Categoría: Nuestro Ilustrador

Mesa de trabajo: Amanda Mijangos

Chile tiene un lugar especial en la vida de la ilustradora mexicana Amanda Mijangos (1986). En 2017 estaba en Santiago como parte de la gira de la obra teatral “Risas de papel”, en la que dibujaba en vivo, cuando desde México le avisaron que había sido ganadora del prestigioso catálogo Iberoamérica Ilustra. Vueltas de la vida, ahora es su obra la que está en Chile, ya que hasta el 7 de agosto se exhiben en PLOP! Galería todos los trabajos seleccionados por el certamen, incluyendo los de los argentinos Natalia Colombo, Decur y María Elina, y las chilenas Sol Undurraga y Caro Celis.

Por Claudio Aguilera

Estos ires y venires no son ajenos a su propuesta. Arquitecto de profesión, ilustradora por pasión, las creaciones de Amanda Mijangos encuentran su camino entre el caos y el control, la síntesis del afiche y sutileza poética, mezclando con acierto y vitalidad la fluidez del azar con una paleta de colores escogida a conciencia y un deseo manifiesto de penetrar en la retina del espectador.

Entre la reciente publicación de una nueva edición de El libro de la selva, su participación como invitada al festival de ilustración Imaquinario de Lima y múltiples proyectos con el estudio de ilustración Cuarto para las 3, fundado junto a Abril Castillo y Eloísa Queijeiro, Amanda Mijangos nos invita a conocer su Mesa de Trabajo.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?

Mi mamá estudiaba en la universidad cuando yo era muy niña y solía llevarme a sus clases. Para que me quedara quieta me daba hojas y plumones. Nunca  fui muy habilidosa para las carreras o lo juegos de brincar, así que dibujar fue mi juego y mi entretención desde siempre.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?

Estudié Arquitectura y estuve de intercambio en la FADU en Buenos Aires durante un año, casi al llegar me encontré con un curso extracurricular de ilustración que impartía el ilustrador Daniel Roldán. Nunca me había planteado la posibilidad de hacer ilustración, ni siquiera sabía que eso era algo que uno pudiera hacer. Veía las imágenes en productos editoriales pero asumí que era parte de las responsabilidades de un diseñador y ya. Al terminar la primera sesión salí con la alegría y la certeza de haber encontrado mi lugar. Yo era ilustradora, pero no lo supe hasta entonces.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?

Diría que el que cada uno quiera…Todos tenemos intereses y gustos distintos que se reafirman con nuestras experiencias y lugares de los que venimos y pienso que eso que somos es lo que debemos escuchar siempre para producir imágenes sinceras con las que otro pueda conectarse.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.

Admiro y respeto muchísimo el trabajo de Jesús Cisneros, sus procesos de trabajo, las investigaciones exhaustivas en las que se sumerge abordando los temas desde la literatura, el cine, el teatro, sus experimentaciones con el dibujo y los materiales y los múltiples niveles de lectura que logra en sus imágenes.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?

Si hay tiempo lo dejo. Veo la tele, leo algo, salgo pasear, ya llegarán las ideas. Si el encargo está encima, trato de dibujar otras cosas, hago manchas y les encuentro formas o hago dibujos sin esperar llegar a un resultado específico. Recordar que dibujar es jugar ayuda a volver a los proyectos con menos preocupación. ¡Y salen mejor!

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?

Mi casa, acá tenemos el estudio que poco a poco vamos haciendo a nuestro gusto. ¡Además están los gatitos!

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?

Papeles en blanco y algo para dibujar. No soy muy quisquillosa con los materiales, aunque trato de tener a disposición una gran variedad. Dibujo con lo que tenga a la mano.

¿Hay algo que odies dibujar?

Creo que no.

¿Cuál es tu técnica preferida?

Me gustan mucho las técnicas aguadas, acuarelas o tintas, porque tienen muchísimas posibilidades y los resultados siempre son un poquito impredecibles.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?

Uy… Antes me daba mucha angustia verlos a la distancia y sentir que eran horribles y ya estaban ahí muy definitivos en algún libro o en una revista o en la eternidad de Internet. Ahora lo tomo con más tranquilidad. Me gusta que mi trabajo cambie de un proyecto a otro. Exploro técnicas y formas aunque haya temas y cosas recurrentes. Así que al verlos a la distancia con algunos sigo contenta y otros me hacen pensar en cómo los resolvería ahora o si de plano no me gustan nada y preguntarme por qué, pero ya sin esa sensación de vergüenza que tenía al principio.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?

Creo que en México hay una explosión de ilustradores que solo puede aplaudirse. Hay mucha curiosidad en torno a las posibilidades de las imágenes y se abren muchos espacios, además de lo editorial, donde podemos involucrarnos, pero al mismo tiempo creo que nos falta pensar más en qué significa ilustrar, quién es ilustrador, cuál es su trabajo. Y ser también más críticos para que la calidad de las ilustraciones que producimos sea mayor. Abrir más espacios de reflexión y formación.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?

Sí, definitivamente. Todas las imágenes comunican, sean creadas con la intención de hacerlo o no. Pienso que es fundamental tener una postura política y social crítica del entorno en el que nos desarrollamos, de la realidad que cada uno vive, y buscar construir desde ese lugar  nuestras imágenes para que nuestro trabajo haga preguntas e invite a los lectores a reflexionar también.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:

Dibuja, piensa, lee (libros, imágenes, el mundo que te rodea) y pregúntate cosas, luego dibuja más.

 

1.- Imagen de denuncia sobre la política migratoria de Estados Unidos. La importancia de la ilustración como herramienta de crítica.


2.- Esta ilustración forma parte de una serie que se llama Los peces son los pájaros del mar. Es viejita, de 2014, y fue la primera vez que quedé seleccionada en el Catálogo Iberoamericano. La quiero mucho con todo y su obsesividad acuarelosa de miles de escamas.


3.- Una ilustración para el último proyecto en el que colaboré y empecé a explorar las posibilidades de la monotipia.


4.- Me parece importante que la técnica y tipo de dibujo también esté significado en las ilustraciones. Este es un libro se llama Yo te pego, tú me pegas, del escritor  Antonio Ramos Revillas y lo editó 3 Abejas. Habla sobre la violencia y el maltrato infantil. Aunque las manchas que me gustan tanto están presentes, fueron hechas con materiales duros, grafito, carbón o pinceles con acrílico muy secos para que los trazos fueran el resultado de roces violentos con el papel.


5.- Unas manchas frijolitos que pertenecen al primer libro que hice. El sueño de una alubia, editado por Alfaguara, es un poema sobre cómo crece un frijol escrito por Eduardo Carrera.


6.- Esta imagen pertenece al Diccionario de Mitos Clásicos editado por El Naranjo. ¿Cómo puedo apropiarme de lo griego y romano desde México?¿Cómo construyo retratos conceptuales y narrativos? Fue un libro muy difícil de hacer que disfruté mucho y con un proceso de trabajo en el que aprendí muchísimo.


7.- Trato de llevar con consistencia libretas de trabajo. Desde 2014 emprendimos un proyecto con amigos ilustradores y la marca mexicana de libretas Pieldemole, que se llama #DiarioCreativo. Desde entonces hago un dibujo diario en mi libreta. Ahí todo se vale y es un excelente banco de ideas para el futuro


8.- Hay imágenes que no se agotan nunca, una de ellas para mí son los pájaros. Siempre vuelven a aparecer diciendo cosas diferentes cada vez. Esta imagen es de una reedición por Editorial Planeta para la Antología amorosa de J. Sabines.


9.- Un gato o la importancia de hacerse tiempo para dibujar por dibujar.


10.- Me encanta hacer proyectos colaborativos. Esta ilustración es de El Libro de la Selva de R. Kipling editado por Editorial Castillo, donde tuve la fortuna de hacer ilustraciones a cuatro manos con Armando Fonseca.

Mesa de trabajo: Sebastián Ilabaca

¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Por qué me demoré tanto en conocerlo? Son las preguntas que me hago, y seguro no soy el único, una y otra vez al ver el trabajo del ilustrador chileno Sebastián Ilabaca. Sorpresivo y categórico, su arribo a la escena nacional fue una de las grandes noticias del 2017. La primera advertencia de que un nuevo talento había nacido fueron sus imágenes para la impecable reedición del libro Bartleby el escribano (Hueders), de Herman Melville, donde demostró una obra sólida y madura, en la que se podía leer una ardua búsqueda técnica, una rigurosa labor de documentación y una profunda reflexión sobre el rol del ilustrador. Pero sin duda su temprana consagración llegó poco después con Mientras un lobo le canta a la luna (Hueders), realizado junto a Álvaro Núñez y María José Santander, una maravillosa proeza gráfica que tiene el honor de ser el primer libro pop-up diseñado en Chile que le demandó cerca de 5 años de intensa investigación.

Por Claudio Aguilera

“Ilustrar es conversar con la sociedad”

Lector impenitente, perfeccionista obstinado y seguidor de la línea vibrante y risueña de ilustradores como Quentin Blake, John Burningham y Kitty Crowther, reivindica el valor de los antiguos maestros de la ilustración chilena y confiesa detestar profundamente dibujar a “señores aburridos”.
A la espera de su próxima gran obra, los invitamos a conocer la mesa de trabajo de Sebastián Ilabaca.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Dibujar todo el día a Batman, el batimóvil y a Bruno Díaz. En cuadernos de mi papá, sobre revistas e incluso en las murallas de mi casa.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En 2012, cuando gané el Fondo del Libro para realizar el libro Pop-Up Mientras un lobo le canta a la luna, que sería publicado cinco años después.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Creo que dibujar es conectarse con la infancia. Olvidarse del tiempo mientras trabajas. Eso está en todos los libros de Roald Dahl desde James y el Durazno Gigante (1961) hasta Matilda (1988). Además, las ilustraciones de Quentin Blake encierran en ellos todos los secretos que se deben conocer.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Desde hace años, cuando conocí su trabajo, uno de mis referentes principales es el ilustrador inglés John Burningham. También el trabajo de la autora belga Kitty Crowther.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Leo. Tanto como cuando no llegan las ideas como cuando tengo la cabeza llena de ellas. Leer es imprescindible para mí antes de trabajar, hace que mis ideas comiencen a cruzarse, a ponerse en contradicción y a generar nuevas ideas. A veces las imágenes que tengo dentro antes de sentarme a dibujar son completamente distintas a las que tengo cuando ya estoy trabajando. Para mí eso es lo entretenido y emocionante, sentir cómo esas ideas se mueven, crecen, se transforman.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Casi cualquier lugar donde me sienta cómodo y tranquilo es un buen lugar para dibujar. Pero mi taller en casa es el lugar donde siempre hago las ilustraciones finales que van a imprenta. Allí tengo todos mis materiales y libros a mano.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papel y lápices para comenzar. A medida que avanzo voy apilando libros, recortes, pintura, y tazas de té que terminan con pinceles dentro.

¿Hay algo que odies dibujar?
Caricaturas políticas o editoriales que involucren retratos de señores aburridos. Me lo encargaron un par de veces, lo intenté y al final dije que no porque estaba convirtiendo mi trabajo en una pequeña tortura.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Mezclar lo que vaya sintiendo como necesario. Pero siempre giro en torno a los pasteles secos, la acuarela y los lápices de colores.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
¡Mi vida estuvo entre Batman y J.R.R. Tolkien!

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Existe un creciente interés por la ilustración, en el que ayuda mucho la difusión mediante redes sociales. Existen ilustradores, y sobre todo ilustradoras que están haciendo trabajos de gran calidad, editoriales que se están atreviendo no sólo a invertir más, sino a arriesgarse más, abandonando el antiguo paternalismo. Eso está muy bien, pero hay muchos ilustradores jóvenes que suelen olvidar que en Chile la ilustración no es algo nuevo. Tenemos una gran historia gráfica con la que dialogar.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Completamente. Como cualquier otro artista. Ilustrar es conversar con la sociedad, el texto ilustrado es un objeto cultural, lo que conlleva una gran responsabilidad. En este sentido, comprender cómo funcionan las imágenes es fundamental.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar
Es importante preguntarse siempre por qué dibujamos, nunca hay que dibujar para complacer a alguien. También es necesario educarse sobre el dibujo, no para convertirse en un gran dibujante, sino para que las herramientas no sean un obstáculo para darle forma a las ideas que siempre han estado ahí.

Galería


1.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 5
Colaboro con Revista Santiago desde su primer número. Cada mes, el desafío es ilustrar una frase de algún célebre pensador o escritor. En esta ocasión fue una frase de Mario Vargas Llosa: “La vida es un tornado de mierda en el que el arte es nuestro único paraguas”. De niño pasé mucho tiempo en un hospital. Ahí los libros fueron el objeto que me permitió olvidar la pena y soportar el dolor. Creo que en cualquier parte del mundo un buen libro puede ser el paraguas de cualquier niño.


2.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 4
En esta ocasión la frase fue “Experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores”, de J.W. von Goethe.


3.- Portada del libro El Gran Forastero de Mauricio González, Ediciones SM, 2017.
Primer libro que realicé con SM. Le tengo un cariño especial porque disfruté mucho dibujándolo. El texto de Mauricio González es hilarante y nos entendimos perfectamente sin siquiera conocernos. El entusiasmo y cariño de Catalina Echeverría, editora, fueron determinantes en crear un libro que fuese más allá de nuestras expectativas.


4.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
A fines de 2016 fui invitado por Fundación Mar Adentro a un hermoso proyecto. Una residencia artística en Chiloé en la que participamos dos ilustradores chilenos, Matías Prado y yo junto a dos ilustradoras nórdicas, Siri Ahmed Backström, de Suecia, y Linda Bondestam, de Finlandia. Esta ilustración fue hecha al llegar a Santiago, como una forma de dejar un registro de las emociones y los recuerdos de nuestros paseos chilotes. Un dibujo como una forma de no olvidar lo vivido.


5.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
Otra ilustración hecha de vuelta en Santiago, recordando mis cosas favoritas de Chiloé: la lluvia, la vegetación, los Zarapitos y Huairavos.


6.- Portada para el álbum debut de la banda “Mundo del Mañana”, 2017
Colaboración para unos grandes amigos y excelentes músicos. Me dieron la libertad de crear sin limitaciones, por lo que el resultado es muy íntimo, y nació de escuchar su música mientras dibujaba.


7.- Ilustracion personal.
Cuando dibujo simplemente por el gusto de hacerlo, y no por un encargo, siempre aparece dibujada María Fernanda, mi esposa. Nunca es un retrato idéntico, a veces la dibujo como una niña, a veces como una duendecilla o en el cuerpo de algún animalito o insecto, pero ambos sabemos que es ella. Es alguien a quien admiro muchísimo y una fuente constante de inspiración, por lo que creo que es normal que se aparezca tanto.


8.- Ilustración del libro Yo sé que los elefantes lo saben todo, Sebastián Ilabaca, Hueders 2017.
La idea de este libro surgió de la necesidad de crear un proyecto personal entre varios encargos. Tantas eran mis ganas de crear algo propio, que a la semana después ya estaban todas las páginas listas. Rafael López, el editor de Hueders lo vio y me ofreció hacerlo en serigrafía. Imprimimos manualmente 30 copias en papel de algodón a dos tintas. Yo me encargué de encuadernar cada ejemplar.


9.- Ilustración para Bartleby, el escribano de Herman Melville, publicado por Hueders 2017.
Uno de los libros que me ha dado mayor satisfacción ilustrar. Bartleby fue desde mi época escolar uno de mis textos favoritos, y forma parte de mis referentes literarios desde que lo leí. Cuando me pidieron ilustrarlo me sentí infinitamente afortunado, a la vez que enormemente asustado. La responsabilidad de ilustrar un texto tan importante casi me paraliza. Pero me encerré a trabajar en él con determinación. Al cabo de un par de meses estuvo listo.

Sebastián Ilabaca (Santiago, 1988). Ilustrador y artista gráfico autodidacta chileno. Luego de egresar de la Universidad de Chile como Comunicador Audiovisual decidió volcar todo su trabajo a la ilustración, principalmente para literatura infantil. Entre 2012 y 2017 ha ilustrado para las editoriales Hueders, SM y Zig-Zag, además de diversos medios impresos. Actualmente ilustra la sección Pensamiento Ilustrado de Revista Santiago. Participó en el mural Zanmi, que es muestra permanente del Centro Cultural Gabriela Mistral GAM. Su trabajo ha sido expuesto entre otros, en Primavera del Libro y PLOP! Galería.

Mesa de trabajo: Francisca Meneses (Frannerd)

 

Autora de libros ilustrados como El niño que quería ser gato (Grafito), Personas favoritas (SM), Árboles bien podados (Vasalisa) y de la novela gráfica A punto de partir (Reservoir Books), Frannerd ha sabido combinar un estilo característico con una gran capacidad narrativa y un natural talento para navegar en las redes sociales, donde sube videos en los que comparte su proceso de  trabajo y da consejos a jóvenes creadores. El resultado es una obra cercana, que genera devoción entre sus seguidores, sin dejar de interpelar a un amplio número de lectores atraídos por su humor, sinceridad y aguda mirada sobre la vida cotidiana.Instalada desde hace algún tiempo en Londres, abre las puertas de su taller para presentar su Mesa de Trabajo.

Por Claudio Aguilera

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Cuando tenía 5 ó 6 años, en Antofagasta. Con mis hermanas jugábamos a armar nuestros propios cómics, álbumes de laminitas y credenciales para un exclusivo club de dibujo.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustradora?
Como estudié Diseño, sentí que “legalmente” era más diseñadora que ilustradora, así que era un término que usaba con timidez. Pero cuando salí de la universidad y me di cuenta que estaba ejerciendo más como ilustradora que diseñadora, empecé a etiquetarme como tal.

Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer
Siento que hay tantas, que podría estar escribiendo hasta mañana. Pero si tuviese que elegir una, elegiría Kiki’s Delivery Service. Quizás debí haber elegido un documental súper serio y no una película animada, pero es que disfruto tanto el trabajo de Studio Ghibli. Esta película habla mucho del trabajo creativo y de la búsqueda de la identidad y autoría en el trabajo, además que es preciosa, divertida y está llena de realismo mágico.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente
Me fascina el trabajo de Isabel Arsenault, principalmente por su técnica. Ahora mismo estoy tratando de trabajar más con materiales tradicionales y como ella trabaja en su mayoría con lápices y acuarelas, su trabajo me inspira infinitamente.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Cambio mi contexto. Cambio la libreta en la que estoy trabajando, el lápiz que estoy usando y el lugar donde estoy. Me voy a un café o a un parque, a la biblioteca. Si la idea aún no llega, salgo a caminar y respiro hondo, me voy a dormir. Con los años aprendí que está bien trabajar duro hasta que llegue la inspiración, pero si no llega es mejor descansar y seguir al día siguiente que frustrarse o estresarse.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Me encanta dibujar en cafeterías. Por ahora no tengo una cafetería en específico, porque voy cambiando de lugar, pero me gusta sentarme al fondo al lado de una ventana, mirando a la gente. Siempre siento que molesto, porque ocupo la mesa por varias horas, pero el cambiar de ambiente abre mi mente (suena súper hippie, lo sé) de formas sorprendentes.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papeles, libretas, marcadores, taza de café, podcast/música/serie de fondo, fuente de luz natural (si es posible) y muchos lápices.

¿Hay algo que odies de dibujar?
Quizás la palabra “odiar” es fuerte, pero me frustra que dibujar o aprender a dibujar tome tiempo. Me (mal) acostumbré a que todo con las redes sociales y los tiempos en internet son más rápidos y las cosas son más inmediatas, y el dibujo tiene otro ritmo. Soy impaciente, y depurar un estilo, un cuerpo de trabajo y/o una técnica, toman muchos años de práctica y dedicación, y eso es algo que aún me ha costado asimilar.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Luego de muchos años trabajando digitalmente, ahora he estado trabajando mucho con marcadores (copic, promarker), acuarelas y me encanta.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
Una extraña mezcla de vergüenza y ternura.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Tengo la enorme fortuna de poder vivir en el extranjero y esa es siempre una pregunta que me hacen en ambas partes: ¿Cómo es la ilustración en Chile? ¿Qué diferencias ves entre ambos países? Y si bien siento que aún no tengo una opinión formada al respecto, no veo abismantes diferencias en el campo de la ilustración entre Chile y el Reino Unido. Sí, aquí hay más ilustradores, agencias y se nota que es una industria que está más “oficializada”, pero creo que eso solo se debe a que hay más años haciendo el oficio. Y Chile, si bien también lleva años formando increíbles ilustradores, el país está creciendo a pasos tan grandes que las diferencias se han ido empequeñeciendo cada vez más. Fui a Chile por primera vez en tres años hace un par de semanas atrás y me sorprendió ver la cantidad de ferias de ilustración (ya no solo en Santiago) y vi mucha más ilustración en la calle (en publicidad, revistas, diarios, vitrinas). Hay más tiendas de libros dedicadas a la ilustración, más instancias de formación (más talleres, charlas) y más ilustradores chilenos generando contenido online (cortos, podcasts y videos).

Como ilustradora, ¿sientes que tienes un rol social?
Sí. Artistas e ilustradores somos inherentemente comunicadores visuales. Podemos ser el contenedor/interlocutor de todo tipo de mensajes (causas, peticiones, movimientos, creencias) y si puedo ser sincera, a veces eso me aterra. Me gusta que mi trabajo sea un oasis de buena onda en medio de tanta locura que está pasando ahora en el país y en todas partes, pero al mismo tiempo siento que hay que hablar, decir algo. Ahora estoy justamente trabajando eso en mis ilustraciones porque sé que es un gran defecto, el no decir algo, no alzar la voz.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar
Cuando chica siempre pensé que el mejor dibujante era el que dibujaba todo de memoria, y que tomar referencias de lo que nos rodea era hacer trampa. Con el tiempo me he dado cuenta que es todo lo contrario. Todas las cosas que me aterraba dibujar antes (expresiones faciales, lenguaje corporal, dibujar muchas personas en una escena), las supe hacer porque tuve que aprender a mirar, a observar. El tomar cosas de la vida real y llevarlas a un dibujo cuesta mucho trabajo, porque uno tiene que sintetizar lo que ve y traducirlo en nuestro propio lenguaje (o estilo). Quizás ese es el consejo: aprender a mirar con análisis y traducirlo.

Galería


Ophelia, una acuarela que basé en el trabajo de John Everett Millais ​


Algunas ilustraciones que hice para el libro de Charlie, Fun Science!


Bocetos que hice para el diseño de personaje (Mia Thermopolis) para las portadas de la edición francesa de Diario de una Princesa​


Una página de la novela gráfica Erinyes


Otra acuarela que pinté, amo las brujas y todo su imaginario


Afiche para el festival de cine Guarimba, la única petición era dibujar un mono


Ilustración que subí a mi instagram y cuando empecé a experimentar más con marcadores. Esta fue la semana en que me mudé a Hastings.


Ilustración interior de El Niño Terrícola, escrito por Esteban Cabezas y editado por SM Ediciones.


Bonus: Mi escritorio, ¡nunca tan ordenado como la foto! Aquí estaba preparando mi viaje a México, viendo qué marcadores llevar
🙂

Mesa de trabajo: Cristóbal Schmal

 

Líneas simples y duras, una paleta de colores contrastantes y una notable tendencia a las técnicas análogas como el grabado y el collage son algunas de la coordenadas que permiten reconocer el trabajo del ilustrador chileno Cristóbal Schmal. Sin embargo, esta enumeración de características no basta para definir su obra, la que esconde, tras su aparente sencillez e inocencia, una vocación rupturista y un constante desafío al lector.
Con un portafolio que reúne colaboración con Taschen, Lufthansa y The New York Times, este año fue seleccionado en la muestra de ilustración que realiza la prestigiosa Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia y hoy, desde Berlín, su lugar de residencia, nos invita a conocer su Mesa de trabajo.

Por Claudio Aguilera

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Es un recuerdo engañoso porque es a partir de una foto en que salgo con 6 años dibujando con la lengua afuera.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
Cuando me pagaron por hacer mi primera portada de libro en el año 2009. Dije para mis adentros: ¡Soy Ilustrador!

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Stalker, de Andréi Tarkovski, y Los detectives Salvajes de Roberto Bolaño.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
No es precisamente Ilustrador pero ha sido un gran referente: Joseph Beuys.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Dibujo círculos, espirales y líneas.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Cerca de alguna ventana, con luz natural.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Lápiz, papel, computador y música.

¿Hay algo que odies dibujar?
Niños, ancianos y gatos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Cualquiera dentro del grabado, el collage y el lápiz.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
Súper Emo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Es como un gran carrete universitario.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, el dibujo es un articulador social.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Confía en tus instintos.


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Portadas para Libros de Cocina Veganos para la editorial Neun Zehn. Berlín 2016


Portadas para Libros de Cocina Veganos para la editorial Neun Zehn. Berlín 2016


Cristóbal Schmal
Diseñador de la Universidad de Valparaíso, ha desarrollado su carrera en Barcelona y Berlín, donde vive desde 2008.

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.artnomono.com/

Mesa de trabajo: Luisa Rivera

 

Radicada en Londres, la ilustradora chilena Luisa Rivera se ha ido consolidando, de forma silenciosa pero sostenida; una obra potente que se mueve sigilosamente entre el misterio y la ensoñación. Con la mujer y la naturaleza como protagonistas, sus imágenes recrean atmósferas cargadas de lirismo en sintonía con el universo de Georgia O’Keffe, y proponen un atrevido y acertado uso del color que se ha transformado en uno de sus sellos más característicos.

Por Claudio Aguilera

Un buen ejemplo de su labor es la reciente, y notable, edición aniversario de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, donde destaca la solidez e intensidad de su propuesta visual.


Portada para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España).

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
No lo sé exactamente, pero recuerdo una experiencia que me marcó de chica. Fue cuando logré dibujar el esqueleto de una estrella por primera vez. Había intentado mil veces antes, y nada, pero un día estaba dibujando otra cosa y sin pensarlo, salió. No sé por qué es especial, pero fue uno de esos momentos de auto-conciencia cuando la vi en el papel.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En mi último año de universidad, cuando publiqué mi primer cuento ilustrado.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Recomendaría El Reino De Los Sueños y La Locura, un documental muy inspirador que muestra el proceso creativo y la historia de Studio Ghibli, sobre todo de Hayao Miyazaki e Isao Takahata, dos de mis directores favoritos.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson. Era muy prolífica, escribía para niños y adultos, pintaba, hacía ilustraciones y cómics. Me encanta su diversidad y su imaginario.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Hago otra cosa, como salir a caminar, cocinar algo rico, o tocar ukelele. Si estoy con una entrega muy encima y no puedo hacer una pausa, intento una estrategia nueva para resolver ese problema creativo.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
He aprendido a ser flexible con los lugares, porque en los últimos años me ha tocado viajar mucho. Por eso, me siento feliz donde sea que estén mis materiales.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Los materiales que necesito tener a mano para trabajar, como pinceles, pinturas y lápices. Además de eso, mi computador y ojalá un café.

¿Hay algo que odies dibujar?
Creo que mientras la manera de ilustrar sea honesta y propia, no hay temáticas ni motivos malos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Me encantan las pinturas a base de agua, como la acuarela, témpera y tintas.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
El camino tiene sentido, y sigue en desarrollo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
A nivel nacional, creo que hay excelentes ilustradores, propuestas, y ganas de hacer cosas. Creo que el siguiente paso es que los medios que encargan ilustraciones se sumen a ese desarrollo, creando mejores condiciones y espacios para proyectos.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, y creo que se da naturalmente, porque los ilustradores somos comunicadores, y vivimos en un contexto determinado, lo cual en sí es social. No es necesario plasmarlo en todo, porque también es bueno estar abierto a las temáticas que proponen los clientes.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Ser consistente, tener metas claras y disfrutar. Es importante saber que esta disciplina demanda mucho tiempo y energía, por lo mismo, es clave la organización y el amor por el oficio.

La Fundación de Macondo. Ilustración interior para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España). Esta ilustración muestra la fundación de Macondo, pueblo ficticio descrito en la novela.


El vínculo. Trabajo personal creado para la exposición Midnight en Light Grey Art Lab (EEUU), la cual trata sobre el imaginario de los sueños.


Isla Humana. Trabajo personal que reflexiona en torno al cuerpo como un espacio de refugio.


Migrar Es Fluir. Trabajo personal que trata sobre el proceso de migración.


Yellow Cricket. Portada para Yellow Cricket, proyecto musical de Lister Rossel (Chile) y Nina Miranda (Inglaterra) que combina música y cuentos sonoros.


Women Who Farm. Ilustración para Women Who Farm (EEUU), proyecto que reconoce a las mujeres como líderes en la agricultura.


Primavera. Ilustración inspirada en la primavera, para Mercado Mastica (Chile)


Los Secretos de La Noche. Ilustración que reflexiona en torno al tema de la noche, para la portada del número 22 de revista La Peste (México).


La Doula. Ilustración para Pollen (EEUU). El artículo cuenta la historia de una doula que ha pasado los últimos 10 años estudiando los desafíos que una mujer puede encontrar durante el parto.


Mesa de trabajo de Luisa Rivera


Luisa Rivera
Artista e ilustradora chilena, radicada en Londres.

Licenciada en Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó un Máster en Artes, especialidad en Ilustración entregado por el Minneapolis College of Art and Design gracias a una beca Fullbright

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.luisarivera.cl y http://wildium.tumblr.com/

Geraldine MacKinnon, ilustradora científica: “Lo bello de la ilustración científica es que, además de información, transmite la esencia del autor”

Pieza clave en el resurgimiento de la ilustración naturalista en Chile, geraldine MacKinnon lleva grabada en su genética la pasión por la naturaleza. Ha ilustrado la portada de este número de la revista Había Una Vez y nos cuenta cómo el dibujo científico debe asumir un rol en la protección de nuestro amenazado medio ambiente.

Por Claudio Aguilera, fundador de Plop! Galería

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Ilustraciones de geraldine Mackinnon

Un artista busca descifrar cada detalle de una caracola o del plumaje de un pájaro exótico. observa. Elige colores. Intenta una y otra vez registrar la infinidad de gamas, texturas y matices que presenta la naturaleza. Entender la estructura del ala de una mariposa. Moldear para siempre los delicados pétalos de una flor. La escena se ha repetido sin grandes variaciones durante siglos. Lápiz en mano, hombres y mujeres han querido capturar el mundo que nos rodea a través de una técnica que exige rigurosidad, concentración e infinita paciencia.
Heredera de una larga tradición que incluye a exploradores, pioneros de las ciencias y artistas viajeros, la chilena geraldine MacKinnon es parte de una nueva generación de ilustradores naturalistas que no solo siguen manteniendo vigente el arte de sus antecesores, sino también demostrando que en un mundo de imágenes de alta resolución, el ojo y la mano humana siguen siendo la mejor herramienta para conocer y proteger a la naturaleza.

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Un largo viaje
Pero tal como lo hicieron naturalistas como Claudio gay, Alexander von Humboldt o Marianne North, ella tuvo que hacer un largo recorrido antes de llegar a su destino. Un viaje que se inició en su infancia cuando pasaba largas horas mirando enciclopedias y los libros de medicina de su papá, la llevó a querer estudiar Arqueología, para terminar Arte y Pedagogía, vivir en Isla de Pascua y perfeccionarse en Escocia, lugar de origen de su bisabuelo.
“Crecí en una parcela de frutales muy linda, llena de árboles de los que se podía comer todo el año. Había conejos, vacas, chanchos, perros, culebras, ratones y pájaros”, recuerda hoy evocando una infancia donde se conjugaron la naturaleza, la lectura, la curiosidad y la creatividad, aspectos que han ido acompañando toda su vida. “gran parte de mi tiempo estaba afuera jugando. Por otro lado, dibujé desde los tres años y aunque nunca entré a talleres especiales de arte, siempre hice cosas por iniciativa propia”, agrega.
Con un imaginario rebosante de historietas, cine y dibujos animados de Disney de los años 40 y 50, su paso por la Escuela de Arte fue bastante distinto de lo que había imaginado y, una vez finalizada la carrera, decidió estudiar pedagogía. Fue entonces cuando su viaje la llevó a Isla de Pascua donde trabajó como fotógrafa arqueológica y profesora de Artes en un liceo local. Fue ahí donde pudo recuperar esa antigua conexión con el paisaje que los años de academia habían hecho peligrar.
De regreso al continente, recibió un encargo que cambiaría su futuro: ilustrar una serie de especies isleñas, tarea que emprendió, como ella misma reconoce, con más voluntad que conocimiento.
“Cuando descubrí la ilustración de naturaleza como una posibilidad de plantearme mi trabajo, se me abrió el mundo. Era una carrera impensada para mí. No sabía que uno pudiera dedicarse a eso en Chile. Ignoraba todo al respecto. Pero me llevaba a mi raíz de niña lectora, dibujante y conectada con las plantas y animales, mis grandes amores. Así que decidí que como fuera, me dedicaría a eso, y empecé a estudiar y a practicar”, dice hoy.

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“Hace años, cuando empecé, éramos un puñado de personas entre los pocos maestros y algunas aprendices; ahora hay muchísima gente con ganas de aprender y trabajar en esto”

La ilustración botánica como carrera
La semilla estaba plantada. Decidió hacer de la ilustración botánica su carrera. Para eso comenzó a perfeccionarse de manera autodidacta, comprar por internet todos los libros que podía y, posteriormente, tomar clases con Francisco ramos, su primer maestro. Más tarde asistió a una pasantía en royal Botanic garden Edinburgh, donde hizo oficial su nueva profesión.
Actualmente, geraldine MacKinnon es una de las ilustradoras naturalistas más solicitadas del país. sus obras se encuentran en colecciones nacionales e internacionales, es miembro activo de la American society of Botanical Artists (AsBA) y es artista en residencia del Museo Nacional de Historia Natural. Además, imparte el Curso de Ilustración Botánica rBgE, en el Instituto de geografía de la Universidad Católica, ideal para todos quienes quieren dedicarse a esta labor, talleres en lugares tan diversos como la Biblioteca Nacional o Chiloé que congregan a un creciente número de estudiantes.
“Hace años cuando inicié este camino, éramos un puñado de personas, entre los pocos maestros y algunas aprendices”, comenta refiriéndose al gran auge que la disciplina experimenta actualmente. “Ahora las cosas han cambiado, hay muchísima gente con ganas de aprender, de trabajar en esto o para tenerlo como un hobby muy serio. somos un país que está recién aprendiendo este oficio, pero estoy segura de que en unos años más seremos muy competitivos a nivel internacional, sobre todo en botánica, que no es tan fuerte en muchos países de Latinoamérica”, reflexiona.

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En una época en la que la tecnología es cada vez más accesible y que permite fotos sofisticadas, parece sorprendente que la ilustración siga siendo la mejor herramienta para capturar la naturaleza. ¿A qué lo atribuyes?
-Pienso que es así porque el dibujo hecho a mano es muy versátil y el artista puede seleccionar qué aspectos del modelo debe enfatizar según el criterio que guía la ilustración. En lo personal, creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano. Porque detrás de la perfección y la técnica impecable hay una persona y eso nunca deja de ser impresionante.

En el trabajo artístico, la autoría y el individuo son fundamentales. En la ilustración naturalista, el ‘yo’ pareciera hacerse a un lado, para dar cuenta del entorno.
-En la ilustración científica también es posible distinguir las manos de los autores. Cada quien tiene un estilo y elige ciertas técnicas, aunque el trabajo sea muy realista.
observar las composiciones ayuda mucho a reconocer a los ilustradores. Pienso que lo bello y atractivo de la ilustración de ciencias es que precisamente, además de la información que transmite, lleva la esencia del autor, el aura benjaminiana, y esto sucede solo por ser hecha a mano.

“El dibujo hecho a mano es muy versátil; creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano”

Uno de los grandes desafíos de un ilustrador científico es, justamente, trabajar con científicos. ¿Cómo ha sido tu experiencia?
-Ha sido un agrado. son personas muy receptivas y respetuosas del trabajo artístico. Valoran mucho la capacidad que tenemos los artistas de llevar un objeto o un texto a una representación visual. Es una dupla muy interesante sobre todo si ambos son abiertos de mente. Lógicamente, existen científicos y artistas más “cuadrados”, pero en mi caso he tenido la suerte de que siempre me han dado el espacio para ser yo, porque cuando científicos quieren trabajar conmigo, es porque les agrada mi forma de representar la naturaleza. Además, se estudia y aprende mucho.
Eso hace que este trabajo sea muy dinámico. Con el tiempo me he transformado en toda una investigadora y estoy aplicando esta nueva habilidad en muchos otros aspectos e inquietudes de mi vida.

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Para ti la ilustración naturalista incluye un compromiso ético y político. ¿Por qué?
-A través de los proyectos en los que elegimos participar, las especies que queremos retratar, las causas que decidimos apoyar, estamos enviando un mensaje hacia los demás. El hombre ha utilizado la imagen como medio de comunicación, educación y adoctrinamiento a lo largo de toda la historia. Hoy la imagen es la gran protagonista en las sociedades con gran acceso a la tecnología. Por ello, los ilustradores de naturaleza tienen un rol en la difusión de las especies y de ideas en torno a ellas.

Incluso has elaborado un manifiesto Post naturalista que invita a replantear la profesión.
-En este momento histórico, aunque seguimos descubriendo especies nuevas todos los días, lo crucial es procurar que lo que conocemos no sea totalmente destruido. Los ilustradores de naturaleza tenemos mucho que aportar en esto y existen muchas formas de hacerlo; solo tenemos que saber inventarlas.

Naturaleza para niños
Consciente del enorme crecimiento que ha tenido la ilustración en Chile durante los últimos años, geraldine MacKinnon valora que se haya “posicionado como una opción de vida válida y respetable. Eso me parece fantástico, sobre todo porque antes, incluso hasta en mis años de estudiante, era considerado un arte menor. Nada más injusto y equivocado”.
Frente a esta nueva oferta de libros ilustrados para niños, reconoce que, ahora que tiene una hija pequeña, está “poco a poco volviendo a mirar libros infantiles y me encanta poder volver a hacer ese camino con ella”.

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Hoy los niños tienen cada vez más acceso a libros informativos sobre naturaleza hechos en Chile, como Animales americanos, de Loreto salinas, o Chile es mar, de Patricio otniel. ¿qué opinas de ellos?
-son libros muy valiosos y hermosos. Un gran aporte y además un estímulo para otros escritores e ilustradores. La generación actual tiene la ventaja de contar con publicaciones adaptadas a sus edades donde se exponen los ecosistemas, flora y fauna de nuestro país. Las teorías de la educación vigente y más actuales, como la Place Based Education (Educación Basada en el Lugar) hablan de la importancia de cultivar el conocimiento y el amor por el lugar donde se vive. Este enfoque educativo plantea que mientras más conocemos y apreciamos nuestro lugar, más lo cuidamos, lo respetamos y nos interesa colaborar con nuestra comunidad. Parece una obviedad, pero estos planteamientos no tienen muchos años y no han llegado con fuerza a nuestro sistema. El que haya publicaciones donde se apunta en esa dirección, es definitivamente un enorme avance.

¿Cuál es tu visión de grandes autores, como Beatrix Potter, que han tenido un rol tan importante en la ilustración científica y en la ilustración para niños?
-Me encanta Beatrix Potter. Ella es un personaje que nos remite a lo más romántico de ser ilustradora de ciencias y autora infantil. Las investigaciones que llevó a cabo con líquenes y hongos le fueron reconocidas (hace no mucho) por la comunidad científica y sus cuentos se leen hasta hoy. Ella es de una generación de mujeres británicas que se volvieron muy importantes, porque fueron de las primeras activistas ecológicas que surgieron.

¿te interesa explorar esa veta?
-He tenido algunas ideas relacionadas con la infancia, pero no es el momento de hacerlo. Estoy iniciando una etapa nueva que aún no se define bien, pero no está directamente conectada con la niñez. sin embargo, jamás digo que nunca haré algo. En mi vida he tenido muchos cambios, nada es definitivo.

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Geraldine Mackinnon

Ilustradora naturalista botánica. Miembro de la American Society of Botanical Artists, trabajó en el Royal Botanic Garden Edinburgh. Hoy, a cargo del Curso de Ilustración Botánica UC.

Publicado en RHUV Nº25

Gabriel Ebensperger: “Lo único que podía hacer para salvarme era este libro”

Gabriel Ebensperger tiene 33 años y a los 32 ya era bien conocido por su obra Gay Gigante, que surge en pleno panorama literario en el que las novelas gráficas constituyen una nueva fuerza. Es una autobiografía que aborda todos los miedos que puede sentir un niño, adolescente y adulto que se reconoce gay, en los años 90 en Chile. Nos ha ilustrado la portada de este número, como fiel reflejo del joven que lucha por lo que quiere, con temor a un mundo que le resulta adverso, pero que sigue hacia delante. Un alma joven en potencia que, a través, de los libros puede buscar y encontrar su identidad, cualquiera que esta sea.

Por Carlos Reyes, guionista de historietas y miembro fundador de ergocomics.cl

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Ilustraciones de Gabriel Ebensperger

La novela gráfica Gay Gigante (editorial Catalonia) se ha convertido en una de las historietas más importantes de 2015. Su autor, Gabriel Ebensperger, ha convertido sus miedos en páginas de historieta autobiográfica que ha encontrado lectores que han sintonizado perfectamente con este relato. ¿Por qué? Porque se conectan con alguien que recorre una desesperada (y alegre) búsqueda de la propia identidad. Se trata de una historieta que abre nuevos caminos temáticos para el arte del cómic en nuestro país y se planta con desenfado y mucho humor frente a la discriminación y los numerosos prejuicios que la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) chilena aún debe enfrentar. Gay Gigante es una historia privada que justamente por su cualidad particular se vuelve colectiva, porque de miedos y temores está hecho el tortuoso camino del autodescubrimiento de todos nosotros, más allá de nuestra sexualidad y más acá de la diversidad que nos hace verdaderamente humanos.

La bajada de Gay Gigante es “Una historia sobre el miedo”. ¿Te paralizó alguna vez ese miedo?
El libro habla sobre un tipo de miedo a no poder pasar desapercibido, a no poder esconderte de ser visto (valga la redundancia). Al crecer no me di cuenta de todo el daño que ese miedo me había hecho, porque para mí de a poco se fue convirtiendo en parte de mi vida cotidiana, un modo en que me sentía a menudo. Pero ahora que puedo recordar y reflexionar con más distancia, con más vivencias en el cuerpo y algo de madurez, me puedo dar cuenta de que sí me paralizó bastante. Cuando tienes miedo, no puedes vivir el presente, porque estás temiendo cosas que -según tú- podrían pasarte. Estás gastándote mentalmente, emocionalmente y espiritualmente en cosas que no existen. Y llega un punto en que vives en una dimensión paralela, ahí vives paralizado. Ese miedo no me dejó disfrutar grandes aspectos de una vida muy linda que me tocó tener. Vuelvo a todos esos recuerdos y pienso “pucha, fue todo tan lindo, tan bacán, podría haber sido tan feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

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Tu novela gráfica está llena de humor, pero en ocasiones lo que cuentas no es nada gracioso como en la página 73, en la que, desnudo frente al espejo del baño, dices: “Esta faz es un disfraz”… ¿Fue la realización de este libro una especie de terapia, de lanzarlo todo afuera? ¿Cómo lo encaraste?
-Como a mucha gente le debe pasar, este libro sucedió en el momento en que tuvo que pasar. Y no se creó en circunstancias muy normales que digamos, tampoco. Hacía un par de años que el proyecto estaba lentamente armándose, pero cuando tomé la decisión de dedicarme al 100% a él hasta terminarlo por completo, la situación en la que estaba era delicada. Estaba en un trabajo que había querido tener siempre, pero que se había tornado intolerable. Mi salud, física, emocional y mental, estaba comprometida. Lo bueno de este tipo de momentos en la vida es que tomar decisiones grandes se vuelve fácil cuando ya no tienes más alternativas. Lo único que podía hacer, que no era dañino para mí en ese momento, era este libro. Renunciar a ese trabajo y alejarme de ese ambiente violento, dejar Santiago y volver a vivir en Viña. Regenerarme. Terminar el libro. En ese sentido, hacerlo fue un salvavidas. Un tiempo después de todo ese proceso, me doy cuenta de que sí fue una terapia, sin duda. La forma que tomó fue, además, súper inesperada para mí y tuvo todo que ver con los eventos que gatillaron la decisión de dedicarme a esto.

“Mi infancia fue tan linda, tan bacán, que podría haber sido feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

Hay dos ideas que desde el título persisten página a página y son, primero, la de un gay gigante que no se puede esconder y, segundo, la de la dicotomía normal/anormal. ¿Es así?
-El libro como objeto es un libro fucsia diseñado para que el lector sea observado. En ese sentido, es un artefacto para que el lector se sienta extraño. Parte de una otredad. Parte de “los otros”. Y ha dado resultado. Me ha escrito gente hetero contándome cómo los miran en el metro, en un parque, en un café. No solo la historia es un ejercicio de empatía.

¿Pensaste de verdad alguna vez que ocultarte, fingir ante los demás era la solución?
-Mira, nunca fue una operación consciente. Tampoco fingí ni mentí, simplemente no decía lo que me estaba pasando. Tuve un par de pololas en el colegio, por ejemplo. Eso podría interpretarse como fingir, pero también es parte de las vivencias de la edad. De ir conociendo la sexualidad de uno. Yo no tenía cómo conocer a otros gays y tampoco tenía la certeza ni la seguridad de que yo fuera uno de ellos, realmente, (a pesar de que me encantaran mis amigos “minos”). Yo solo estaba viviendo a medida que pasaban las cosas, lo mejor que podía. Por suerte, no llegué al punto de cumplir 30, casarme con una “mina”, al año siguiente separarme y salir del clóset. Eso es más complejo, pero tampoco es llegar y juzgar a la gente de mentirosos. Las circunstancias son todas complejas, y cada uno está siempre haciendo lo mejor que puede hacer en el momento. Nadie está tratando de hacerle un mal al otro. Si a los 14 años yo hubiera tenido la información, claridad, seguridad y madurez para aceptar mi sexualidad y ser transparente con mis amigos, compañeros de colegio y mi familia, habría sido súper complejo, no me lo puedo imaginar. Por ejemplo, año 1998. La gente era harto más “monga” en ese entonces. El mundo era harto más “heteronormado” hace 18 años. A veces pienso que me habría encantado iniciar mi maduración antes, pero quizás es verdad eso de que todo pasa en su momento, pero uno no lo sabe.

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Gráficamente arremetiste con un cliché consciente: un libro rosa que además tiene una doble portada. ¿Una broma sobre el temor o la hipocresía?
-La doble portada es una broma sobre el temor, la hipocresía y un sarcasmo apuntado a todas las instituciones y grupos con trasfondos religiosos y moralistas que creen ser superiores a los demás y tienen el descaro de estar siempre interviniendo en asuntos que afectan a una población que es diversa. Irónicamente, no te imaginas a la cantidad de personas a las que les podría haber resultado útil el uso de la portada falsa. Te digo esto porque no han sido pocos quienes me han contado cómo en la calle los han increpado por el libro. A una niña que lo estaba leyendo en un parque, una vieja le gritó “¡cochina!”. A un amigo que lo estaba leyendo en un café, una señora con niños le preguntó si encontraba apropiado estar leyendo algo así en un lugar con niños presentes.

¡Qué horrible!… Otra cosa que llama la atención es la frescura y soltura de los diálogos. ¿Es algo que se te da fácil o es fruto de mucha escritura y corrección?
-Muchas gracias, que buen piropo. Parece que es algo que se me da, porque el libro no se editó ni corrigió casi nada. Fue todo prácticamente de corrido, sobre la marcha. Me guío de oído, siento, por cómo va sonando y si se entiende, va bien.

Gay Gigante no es un libro militante de la lucha del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) ni de la Fundación Iguales, que son los grupos más conocidos por la ciudadanía. ¿Cómo te sitúas respecto a esas organizaciones?
-Yo me considero un activista. Este libro es parte de ese activismo y espero poder contribuir más en el futuro a que más personas recobren la capacidad de ponerse en los zapatos de otro, y en consecuencia vayan modificando su modo de ver y sentir las cosas. No es un proceso que suceda de la noche a la mañana. Esta lucha es una lucha sentimental y lo que yo estoy tratando de generar, ofreciendo mi historia, es empatía.

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Un momento memorable en la historieta es cuando nos muestras tus tempranas preferencias por el mundo de las muñecas Barbie, el agente Cobra o las Jem.
-Fueron tiempos y momentos súper importantes de mi vida, así que no podían no existir para poder conocer al gay gigante. También hubo que filtrar y poner lo que más me sirviera resaltar. Pero creo que habrán instancias nuevas para otros asuntos memorables que se perdieron y que podrían surgir en el segundo libro.

Otra confesión notable es la de tu primera masturbación con Fox Mulder. ¿Por qué la autobiografía se acerca tanto a una intimidad que para algunos puede ser casi intimidante?
-Tiene que ver con algo que te dije anteriormente. Este libro lo hice en un momento en el que sentía que se había “terminado todo”. Podía hacer lo que quisiera y tenía un impulso de estar haciendo algo que podía ser lo ultimo que hiciera. Como si me fuera a morir. Súper dramático, pero me ayudó un montón. En un sentido, sí me estaba muriendo y lo hice. Haciendo
el libro me acordaba constantemente de una película animada de Garfield, que vi un par de veces cuando era bien chico, con mis hermanos. Garfield in Paradise se llamaba. En ella John Bonachón, Oddie y Garfield viajan de vacaciones a una isla símil a Hawaii. John, siempre medio cagón, termina en un hotel/motel bien malo que no tiene ni playa. Arriendan un auto para ir en busca de una y les pasan un Chevrolet Bel Air (esos autos redonditos sesenteros parecidos a un Cadillac). Buscando la playa se meten a una jungla y se encuentran con unos nativos que comienzan a arrodillarse y adorar el auto. ¿Qué pasaba? En los años 50 un “mino” tipo James Dean, en un auto igual a ese, había salvado al pueblo nativo del volcán en erupción, sacrificándose a sí mismo al tirarse con auto y todo al volcán. Obvio, el volcán se vuelve activo de nuevo, la princesa del pueblo nativo trata de ofrecerse y el volcán la rechaza, y Garfield decide tirar el auto arrendado al volcán y salva a todos. Fin. Me acordaba de todo eso y sentía que existía un volcán en erupción que me iba a matar. Y que lo único que podía hacer para salvarme era crear este libro y tenía que ser completamente honesto o todo este esfuerzo no serviría de nada. Tenía que ofrecerle mi vida y hacerlo en serio. Así lo hice.

Gay Gigante está lleno de referencias a la cultura pop: cine, televisión, música…
-A medida que crecía no me acompañó tanto la lectura, pero sí todo lo audiovisual. Es divertido como todas las cosas que te van deslumbrando en distintos momentos de tu vida, se van anudando con otras cosas de ella, desde olores hasta tu propia sexualidad y, después de más de 20 años, todo eso son botones que existen y se presionan constantemente. Todo lo que vemos, escuchamos y absorbemos porque nos ha dado curiosidad o hecho felices, es uno.

En el libro, los textos son muy importantes, ocupando los grafismos un espacio a página completa. ¿Los ves también como dibujos, como elementos de diseño?
Así es. Por eso no quise usar una tipografía dentro del libro. Siempre quise escribir todo manualmente. Quise, además, crear dos instancias narrativas. Por un lado, las páginas completas de texto grande, que construyen la narración central del libro o la voz en off. Por otra, las viñetas (que pueden ser dibujos
con anotaciones o segmentos con estructura de historieta) que actúan como ventanas en que la historia puede profundizar en algo que es nombrado. Esas dos jerarquías me dieron la capacidad de modular la cadencia de la historia.

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Ahora que lo dices, sí es cierto, todo se lee perfectamente sin necesidad de comprender esa sutileza narrativa. ¿Sientes que a la historieta chilena, le hace falta hablar de nuevos temas como este? ¿Es necesario abrir más las puertas de lo temático?
-Sé que hay bastante diversidad, pero no soy un gran consumidor de ella. De hecho, para serte muy franco, no soy un gran consumidor de historietas o novelas gráficas. Sí tengo un par de preferidas, pero no miro mucho. Veo todas las películas que existen. De ahí y de la música me nutro. Aún así es bueno que la diversidad se amplíe. También creo que las cosas pasan cuando tienen que pasar, y que cuando se fuerzan, se nota. Hay que abrirle las puertas a lo diverso en el más amplio sentido de la palabra.

¿Estás sorprendido con el éxito del libro o lo esperabas? ¿Qué te ha conectado con tus lectores?
Sí y no. Estuve aislado en el año que tomó terminarlo y lo terminé bastante encima de su lanzamiento. En realidad no tuve mucho tiempo ni instancias para imaginar lo que pasaría después. Solo pensaba “tengo que terminar, tengo que terminar, tengo que lograr terminar esto y que me guste”. No paré hasta que así fue. Al final, hubo meses en que de lunes a domingo, las jornadas de trabajo duraban 16 horas (pareciera que cuando se dibuja, el tiempo muta, es en cámara lenta y usas tooodo el día). Tuve un par de momentos de vértigo gracias a unos “pitos” atómicos que llegaron a mis manos en alguna fiesta, y me puse a pensar en el juicio de mis pares por el tremendo acto de autorreferencia, que estaba por cometer. Me doy cuenta de que el libro es un éxito sólo a veces; no es algo en lo que piense todo el rato. Es un alivio no haberme equivocado. Y también es un tremendo alivio para mí haber creado algo, por primera vez, que no me sirve sólo a mí, sino que le servirá a muchos. Es como tener la conciencia tranquila. Siento que estoy sólo comenzando. Lo que ha facilitado la conexión con los lectores es la transparencia. Cuando los lectores están dentro del libro y se dan cuenta de que hay una historia genuina, vulnerable y que no disimula nada, se baja una barrera, hay empatía. Esta historia no es tan distinta a cualquier otra. Ya perdió el miedo. Ahí se encuentra una compañía para ese niño que en algún aspecto, también fue o es.

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Gabriel Ebensperger

Nació el 16 de junio de 1983, en Viña del Mar. Desde pequeño se dedicó al dibujo, la pintura y la fotografía. Estudió Diseño Gráfico en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Publicado en RHUV Nº24

Vicente Reinamontes: “La ilustración y la gráfica chilena abren nuevas maneras de ver la historia”

Su verdadero nombre es Vicente Reyes Montealegre y es diseñador de narrativas visuales y proyectos creativos. Codirige la editorial Pupa Press y piensa en el diseño como una herramienta para promover el desarrollo individual, social y cultural. Sus ilustraciones de Al sur de la Alameda han dado la vuelta al mundo con una grandísima acogida y un también gran abanico de reconocimientos nacionales e internacionales para la obra escrita por Lola Larra. Ahora ilustra la portada de este número de nuestra revista, transmitiendo en lenguaje gráfico un viaje por los diferentes formatos de la lectura con los que contamos hoy en día.

Por Claudio Aguilera

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Ilustraciones de Vicente Reinamontes

Imagina el aterrizaje de un ovni en el jardín de tu casa. Ahora cambia el platillo volador por un libro y la improvisada pista por una librería. Más o menos así se sintió la llegada de Al sur de la Alameda, la novela escrita por Lola Larra, ilustrada por Vicente Reinamontes y publicada por Ekaré Sur, en 2014.
Nos detenemos en su portada. Y en el ilustrador. La primera, de alto contraste, con una buena dosis de pop y otro tanto de experimentación. Su cuidado diseño e impresión, que en la primera edición incluía un troquelado y otros detalles que hicieron brillar los ojos de los cazadores de libros bellos. El segundo, tenía que reflejar una historia cautivadora ambientada en el Chile reciente que funcionaba como testimonio de una época, relato de iniciación y crónica de un movimiento social, dirigida a un público juvenil pero imposible de etiquetar. Imágenes de un estilo y una oscuridad poco habitual en las estanterías nacionales, y bastante diferentes a todo lo que habíamos visto en la editorial que lo publicaba, que iban y venían con total libertad entre la ilustración y la historieta, dando como resultado un mestizaje difícil de clasificar.
Todo hacía de este libro un objeto singular, refrescante y lleno de sutiles complejidades. Por eso, su presencia en el planeta LIJ (literatura infantil y juvenil), poco acostumbrado a los sobresaltos, no pasó indiferente. En Chile y el mundo comenzó a hablarse de una obra que recogía hechos locales con un lenguaje universal; que no necesitaba de magos, vampiros, hombres lobo ni universos de fantasía post apocalíptica para atraer a los jóvenes lectores. Y los premios y reconocimientos no tardaron en llegar, incluidos todos, absolutamente todos, los galardones destinados a distinguir al libro ilustrado y a la literatura infantil y juvenil chilena.

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“Llegué a preguntarme si era normal que un libro recibiera tantos premios”, reconoce Reinamontes al momento de evaluar este intenso período. “Entré al proyecto con una ingenuidad tremenda. Me gustaba la propuesta, estaba muy alineada con lo que quería hacer, y me concentré en que el libro quedara bien. Nunca proyecté el impacto o recepción que iba a tener. Por eso, todo ha sido una enorme sorpresa”.

A pesar del sorpresivo, y sorprendente, resultado, el ilustrador Vicente Reinamontes parecía estar destinado a integrar el equipo de Al sur de la Alameda.
Él había vivido esos meses fervorosos, con sus alegrías y contradicciones. “Cuando leí el texto, me sentí muy identificado con el protagonista, porque yo iba a un colegio privado donde nadie tenía idea de lo que estaba pasando. Así que, con algunos compañeros, nos organizamos e hicimos fanzines y afiches, y tratamos de generar debate para hablar del tema. Pero sobre todo fue una época importante a nivel personal, porque ya estaba totalmente fuera del clóset y estaba dando microluchas en varios frentes. Entonces esa revolución interna tenía una relación con lo que estaba pasando afuera, algo que también le sucede a los personajes del libro”.

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Tras aquellas primeras incursiones en el mundo de la autopublicación, durante sus estudios de diseño siguió uniendo activismo y gráfica y abriendo un campo de trabajo que aún explora a través de su editorial Pupa Press. “Cuando me contactaron de Ekaré Sur estaba terminando mi proyecto de título, que realicé con organizaciones vinculadas a la diversidad sexual. Me interesaba usar el fanzine, la ilustración y el diseño como herramienta de expresión, pero jamás pensé que podría hacer un libro en esa línea”, comenta.

-Siempre la ilustración y la gráfica han estado vinculadas a los movimientos sociales. ¿Crees que libros como Al sur de la Alameda, Los años de Allende y Lota 1960 están retomando ese antiguo rol?

-Sí, me gusta lo que está pasando con la ilustración y la narración gráfica porque están abriendo nuevos imaginarios y nuevas maneras de visualizar la historia de nuestro país. Y eso es porque permite desarrollar una sensibilidad especial para aproximarse a los temas sociales. Además, genera un vínculo con los hechos en diversos niveles, más allá del contenido, incluyendo sensaciones, colores y maneras de leer la imagen. ¡Qué distinto va a ser para un joven enterarse del movimiento estudiantil a través de una novela ilustrada en vez de a través de un par de capítulos de un texto de historia!

“Me interesaban el fanzine, la ilustración y el diseño como formas de expresión”

-Libros como los que hemos mencionado dejan en claro que la ilustración no es solo para niños.

-Me da risa cuando se dice que la ilustración es solo para niños porque todo lo que veo en Internet y muchos de los libros que están llegando a las librerías están dirigidos a adultos. Las obras Gay gigante, de Gabriel Ebensperger, y Diario de un solo, de Catalina Bu, son dos ejemplos de estas nuevas publicaciones que se atreven a jugar y a romper con las preconcepciones en torno a la ilustración y que muestran que los adultos están dialogando y disfrutando de los libros ilustrados. Algo que también debe motivar a los ilustradores a exigirse más, correr riesgos y atreverse a hacer proyectos que los diferencien del resto.

-¿Crees que ha habido también un cambio en el mundo del libro infantil y juvenil chileno?

-Claro, un libro como Los años de Allende no podría haber salido hace 10 años, y eso que estamos hablando del 2006. Ojalá que las editoriales sigan tomando riesgos. Y se atrevan a dar el siguiente paso y a no solo mirar a nuestro país, sino abrirse al mundo, incorporar otros imaginarios, aprender a mirar el mundo desde Chile.

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Valía la pena un libro como este

A pocos meses de instalarse en Londres, el mundo está a la vuelta de la esquina para Vicente Reinamontes. Elegida en 2014 como la mejor novela juvenil por el suplemento Babelia, del diario español El País, parte del prestigioso catálogo White Ravens que realiza año tras año la International Youth Library de Alemania, Premio 2015 de la Fundación Cuatrogatos, con sede en Estados Unidos, Al sur de la Alameda es una inmejorable carta de presentación internacional.
Pero su trascendencia es una más de las sorpresas que le ha dado el libro. “Siempre pensamos que era demasiado local. Pero ha coincidido con una serie de movimientos sociales en distintas partes del mundo, lo que le ha dado contingencia. Pero sobre todo es un libro que se concentra en las experiencias humanas. No se queda en la politiquería. Es sobre los cambios personales y nadie queda indiferente a eso”.

“Ojalá que las editoriales sigan tomando riesgos, den el siguiente paso y se abran al mundo”

Fue en México donde Vicente Reinamontes dimensionó el real impacto de la publicación. Y donde también recibió el reconocimiento más importante de todos los alcanzados hasta ahora. Invitado a participar en una serie de actividades en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara, tuvo la oportunidad de escuchar a jóvenes, profesores y estudiantes que habían leído el libro. “Una mujer joven se puso a hablar y en un momento mostró una de las ilustraciones. Comenzó a llorar. Estaban conmocionados porque la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa sigue siendo una herida abierta para ellos y la novela los tocaba a un nivel muy profundo. Ahí entendí el propósito y sentido de hacer un libro como este”.

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-¿Te preocupa que tu siguiente libro logre la misma repercusión que ‘Al sur de la Alameda’?

(Silencio) No, no tanto. Trato de ser lo más humilde y modesto que puedo con el tema de los reconocimientos. Los valoro, pero me quedo con la ingenuidad con que entré al proyecto y las satisfacciones que he obtenido hasta ahora. De lo contrario, sería un poco frustrante. Lo que sí me interesa es que el siguiente libro me enganche de la misma manera y con la misma fuerza que Al sur de la Alameda.

“Me gustó la propuesta de Al sur de la Alameda, pero nunca pensé el impacto que alcanzaría”

Para Vicente Reinamontes ese compromiso es el sello de su obra. Lo que le da coherencia sin importar si es editor, ilustrador o diseñador, si hace un fanzine intimista, una ilustración para una revista, un afiche por una causa social o un libro premiado mundialmente. Sin importar si cambia de estilo, de paleta o de país. Sin que importen los aplausos ni las medallas.

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Vicente Reinamontes

Nació en Santiago, estudió diseño en la Universidad Católica, y fue pasante en el taller del renombrado artista chileno, Sebastián Errázuriz, en Nueva York.

Publicado en RHUV Nº23

Benjamin Lacombe: “Los niños son muy sensibles a las metáforas”

Cientos de personas disputándose un lugar para verlo de cerca, pedirle un autógrafo o recibir una ilustración largamente soñada… Benjamin Lacombe definitivamente causó revuelo en su visita a Chile, organizada por Edelvives y Contrapunto. En medio de su apretada agenda, el francés conversó sobre arte e ilustración con la Revista HUV.

Por Bernardita Cruz M. y María José González C.

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Fotografías de Camilo Mendoza T.
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Tras una exitosa visita a Argentina, caracterizada por largas filas de fanáticos y auditorios repletos, el autor e ilustrador Benjamin Lacombe llegó en mayo a Santiago con un programa de actividades que incluyó firmas de libros y diversos encuentros con el público local. Al igual que lo sucedido al otro lado de la cordillera, el hombre detrás de los inolvidables Melodía en la ciudad, Los Amantes Mariposa, Ondina, El Herbario de las Hadas, Blancanieves, Cuentos Macabros y tantos otros éxitos literarios, fue altamente requerido por su fanaticada local.

Una de esas actividades fue una charla abierta en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP, donde Mónica Bombal, coordinadora de Lee Chile Lee desde el Mineduc, presentó apasionadamente al autor francés: “Lacombe es un artista curioso. En su prolífera obra ha incursionado en distintos géneros, técnicas y formatos creando un espectro de atmósferas que hacen difícil clasificarlo dentro de un estilo determinado. Vemos sus diseños en pañuelos, en carteras y en joyas. Reconocemos cómo otros artistas se inspiran en sus personajes de rostros pálidos, enormes ojos y labios rojísimos, y realizan muñecas y esculturas (…) Nos maravillamos con su reinterpretación de los clásicos, con su apuesta por incorporar la música a la lectura (…) Comprobamos cómo juguetea con los distintos formatos cargando de cuerpo, relieve y volumen sus escenas favoritas de relatos clásicos (…) Admiramos cómo se atreve a dar el salto a lo que aún parece una aventura para muchos: el formato digital”.

Muchas más son las palabras que permiten presentar y describir la obra y personalidad de Benjamin Lacombe. En nuestro Especial de Artes Visuales nos deleitamos con su propia voz.

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¿Por qué decidiste presentar en el Cono Sur Nuestra Señora de París y Swinging Christmas, dos libros con referentes tan ajenos a Latinoamérica?

No vine específicamente a presentar esos libros. Vine a encontrarme con mi público y los libros que acaban de salir son esos. Pero es interesante la coincidencia porque ¿qué hay más francés que Notre Dame? Me parece atractivo presentar estos dos libros acá; sería una lástima que como parisino viniera a hablarles de Don Quijote. La riqueza de contar con importaciones de literatura extranjera está justamente en los aportes que se pueden traer de esa otra cultura.

En todos los lugares donde vas recibes mucho cariño de tus seguidores. ¿Cómo lo tomas?

Para mí fue especialmente emocionante la semana pasada en Argentina. Era la primera vez que visitaba ese país y fue extremadamente conmovedor encontrarme con el público, hablar un poco, compartir experiencias, sentir su cariño… ¡Me dieron montones de regalos!

Uno tiene cierto miedo de no estar a la altura de sus expectativas. Traté de dar lo máximo de mí, hablar con todo el mundo, hacer dibujos para todos. Pero da un poco de susto: hay personas que llegan temblando o llorando, y uno trata de consolarlos, de decirles: “Aquí estoy, ¡tranquilo!”.

Tienes 32 años y eres un ilustrador muy reconocido internacionalmente. ¿Cómo llevas eso?

El reconocimiento es una noción relativa: soy conocido en algunos medios y países, pero hay mucho que despejar todavía. Sobre todo porque tengo un estilo particular de álbumes y libros y hay ciertos mercados que son reticentes al tipo de libros que yo hago, que esperan de la LIJ una propuesta más simple, colorida y alegre.

Lo que a mí me gusta es contar historias, desarrollar mi propio universo, expresarme de distintas maneras. Recientemente diseñé vitrinas, hice objetos, estoy trabajando en dos películas de animación, he hecho literatura ilustrada para adultos, acabo de terminar un cómic… Lo que me interesa es no hacer dos veces el mismo proyecto. Para que los lectores sientan que están en un descubrimiento permanente yo mismo debo estar descubriendo cosas nuevas, asumiendo riesgos y no haciendo solo lo que me resulta más cómodo.

Has dicho que estás a favor de dar “complejidad” a los libros para niños. ¿Cómo entiendes esa complejidad?

No necesariamente hay una voluntad de hacer más complejos los libros para niños, sino que no quiero rebajar el nivel de lo que trato de comunicar porque esté dirigido a ellos. Vale decir, contar de una manera muy simple, darle un final positivo, poner detalles tiernos o entregar una moraleja. Creo que los niños son capaces de comprender mucho más de lo que los papás creen que pueden.
He hecho libros sobre temas considerados tabú, como La niña silencio. Uno no le entrega a un niño cuando se va a la cama una historia sobre una pequeña maltratada, pero es un libro importante: cuando he visitado escuelas, veo que conmueve a los niños, los hace reflexionar.

Debe haber libros para el puro disfrute. Yo no pretendo hacer solo libros difíciles y pesados, pero me gustaría que se dijera de mis libros que permitieron un momento de poesía que ayuda a evadirse, y también que nos hicieron reflexionar.

¿De qué manera desafías a los niños?

Mi idea de búsqueda está en el objeto libro. En el 2007 fui uno de los primeros en utilizar la técnica de recorte láser. Fue en el inicio de Los Amantes Mariposa: hice la puerta interior de un jardín japonés, la misma que lleva al corazón de la casa y que coincide con el camino que recorre el personaje. Trato siempre que el fondo y la forma estén estrechamente ligados. A veces me dicen: “Eso es muy frágil para los niños” o “no es adecuado para ellos”, pero yo creo que hay que traer cosas nuevas, papeles novedosos, formatos diferentes. En Ondina usé un sistema de transparencias que hacen pensar en algo confuso. Hay un momento en que, a nivel narrativo, se levantan los calcos y uno tiene una impresión de evanescencia muy sutil. Los niños son muy sensibles a las metáforas.

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Ilustración de Ondina, escrito e ilustrado por Lacombe (Edelvives, 2012).

 

En una entrevista dijiste que era difícil educar a los adultos para que leyeran libros ilustrados. ¿Sientes que eso ha cambiado?

No sé cómo son las cosas aquí, pero en Francia, España, Alemania e Italia, en el siglo pasado, se estimó que la literatura ilustrada y los dibujos animados eran exclusivamente para los niños. Sin embargo, en el siglo XIX, e incluso antes, existía una tradición de libros ilustrados y de animaciones destinadas a los adultos. Recordé ese punto porque la literatura ilustrada conlleva otro tipo de lectura. No hay que considerar la ilustración como una simple decoración. La ilustración, incluso en su sentido etimológico, significa iluminar un texto. Una buena ilustración conduce la lectura hacia otra parte, hacia otra narración, y pienso que se pueden crear obras para adultos en ese sentido también.

¿Crees que actualmente los adultos están más abiertos a los libros ilustrados?

Eso me parece, aunque no me gustan las delimitaciones que se hacen entre literatura adulta y LIJ. Pienso que un buen libro puede leerse en distintos momentos de la vida. También hay libros, como los que ilustré de Allan Poe o de Victor Hugo, que exigen una edad mínima para poder acceder a ellos, pero no creo que haya una edad límite para acercarse a un libro.

¿Qué rol cumplen las editoriales en esta separación pragmática de la literatura infantil, juvenil y adulta?

No creo que sea un deseo de las editoriales crear esos límites. Se crean por muchas razones: eficacia comercial, búsqueda de un nicho de cierta edad, autores que tienen casos particulares. También hay un tema con las librerías, y ese fue el problema fundamental cuando publicamos los Cuentos Macabros de Poe. En Francia era el primer libro ilustrado para adultos que se publicaba en mucho tiempo, y no tenía lugar en las librerías: no podían ponerlo en novelas estándar por su formato, ni en cómic, ni en literatura juvenil. Les costó mucho definirlo y finalmente cada librería usó su propio criterio. Ahora, en las grandes librerías, se creó una sección de libro ilustrado mucho más abierta, ligada al cómic, a la novela gráfica.

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De Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe, ilustrados por Lacombe (Edelvives, 2011).

 

¿Para ti, qué es el oficio de ilustrar?

Ser un buen ilustrador para mí es ir más allá de seguir un texto al pie de la letra y aumentarlo. No hay nunca que parafrasear un texto; hay que conducirlo en otra dirección. Dar luz a ciertos elementos, y necesariamente aportar la propia voz. En mi caso, no me considero solamente ilustrador sino autor: de mis 25 libros he escrito el texto de 18. Para mí es un trabajo de autor pues trato de desarrollar un universo propio, de generar emociones con las imágenes, el texto y el objeto libro.

¿Te consideras un artista integral?

Ocurre lo mismo que cuando le ponen una etiqueta a un libro. Cuando uno es un artista, uno necesita expresarse, y las etiquetas las ponen los otros. Yo tengo la posibilidad de hacer distintas cosas, y tomo esa oportunidad aunque el objeto de mi predilección sean los libros. Un creativo tiene, como su nombre lo indica, la idea permanente de crear distintas cosas.

Para terminar, ¿cómo es tu relación con los niños?

No tengo hijos propios, pero tengo sobrinos y sobrinas con edades muy variadas entre 8 meses y 15 años. También voy a los colegios y converso con los chicos. Es un público que no duda en decir lo que piensa. Me gusta mucho eso: me reconforta saber que mis decisiones son correctas. Veo cientos de niños por año que me dan una opinión directa y me confirman lo que son capaces de comprender.

Cuando comencé, me decían que lo que yo hacía no era para niños, que era muy complicado, que tenía que hacerlo de otra manera. El problema es que hay ideas preconcebidas y yo verifico que no son ciertas: los niños comprenden mucho más de lo que suponemos y no les gusta que uno “les sobe el lomo”, que los infantilice, que no los considere personas sino medias personas.

Conoce la obra de Benjamin Lacombe

© Benjamin Lacombe / ed Soleil / Metamorphose

www.benjaminlacombe.com

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Libros

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Cuentos silenciosos
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Textos: Antonio Rodríguez Almodóvar
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426377203

 

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Los Amantes Mariposa
Autor e Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2008
ISBN: 9788426367976

 

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Melodía en la ciudad
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426376978

 

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Genealogía de una bruja
Autor: Sébastien Perez
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2009
ISBN: 9788426372475

 

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Blancanieves
Autores: Jacob y Wilhelm Grimm
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2011
ISBN: 9788426381484

 

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Nuestra Señora de París II
Autor: Victor Hugo
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2013
ISBN: 9788426390912

Alejandra Acosta: “Los estilos son imitables, la mirada propia no”

Con una visualidad potente y personal, Alejandra Acosta ha construido un imaginario sorprendente. Tras la calurosa recepción de Del Enebro y mientras trabaja en nuevos proyectos para España, México, Argentina y Chile, conversó con Claudio Aguilera sobre su trayectoria y su obra.

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería

Alejandra Acosta
Fotografía de Juan Francisco Lizama

Un antiguo libro infantil. Una fotografía deslavada. Una cajita repleta de figurines minúsculos. Un adorno de bronce. Un viejo peluche de los años 80. Alejandra Acosta busca secretos tesoros en un mercado persa. Se detiene y mira con atención. Observa cada uno de sus hallazgos, tanteando trazos de su origen, inventando para aquellos pedacitos huérfanos de pasado una historia, un futuro dentro de sus obras.

“Al igual que los surrealistas, creo en el azar. Pero también creo en que hay que salir a su encuentro”, dice mientras, encarnada en algún personaje sacado de Nadja, la novela de André Breton, sigue caminando sin rumbo, pero alerta a su próximo descubrimiento. Porque aun en medio del caos de antigüedades, trastos y mercaderías dudosas, ella se mueve con seguridad y con la certeza de que, tarde o temprano, encontrará la imagen precisa para completar su próximo collage.

Tal vez siempre ha sido así para esta diseñadora e ilustradora. Responsable de uno de los libros más hermosos, terribles y conmovedores de los últimos años, Del Enebro, publicado por los españoles Jekyll & Jill, y de dar forma a la inquietante prosa de María Luisa Bombal en El Árbol (Pehuén Ediciones), ha ido construyendo una obra cada día más personal sin dejar de lado el juego ni la búsqueda de nuevas posibilidades gráficas.

El trabajo de Alejandra Acosta es como un animal invisible y sigiloso del que solo podemos ver sus huellas”, ha resumido el poeta y artista visual español Alfonso Brezmes. “Combinando el collage y el dibujo en una alianza letal cuyo resultado podría resumirse en una palabra: escalofrío”, agrega.

Ciertamente, ya sea en un afiche para un seminario sobre fomento lector, una ilustración de prensa, una portada que se publicará en México, o en algunos de sus libros para niños, ella va dejando rastros de su forma de mirar el mundo, de su relación con los textos y con el oficio de ilustrar.

 

Buscar

Como toda historia, esta historia comienza con un “había una vez”. Había una vez una niña tímida que repletaba sus cuadernos de dibujos y se perdía en viajes interminables a través de las historias ilustradas de Las mil y una noches que su abuela le pedía leer en voz alta.

Con los años, ese gusto por la imagen quedó guardado, pero nunca se esfumó. Después de estudiar diseño, colaboró en diversas revistas hasta que en el 2002 fue nominada al Premio Altazor por su trabajo como directora de arte de la revista [Lat.33]. Fue entonces que decidió dejar su carrera para aventurarse como ilustradora. “Al principio no fue fácil”, recuerda mientras hojea un viejo y anónimo álbum fotográfico. “No conocía a nadie en el mundo de la ilustración, así que comencé a pedirles trabajo a los directores de arte que habían sido mis colegas. Envié portafolios, hice horóscopos, cientos de ilustraciones para textos escolares, hasta que poco a poco me volví ilustradora”.

Más tarde vinieron las portadas para los libros de SM y, en el 2009, dos hechos fundamentales: la publicación en la Colección Barco de Vapor de Pazuca en la duna de Marcela Paz, y la Mención Honorífica en el prestigioso concurso A la orilla del viento, del Fondo de Cultura Económica, con El niño con bigote, escrito por Esteban Cabezas.

 

Sin embargo, en ese momento ya comenzaba a gestarse un nuevo cambio. Tras un taller con el artista visual Mauricio Garrido, las tijeras y el papel cortado se hicieron parte fundamental de su obra. Con el surrealista Max Ernst como figura tutelar, Alejandra Acosta descubrió en el collage una forma de trabajo que expresaba bien su relación con la materia y con la intensidad que deseaba expresar en sus ilustraciones. “Recuerdo que cuando era niña no podía evitar acercarme a las esculturas, y siempre intentaba tocar un pedacito de ropa, un tenedor, lo que fuera, en las casas museo. Quizás buscaba una conexión. Y me doy cuenta de que mi proceso de construcción de un libro está muy ligado a eso. Para mí, la creación de cada ilustración es un ritual, un momento en que te enfrentas al papel y es tu piel la que habla. Nada más”.

 

Recortar

Alejandra Acosta estaba lista para dar el siguiente paso. Pero nuevamente la oportunidad llegó por azar. Recorriendo internet, los editores españoles Jessica Aliaga y Víctor Gomollón descubrieron su trabajo y su afición por las aves, y le encargaron ilustrar uno de los relatos menos conocidos y más descarnados de los recopilados por los hermanos Grimm: Del Enebro.

Publicada bajo el sello Jekyll & Jill, la oscura y sangrienta historia se transformó, en manos de la ilustradora, y con la complicidad de sus editores, en una exquisita pieza de orfebrería que ha recibido reconocimientos a ambos lados del Atlántico y fue elegida el Libro Mejor Editado en Aragón (España) en el 2012.

“Las ilustraciones de este libro”, ha comentado el español Isidro Ferrer, Premio Nacional de Ilustración, “tienen un tono particular, un tono silencioso, misterioso, dulce y aterrador. Un tono que proviene de la renuncia, de un deseo expreso de no demostrar las habilidades del ilustrador sino de adecuar la voz gráfica a la voz de las palabras impresas”.

La publicación marcó un antes y un después en la obra de la ilustradora. No solo porque le permitió dar a conocer su trabajo fuera del país, sino también porque ha significado abordar otros textos, como El Árbol de María Luisa Bombal, una de sus autoras predilectas. Y para Alejandra Acosta, ávida lectora de poesía, admiradora de artistas como Alejandra Pizarnik o Leonora Carrington, el encuentro con la palabra del autor es siempre un desafío y una oportunidad que recibe como un regalo.

“Del texto depende todo”, explica. “Me tomo bastante tiempo para esperar que el libro me dé una pista, y a partir de ese momento me agarro de una sola palabra o una emoción para desarrollar todas las imágenes”.

¿Haces diferencias a la hora de ilustrar para niños o para adultos?

Con los libros enfocados para adultos me comprometo de una forma muy emocional, y creo que eso también está relacionado con el tipo de texto que me suele llegar, algunos muy oscuros y otros tristes. Entonces, cuando me toca trabajar en un libro para niños me permito conectarme más con las sensaciones y con la libertad. Con todos los encargos lo paso muy bien. No podría vivir sin la complejidad de un texto que me obligue a trabajar el triple o que incluso me desgaste, ni sin la alegría que significa ilustrar para niños.
Ensamblar

Madre de dos hijos y profesora universitaria, Alejandra Acosta divide su tiempo entre proyectos para México, España, Argentina y Chile. “Me llegan correos de editores que me dicen: tengo el libro perfecto para ti, incluye mujeres y pájaros”, comenta entre risas acerca de dos de las figuras que se repiten en su obra reciente. “Una vez incluso una colega me escribió pidiéndome disculpas por hacer un libro de pájaros. ¡Yo no soy la ilustradora de los pájaros! Me encantan, pero puede ser que mañana me ponga a dibujar ornitorrincos”.

De hecho, lejos de identificarse con un estilo definido, se da la libertad de jugar y desarrollar una visualidad propia para cada proyecto. “Mi proceso es más bien intuitivo, muy personal, y la técnica depende del estado de ánimo. Así como me gusta disfrazarme, me gusta también probar diferentes lenguajes expresivos”.

¿Crees que el estilo está sobrevalorado?

Completamente. Tener un estilo puede ser bueno, como también puede convertirse en una especie de trampa. Nunca me he fijado en la forma, sino que en el fondo. En lo que quiere decir y comunicar el ilustrador, independiente de la técnica que utilice para hacerlo. Todos los estilos son imitables, pero la mirada propia, no.

El recorrido va llegando a su fin. Es hora de regresar. Algunos de los vendedores comienzan a guardar sus reliquias. Otros se quedan cabizbajos, pensando en el día de mañana y sus oportunidades. Alejandra Acosta se marcha con su pequeño botín de tesoros a contar otras historias, a seguir inventando imágenes, alerta siempre a un nuevo hallazgo fortuito.

 

¿A qué le teme Alejandra Acosta?

Hay una sombra en la obra de Alejandra Acosta. Y tal vez ahí está uno de sus mayores atractivos. Acostumbrados a que la ilustración sea un espacio siempre luminoso y colorido, la autora deja en el lector una sensación inquietante. No se trata de terror sino de algo parecido a la melancolía que en Pazuca en la duna tiene el rostro de la soledad, en El niño con bigote se materializa en la idea de hacerse adulto, en El Árbol es un profundo abismo existencial y en Del Enebro no es otra cosa que el lado más oscuro del ser humano. “Me parece que es absolutamente inconsciente”, explica. “Pero estoy convencida también de que cada obra se compone de pequeños fragmentos de una, y en mi caso, más que hablar de miedo, hablaría de soledad, de un estado permanente de contemplación, que es lo que me identifica. Quizás por esa razón mis personajes siempre se presentan solos, perdidos, o silenciosos”, agrega sin dejar de confesar que, a pesar de ser admiradora de Edgar Allan Poe y de Angela Carter, cuyo libro La cámara sangrienta está ilustrando actualmente, les sigue temiendo a las brujas y a los lugares oscuros, como cuando era niña.

 

Conoce la obra de Alejandra Acosta

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Libros

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Del Enebro
Autores: Jacob Ludwig  y Wilhelm Karl Grimm
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Jeckyll & Jill, 2012
ISBN: 9788493895044

 

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El Árbol
Autora: María Luisa Bombal
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Pehuén, 2012
ISBN: 9789561605732

 

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Pazuca en la duna
Autora: Marcela Paz
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789562646505

 

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El niño con bigote
Autor: Esteban Cabezas
Ilustraciones: Alejandra Acosta
FCE, 2010
ISBN: 9786071602633

 

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Para un ruiseñor
Autora: Maria van Rysselberghe
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Errata Naturae, 2013
ISBN: 9788415217497