Categoría: Nuestro Ilustrador

Mesa de trabajo: Daniel Blanco Pantoja

Por Claudio Aguilera

“Edito para elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes”

Hay dos clases de personas. (Bueno, hay muchas más, pero para esta entrevista diremos que hay dos.) Decía, hay clases de personas: las que al momento de construir una casa la dibujan en un papel y se la pasan a un arquitecto para que la haga realidad, y aquellos que la construyen con sus propias manos. Daniel Blanco Pantoja es de los segundos.

Considerado uno de los mejores ilustradores de Chile y reconocido internacionalmente por libros como “Un diamante en el fondo de la tierra”, desde hace algunos años decidió levantarse del tablero de dibujo y comenzó a construir su propia editorial: Erdosain (erdosainediciones.com), un sello de libros ilustrados que atrapan al lector por su cuidadosa y llamativa factura, pero al mismo tiempo se transforman en una trampa con sus textos inclasificables e imágenes que transitan a contracorriente de los estándares  de la edición infantil y juvenil.

Pese a eso la LIJ local no ha tenido reparos en apropiarse y premiar su catálogo, reconociendo en él una propuesta personal, vigorosa y cuestionadora de los estrictos límites que usualmente condiciona al género.

Con el mismo derroche de energía y compromiso que pone en cada una de sus actividades, Daniel accedió a responder un breve cuestionario que con los días se transformó en una arrolladora, y a momentos torrencial, declaración de principios.

¿Qué te impulsó a fundar tu propia editorial?

Los libros son objetos extraños. Anacrónicos, como máquinas del tiempo. Tienen esa cosa críptica, ese misterio autómata: están allí, inertes, con sus páginas llena de símbolos artificiales en donde alguien, un escritor o ilustrador, registró una historia, una experiencia de su vida. Y de todas las artes, para mí siempre ha sido la literatura la más poderosa. No muestra nada: es la antiforma, flotando en el vacío del papel. La tipografía es sólo una estética acordada, pero detrás de ella no hay nada. Nada que puedas encontrar en el mundo, y sin embargo, los hombres hemos registrado a través de ella toda nuestra experiencia del mundo.

Todo esto me fascinaba tanto, y lo hace tanto aún, que, si bien ya trabajaba como un feliz editor en Pehuén, empecé a sentir la necesidad de elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes. Porque, entre otras cosas, el catálogo de una editorial es un discurso: el ordenamiento de un montón de otros discursos que suman una visión subjetiva del mundo. Erdosain sería la oportunidad de poder desarrollar aquellos libros que no podía encontrar en el mercado y que yo creía necesarios. Contar lo que no te han contado aún, y así poder compartir la experiencia mistérica que es la vida. Tal vez por eso Erdosain es, inevitablemente, una editorial extraña. Es un reflejo del principal atributo con el que podría adjetivar la experiencia de vivir: la extrañeza.

¿Cuáles son tus referentes como editor?

No tengo uno. Son muchos. Los libros antiguos de Siruela, cuando el conde estaba allí dirigiendo los hilos de la editorial, fueron sin duda un momento iniciático. Están también los libros de Pre-textos. Son objetos tan finos. Sobre todo su colección de poesía.

Zorro Rojo también lo fue en su momento. Si bien el tratamiento, estrategia y contenidos no son del todo similares, amé la reivindicación de la literatura ilustrada para adultos a través de la mano de artistas, no de «ilustradores», sino de artistas plásticos, como Breccia, Scafati o Caruso ejecutando con su trabajo no sólo un acompañamiento del texto, sino generando una nueva narración paralela; una estética, una nueva simbología. En el fondo, una nueva lectura, que aporte al texto, a la obra artística que es, una sobredosis de contemporaneidad y significados.

La editora Arianna Squilloni dice que editar es un asunto ético. ¿Lo es para ti?

Claro que lo es. Estás decidiendo qué decir. De todo lo que se dice, de todo el inconmensurable ruido del mundo, tú decides apartar un pequeño, ínfimo discurso y dices que es importante salvarlo, para que sea leído, para que cambie, aunque de forma misteriosa, una vida. Esa decisión es política, sea ampliamente fundada o no, es política pues está dejando una señal en los caminos del mundo. Publicar es decir que tienes algo que decir.

¿Cómo convive tu trabajo de editor con el de ilustrador?

Conviven horrible y angustiosamente. Todo me toma mucho tiempo. Soy una tortuga. Todos los plazos se me alargan y siempre hay alguna burocracia que hacer. Pocas veces puedo sentarme frente al papel y decir: es hora de ilustrar. Y cuando lo hago, siempre ha sido un proceso patético. Pero es sólo un problema de «medios de producción». El arte es una tarea muy difícil de ejecutar cuando debes sobrevivir.

Ahora bien, nada nuevo hay en esto. Es un tópico eterno del arte. Hay que aprender a sobrellevarlo y no lamentarse mucho. Ha sido un aprendizaje forzoso, y sigue siéndolo, pero, ciertamente, nadie más que yo ha sido quien me ha metido en las patas de los caballos.

Al final del día, la experiencia, “lo comido y lo bailado”, no te lo quita nadie.

¿Ser autor te ha permitido comprender mejor el proceso creativo?

Por supuesto que sí. Es una ventaja estar del lado de la gente que vas a explotar. Generas una empatía espontánea pues sabes cuánto cuesta desarrollar un trabajo de calidad, un trabajo de dimensión profunda. Y por supuesto, trabajas con gente que admiras. Y ese respeto, esa camaradería se siente en todo el proceso. Los autores terminan siendo en gran medida editores de su propio proyecto, pues el proceso entero se vuelve fraternal.

¿Qué espera un autor de un editor?

Que reconozca su trabajo, y no hablo de que le reconozcan si es conocido o si ha ganado premios: hablo de las características estilísticas de su trabajo. Que sepan qué haces, qué investigas y qué intentas decir a través de tus escritos o ilustraciones, que sepan leer tu búsqueda con exigencia crítica y referencial. Por eso un editor debe buscar la erudición de los tópicos que desea trabajar. Sino será sordo y ciego y no podrá establecer el diálogo que debe generar entre todas las partes del libro: ya sea el texto escrito, el ilustrado, ya sea un trabajo mixto.

Y, por supuesto, que le pague bien y a tiempo lo acordado.

¿Qué buscas en un autor?

No lo sé muy bien. Que  conmueva, que sobrecoja. Que su trabajo entre en esta dimensión mistérica de la que hablaba antes. La vida para mí es sólo esoterismo: articulaciones de no-conocimiento. Busco entonces autores cuyo trabajo entre en estas dimensiones. Y busco rigor de la técnica. Busco mucho esto. Me exaspera lo mal hecho, lo descuidado. A veces el mercado, incluso ayudados por la academia y la crítica, ensalzan lo superficial, pues lo superficial conviene al mercado, al consumo. Busco alejarme de esto como si se tratase de un anatema.

Quiero trabajar con artistas que padezcan lo contemporáneo, que entiendan o que intenten entender a través de su búsqueda artística la amplia dimensión histórica, filosófica que es nuestro paso por este mundo extraño. Que a través de su trabajo sepan evidenciar la catacresis, epifanía onírica y, por lo tanto, decadencia a la que todas las cosas de nuestro mundo significante están sujetas.

¿Qué puede aportar una microeditorial en una escena donde la oferta se multiplica y los grandes trasnacionales se imponen?

Su discurso. Un discurso. Uno más que no decepcione a sus lectores. Una editorial debe encontrar a sus lectores y, libro tras libro, no decepcionarlos. Abrir una puerta, una más, sí, aunque nos haga desfallecer, que entregue alguna visión del mundo. Si hay 100 millones de editoriales o solo 10, no importa. Uno debe mantenerse ocupado en la búsqueda de sus carbunclos en la noche del mundo. Solo eso, si la suerte además lo acompaña, puede mantener a flote el barco de una editorial independiente. Ah, y en la dimensión más terrenal: no hacer el «jipi». Hacer libros es una cosa seria, complicada. Un libro bien hecho es una enorme cantidad de trabajo. Y un catálogo, no solo es mucho trabajo: es un negocio bien ordenado y proyectado, a largo, larguísimo plazo. No hay forma mejor de homenajear a tus lectores que no desaparecer. No hacerlo, mantenerse vigente, es la verdadera resistencia, la prueba de que sí eres un aporte.

Has optado por imprimir en China, ampliar tus redes de distribución y conformar un catálogo latinoamericano, ¿es un camino que recomiendes a otras pequeñas editoriales?

No lo sé. La biografía de una editorial independiente es la biografía de un ser orgánico y complejo.

No sé si podría recomendar un camino. Lo que sí creo que hay que hacer es tener mucho cuidado de las fórmulas. Hay que ser empático y moverse mucho. Curioso, sentarse en muchas mesas y establecer muchos vínculos. Aprender, aprender, aprender. El mundo es un lugar grande, redondo, vasto. Hay que sentirle ese peso y aprender a moverse por sus ríos sin naufragar.

Los libros de tu catálogo tienen un importante componente en la ilustración, pero no son libros necesariamente para niños, aunque mucha de la crítica chilena, incluyendo especialistas y jurados, los siguen considerando LIJ ¿Cómo te sitúas tú?

No hay nada en el mundo que me dé más pena que esta sigla. La rechazo rotundamente. Puedes escribir un libro dirigido a un niño, pero eso no tiene por qué hacerlo un libro infantil. Ni siquiera suena bien: LIJ.  Son clasificaciones comerciales  y sumergen al libro, según mi parecer, en un triste automatismo. Lo hacen predecible. Yo prefiero, para hablar de libros, de universos más bien amplios: nosotros publicamos literatura, que a veces va profusamente ilustrada. Cada libro tendrá sus propios afanes. Nos encantaría que nuestros libros lleguen al mayor grupo posible de lectores y que nunca ellos sean homologados.

¿Cómo ves a Erdosain en 10 años?

Ojalá ya superado el punto de equilibro de inversión, con un catálogo que de más de 50 libros y con una distribución amplia en todo el mundo hispanohablante. Con autores y lectores satisfechos, integrando todos una comunidad de artistas y trabajadores del libro.

ILUSTRACIONES

1.Me gusta mucho trabajar con símbolos. Copiarlos, desarrollarlos. Investigo mucho en la historia del arte y la humanidad para intentar universalizar el mensaje, introduciendo en ellos arquetipos que luego modifico según como se vaya mezclando todo en mi cabeza. Intentar que la imagen se vuelva un rito en sí misma.

  

2 y 11. Estas dos ilustraciones de Un diamante en el fondo de la tierra son complejas. Un niño, para quienes va dirigido el libro, no sabría entenderla. Pueden entenderse los elementos que hay en ellas: en la primera, una mujer, dos hombres, una carretera en un desierto, todo ello reflejado en un espejo, en la segunda, un adulto y una niña, asustados, mientras aviones pasan por sus cabezas… Pero el mensaje que todas ellas componen es uno muy triste y que está implícito en el fotograma de cada imagen. Los adultos sabemos que se trata de una mujer secuestrada por agentes de la DINA y de transeúntes caminando por el centro de Santiago mientras los Hawker Hunter bombardeaban La Moneda. Pero la imagen no lo dice. Ellos, los niños, preguntarán ¿por qué esa señora que va atrás tiene un ojo morado y va triste? ¿Por qué pasan esos aviones por encima de la ciudad? Y así es como comienza, en esa imagen, la historia que, el que sepa, tendrá que contarla, y el que no, preguntará.

3. Esta foto es mentirosa. Nunca, ni aun hoy, he podido establecer propiamente un escritorio de trabajo. Los continuos cambios de casa y precariedad del oficio, que yo mismo me he buscado y causado, lo han tramado así. Mi espacio de trabajo es cualquier mesa donde haya luz. En esta imagen todo está como ordenadito pero es que me avisaron que me tomarían esa foto. Entonces ordené.

4. A veces, cuando tengo tiempo para experimentar, cambio las técnicas con las que trabajo. En gran medida esto sucede según qué artistas esté siguiendo y estudiando en ese momento. Lo mismo con los tópicos: la composición y tema de están siempre muy influenciados por las lecturas e investigaciones que esté siguiendo en ese momento.

5. Esto es lo bello de los signos y los símbolos: son artificios humanos que pueden ser desarmados y vueltos a armar. Ese proceso de apropiación que ocurre en el arte pictórico es vital en mi trabajo, e intento llevarlo a cabo en cada una de las imágenes para generar discurso.

6. Del cine, nada me gusta más que el trabajo de la fotografía. Pienso las composiciones de las ilustraciones, sobre todo las que son para acompañar un texto literario, como si fueran tiros de cámara.

7. Intentar poner en una imagen tantos referentes que sean una sinécdoque fantástica del mundo entero.

  

8 y 10. Todo arte es un proceso de sublimación de la experiencia del mundo. En este libro, Animal, del cual también soy el escritor, hablo de esta experiencia muda de la vida, la que va más allá de nuestra individualidad y que trasciende el lenguaje.

9. Este es mi verdadero espacio de trabajo: una cajita de metal con distintos grafitos.

 

Mesa de trabajo: Karina Cocq


 

La infancia, la naturaleza  y la cosmovisión de los pueblos originarios son algunos de los ejes que atraviesan el trabajo de Karina Cocq. Su sobresaliente manejo de la acuarela y su delicada labor con los lápices le ha permitido forjar una obra de notable calidad y coherencia, capaz de trasmitir un universo denso en significados pero también cautivar con la dulce belleza de sus personajes. Ajena a las tentaciones del preciosismo, sabe impregnar cada de sus ilustraciones con una calidez que proviene de una acertada administración de la paleta de colores y una búsqueda de la esencia de las formas.

Por Claudio Aguilera, periodista y socio de PLOP! Galería

Reciente ganadora del Premio Municipal de Literatura por su libro La cabeza de Elena, escrito por Claudio Aguilera, y a días de radicarse temporalmente en Barcelona, nos permitió conocer su Mesa de Trabajo.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
En la vereda de mi casa con mis amigas, dibujando con tiza, estrellas, arcoíris y obviamente el tablero para jugar al luche. Luego también dibujaba en el comedor con mi hermano, en unos pliegos de papel imprenta que mis papás compraban para envolver la mercadería de nuestro almacén.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustradora?
No lo recuerdo. Ahora lo digo más segura, pero ha sido paulatino, en la medida que he ido publicando más me he ido sintiendo más ilustradora.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Depende de la formación e intereses de cada persona. Pero ver Akira, las animaciones de Jan Švankmajer o Miyazaki, es realmente inspirador. Y para leer, poesía, pienso que la poesía y la ilustración tienen lazos y conexiones misteriosas y muy potentes.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson es mi máximo referente, luego Moebius, sin ser muy conocedora o lectora de él, sus imágenes me conectan con el sentido de la vida.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Intento dejar de centrarme en eso y empiezo a hacer actividades hogareñas: voy a mirar las plantas, lavo la loza, hago mi pieza, ordeno la ropa, sin darme cuenta ya tengo ideas. Igual trato de llevar más de un proyectos a la vez y eso sirve un montón, para ir de uno en otro sin aburrirse. De todos modos entro en trabas creativas y a veces me frustro un montón y puedo tener una semana entera de frustración y de congelamiento creativo, hasta  que todo decanta y vuelvo al ritmo normal.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Mi taller es mi refugio, puedo estar todo el día ahí sin salir, pero cuando el tiempo mejora, me gusta salir a dibujar a la calle y los parques.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papel, acuarelas, fotos de personas queridas y una ventana.

¿Hay algo que odies dibujar?
Cualquier cosa para publicidad.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Acuarela y ahora témpera.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
¿Cómo se me ocurrían esas cosas tan locas?

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Pienso que está en un momento de libertad y diversidad increíble, no es un boom, eso ya pasó hace rato. Ahora el que quiere se edita, no dependes de una gran editorial, hay un montón de instancias en que la ilustración se expande y se hace cotidiana para las personas. Pero me gustaría que llegara a más gente, a las poblaciones y no solamente a los sitios de moda. Aunque ahora en lugares como el Persa se ven tiendas con obras de ilustradores al lado de la señora que vende ropa, y eso lo hace más democrático cada vez.

Como ilustradora ¿sientes que tienes un rol social?
Claro que sí. Crear es proponer un mundo, y esa propuesta tiene una responsabilidad. Dibujamos porque amamos dibujar, pero cuando mostramos este trabajo inmediatamente influimos en otros. A mí me gusta hacer proyectos que lleguen a los niños y niñas, gratis ojalá, llegar a las personas y que tu trabajo plantee preguntas y propuestas me parece una parte importante de nuestra labor.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Confía en ti, no desesperes, no mires al lado y busca en ti. Cada camino es diferente, busca en tu historia, en tu infancia, mira a tu alrededor, conéctate con las personas y contigo mismo y claro,  dibuja mucho, pero mucho. No eres ilustrador o ilustradora porque lo quieres o por decirlo: tu trabajo es tu mejor carta de presentación.

Karina Cocq (1984)

Licenciada en Artes de la Universidad de Chile y especializada en ilustración para publicaciones infantiles y juveniles en EINA, Barcelona. Desde 2010 ha colaborado con diferentes instituciones como Conicyt, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Fundación Pablo Neruda, entre otras. Ha sido parte de diversos festivales y exposiciones, además de ser ilustradora de más de una decena de libros infantiles.

ILUSTRACIONES

1. Esta pertenece a la serie fruto rojo, fruto verde, con el que obtuve una mención honrosa en el catálogo Iberoamérica Ilustra, para mi marca un antes y un después.


2.De la exposición Piel Oscura en PLOP! Galería el  2014, fue un momento de mirar mis raíces.


3.ilustración de un proyecto personal que tomo cada cierto tiempo desde 2013 y que espero terminar algún día.


4. Me gustan las escenas que mezclan fauna, naturaleza indómita y fantasía.


5.Cada cierto tiempo salgo a dibujar en mi libreta, es una costumbre que adopté durante mis estudios en Barcelona, esta es una casa en Valparaíso este año.


6.Tomé el curso de ilustración botánica de campo en Chiloé en su primera versión. Hice este canelo, que es un árbol que me fascina, no me dedico a ello, pero no pierdo la esperanza de darme un tiempo para profundizar en ello.


7.Cada cierto tiempo me gusta imaginar mundos y pequeñas historias oníricas, esta la envié para Iberoamérica ilustra 2018. Me aventuré con el carbón de sauce esta vez.


8. Del libro La Cabeza de Elena, escrito por Claudio Aguilera y editado por Zig Zag, Premio Municipal de Literatura 2018, categoría literatura infantil.


9.Del libro Yo soy la feliz Violeta que me invitaron a ilustrar desde Ediciones Biblioteca Nacional, este libro me ha traído grandes alegrías.


10.Una niña vive grandes transformaciones físicas e internas, del libro Ayelén y los frutos mágicos, Cocorocoq editoras.

 

Mesa de trabajo: Amanda Mijangos

Chile tiene un lugar especial en la vida de la ilustradora mexicana Amanda Mijangos (1986). En 2017 estaba en Santiago como parte de la gira de la obra teatral “Risas de papel”, en la que dibujaba en vivo, cuando desde México le avisaron que había sido ganadora del prestigioso catálogo Iberoamérica Ilustra. Vueltas de la vida, ahora es su obra la que está en Chile, ya que hasta el 7 de agosto se exhiben en PLOP! Galería todos los trabajos seleccionados por el certamen, incluyendo los de los argentinos Natalia Colombo, Decur y María Elina, y las chilenas Sol Undurraga y Caro Celis.

Por Claudio Aguilera

Estos ires y venires no son ajenos a su propuesta. Arquitecto de profesión, ilustradora por pasión, las creaciones de Amanda Mijangos encuentran su camino entre el caos y el control, la síntesis del afiche y sutileza poética, mezclando con acierto y vitalidad la fluidez del azar con una paleta de colores escogida a conciencia y un deseo manifiesto de penetrar en la retina del espectador.

Entre la reciente publicación de una nueva edición de El libro de la selva, su participación como invitada al festival de ilustración Imaquinario de Lima y múltiples proyectos con el estudio de ilustración Cuarto para las 3, fundado junto a Abril Castillo y Eloísa Queijeiro, Amanda Mijangos nos invita a conocer su Mesa de Trabajo.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?

Mi mamá estudiaba en la universidad cuando yo era muy niña y solía llevarme a sus clases. Para que me quedara quieta me daba hojas y plumones. Nunca  fui muy habilidosa para las carreras o lo juegos de brincar, así que dibujar fue mi juego y mi entretención desde siempre.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?

Estudié Arquitectura y estuve de intercambio en la FADU en Buenos Aires durante un año, casi al llegar me encontré con un curso extracurricular de ilustración que impartía el ilustrador Daniel Roldán. Nunca me había planteado la posibilidad de hacer ilustración, ni siquiera sabía que eso era algo que uno pudiera hacer. Veía las imágenes en productos editoriales pero asumí que era parte de las responsabilidades de un diseñador y ya. Al terminar la primera sesión salí con la alegría y la certeza de haber encontrado mi lugar. Yo era ilustradora, pero no lo supe hasta entonces.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?

Diría que el que cada uno quiera…Todos tenemos intereses y gustos distintos que se reafirman con nuestras experiencias y lugares de los que venimos y pienso que eso que somos es lo que debemos escuchar siempre para producir imágenes sinceras con las que otro pueda conectarse.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.

Admiro y respeto muchísimo el trabajo de Jesús Cisneros, sus procesos de trabajo, las investigaciones exhaustivas en las que se sumerge abordando los temas desde la literatura, el cine, el teatro, sus experimentaciones con el dibujo y los materiales y los múltiples niveles de lectura que logra en sus imágenes.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?

Si hay tiempo lo dejo. Veo la tele, leo algo, salgo pasear, ya llegarán las ideas. Si el encargo está encima, trato de dibujar otras cosas, hago manchas y les encuentro formas o hago dibujos sin esperar llegar a un resultado específico. Recordar que dibujar es jugar ayuda a volver a los proyectos con menos preocupación. ¡Y salen mejor!

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?

Mi casa, acá tenemos el estudio que poco a poco vamos haciendo a nuestro gusto. ¡Además están los gatitos!

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?

Papeles en blanco y algo para dibujar. No soy muy quisquillosa con los materiales, aunque trato de tener a disposición una gran variedad. Dibujo con lo que tenga a la mano.

¿Hay algo que odies dibujar?

Creo que no.

¿Cuál es tu técnica preferida?

Me gustan mucho las técnicas aguadas, acuarelas o tintas, porque tienen muchísimas posibilidades y los resultados siempre son un poquito impredecibles.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?

Uy… Antes me daba mucha angustia verlos a la distancia y sentir que eran horribles y ya estaban ahí muy definitivos en algún libro o en una revista o en la eternidad de Internet. Ahora lo tomo con más tranquilidad. Me gusta que mi trabajo cambie de un proyecto a otro. Exploro técnicas y formas aunque haya temas y cosas recurrentes. Así que al verlos a la distancia con algunos sigo contenta y otros me hacen pensar en cómo los resolvería ahora o si de plano no me gustan nada y preguntarme por qué, pero ya sin esa sensación de vergüenza que tenía al principio.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?

Creo que en México hay una explosión de ilustradores que solo puede aplaudirse. Hay mucha curiosidad en torno a las posibilidades de las imágenes y se abren muchos espacios, además de lo editorial, donde podemos involucrarnos, pero al mismo tiempo creo que nos falta pensar más en qué significa ilustrar, quién es ilustrador, cuál es su trabajo. Y ser también más críticos para que la calidad de las ilustraciones que producimos sea mayor. Abrir más espacios de reflexión y formación.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?

Sí, definitivamente. Todas las imágenes comunican, sean creadas con la intención de hacerlo o no. Pienso que es fundamental tener una postura política y social crítica del entorno en el que nos desarrollamos, de la realidad que cada uno vive, y buscar construir desde ese lugar  nuestras imágenes para que nuestro trabajo haga preguntas e invite a los lectores a reflexionar también.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:

Dibuja, piensa, lee (libros, imágenes, el mundo que te rodea) y pregúntate cosas, luego dibuja más.

 

1.- Imagen de denuncia sobre la política migratoria de Estados Unidos. La importancia de la ilustración como herramienta de crítica.


2.- Esta ilustración forma parte de una serie que se llama Los peces son los pájaros del mar. Es viejita, de 2014, y fue la primera vez que quedé seleccionada en el Catálogo Iberoamericano. La quiero mucho con todo y su obsesividad acuarelosa de miles de escamas.


3.- Una ilustración para el último proyecto en el que colaboré y empecé a explorar las posibilidades de la monotipia.


4.- Me parece importante que la técnica y tipo de dibujo también esté significado en las ilustraciones. Este es un libro se llama Yo te pego, tú me pegas, del escritor  Antonio Ramos Revillas y lo editó 3 Abejas. Habla sobre la violencia y el maltrato infantil. Aunque las manchas que me gustan tanto están presentes, fueron hechas con materiales duros, grafito, carbón o pinceles con acrílico muy secos para que los trazos fueran el resultado de roces violentos con el papel.


5.- Unas manchas frijolitos que pertenecen al primer libro que hice. El sueño de una alubia, editado por Alfaguara, es un poema sobre cómo crece un frijol escrito por Eduardo Carrera.


6.- Esta imagen pertenece al Diccionario de Mitos Clásicos editado por El Naranjo. ¿Cómo puedo apropiarme de lo griego y romano desde México?¿Cómo construyo retratos conceptuales y narrativos? Fue un libro muy difícil de hacer que disfruté mucho y con un proceso de trabajo en el que aprendí muchísimo.


7.- Trato de llevar con consistencia libretas de trabajo. Desde 2014 emprendimos un proyecto con amigos ilustradores y la marca mexicana de libretas Pieldemole, que se llama #DiarioCreativo. Desde entonces hago un dibujo diario en mi libreta. Ahí todo se vale y es un excelente banco de ideas para el futuro


8.- Hay imágenes que no se agotan nunca, una de ellas para mí son los pájaros. Siempre vuelven a aparecer diciendo cosas diferentes cada vez. Esta imagen es de una reedición por Editorial Planeta para la Antología amorosa de J. Sabines.


9.- Un gato o la importancia de hacerse tiempo para dibujar por dibujar.


10.- Me encanta hacer proyectos colaborativos. Esta ilustración es de El Libro de la Selva de R. Kipling editado por Editorial Castillo, donde tuve la fortuna de hacer ilustraciones a cuatro manos con Armando Fonseca.

Mesa de trabajo: Sebastián Ilabaca

¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Por qué me demoré tanto en conocerlo? Son las preguntas que me hago, y seguro no soy el único, una y otra vez al ver el trabajo del ilustrador chileno Sebastián Ilabaca. Sorpresivo y categórico, su arribo a la escena nacional fue una de las grandes noticias del 2017. La primera advertencia de que un nuevo talento había nacido fueron sus imágenes para la impecable reedición del libro Bartleby el escribano (Hueders), de Herman Melville, donde demostró una obra sólida y madura, en la que se podía leer una ardua búsqueda técnica, una rigurosa labor de documentación y una profunda reflexión sobre el rol del ilustrador. Pero sin duda su temprana consagración llegó poco después con Mientras un lobo le canta a la luna (Hueders), realizado junto a Álvaro Núñez y María José Santander, una maravillosa proeza gráfica que tiene el honor de ser el primer libro pop-up diseñado en Chile que le demandó cerca de 5 años de intensa investigación.

Por Claudio Aguilera

“Ilustrar es conversar con la sociedad”

Lector impenitente, perfeccionista obstinado y seguidor de la línea vibrante y risueña de ilustradores como Quentin Blake, John Burningham y Kitty Crowther, reivindica el valor de los antiguos maestros de la ilustración chilena y confiesa detestar profundamente dibujar a “señores aburridos”.
A la espera de su próxima gran obra, los invitamos a conocer la mesa de trabajo de Sebastián Ilabaca.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Dibujar todo el día a Batman, el batimóvil y a Bruno Díaz. En cuadernos de mi papá, sobre revistas e incluso en las murallas de mi casa.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En 2012, cuando gané el Fondo del Libro para realizar el libro Pop-Up Mientras un lobo le canta a la luna, que sería publicado cinco años después.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Creo que dibujar es conectarse con la infancia. Olvidarse del tiempo mientras trabajas. Eso está en todos los libros de Roald Dahl desde James y el Durazno Gigante (1961) hasta Matilda (1988). Además, las ilustraciones de Quentin Blake encierran en ellos todos los secretos que se deben conocer.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Desde hace años, cuando conocí su trabajo, uno de mis referentes principales es el ilustrador inglés John Burningham. También el trabajo de la autora belga Kitty Crowther.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Leo. Tanto como cuando no llegan las ideas como cuando tengo la cabeza llena de ellas. Leer es imprescindible para mí antes de trabajar, hace que mis ideas comiencen a cruzarse, a ponerse en contradicción y a generar nuevas ideas. A veces las imágenes que tengo dentro antes de sentarme a dibujar son completamente distintas a las que tengo cuando ya estoy trabajando. Para mí eso es lo entretenido y emocionante, sentir cómo esas ideas se mueven, crecen, se transforman.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Casi cualquier lugar donde me sienta cómodo y tranquilo es un buen lugar para dibujar. Pero mi taller en casa es el lugar donde siempre hago las ilustraciones finales que van a imprenta. Allí tengo todos mis materiales y libros a mano.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papel y lápices para comenzar. A medida que avanzo voy apilando libros, recortes, pintura, y tazas de té que terminan con pinceles dentro.

¿Hay algo que odies dibujar?
Caricaturas políticas o editoriales que involucren retratos de señores aburridos. Me lo encargaron un par de veces, lo intenté y al final dije que no porque estaba convirtiendo mi trabajo en una pequeña tortura.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Mezclar lo que vaya sintiendo como necesario. Pero siempre giro en torno a los pasteles secos, la acuarela y los lápices de colores.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
¡Mi vida estuvo entre Batman y J.R.R. Tolkien!

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Existe un creciente interés por la ilustración, en el que ayuda mucho la difusión mediante redes sociales. Existen ilustradores, y sobre todo ilustradoras que están haciendo trabajos de gran calidad, editoriales que se están atreviendo no sólo a invertir más, sino a arriesgarse más, abandonando el antiguo paternalismo. Eso está muy bien, pero hay muchos ilustradores jóvenes que suelen olvidar que en Chile la ilustración no es algo nuevo. Tenemos una gran historia gráfica con la que dialogar.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Completamente. Como cualquier otro artista. Ilustrar es conversar con la sociedad, el texto ilustrado es un objeto cultural, lo que conlleva una gran responsabilidad. En este sentido, comprender cómo funcionan las imágenes es fundamental.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar
Es importante preguntarse siempre por qué dibujamos, nunca hay que dibujar para complacer a alguien. También es necesario educarse sobre el dibujo, no para convertirse en un gran dibujante, sino para que las herramientas no sean un obstáculo para darle forma a las ideas que siempre han estado ahí.

Galería


1.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 5
Colaboro con Revista Santiago desde su primer número. Cada mes, el desafío es ilustrar una frase de algún célebre pensador o escritor. En esta ocasión fue una frase de Mario Vargas Llosa: “La vida es un tornado de mierda en el que el arte es nuestro único paraguas”. De niño pasé mucho tiempo en un hospital. Ahí los libros fueron el objeto que me permitió olvidar la pena y soportar el dolor. Creo que en cualquier parte del mundo un buen libro puede ser el paraguas de cualquier niño.


2.- Ilustración para la sección “Pensamiento Ilustrado” de la Revista Santiago Nº 4
En esta ocasión la frase fue “Experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores”, de J.W. von Goethe.


3.- Portada del libro El Gran Forastero de Mauricio González, Ediciones SM, 2017.
Primer libro que realicé con SM. Le tengo un cariño especial porque disfruté mucho dibujándolo. El texto de Mauricio González es hilarante y nos entendimos perfectamente sin siquiera conocernos. El entusiasmo y cariño de Catalina Echeverría, editora, fueron determinantes en crear un libro que fuese más allá de nuestras expectativas.


4.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
A fines de 2016 fui invitado por Fundación Mar Adentro a un hermoso proyecto. Una residencia artística en Chiloé en la que participamos dos ilustradores chilenos, Matías Prado y yo junto a dos ilustradoras nórdicas, Siri Ahmed Backström, de Suecia, y Linda Bondestam, de Finlandia. Esta ilustración fue hecha al llegar a Santiago, como una forma de dejar un registro de las emociones y los recuerdos de nuestros paseos chilotes. Un dibujo como una forma de no olvidar lo vivido.


5.- Ilustración de la Residencia Artística Fundación Mar Adentro Chiloé – Bosque Pehuén, 2016.
Otra ilustración hecha de vuelta en Santiago, recordando mis cosas favoritas de Chiloé: la lluvia, la vegetación, los Zarapitos y Huairavos.


6.- Portada para el álbum debut de la banda “Mundo del Mañana”, 2017
Colaboración para unos grandes amigos y excelentes músicos. Me dieron la libertad de crear sin limitaciones, por lo que el resultado es muy íntimo, y nació de escuchar su música mientras dibujaba.


7.- Ilustracion personal.
Cuando dibujo simplemente por el gusto de hacerlo, y no por un encargo, siempre aparece dibujada María Fernanda, mi esposa. Nunca es un retrato idéntico, a veces la dibujo como una niña, a veces como una duendecilla o en el cuerpo de algún animalito o insecto, pero ambos sabemos que es ella. Es alguien a quien admiro muchísimo y una fuente constante de inspiración, por lo que creo que es normal que se aparezca tanto.


8.- Ilustración del libro Yo sé que los elefantes lo saben todo, Sebastián Ilabaca, Hueders 2017.
La idea de este libro surgió de la necesidad de crear un proyecto personal entre varios encargos. Tantas eran mis ganas de crear algo propio, que a la semana después ya estaban todas las páginas listas. Rafael López, el editor de Hueders lo vio y me ofreció hacerlo en serigrafía. Imprimimos manualmente 30 copias en papel de algodón a dos tintas. Yo me encargué de encuadernar cada ejemplar.


9.- Ilustración para Bartleby, el escribano de Herman Melville, publicado por Hueders 2017.
Uno de los libros que me ha dado mayor satisfacción ilustrar. Bartleby fue desde mi época escolar uno de mis textos favoritos, y forma parte de mis referentes literarios desde que lo leí. Cuando me pidieron ilustrarlo me sentí infinitamente afortunado, a la vez que enormemente asustado. La responsabilidad de ilustrar un texto tan importante casi me paraliza. Pero me encerré a trabajar en él con determinación. Al cabo de un par de meses estuvo listo.

Sebastián Ilabaca (Santiago, 1988). Ilustrador y artista gráfico autodidacta chileno. Luego de egresar de la Universidad de Chile como Comunicador Audiovisual decidió volcar todo su trabajo a la ilustración, principalmente para literatura infantil. Entre 2012 y 2017 ha ilustrado para las editoriales Hueders, SM y Zig-Zag, además de diversos medios impresos. Actualmente ilustra la sección Pensamiento Ilustrado de Revista Santiago. Participó en el mural Zanmi, que es muestra permanente del Centro Cultural Gabriela Mistral GAM. Su trabajo ha sido expuesto entre otros, en Primavera del Libro y PLOP! Galería.

Gusti: “Hacer libros e ilustrar es algo muy sagrado, porque es para los niños”

Se mueve de lado a lado en encuentros que ya se han convertido en verdaderos espacios de sanación. Es lo que pasa cuando se conecta el lápiz con el corazón. Lo que hace el argentino Gusti a través su ilustración.

Por Claudio Aguilera, fundador de Plop! Galería


Ilustraciones de Gusti

Viene llegando de Bolivia. En un par de semanas irá a Portugal, luego a Colombia, más tarde quién sabe. Así ha sido su vida durante los últimos años. Desde que en 2014 presentó su libro Mallko y papá, el ilustrador Gusti se ha dedicado a viajar por el mundo dando talleres y conferencias. Encuentros que son también una ceremonia, un espacio de sanación de los que nadie sale igual a como entra. Porque en sus dibujos y en sus palabras la emoción, fuerza y humanidad es capaz de tocar hasta los corazones más duros.
“Es lo que pasa cuando le hablas al otro de igual a igual, mirándolo a los ojos, con una obra que ha nacido desde las tripas”, dice él en Santiago, donde estuvo algunos días para participar en el Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer? Lectura e Inclusión”, organizado por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación y la Universidad Católica.
Mallko y papá fue ante todo una forma de sanarse a sí mismo. Tras el nacimiento de su hijo con síndrome de down, decidió narrar su experiencia y dar cuenta, sin indulgencia y enorme sinceridad, de su proceso.
“Cuando nació Mallko, evidentemente, un papá humano como yo, ignorante en muchos aspectos, no lo aceptó. Estuve sufriendo una semana y mi otro hijo, Theo, que ahora tiene 18 años y en ese tiempo tenía ocho, me pregunta: “Gusti, ¿qué es el síndrome de down?”. Le expliqué que no era una enfermedad, sino una condición genética. Y que a Mallko lo íbamos a querer igual. Yo no sabía si tirarme por la ventana o dejar que me atropellara un tren. Y Theo me dice: “A mí qué más me da si él es azul, verde, rojo, para mí va a ser siempre mi mejor hermanito”. Y ahí vi una especie de iluminación: qué más da cómo viene, así como está es lo mejor. Fue la primera lección de aceptación que tuve”.
Ese fue el germen de lo que vendría después. Pero antes tuvieron que pasar otros dos años en los que golpeó puertas en busca de apoyo, debió superar el bloqueo creativo y la frustración, y enfrentar la incomprensión de quienes se negaban a esa visión sin endulzantes que quería transmitir. Esta vez, la iluminación vino en un sueño.
“Una vez me levanté en medio de la noche, hacía frío, y me puse a dibujar unos dibujos chiquititos en una libreta. Hice una relación entre el dibujo y el nacimiento de Mallko. Porque cuando uno dibuja se hace una imagen de lo que quiere, pero a veces no sale como espera y tienes la opción de tirarlo, recortarlo, retocarlo con Photoshop. Pero con un hijo no puedes hacer eso. Imaginé los dibujos que yo tiraba a la basura escapando como de la prisión de Alcatraz y esos que tachaba como si fueran crucificados. Entonces, entendí que yo era como el rey Arturo que debe sacar la espada de la piedra. Pero no es el más fuerte o poderoso el que logra sacarla, sino el que es puro de corazón. Y yo en vez de una espada debía sacar un lápiz. Mientras lloraba y temblaba de frío lo entendí todo: para dibujar este libro tenía que hacerlo con el corazón. Fue el momento en que todo se unió”.
Bajo el cuidado del prestigioso editor Daniel Goldin y el diseñador e ilustrador Alejandro Magallanes, mezclando estilos y agregando una gran dosis de humor, en 2016 Mallko y papá ganó el Premio Bologna Ragazzi en la categoría de libro sobre discapacidad por ser una obra que, como señaló el jurado, “combina exitosamente una narrativa y una estética experimental en la que con diversas técnicas artísticas se reflejan emotivos y profundos sentimientos”.
“El libro está haciendo su trabajo”, dice hoy Gusti, quien además es fundador de la asociación Windown, donde realiza talleres educativos para personas con capacidades diferentes y junto a Mallko graba videos para su programa on-line Radio La Foresta. “Yo sabía que iba a pasar algo, pero no sabía qué. Tampoco tenía ninguna expectativa, lo que no quería era caer en tópicos, en dar mensajes. Y ha sido un libro que marcó un enorme cambio en mi vida: ahora miro para atrás y digo por suerte me pasó todo esto. Si alguien me dijera te cambio al Mallko por un rubiecito sueco atlético y campeón de maratón, evidentemente diría que no. Que muchas gracias, pero que yo estoy bien con mi hijo”.

La ceremonia del lápiz
Llegar a este punto significó para Gusti no solo un arduo proceso personal y artístico, sino que también espiritual. “Yo ando mucho en la selva, trabajo con pájaros y con las comunidades indígenas. Para mí todo se solucionó en una ceremonia chamánica”, comenta. “Y una forma de unir y compartir mis experiencias son los talleres que hago que son también como ceremonia, la ceremonia del lápiz. Pero si lo digo, se escapan o se ponen a la defensiva. Por eso, mejor hacerlo como en Karate Kid: vas a aprender karate y te enojas con el profesor porque después de seis meses no te enseñó karate, pero en realidad no sabías que habías aprendido”, agrega entre risas.

¿La ceremonia del lápiz también se refleja en tus libros?
Sí. Hacía muchos años que dibujaba y llegó un momento en que estaba un poco cansado. No sé si quiero seguir haciendo esto, me dije. Es mucho trabajo, muchas horas de estar muy solo. Pero descubrí que había que darle la vuelta a esa condición. Entendí que hacer libros, ilustrar, era algo muy sagrado, porque es para los niños, no es para los ilustradores amigos, para los editores, para los cócteles ni los premios. Y ahora yo pongo semillitas en mi libro. Eso no significa que todo el mundo las vea o las recoja, y le ponga agüita para que crezcan, pero cuando llega alguien más grande y te dice que tu libro lo acompañó durante su infancia y fue importante; ahí tienes una maravillosa dimensión de tu trabajo.

En tus charlas hay algo muy emotivo también, la gente se te acerca, algunos lloran, te piden consejos. Como autor, uno no está preparado para enfrentar algo así.
Es impresionante. La primera vez que hablé del libro fue en una charla en México. El libro estaba todavía en proceso. Era una mesa redonda muy importante, con puros cracks y yo no sabía qué decir. Entonces me habló una voz. Van a decir que estoy loco, pero esa es la verdad. Y la voz me dijo: “ustedes los ilustradores son personas muy inclusivas, porque trabajan con todos los colores, con lápices chiquititos, lápices viejos, lápices gordos, lápices nuevos”. Y yo dije, wow, ya está, ya tengo lo que debo decir. Fui a la charla, hablé de los lapicitos, hablé de Mallko y se hizo un silencio que no se puede explicar. Cuando salí se empezó a acercar mucha gente. Yo tengo poliomielitis, me dijo una. Fírmame un libro para mi nieto porque tengo cáncer y me voy a morir, me dijo otra. Estuve una hora entre firmas y gente que me contaba que se había sentido identificada con lo que dije. En un momento fue tanta la intensidad que me tuve que ir. Desde ese momento no paré.

¿Por qué crees que se produce esta conexión tan intensa?
Porque la gente necesita que se le hable desde el corazón. No que se le dé solo una palmadita en la espalda. Basta una charla mirándose a los ojos, diciéndose las cosas tal cual son, mostrando las debilidades sin creer que somos súperhéroes. Y transmitir la sensación de que se puede, porque ven que tú pudiste. Mi hijo tiene diez años ahora, pero está el otro con el bebito que acaba de nacer y le preguntas cómo estás y ves que los ojitos le empiezan a tambalear. Tranquilo, hermano. Pronto te vas a dar cuenta de que esto es lo más grande que va a pasar en tu vida.

Me contabas antes que estos viajes te han enseñado mucho. ¿Qué has aprendido?
Que en la vida nos acobardamos con muchos temas, que se dicen las cosas, pero a medias. Y con la discapacidad, eso es aun peor. Si fuera un tema de fútbol, quizás todo lo sueltan más rápido. Pero en el tema de la discapacidad hay que ser cuidadoso, que nadie se sienta ofendido. Pero es lo contrario. Hay que soltarlo todo y decir “esto es así”. Y me encontré con un montón de padres, no madres, que les pasó lo mismo que a mí. Pero que no se atrevieron a contarlo porque los crucificaban. Y se lo guardaron adentro y al escucharme se atreven. Es como una sanación. Ahí está el secreto. Decir las cosas como son. No tienen que ser bonitas o feas. Y eso es algo que me gustaría que estuviera más presente: hablar de igual a igual, con humanidad y cariño.

Antes de llegar hubo un ataque terrorista en Barcelona, la ciudad donde vives. Y por todas partes vemos mucha violencia e intolerancia. ¿Pueden ayudar los libros a luchar contra eso?
No creo en las recetas ni en las fórmulas mágicas para hacer las cosas. Está lleno de gente que, a través de los libros, y especialmente de los libros para niños, quiere dar recetas. Pero eso es un poco ilusorio. No se puede hacer algo general. Se puede hablar de tu experiencia, pero no siempre funciona, porque somos todos tan diferentes, nuestros contextos e información son distintos. Me parece que la clave está en la educación y en asumir nuestras diferencias, y en eso los libros pueden aportar. Por eso es importante que cada uno desde su ámbito haga lo mejor posible. Esa ya es una forma de arreglar las cosas. Para que un pájaro vuele necesita todas sus plumas. Las grandes y bonitas, pero también las chiquitas y grises. Y la sociedad es un pájaro. A cada uno le toca una pluma y con eso cada uno puede aportar a que la sociedad alce su vuelo.

¿Crees que el dibujo puede ser sanador?
poder trasmutar mi experiencia y plasmarla en un libro. También me di cuenta de que hay imágenes poderosas. Una vez me escribió la mamá de una niñita con síndrome de down que estaba muy enferma y me pidió un dibujo para ella. Yo le mandé uno en que decía: “Gracias, porque ya se sanó”. Hice una afirmación. A partir de ahí tuve una comunicación con esta niña. Ella me enviaba dibujos, yo le enviaba otros. La niña se salvó y está divina ahora. No digo que se salvó por eso, pero la intención de sanar ayuda. Y también la no intención, hacer las cosas sin esperar nada, solo porque está bien hacerlas. Por eso creo que el dibujo es poderoso. El lápiz es una herramienta que sirve para escribir o para hacer un monigote, pero también para salvarle la vida a alguien, partiendo por ti mismo.

Dejar fluir
Durante su visita a Chile, Gusti también inauguró en PLOP! Galería la muestra A bolígrafo, donde reunió una serie de coloridos dibujos de trazo divertido y algo infantil que ha ido realizando en los últimos años. Muchas de estas creaciones, en las que abundan disparatados personajes y entretenidas situaciones, fueron recientemente publicadas por la editorial argentina Pequeño Editor en el libro Animales escondidos, realizado junto a la escritora Lola Casas.
Estas obras, a las que él llama “mi mandala”, condensan bien algunas de las constantes de su trabajo artístico: el juego, el humor, la experimentación, el uso del error y la yuxtaposición de elementos diversos como gatilladores del relato, pero por sobre todo, una enorme libertad. “Me da risa cuando veo esas críticas que hablan de mis libros y empiezan mostrando un gran despliegue técnico. A veces me preguntan por qué pinto con tal color y lo que pasa es que era el único lápiz que en ese momento tenía punta”, comenta entre risas. “Todo es así en mi trabajo, no hay nada buscado. Lo importante es contar lo que tengo que contar. Sin ninguna intención de gustar. Y eso me relaja mucho. Por eso yo digo que no se trata de saber dibujar, sino de conectar con algo bien profundo. Soltarlo y aceptarlo. Porque el fondo siempre es un tema de aceptación, de amor, de corazón”.

¿Qué rol cumple el humor en tu trabajo?
El humor es sagrado para mí. Reírse de las cosas es una buena terapia. No es buscado. Yo voy así por la vida. Es mi manera de entender las cosas complejas. Pero no invento nada, mis historias tienen que ver con cosas que veo, que pasan en mi casa. Y tras ese humor se esconde siempre mucha verdad.

Incluso te burlas de los estereotipos en torno a los niños con síndrome de down.
Me pasa mucho, sobre todo en Latinoamérica, que cuando la gente ve a Mallko, se acerca y me dice que es un angelito, una bendición de Dios. Al principio me hacía gracia, pero después me empecé a poner pesado: mi hijo no tiene alas, les decía. Y después viendo lo que es a veces, un verdadero diablo con patas, menos que menos. Lo que hay que entender es que son personas como todas, con momentos de felicidad, momentos malos, y eso es lo maravilloso.

Pareciera que siempre el azar está muy presente en tu obra.
No sé si es el azar. Es más bien estar atento a las señales. Para mí, el “había una vez” parte siempre de un dibujo y después me gusta dejar fluir, sin mucha planificación, sin componer; usando lo que tengo a mano y materiales baratos. En eso he aprendido mucho de Mallko, que le encanta dibujar, y de los niños y artistas con capacidades distintas con que hago talleres. Es increíble como ellos rompen las formas. No tienen miedo, no hacen bocetos, no planean nada. Y me encanta porque es más rápido, más cómodo y se acepta el error. En una charla, un niño me preguntó por qué dibujas tan mal. Yo le dije “gracias, es el mejor cumplido que me puedes hacer”. Porque hace 30 años estoy tratando de dibujar así de mal. Y es verdad. Intento desandar esta cosa tan preciosista que se puso de moda en la ilustración, que me parece un poco aburrida y no me interesa.

¿Cómo se logra eso?
No preocuparme del resultado me relaja mucho. Creo que esos dibujos que se hacen sin mucha ambición son los mejores. Lo importante es estar dibujando todo el tiempo y de ahí salen las ideas. Hay que hacer muchos apuntes y mirar mucho a la gente en la calle. Así, poco a poco se te va metiendo cómo funciona el ser humano. Eso es ser ilustrador: tener una capacidad de observación de la vida y después lograr transformarlo.

Gusti
Ilustrador y escritor de libros infantiles, profesor y director artístico; viajero incansable. Sus inicios en animación fueron en el estudio “Catu Cineanimación”; después de eso, comenzó a colaborar para distintas magazines y editoriales infantiles.
Si bien es bonaerense, Barcelona es desde hace años su centro de operaciones y el lugar donde reside. Cofundador de Windown-La Ventana en la que trabaja por una sociedad más inclusiva.

Publicado en RHUV Nº26

Mesa de trabajo: Francisca Meneses (Frannerd)

 

Autora de libros ilustrados como El niño que quería ser gato (Grafito), Personas favoritas (SM), Árboles bien podados (Vasalisa) y de la novela gráfica A punto de partir (Reservoir Books), Frannerd ha sabido combinar un estilo característico con una gran capacidad narrativa y un natural talento para navegar en las redes sociales, donde sube videos en los que comparte su proceso de  trabajo y da consejos a jóvenes creadores. El resultado es una obra cercana, que genera devoción entre sus seguidores, sin dejar de interpelar a un amplio número de lectores atraídos por su humor, sinceridad y aguda mirada sobre la vida cotidiana.Instalada desde hace algún tiempo en Londres, abre las puertas de su taller para presentar su Mesa de Trabajo.

Por Claudio Aguilera

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Cuando tenía 5 ó 6 años, en Antofagasta. Con mis hermanas jugábamos a armar nuestros propios cómics, álbumes de laminitas y credenciales para un exclusivo club de dibujo.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustradora?
Como estudié Diseño, sentí que “legalmente” era más diseñadora que ilustradora, así que era un término que usaba con timidez. Pero cuando salí de la universidad y me di cuenta que estaba ejerciendo más como ilustradora que diseñadora, empecé a etiquetarme como tal.

Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer
Siento que hay tantas, que podría estar escribiendo hasta mañana. Pero si tuviese que elegir una, elegiría Kiki’s Delivery Service. Quizás debí haber elegido un documental súper serio y no una película animada, pero es que disfruto tanto el trabajo de Studio Ghibli. Esta película habla mucho del trabajo creativo y de la búsqueda de la identidad y autoría en el trabajo, además que es preciosa, divertida y está llena de realismo mágico.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente
Me fascina el trabajo de Isabel Arsenault, principalmente por su técnica. Ahora mismo estoy tratando de trabajar más con materiales tradicionales y como ella trabaja en su mayoría con lápices y acuarelas, su trabajo me inspira infinitamente.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Cambio mi contexto. Cambio la libreta en la que estoy trabajando, el lápiz que estoy usando y el lugar donde estoy. Me voy a un café o a un parque, a la biblioteca. Si la idea aún no llega, salgo a caminar y respiro hondo, me voy a dormir. Con los años aprendí que está bien trabajar duro hasta que llegue la inspiración, pero si no llega es mejor descansar y seguir al día siguiente que frustrarse o estresarse.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Me encanta dibujar en cafeterías. Por ahora no tengo una cafetería en específico, porque voy cambiando de lugar, pero me gusta sentarme al fondo al lado de una ventana, mirando a la gente. Siempre siento que molesto, porque ocupo la mesa por varias horas, pero el cambiar de ambiente abre mi mente (suena súper hippie, lo sé) de formas sorprendentes.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papeles, libretas, marcadores, taza de café, podcast/música/serie de fondo, fuente de luz natural (si es posible) y muchos lápices.

¿Hay algo que odies de dibujar?
Quizás la palabra “odiar” es fuerte, pero me frustra que dibujar o aprender a dibujar tome tiempo. Me (mal) acostumbré a que todo con las redes sociales y los tiempos en internet son más rápidos y las cosas son más inmediatas, y el dibujo tiene otro ritmo. Soy impaciente, y depurar un estilo, un cuerpo de trabajo y/o una técnica, toman muchos años de práctica y dedicación, y eso es algo que aún me ha costado asimilar.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Luego de muchos años trabajando digitalmente, ahora he estado trabajando mucho con marcadores (copic, promarker), acuarelas y me encanta.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
Una extraña mezcla de vergüenza y ternura.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Tengo la enorme fortuna de poder vivir en el extranjero y esa es siempre una pregunta que me hacen en ambas partes: ¿Cómo es la ilustración en Chile? ¿Qué diferencias ves entre ambos países? Y si bien siento que aún no tengo una opinión formada al respecto, no veo abismantes diferencias en el campo de la ilustración entre Chile y el Reino Unido. Sí, aquí hay más ilustradores, agencias y se nota que es una industria que está más “oficializada”, pero creo que eso solo se debe a que hay más años haciendo el oficio. Y Chile, si bien también lleva años formando increíbles ilustradores, el país está creciendo a pasos tan grandes que las diferencias se han ido empequeñeciendo cada vez más. Fui a Chile por primera vez en tres años hace un par de semanas atrás y me sorprendió ver la cantidad de ferias de ilustración (ya no solo en Santiago) y vi mucha más ilustración en la calle (en publicidad, revistas, diarios, vitrinas). Hay más tiendas de libros dedicadas a la ilustración, más instancias de formación (más talleres, charlas) y más ilustradores chilenos generando contenido online (cortos, podcasts y videos).

Como ilustradora, ¿sientes que tienes un rol social?
Sí. Artistas e ilustradores somos inherentemente comunicadores visuales. Podemos ser el contenedor/interlocutor de todo tipo de mensajes (causas, peticiones, movimientos, creencias) y si puedo ser sincera, a veces eso me aterra. Me gusta que mi trabajo sea un oasis de buena onda en medio de tanta locura que está pasando ahora en el país y en todas partes, pero al mismo tiempo siento que hay que hablar, decir algo. Ahora estoy justamente trabajando eso en mis ilustraciones porque sé que es un gran defecto, el no decir algo, no alzar la voz.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar
Cuando chica siempre pensé que el mejor dibujante era el que dibujaba todo de memoria, y que tomar referencias de lo que nos rodea era hacer trampa. Con el tiempo me he dado cuenta que es todo lo contrario. Todas las cosas que me aterraba dibujar antes (expresiones faciales, lenguaje corporal, dibujar muchas personas en una escena), las supe hacer porque tuve que aprender a mirar, a observar. El tomar cosas de la vida real y llevarlas a un dibujo cuesta mucho trabajo, porque uno tiene que sintetizar lo que ve y traducirlo en nuestro propio lenguaje (o estilo). Quizás ese es el consejo: aprender a mirar con análisis y traducirlo.

Galería


Ophelia, una acuarela que basé en el trabajo de John Everett Millais ​


Algunas ilustraciones que hice para el libro de Charlie, Fun Science!


Bocetos que hice para el diseño de personaje (Mia Thermopolis) para las portadas de la edición francesa de Diario de una Princesa​


Una página de la novela gráfica Erinyes


Otra acuarela que pinté, amo las brujas y todo su imaginario


Afiche para el festival de cine Guarimba, la única petición era dibujar un mono


Ilustración que subí a mi instagram y cuando empecé a experimentar más con marcadores. Esta fue la semana en que me mudé a Hastings.


Ilustración interior de El Niño Terrícola, escrito por Esteban Cabezas y editado por SM Ediciones.


Bonus: Mi escritorio, ¡nunca tan ordenado como la foto! Aquí estaba preparando mi viaje a México, viendo qué marcadores llevar
🙂

Mesa de trabajo: Cristóbal Schmal

 

Líneas simples y duras, una paleta de colores contrastantes y una notable tendencia a las técnicas análogas como el grabado y el collage son algunas de la coordenadas que permiten reconocer el trabajo del ilustrador chileno Cristóbal Schmal. Sin embargo, esta enumeración de características no basta para definir su obra, la que esconde, tras su aparente sencillez e inocencia, una vocación rupturista y un constante desafío al lector.
Con un portafolio que reúne colaboración con Taschen, Lufthansa y The New York Times, este año fue seleccionado en la muestra de ilustración que realiza la prestigiosa Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia y hoy, desde Berlín, su lugar de residencia, nos invita a conocer su Mesa de trabajo.

Por Claudio Aguilera

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
Es un recuerdo engañoso porque es a partir de una foto en que salgo con 6 años dibujando con la lengua afuera.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
Cuando me pagaron por hacer mi primera portada de libro en el año 2009. Dije para mis adentros: ¡Soy Ilustrador!

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Stalker, de Andréi Tarkovski, y Los detectives Salvajes de Roberto Bolaño.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
No es precisamente Ilustrador pero ha sido un gran referente: Joseph Beuys.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Dibujo círculos, espirales y líneas.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Cerca de alguna ventana, con luz natural.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Lápiz, papel, computador y música.

¿Hay algo que odies dibujar?
Niños, ancianos y gatos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Cualquiera dentro del grabado, el collage y el lápiz.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
Súper Emo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Es como un gran carrete universitario.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, el dibujo es un articulador social.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Confía en tus instintos.


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Ilustraciones para la revista abordo de Lufthansa


Portadas para Libros de Cocina Veganos para la editorial Neun Zehn. Berlín 2016


Portadas para Libros de Cocina Veganos para la editorial Neun Zehn. Berlín 2016


Cristóbal Schmal
Diseñador de la Universidad de Valparaíso, ha desarrollado su carrera en Barcelona y Berlín, donde vive desde 2008.

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.artnomono.com/

Mesa de trabajo: Luisa Rivera

 

Radicada en Londres, la ilustradora chilena Luisa Rivera se ha ido consolidando, de forma silenciosa pero sostenida; una obra potente que se mueve sigilosamente entre el misterio y la ensoñación. Con la mujer y la naturaleza como protagonistas, sus imágenes recrean atmósferas cargadas de lirismo en sintonía con el universo de Georgia O’Keffe, y proponen un atrevido y acertado uso del color que se ha transformado en uno de sus sellos más característicos.

Por Claudio Aguilera

Un buen ejemplo de su labor es la reciente, y notable, edición aniversario de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, donde destaca la solidez e intensidad de su propuesta visual.


Portada para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España).

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
No lo sé exactamente, pero recuerdo una experiencia que me marcó de chica. Fue cuando logré dibujar el esqueleto de una estrella por primera vez. Había intentado mil veces antes, y nada, pero un día estaba dibujando otra cosa y sin pensarlo, salió. No sé por qué es especial, pero fue uno de esos momentos de auto-conciencia cuando la vi en el papel.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En mi último año de universidad, cuando publiqué mi primer cuento ilustrado.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Recomendaría El Reino De Los Sueños y La Locura, un documental muy inspirador que muestra el proceso creativo y la historia de Studio Ghibli, sobre todo de Hayao Miyazaki e Isao Takahata, dos de mis directores favoritos.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson. Era muy prolífica, escribía para niños y adultos, pintaba, hacía ilustraciones y cómics. Me encanta su diversidad y su imaginario.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Hago otra cosa, como salir a caminar, cocinar algo rico, o tocar ukelele. Si estoy con una entrega muy encima y no puedo hacer una pausa, intento una estrategia nueva para resolver ese problema creativo.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
He aprendido a ser flexible con los lugares, porque en los últimos años me ha tocado viajar mucho. Por eso, me siento feliz donde sea que estén mis materiales.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Los materiales que necesito tener a mano para trabajar, como pinceles, pinturas y lápices. Además de eso, mi computador y ojalá un café.

¿Hay algo que odies dibujar?
Creo que mientras la manera de ilustrar sea honesta y propia, no hay temáticas ni motivos malos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Me encantan las pinturas a base de agua, como la acuarela, témpera y tintas.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
El camino tiene sentido, y sigue en desarrollo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
A nivel nacional, creo que hay excelentes ilustradores, propuestas, y ganas de hacer cosas. Creo que el siguiente paso es que los medios que encargan ilustraciones se sumen a ese desarrollo, creando mejores condiciones y espacios para proyectos.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, y creo que se da naturalmente, porque los ilustradores somos comunicadores, y vivimos en un contexto determinado, lo cual en sí es social. No es necesario plasmarlo en todo, porque también es bueno estar abierto a las temáticas que proponen los clientes.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Ser consistente, tener metas claras y disfrutar. Es importante saber que esta disciplina demanda mucho tiempo y energía, por lo mismo, es clave la organización y el amor por el oficio.

La Fundación de Macondo. Ilustración interior para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España). Esta ilustración muestra la fundación de Macondo, pueblo ficticio descrito en la novela.


El vínculo. Trabajo personal creado para la exposición Midnight en Light Grey Art Lab (EEUU), la cual trata sobre el imaginario de los sueños.


Isla Humana. Trabajo personal que reflexiona en torno al cuerpo como un espacio de refugio.


Migrar Es Fluir. Trabajo personal que trata sobre el proceso de migración.


Yellow Cricket. Portada para Yellow Cricket, proyecto musical de Lister Rossel (Chile) y Nina Miranda (Inglaterra) que combina música y cuentos sonoros.


Women Who Farm. Ilustración para Women Who Farm (EEUU), proyecto que reconoce a las mujeres como líderes en la agricultura.


Primavera. Ilustración inspirada en la primavera, para Mercado Mastica (Chile)


Los Secretos de La Noche. Ilustración que reflexiona en torno al tema de la noche, para la portada del número 22 de revista La Peste (México).


La Doula. Ilustración para Pollen (EEUU). El artículo cuenta la historia de una doula que ha pasado los últimos 10 años estudiando los desafíos que una mujer puede encontrar durante el parto.


Mesa de trabajo de Luisa Rivera


Luisa Rivera
Artista e ilustradora chilena, radicada en Londres.

Licenciada en Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó un Máster en Artes, especialidad en Ilustración entregado por el Minneapolis College of Art and Design gracias a una beca Fullbright

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.luisarivera.cl y http://wildium.tumblr.com/

Geraldine MacKinnon, ilustradora científica: “Lo bello de la ilustración científica es que, además de información, transmite la esencia del autor”

Pieza clave en el resurgimiento de la ilustración naturalista en Chile, geraldine MacKinnon lleva grabada en su genética la pasión por la naturaleza. Ha ilustrado la portada de este número de la revista Había Una Vez y nos cuenta cómo el dibujo científico debe asumir un rol en la protección de nuestro amenazado medio ambiente.

Por Claudio Aguilera, fundador de Plop! Galería

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Ilustraciones de geraldine Mackinnon

Un artista busca descifrar cada detalle de una caracola o del plumaje de un pájaro exótico. observa. Elige colores. Intenta una y otra vez registrar la infinidad de gamas, texturas y matices que presenta la naturaleza. Entender la estructura del ala de una mariposa. Moldear para siempre los delicados pétalos de una flor. La escena se ha repetido sin grandes variaciones durante siglos. Lápiz en mano, hombres y mujeres han querido capturar el mundo que nos rodea a través de una técnica que exige rigurosidad, concentración e infinita paciencia.
Heredera de una larga tradición que incluye a exploradores, pioneros de las ciencias y artistas viajeros, la chilena geraldine MacKinnon es parte de una nueva generación de ilustradores naturalistas que no solo siguen manteniendo vigente el arte de sus antecesores, sino también demostrando que en un mundo de imágenes de alta resolución, el ojo y la mano humana siguen siendo la mejor herramienta para conocer y proteger a la naturaleza.

gallo

Un largo viaje
Pero tal como lo hicieron naturalistas como Claudio gay, Alexander von Humboldt o Marianne North, ella tuvo que hacer un largo recorrido antes de llegar a su destino. Un viaje que se inició en su infancia cuando pasaba largas horas mirando enciclopedias y los libros de medicina de su papá, la llevó a querer estudiar Arqueología, para terminar Arte y Pedagogía, vivir en Isla de Pascua y perfeccionarse en Escocia, lugar de origen de su bisabuelo.
“Crecí en una parcela de frutales muy linda, llena de árboles de los que se podía comer todo el año. Había conejos, vacas, chanchos, perros, culebras, ratones y pájaros”, recuerda hoy evocando una infancia donde se conjugaron la naturaleza, la lectura, la curiosidad y la creatividad, aspectos que han ido acompañando toda su vida. “gran parte de mi tiempo estaba afuera jugando. Por otro lado, dibujé desde los tres años y aunque nunca entré a talleres especiales de arte, siempre hice cosas por iniciativa propia”, agrega.
Con un imaginario rebosante de historietas, cine y dibujos animados de Disney de los años 40 y 50, su paso por la Escuela de Arte fue bastante distinto de lo que había imaginado y, una vez finalizada la carrera, decidió estudiar pedagogía. Fue entonces cuando su viaje la llevó a Isla de Pascua donde trabajó como fotógrafa arqueológica y profesora de Artes en un liceo local. Fue ahí donde pudo recuperar esa antigua conexión con el paisaje que los años de academia habían hecho peligrar.
De regreso al continente, recibió un encargo que cambiaría su futuro: ilustrar una serie de especies isleñas, tarea que emprendió, como ella misma reconoce, con más voluntad que conocimiento.
“Cuando descubrí la ilustración de naturaleza como una posibilidad de plantearme mi trabajo, se me abrió el mundo. Era una carrera impensada para mí. No sabía que uno pudiera dedicarse a eso en Chile. Ignoraba todo al respecto. Pero me llevaba a mi raíz de niña lectora, dibujante y conectada con las plantas y animales, mis grandes amores. Así que decidí que como fuera, me dedicaría a eso, y empecé a estudiar y a practicar”, dice hoy.

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“Hace años, cuando empecé, éramos un puñado de personas entre los pocos maestros y algunas aprendices; ahora hay muchísima gente con ganas de aprender y trabajar en esto”

La ilustración botánica como carrera
La semilla estaba plantada. Decidió hacer de la ilustración botánica su carrera. Para eso comenzó a perfeccionarse de manera autodidacta, comprar por internet todos los libros que podía y, posteriormente, tomar clases con Francisco ramos, su primer maestro. Más tarde asistió a una pasantía en royal Botanic garden Edinburgh, donde hizo oficial su nueva profesión.
Actualmente, geraldine MacKinnon es una de las ilustradoras naturalistas más solicitadas del país. sus obras se encuentran en colecciones nacionales e internacionales, es miembro activo de la American society of Botanical Artists (AsBA) y es artista en residencia del Museo Nacional de Historia Natural. Además, imparte el Curso de Ilustración Botánica rBgE, en el Instituto de geografía de la Universidad Católica, ideal para todos quienes quieren dedicarse a esta labor, talleres en lugares tan diversos como la Biblioteca Nacional o Chiloé que congregan a un creciente número de estudiantes.
“Hace años cuando inicié este camino, éramos un puñado de personas, entre los pocos maestros y algunas aprendices”, comenta refiriéndose al gran auge que la disciplina experimenta actualmente. “Ahora las cosas han cambiado, hay muchísima gente con ganas de aprender, de trabajar en esto o para tenerlo como un hobby muy serio. somos un país que está recién aprendiendo este oficio, pero estoy segura de que en unos años más seremos muy competitivos a nivel internacional, sobre todo en botánica, que no es tan fuerte en muchos países de Latinoamérica”, reflexiona.

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En una época en la que la tecnología es cada vez más accesible y que permite fotos sofisticadas, parece sorprendente que la ilustración siga siendo la mejor herramienta para capturar la naturaleza. ¿A qué lo atribuyes?
-Pienso que es así porque el dibujo hecho a mano es muy versátil y el artista puede seleccionar qué aspectos del modelo debe enfatizar según el criterio que guía la ilustración. En lo personal, creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano. Porque detrás de la perfección y la técnica impecable hay una persona y eso nunca deja de ser impresionante.

En el trabajo artístico, la autoría y el individuo son fundamentales. En la ilustración naturalista, el ‘yo’ pareciera hacerse a un lado, para dar cuenta del entorno.
-En la ilustración científica también es posible distinguir las manos de los autores. Cada quien tiene un estilo y elige ciertas técnicas, aunque el trabajo sea muy realista.
observar las composiciones ayuda mucho a reconocer a los ilustradores. Pienso que lo bello y atractivo de la ilustración de ciencias es que precisamente, además de la información que transmite, lleva la esencia del autor, el aura benjaminiana, y esto sucede solo por ser hecha a mano.

“El dibujo hecho a mano es muy versátil; creo que ninguna imagen es tan tremendamente atractiva ni enigmática como una bella ilustración pintada a mano”

Uno de los grandes desafíos de un ilustrador científico es, justamente, trabajar con científicos. ¿Cómo ha sido tu experiencia?
-Ha sido un agrado. son personas muy receptivas y respetuosas del trabajo artístico. Valoran mucho la capacidad que tenemos los artistas de llevar un objeto o un texto a una representación visual. Es una dupla muy interesante sobre todo si ambos son abiertos de mente. Lógicamente, existen científicos y artistas más “cuadrados”, pero en mi caso he tenido la suerte de que siempre me han dado el espacio para ser yo, porque cuando científicos quieren trabajar conmigo, es porque les agrada mi forma de representar la naturaleza. Además, se estudia y aprende mucho.
Eso hace que este trabajo sea muy dinámico. Con el tiempo me he transformado en toda una investigadora y estoy aplicando esta nueva habilidad en muchos otros aspectos e inquietudes de mi vida.

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Para ti la ilustración naturalista incluye un compromiso ético y político. ¿Por qué?
-A través de los proyectos en los que elegimos participar, las especies que queremos retratar, las causas que decidimos apoyar, estamos enviando un mensaje hacia los demás. El hombre ha utilizado la imagen como medio de comunicación, educación y adoctrinamiento a lo largo de toda la historia. Hoy la imagen es la gran protagonista en las sociedades con gran acceso a la tecnología. Por ello, los ilustradores de naturaleza tienen un rol en la difusión de las especies y de ideas en torno a ellas.

Incluso has elaborado un manifiesto Post naturalista que invita a replantear la profesión.
-En este momento histórico, aunque seguimos descubriendo especies nuevas todos los días, lo crucial es procurar que lo que conocemos no sea totalmente destruido. Los ilustradores de naturaleza tenemos mucho que aportar en esto y existen muchas formas de hacerlo; solo tenemos que saber inventarlas.

Naturaleza para niños
Consciente del enorme crecimiento que ha tenido la ilustración en Chile durante los últimos años, geraldine MacKinnon valora que se haya “posicionado como una opción de vida válida y respetable. Eso me parece fantástico, sobre todo porque antes, incluso hasta en mis años de estudiante, era considerado un arte menor. Nada más injusto y equivocado”.
Frente a esta nueva oferta de libros ilustrados para niños, reconoce que, ahora que tiene una hija pequeña, está “poco a poco volviendo a mirar libros infantiles y me encanta poder volver a hacer ese camino con ella”.

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Hoy los niños tienen cada vez más acceso a libros informativos sobre naturaleza hechos en Chile, como Animales americanos, de Loreto salinas, o Chile es mar, de Patricio otniel. ¿qué opinas de ellos?
-son libros muy valiosos y hermosos. Un gran aporte y además un estímulo para otros escritores e ilustradores. La generación actual tiene la ventaja de contar con publicaciones adaptadas a sus edades donde se exponen los ecosistemas, flora y fauna de nuestro país. Las teorías de la educación vigente y más actuales, como la Place Based Education (Educación Basada en el Lugar) hablan de la importancia de cultivar el conocimiento y el amor por el lugar donde se vive. Este enfoque educativo plantea que mientras más conocemos y apreciamos nuestro lugar, más lo cuidamos, lo respetamos y nos interesa colaborar con nuestra comunidad. Parece una obviedad, pero estos planteamientos no tienen muchos años y no han llegado con fuerza a nuestro sistema. El que haya publicaciones donde se apunta en esa dirección, es definitivamente un enorme avance.

¿Cuál es tu visión de grandes autores, como Beatrix Potter, que han tenido un rol tan importante en la ilustración científica y en la ilustración para niños?
-Me encanta Beatrix Potter. Ella es un personaje que nos remite a lo más romántico de ser ilustradora de ciencias y autora infantil. Las investigaciones que llevó a cabo con líquenes y hongos le fueron reconocidas (hace no mucho) por la comunidad científica y sus cuentos se leen hasta hoy. Ella es de una generación de mujeres británicas que se volvieron muy importantes, porque fueron de las primeras activistas ecológicas que surgieron.

¿te interesa explorar esa veta?
-He tenido algunas ideas relacionadas con la infancia, pero no es el momento de hacerlo. Estoy iniciando una etapa nueva que aún no se define bien, pero no está directamente conectada con la niñez. sin embargo, jamás digo que nunca haré algo. En mi vida he tenido muchos cambios, nada es definitivo.

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Geraldine Mackinnon

Ilustradora naturalista botánica. Miembro de la American Society of Botanical Artists, trabajó en el Royal Botanic Garden Edinburgh. Hoy, a cargo del Curso de Ilustración Botánica UC.

Publicado en RHUV Nº25

Gabriel Ebensperger: “Lo único que podía hacer para salvarme era este libro”

Gabriel Ebensperger tiene 33 años y a los 32 ya era bien conocido por su obra Gay Gigante, que surge en pleno panorama literario en el que las novelas gráficas constituyen una nueva fuerza. Es una autobiografía que aborda todos los miedos que puede sentir un niño, adolescente y adulto que se reconoce gay, en los años 90 en Chile. Nos ha ilustrado la portada de este número, como fiel reflejo del joven que lucha por lo que quiere, con temor a un mundo que le resulta adverso, pero que sigue hacia delante. Un alma joven en potencia que, a través, de los libros puede buscar y encontrar su identidad, cualquiera que esta sea.

Por Carlos Reyes, guionista de historietas y miembro fundador de ergocomics.cl

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Ilustraciones de Gabriel Ebensperger

La novela gráfica Gay Gigante (editorial Catalonia) se ha convertido en una de las historietas más importantes de 2015. Su autor, Gabriel Ebensperger, ha convertido sus miedos en páginas de historieta autobiográfica que ha encontrado lectores que han sintonizado perfectamente con este relato. ¿Por qué? Porque se conectan con alguien que recorre una desesperada (y alegre) búsqueda de la propia identidad. Se trata de una historieta que abre nuevos caminos temáticos para el arte del cómic en nuestro país y se planta con desenfado y mucho humor frente a la discriminación y los numerosos prejuicios que la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT) chilena aún debe enfrentar. Gay Gigante es una historia privada que justamente por su cualidad particular se vuelve colectiva, porque de miedos y temores está hecho el tortuoso camino del autodescubrimiento de todos nosotros, más allá de nuestra sexualidad y más acá de la diversidad que nos hace verdaderamente humanos.

La bajada de Gay Gigante es “Una historia sobre el miedo”. ¿Te paralizó alguna vez ese miedo?
El libro habla sobre un tipo de miedo a no poder pasar desapercibido, a no poder esconderte de ser visto (valga la redundancia). Al crecer no me di cuenta de todo el daño que ese miedo me había hecho, porque para mí de a poco se fue convirtiendo en parte de mi vida cotidiana, un modo en que me sentía a menudo. Pero ahora que puedo recordar y reflexionar con más distancia, con más vivencias en el cuerpo y algo de madurez, me puedo dar cuenta de que sí me paralizó bastante. Cuando tienes miedo, no puedes vivir el presente, porque estás temiendo cosas que -según tú- podrían pasarte. Estás gastándote mentalmente, emocionalmente y espiritualmente en cosas que no existen. Y llega un punto en que vives en una dimensión paralela, ahí vives paralizado. Ese miedo no me dejó disfrutar grandes aspectos de una vida muy linda que me tocó tener. Vuelvo a todos esos recuerdos y pienso “pucha, fue todo tan lindo, tan bacán, podría haber sido tan feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

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Tu novela gráfica está llena de humor, pero en ocasiones lo que cuentas no es nada gracioso como en la página 73, en la que, desnudo frente al espejo del baño, dices: “Esta faz es un disfraz”… ¿Fue la realización de este libro una especie de terapia, de lanzarlo todo afuera? ¿Cómo lo encaraste?
-Como a mucha gente le debe pasar, este libro sucedió en el momento en que tuvo que pasar. Y no se creó en circunstancias muy normales que digamos, tampoco. Hacía un par de años que el proyecto estaba lentamente armándose, pero cuando tomé la decisión de dedicarme al 100% a él hasta terminarlo por completo, la situación en la que estaba era delicada. Estaba en un trabajo que había querido tener siempre, pero que se había tornado intolerable. Mi salud, física, emocional y mental, estaba comprometida. Lo bueno de este tipo de momentos en la vida es que tomar decisiones grandes se vuelve fácil cuando ya no tienes más alternativas. Lo único que podía hacer, que no era dañino para mí en ese momento, era este libro. Renunciar a ese trabajo y alejarme de ese ambiente violento, dejar Santiago y volver a vivir en Viña. Regenerarme. Terminar el libro. En ese sentido, hacerlo fue un salvavidas. Un tiempo después de todo ese proceso, me doy cuenta de que sí fue una terapia, sin duda. La forma que tomó fue, además, súper inesperada para mí y tuvo todo que ver con los eventos que gatillaron la decisión de dedicarme a esto.

“Mi infancia fue tan linda, tan bacán, que podría haber sido feliz y disfrutar tanto, pero estaba todo el tiempo angustiado pensando leseras”.

Hay dos ideas que desde el título persisten página a página y son, primero, la de un gay gigante que no se puede esconder y, segundo, la de la dicotomía normal/anormal. ¿Es así?
-El libro como objeto es un libro fucsia diseñado para que el lector sea observado. En ese sentido, es un artefacto para que el lector se sienta extraño. Parte de una otredad. Parte de “los otros”. Y ha dado resultado. Me ha escrito gente hetero contándome cómo los miran en el metro, en un parque, en un café. No solo la historia es un ejercicio de empatía.

¿Pensaste de verdad alguna vez que ocultarte, fingir ante los demás era la solución?
-Mira, nunca fue una operación consciente. Tampoco fingí ni mentí, simplemente no decía lo que me estaba pasando. Tuve un par de pololas en el colegio, por ejemplo. Eso podría interpretarse como fingir, pero también es parte de las vivencias de la edad. De ir conociendo la sexualidad de uno. Yo no tenía cómo conocer a otros gays y tampoco tenía la certeza ni la seguridad de que yo fuera uno de ellos, realmente, (a pesar de que me encantaran mis amigos “minos”). Yo solo estaba viviendo a medida que pasaban las cosas, lo mejor que podía. Por suerte, no llegué al punto de cumplir 30, casarme con una “mina”, al año siguiente separarme y salir del clóset. Eso es más complejo, pero tampoco es llegar y juzgar a la gente de mentirosos. Las circunstancias son todas complejas, y cada uno está siempre haciendo lo mejor que puede hacer en el momento. Nadie está tratando de hacerle un mal al otro. Si a los 14 años yo hubiera tenido la información, claridad, seguridad y madurez para aceptar mi sexualidad y ser transparente con mis amigos, compañeros de colegio y mi familia, habría sido súper complejo, no me lo puedo imaginar. Por ejemplo, año 1998. La gente era harto más “monga” en ese entonces. El mundo era harto más “heteronormado” hace 18 años. A veces pienso que me habría encantado iniciar mi maduración antes, pero quizás es verdad eso de que todo pasa en su momento, pero uno no lo sabe.

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Gráficamente arremetiste con un cliché consciente: un libro rosa que además tiene una doble portada. ¿Una broma sobre el temor o la hipocresía?
-La doble portada es una broma sobre el temor, la hipocresía y un sarcasmo apuntado a todas las instituciones y grupos con trasfondos religiosos y moralistas que creen ser superiores a los demás y tienen el descaro de estar siempre interviniendo en asuntos que afectan a una población que es diversa. Irónicamente, no te imaginas a la cantidad de personas a las que les podría haber resultado útil el uso de la portada falsa. Te digo esto porque no han sido pocos quienes me han contado cómo en la calle los han increpado por el libro. A una niña que lo estaba leyendo en un parque, una vieja le gritó “¡cochina!”. A un amigo que lo estaba leyendo en un café, una señora con niños le preguntó si encontraba apropiado estar leyendo algo así en un lugar con niños presentes.

¡Qué horrible!… Otra cosa que llama la atención es la frescura y soltura de los diálogos. ¿Es algo que se te da fácil o es fruto de mucha escritura y corrección?
-Muchas gracias, que buen piropo. Parece que es algo que se me da, porque el libro no se editó ni corrigió casi nada. Fue todo prácticamente de corrido, sobre la marcha. Me guío de oído, siento, por cómo va sonando y si se entiende, va bien.

Gay Gigante no es un libro militante de la lucha del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) ni de la Fundación Iguales, que son los grupos más conocidos por la ciudadanía. ¿Cómo te sitúas respecto a esas organizaciones?
-Yo me considero un activista. Este libro es parte de ese activismo y espero poder contribuir más en el futuro a que más personas recobren la capacidad de ponerse en los zapatos de otro, y en consecuencia vayan modificando su modo de ver y sentir las cosas. No es un proceso que suceda de la noche a la mañana. Esta lucha es una lucha sentimental y lo que yo estoy tratando de generar, ofreciendo mi historia, es empatía.

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Un momento memorable en la historieta es cuando nos muestras tus tempranas preferencias por el mundo de las muñecas Barbie, el agente Cobra o las Jem.
-Fueron tiempos y momentos súper importantes de mi vida, así que no podían no existir para poder conocer al gay gigante. También hubo que filtrar y poner lo que más me sirviera resaltar. Pero creo que habrán instancias nuevas para otros asuntos memorables que se perdieron y que podrían surgir en el segundo libro.

Otra confesión notable es la de tu primera masturbación con Fox Mulder. ¿Por qué la autobiografía se acerca tanto a una intimidad que para algunos puede ser casi intimidante?
-Tiene que ver con algo que te dije anteriormente. Este libro lo hice en un momento en el que sentía que se había “terminado todo”. Podía hacer lo que quisiera y tenía un impulso de estar haciendo algo que podía ser lo ultimo que hiciera. Como si me fuera a morir. Súper dramático, pero me ayudó un montón. En un sentido, sí me estaba muriendo y lo hice. Haciendo
el libro me acordaba constantemente de una película animada de Garfield, que vi un par de veces cuando era bien chico, con mis hermanos. Garfield in Paradise se llamaba. En ella John Bonachón, Oddie y Garfield viajan de vacaciones a una isla símil a Hawaii. John, siempre medio cagón, termina en un hotel/motel bien malo que no tiene ni playa. Arriendan un auto para ir en busca de una y les pasan un Chevrolet Bel Air (esos autos redonditos sesenteros parecidos a un Cadillac). Buscando la playa se meten a una jungla y se encuentran con unos nativos que comienzan a arrodillarse y adorar el auto. ¿Qué pasaba? En los años 50 un “mino” tipo James Dean, en un auto igual a ese, había salvado al pueblo nativo del volcán en erupción, sacrificándose a sí mismo al tirarse con auto y todo al volcán. Obvio, el volcán se vuelve activo de nuevo, la princesa del pueblo nativo trata de ofrecerse y el volcán la rechaza, y Garfield decide tirar el auto arrendado al volcán y salva a todos. Fin. Me acordaba de todo eso y sentía que existía un volcán en erupción que me iba a matar. Y que lo único que podía hacer para salvarme era crear este libro y tenía que ser completamente honesto o todo este esfuerzo no serviría de nada. Tenía que ofrecerle mi vida y hacerlo en serio. Así lo hice.

Gay Gigante está lleno de referencias a la cultura pop: cine, televisión, música…
-A medida que crecía no me acompañó tanto la lectura, pero sí todo lo audiovisual. Es divertido como todas las cosas que te van deslumbrando en distintos momentos de tu vida, se van anudando con otras cosas de ella, desde olores hasta tu propia sexualidad y, después de más de 20 años, todo eso son botones que existen y se presionan constantemente. Todo lo que vemos, escuchamos y absorbemos porque nos ha dado curiosidad o hecho felices, es uno.

En el libro, los textos son muy importantes, ocupando los grafismos un espacio a página completa. ¿Los ves también como dibujos, como elementos de diseño?
Así es. Por eso no quise usar una tipografía dentro del libro. Siempre quise escribir todo manualmente. Quise, además, crear dos instancias narrativas. Por un lado, las páginas completas de texto grande, que construyen la narración central del libro o la voz en off. Por otra, las viñetas (que pueden ser dibujos
con anotaciones o segmentos con estructura de historieta) que actúan como ventanas en que la historia puede profundizar en algo que es nombrado. Esas dos jerarquías me dieron la capacidad de modular la cadencia de la historia.

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Ahora que lo dices, sí es cierto, todo se lee perfectamente sin necesidad de comprender esa sutileza narrativa. ¿Sientes que a la historieta chilena, le hace falta hablar de nuevos temas como este? ¿Es necesario abrir más las puertas de lo temático?
-Sé que hay bastante diversidad, pero no soy un gran consumidor de ella. De hecho, para serte muy franco, no soy un gran consumidor de historietas o novelas gráficas. Sí tengo un par de preferidas, pero no miro mucho. Veo todas las películas que existen. De ahí y de la música me nutro. Aún así es bueno que la diversidad se amplíe. También creo que las cosas pasan cuando tienen que pasar, y que cuando se fuerzan, se nota. Hay que abrirle las puertas a lo diverso en el más amplio sentido de la palabra.

¿Estás sorprendido con el éxito del libro o lo esperabas? ¿Qué te ha conectado con tus lectores?
Sí y no. Estuve aislado en el año que tomó terminarlo y lo terminé bastante encima de su lanzamiento. En realidad no tuve mucho tiempo ni instancias para imaginar lo que pasaría después. Solo pensaba “tengo que terminar, tengo que terminar, tengo que lograr terminar esto y que me guste”. No paré hasta que así fue. Al final, hubo meses en que de lunes a domingo, las jornadas de trabajo duraban 16 horas (pareciera que cuando se dibuja, el tiempo muta, es en cámara lenta y usas tooodo el día). Tuve un par de momentos de vértigo gracias a unos “pitos” atómicos que llegaron a mis manos en alguna fiesta, y me puse a pensar en el juicio de mis pares por el tremendo acto de autorreferencia, que estaba por cometer. Me doy cuenta de que el libro es un éxito sólo a veces; no es algo en lo que piense todo el rato. Es un alivio no haberme equivocado. Y también es un tremendo alivio para mí haber creado algo, por primera vez, que no me sirve sólo a mí, sino que le servirá a muchos. Es como tener la conciencia tranquila. Siento que estoy sólo comenzando. Lo que ha facilitado la conexión con los lectores es la transparencia. Cuando los lectores están dentro del libro y se dan cuenta de que hay una historia genuina, vulnerable y que no disimula nada, se baja una barrera, hay empatía. Esta historia no es tan distinta a cualquier otra. Ya perdió el miedo. Ahí se encuentra una compañía para ese niño que en algún aspecto, también fue o es.

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Gabriel Ebensperger

Nació el 16 de junio de 1983, en Viña del Mar. Desde pequeño se dedicó al dibujo, la pintura y la fotografía. Estudió Diseño Gráfico en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Publicado en RHUV Nº24