflexiones personales y éticas, utilizando su irónico humor inglés y una heredada fantasía noruega. En este número, hacemos un homenaje a este grande, a quien rodean sorprendentes vivencias que sirvieron de inspiración para muchos de sus libros y personajes.

Por Mauricio Paredes, escritor.

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Ilustración de María Paz Muñoz

Este año, 2016, se estrena The BFG, en castellano, Mi amigo el gigante, basada en el libro El gran gigante bonachón, de Roald Dahl. Fueron necesarios más de 25 años para que esta joya de la literatura infantil llegara a la pantalla con actores de carne y hueso. Fue necesario que Steven Spielberg dirigiera por primera vez en su vida una película de Disney. Fue necesaria la actual tecnología de imágenes gene- radas por computador (CGI) para mostrar la inmensidad del mundo imaginario creado por el autor galés. Fue necesario que la adaptación del texto la hiciera Melissa Mathison, quien escribió muy pocos guiones, pero uno de ellos fue nada menos que E.T., el extraterrestre. Ella estuvo casada con Harrison Ford, fue gran amiga del Dalai Lama y murió de cáncer al poco tiempo de haber terminado este trabajo. Fue necesario que el papel del gigante lo tuviera Mark Rylance, ganador del Oscar por su extraordinaria representación de un agente soviético en Puente de espías a quien el personaje de Tom Hanks le preguntaba con insistencia si no estaba preocupado por su oscuro destino, ante lo cual él respondía con un cándido y astuto “¿sería de alguna ayuda?”.
¿Y por qué tanto esfuerzo y tantas dificultades? Porque Dahl no es fácil y parte de su genialidad es parecer extremadamente sencillo. Roald Dahl escribía en el lenguaje de la paradoja. Sus libros son tan entre- tenidos que uno los devora y queda ansioso por más, pero al mismo tiempo y casi “como quien no quiere la cosa” plantea desafíos éticos que hacen tiritar a muchos adultos. Los padres y profesores que aparecen en sus cuentos no siempre son buenos, de hecho pueden ser horribles como en Matilda. Los personajes se comportan de manera errática, como Willy Wonka en Charlie y la fábrica de chocolate o definitivamente absurda y agresiva, como en Los Cretinos.
Tratar a los lectores como seres inteligentes y con criterio siempre ha traído consecuencias. Por un lado, la admiración casi reverencial que le profesamos sus seguidores y, por otro, la irritación furiosa de quienes creen que la literatura infantil debe ser un medio para el adoctrinamiento moral de los niños. Dahl fue acusado de racista, entre muchos, por la Asociación Nacional para el Programa de las Personas de Color, en Estados Unidos, e incluso tuvo que modificar a los Oompa Loompas, quienes originalmente eran pigmeos africanos y luego se vio obligado a describirlos como de raza blanca y rubios. Con toda seguridad, los líderes de la llamada “PC Police” —policía de lo políticamente correcto— deben sufrir con las maravillosas barbaridades de este escritor, tan cándido y astuto como Rudolf Abel, el ruso de Puente de espías. Y sí, de hecho Dahl fue espía para la monarquía británica (jugando con fuego escribió el guión de James Bond Sólo se vive dos veces, con Sean Connery), además de ser piloto de la Real Fuera Aérea Británica (RAF) e inventor de la válvula Wade-Dahl-Till para personas con hidrocefalia (luego de que el coche de su hijo de cuatro meses, Theo, fuese atropellado por un taxi y notar que la válvula Holter que le pusieron se trababa con demasiada frecuencia).
En El gran gigante bonachón encontramos una metáfora que resume lo que es el propósito y sentido de un autor de libros para niños. Un gigante bueno (Dahl medía 1,98 m), con un lenguaje inventado y enredado a más no poder (la fascinación por las pa- labras), que escucha el murmullo de la imaginación con sus grandes orejas (gran parte de la creación artística es estar atento a lo que nos rodea y e identificar detalles), luego captura estas fantasías y las mezcla en botellas (el oficio de escritor, el ser capaz de llevar las ideas etéreas al texto concreto) y finalmente las sopla por una larga trompeta dentro de los dormito- rios de los niños, para que formen parte de sus sueños (el premio mayor de cualquier artista es, sin duda, ser capaz de conmover, que su trabajo trascienda hasta llegar al inconsciente de las personas). La pequeña huérfana que acompaña al gigante es Sophie, en honor a su nieta, quien ahora mide
1,83 m, está casada con el músico Jamie Cullum y fue modelo “plus size” para Vogue, pero que después sufrió fuertes críticas por bajar de peso, siguiendo la tradición familiar de recibir ataques aviesos porque sí y porque no. ¿Enganchó ella en esta discusión tan contemporánea en la que todos los animales están obligados a ser iguales, pero algunos son más iguales que otros? Claro que no, al igual que su abuelo, no lo hacía porque “¿sería de alguna ayuda?”.
El estilo de Dahl conjuga la ironía del humor inglés con la fantasía mítica de Noruega, de donde eran sus abuelos. Esta fascinación por lo sobrenatural se puede apreciar en toda su obra, pero con particular fuerza en Las brujas. Ophelia, una de sus hijas, una vez dijo en una entrevista que “nuestra vida era como un cuento de hadas oscuro”. Resulta evidente que no sólo sus raíces llevaron a este gran escritor a tener una personalidad mágica y a la vez reservada en extremo, risueño y también demandante, de luces y sombras muy marcadas. También hay que tener en cuenta una vida intensa y con grandes momentos de dolor. Su hija Olivia murió a los siete años producto de una encefalitis derivada del sarampión. A ella le dedicó James y el durazno gigante cuando nació y el propio El Gran Gigante bonachón cuando murió. Luego de esta tragedia, Dahl perdió su fe en Dios y se enfrascó en un insólito debate con un arzobispo, quien le dijo que Olivia estaría en el Paraíso, pero no con su perro.
Estuvo casado con la talentosa actriz estadounidense Patricia Neal, ganadora de un Oscar, a quien conoció en una de las elegantes comidas en donde Dahl utilizaba su encanto para su labor de espionaje. En 1965, cuando ella llevaba 12 años de casada con el escritor británico, sufrió tres accidentes cerebro vasculares. Dahl se encargó de su rehabilitación y, como si se tratara de un libro, él inició un romance con Felicity Crosland, una de las mejores amigas de Neal, lo cual llevó finalmente al divorcio después de 30 años de matrimonio. Patricia
se hizo católica poco antes de morir y Felicity siguió viviendo en la “Gispy House”, donde Dahl escribió todas sus obras, y es visitada con frecuencia por sus hijastros. Roald Dahl fue amigo de Hemingway y de Ian Fleming y fue catador de chocolates para Cadbury’s.
Murió en 1990 de una enfermedad a la médula ósea y lo enterraron con su taco de billar, lápices de mina y una botella de borgoña.

Publicado en RHUV Nº24

Cervantes y Shakespeare: 400 años del aniversario de su muerte

Una vez más conmemoramos una de las efemérides más importantes del mundo literario: el fallecimiento de Miguel de Cervantes y Saavedra, el autor de El Quijote de la Mancha, y del dramaturgo inglés William Shakespeare cuyas obras Hamlet, Romeo y Julieta, y Otelo, entre otras, han reflejado la conducta humana universal. Muchas veces representadas y versionadas en el cine, la música y el teatro, estas tragedias constituyen un tesoro artístico. Este año les rendimos homenaje, además, porque se cumple el cuarto centenario de su muerte, sin que se olvide su obra.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y especialista en literatura infantil.

En Londres y Stratford upon-Avon, el pueblo natal de William Shakespeare, se han iniciado numerosos congresos, conferencias, lecturas y representaciones teatrales en el Globe Theater, junto al río Támesis, como una manera de acercar a las jóvenes generaciones a la obra del gran dramaturgo. Al ver las obras montadas como en su época, en un auténtico teatro isabelino, los lectores se sienten motivados para leer la obra de Shakespeare y reflexionar sobre sus grandes temas, presentes también en la sociedad contemporánea: el amor, los celos, la muerte, la identidad, el poder, la libertad y la justicia.
Por su parte, en España también se suceden los festejos destinados a realzar la figura de Cervantes, el gran referente de la cultura hispánica. Una de las representaciones teatrales y musicales más ricas es el espectáculo Cervantina, basado en fragmentos de El celoso extremeño, El licenciado Vidriera, El retablo de las maravillas y, desde luego, El Quijote de la Mancha.
Entre tanto, en Madrid, se presentó en la Real Academia Española un libro que contiene reproducciones de manuscritos cervantinos. Estos autógrafos inéditos que estaban en el Archivo de Simancas desde el siglo XIX constituyen un valioso documento que nos acerca a este “príncipe de los ingenios”, capaz de crear libros de poesías, comedias, entremeses, cuentos, novelas pastoriles y la primera novela española moderna que se inicia con estas palabras: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”
Este Don Quijote está considerado una de las obras más importantes de la literatura universal así como el libro más editado y traducido a todas las lenguas después de la Biblia. Unión poética entre fantasía y realidad, entre idealismo y sentido común, esta obra maestra de la literatura española sigue inspirando (por diferentes vías y canales) a las nuevas generaciones por sus temas, estilo y contenidos.
En la actualidad, se siguen realizando versiones y adaptaciones al cómic, teatro, radio, televisión y cine. También sus personajes y ambientes son fuente de inspiración para los ilustradores desde los primeros que llevaron al Quijote y Sancho al grabado en madera hasta los contemporáneos, desde Salvador Dalí que los ilustró en un mundo de fantasía onírica hasta los más vanguardistas que emplean collage, fotografía, grabado calcográfico, litografía y estampación digital. El Quijote siempre se inventa y reinventa a sí mismo.

Libros, rosas y enamorados
Miguel de Cervantes murió un 23 de abril por consiguiente se escogió este día para celebrar mundialmente el Día del Libro, ya que coincide con la fecha de la muerte de Shakespeare y del escritor Inca Garcilaso de la Vega. Inicialmente esta celebración arraigó en España desde 1930, especialmente en Barcelona, donde la festividad coincide con el Día de Sant Jordi, su santo patrono, por lo cual, la ciudad vive un clima festivo en medio de la primavera catalana. La Rambla de Las Flores se llena de puestos de libros y rosas. Así, en la ciudad de tradición editorial por excelencia, es común que los catalanes se intercambien un libro y una rosa en homenaje al santo, el amor y la cultura literaria.

Premio Cervantes
Este mismo día se entrega el Premio Cervantes, en la Universidad de Alcalá de Henares, en la Comunidad Autónoma de Madrid, ciudad de nacimiento del autor de El Quijote. El premio destaca a un autor español o latinoamericano en forma alternada. Su primera edición data del año 1976. Desde entonces, cada 23 de abril, el rey de España entrega este premio que equivale al Nobel de las letras hispánicas. Diversos autores lo han obtenido, entre ellos Jorge Guillén, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, María Zambrano y Jorge Edwards. En los últimos años han sido Elena Poniatowska (México/2013), Juan Goytisolo (España/2014) y Fernando del Paso (México/2015).

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Cervantes

Nacido en Alcalá de Henares, España, el 29 de septiembre de 1547, fue nombrado Miguel siguiendo con la tradición española de recibir el nombre del santoral del día del nacimiento. Hijo de Rodrigo y Leonor, de la que poco se sabe, fue soldado, novelista, poeta y dramaturgo. Formó parte de la Armada Cristiana, por la que combatió en la batalla de Lepanto, donde quedó malherido de la mano izquierda, seccionándosele un nervio; de ahí el apodo de Manco de Lepanto. Fue capturado y llevado a Argel, donde estuvo prisionero cinco años. Ahí empezó a escribir. Pero no es hasta 1597, cuando, de vuelta a la cárcel, engendra su Quijote de la Mancha. No obstante, sólo en 1605 se publica la primera edición. Ello marcó el comienzo de la novela moderna.

shakespeare

Shakespeare

Originario de Stratford-upon-Avon, Birmingham, Inglaterra (1564-1616), es considerado el más grande escritor de la literatura inglesa de todos los tiempos. La fecha de nacimiento no se conoce porque, en esos tiempos, solo se registraba la fecha bautismal, que solía ser dentro de la semana siguiente al nacimiento. Se tiene documentación de que lo bautizaron el 26 de abril, por lo que se suele otorgar el día 23, tal vez para hacer analogía con la fecha de su muerte, según el calendario gregoriano (en realidad, 3 de mayo en nuestro calendario). A los 22 años se trasladó a Londres, donde se hizo conocido como actor y dramaturgo. Simultáneamente, realizaba además, otros oficios, pues, pese a la fama, no llevaba una vida ostentosa, sino todo lo contrario, bastante humilde.

Ilustración de María Paz Muñoz

Publicado en RHUV Nº23

El silabario de la nostalgia

Este 2015 se cumplen 70 años desde que apareció la primera edición del Silabario HispanoAmericano, con el que muchas generaciones de niños y niñas de todo el continente aprendieron a leer.

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor y especialista en literatura infantil
www.elcaballerodelosalerces.cl 

silabario

Ilustración de July Macuada
http://www.julymacuada.com

El pedagogo chileno Adrián Dufflocq Galdames (1905-1984) creó el Silabario HispanoAmericano en 1945, publicado en Santiago de Chile por la editorial Lord Cochrane, y desde entonces suma casi un centenar de ediciones. Su presencia inconfundible trae nostalgia de esa niñez con sabor a otoño, a camisa recién planchada y a lápices de colores para pintar una casa con un sol entre montañas.

Las recordadas ilustraciones son obra de Coré, Mario Silva Ossa, el ilustrador de la revista El Peneca. Aquellas imágenes son únicas y nadie que se haya iniciado en las primeras letras con este libro podrá olvidar su portada, en la que aparecían dos niños sentados sobre grandes cubos con vocales, leyendo un Silabario en cuya tapa estaban ellos mismos leyendo el Silabario

Como gran dibujante que era, Coré dotó a las figuras de esa aureola poética que lo hacía único. Y en la mente de millones de lectores quedaron para siempre grabadas las imágenes del niño manejando una locomotora, de aquella isla rodeada de agua por todas partes, de la cama que tenía un corazón calado, del reloj cucú, del loro, de la muñeca, de la niña a la que le faltaba un diente o de aquel sol que nos guiñaba un ojo.

A través de este silabario, Coré formó la sensibilidad estética de millones de niños en toda América. Fue él quien dibujó al niño que se pierde por seguir al organillero, al duende que lleva un libro sobre una carretilla o aquella jaula en la que estaban encerrados varios pájaros blancos y negros.

En la primera página silabeábamos: “pi-pa”, “pa-pá”, “pe-pe”. Y más adelante, ya podíamos leer: “a-mo a mi ma-má”, “la cu-na de la ne-na” o “Filomena dibujó una foca fea”.

Al final aparecía el cuento de las cabritas que engañaron al lobo porque sabían leer el letrero que decía: “El que pase por el puente se cae al agua porque está quebrado”. También estaba el relato del gigante que para demostrarle al enano que no estaba enojado, se arrancó un bolsillo y se lo regaló para que se hiciera un par de abrigos.

Dufflocq quería que el estudio de las primeras letras se transformara en algo bello y ameno. Por eso, les dedica su silabario “a los niños de habla española, con mi fervoroso deseo de hacerles llano y fácil el camino en este primer paso del conocimiento de nuestra hermosa lengua”.

La escritora uruguaya Juana de Ibarbourou escribió en las primeras páginas: “Aprender a leer en los antiguos textos pesados, y aprender a leer en el Silabario del gran pedagogo Adrián Dufflocq, lujo de los ojos, gracia para el entendimiento del niño. ¡Ah!, ¡cuánto tienen que agradecerle madres y maestras a ese hermoso talento creador, a ese puro corazón intuitivo que ha hecho para los niños de las Américas este libro perfecto!”.

El autor promovió la hermandad latinoamericana poniendo en la contratapa las banderas de los países del continente junto con la española, para que los niños se sintieran integrados a una cultura hispánica común. El texto fue usado en campañas de alfabetización llevadas a cabo en zonas rurales del país y difundido en gran parte de Latinoamérica. Por esta labor idiomática y educacional, recibió la prestigiosa Orden del Rey Alfonso X el Sabio en España.

Pese a los modernos sistemas de enseñanza actual, el Silabario HispanoAmericano tiene algo especial que nos hace soñar con pupitres, tinteros con una pluma de palo y una profesora de pelo blanco, haciéndonos leer: Zulema sacó mucha maleza de la viña” o “René dibujó la cabeza de una lechuza”. Y es que después de setenta años sigue estando en los laberintos más entrañables de la memoria. Tal vez sea porque fue la puerta inicial a la lectura, porque nos llevó de la mano al mundo de los libros, al universo de la palabra escrita, o más precisamente porque estuvo allí, en nuestra infancia, con las páginas abiertas, en el seco banco escolar o en la mesa familiar cubierta por un mantel de hilo donde estaban el costurero y las tareas.

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Portada del Silabario HispanoAmericano (1945). “Método fónico sensorial objetivo sintético deductivo”, ilustrado por Coré, Mario Silva Ossa.

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Montserrat del Amo: energía inagotable

El 26 de febrero recibimos la triste noticia del fallecimiento de la escritora española Montserrat del Amo (1927-2015), a los 87 años, en Madrid. 

Por Manuel Peña Muñoz
Escritor y especialista en literatura infantil
www.elcaballerodelosalerces.cl 

Montserrat

Ilustración de Marisol Abarca
http://marisolabarca.tumblr.com

 

Tuvimos la alegría de conocerla cuando estuvo en Chile participando en el Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil que se desarrolló en Santiago de Chile en febrero del año 2010. Tres años antes había obtenido el Premio Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil que concede la editorial SM en Madrid, por el conjunto de su obra dedicada a la infancia y la juventud. Fueron más de cincuenta libros de cuentos, novelas y poesías, además de dedicar su vida entera a brindar cursos y conferencias sobre teatro, historia, educación, literatura, cuento popular y poesía de tradición oral, fomentando siempre el libro infantil de calidad literaria.

Llegó al aeropuerto de Santiago días antes del terremoto con su gran amigo, el profesor de literatura infantil e investigador de la Universidad Complutense, Jaime García Padrino, y su esposa Lucía Solana. A sus 83 años se veía con una energía incansable, dispuesta a recorrer el sur del país. Se embarcaron en un largo viaje en auto hasta Puerto Montt y la isla de Chiloé de donde llegó feliz y llena de vida, entusiasmada con los paisajes. A los pocos días participó activamente en el Congreso con su sabiduría ejemplar. Una de esas noches la tuvimos en casa con sus compañeros de viaje. Fue ocasión de ver por primera vez los libros que se presentarían en el Congreso durante esos días: el Gran Diccionario de Autores de la Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana y la Historia de la Literatura Infantil en América Latina. Luego participó de ambas ceremonias y habló con su voz enérgica, sorprendiéndonos de que una escritora de esa edad fuera tan lúcida, tan segura de sí misma y tan moderna en su visión de la vida y la literatura infantil.

Habíamos leído El Nudo (1980), su magnífica novela que nos sorprendió por su original técnica al presentar la elusión como recurso narrativo e incluso la página en blanco. Con esta novela consiguió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en España. Otros libros suyos han sido Patio de corredor (1956) y Zuecos y naranjas (1972), que fueron adaptados para Televisión Española. También escribió La casa pintada (1990), Tranquilino, rey (1990) y La piedra de toque (1983), en los que presenta siempre la superación de un problema, ya sea social o personal.

La noche del terremoto de ese día 27 de febrero, la vimos conteniendo a los escritores e investigadores que habían venido de muchos países del mundo, en el vestíbulo del hotel Plaza San Francisco. Fue ella quien empezó a contar cuentos, uno tras otro, a la luz de una lámpara. Y fueron esos cuentos los que consiguieron el milagro de apaciguar los ánimos. El temor se fue disipando poco a poco, gracias a la voz cadenciosa y maternal con que los narraba. Montserrat fue la antigua sabia de la tribu que calmó el miedo en aquella noche con sus relatos prodigiosos. Sabía ella que los cuentos tienen esa función terapéutica y que en los momentos de más dificultad, el ser humano necesita siempre un buen cuento narrado al calor de la palabra.

Fue casi una de las últimas en irse. De pie, en el vestíbulo de ese hotel, se despidió de todos, sin perder nunca su sonrisa.

Al poco tiempo, nos envió un regalo desde Madrid. Era una caja antigua que contenía sus juguetes de niña: un pájaro musical de lata, un pollito que pía en su cascarón y sus libros de cuentos. Fue su tesoro de infancia y su herencia. Me basta abrir la caja para escuchar su voz diciéndonos que los libros infantiles acercan a las personas y brindan la amistad y la comprensión.

Nudo

El Nudo
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2007
ISBN: 9788467521764

Piedra

La piedra de toque
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2005
ISBN: 9788434852501

Casa

La casa pintada
Autora: Montserrat del Amo
Ediciones SM, 2001
ISBN: 9788434877696

Historias

Historias de osos. Cuentos para contar
Autora: Montserrat del Amo
Cometa, 2011
ISBN: 9788408099000

Cuentos

Cuentos para contar
Autora: Montserrat del Amo
Noguer, 2008
ISBN: 9788427933767

Patio

Patio de corredor
Autora: Montserrat del Amo
Bruño, 2009
ISBN: 9788421663264