Categoría: Nuestro Ilustrador

Mesa de trabajo: Luisa Rivera

 

Radicada en Londres, la ilustradora chilena Luisa Rivera se ha ido consolidando, de forma silenciosa pero sostenida; una obra potente que se mueve sigilosamente entre el misterio y la ensoñación. Con la mujer y la naturaleza como protagonistas, sus imágenes recrean atmósferas cargadas de lirismo en sintonía con el universo de Georgia O’Keffe, y proponen un atrevido y acertado uso del color que se ha transformado en uno de sus sellos más característicos.

Por Claudio Aguilera

Un buen ejemplo de su labor es la reciente, y notable, edición aniversario de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, donde destaca la solidez e intensidad de su propuesta visual.


Portada para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España).

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
No lo sé exactamente, pero recuerdo una experiencia que me marcó de chica. Fue cuando logré dibujar el esqueleto de una estrella por primera vez. Había intentado mil veces antes, y nada, pero un día estaba dibujando otra cosa y sin pensarlo, salió. No sé por qué es especial, pero fue uno de esos momentos de auto-conciencia cuando la vi en el papel.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En mi último año de universidad, cuando publiqué mi primer cuento ilustrado.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Recomendaría El Reino De Los Sueños y La Locura, un documental muy inspirador que muestra el proceso creativo y la historia de Studio Ghibli, sobre todo de Hayao Miyazaki e Isao Takahata, dos de mis directores favoritos.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson. Era muy prolífica, escribía para niños y adultos, pintaba, hacía ilustraciones y cómics. Me encanta su diversidad y su imaginario.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Hago otra cosa, como salir a caminar, cocinar algo rico, o tocar ukelele. Si estoy con una entrega muy encima y no puedo hacer una pausa, intento una estrategia nueva para resolver ese problema creativo.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
He aprendido a ser flexible con los lugares, porque en los últimos años me ha tocado viajar mucho. Por eso, me siento feliz donde sea que estén mis materiales.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Los materiales que necesito tener a mano para trabajar, como pinceles, pinturas y lápices. Además de eso, mi computador y ojalá un café.

¿Hay algo que odies dibujar?
Creo que mientras la manera de ilustrar sea honesta y propia, no hay temáticas ni motivos malos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Me encantan las pinturas a base de agua, como la acuarela, témpera y tintas.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
El camino tiene sentido, y sigue en desarrollo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
A nivel nacional, creo que hay excelentes ilustradores, propuestas, y ganas de hacer cosas. Creo que el siguiente paso es que los medios que encargan ilustraciones se sumen a ese desarrollo, creando mejores condiciones y espacios para proyectos.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, y creo que se da naturalmente, porque los ilustradores somos comunicadores, y vivimos en un contexto determinado, lo cual en sí es social. No es necesario plasmarlo en todo, porque también es bueno estar abierto a las temáticas que proponen los clientes.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Ser consistente, tener metas claras y disfrutar. Es importante saber que esta disciplina demanda mucho tiempo y energía, por lo mismo, es clave la organización y el amor por el oficio.

La Fundación de Macondo. Ilustración interior para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España). Esta ilustración muestra la fundación de Macondo, pueblo ficticio descrito en la novela.


El vínculo. Trabajo personal creado para la exposición Midnight en Light Grey Art Lab (EEUU), la cual trata sobre el imaginario de los sueños.


Isla Humana. Trabajo personal que reflexiona en torno al cuerpo como un espacio de refugio.


Migrar Es Fluir. Trabajo personal que trata sobre el proceso de migración.


Yellow Cricket. Portada para Yellow Cricket, proyecto musical de Lister Rossel (Chile) y Nina Miranda (Inglaterra) que combina música y cuentos sonoros.


Women Who Farm. Ilustración para Women Who Farm (EEUU), proyecto que reconoce a las mujeres como líderes en la agricultura.


Primavera. Ilustración inspirada en la primavera, para Mercado Mastica (Chile)


Los Secretos de La Noche. Ilustración que reflexiona en torno al tema de la noche, para la portada del número 22 de revista La Peste (México).


La Doula. Ilustración para Pollen (EEUU). El artículo cuenta la historia de una doula que ha pasado los últimos 10 años estudiando los desafíos que una mujer puede encontrar durante el parto.


Mesa de trabajo de Luisa Rivera


Luisa Rivera
Artista e ilustradora chilena, radicada en Londres.

Licenciada en Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó un Máster en Artes, especialidad en Ilustración entregado por el Minneapolis College of Art and Design gracias a una beca Fullbright

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.luisarivera.cl y http://wildium.tumblr.com/

Geraldine MacKinnon, ilustradora científica: “Lo bello de la ilustración científica es que, además de información, transmite la esencia del autor”

Pieza clave en el resurgimiento de la ilustración naturalista en Chile, geraldine MacKinnon lleva grabada en su genética la pasión por la naturaleza. Ha ilustrado la portada de este número de la revista Había Una Vez y nos cuenta cómo el dibujo científico debe asumir un rol en la protección de nuestro amenazado medio ambiente.

Por Claudio Aguilera, fundador de Plop! Galería

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Ilustraciones de geraldine Mackinnon

Un artista busca descifrar cada detalle de una caracola o del plumaje de un pájaro exótico. observa. Elige colores. Intenta una y otra vez registrar la infinidad de gamas, texturas y matices que presenta la naturaleza. Entender la estructura del ala de una mariposa. Moldear para siempre los delicados pétalos de una flor. La escena se ha repetido sin grandes variaciones durante siglos. Lápiz en mano, hombres y mujeres han querido capturar el mundo que nos rodea a través de una técnica que exige rigurosidad, concentración e infinita paciencia.
Heredera de una larga tradición que incluye a exploradores, pioneros de las ciencias y artistas viajeros, la chilena geraldine MacKinnon es parte de una nueva generación de ilustradores naturalistas que no solo siguen manteniendo vigente el arte de sus antecesores, sino también demostrando que en un mundo de imágenes de alta resolución, el ojo y la mano humana siguen siendo la mejor herramienta para conocer y proteger a la naturaleza.

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Un largo viaje
Pero tal como lo hicieron naturalistas como Claudio gay, Alexander von Humboldt o Marianne North, ella tuvo que hacer un largo recorrido antes de llegar a su destino. Un viaje que se inició en su infancia cuando pasaba largas horas mirando enciclopedias y los libros de medicina de su papá, la llevó a querer estudiar Arqueología, para terminar Arte y Pedagogía, vivir en Isla de Pascua y perfeccionarse en Escocia, lugar de origen de su bisabuelo.
“Crecí en una parcela de frutales muy linda, llena de árboles de los que se podía comer todo el año. Había conejos, vacas, chanchos, perros, culebras, ratones y pájaros”, recuerda hoy evocando una infancia donde se conjugaron la naturaleza, la lectura, la curiosidad y la creatividad, aspectos que han ido acompañando toda su vida. “gran parte de mi tiempo estaba afuera jugando. Por otro lado, dibujé desde los tres años y aunque nunca entré a talleres especiales de arte, siempre hice cosas por iniciativa propia”, agrega.
Con un imaginario rebosante de historietas, cine y dibujos animados de Disney de los años 40 y 50, su paso por la Escuela de Arte fue bastante distinto de lo que había imaginado y, una vez finalizada la carrera, decidió estudiar pedagogía. Fue entonces cuando su viaje la llevó a Isla de Pascua donde trabajó como fotógrafa arqueológica y profesora de Artes en un liceo local. Fue ahí donde pudo recuperar esa antigua conexión con el paisaje que los años de academia habían hecho peligrar.
De regreso al continente, recibió un encargo que cambiaría su futuro: ilustrar una serie de especies isleñas, tarea que emprendió, como ella misma reconoce, con más voluntad que conocimiento.
“Cuando descubrí la ilustración de naturaleza como una posibilidad de plantearme mi trabajo, se me abrió el mundo. Era una carrera impensada para mí. No sabía que uno pudiera dedicarse a eso en Chile. Ignoraba todo al respecto. Pero me llevaba a mi raíz de niña lectora, dibujante y conectada con las plantas y animales, mis grandes amores. Así que decidí que como fuera, me dedicaría a eso, y empecé a estudiar y a practicar”, dice hoy.

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“Hace años, cuando empecé, éramos un puñado de personas entre los pocos maestros y algunas aprendices; ahora hay muchísima gente con ganas de aprender y trabajar en esto”

La ilustración botánica como carrera
La semilla estaba plantada. Decidió hacer de la ilustración botánica su carrera. Para eso comenzó a perfeccionarse de manera autodidacta, comprar por internet todos los libros que podía y, posteriormente, tomar clases con Francisco ramos, su primer maestro. Más tarde asistió a una pasantía en royal Botanic garden Edinburgh, donde hizo oficial su nueva profesión.
Actualmente, geraldine MacKinnon es una de las ilustradoras naturalistas más solicitadas del país. sus obras se encuentran en colecciones nacionales e internacionales, es miembro activo de la American society of Botanical Artists (AsBA) y es artista en residencia del Museo Nacional de Historia Natural. Además, imparte el Curso de Ilustración Botánica rBgE, en el Instituto de geografía de la Universidad Católica, ideal para todos quienes quieren dedicarse a esta labor, talleres en lugares tan diversos como la Biblioteca Nacional o Chiloé que congregan a un creciente número de estudiantes.
“Hace años cuando inicié este camino, éramos un puñado de personas, entre los pocos maestros y algunas aprendices”, comenta refiriéndose al gran auge que la disciplina experimenta actualmente. “Ahora las cosas han cambiado, hay muchísima gente con ganas de aprender, de trabajar en esto o para tenerlo como un hobby muy serio. somos un país que está recién aprendiendo este oficio, pero estoy segura de que en unos años más seremos muy competitivos a nivel internacional, sobre todo en botánica, que no es tan fuerte en muchos países de Latinoamérica”, reflexiona.

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En una época en la que la tecnología es cada vez más accesible y que permite fotos sofisticadas, parece sorprendente que la ilustración siga siendo la mejor herramienta para capturar la naturaleza. ¿A qué lo atribuyes?
-Pienso que es así porque el dibujo hecho a mano es muy versátil y el artista puede seleccionar qué aspectos del modelo debe enfatizar según el criterio que guía la ilustración. En lo personal, creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano. Porque detrás de la perfección y la técnica impecable hay una persona y eso nunca deja de ser impresionante.

En el trabajo artístico, la autoría y el individuo son fundamentales. En la ilustración naturalista, el ‘yo’ pareciera hacerse a un lado, para dar cuenta del entorno.
-En la ilustración científica también es posible distinguir las manos de los autores. Cada quien tiene un estilo y elige ciertas técnicas, aunque el trabajo sea muy realista.
observar las composiciones ayuda mucho a reconocer a los ilustradores. Pienso que lo bello y atractivo de la ilustración de ciencias es que precisamente, además de la información que transmite, lleva la esencia del autor, el aura benjaminiana, y esto sucede solo por ser hecha a mano.

“El dibujo hecho a mano es muy versátil; creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano”

Uno de los grandes desafíos de un ilustrador científico es, justamente, trabajar con científicos. ¿Cómo ha sido tu experiencia?
-Ha sido un agrado. son personas muy receptivas y respetuosas del trabajo artístico. Valoran mucho la capacidad que tenemos los artistas de llevar un objeto o un texto a una representación visual. Es una dupla muy interesante sobre todo si ambos son abiertos de mente. Lógicamente, existen científicos y artistas más “cuadrados”, pero en mi caso he tenido la suerte de que siempre me han dado el espacio para ser yo, porque cuando científicos quieren trabajar conmigo, es porque les agrada mi forma de representar la naturaleza. Además, se estudia y aprende mucho.
Eso hace que este trabajo sea muy dinámico. Con el tiempo me he transformado en toda una investigadora y estoy aplicando esta nueva habilidad en muchos otros aspectos e inquietudes de mi vida.

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Para ti la ilustración naturalista incluye un compromiso ético y político. ¿Por qué?
-A través de los proyectos en los que elegimos participar, las especies que queremos retratar, las causas que decidimos apoyar, estamos enviando un mensaje hacia los demás. El hombre ha utilizado la imagen como medio de comunicación, educación y adoctrinamiento a lo largo de toda la historia. Hoy la imagen es la gran protagonista en las sociedades con gran acceso a la tecnología. Por ello, los ilustradores de naturaleza tienen un rol en la difusión de las especies y de ideas en torno a ellas.

Incluso has elaborado un manifiesto Post naturalista que invita a replantear la profesión.
-En este momento histórico, aunque seguimos descubriendo especies nuevas todos los días, lo crucial es procurar que lo que conocemos no sea totalmente destruido. Los ilustradores de naturaleza tenemos mucho que aportar en esto y existen muchas formas de hacerlo; solo tenemos que saber inventarlas.

Naturaleza para niños
Consciente del enorme crecimiento que ha tenido la ilustración en Chile durante los últimos años, geraldine MacKinnon valora que se haya “posicionado como una opción de vida válida y respetable. Eso me parece fantástico, sobre todo porque antes, incluso hasta en mis años de estudiante, era considerado un arte menor. Nada más injusto y equivocado”.
Frente a esta nueva oferta de libros ilustrados para niños, reconoce que, ahora que tiene una hija pequeña, está “poco a poco volviendo a mirar libros infantiles y me encanta poder volver a hacer ese camino con ella”.

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Hoy los niños tienen cada vez más acceso a libros informativos sobre naturaleza hechos en Chile, como Animales americanos, de Loreto salinas, o Chile es mar, de Patricio otniel. ¿qué opinas de ellos?
-son libros muy valiosos y hermosos. Un gran aporte y además un estímulo para otros escritores e ilustradores. La generación actual tiene la ventaja de contar con publicaciones adaptadas a sus edades donde se exponen los ecosistemas, flora y fauna de nuestro país. Las teorías de la educación vigente y más actuales, como la Place Based Education (Educación Basada en el Lugar) hablan de la importancia de cultivar el conocimiento y el amor por el lugar donde se vive. Este enfoque educativo plantea que mientras más conocemos y apreciamos nuestro lugar, más lo cuidamos, lo respetamos y nos interesa colaborar con nuestra comunidad. Parece una obviedad, pero estos planteamientos no tienen muchos años y no han llegado con fuerza a nuestro sistema. El que haya publicaciones donde se apunta en esa dirección, es definitivamente un enorme avance.

¿Cuál es tu visión de grandes autores, como Beatrix Potter, que han tenido un rol tan importante en la ilustración científica y en la ilustración para niños?
-Me encanta Beatrix Potter. Ella es un personaje que nos remite a lo más romántico de ser ilustradora de ciencias y autora infantil. Las investigaciones que llevó a cabo con líquenes y hongos le fueron reconocidas (hace no mucho) por la comunidad científica y sus cuentos se leen hasta hoy. Ella es de una generación de mujeres británicas que se volvieron muy importantes, porque fueron de las primeras activistas ecológicas que surgieron.

¿te interesa explorar esa veta?
-He tenido algunas ideas relacionadas con la infancia, pero no es el momento de hacerlo. Estoy iniciando una etapa nueva que aún no se define bien, pero no está directamente conectada con la niñez. sin embargo, jamás digo que nunca haré algo. En mi vida he tenido muchos cambios, nada es definitivo.

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Geraldine Mackinnon

Ilustradora naturalista botánica. Miembro de la American Society of Botanical Artists, trabajó en el Royal Botanic Garden Edinburgh. Hoy, a cargo del Curso de Ilustración Botánica UC.

Publicado en RHUV Nº25

Gabriel Ebensperger: “Lo único que podía hacer para salvarme era este libro”

Gabriel Ebensperger tiene 33 años y a los 32 ya era bien conocido por su obra Gay Gigante, que surge en pleno panorama literario en el que las novelas gráficas constituyen una nueva fuerza. Es una autobiografía que aborda todos los miedos que puede sentir un niño, adolescente y adulto que se reconoce gay, en los años 90 en Chile. Nos ha ilustrado la portada de este número, como fiel reflejo del joven que lucha por lo que quiere, con temor a un mundo que le resulta adverso, pero que sigue hacia delante. Un alma joven en potencia que, a través, de los libros puede buscar y encontrar su identidad, cualquiera que esta sea.

Por Carlos Reyes, guionista de historietas y miembro fundador de ergocomics.cl

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Ilustraciones de Gabriel Ebensperger

La novela gráfica Gay Gigante (editorial Catalonia) se ha convertido en una de las historietas más importantes de 2015. Su autor, Gabriel Ebensperger, ha convertido sus miedos en páginas de historieta autobiográfica que ha encontrado lectores que han sintonizado perfectamente con este relato. ¿Por qué? Porque se conectan con alguien que recorre una desesperada (y alegre) búsqueda de la propia identidad. Se trata de una historieta que abre nuevos caminos temáticos para el arte del cómic en nuestro país y se planta con desenfado y mucho humor frente a la discriminación y los numerosos prejuicios que la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) chilena aún debe enfrentar. Gay Gigante es una historia privada que justamente por su cualidad particular se vuelve colectiva, porque de miedos y temores está hecho el tortuoso camino del autodescubrimiento de todos nosotros, más allá de nuestra sexualidad y más acá de la diversidad que nos hace verdaderamente humanos.

La bajada de Gay Gigante es “Una historia sobre el miedo”. ¿Te paralizó alguna vez ese miedo?
El libro habla sobre un tipo de miedo a no poder pasar desapercibido, a no poder esconderte de ser visto (valga la redundancia). Al crecer no me di cuenta de todo el daño que ese miedo me había hecho, porque para mí de a poco se fue convirtiendo en parte de mi vida cotidiana, un modo en que me sentía a menudo. Pero ahora que puedo recordar y reflexionar con más distancia, con más vivencias en el cuerpo y algo de madurez, me puedo dar cuenta de que sí me paralizó bastante. Cuando tienes miedo, no puedes vivir el presente, porque estás temiendo cosas que -según tú- podrían pasarte. Estás gastándote mentalmente, emocionalmente y espiritualmente en cosas que no existen. Y llega un punto en que vives en una dimensión paralela, ahí vives paralizado. Ese miedo no me dejó disfrutar grandes aspectos de una vida muy linda que me tocó tener. Vuelvo a todos esos recuerdos y pienso “pucha, fue todo tan lindo, tan bacán, podría haber sido tan feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

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Tu novela gráfica está llena de humor, pero en ocasiones lo que cuentas no es nada gracioso como en la página 73, en la que, desnudo frente al espejo del baño, dices: “Esta faz es un disfraz”… ¿Fue la realización de este libro una especie de terapia, de lanzarlo todo afuera? ¿Cómo lo encaraste?
-Como a mucha gente le debe pasar, este libro sucedió en el momento en que tuvo que pasar. Y no se creó en circunstancias muy normales que digamos, tampoco. Hacía un par de años que el proyecto estaba lentamente armándose, pero cuando tomé la decisión de dedicarme al 100% a él hasta terminarlo por completo, la situación en la que estaba era delicada. Estaba en un trabajo que había querido tener siempre, pero que se había tornado intolerable. Mi salud, física, emocional y mental, estaba comprometida. Lo bueno de este tipo de momentos en la vida es que tomar decisiones grandes se vuelve fácil cuando ya no tienes más alternativas. Lo único que podía hacer, que no era dañino para mí en ese momento, era este libro. Renunciar a ese trabajo y alejarme de ese ambiente violento, dejar Santiago y volver a vivir en Viña. Regenerarme. Terminar el libro. En ese sentido, hacerlo fue un salvavidas. Un tiempo después de todo ese proceso, me doy cuenta de que sí fue una terapia, sin duda. La forma que tomó fue, además, súper inesperada para mí y tuvo todo que ver con los eventos que gatillaron la decisión de dedicarme a esto.

“Mi infancia fue tan linda, tan bacán, que podría haber sido feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

Hay dos ideas que desde el título persisten página a página y son, primero, la de un gay gigante que no se puede esconder y, segundo, la de la dicotomía normal/anormal. ¿Es así?
-El libro como objeto es un libro fucsia diseñado para que el lector sea observado. En ese sentido, es un artefacto para que el lector se sienta extraño. Parte de una otredad. Parte de “los otros”. Y ha dado resultado. Me ha escrito gente hetero contándome cómo los miran en el metro, en un parque, en un café. No solo la historia es un ejercicio de empatía.

¿Pensaste de verdad alguna vez que ocultarte, fingir ante los demás era la solución?
-Mira, nunca fue una operación consciente. Tampoco fingí ni mentí, simplemente no decía lo que me estaba pasando. Tuve un par de pololas en el colegio, por ejemplo. Eso podría interpretarse como fingir, pero también es parte de las vivencias de la edad. De ir conociendo la sexualidad de uno. Yo no tenía cómo conocer a otros gays y tampoco tenía la certeza ni la seguridad de que yo fuera uno de ellos, realmente, (a pesar de que me encantaran mis amigos “minos”). Yo solo estaba viviendo a medida que pasaban las cosas, lo mejor que podía. Por suerte, no llegué al punto de cumplir 30, casarme con una “mina”, al año siguiente separarme y salir del clóset. Eso es más complejo, pero tampoco es llegar y juzgar a la gente de mentirosos. Las circunstancias son todas complejas, y cada uno está siempre haciendo lo mejor que puede hacer en el momento. Nadie está tratando de hacerle un mal al otro. Si a los 14 años yo hubiera tenido la información, claridad, seguridad y madurez para aceptar mi sexualidad y ser transparente con mis amigos, compañeros de colegio y mi familia, habría sido súper complejo, no me lo puedo imaginar. Por ejemplo, año 1998. La gente era harto más “monga” en ese entonces. El mundo era harto más “heteronormado” hace 18 años. A veces pienso que me habría encantado iniciar mi maduración antes, pero quizás es verdad eso de que todo pasa en su momento, pero uno no lo sabe.

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Gráficamente arremetiste con un cliché consciente: un libro rosa que además tiene una doble portada. ¿Una broma sobre el temor o la hipocresía?
-La doble portada es una broma sobre el temor, la hipocresía y un sarcasmo apuntado a todas las instituciones y grupos con trasfondos religiosos y moralistas que creen ser superiores a los demás y tienen el descaro de estar siempre interviniendo en asuntos que afectan a una población que es diversa. Irónicamente, no te imaginas a la cantidad de personas a las que les podría haber resultado útil el uso de la portada falsa. Te digo esto porque no han sido pocos quienes me han contado cómo en la calle los han increpado por el libro. A una niña que lo estaba leyendo en un parque, una vieja le gritó “¡cochina!”. A un amigo que lo estaba leyendo en un café, una señora con niños le preguntó si encontraba apropiado estar leyendo algo así en un lugar con niños presentes.

¡Qué horrible!… Otra cosa que llama la atención es la frescura y soltura de los diálogos. ¿Es algo que se te da fácil o es fruto de mucha escritura y corrección?
-Muchas gracias, que buen piropo. Parece que es algo que se me da, porque el libro no se editó ni corrigió casi nada. Fue todo prácticamente de corrido, sobre la marcha. Me guío de oído, siento, por cómo va sonando y si se entiende, va bien.

Gay Gigante no es un libro militante de la lucha del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) ni de la Fundación Iguales, que son los grupos más conocidos por la ciudadanía. ¿Cómo te sitúas respecto a esas organizaciones?
-Yo me considero un activista. Este libro es parte de ese activismo y espero poder contribuir más en el futuro a que más personas recobren la capacidad de ponerse en los zapatos de otro, y en consecuencia vayan modificando su modo de ver y sentir las cosas. No es un proceso que suceda de la noche a la mañana. Esta lucha es una lucha sentimental y lo que yo estoy tratando de generar, ofreciendo mi historia, es empatía.

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Un momento memorable en la historieta es cuando nos muestras tus tempranas preferencias por el mundo de las muñecas Barbie, el agente Cobra o las Jem.
-Fueron tiempos y momentos súper importantes de mi vida, así que no podían no existir para poder conocer al gay gigante. También hubo que filtrar y poner lo que más me sirviera resaltar. Pero creo que habrán instancias nuevas para otros asuntos memorables que se perdieron y que podrían surgir en el segundo libro.

Otra confesión notable es la de tu primera masturbación con Fox Mulder. ¿Por qué la autobiografía se acerca tanto a una intimidad que para algunos puede ser casi intimidante?
-Tiene que ver con algo que te dije anteriormente. Este libro lo hice en un momento en el que sentía que se había “terminado todo”. Podía hacer lo que quisiera y tenía un impulso de estar haciendo algo que podía ser lo ultimo que hiciera. Como si me fuera a morir. Súper dramático, pero me ayudó un montón. En un sentido, sí me estaba muriendo y lo hice. Haciendo
el libro me acordaba constantemente de una película animada de Garfield, que vi un par de veces cuando era bien chico, con mis hermanos. Garfield in Paradise se llamaba. En ella John Bonachón, Oddie y Garfield viajan de vacaciones a una isla símil a Hawaii. John, siempre medio cagón, termina en un hotel/motel bien malo que no tiene ni playa. Arriendan un auto para ir en busca de una y les pasan un Chevrolet Bel Air (esos autos redonditos sesenteros parecidos a un Cadillac). Buscando la playa se meten a una jungla y se encuentran con unos nativos que comienzan a arrodillarse y adorar el auto. ¿Qué pasaba? En los años 50 un “mino” tipo James Dean, en un auto igual a ese, había salvado al pueblo nativo del volcán en erupción, sacrificándose a sí mismo al tirarse con auto y todo al volcán. Obvio, el volcán se vuelve activo de nuevo, la princesa del pueblo nativo trata de ofrecerse y el volcán la rechaza, y Garfield decide tirar el auto arrendado al volcán y salva a todos. Fin. Me acordaba de todo eso y sentía que existía un volcán en erupción que me iba a matar. Y que lo único que podía hacer para salvarme era crear este libro y tenía que ser completamente honesto o todo este esfuerzo no serviría de nada. Tenía que ofrecerle mi vida y hacerlo en serio. Así lo hice.

Gay Gigante está lleno de referencias a la cultura pop: cine, televisión, música…
-A medida que crecía no me acompañó tanto la lectura, pero sí todo lo audiovisual. Es divertido como todas las cosas que te van deslumbrando en distintos momentos de tu vida, se van anudando con otras cosas de ella, desde olores hasta tu propia sexualidad y, después de más de 20 años, todo eso son botones que existen y se presionan constantemente. Todo lo que vemos, escuchamos y absorbemos porque nos ha dado curiosidad o hecho felices, es uno.

En el libro, los textos son muy importantes, ocupando los grafismos un espacio a página completa. ¿Los ves también como dibujos, como elementos de diseño?
Así es. Por eso no quise usar una tipografía dentro del libro. Siempre quise escribir todo manualmente. Quise, además, crear dos instancias narrativas. Por un lado, las páginas completas de texto grande, que construyen la narración central del libro o la voz en off. Por otra, las viñetas (que pueden ser dibujos
con anotaciones o segmentos con estructura de historieta) que actúan como ventanas en que la historia puede profundizar en algo que es nombrado. Esas dos jerarquías me dieron la capacidad de modular la cadencia de la historia.

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Ahora que lo dices, sí es cierto, todo se lee perfectamente sin necesidad de comprender esa sutileza narrativa. ¿Sientes que a la historieta chilena, le hace falta hablar de nuevos temas como este? ¿Es necesario abrir más las puertas de lo temático?
-Sé que hay bastante diversidad, pero no soy un gran consumidor de ella. De hecho, para serte muy franco, no soy un gran consumidor de historietas o novelas gráficas. Sí tengo un par de preferidas, pero no miro mucho. Veo todas las películas que existen. De ahí y de la música me nutro. Aún así es bueno que la diversidad se amplíe. También creo que las cosas pasan cuando tienen que pasar, y que cuando se fuerzan, se nota. Hay que abrirle las puertas a lo diverso en el más amplio sentido de la palabra.

¿Estás sorprendido con el éxito del libro o lo esperabas? ¿Qué te ha conectado con tus lectores?
Sí y no. Estuve aislado en el año que tomó terminarlo y lo terminé bastante encima de su lanzamiento. En realidad no tuve mucho tiempo ni instancias para imaginar lo que pasaría después. Solo pensaba “tengo que terminar, tengo que terminar, tengo que lograr terminar esto y que me guste”. No paré hasta que así fue. Al final, hubo meses en que de lunes a domingo, las jornadas de trabajo duraban 16 horas (pareciera que cuando se dibuja, el tiempo muta, es en cámara lenta y usas tooodo el día). Tuve un par de momentos de vértigo gracias a unos “pitos” atómicos que llegaron a mis manos en alguna fiesta, y me puse a pensar en el juicio de mis pares por el tremendo acto de autorreferencia, que estaba por cometer. Me doy cuenta de que el libro es un éxito sólo a veces; no es algo en lo que piense todo el rato. Es un alivio no haberme equivocado. Y también es un tremendo alivio para mí haber creado algo, por primera vez, que no me sirve sólo a mí, sino que le servirá a muchos. Es como tener la conciencia tranquila. Siento que estoy sólo comenzando. Lo que ha facilitado la conexión con los lectores es la transparencia. Cuando los lectores están dentro del libro y se dan cuenta de que hay una historia genuina, vulnerable y que no disimula nada, se baja una barrera, hay empatía. Esta historia no es tan distinta a cualquier otra. Ya perdió el miedo. Ahí se encuentra una compañía para ese niño que en algún aspecto, también fue o es.

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Gabriel Ebensperger

Nació el 16 de junio de 1983, en Viña del Mar. Desde pequeño se dedicó al dibujo, la pintura y la fotografía. Estudió Diseño Gráfico en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Publicado en RHUV Nº24

Vicente Reinamontes: “La ilustración y la gráfica chilena abren nuevas maneras de ver la historia”

Su verdadero nombre es Vicente Reyes Montealegre y es diseñador de narrativas visuales y proyectos creativos. Codirige la editorial Pupa Press y piensa en el diseño como una herramienta para promover el desarrollo individual, social y cultural. Sus ilustraciones de Al sur de la Alameda han dado la vuelta al mundo con una grandísima acogida y un también gran abanico de reconocimientos nacionales e internacionales para la obra escrita por Lola Larra. Ahora ilustra la portada de este número de nuestra revista, transmitiendo en lenguaje gráfico un viaje por los diferentes formatos de la lectura con los que contamos hoy en día.

Por Claudio Aguilera

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Ilustraciones de Vicente Reinamontes

Imagina el aterrizaje de un ovni en el jardín de tu casa. Ahora cambia el platillo volador por un libro y la improvisada pista por una librería. Más o menos así se sintió la llegada de Al sur de la Alameda, la novela escrita por Lola Larra, ilustrada por Vicente Reinamontes y publicada por Ekaré Sur, en 2014.
Nos detenemos en su portada. Y en el ilustrador. La primera, de alto contraste, con una buena dosis de pop y otro tanto de experimentación. Su cuidado diseño e impresión, que en la primera edición incluía un troquelado y otros detalles que hicieron brillar los ojos de los cazadores de libros bellos. El segundo, tenía que reflejar una historia cautivadora ambientada en el Chile reciente que funcionaba como testimonio de una época, relato de iniciación y crónica de un movimiento social, dirigida a un público juvenil pero imposible de etiquetar. Imágenes de un estilo y una oscuridad poco habitual en las estanterías nacionales, y bastante diferentes a todo lo que habíamos visto en la editorial que lo publicaba, que iban y venían con total libertad entre la ilustración y la historieta, dando como resultado un mestizaje difícil de clasificar.
Todo hacía de este libro un objeto singular, refrescante y lleno de sutiles complejidades. Por eso, su presencia en el planeta LIJ (literatura infantil y juvenil), poco acostumbrado a los sobresaltos, no pasó indiferente. En Chile y el mundo comenzó a hablarse de una obra que recogía hechos locales con un lenguaje universal; que no necesitaba de magos, vampiros, hombres lobo ni universos de fantasía post apocalíptica para atraer a los jóvenes lectores. Y los premios y reconocimientos no tardaron en llegar, incluidos todos, absolutamente todos, los galardones destinados a distinguir al libro ilustrado y a la literatura infantil y juvenil chilena.

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“Llegué a preguntarme si era normal que un libro recibiera tantos premios”, reconoce Reinamontes al momento de evaluar este intenso período. “Entré al proyecto con una ingenuidad tremenda. Me gustaba la propuesta, estaba muy alineada con lo que quería hacer, y me concentré en que el libro quedara bien. Nunca proyecté el impacto o recepción que iba a tener. Por eso, todo ha sido una enorme sorpresa”.

A pesar del sorpresivo, y sorprendente, resultado, el ilustrador Vicente Reinamontes parecía estar destinado a integrar el equipo de Al sur de la Alameda.
Él había vivido esos meses fervorosos, con sus alegrías y contradicciones. “Cuando leí el texto, me sentí muy identificado con el protagonista, porque yo iba a un colegio privado donde nadie tenía idea de lo que estaba pasando. Así que, con algunos compañeros, nos organizamos e hicimos fanzines y afiches, y tratamos de generar debate para hablar del tema. Pero sobre todo fue una época importante a nivel personal, porque ya estaba totalmente fuera del clóset y estaba dando microluchas en varios frentes. Entonces esa revolución interna tenía una relación con lo que estaba pasando afuera, algo que también le sucede a los personajes del libro”.

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Tras aquellas primeras incursiones en el mundo de la autopublicación, durante sus estudios de diseño siguió uniendo activismo y gráfica y abriendo un campo de trabajo que aún explora a través de su editorial Pupa Press. “Cuando me contactaron de Ekaré Sur estaba terminando mi proyecto de título, que realicé con organizaciones vinculadas a la diversidad sexual. Me interesaba usar el fanzine, la ilustración y el diseño como herramienta de expresión, pero jamás pensé que podría hacer un libro en esa línea”, comenta.

-Siempre la ilustración y la gráfica han estado vinculadas a los movimientos sociales. ¿Crees que libros como Al sur de la Alameda, Los años de Allende y Lota 1960 están retomando ese antiguo rol?

-Sí, me gusta lo que está pasando con la ilustración y la narración gráfica porque están abriendo nuevos imaginarios y nuevas maneras de visualizar la historia de nuestro país. Y eso es porque permite desarrollar una sensibilidad especial para aproximarse a los temas sociales. Además, genera un vínculo con los hechos en diversos niveles, más allá del contenido, incluyendo sensaciones, colores y maneras de leer la imagen. ¡Qué distinto va a ser para un joven enterarse del movimiento estudiantil a través de una novela ilustrada en vez de a través de un par de capítulos de un texto de historia!

“Me interesaban el fanzine, la ilustración y el diseño como formas de expresión”

-Libros como los que hemos mencionado dejan en claro que la ilustración no es solo para niños.

-Me da risa cuando se dice que la ilustración es solo para niños porque todo lo que veo en Internet y muchos de los libros que están llegando a las librerías están dirigidos a adultos. Las obras Gay gigante, de Gabriel Ebensperger, y Diario de un solo, de Catalina Bu, son dos ejemplos de estas nuevas publicaciones que se atreven a jugar y a romper con las preconcepciones en torno a la ilustración y que muestran que los adultos están dialogando y disfrutando de los libros ilustrados. Algo que también debe motivar a los ilustradores a exigirse más, correr riesgos y atreverse a hacer proyectos que los diferencien del resto.

-¿Crees que ha habido también un cambio en el mundo del libro infantil y juvenil chileno?

-Claro, un libro como Los años de Allende no podría haber salido hace 10 años, y eso que estamos hablando del 2006. Ojalá que las editoriales sigan tomando riesgos. Y se atrevan a dar el siguiente paso y a no solo mirar a nuestro país, sino abrirse al mundo, incorporar otros imaginarios, aprender a mirar el mundo desde Chile.

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Valía la pena un libro como este

A pocos meses de instalarse en Londres, el mundo está a la vuelta de la esquina para Vicente Reinamontes. Elegida en 2014 como la mejor novela juvenil por el suplemento Babelia, del diario español El País, parte del prestigioso catálogo White Ravens que realiza año tras año la International Youth Library de Alemania, Premio 2015 de la Fundación Cuatrogatos, con sede en Estados Unidos, Al sur de la Alameda es una inmejorable carta de presentación internacional.
Pero su trascendencia es una más de las sorpresas que le ha dado el libro. “Siempre pensamos que era demasiado local. Pero ha coincidido con una serie de movimientos sociales en distintas partes del mundo, lo que le ha dado contingencia. Pero sobre todo es un libro que se concentra en las experiencias humanas. No se queda en la politiquería. Es sobre los cambios personales y nadie queda indiferente a eso”.

“Ojalá que las editoriales sigan tomando riesgos, den el siguiente paso y se abran al mundo”

Fue en México donde Vicente Reinamontes dimensionó el real impacto de la publicación. Y donde también recibió el reconocimiento más importante de todos los alcanzados hasta ahora. Invitado a participar en una serie de actividades en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara, tuvo la oportunidad de escuchar a jóvenes, profesores y estudiantes que habían leído el libro. “Una mujer joven se puso a hablar y en un momento mostró una de las ilustraciones. Comenzó a llorar. Estaban conmocionados porque la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa sigue siendo una herida abierta para ellos y la novela los tocaba a un nivel muy profundo. Ahí entendí el propósito y sentido de hacer un libro como este”.

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-¿Te preocupa que tu siguiente libro logre la misma repercusión que ‘Al sur de la Alameda’?

(Silencio) No, no tanto. Trato de ser lo más humilde y modesto que puedo con el tema de los reconocimientos. Los valoro, pero me quedo con la ingenuidad con que entré al proyecto y las satisfacciones que he obtenido hasta ahora. De lo contrario, sería un poco frustrante. Lo que sí me interesa es que el siguiente libro me enganche de la misma manera y con la misma fuerza que Al sur de la Alameda.

“Me gustó la propuesta de Al sur de la Alameda, pero nunca pensé el impacto que alcanzaría”

Para Vicente Reinamontes ese compromiso es el sello de su obra. Lo que le da coherencia sin importar si es editor, ilustrador o diseñador, si hace un fanzine intimista, una ilustración para una revista, un afiche por una causa social o un libro premiado mundialmente. Sin importar si cambia de estilo, de paleta o de país. Sin que importen los aplausos ni las medallas.

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Vicente Reinamontes

Nació en Santiago, estudió diseño en la Universidad Católica, y fue pasante en el taller del renombrado artista chileno, Sebastián Errázuriz, en Nueva York.

Publicado en RHUV Nº23

Benjamin Lacombe: “Los niños son muy sensibles a las metáforas”

Cientos de personas disputándose un lugar para verlo de cerca, pedirle un autógrafo o recibir una ilustración largamente soñada… Benjamin Lacombe definitivamente causó revuelo en su visita a Chile, organizada por Edelvives y Contrapunto. En medio de su apretada agenda, el francés conversó sobre arte e ilustración con la Revista HUV.

Por Bernardita Cruz M. y María José González C.

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Fotografías de Camilo Mendoza T.
 www.mesagrafica.cl

Tras una exitosa visita a Argentina, caracterizada por largas filas de fanáticos y auditorios repletos, el autor e ilustrador Benjamin Lacombe llegó en mayo a Santiago con un programa de actividades que incluyó firmas de libros y diversos encuentros con el público local. Al igual que lo sucedido al otro lado de la cordillera, el hombre detrás de los inolvidables Melodía en la ciudad, Los Amantes Mariposa, Ondina, El Herbario de las Hadas, Blancanieves, Cuentos Macabros y tantos otros éxitos literarios, fue altamente requerido por su fanaticada local.

Una de esas actividades fue una charla abierta en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP, donde Mónica Bombal, coordinadora de Lee Chile Lee desde el Mineduc, presentó apasionadamente al autor francés: “Lacombe es un artista curioso. En su prolífera obra ha incursionado en distintos géneros, técnicas y formatos creando un espectro de atmósferas que hacen difícil clasificarlo dentro de un estilo determinado. Vemos sus diseños en pañuelos, en carteras y en joyas. Reconocemos cómo otros artistas se inspiran en sus personajes de rostros pálidos, enormes ojos y labios rojísimos, y realizan muñecas y esculturas (…) Nos maravillamos con su reinterpretación de los clásicos, con su apuesta por incorporar la música a la lectura (…) Comprobamos cómo juguetea con los distintos formatos cargando de cuerpo, relieve y volumen sus escenas favoritas de relatos clásicos (…) Admiramos cómo se atreve a dar el salto a lo que aún parece una aventura para muchos: el formato digital”.

Muchas más son las palabras que permiten presentar y describir la obra y personalidad de Benjamin Lacombe. En nuestro Especial de Artes Visuales nos deleitamos con su propia voz.

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¿Por qué decidiste presentar en el Cono Sur Nuestra Señora de París y Swinging Christmas, dos libros con referentes tan ajenos a Latinoamérica?

No vine específicamente a presentar esos libros. Vine a encontrarme con mi público y los libros que acaban de salir son esos. Pero es interesante la coincidencia porque ¿qué hay más francés que Notre Dame? Me parece atractivo presentar estos dos libros acá; sería una lástima que como parisino viniera a hablarles de Don Quijote. La riqueza de contar con importaciones de literatura extranjera está justamente en los aportes que se pueden traer de esa otra cultura.

En todos los lugares donde vas recibes mucho cariño de tus seguidores. ¿Cómo lo tomas?

Para mí fue especialmente emocionante la semana pasada en Argentina. Era la primera vez que visitaba ese país y fue extremadamente conmovedor encontrarme con el público, hablar un poco, compartir experiencias, sentir su cariño… ¡Me dieron montones de regalos!

Uno tiene cierto miedo de no estar a la altura de sus expectativas. Traté de dar lo máximo de mí, hablar con todo el mundo, hacer dibujos para todos. Pero da un poco de susto: hay personas que llegan temblando o llorando, y uno trata de consolarlos, de decirles: “Aquí estoy, ¡tranquilo!”.

Tienes 32 años y eres un ilustrador muy reconocido internacionalmente. ¿Cómo llevas eso?

El reconocimiento es una noción relativa: soy conocido en algunos medios y países, pero hay mucho que despejar todavía. Sobre todo porque tengo un estilo particular de álbumes y libros y hay ciertos mercados que son reticentes al tipo de libros que yo hago, que esperan de la LIJ una propuesta más simple, colorida y alegre.

Lo que a mí me gusta es contar historias, desarrollar mi propio universo, expresarme de distintas maneras. Recientemente diseñé vitrinas, hice objetos, estoy trabajando en dos películas de animación, he hecho literatura ilustrada para adultos, acabo de terminar un cómic… Lo que me interesa es no hacer dos veces el mismo proyecto. Para que los lectores sientan que están en un descubrimiento permanente yo mismo debo estar descubriendo cosas nuevas, asumiendo riesgos y no haciendo solo lo que me resulta más cómodo.

Has dicho que estás a favor de dar “complejidad” a los libros para niños. ¿Cómo entiendes esa complejidad?

No necesariamente hay una voluntad de hacer más complejos los libros para niños, sino que no quiero rebajar el nivel de lo que trato de comunicar porque esté dirigido a ellos. Vale decir, contar de una manera muy simple, darle un final positivo, poner detalles tiernos o entregar una moraleja. Creo que los niños son capaces de comprender mucho más de lo que los papás creen que pueden.
He hecho libros sobre temas considerados tabú, como La niña silencio. Uno no le entrega a un niño cuando se va a la cama una historia sobre una pequeña maltratada, pero es un libro importante: cuando he visitado escuelas, veo que conmueve a los niños, los hace reflexionar.

Debe haber libros para el puro disfrute. Yo no pretendo hacer solo libros difíciles y pesados, pero me gustaría que se dijera de mis libros que permitieron un momento de poesía que ayuda a evadirse, y también que nos hicieron reflexionar.

¿De qué manera desafías a los niños?

Mi idea de búsqueda está en el objeto libro. En el 2007 fui uno de los primeros en utilizar la técnica de recorte láser. Fue en el inicio de Los Amantes Mariposa: hice la puerta interior de un jardín japonés, la misma que lleva al corazón de la casa y que coincide con el camino que recorre el personaje. Trato siempre que el fondo y la forma estén estrechamente ligados. A veces me dicen: “Eso es muy frágil para los niños” o “no es adecuado para ellos”, pero yo creo que hay que traer cosas nuevas, papeles novedosos, formatos diferentes. En Ondina usé un sistema de transparencias que hacen pensar en algo confuso. Hay un momento en que, a nivel narrativo, se levantan los calcos y uno tiene una impresión de evanescencia muy sutil. Los niños son muy sensibles a las metáforas.

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Ilustración de Ondina, escrito e ilustrado por Lacombe (Edelvives, 2012).

 

En una entrevista dijiste que era difícil educar a los adultos para que leyeran libros ilustrados. ¿Sientes que eso ha cambiado?

No sé cómo son las cosas aquí, pero en Francia, España, Alemania e Italia, en el siglo pasado, se estimó que la literatura ilustrada y los dibujos animados eran exclusivamente para los niños. Sin embargo, en el siglo XIX, e incluso antes, existía una tradición de libros ilustrados y de animaciones destinadas a los adultos. Recordé ese punto porque la literatura ilustrada conlleva otro tipo de lectura. No hay que considerar la ilustración como una simple decoración. La ilustración, incluso en su sentido etimológico, significa iluminar un texto. Una buena ilustración conduce la lectura hacia otra parte, hacia otra narración, y pienso que se pueden crear obras para adultos en ese sentido también.

¿Crees que actualmente los adultos están más abiertos a los libros ilustrados?

Eso me parece, aunque no me gustan las delimitaciones que se hacen entre literatura adulta y LIJ. Pienso que un buen libro puede leerse en distintos momentos de la vida. También hay libros, como los que ilustré de Allan Poe o de Victor Hugo, que exigen una edad mínima para poder acceder a ellos, pero no creo que haya una edad límite para acercarse a un libro.

¿Qué rol cumplen las editoriales en esta separación pragmática de la literatura infantil, juvenil y adulta?

No creo que sea un deseo de las editoriales crear esos límites. Se crean por muchas razones: eficacia comercial, búsqueda de un nicho de cierta edad, autores que tienen casos particulares. También hay un tema con las librerías, y ese fue el problema fundamental cuando publicamos los Cuentos Macabros de Poe. En Francia era el primer libro ilustrado para adultos que se publicaba en mucho tiempo, y no tenía lugar en las librerías: no podían ponerlo en novelas estándar por su formato, ni en cómic, ni en literatura juvenil. Les costó mucho definirlo y finalmente cada librería usó su propio criterio. Ahora, en las grandes librerías, se creó una sección de libro ilustrado mucho más abierta, ligada al cómic, a la novela gráfica.

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De Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe, ilustrados por Lacombe (Edelvives, 2011).

 

¿Para ti, qué es el oficio de ilustrar?

Ser un buen ilustrador para mí es ir más allá de seguir un texto al pie de la letra y aumentarlo. No hay nunca que parafrasear un texto; hay que conducirlo en otra dirección. Dar luz a ciertos elementos, y necesariamente aportar la propia voz. En mi caso, no me considero solamente ilustrador sino autor: de mis 25 libros he escrito el texto de 18. Para mí es un trabajo de autor pues trato de desarrollar un universo propio, de generar emociones con las imágenes, el texto y el objeto libro.

¿Te consideras un artista integral?

Ocurre lo mismo que cuando le ponen una etiqueta a un libro. Cuando uno es un artista, uno necesita expresarse, y las etiquetas las ponen los otros. Yo tengo la posibilidad de hacer distintas cosas, y tomo esa oportunidad aunque el objeto de mi predilección sean los libros. Un creativo tiene, como su nombre lo indica, la idea permanente de crear distintas cosas.

Para terminar, ¿cómo es tu relación con los niños?

No tengo hijos propios, pero tengo sobrinos y sobrinas con edades muy variadas entre 8 meses y 15 años. También voy a los colegios y converso con los chicos. Es un público que no duda en decir lo que piensa. Me gusta mucho eso: me reconforta saber que mis decisiones son correctas. Veo cientos de niños por año que me dan una opinión directa y me confirman lo que son capaces de comprender.

Cuando comencé, me decían que lo que yo hacía no era para niños, que era muy complicado, que tenía que hacerlo de otra manera. El problema es que hay ideas preconcebidas y yo verifico que no son ciertas: los niños comprenden mucho más de lo que suponemos y no les gusta que uno “les sobe el lomo”, que los infantilice, que no los considere personas sino medias personas.

Conoce la obra de Benjamin Lacombe

© Benjamin Lacombe / ed Soleil / Metamorphose

www.benjaminlacombe.com

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Libros

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Cuentos silenciosos
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Textos: Antonio Rodríguez Almodóvar
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426377203

 

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Los Amantes Mariposa
Autor e Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2008
ISBN: 9788426367976

 

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Melodía en la ciudad
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426376978

 

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Genealogía de una bruja
Autor: Sébastien Perez
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2009
ISBN: 9788426372475

 

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Blancanieves
Autores: Jacob y Wilhelm Grimm
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2011
ISBN: 9788426381484

 

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Nuestra Señora de París II
Autor: Victor Hugo
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2013
ISBN: 9788426390912

Alejandra Acosta: “Los estilos son imitables, la mirada propia no”

Con una visualidad potente y personal, Alejandra Acosta ha construido un imaginario sorprendente. Tras la calurosa recepción de Del Enebro y mientras trabaja en nuevos proyectos para España, México, Argentina y Chile, conversó con Claudio Aguilera sobre su trayectoria y su obra.

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería

Alejandra Acosta
Fotografía de Juan Francisco Lizama

Un antiguo libro infantil. Una fotografía deslavada. Una cajita repleta de figurines minúsculos. Un adorno de bronce. Un viejo peluche de los años 80. Alejandra Acosta busca secretos tesoros en un mercado persa. Se detiene y mira con atención. Observa cada uno de sus hallazgos, tanteando trazos de su origen, inventando para aquellos pedacitos huérfanos de pasado una historia, un futuro dentro de sus obras.

“Al igual que los surrealistas, creo en el azar. Pero también creo en que hay que salir a su encuentro”, dice mientras, encarnada en algún personaje sacado de Nadja, la novela de André Breton, sigue caminando sin rumbo, pero alerta a su próximo descubrimiento. Porque aun en medio del caos de antigüedades, trastos y mercaderías dudosas, ella se mueve con seguridad y con la certeza de que, tarde o temprano, encontrará la imagen precisa para completar su próximo collage.

Tal vez siempre ha sido así para esta diseñadora e ilustradora. Responsable de uno de los libros más hermosos, terribles y conmovedores de los últimos años, Del Enebro, publicado por los españoles Jekyll & Jill, y de dar forma a la inquietante prosa de María Luisa Bombal en El Árbol (Pehuén Ediciones), ha ido construyendo una obra cada día más personal sin dejar de lado el juego ni la búsqueda de nuevas posibilidades gráficas.

El trabajo de Alejandra Acosta es como un animal invisible y sigiloso del que solo podemos ver sus huellas”, ha resumido el poeta y artista visual español Alfonso Brezmes. “Combinando el collage y el dibujo en una alianza letal cuyo resultado podría resumirse en una palabra: escalofrío”, agrega.

Ciertamente, ya sea en un afiche para un seminario sobre fomento lector, una ilustración de prensa, una portada que se publicará en México, o en algunos de sus libros para niños, ella va dejando rastros de su forma de mirar el mundo, de su relación con los textos y con el oficio de ilustrar.

 

Buscar

Como toda historia, esta historia comienza con un “había una vez”. Había una vez una niña tímida que repletaba sus cuadernos de dibujos y se perdía en viajes interminables a través de las historias ilustradas de Las mil y una noches que su abuela le pedía leer en voz alta.

Con los años, ese gusto por la imagen quedó guardado, pero nunca se esfumó. Después de estudiar diseño, colaboró en diversas revistas hasta que en el 2002 fue nominada al Premio Altazor por su trabajo como directora de arte de la revista [Lat.33]. Fue entonces que decidió dejar su carrera para aventurarse como ilustradora. “Al principio no fue fácil”, recuerda mientras hojea un viejo y anónimo álbum fotográfico. “No conocía a nadie en el mundo de la ilustración, así que comencé a pedirles trabajo a los directores de arte que habían sido mis colegas. Envié portafolios, hice horóscopos, cientos de ilustraciones para textos escolares, hasta que poco a poco me volví ilustradora”.

Más tarde vinieron las portadas para los libros de SM y, en el 2009, dos hechos fundamentales: la publicación en la Colección Barco de Vapor de Pazuca en la duna de Marcela Paz, y la Mención Honorífica en el prestigioso concurso A la orilla del viento, del Fondo de Cultura Económica, con El niño con bigote, escrito por Esteban Cabezas.

 

Sin embargo, en ese momento ya comenzaba a gestarse un nuevo cambio. Tras un taller con el artista visual Mauricio Garrido, las tijeras y el papel cortado se hicieron parte fundamental de su obra. Con el surrealista Max Ernst como figura tutelar, Alejandra Acosta descubrió en el collage una forma de trabajo que expresaba bien su relación con la materia y con la intensidad que deseaba expresar en sus ilustraciones. “Recuerdo que cuando era niña no podía evitar acercarme a las esculturas, y siempre intentaba tocar un pedacito de ropa, un tenedor, lo que fuera, en las casas museo. Quizás buscaba una conexión. Y me doy cuenta de que mi proceso de construcción de un libro está muy ligado a eso. Para mí, la creación de cada ilustración es un ritual, un momento en que te enfrentas al papel y es tu piel la que habla. Nada más”.

 

Recortar

Alejandra Acosta estaba lista para dar el siguiente paso. Pero nuevamente la oportunidad llegó por azar. Recorriendo internet, los editores españoles Jessica Aliaga y Víctor Gomollón descubrieron su trabajo y su afición por las aves, y le encargaron ilustrar uno de los relatos menos conocidos y más descarnados de los recopilados por los hermanos Grimm: Del Enebro.

Publicada bajo el sello Jekyll & Jill, la oscura y sangrienta historia se transformó, en manos de la ilustradora, y con la complicidad de sus editores, en una exquisita pieza de orfebrería que ha recibido reconocimientos a ambos lados del Atlántico y fue elegida el Libro Mejor Editado en Aragón (España) en el 2012.

“Las ilustraciones de este libro”, ha comentado el español Isidro Ferrer, Premio Nacional de Ilustración, “tienen un tono particular, un tono silencioso, misterioso, dulce y aterrador. Un tono que proviene de la renuncia, de un deseo expreso de no demostrar las habilidades del ilustrador sino de adecuar la voz gráfica a la voz de las palabras impresas”.

La publicación marcó un antes y un después en la obra de la ilustradora. No solo porque le permitió dar a conocer su trabajo fuera del país, sino también porque ha significado abordar otros textos, como El Árbol de María Luisa Bombal, una de sus autoras predilectas. Y para Alejandra Acosta, ávida lectora de poesía, admiradora de artistas como Alejandra Pizarnik o Leonora Carrington, el encuentro con la palabra del autor es siempre un desafío y una oportunidad que recibe como un regalo.

“Del texto depende todo”, explica. “Me tomo bastante tiempo para esperar que el libro me dé una pista, y a partir de ese momento me agarro de una sola palabra o una emoción para desarrollar todas las imágenes”.

¿Haces diferencias a la hora de ilustrar para niños o para adultos?

Con los libros enfocados para adultos me comprometo de una forma muy emocional, y creo que eso también está relacionado con el tipo de texto que me suele llegar, algunos muy oscuros y otros tristes. Entonces, cuando me toca trabajar en un libro para niños me permito conectarme más con las sensaciones y con la libertad. Con todos los encargos lo paso muy bien. No podría vivir sin la complejidad de un texto que me obligue a trabajar el triple o que incluso me desgaste, ni sin la alegría que significa ilustrar para niños.
Ensamblar

Madre de dos hijos y profesora universitaria, Alejandra Acosta divide su tiempo entre proyectos para México, España, Argentina y Chile. “Me llegan correos de editores que me dicen: tengo el libro perfecto para ti, incluye mujeres y pájaros”, comenta entre risas acerca de dos de las figuras que se repiten en su obra reciente. “Una vez incluso una colega me escribió pidiéndome disculpas por hacer un libro de pájaros. ¡Yo no soy la ilustradora de los pájaros! Me encantan, pero puede ser que mañana me ponga a dibujar ornitorrincos”.

De hecho, lejos de identificarse con un estilo definido, se da la libertad de jugar y desarrollar una visualidad propia para cada proyecto. “Mi proceso es más bien intuitivo, muy personal, y la técnica depende del estado de ánimo. Así como me gusta disfrazarme, me gusta también probar diferentes lenguajes expresivos”.

¿Crees que el estilo está sobrevalorado?

Completamente. Tener un estilo puede ser bueno, como también puede convertirse en una especie de trampa. Nunca me he fijado en la forma, sino que en el fondo. En lo que quiere decir y comunicar el ilustrador, independiente de la técnica que utilice para hacerlo. Todos los estilos son imitables, pero la mirada propia, no.

El recorrido va llegando a su fin. Es hora de regresar. Algunos de los vendedores comienzan a guardar sus reliquias. Otros se quedan cabizbajos, pensando en el día de mañana y sus oportunidades. Alejandra Acosta se marcha con su pequeño botín de tesoros a contar otras historias, a seguir inventando imágenes, alerta siempre a un nuevo hallazgo fortuito.

 

¿A qué le teme Alejandra Acosta?

Hay una sombra en la obra de Alejandra Acosta. Y tal vez ahí está uno de sus mayores atractivos. Acostumbrados a que la ilustración sea un espacio siempre luminoso y colorido, la autora deja en el lector una sensación inquietante. No se trata de terror sino de algo parecido a la melancolía que en Pazuca en la duna tiene el rostro de la soledad, en El niño con bigote se materializa en la idea de hacerse adulto, en El Árbol es un profundo abismo existencial y en Del Enebro no es otra cosa que el lado más oscuro del ser humano. “Me parece que es absolutamente inconsciente”, explica. “Pero estoy convencida también de que cada obra se compone de pequeños fragmentos de una, y en mi caso, más que hablar de miedo, hablaría de soledad, de un estado permanente de contemplación, que es lo que me identifica. Quizás por esa razón mis personajes siempre se presentan solos, perdidos, o silenciosos”, agrega sin dejar de confesar que, a pesar de ser admiradora de Edgar Allan Poe y de Angela Carter, cuyo libro La cámara sangrienta está ilustrando actualmente, les sigue temiendo a las brujas y a los lugares oscuros, como cuando era niña.

 

Conoce la obra de Alejandra Acosta

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Libros

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Del Enebro
Autores: Jacob Ludwig  y Wilhelm Karl Grimm
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Jeckyll & Jill, 2012
ISBN: 9788493895044

 

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El Árbol
Autora: María Luisa Bombal
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Pehuén, 2012
ISBN: 9789561605732

 

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Pazuca en la duna
Autora: Marcela Paz
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789562646505

 

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El niño con bigote
Autor: Esteban Cabezas
Ilustraciones: Alejandra Acosta
FCE, 2010
ISBN: 9786071602633

 

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Para un ruiseñor
Autora: Maria van Rysselberghe
Ilustraciones: Alejandra Acosta
Errata Naturae, 2013
ISBN: 9788415217497

Oliver Jeffers: “Yo soy mi propio público objetivo”

Sus rutinas, recuerdos y convicciones. Su pasado, presente y futuro. De todo habla Oliver Jeffers, autor de la portada del noveno número de HUV, en esta entrevista (realizada en abril del 2012), en la que asegura que no hace sus libros pensando en qué quieren los niños, sino en su propio sentido de curiosidad.

Por Bernardita Cruz M.

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En el mundo de Oliver Jeffers no es extraño que un pingüino aparezca en la puerta de una casa, que un niño tome una gran ballena y la tire a la copa de un árbol o que otro se devore, literalmente hablando, bibliotecas enteras.

El tono de sus historias y su notable talento como ilustrador han hecho de este joven irlandés uno de los más reconocidos autores de libros infantiles de la actualidad. Basta recordar el éxito que tuvo su visita a Santiago a fines del 2010, cuando sus fanáticos locales, chicos y grandes, pudieron conocer más de cerca al autor de títulos que ya son clásicos entre los niños, como Perdido y encontrado o El increíble niño comelibros, por nombrar solo algunos.

Entre el 2009 y el 2012 vendió más de 20 000 libros en nuestro país, cifra que de seguro seguirá aumentando con la pronta llegada de Atrapados*, una historia en la que Jeffers vuelve a hacer gala de su estilo narrando el particular modo en que un niño intenta bajar el volantín que se le quedó atorado en un árbol. ¿Con qué se van a encontrar sus lectores? “Encontrarán la solución a todos sus problemas, lo que involucra arrojarles objetos, cada vez más grandes, a esas dificultades. También encontrarán una buena y divertida historia a la antigua, con algunas piezas de utilería tales como zapatos, una silla, un pato, unos botes y un faro”, explica el autor.

¿Qué recuerdos tienes de tu visita a Chile? ¿Hay algo que te haya llamado particularmente la atención?

La gente maravillosa, la recepción, el impresionante cuórum en las librerías, mi experiencia en la universidad (UDP) y las personas que conocí ahí. Fue un viaje maravilloso.

¿Te llevaste algún libro u objeto chileno a tu casa de Nueva York?

Me traje unos libros de arte buenísimos, un chanchito (alcancía) que al parecer está hecho de caca, joyas hechas con pelo de caballo, una ilustración original de Ale (Acosta), recetas para ceviche y pisco sour y, por supuesto, harto pisco.

¿Te gustaría volver a Santiago? ¿Te quedó algo pendiente?

Definitivamente me encantaría volver. Hubo muchas cosas que no tuvimos tiempo de hacer en Santiago. También me gustaría volver en el invierno y llevar mi snowboard para probar las pistas cerca de la ciudad. Luego me gustaría explorar el resto del país. He sabido que el sur tiene los paisajes más preciosos del planeta y, por otro lado, que el norte se parece a la superficie de la Luna.

Siempre dices que lo único que buscas con tus libros es entretener. ¿Por qué?

Porque encuentro que demasiadas personas tratan de usar la plataforma del álbum ilustrado como un vehículo camuflado que pretende educar, como lecciones de vida disfrazadas de diversión. Los niños reciben suficientes moralejas y lecciones valóricas desde todos los ángulos en la vida, y como mi interés en contar historias se enfoca en celebrar el pasarlo bien, creo que sería deshonesto de mi parte si pretendiera otra cosa.

Tus personajes nunca tienen límites. ¿Es una idea que te gusta transmitir a los niños?

No es una decisión consciente. Más bien manipulo las leyes de la ciencia y razono en torno a los caprichos de mi historia. Siento un umbral que determina hasta dónde la puedo llevar. Todos mis misterios y magias son pequeños, no grandes y fantásticos.

Por ejemplo, en mis cuentos es completamente factible que un niño pequeño pueda remar al Polo Sur, respirar en el espacio o subir por una soga a la Luna, pero no puede emprender vuelo sin ayuda alguna o convocar a un dragón de la nada. La razón por la cual son factibles es porque están todas basadas de alguna forma en la realidad (un niño puede remar o subir por una soga). Solo he exagerado las distancias. Si va con la historia que algo ilógico o bizarro ocurra, entonces haré que ocurra. Eso es lo bello de dibujar, puedes crear un mundo en torno a tu propio gusto.

¿A cuál de tus títulos le tienes un cariño especial? Siempre hay uno…

Tienes razón, siempre hay uno. En mi caso es El increíble niño comelibros, y eso es porque casi no fue. Mis primeros dos libros (Cómo atrapar una estrella y Perdido y encontrado) están unidos a través de un mismo protagonista y son grandes historias emocionales. Yo sabía que esa no era la única cuerda en mi repertorio, por lo que estaba listo para avanzar hacia otras cosas, pero estaba con problemas para convencer a mi editor de dar ese giro. Veían dos libros exitosos y querían aprovechar el nicho y el impulso, lo cual tiene sentido desde un ángulo comercial. Aunque nunca he considerado esto como un negocio, también sabía que si hacía un tercer libro en la misma línea me costaría muchísimo deshacerme del estigma dentro del género.

¿Y qué pasó?

Había estado jugando con un estilo collage en mis croqueras y supe que había llegado el momento oportuno. Luché para poder lograrlo. Negocié que si me dejaban publicar ese libro les haría el libro que querían a continuación. Fue el de mejores ventas de todos mis títulos; desde entonces que no me han pedido que haga libros por tema. Supongo que me gané algunas medallas con eso.

¿Cómo podrías definir al actual niño lector? ¿Qué cosas le gustan y qué cosas deja de lado?

Honestamente, no tendría idea de cómo intentar contestar eso. Realmente no hago mis libros pensando en qué quieren los niños, sino en mi propio sentido de curiosidad, esa de adulto y de niño dentro de mí, por lo que yo soy mi propio público objetivo.

¿Pero estás al tanto de todo lo que se publica?

Soy sorprendentemente mal informado en torno al trabajo de mis pares. No paso tanto tiempo estando al día con lo que hay allá afuera, lo cual puede ser tanto bueno como malo. Malo, en el sentido de que sería excelente disfrutar de todos esos libros maravillosos que están circulando, y bueno, ya que vivo en una burbuja haciendo mis propias cosas, sin estar influenciado por tendencias y modas de mercado. Por lo anterior, realmente no tengo idea qué están leyendo hoy los chicos y chicas, y menos lo que les gusta o no.

En una entrevista dijiste que no habías elegido escribir para niños, que había sido un accidente. ¿Me puedes contar esa historia?

Es verdad, fue un accidente. Nunca decidí conscientemente irme en esa dirección. Como artista siempre me ha interesado contar historias, la naturaleza de las palabras y su relación con las imágenes. Mi primer álbum nació de un croquis para un grupo de pinturas que estaba realizando para una exposición en Sidney, Australia. El potencial de narración era tan fuerte que no pude evitar ver el lugar al que me llevó; antes de darme cuenta tenía una estructura de álbum; ocurrió solo. La transición fue fácil. Siempre me han encantado y he coleccionado libros álbum y sé reconocer uno bueno cuando se me presenta. Aplicando ese criterio de edición a mi propio trabajo, fue bastante natural.

¿Cómo podrías definir tu trabajo? ¿Eres artista, autor, ilustrador o pintor?

Generalmente trato de evitar las etiquetas y descripciones, ya que limita la percepción de lo que uno hace. Hago todas esas cosas. Tengo un amigo que se describe a sí mismo como un “hacecosas”; eso me gusta.

¿Les muestras tus libros a niños antes de publicarlos?

Sí, a veces, y a adultos también. Cuando estás generando un concepto de libro álbum es muy importante mantenerte en línea y no irte por las ramas, por lo que claro que pido la opinión de otras personas. Con respecto a mis libros en particular, trato de sociabilizarlos entre los hijos de mis amigos para asegurarme, porque si hay algo que no funciona, ellos son los primeros en detectarlo.

¿Harías cambios si te lo propusieran?

Nunca un niño me ha pedido expresamente un cambio, pero a veces preguntan por qué sucedió algo. Si hay demasiadas de esas preguntas, sé que algo no anda bien, que estoy provocando saltos de lógica demasiado grandes.

¿Está entre tus planes escribir para adultos?

No está en mis planes, aunque no descarto nada. Tiendo a pensar visualmente primero. Creo que, finalmente, me considero un artista que usa palabras, o más bien un cuentacuentos que utiliza cualquier herramienta que tenga a mi disposición. La mayoría de las ideas que se me ocurren fuera de libros ilustrados tienden a girar en torno a una ejecución visual. Aunque tampoco descarto que aparezca una idea que justifique usar solo palabras.

Usas bastante las redes sociales. ¿Qué te atrae de ellas?

Son un megáfono muy eficiente que me sirve para hablar de mí mismo, mi mundo y mis pensamientos aleatorios. A todos nos gusta un poco de audiencia y atención.

¿Cómo ves el futuro de los libros frente a los avances de la tecnología?

Los libros no desaparecerán. Tenemos demasiado arraigado el acto físico de sostener el objeto libro para verlo reemplazado por un aparato que se enchufa. Y sé que aunque la tecnología puede estar cambiando la forma en que la gente lee, a la larga lo único que jamás cambiará es la necesidad de contenido, de cuentos.

¿Y qué piensas del uso de la tecnología para dar nuevos aires a textos que ya existían en papel? ¿Y de los libros digitales?

No estoy en contra de los e-books en la misma forma vociferada que algunos autores o ilustradores de alto perfil. Solo me interesa desarrollar aplicaciones que profundicen una historia, más allá de que luzcan o no la última tecnología disponible. Si hay un punto importante para mejorar el libro, entonces soy el primero en querer explorarlo; si no veo un potencial complemento, es literalmente campanas y chiflidos. En cuanto a e-books, realmente muchas obras de arte se ven mejor en una pantalla retroiluminada. Seguro que todo ilustrador recuerda más de alguna instancia en que sus ilustraciones salieron perjudicadas en la impresión sobre el papel. Creo que el e-book será un complemento al mundo editorial, más que su único futuro visible o el reemplazo del libro de papel.

¿Usas mucho el computador o prefieres el trabajo manual?

Sí, uso el computador. Me gusta utilizar photoshop para limpiar las ilustraciones e Internet para perder el tiempo. Pero soy muy old school: dibujo y pinto mucho más de lo que escaneo.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Hay una serie de libros que saldrá ahora en torno a un grupo de personajes llamados Hueys**, quienes se deleitan con lo pequeño y con las cosas sin sentido. Su primer cuento se llama New Jumper y es una –no tan sutil– analogía de la mentalidad de oveja de muchas de las culturas populares. También acabo de terminar mi último álbum propiamente tal, que se titula This Moose Belongs to Me***. Había estado coleccionando muchos cuadros viejos de paisajes con la intención de usarlos como telones de fondo para la historia y pintar los personajes directamente encima. Eso se puso medio complejo para Harper Collins (su editorial en EE.UU.) por la necesidad de conseguir los permisos para utilizar los cuadros en los libros. Solo pudieron descubrir la autoría de unos pocos y muchos no los pude usar. Aun así, el libro quedó precioso.

 

Notas de la redacción:

*Atrapados fue publicado en español por el FCE en el 2012.

**Los Huguis en El jersey nuevo y Los Huguis en Yo no he sido fueron publicados en español por Andana Editorial en febrero del 2015.

***Este alce es mío fue publicado en español por el FCE en el 2013.

 

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Leonor Pérez: Inspiración en la punta del lápiz

Ama los gatos, el paisaje urbano, los dramas cinematográficos y los budines. Odia las colas del banco, la vanidad, los ratones y el arribismo. En la cabeza de Leonor Pérez conviven cientos de imágenes e inquietudes, las mismas que desde pequeña la acercaron al arte y hoy la impulsan a seguir abriéndose camino en el mundo de la ilustración.

Por Bernardita Cruz M.

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Cuando la pequeña Leo, de solo 5 años, dibujó a la señora Ester, toda su familia quedó boquiabierta: había logrado retratar a la perfección las anchas caderas, el moño empinado y los gruesos anteojos de la mujer que la cuidaba a ella y a su hermano. Hoy Leonor Pérez recuerda esa anécdota infantil como la primera señal que tuvo de que su camino iría por el lado artístico.

Apenas salió del colegio, se matriculó en Licenciatura en Arte con mención en Pintura, una carrera que pensó le serviría para expresar su visión del mundo con plena libertad. A poco andar, decidió estudiar también Pedagogía, lo que de paso le permitió materializar sus inquietudes sociales.

Cuando llevaba más de 5 años haciendo clases en colegios, empezó a sentir que la presión del trabajo había anulado su faceta creativa. Como no estaba dispuesta a dejarla congelada para siempre, decidió hacer algo al respecto. Junto a una amiga que estaba en una búsqueda similar, formó entonces el taller de juguetes “Caballo azul”, donde elaboraron material didáctico relacionado con el arte y la cultura.

En esa misma época Leonor se topó con una muestra del Colectivo Siete Rayas que terminó de moverle el piso. “Esa fue la gota que rebalsó el vaso de todo lo que estaba sintiendo. Siempre miré desde lejos la posibilidad de ilustrar, pero era una mirada ingenua, no me imaginaba cómo tenía que hacerlo ni cómo empezar”, recuerda.

Tras ver más de cinco veces la exposición, se puso en contacto con Paloma Valdivia, quien la orientó y le dio el impulso que necesitaba para atreverse a jugársela por la ilustración. Juntó todos los dibujos que había hecho para los juguetes más otros que tenía archivados, armó una carpeta y la presentó en una empresa que buscaba artistas para editar textos infantiles. Quedó seleccionada de inmediato y así surgió su primer encargo, un libro de trabalenguas. Acto seguido, dejó de hacer clases, cerró el taller y se transformó en ilustradora de tiempo completo.

En sus más de 5 años dedicada profesionalmente al dibujo, ha participado en numerosos libros en los que hace gala de un estilo que describe como “figuración que tiende al realismo”. “No soy de grandes deformaciones. Una de las cosas que busco en mi trabajo es rescatar la emocionalidad del texto y de sus personajes. Poner el acento en el clima afectivo para propiciar la identificación con la historia”, explica.

Mientras está concentrada en resolver una idea, todo la inspira. Sentada frente a la ventana de su escritorio, que da al patio de un edificio antiguo, vuelca sobre el papel todas las ideas que llegan a su mente al recordar una conversación o la escena de una película. Un árbol alto, una cordonería, un sueño nocturno, un verso, un parque o una buena canción, todo la impulsa a crear.

 

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Viajes y encuentros

Recién había decidido dedicarse a la ilustración cuando participó en una muestra colectiva en homenaje a Hans Christian Andersen. Ahí conoció a un grupo de artistas que ya llevaba un tiempo en el medio. Se hicieron amigas y la invitaron a ser parte de un colectivo integrado solo por mujeres: Minga Ilustradoras. “Para mí fue una experiencia lindísima porque me permitió familiarizarme de manera más rápida con todo esto, aprender, entender, compartir con personas con experiencia y, paralelamente, ir creando lazos de amistad”, recuerda.

Aunque creció en La Florida, con la cordillera, un canal y un gran sauce frente a su casa, es una declarada fanática del paisaje urbano. Le encantan los edificios, las casas, los rincones de las grandes urbes. Tanto así que sus vacaciones ideales serían en una ciudad desconocida, con un mapa, su máquina fotográfica y buena compañía.

Una de las vivencias más significativas que ha tenido en su carrera surgió justamente gracias a un viaje. El año 2008, impulsada por la inquietud de vivir fuera de Chile, aprender más sobre ilustración y ojalá trabajar en otros mercados, partió por un año a hacer un diplomado a México. “Creo que ha sido una de las mejores experiencias que he vivido: conocí a artistas e ilustradores que resultaron reveladores, aprendí, trabajé, me vinculé con el medio rápidamente, hice amigos. Siempre he sido muy de caminar por terreno seguro, pero estar allá me abrió a lo creativo, me destapó, dejé de sentir miedo”, afirma.

A la vuelta de ese viaje, armó su nueva casa y puso su escritorio –dos puertas instaladas sobre caballetes– en el estar. Ahí trabaja mínimo ocho horas diarias. “Soy metódica, parto temprano y a veces incluso dibujo los fines de semana. Como soy lenta, prefiero la pausa”, explica. Dice que se mueve constantemente entre lo hecho a mano y lo digital: “Me encantan los papeles, el recorte, las pinturas, los lápices y el pegoteo, pero también hago un buen trabajo de posproducción en el computador”.

Confiesa que lo que más le atrae es ilustrar literatura porque le permite realizar un trabajo más artístico y creativo, más sentido y personal. Es lo que le sucedió, por ejemplo, con El vuelo de Francisca (Pehuén), que aborda el duelo de un niño tras la muerte de su abuela. “Es un proyecto en conjunto con una amiga escritora y fue un proceso muy conversado y discutido a fuego lento. Le tengo mucho cariño porque aparte de todo lo que me hizo sentir, me permitió ajustar mi estilo”.

Leonor dice que ama lo que hace y que le gustaría seguir ilustrando por mucho tiempo. Confía en que las condiciones de trabajo serán cada vez mejores, con procesos creativos más profundos y decantados. “En ilustración, cuando llevas un año no eres nadie, a los dos te empiezan a conocer, a los tres las cosas van mejor… Hay que hacerse un camino”, afirma.

Por mientras, ella no espera sentada a que le toquen la puerta. Gracias a algunos viajes y contactos internacionales, hoy trabaja en un libro de poesía de Pedro Villar para la editorial mexicana El Naranjo* y un texto didáctico que le encargaron de Corea. También prepara una antología de Santillana para niños de 1ro Básico y el segundo semestre hará clases de ilustración infantil en el Diplomado de Ilustración de la Escuela de Diseño de la Universidad Católica.

Entusiasmada con sus múltiples proyectos, Leonor sigue abriéndose camino en el mundo de la ilustración, donde ya se ha ganado un espacio gracias a su estilo tan personal, pero también a su espíritu siempre inquieto y observador.

 

*Nota de la redacción: Tres veces tres la mar, de Pedro Villar, fue publicado por El Naranjo en el 2012. Esta entrevista se realizó en julio del 2011 y, desde esa fecha, Leonor ha participado en varios proyectos editoriales, entre los que destacan La tierra del cielo de Sonia Montecino y Catalina Infante (Catalonia, 2013), La artesana de las nubes de Bianca Estela Sánchez (FCE, 2014) y ¡Qué horror, un niño! de Mari Ferrer (Santillana, 2014).

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Raquel Echenique: “En la naturaleza encuentro la fuerza y el movimiento que pongo en mis ilustraciones”

Nacida en el sur de Francia, la ilustradora chilena llegó a Chile siendo una adolescente. El impacto de un nuevo país, los recuerdos de su infancia y un diálogo permanente con el medioambiente son algunos de los ingredientes que enriquecen su intenso y profundo trabajo artístico.

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería
Investigador y curador de ilustración

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www.raquelechenique.blogspot.com

La imagen es más o menos así. Un pueblo medieval en el sur de Francia que parece sacado de un cuento, con una abadía de los tiempos de Carlomagno y un puente de piedra del siglo XII. Los niños corren en el bosque, nadan en el río, escalan cerros. Podrían llamarse Rachid, Cheng, Enzo o Raquel. En sus casas se podría hablar árabe, chino, italiano o español. Pero eso a nadie le importaría mucho, porque a la hora de jugar o ir a la escuela pública todos serían iguales, todos habitarían el mismo país: la infancia.

La siguiente escena transcurre en Santiago de Chile. La niña Raquel ya es una adolescente recién llegada a un país en plena dictadura. No es solo otro idioma, son otros códigos y otra cultura. La libertad y la diversidad son cosa del pasado. Aquí prevalecen las convenciones sociales, las reglas y el deber ser.

“Cuando llegué a Chile sentí por primera vez lo que era ser extranjero”, recuerda la ilustradora Raquel Echenique, de nacionalidad chilena y española, pero nacida en Lagrasse, Francia. “Venía de un pueblo multicultural y llegué a una capital muy cerrada, en la que incluso ser adolescente era distinto. En Francia, la adolescencia era probar y tener experiencias. Acá lo que importaba era adaptarse a las normas”.

Han transcurrido varios años, pero ella sigue sin conformarse con las reglas. En un mercado editorial en el que no siempre es fácil alejarse de los estereotipos que marcan lo que debe ser un libro ilustrado o un libro para niños, el trabajo de Raquel Echenique se presenta como un desafío visual, que no rehúye la intensidad de la materia ni tampoco las sombras, a fin de cuentas tan propias de la vida como las luces.

“Ser extranjero en Chile, sobre todo si vienes de Europa o Estados Unidos, tiene algo bueno, porque se valora tu mirada”, acota. “Eso es rico y te da cierta seguridad. Pero por otra parte produce una especie de nostalgia muy profunda que a veces se transforma en rabia, porque no encuentras esa manera de ver y vivir aquí. O la encuentras en círculos muy pequeños”.

Es probable que sus libros, que ya suman más de 30, sean uno de esos círculos. En ellos se respira aquella sensación de libertad, espontaneidad y fuerza que tanto anhela. Desde las evocaciones a la muerte en Alturas de Macchu Picchu de Pablo Neruda (Amanuta) y el feroz despliegue pictórico en Reino Animal de Gabriela Mistral (Pehuén), a la cándida nostalgia de Luchín de Víctor Jara (Lom) y la poesía cotidiana y mínima de Diez pájaros en mi ventana de Felipe Munita (Ekaré Sur), sus imágenes se elevan a partir del texto gracias a una lectura llena de sugerencias y vivencias propias.

“En el fondo, ilustro mis temas”, explica. “Aquellos que me llaman y que busco. Con los que convivo, sufro, de los que intento recuperarme, trato de superar o sobrellevar. Es a través de esa cosa negra, triste e incluso violenta, que logro profundizar en un texto. Me costaría trabajar desde la alegría, desde la cosa colorida y cálida. Es el leguaje que conozco”.

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Escribir para ilustrar

Raquel Echenique traza grandes manchas negras sobre la pared blanca. La pintura escurre. Se expande. Corre muro abajo. Ella deja que siga su curso hasta que en el momento exacto la atrapa, la devuelve, le da forma, la hace suya. Agrega detalles. Construye personajes. Añade color. No hay errores ni duda. Todo fluye.

El pequeño mural es parte de la muestra Bandada que pocos días después inaugurará frente a decenas de personas en PLOP! Galería. Ahí reunió sus trabajos más recientes. Un conjunto en el que, incluso si las técnicas y los materiales con los que trabaja son diversos (collages, papel de color, pastel graso, tinta, lápiz, acuarela), se siente la cohesión y solidez de su obra. “Cada texto me trae un material, me pide una forma particular de dibujo”, dirá semanas después durante una visita guiada.

Pero lo de ella es un azar controlado. Quizás porque creció entre dos culturas, quizás porque todavía piensa y sueña en español y francés, Raquel Echenique se mueve en un vaivén permanente entre la planificación y la espontaneidad, entre la estructura y el hallazgo, entre la palabra y la imagen.

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La soltura con que resuelve cada una de sus imágenes es el resultado de un proceso que parte con una lectura del texto y una gran cantidad de anotaciones donde deja registro de las sensaciones que le ha provocado. Luego vienen los bocetos, en los que comienza a estructurarse la historia ilustrada, su ritmo gráfico, composición, escenas, planos y símbolos. Es lo que ella llama “cranear”.

“Hacer un libro es ir desde algo intuitivo a algo muy concreto”, explica. “Llevar esa sensación que te da el texto a una estrategia que te permita conjugar tus ilustraciones con el escrito de manera que formen un lenguaje paralelo, que no es el mismo, pero que se enriquecen mutuamente y se transforman en un todo”.

Cada uno de esos pasos implica cientos de decisiones. ¿Será un primer plano o un gran paisaje? ¿Se incluirá un árbol, un florero o una casa? Y nada de eso es trivial porque ella busca que todo signifique, que nada sea decorativo en sus ilustraciones.

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Naturaleza interior

Cuando ya el plan está trazado, recién entonces llega la hora de “pensar con el lápiz”, completar los detalles y abandonarse a la “sorpresa que trae la mancha”. “Es valorar también lo orgánico y espontáneo, eso que no depende de mí, que sucede a pesar de mí, y poder crear desde ahí. Algo que tiene probablemente que ver con la cercanía y emoción que me provoca la naturaleza”.

Raquel siempre vuelve a la naturaleza. Es el lugar en el que se reencuentra con el país de su infancia. Ese pueblo de piedra y tejas, inmerso en la vegetación, donde aprendió a dialogar con su entorno, a maravillarse con las formas y los colores. Donde se construyó su manera de expresar, comunicar y plasmar. Donde, como ella misma dice, “se formó la persona que soy”.

Esa relación sigue intacta hasta hoy. Es parte de su vida y de su trabajo, de sus preocupaciones como ciudadana. También es el refugio donde encuentra la energía para seguir creando. “Si tuviera que decir qué es lo que más me emociona hacer, diría que es ir a la montaña, caminar y hacer cumbre. Cuando ilustro, que es algo que también me gusta muchísimo, hay una mezcla de sufrimiento y placer. La naturaleza en cambio es puro placer. En ella, en el viento, las piedras, la tierra y los árboles, encuentro la fuerza y el movimiento que pongo en mis ilustraciones”, comenta.

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Vivimos en una sociedad que está destruyendo el medioambiente. ¿Cómo te afecta eso?

Me preocupa lo que pasa. No deja de sorprenderme esa capacidad autodestructiva del ser humano. Ningún hecho, ni siquiera aquellos científicamente comprobados, lo hace cambiar de rumbo. Todo va hacia una mayor explotación de los recursos, a costa de lo que sea y de quien sea. Eso me impacta mucho y me angustia.

¿Tienes esperanza de que las cosas cambien?

La esperanza es lo único que no se pierde nunca. Y gracias a eso una está viva. Hay grupos que son más conscientes, que hacen pequeñas acciones que tratan de frenar la destrucción. Pero no creo que haya un cambio de rumbo a nivel global. Es como un tren que se va a estrellar contra un muro y que ya partió. Sí se pueden seguir haciendo cosas a pequeña escala. Todos los intentos son válidos y hay que seguir intentándolo.

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Como ilustradora, ¿sientes que tienes un rol que jugar?

Creo que sí. Quizá no directamente. Pero sí está en nuestras manos sensibilizar. Mostrar la belleza de lo que nos rodea. Espero que ese pueda ser un aporte.

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Pablo Neruda, poemas ilustrados
Alturas de Macchu Picchu
Autor: Pablo Neruda
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2011
ISBN: 9789568209742

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Viaje al Corazón de Neruda
Autora: Marilú Ortiz de Rozas
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2014
ISBN: 9789568209902

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Luchín
Autor: Víctor Jara
Ilustradora: Raquel Echenique
Lom, 2014
ISBN: 9789560005304

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Reino Animal
Prosa del agua y del viento
Autora: Gabriela Mistral
Ilustradora: Raquel Echenique
Pehuén, 2014
ISBN: 9789561606029

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Diez pájaros en mi ventana
Autor: Felipe Munita
Ilustradora: Raquel Echenique
Ekaré Sur, 2015

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El alerce. Gigante milenario
Autora: Alice Hoffman
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2011
ISBN: 9789568209735

Pati Aguilera. Retrato de familia

La tarea no fue fácil. Implicó hurgar en los recuerdos, repasar la historia común, preguntar sobre el presente y el futuro. Claudio Aguilera recibió una petición especial para este número de HUV: escribir el perfil de su hermana, la destacada ilustradora Pati Aguilera. Aquí, en primera persona, el íntimo resultado de esta experiencia. 

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería
Investigador y curador de ilustración

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www.patiaguilera.com

 

La memoria está llena de trampas. Lo que recordamos no siempre es un recuerdo; a veces es algo que nos contaron, una imagen que de tanto verla se hizo real o incluso una ficción que nos inventamos para contarnos la historia de nuestras propias vidas.

Tal vez una de las razones por las cuales escribimos, e ilustramos, sea llenar esos vacíos que va instalando el olvido. “¿Cuál es tu primer recuerdo?”, le pregunto a mi hermana, la ilustradora Pati Aguilera, con quien realizamos el libro Hermanos (Quilombo Ediciones), donde evocamos, cada uno desde sus propias visiones, nuestra infancia.

“No recuerdo mucho”, me dice. “Los recuerdos que tengo de niña vienen todos de momentos de los que tenemos fotos. Puede ser que con el dibujo pase algo similar, porque son las imágenes las que quedan en la memoria”.

Yo tengo una imagen. Vamos caminando por un bosque. Ella se ha quedado atrás, como siempre lo hacía cuando salíamos de excursión. Está agachada junto a una charca donde se mueven cientos de diminutos renacuajos. Recogía piedritas, flores, pequeñas ramas, hojas y coquitos de eucaliptus.

Cuando volvíamos de paseo, Pati cargaba todos sus tesoros. Los ordenaba y usaba para hacer algunos collages que recreaban las caminatas que habíamos emprendido. “El olor del eucaliptus es una de las cosas que recuerdo”, me comenta. “Lo poníamos en un tarro con agua sobre la estufa a parafina”.

Por esa época vivíamos en Concepción y los inviernos eran furiosos, de lluvia y viento que levantaba los techos y rompía ventanas. Frente a nuestra casa había una gran vega donde después de la lluvia atrapábamos sapitos mientras esperábamos que volviera nuestra madre, quien a los 27 años criaba sola a tres hijos.

Inevitablemente esos años se colaron en nuestro libro. En una de las ilustraciones que hizo Pati se ve a cuatro pajaritos que salen de paseo arriba de tres ranas. En el cielo hay algunas nubes, en la tierra unas hierbas, y en sus corazones el pálpito de una aventura que aún no comienza.

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Crear el mundo

“Señor, podría dejar de hacer ruido, por favor. Mi hermanita duerme”. El que habla soy yo. Tengo un poco más de cuatro años. El “señor” es el conductor del camión del gas que ha decidido estacionarse justo frente a nuestra ventana mientras mi hermana recién nacida duerme.

Antes de su llegada, el Universo giraba en torno a mí. Ella cambió el curso de las órbitas pero no recuerdo haber sentido celos. Era apenas una hilachita, larga y delgada, que debía proteger a toda costa. Pero no tardó en dejar de ser inofensiva. La favorita de papá, el torbellino que arrasó con mis juguetes y un as para descubrir dónde escondía los dulces; también demostró tener un especial talento para negarse a comer, escarbar en la basura y quemarse con las estufas.

No era lo único. “A los diez años me di cuenta que tenía mucha capacidad para todo tipo de manualidades. No podía entender cómo mis compañeros se sacaban malas notas en Técnico Manual o Artes Plásticas, si para mí eran como un regalo que me ayudaba a subir el promedio”, recuerda.

Entre personitas de plastilina, vestidos para sus juguetes, tijeras y papel lustre, por esa época ganó un concurso por un volantín que diseñó y recibió de regalo una caja de lápices que se demoró semanas en abrir porque no quería que se gastaran o desordenaran. “Me pasa hasta el día de hoy. Cuando tengo materiales nuevos me cuesta empezar a usarlos porque me gusta mirarlos y que estén enteritos”, confiesa entre risas.

Hoy sus ilustraciones están llenas de flores y plantas, personajes sonrientes y de colores encendidos, como si parte de esa niñez saliera a relucir en sus composiciones. Pero por entonces el dibujo era apenas un pasatiempo más para una niña inquieta e imaginativa, que nunca tuvo miedo a los insectos, ni a subir a un árbol o rasparse las rodillas en bicicleta.

“Yo pensaba que existía un país donde los dibujos animados eran reales”, me dice en medio de nuestra conversación. “Que algún día podría ir hasta allá y casarme con Rick Hunter, el piloto de Robotech. Y recuerdo que te pregunté dónde quedaba ese país y me dijiste que no, que los dibujos los hacía una persona”.

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Corre, Pati, corre

Durante nuestra infancia se jugaba en la calle y el verano parecía nunca acabar. Las horas se derretían lentamente entre el olor a cemento mojado tras el “manguereo”, los helados en bolsita y las carreras en bicicleta o patines de cuatro ruedas. Sabíamos que teníamos que volver a la casa a tomar “la leche” y antes de que se prendieran los faroles.

Eran los tiempos de las olimpiadas de Los Ángeles y competir contra otros niños era parte de nuestras mayores entretenciones. Mi hermana era la corredora estrella. No importaba que fueran más grandes que ella; siempre ganaba.

Quizá de esa época le quedó el gusto de ponerse metas y trazarse un plan para alcanzar sus objetivos. A los 15 años se dio cuenta de que su promedio no era suficiente para ir a la universidad y decidió estudiar hasta ser la mejor alumna. Y cuando entró a Diseño dividía su tiempo entre su trabajo como garzona y las entregas de taller, lo que no le impidió ser en dos oportunidades la mejor alumna de su curso.

Sin embargo, el dibujo fue su calvario y el profesor a cargo del curso llegó a decirle que jamás aprendería. “Cuando estaba en la universidad tenía claro que de alguna manera quería ser artista”, cuenta. “Quería hacer exposiciones. Mostrar mi trabajo, pero no me iba bien en dibujo así que pensé en dedicarme a la fotografía. Ni siquiera era una alternativa el dibujo”.

Fue cuando creó, junto a Fito Holloway, la agencia de diseño AjíColor que el dibujo volvió a ser una opción. “Pero al principio no me lo creía. Fue después de tomar el taller de Alberto Montt y Francisco Javier Olea, que entendí que para ser ilustradora no era necesario dibujar bien; que lo importante era tener una voz propia que va surgiendo con el tiempo, incluso de las propias debilidades técnicas”.

Desde entonces mucha tinta ha pasado sobre el papel y hoy dedica la mayor parte de su tiempo a la ilustración, ya sea para clientes chilenos o extranjeros, o para proyectos propios, como los sitios de cocina criolla Cositas ricas ilustradas y de cocina saludable Palta Reina, además de haber sido seleccionada en el 2014 por la prestigiosa agencia española Pencil para ser representada a nivel internacional.

“Creo que siempre he sido muy estratégica”, comenta. “Y eso viene del deseo de siempre estar mejorando. Incluso me pasa, como a todos, supongo, que veo mis ilustraciones antiguas y las encuentro todas horribles. Hasta con las actuales me sucede que, una vez que las termino, les sigo encontrando detalles que mejorar. Nunca siento que algo esté perfecto”.

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Para chuparse los dedos
Autora: Pati Aguilera 

Letra Capital Ediciones, 2013
ISBN: 9789569271014
http://cositasricasilustradas.blogspot.com/

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Este 2015 Grafito Ediciones lanzará un libro con las mejores recetas del blog Reina Palta.
http://reinapalta.blogspot.com/

 

Un libro, muchos libros

El 2002 viajé a Francia para estudiar Historia del Arte. Fueron dos años lejos de mi familia, pero una gran experiencia que me permitió conocer el mundo de la ilustración europea y algunos espacios culturales que más tarde servirían de inspiración para PLOP! Galería.

Durante todo ese tiempo, Pati y yo intercambiamos cientos de correos, en que nos íbamos contando alegrías y penas. Cuando regresé ella había hecho para mí un libro donde reunía todas esas cartas y mensajes “con el fin de documentar el tiempo que no estuvimos juntos”. Fue nuestro primer libro.

Diez años después seguimos publicando. Ella como diseñadora e ilustradora; yo como escritor, editor o investigador. “Pero nunca fui una gran lectora como tú”, me dice. “Fue cuando descubrí los libros ilustrados que realmente me enamoré de los libros. Ahí estaba todo lo que me gustaba”.

Hoy Pati colecciona versiones de la Caperucita Roja y ha ilustrado libros de poemas de Gabriela Mistral y una historia de la plaza de Armas de Santiago, además de una compilación de sus recetas ilustradas bajo el sugestivo título de Para chuparse los dedos (Letra Capital Ediciones), y pronto presentará un nuevo recetario donde reúne preparaciones vegetarianas realizadas junto a la cocinera Antonia Cafati.

¿Qué diferencia hay entre ilustrar un libro de ficción y un libro informativo?

Cuando ilustro una historia de ficción siento mucha libertad para crear pero trato de no perder de vista el texto, para que las ilustraciones sigan manteniendo una relación con la palabra y el libro sea un todo. Cuando hago un libro informativo me documento mucho, voy al lugar, saco fotos, investigo y busco imágenes reales, porque soy consciente de que serán libros que los lectores utilizarán como referencia.

Ese rigor a la hora de emprender un nuevo libro la hizo pasar horas en la Plaza de Armas captando a los personajes que la pueblan y las características de su particular arquitectura. De la misma manera, su afición por la cocina la ha llevado a tomar varios talleres y antes de publicar alguna de sus recetas ilustradas prepara y prueba cada plato. “Incluso, haciendo este libro he cambiado mi alimentación. Ahora me preocupo más de lo que como. Tal vez es la edad y el hecho de ser mamá”.

Durante toda nuestra conversación, su hija, mi única sobrina, corre, juega y conversa entre nosotros. Violeta nació apenas una semana después de que en agosto del 2010 fundáramos, junto a Isabel Molina y Fito Holloway, PLOP! Galería. Para ella, que ha crecido entre talleres, lápices y libros, la ilustración será el lugar de su infancia, tanto como un bosque o una cancha de tierra fueron la nuestra.

“¿Qué sientes que te falta por hacer?”, le pregunto. Pero conozco la respuesta, porque compartimos el mismo sueño y aunque acabamos de inaugurar Casa PLOP!, un espacio para talleres y charlas sobre ilustración, Pati siempre quiere ir un poco más lejos y aspira a que PLOP! Galería se transforme en un gran centro cultural de la ilustración. “Imagino una casona de tres pisos, donde podamos dar clases, tener espacio para hacer exhibiciones y conferencias, residencia para ilustradores, salas para investigación, una biblioteca y un museo donde mostrar la historia de la ilustración chilena. Y un café para hacer mis recetas”.

“Tal vez eso sea para cuando tenga 50 años”, agrega. Y yo le pregunto cómo piensa que será a esa edad. Seguirá ilustrando, dice, quizá con una casita fuera de Santiago, con más trabajo, con más experiencia, ojalá que con algunos premios. Probablemente con más canas. Trato de imaginarla y no puedo. Creo que nunca podré dejar de ver a la niña que jugaba a coleccionar ramitas y piedras, que podía correr mejor que ninguno y que sigue creando un pequeño mundo de color y felicidad simplemente con un lápiz y un papel. Es mi hermana; no podría ser de otra forma.

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Ilustraciones del libro Plaza de Armas. El corazón de Santiago (Letra Capital Ediciones, 2012)

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Hermanos
Autores: Claudio Aguilera y Pati Aguilera
Quilombo Ediciones, 2014
ISBN: 9789568836184

Pati y Claudio  

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