Categoría: Entrevistas

Constanza Mekis: “El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos”

Durante 22 años estuvo a la cabeza de uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito del fomento lector nacional: dotar a los establecimientos educacionales de las más atractivas colecciones infantiles y juveniles. Por sus manos han pasado cientos de libros y ha observado de cerca los cambios de la escena editorial. Conversamos con Constanza Mekis, hasta hace unos meses coordinadora de las bibliotecas escolares CRA, sobre el devenir de la edición de literatura infantil y juvenil en Chile y el amplio panorama al que se enfrentan hoy los profesionales del sector.

Por María Isabel Molina

c-mekis
Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

En su comedor hay decenas de fotografías de escritores. Todas del mismo tamaño y perfectamente enmarcadas. Con esa misma mezcla de prolijidad y regocijo, Constanza Mekis aborda los temas relacionados con el fomento lector, los cambios en la calidad de las publicaciones chilenas y las transformaciones en las prácticas de la lectura de los niños.
En su rol de coordinadora de las bibliotecas CRA (Centros de Recursos del Aprendizaje), cargo que dejó recientemente, fue una testigo privilegiada de los cambios editoriales. Conversamos sobre editores, libros, ilustración y lectores.

A muy grandes rasgos, ¿ha cambiado la edición infantil y juvenil en los últimos 15 a 20 años?
Rotundamente, sí. Ha habido un cambio sideral en cuanto a las formas de leer, al acceso del libro y a la valoración del objeto libro. En los años noventa lo que presentaban algunas editoriales en Chile eran obras clásicas, que año a año se reeditaban. Estoy pensando en autores tradicionales como Coloane, Marcela Paz, Baldomero Lillo o lo que hacían Zig-Zag o Pehuén, en ese momento. Eran colecciones muy básicas: la materialidad de las ediciones no iban a la conquista del lector, a pesar de que tenían contenidos muy interesantes. En 10 a 12 años ya se vio un gran cambio: las editoriales dijeron “aquí estamos y tenemos que hacer un cambio”, que vino aparejado de nuevos factores y nuevos actores.
Mekis distingue en ese panorama tres momentos: uno que inicia Amanuta, con sus colecciones ilustradas, otro con Pehuén, editorial ya establecida pero que hace un fuerte giro y un tercer momento, con la aparición de sellos como Hueders, Letra Capital, Grafito, Confín, Gata Gorda… “Hoy hay apuestas muy claras y precisas con respecto a posicionar el libro álbum, de darle una fuerza al cómic. Ha sido muy interesante el proceso hacia el campo patrimonial u otros géneros, como el libro más visual y existe hoy un posicionamiento más fuerte de la ilustración”.
Sin embargo, este gran desarrollo no ha sido del todo parejo. Unos campos han crecido más que otros. “Se nota la supremacía que ha tenido el campo de la ilustración versus el campo narrativo: ahí tenemos una deuda y estamos debiendo nuestra riqueza de las palabras, de las ideas”.

Al comenzar, ¿revisaban catálogos extranjeros?
Claro. Sobre todo lo proveniente desde España, con apuestas de editoriales emergentes, que conseguían derechos y hacían buenas traducciones de obras francesas o alemanas que estaban en boga y podían llegar a Chile. Vimos cómo se iba poblando de materiales de calidad y la pregunta era ¿por qué esto que llega desde fuera no hacerlo desde acá? Y hoy, a pesar de que no ha cambiado el predominio extranjero en cuanto a las colecciones, ya se puede notar cierto equilibrio.

¿Y cómo fue tu proceso como lectora cuando te encontraste con estos libros?
Fue una grata sorpresa. Uno aplaudía estos libros que sorprendían tanto en la factura de tapa dura, que no se deshojaran, como en que no eran de papel roneo sino de papel de calidad. Porque antes todo era paupérrimo: las ilustraciones eran en blanco y negro porque, claro, era muy costoso.

¿Sabían ustedes de lo importante que sería el CRA y el rol que iban a jugar en la edición?
No, no fuimos conscientes de que estábamos insuflando algo tan extraordinario alrededor. Existía la necesidad de tener un catálogo robusto en distintas áreas y poco a poco las editoriales nos fueron acompañando. Primero hubo una conciencia editorial de responder y después, desde una respuesta básica, ellos mismos, al verse beneficiados fortalecieron su propia mecánica al entregar mejores libros. Era un engranaje o máquina creativa que se fue abriendo e invirtiendo, porque a su vez hizo eco en el mundo de los ilustradores. Se creó un círculo virtuoso.

¿Se posicionan en el mundo editorial formatos o contenidos en desmedro de la diversidad?
Creo que la gracia de toda esta evolución -o revolución- del campo editorial es que nos aproximamos a una diversidad de propuestas. Pero, depende. Porque ¿cómo hoy los libros nos muestran la diversidad de la familia, por ejemplo? Ahí no está tan presente esta diversidad. Por otra parte, en un momento se dice “ah, se necesitan leyendas”, y vamos todos con la leyenda. Ahora está la locura del libro informativo. Todavía hay una reacción a lo que se necesita y no una reflexión sobre cuáles son los grandes vacíos que existen en nuestro desarrollo editorial, un estudio profundo o un análisis en cuanto a temáticas, géneros, materialidad. Nos falta mayor conciencia de lo que producimos y lo que necesitamos.

¿Cómo reaccionan los establecimientos?
Hay un tremendo desafío porque hemos visto que desde la escuela eligen lo tradicional. ¿Cómo producir ese encantamiento para que ellos se entusiasmen por algo que no conocen? ¿Qué profesores están hoy capacitados para trabajar el cómic desde sus propias disciplinas? ¿Ven la potencialidad de este u otro lenguaje o está deshabitado el profesor en cuanto a las prácticas y didácticas de estas nuevas formas de leer?

Eso nos lleva a hablar de cómo el desarrollo editorial va acompañado de la lectura…
Exactamente. Y es ahí donde uno debiese poner la mayor cantidad de inteligencia, colaboración, aportes del extranjero y de creadores nuestros para llegar al corazón de la escuela y a la red de profesores con estas nuevas formas de leer. Y, si bien es cierto, los coordinadores y encargados CRA han tenido un conocimiento, eso “no hace verano” cuando tienes un grupo de alumnos y profesores que requieren encantarse con estas temáticas y construcciones tan diversas de hoy.

“Uno debiese poner la mayor inteligencia, colaboración y aportes de nuestros creadores para
llegar al corazón de la escuela y a la red docente con estas nuevas formas
de leer ”

¿Y si ahondamos en las prácticas de la lectura?
No le podemos pedir a este ciudadano que sea lector crítico y autónomo si tenemos una familia que no cuenta todavía con las herramientas culturales; porque leer no es solo leer un libro, sino leer una obra de arte o el cine o el mundo natural; entender la música, enfrentar una fotografía o entender la visión del autor en su contexto.
No obstante, hay factores de género que se han modificado: hoy podemos ver al padre llegar a leer; antes iba directo a ver la tele. Que la mujer cuente historias a los hijos, es más tradicional, pero hoy eso también lo hace el padre y me parece interesante como transformación cultural.

¿Cuáles serán los desafíos para las editoriales?
Los sellos se han focalizado en la ficción y hay que generar una producción de no ficción. Y ahí son otras inversiones. Pero los sellos también se han dado cuenta de las necesidades del lector, en que se cruzan el campo de la ficción y no ficción de una manera natural. Hay que engarzar ambos mundos: al lector le gustan la magia, el fútbol, la cocina, pero también la poesía y lo onírico.

En el ámbito actual de la edición, se habla de la autoedición o que faltan miradas regionales.
Ahí está el gran juego de la diversidad, que sea más inclusivo y las regiones se vean fortalecidas. En los extremos de nuestro país, tanto en Punta Arenas como en el Norte, he visto ediciones interesantes. Pero debiesen existir fondos regionales para creación de editoriales en distintas zonas.

¿Cuál es tu sueño para esta sociedad lectora?
Más que nada lo que genera la lectura, que es tener conciencia del otro. Si tenemos eso en nuestro caminar es porque hemos visto, conocido y nos hemos sensibilizado con los que piensan los demás. El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos, tienes opinión, fundamentación y se te abre el corazón. Sería extraordinario que esa capacidad surja desde la escuela, la familia, el campo social para tener una sociedad digna.

Publicado en RHUV Nº23

María Teresa Andruetto: “El lenguaje es la mayor construcción de la cultura”

Ganadora del prestigioso Premio Hans Christian Andersen 2012, la escritora argentina María Teresa Andruetto conversó con HUV sobre sus inicios en el mundo de las letras, su dilatada trayectoria y los principales lineamientos de su obra.

Por Bernardita Cruz M.

maria-andruetto
Ilustración de Consuelo Moreno
https://www.flickr.com/photos/consuelomorenod/

“Creadora de libros sensibles, profundos y poéticos con una clara base literaria”. Así describió el jurado del Premio Hans Christian Andersen a la escritora argentina María Teresa Andruetto, la primera mujer de habla hispana en recibir uno de los reconocimientos más prestigiosos de la literatura infantil y juvenil. El galardón se entrega cada dos años y distingue a un autor por el conjunto de su obra.

Cuando recibió la noticia, ella estaba en su casa, devolviendo la vajilla que había arrendado para el matrimonio de una de sus hijas. “Me sorprendí, me asusté también y lo llamé a mi marido; le pregunté si podía dejar el trabajo y regresar a casa”, recuerda.

Autora de numerosos libros para niños, jóvenes y adultos, María Teresa lleva más de treinta años interviniendo en el campo de la literatura infantil –trabajó en la formación de maestros, fundó centros de estudio y revistas especializadas, dirigió colecciones y participó en planes de lectura– y es conferencista habitual en todo tipo de actividades del ámbito literario.

Entre sus títulos más destacados de LIJ se cuentan El anillo encantado, Huellas en la arena, La mujer vampiro, El País de Juan, El árbol de lilas, El incendio, Solgo, Miniaturas, Stefano y Veladuras.

Desde el pequeño poblado de las Sierras Chicas, a 40 kilómetros de la ciudad de Córdoba, donde vive en un terreno grande con una pequeña huerta y algunos animales, María Teresa conversó con Había una Vez.

¿Cómo fue su relación con los libros en la infancia? ¿Fue una niña muy lectora?

Sí, una lectora voraz, que se internaba en libros, periódicos, fotonovelas, papeles sueltos… ¿Mis libros favoritos? Fueron distintos según las épocas: cuando era muy pequeña, Las aventuras de Tom Sawyer, Corazón, Pinocho, las biografías de San Francisco de Asís o de Santa Teresita de Liseaux; después, ya más grande, hacia los 12 o 13 años, descubrí la literatura argentina, el cuento rioplatense, y me fascinó. También leí de chica mucha poesía: Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, poetas patrióticos como Olegario Andrade, más exóticos como Rabindranath Tagore, o poetas de choque como Almafuerte. No siempre entendía lo que querían decir, pero me gustaba leerlos en voz alta, escuchar cómo sonaban…

¿Escribía de pequeña? ¿Recuerda cuál fue la primera historia que quiso llevar al papel?

De chica, 8 o 9 años, adquirí el vicio de inventar historias. Lo hacía de forma oral, para mis compañeras de grado. Escribí sobre eso en Mentir, un breve texto que está en mi página web (www.teresaandruetto.com.ar). En cuanto a escribir historias, lo primero creo que fue un esbozo de cuento escrito en unas hojas de carpeta de tres perforaciones que derivó de una tarea escolar, una redacción que nos habían pedido en sexto grado, el personaje se llamaba Dina; no recuerdo mucho más que eso. Pero poco después, esas búsquedas narrativas se desplazaron a la poesía, ¡la adolescencia pide poemas!

¿Cómo llegó a ser escritora? ¿Cuáles fueron sus inicios?

Me fui haciendo, fui tras esta pasión por las historias, fascinada por lo que leía, cada vez más ávida y con deseos de inventar historias también yo. En los inicios estuvo el deseo y el amor de mi mamá por las palabras y tras eso, seguramente, mi deseo de parecérmele. Y el vicio de leer. Y mi timidez de niña que me refugiaba en los libros, en ese mundo imaginario, más interesante tal vez que el mundo que me rodeaba. Y, sobre todo, el deseo temprano de comprender a los otros, de ponerme en el lugar de otro, de otros, porque desde muy chica me sorprendía el hecho de que no todos pensáramos de igual manera sobre cada cosa.

Participa activamente en charlas y congresos. ¿Qué la lleva a emprender esos desafíos? ¿La difusión y formación son materias que van de la mano con su rol de escritora?

Hacer de puente entre libros y personas ha sido mi trabajo. Encontré pronto que esto que me gustaba, leer, podía ser mi modo de ganarme la vida y eso es lo que hice dando talleres, formando a maestros y profesores, enseñando en la escuela media, escribiendo reseñas de libros o revisando escritos de otros… Un modo de vivir, un trabajo, además de una pasión o un vicio. Ya no doy clases y he dejado mis talleres, tarea que llevé adelante durante casi 30 años, pero sigo participando en charlas y congresos, eso más que antes, ya en mi condición de autora.

¿Qué importancia tiene para usted el lenguaje?

Mucha, casi todo… Es la mayor construcción de la cultura, creo. Un espejo en el que se refleja y refracta la sociedad toda, nosotros y los otros.

En varias entrevistas ha dicho que no le gusta la división entre literatura a secas y literatura infantil…

Es lo que intento al escribir, pero también al llevar libros de otros a un grupo de niños o de jóvenes: que lo que les acercamos a los lectores en formación sea ante todo literatura. Me gustaría que no necesitara de ese adjetivo que muchas veces la restringe y la recorta.

En muchos de sus libros hay una anécdota, un personaje, un lugar que salta de la realidad a la ficción. ¿Es un ejercicio consciente o un impulso que la lleva a escribir?

Realidad y ficción son dos caras de una misma moneda, todas nuestras ficciones nacen de nuestra percepción de lo real, el imaginario está plagado de realidad, nuestra imaginación es apenas un breve vuelo, un pequeño salto. ¡Nunca nos alejamos demasiado del suelo! Y eso es en parte un impulso, y en parte un ejercicio de conciencia.

Sus propias experiencias, sus raíces, también han quedado plasmadas en su obra; de hecho, ha nombrado a Stefano como su libro más preciado. ¿Qué la llevó a escribirlo?

Lo escribí un tiempo después de la muerte de mi padre, pensando no tanto en lo que a él le había sucedido (mi padre fue un inmigrante italiano en Argentina, igual que Stefano, el protagonista del libro), sino sobre todo en el sentimiento de pérdida de la migración, que podía percibir en él y en muchas otras personas que conocí.

Ha dicho que la literatura debe sacudir al lector. ¿A qué se refiere?

Debe interpelarlo, interpelar nuestra inteligencia o nuestras emociones, nuestra subjetividad, o todo eso al mismo tiempo. Los libros que me gustan son libros que me hacen pensar o sentir lo que antes no había sabido pensar ni sentir.

¿Qué siente hoy con respecto al Premio Andersen? ¿Es una responsabilidad muy grande recibir una distinción de este tipo?

Siento alegría y mucho agradecimiento. Un agradecimiento que no sé bien a quién destinar, a los lectores diría, y sobre todo a la vida. A veces siento un poco de agobio, cuando no puedo responder como quisiera, ni en el tiempo en que quisiera, a lo que me piden. Responsabilidad frente a la escritura y frente a los otros es algo que he sentido siempre, eso no ha cambiado.

Me tocó ver la alegría y orgullo de muchos autores chilenos al saber de su premio. En su opinión, ¿existe una identidad latinoamericana en el mundo de la LIJ?

Sí, sin duda. Se trata de una identidad que tiene que ver sobre todo con la lengua. Nuestra lengua común nos hace sentir que, más allá de los matices y particularidades que nos diferencian, compartimos una misma patria. A eso, que es fundamental, se agrega nuestra misma condición de países periféricos y el momento particular –momento de mayor conciencia sobre sí– que vive Sudamérica.

El jurado del premio destacó el hecho de que sus libros tratan tópicos tan variados como la injusticia, el amor, los mundos interiores, la pobreza o cuestiones políticas. ¿Se siente igual de cómoda en todas esas temáticas?

Sí, porque no las he vivido como cuestiones temáticas. Lo que hice fue hundirme en una escena, ir tras las huellas de un personaje o de unos personajes para ver qué había allí. A veces encontré amor o asombro o alegría; otras veces miseria, injusticia, problemas políticos; a veces varias de esas cuestiones al mismo tiempo.

Además, el jurado dijo que su obra es “sensible, profunda y poética”. ¿Usted también es un poco así?

¡Espero que sí! El adjetivo poética puede caberle tal vez a la escritura, no sé si a mi persona, porque estoy acostumbrada al trabajo y la observación quizás más que al ensueño, pero me considero sensible e intento, sí, mirar en profundidad.

Hoy, ¿está trabajando en un nuevo proyecto literario? ¿De qué se trata?

Al momento del premio estaba trabajando en una novela. Casi no he vuelto a ella desde aquel día, pero imagino que de a poco todo se irá remansando, irá encontrando su tiempo, llegará el verano y podré retomarla…

Cuando era muy pequeña me mandaron con un papelito en la mano a comprar algo a un bar/almacén. Tal vez porque era muy pequeña y tenía miedo de perderme fui mirándome los pies. Cuando levanté la cabeza estaba en un sitio desconocido, aunque no muy lejos de casa. Unas mujeres me preguntaron mi nombre y no supe decirlo, no sé si porque era pequeña o porque estaba asustada. Me encontró el cartero del pueblo, me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé, me cargó en el canasto de las cartas y me llevó de regreso a casa. Es el recuerdo más antiguo que tengo.

Una lee el pasado a la luz de lo que vino después. En ese momento, y por mucho tiempo, fue nomás eso, el susto de haberme perdido. Siendo ya adulta, pensando en los comienzos, aquel recuerdo de infancia cobró significado para mí: una niña inmersa en un mar de papeles, en un mar de palabras. Una niña guiada por o perdida en un papelito que lleva en la mano, unas anotaciones de su madre. Niña reencontrada por el nombre extraño de su madre, niña inmersa en un canasto de cartas, de mensajes… Todo eso, y más aún, está para mí ya en ese recuerdo remoto.

Escribí sobre él de diversos modos (al entrar en Mentir, en mi pagina web, está un relato llamado Extravío): poema, ensayo, novela, conferencia… No sé si aquella escena me determinó a ser escritora, imagino que son muchas las pequeñas, ínfimas cosas, que van construyendo lo que elegimos, lo que somos, pero sí sé que para la persona que acabé por ser, aquello se significó fuertemente como el comienzo (o quizás ya había comenzado) de una relación muy fuerte con las palabras, con la escritura.

Lola Larra: “Siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir”

En la historia de Lola Larra los libros están por todas partes. En su familia, tan ligada a las letras, en su infancia rodeada de títulos y estímulos, en su trabajo en Ekaré Sur, en su pasión por la escritura. Aquí, parte de esa historia y sus motivaciones para escribir Al sur de la Alameda, uno de los libros chilenos más premiados del 2014.

Por Bernardita Cruz M.

Lola Larra

Los muros de un colegio en toma no fueron obstáculo para que la historia de un grupo de escolares chilenos saliera al mundo. Escogida como la Mejor Novela Juvenil del 2014 por el suplemento cultural del diario El País de España, seleccionada por la Internationale Jugendbibliothek de Munich para su prestigioso catálogo White Ravens, premiada por la Fundación Cuatrogatos y por el Banco del Libro, distinguida en Chile con el Premio a la Edición de la Cámara Chilena del LibroAl sur de la Alameda definitivamente fue un libro que marcó pauta en el 2014.

Lola Larra, su autora, dice que nunca imaginó el éxito que tendría esta, su primera novela gráfica. “Mis anteriores experiencias me han enseñado que es mejor no esperar nada. El editor Jorge Herralde decía que los autores somos muy pesados porque creemos que al día siguiente de publicado tu libro, el mundo tiene por fuerza que haber cambiado. Lo cierto es que nada cambia”, afirma con una sonrisa.

Periodista de profesión y autora de títulos como Puesta en escena (Edebé, 2010) o Donde nunca es invierno (Edebé, 2013), Lola (cuyo nombre real es Claudia Larraguibel) creció en Caracas y estudió y trabajó en Madrid. En España tuvo una intensa actividad profesional en la que se paseó por una gama notable y variada de medios que incluyó, entre otros, la revista Colors, El País, Rolling Stone, Vogue y una corresponsalía con Radio Cooperativa. Hoy, alejada de ese mundo, asegura que siempre intuyó que su carrera como periodista iba a ser corta e intensa. “El buen periodismo vive y se alimenta de una curiosidad perpetua que, pasados los años, va menguando en la mayoría de nosotros. O por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. El periodismo fue una escuela en la que viví cosas y accedí a escenarios, acontecimientos y personajes que no hubiese conocido de otra manera, y que finalmente me sirven como bagaje para escribir libros”.

Libros, libros y más libros

Lola creció entre libros. Literalmente. La biblioteca de su casa en Caracas, recuerda, estaba llena de opciones para que todos buscaran y encontraran lo que les apetecía. Las lecturas eran un tema de conversación en la sobremesa, un tema que unía a la familia y los convocaba a comentar, discutir y plantear puntos de vista. Y también estaba el Banco del Libro, donde trabajaba su madre, la reconocida editora y fundadora de Ekaré, Verónica Uribe. “Yo pasaba muchas tardes después del colegio en los galpones en los que en esa época estaban las oficinas del Banco y luego las de la editorial Ekaré. Había una pequeña librería en la que leí muchas novelas y cuentos. Y también estaba a mi disposición el Centro de Documentación, a donde llegaban libros de todas partes del mundo. Tener acceso a ese mundo me abrió la cabeza, desde muy pequeña”, recuerda.

Has dicho que nunca dudaste que serías escritora. ¿De dónde nace esa convicción? 

Escribo desde niña, no recuerdo si desde los 8 o 9 años. En algún lugar conservo todavía algunos manuscritos de aquella época. Y siempre me he sentido muy privilegiada de tener este espacio, este oficio que me permite pasarlo muy bien a solas. Es una de las cosas que más disfruto, y por eso siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir. Supongo que muchas de mis decisiones en la vida han estado marcadas por ese deseo. Pero me ha costado muchos años y mucho esfuerzo lograr darle el tiempo, la calma y el espacio que requiere. En ese sentido, mi regreso a Chile ha sido un buen refugio y me ha permitido organizarme mejor.

Eres sobrina de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn. ¿Qué recuerdos tienes de ellos? 

Lo primero que me viene a la cabeza es la casa estrecha y alta en la que vivían en Sitges, un pueblo mediterráneo de cuento y una casa de cuento, con un pequeño jardín penumbroso, lleno de plantas. Cuando los visitábamos, eran vacaciones muy especiales. Fernando y María de la Luz siempre estaban inventando proyectos en los que implicaban a todo el que estuviera a su alrededor: hacían películas, obras de teatro, dibujos, sesiones de fotos, exposiciones, cuentos. Eran personas muy especiales. Ambos muy serios, muy intelectuales, y a la vez juguetones, lúdicos. El arte, para ellos, era un juego muy serio. Y a mí me gustaba, sobre todo, que nos consideraran a nosotros, los niños, como sus iguales; que nos invitaran sin prejuicios de edad a compartir esas experiencias creativas.

En el mundo de la LIJ tu madre, Verónica Uribe, es figura fundamental. ¿Qué sientes hoy al trabajar codo a codo con ella? ¿Imaginaste que eso pasaría algún día?

Mis dos hermanos han trabajado con ella, en diferentes ocasiones, desde hace mucho tiempo. Pero a mí no me parecía buena idea trabajar con la familia: pensaba que eso podría enturbiar las buenas relaciones que teníamos, así que preferí hacer mi camino sola. Cuando vine a vivir a Chile, en el 2006, Verónica me invitó a fundar juntas Ediciones Ekaré Sur, una editorial que distribuye lo que viene de Ekaré y que hace sus propios libros aquí, pensando en el público chileno. Nos lanzamos y me he dado cuenta de que mis vaticinios estaban completamente errados. Mi madre es la mejor compañera de trabajo que he tenido nunca. Nos entendemos muy bien y nos complementamos. Y sobre todo aprendo mucho; es una de las personas que más sabe de literatura infantil, y es una editora extraordinaria. Ella lleva más la parte editorial y yo me ocupo más de la gerencia. Pero somos una editorial mínima, así que al final todos hacemos de todo.

Diario de una toma

Al sur de la Alameda no surgió como un impulso espontáneo. Fue un proyecto cuya gestación estuvo marcada por varios acontecimientos: en el 2006 Lola visitó algunos colegios en toma, en el 2008 empezó a escribir el diario de Nicolás, en el 2011 comenzó a trabajar con Vicente y por fin, en enero del 2014, tuvieron el libro listo.

¿En qué momento se integra al proyecto Vicente Reinamontes? ¿Cómo fue la experiencia de trabajar juntos?

Cuando tenía lista una primera versión del manuscrito pensé que no era demasiado interesante tener solo el punto de vista de Nicolás, su diario de la toma. Faltaba algo más. Y en algún momento escribí un pequeño guión de esa segunda voz, y me dije que sería bonito que ese segundo narrador contara su historia en imágenes. Acababa de leer las cosas de Brian Selznick, por supuesto, y estaba maravillada por la manera en que fluían texto e imagen. Entonces una de las editoras, Sara Rodríguez, buscó y buscó hasta encontrar a Vicente, que fue todo un hallazgo. Trabajamos juntos más de año y medio; nos reuníamos todas las semanas Vicente, las editoras y yo. También con el director de arte. A medida que se iba construyendo el relato en imágenes, el texto cambiaba: se acortaron cosas, se escribieron otras, entraron nuevos personajes. Y a nivel gráfico se tomaron decisiones como el color de páginas o el troquel de portada o las viñetas, que aportaban a la historia, que no eran decorativas solamente. Todo tenía sentido… Fue un proceso muy interesante, muy grupal y muy entretenido.

Los libreros del Club Kirico destacaron el hecho de que un libro para adolescentes plantee el compromiso político “como algo que les puede implicar”. ¿Era uno de los objetivos del libro?

No lo fue al principio. Al empezar no estaba pensando en reflejar un momento histórico ni en documentar la ‘revolución pingüina’. Yo quería algo mucho más modesto y sencillo. Quería contar cómo era una toma por dentro: el día a día, las rencillas, cómo hacían para comer, organizarse, dormir… Y lo que me convocó a escribir una novela, lo que me hizo clic para empezar, fue que la toma me pareció una escenografía literaria fascinante; me atrajo aquel microcosmos en que nosotros los adultos éramos unos intrusos. Es decir, mis razones no eran aún políticas ni comprometidas, sino puramente literarias. Yo no estaba pensando en la justicia social ni en la educación como un derecho. Yo estaba pensando en El señor de las moscas y en La invención de Hugo Cabret. Estaba pensando en literatura.

Pero todo eso fue cambiando cuando comenzó mi trabajo con Vicente. Allí le tomé el peso a lo que estábamos haciendo. Gracias a él y también a mis editoras. En el año y medio en el que trabajamos juntos en el libro, me di cuenta de que lo que nos enseñaron (o nos recordaron) aquellos pingüinos en el 2006 es que no basta con la felicidad individual. Que el bien común es algo de lo que no podemos prescindir. Y esa toma de conciencia, ese paso, esa transformación de lo individual a lo comunitario, de lo privado a lo público, es finalmente lo que le sucede a Nicolás, el protagonista de Al sur de la Alameda. 

Una de las cosas que llama la atención del éxito internacional del libro es que algo que parece tan chileno pueda calar hondo en jóvenes de otras partes del mundo. ¿Qué piensas sobre eso?

Si bien nunca pensé que la novela fuera un éxito, nunca dudé que podría interesar en otros países. El movimiento estudiantil está en un momento efervescente, de México a Hong Kong. No es la primera vez en la historia que los estudiantes plantan cara y denuncian los problemas sociales y políticos. Y por eso pensé que nuestra novela podía interesar tanto a un estudiante chileno como a uno colombiano, o español, o argentino.

A fines de marzo se inauguró una muestra del libro en Valparaíso y tengo entendido que preparan unos fanzines. ¡Al sur de la Alameda no para! Cuéntanos un poco lo que se viene con el libro.

El fanzine de El cuaderno del gordo Mellado es un proyecto que queremos presentar en la Feria de Guadalajara; ojalá se pueda. En un capítulo de Al sur de la Alameda se cuenta cómo uno de los estudiantes, el Gordo Mellado, aprovecha para dar clases de ‘Historia de las movilizaciones estudiantiles’ durante la toma. Estamos trabajando en este fanzine, que es un facsímil del cuaderno de notas del que se servía el Gordo Mellado para dar aquellas clases. En él se recorren los movimientos estudiantiles más importantes del siglo XX y principios del XXI, y quiere ser una invitación a conocer el papel que los estudiantes han jugado en los grandes cambios sociales que han tenido lugar en la historia reciente. En nuestras visitas a colegios nos hemos dado cuenta de lo poco que saben los estudiantes sobre lo que han hecho sus pares; nadie se los enseña.

¿Tienes otros proyectos editoriales en marcha? ¿Vuelves a la novela gráfica?

Estoy terminando, por fin, una novela en la que he trabajado mucho tiempo. Soy de una lentitud exasperante. Apenas la entregue, me pondré con una novela gráfica que debía haber terminado hace tiempo.

Alameda-1

Al sur de la Alameda. Diario de una toma
Autora: Lola Larra
Ilustrador: Vicente Reinamontes
Ekaré Sur, 2014
ISBN: 9789568868130

Alameda-2 Alameda-3

María José Ferrada: “En la poesía tienes un espacio de silencio que no tienes en el habla cotidiana”

El nombre de María José Ferrada no dejó de sonar en el 2014. Sus libros recibieron importantes premios en Chile y el reconocimiento de prestigiosas entidades internacionales ligadas al mundo de la LIJ. Y para este 2015 vienen más sorpresas.

Por Bernardita Cruz M.

Ferrada-int-2

 

Elogiada por su obra profunda y delicada, reconocida con importantes distinciones y cargada de proyectos, el 2014 definitivamente fue un año redondo para la escritora chilena María José Ferrada. Pero ella se toma el éxito con calma. La misma que transmite con su hablar pausado y modo atento: “Siempre los premios significan mayor visibilidad para los libros y finalmente lo que una busca es que la historia que quieres contar llegue a otras personas, así que creo que el año pasado fue eso, una oportunidad de mostrar a más personas mi trabajo”, explica.

Y es que dos de sus libros publicados en el 2013 la convirtieron en la autora chilena de libros para niños y jóvenes más premiada del momento. Niños –un poemario en el que rinde un homenaje a los niños y niñas ejecutados o desaparecidos en la dictadura chilena–, recibió el Premio Academia, con el que la Academia Chilena de la Lengua distingue a la mejor obra literaria publicada en Chile, y también el Premio Municipal de Literatura otorgado por la I. Municipalidad de Santiago, en la categoría Juvenil. Notas al margen, en tanto, le valió el Premio Marta Brunet, que otorga el Consejo Nacional del Libro y la Lectura a la mejor obra de literatura infantil, y la Medalla Colibrí, de IBBY Chile.

Recibiste una verdadera avalancha de premios. ¿Hubo alguno que te haya emocionado especialmente?

Todos fueron importantes, una alegría, pero el que más me emocionó fue el Premio Academia. Primero, porque es un premio al que no se postula, por lo tanto cuando te llaman es una sorpresa, y porque además es un reconocimiento que se ha otorgado pocas veces a libros para niños. En el jurado había gente a la que yo admiro, entonces lo sentí como un honor.

El 2012 recibiste también el Premio de Poesía Ciudad de Orihuela con El idioma secreto. Entonces el jurado dijo que esa obra es “un canto a la infancia” y un valioso aporte al género de la literatura infantil. ¿Cómo recibes esos contundentes elogios a tu trabajo?

Los recibo con mucha alegría, claro, pero también intento tomarlos con calma. Lo mismo que las críticas. Una vez una ilustradora española que no había quedado contenta con el resultado de un libro me dijo que se había tranquilizado cuando había mirado la cantidad de libros que había en la librería. Creo que esa es una imagen que te permite llevar con bastante alegría este oficio.

 

Derribando muros

María José es periodista de profesión y máster en Estudios Asiáticos. Actualmente combina la escritura con su trabajo como editora de Chile para Niños, el portal para niños de la Biblioteca Nacional.

Tienes una conexión muy especial con la cultura japonesa. ¿De dónde nace y cómo ha influido en tu visión de las cosas?

Me gusta mucho la cultura japonesa, siempre la estoy estudiando. También yo me pregunto de dónde nace eso y no lo sé. Creo que debe haber influenciado en algo mi manera de escribir. Las lecturas, y sobre todo la interacción con otras culturas y todas las preguntas que se abren a partir de esos encuentros, van quedando en tu trabajo.

Tu poesía es delicada e intensa al mismo tiempo. ¿Se parece un poco a ti?

Es difícil la pregunta porque una no se sabe definir muy bien, pero creo que puede ser que tenga esas características… Ahora que lo dices, creo que sí.

¿En qué momento de tu vida descubriste que querías escribir?

Debe haber sido cuando aprendí a escribir, porque recuerdo que disfrutaba mucho haciendo las primeras composiciones que me enviaban de tarea en el colegio. Usaba en ellas una estructura que es bien similar a la de algunos de mis libros que abren y cierran con un poema casi idéntico (en el caso de las composiciones eran frases idénticas al inicio y al final). Entonces creo que la escritura ha tomado espacios e intensidades diferentes en distintos momentos de mi vida, pero desde que la aprendí ha estado ahí como algo importante.

¿Cómo se gestó la publicación en España de tu primer libro, Un mundo raro?

Ese libro fue muy importante para mí, vino después de 12 historias minúsculas de la tierra, el cielo y el mar –una autoedición que hicimos el año 2005 con la ilustradora Karina Letelier– y lo publicó Kalandraka, una editorial española que tenía en su catálogo libros que a mí me gustaban mucho. Y se gestó como he intentado que se gesten todos mis proyectos: buscando el correo que dice “enviar manuscritos” y enviando el mío.

La poesía es un género bastante ausente en la LIJ chilena. ¿Cómo recibieron tus primeras propuestas las editoriales nacionales? ¿Tuviste que derribar algún muro al comienzo?

Claro, más aún tomando en cuenta que la mayoría de mis trabajos están escritos en prosa poética y la literatura infantil es muy rígida: escribes poesía que rime o escribes cuento. Lo mío no encajaba en esas categorías. Publiqué en Kalandraka, en Oxford University Press y en Jinete Azul antes de publicar el primer libro acá, y no fue porque no enviara manuscritos.

¿Y los niños –según lo que has podido ver en tus visitas a colegios y lanzamientos–, cómo viven y experimentan tu poesía?

Esa es una de las partes más divertidas de este trabajo. Porque la opinión de los niños es muy sincera; tienen pocas palabras para expresarse, entonces son más intensos y rotundos, en el buen sentido de esas palabras. Si les gusta tu poema, hacen uno propio y te lo regalan. Lo mismo si no les gusta, te lo dicen y ya está, no tienen problema con eso.

 

Mirada poética

Editado por Grafito y con ilustraciones de Jorge Quien, Niños es un libro que no deja a nadie indiferente. Ni siquiera a su autora, a pesar de que ya ha pasado bastante tiempo desde su publicación. “Es un libro que fue difícil en su ejecución y que sigue siendo difícil. Me cuesta hablar de él. En la poesía tienes un espacio de silencio que no tienes en el habla cotidiana, la poesía te está diciendo todo el tiempo que hay una gran precariedad en las palabras, pero aun así intentas transmitir esa experiencia: la experiencia de la ausencia, en el caso de la desaparición o muerte de niños durante la dictadura chilena. Cuando he tenido que explicar ese libro me ha costado por lo mismo: el discurso cotidiano, con el que hablo contigo en esta entrevista, no es capaz de dar cuenta de un hecho tan irracional. La muerte de estos niños fue irracional y no habla de lo malos que fueron los militares –que lo fueron– sino del ser humano que tiene oscuridades tan profundas”.

María José recuerda que alguien nombró el tema en una conversación al pasar y comenzó a investigar, con ayuda de personas que trabajaban vinculadas en temas de derechos humanos. Así el libro comenzó a tomar forma.

Imagino que escribirlo no debe haber sido fácil…

No fue fácil. Pero hay otros libros que tampoco me han resultado fáciles. En este caso fue más delicado porque tomé la voz de esos niños. Siempre me quedará la duda de si tenía o no permiso para hacer eso. Por una parte, hay dolores muy grandes involucrados, pero por otra, me parece que hay una deuda con su memoria. Ellos no están para responder.

Notas al margen es un libro enigmático, que al contrastar recortes de prensa con poesía tiene un pie en la realidad y otro en la fantasía. ¿De dónde nació la idea?

En ese libro le debo bastante a la editora de Alfaguara de esa época, Ángeles Quinteros, porque la verdad es que eran ejercicios de escritura que yo hacía en base a noticias. Debo haber tenido unos tres o cuatro cuando ella los vio y me animó a hacer el libro.

¿Con qué criterios seleccionaste las noticias que finalmente se publicaron? ¿Qué buscabas transmitir?

El criterio era el margen, por eso el título. Lo que buscaba transmitir es que en el mundo pasan cosas cada día, cosas divertidas y cosas terribles. Y mientras tanto, nosotros solo estamos pendientes de lo que nos pasa a nosotros, lo que sentimos nosotros, lo que queremos nosotros; creo que hay algo un poco peligroso en esa mirada porque el mundo es bastante más. De eso, creo que sin decirlo explícitamente, habla ese libro.

¿Qué proyectos tienes en mente para el 2015?

El 2015 viene con varios libros, pero dos que estoy esperando especialmente. El primero es la reedición que hará Zig-Zag de mi primer libro, 12 historias minúsculas de la tierra, el cielo y el mar. También por primera vez uno de mis libros, El lenguaje de las cosas, será publicado en Italia. Las dos cosas me emocionan mucho.

 

Ferrada-Un mundo

Un mundo raro
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Nicolai Troshinsky
Kalandraka, 2010
ISBN: 9788492608195

Ferrada-El baile

El baile diminuto
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Sole Poirot Oliva
Kalandraka, 2012
ISBN: 9788492608522

Ferrada-El idioma

El idioma secreto
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Zuzanna Celej
Faktoría K de Libros, 2013
ISBN: 9788415250494

Ferrada-Notas

Notas al margen
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Francisca Yáñez
Alfaguara Juvenil, 2013
ISBN: 9789561522718

Ferrada-El dia

El día de Manuel
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Patricio Mena
Alfaguara Infantil, 2014
ISBN: 9789561524224

Ferrada-Geografia

Geografía de máquinas
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Fito Holloway
Pehuén, 2012
ISBN: 9789561605688

Ferrada-El lenguaje

El lenguaje de las cosas
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Pep Carrió
El Jinete Azul, 2011
ISBN: 9788493921309

Ferrada-Ninos

Niños
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Jorge Quien
Grafito Ediciones, 2013
ISBN: 9789569356018

Ferrada-Las memorias

Las memorias de Hugo
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Francisca Yáñez
Ebooks Patagonia, 2013
ISBN: 9789568992804

Ferrada-Escondido

Escondido
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Rodrigo Marín Matamoros
Ocho Libros, 2014
ISBN: 9789563352146

Daniel Goldin: “Los malos libros pueden ser útiles”

goldin-int

En su última intervención en el Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Perspectivas sobre la lectura en la infancia, el editor y ensayista Daniel Goldin sorprendió a los presentes al comentar que tenía muchas objeciones al trabajo de los comités de selección y sus lecturas.

Tras el encuentro –que se realizó en diciembre del 2012 en Santiago–, Goldin, uno de los hombres más influyentes del ámbito editorial para niños y jóvenes, conversó con HUV y profundizó en un tema sobre el cual tiene una postura muy clara: “De entrada creo que el trabajo de los comités de selección es valioso y necesario para orientar al público y animar la discusión pública, pero tengo muchas reservas sobre la forma en que ese trabajo se presenta y particularmente sobre la manera en que se recibe en nuestros países”.

¿Cuáles son tus principales reservas?

El trabajo de un comité de selección suele ser un proceso de evaluación arduo y prolongado en el que se analizan y discuten diversas obras. Pero lo que el público puede ver de todo ese proceso suele ser un simple listado de obras que, a juicio de los evaluadores, son las mejores. El público lego no sabe qué consideraciones se tomaron. Acepta la decisión de una autoridad que no argumenta sus decisiones, cuando lo
más valioso habría sido justamente el razonamiento.

Desde otra perspectiva, me parece importante cuestionar si ese trabajo consigue lo que se busca. En teoría, esa selección permitiría que los menos capacitados puedan acercarse a los mejores libros y estos deberían ser el sustento idóneo de un programa de formación de lectores de calidad. Pero esto no es obvio. Por una parte, porque el concepto mismo de un libro bueno o de calidad es algo relativo. Pero sobre todo porque si lo que te interesa realmente es formar a un lector autónomo, con capacidad para distinguir y valorar, debes acercarlo a una oferta editorial variada que supone, entre otras cosas, diversas maneras de comprender la calidad.

Entonces, ¿qué es para ti un libro “valioso”?

Desde la perspectiva de un proceso lector (que es la que asumo en esta argumentación) un libro no tiene un valor en sí. Lo que en cierto momento y contexto puede ser bueno para la formación lectora, en otro momento es inocuo. En un programa de educación lectora es importante que los lectores se den cuenta de que hay diferentes formas de tratamiento de un tema, diversos lenguajes, posturas estéticas, ritmos narrativos, grados de dificultad, etc.

De ahí que el valor de un libro dependa de los otros componentes del acervo y de lo que un mediador pueda realizar. Por eso aun los títulos que normalmente serían desechables, se pueden tornar valiosos.

¿Nos puedes dar un ejemplo?

Te pongo un ejemplo sencillo para que sea comprensible: un libro de ciencia en el que se diga que el hombre nunca ha pisado la Luna, seguramente sería rechazado por un comité de selección por no estar actualizado. Pero ese libro puede ser muy valioso para entender la historia y desde luego sería un instrumento de gran utilidad para explicar cómo se construye la ciencia, si hay un maestro que proponga ese ejercicio de distanciamiento frente a lo publicado. Esto mismo se podría decir de una adaptación comercial de un cuento clásico. Si hay varias se compara y analizas otros elementos que forman parte de un libro; en otras palabras, amplías el universo de lo legible: ya no solo los textos y las ilustraciones, sino también los contextos, las opciones y los dilemas comprometidos en la publicación de un libro.

Entonces, ¿cuestionas que el criterio de calidad sea determinante para la formación de lectores?

No, lo que yo digo es que la calidad no se puede definir objetivamente y que no es el único criterio importante en la formación lectora (los “malos” libros pueden ser útiles aunque sea solo para poder comparar).

Por lo demás, en mi experiencia como editor he aprendido que los lectores suelen distinguir y apreciar el cuidado editorial y el refinamiento estético, particularmente los niños, las mujeres y los jóvenes. Valoran que se les respete y eso supone también el espacio que se le concede a su propia inteligencia y creatividad.

Últimamente se ha dicho que el criterio de calidad es importante en términos económicos: puesto que no hay suficiente dinero, se debe gastar prioritariamente en los libros que valen la pena…

Me parece que evaluar los criterios de inversión es positivo. Nos obliga a poner los pies en la tierra, fijarnos en los detalles y a establecer prioridades. Pero, ¿qué es lo que nos importa cuando hacemos una selección de obras? ¿Incrementar el valor de un acervo o disponer del mejor material para estimular el desarrollo de los lectores? Si se busca esto último, el índice debería estar correlacionado con las experiencias que se propician y la forma en que estas se traducen en un lector. Pero eso es muy difícil de medir. En cambio puedes evaluar la historia lectora del público que atiendes. Cualquier persona sabe lo azaroso que este proceso resulta. No hay una sola biografía lectora idéntica.

Según ese razonamiento, los libros “malos” también son valiosos…

Es asombrosa la cantidad de libros “malos” que marcaron los inicios de grandes lectores. Con frecuencia se trata de libros fáciles o comerciales, que fueron los primeros que despertaron su curiosidad o el deseo de leer más hasta que se encontraron con algo que los sorprendió y les hizo ver la lectura (y la vida) de otra forma.

Por eso digo que esos libros deben estar también en los acervos. ¿Que esos libros se pueden encontrar en la calle? Razón de más, eso establece puentes entre la calle y la biblioteca. Y le da un nuevo valor a la biblioteca: el de un espacio que acoge lo diverso y propicia una nueva convivencia regida por criterios no solo comerciales.

¿Cuál sería entonces el papel de los comités de expertos?

Los expertos no son sabios, ni seres iluminados. Son personas que han experimentado y a fuerza de acumular experiencias han adquirido saberes y destrezas que los distinguen. En sociedades tan desiguales como las nuestras, la función de un experto en promoción a la lectura es invitar a otros a experimentar con objetos culturales (que generalmente le son ajenos e incluso amenazantes) y estimularlos a razonar y crecer con sus experiencias. Se debe evitar a toda costa ser autorreferencial.

¿No consideras contradictorio que un editor como tú cuestione la calidad como criterio?

Yo me asumo como parte de un sistema. Cuando voy a publicar un libro lo trabajo con un esmero casi enfermizo; cuido todo: el texto, la ilustración, los detalles del diseño y la impresión (aunque casi siempre al publicarlo descubro fallas que no vi antes). Pero una vez que sale publicado les paso la posta a otros y los dejo que corran su carrera con libertad y alegría. En el fondo creo que de eso se trata la educación, de hacer lo mejor posible para luego darles a otros el espacio para ser ellos, con la esperanza que lo hagan con la misma o mayor responsabilidad que la tuya.

Liliana Bodoc: “Los niños deben aprender a saborear la dificultad”

La escritora argentina Liliana Bodoc es una mujer extremadamente sencilla para todo, menos para escribir. Su pluma es compleja, difícil para algunos, fascinante para la mayoría, y la ha hecho merecedora de múltiples reconocimientos entre los que destacan El Barco de Vapor (2008) y la nominación a los premios Hans Christian Andersen 2010. Su obra es tan reconocida que nadie pensaría que comenzó a escribir recién a los 40 años. SM la invitó a Chile y entonces tuvimos la oportunidad de conversar con ella sobre su infancia, su obra, su fascinación por los pueblos originarios y su rechazo a las lecturas obligatorias, las que le han hecho pasar uno que otro mal rato.

Por María Teresa Ferrer

¿Cómo se genera tu primer vínculo con el mundo de la literatura?

Mi primer vínculo se genera siendo yo pequeña. Para mí no se llamaba literatura, sino alegría. La gran persona que estuvo involucrada en eso fue mi padre, no porque fuera un intelectual, ni un escritor, ni un literato…, solo era, y aún es, un hombre que ama la ficción, el lenguaje, y por lo tanto ama los libros, y nos fue acercando a mis hermanos y a mí a la literatura de diversa índole. Este fue mi primer vínculo amoroso con la palabra, vínculo sin el cual yo seguramente no hubiera sido escritora.

Sabemos que perdiste a tu madre siendo muy pequeña. ¿Cómo te ha marcado este hecho en tu vida profesional?

Me ha marcado profundamente y eso yo lo descubrí después de haber escrito varios libros y porque un lector me lo hizo notar. Una vez una persona me dijo: “La mayoría de tus personajes tienen familias disfuncionales o son huérfanos”. Yo pensé que estaba un poco loco, pero después me di cuenta que efectivamente era así. Después de descubrir eso intenté escribir sobre una familia completa y no puedo; me sale tan inverosímil que finalmente desisto y saco o cambio algo. Creo que debe tener que ver con el modelo de familia donde una se crió. En mi caso hay una presencia fuertísima de los abuelos, y mi obra está llena de abuelos. Cuando mi mamá recién murió, mi padre se tuvo que hacer cargo de mis tres hermanos y de mí. Ese tiempo fue muy confuso y problemático, y mi papá, que era obrero en una fábrica de cemento, se las ingeniaba para regalarnos nuestro ratito de alegría, y para mí es muy claro que la literatura significa eso. Él llegaba los viernes luego del trabajo y después de lavar su delantal nos inventaba unos versitos. Los llamaba “los versitos de colores” y eran pequeñas adivinanzas para que nosotros descubriéramos el color. Mi papá nunca fue escritor, pero sentía un amor muy grande y tenía una relación muy lúdica con la palabra, y eso seguro que lo aprendimos de él. De hecho yo después escribí Sucedió en colores (Norma), que está basado en la idea de los versos.

Cuando San Pedro viajó en tren (SM) cuenta la historia de un niño y su madre que deben dejar su pueblo siguiendo al padre que va a la ciudad en busca de trabajo. ¿Tiene algo de autobiográfico este libro?

Sí, tiene el sentimiento de desarraigo, la sensación del niño de “me llevan de acá” sin siquiera preguntar. Nosotros como familia hemos sido muy trashumantes por distintas causas, pero básicamente por temas laborales. Hubo un primer gran desarraigo familiar, que fue cuando nos trasladamos de Santa Fe a Mendoza. Nos fuimos de este a oeste del país, además con climas e idiosincrasias muy diferentes, con paisajes muy distintos. Fue muy fuerte y ese sentimiento seguro está en el libro.

¿Cuándo comenzó tu fascinación por la magia y cómo definirías el género épico fantástico?

Me parece que la fe religiosa y el encanto por lo mágico que yo sí tengo (al contrario de mi padre), fueron un poco mi tabla de salvación. Creo que lo mágico, dentro de los límites de la salud, le puede servir mucho a un niño. Yo utilicé la magia como tabla de salvación a través de la literatura, de los sueños, recortar figuritas de las revistas y hacer con ellas obras de teatro… Toda la ficción, por decirlo de alguna manera, me ayudó mucho cuando las cosas se iban poniendo difíciles. Por otro lado, la definición de épico es muy amplia: es una historia colectiva que narra una batalla ejemplificadora donde lucha el bien contra el mal. Yo creo que lo épico, por definición, tiene que ver básicamente con formar a un ciudadano para un mundo determinado. Siempre en lo épico hay un sentido o una intención educativa. Si a eso le mezclamos un componente mágico, la aparición de algún elemento sobrenatural, obtenemos como resultado el género épico fantástico.

¿De dónde viene el impulso a escribir sobre estos mundos fantásticos? ¿Tendrá que ver con abstraerse de la realidad tal cual es?

Es una linda pregunta sobre la cual he estado obligada a reflexionar muchas veces. Quiero aclarar que de ninguna manera me interesa la escritura fantástica como evasión. No creo en la evasión, en primer lugar, y por eso quiero diferenciar la tabla de salvación con la evasión. La evasión es escaparse, no comprometerse con lo que pasa alrededor, y eso me parece absolutamente nocivo tanto para un niño como para un adulto. Sí creo que mi impulso a escribir fantasías va relacionado con la posibilidad de ver la realidad con otra luz, con darles un nuevo significado a las cosas. De esta manera yo verdaderamente entiendo lo fantástico. Los personajes de mi épica fantástica son personajes que trabajan al lado de los hombres, y se equivocan, sienten miedos, tienen dudas, sufren y transpiran. Lo que sí tienen, a diferencia de los comunes mortales, es la capacidad de ver las conexiones de todo lo creado.

Los mundos que describes en La saga de los Confines, ¿los creaste hace mucho tiempo en tu imaginación o fueron apareciendo en la medida que empezaste a escribir?

Un poco de ambos. Hubo una primera concepción general que tuvo que ver con una decisión de escritura. Al escribir una épica fantástica hay que crear un mundo completo: inventar un continente, su geografía, su historia, sus culturas, y esto me obligó a buscar un referente real. El continente de las Tierras Fértiles tiene su referente en América. Y con eso apareció la idea de que los pueblos iban a ser pueblos aborígenes americanos: aztecas, mayas y mapuches. Después tuve que empezar a hilar finito, a leer geografía y a estudiar. Entonces esa idea general que yo tenía se fue especificando y fue ganando el detalle: las vestimentas, comidas, venenos, etc.

Considerando que nuestra revista es chilena, ¿qué elementos específicos mapuches se pueden encontrar en La saga de los Confines?

Muchos. En primer lugar, quien vea el mapa va a notar claramente que el país en el que viven los husihuilkes es en realidad Chile. Es la franjita que está dividida por unas montañas, que ellos llaman las Maduinas, en clara alusión a mahuida, que en mapudungun significa montaña. La descripción de los personajes, aunque no es estricta, también encuentra referencia en el pueblo mapuche: el color de su piel, su rostro, la vestimenta, las armas y los nombres.

¿Y tú sabías mucho de estas culturas o te fuiste interiorizando en el momento de escribir las obras?

No sabía mucho. Tengo una sensación de afecto y de cercanía así como con todos quienes considero han sido desposeídos injustamente. Yo creo que todos los pueblos aborígenes americanos de alguna manera sufrieron un avasallamiento importantísimo. Después, y a medida que fui leyendo, no solo de la cultura mapuche sino que también de la maya y la azteca, fui confirmando la idea de que había culturas maravillosamente ricas, profundas, serias, con lenguas maravillosas, con poesía, con ciencia, con filosofía, y que toda esta masacre ha sido un poco silenciada. Suelen hacernos creer que eran un montón de salvajes que apenas sabían dónde estaban parados, y con un poquitito que una se esfuerce en estudiar estas culturas, nos damos cuenta de que tenían un bagaje extraordinario que obviamente desapareció.

Soñemos un poco. ¿Te gustaría ver Los días del Venado hecha película? Si pudieras escoger tú, ¿quién te gustaría que hiciera el papel del guerrero Dulkancellin?

Por supuesto que me gustaría. Ha habido algunos intentos de unos productores y directores argentinos, pero la realidad cruel es que no hay presupuesto en Argentina para hacer una película así. Es una película muy cara, completamente impensable para el cine argentino. Así que por ahora nada de eso más que las ganas. Y mi Dulkancellin… ¡Antonio Banderas!

¿Piensas en el público objetivo cuando escribes? Es decir, ¿escribes para jóvenes o simplemente para quien quiera leer tus obras?

Empiezo por decirte que yo creo que la literatura infantil y/o juvenil, con esa especificidad, sí existe. Con esto digo que a mí me parece que la literatura tiene que ser un texto que le permita al lector entrar en crisis, es decir, poder transformarse, poder interpelar, dialogar, criticar ese texto. ¿Qué pasa si yo le doy un libro de Joyce o Proust a un niño? No puede hacer nada de esto. Entonces, como creo que existe, de alguna manera tengo en mente a mi lector. Jamás de manera despectiva, todo lo contrario, lo tengo en cuenta para someterlo a unas cuantas dificultades que él pueda vencer. Jamás le hago fácil la lectura; a mí me parece que la lectura debe plantear alguna dificultad.

¿Consideras a los niños y jóvenes un público particularmente exigente?

Siendo absolutamente sincera, a mí me gustaría que los niños y los jóvenes fueran mucho más exigentes. Mi experiencia, por lo menos en Argentina, es que se quejan por la dificultad del texto: de que transcurre en dos tiempos diferentes, en dos espacios diferentes, que hay dos narradores, que hay varios puntos de vista…, y la primera actitud es la de fastidio. Me parece que aquí hay un enorme trabajo del maestro, del escritor, idealmente también de las editoriales, para que el niño vaya aprendiendo a saborear la dificultad, a entender que en la dificultad hay alegría, hay diversión. Que es mucho mejor leer un libro que me proporcione un enigma, una búsqueda, que un libro que esté tan digerido que no me exija absolutamente nada, más que el ratito que me lleva prestar los ojos y decodificar lo que ahí está escrito.

¿No será que los niños se complican con la dificultad de los textos porque después los evalúan? ¿Qué piensas de que los niños tengan que hacer una prueba sobre tu libro después de leerlo?

Me parece terrible. De hecho tengo una mala experiencia con eso: estando yo en Buenos Aires, un día domingo sonó el teléfono de mi casa y cuando contesto escucho una serie de insultos. Corté y el llamado se volvió a repetir, y el jovencito que estaba al otro lado me dice que va a tener que repetir el curso de literatura por mi culpa y que sabe que voy a estar en la próxima Feria del Libro y que va a ir a insultarme en público. Bueno, llegó el día de la Feria del Libro y yo iba dispuesta a pasar un mal rato. Felizmente no fue, o si fue no se habrá atrevido, no sé. Pero bueno, mira lo que puede generar la lectura obligatoria, sobre todo de un texto como La saga de los Confines, que son más de 200 páginas; es muy difícil si no te apasiona. Definitivamente yo no creo en la lectura obligatoria.

¿En qué está Liliana Bodoc hoy?

Estoy escribiendo, por primera vez, poesía para niños. Yo soy una amante ferviente del género poético, como lectora, y la verdad es que nunca lo había abordado, no sé si por temor o porque sé que es un género muy particular y muy difícil, pero me animé y estoy intentando escribir poemas para niños sobre temáticas filosóficas… Vamos a ver qué sale.

Publicado en RHUV Nº5
Seleccionado en nuestro dossier especial 25 números

Manuel Peña Muñoz: “Sigo siendo el mismo niño que fui”

Su infancia en Valparaíso, sus raíces españolas, sus innumerables viajes, su pasión por las letras. El destacado escritor, profesor e investigador chileno abrió las puertas de su casa y de sus recuerdos para esta entrevista, donde revela su faceta más personal.

Por Bernardita Cruz M.

P1120439

Antiguas cajas de latón, coloridos juguetes de madera, tazas de porcelana, cajas de música, carpetas repletas de collages, joyas literarias, fotos en blanco y negro… El departamento de Manuel Peña Muñoz es, simplemente, un mundo aparte. Un espacio donde el escritor reúne parte de los recuerdos que ha acumulado a lo largo de su vida. El resto de esos momentos inolvidables están registrados en sus libros o permanecen intactos en su memoria, listos para salir al ruedo en cualquier conversación.

Y es que Manuel es un hombre lleno de anécdotas y experiencias, un viajero inquieto que tiene amigos e intereses en cada destino. Escritor, investigador y cronista, posee una extensa obra literaria y su aporte a la difusión y reconocimiento de la literatura infantil es innegable.

Quienes han leído sus libros o lo han escuchado en algún congreso, saben que es un profundo conocedor del pasado y presente de la LIJ, y un escritor que va, como si nada, de la novela a la crónica, de la recopilación a la creación, de la historia pura a la anécdota. Pero, ¿cómo es el Manuel más íntimo? ¿Cómo se define a sí mismo? “Escritor viajero; son las palabras que más me identifican”.

Partamos por el comienzo. ¿Cómo lo marcó su infancia en Valparaíso?

La ciudad del viento tiene fantasía, magia y asombro. Sus calles laberínticas y llenas de recovecos me marcaron junto con sus personajes extravagantes y poéticos. La presencia del mar y sus barcos que se iban con sus pasajeros me dejaban un fuerte deseo de viajar. Mi tío Lázaro, que era tripulante del Reina del Pacífico, nos traía libros de cuentos maravillosos que no conocíamos en Valparaíso. La gente que nos rodeaba y las casas pretéritas hablaban siempre de mejores épocas. La nostalgia por otros mundos estuvo presente siempre en mi infancia y perdura hasta el día de hoy.

Al leer Valparaíso, la ciudad de mis fantasmas resulta sorprendente lo vívido de sus recuerdos infantiles. Imagino que fue un niño muy observador. ¿Cómo era ese Manuel niño?

Imaginativo, solitario, ensimismado y tímido. Mi refugio eran los libros y los diarios de vida que escribía en lo alto de un gran damasco en el fondo del jardín. Me había construido una atalaya de madera entre sus ramas para contemplar el mar y leer a solas. Aprendí a entretenerme con las palabras. Mis juegos favoritos eran el bachillerato (escribíamos nombres de frutas, árboles y ciudades con las distintas letras) y el dilema (armábamos palabras con letras impresas en cuadraditos de madera sobre un tablero). Luego, en Talagante, donde veraneábamos, me entretenía escribiendo cartas y leyendo libros de la Colección Robin Hood.

Los cuentos de la casa de su madrina, las fábulas que recitaba su padre… ¿Cómo se formó su amor por las letras?

La casa de mi madrina era fabulosa en el cerro de la Concepción, muy misteriosa, llena de cuartos secretos con una escalera victoriana de caracol para subir y bajar por las habitaciones llenas de libros, objetos de arte y un piano. Esa casa me marcó mucho. Mi padre recitaba las fábulas de Iriarte y me hablaba de su pueblo natal en España. Las conversaciones eran recurrentes a la familia española, de manera que en el comedor de mi casa desfilaban personajes de quienes todos hablaban sin que nunca los viéramos. Había un mundo real y otro imaginario; un mundo paralelo, más vívido e interesante, con castillos, iglesias con cigüeñas, casas de piedra y tíos invisibles que convivían con nosotros en una realidad paralela. Todo ese mundo formó mi imaginación literaria.

Antes de cumplir 10 años comenzó a escribir su primer diario. ¿De ahí viene el afán por atesorar recuerdos?

A los nueve años mi madrina me regaló un diario de vida en el que escribía lo que me había pasado en el día. Una noche no tenía de qué escribir. Entonces me dijo: “Inventa”. Esa “palabra mágica” me dio alas para escribir todo lo que imaginaba. Inventaba viajes en barco a lugares donde nunca fui. Quería fijar en palabras lo que pasaba por mi mente. De ahí viene mi afán por plasmar mis memorias por escrito para dejar registro de todo lo vivido y lo soñado.

Creció en una familia orgullosa de sus raíces españolas. ¿Cómo fue su primer viaje a España? ¿Fue ahí que llegó a la literatura infantil?

Mi primer viaje a Europa fue a los 19 años en un viaje de estudios con compañeros de la universidad, en 1970. Este viaje supuso para mí un deslumbramiento por una cultura diferente y unas ansias por volver. Cuando me titulé de profesor de castellano en la Universidad Católica de Valparaíso obtuve una beca para ir a España en 1976. Fue ahí donde descubrí el mundo de la literatura infantil en los cursos que dictaba la escritora española Carmen Bravo-Villasante, que fue mi maestra y mentora.

Ha vivido en Madrid en distintas épocas. ¿Qué encanto tiene esa ciudad para usted? Alguna vez dijo que era un “hombre de dos reinos”…

Madrid tiene para mí un encanto único, irrepetible, me identifica totalmente: sus tiendas del pasado, sus bares, cafés, teatros, su riqueza cultural, su gastronomía, sus pequeñas plazas, sus barrios entrañables… Es una ciudad que me potencia al máximo. Me pone signos de exclamación y me subraya. Siento que pertenezco a Madrid pero estoy integrado a Chile, por eso me siento un hombre de dos reinos. En ambos me siento feliz aunque siempre me hace falta un pedacito del otro reino…

¿Tiene idea de cuántos viajes ha hecho?

Perdí la cuenta. A Europa he viajado muchas veces: París, Lisboa, Lucerna…, pero también a Latinoamérica porque me han invitado a dictar conferencias a Colombia, Brasil, Costa Rica, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Argentina… Ahora en mayo voy a Ushuaia, a Tierra del Fuego. Conozco casi todas las ciudades españolas e Islas Canarias. Una gran experiencia fue haber pasado tres meses en el Castillo de Blutenburg, en Munich, Alemania, para crear e investigar.

¿Qué lo lleva a emprender tantos viajes y qué es lo que más disfruta en cada destino?

Hans Christian Andersen decía: “Viajar es vivir”. De la experiencia viajera sale la inspiración para escribir. En cada viaje tomo notas de lo que observo y luego se transforman en libros. La novela Mágico Sur describe un viaje al estuario de Reloncaví. Lo que más me gusta de viajar es conocer otras culturas, escuchar acentos diferentes, apreciar las costumbres y entablar nuevas amistades.

Su departamento en Ñuñoa tiene las huellas de esas experiencias plasmadas en fotografías y colecciones. ¿Nos puede contar un poco sobre eso?

Las casas de Valparaíso eran un muestrario surrealista de objetos anacrónicos que me incentivaron a coleccionar objetos similares de otras épocas como posacubiertos de cristal de colores muy vivos y brillantes. Me ha gustado sentirme rodeado de cajas de lata, frascos de caramelos, álbumes de fotos, tarjetas postales antiguas, cajas de música, libros infantiles, cascanueces, relojes, plumas. Estas colecciones son la inspiración de mis libros.

En la introducción de sus Crónicas porteñas cuenta cómo una conversación sobre Valparaíso lo impulsó a escribir esos relatos. ¿Qué hay en el oficio de cronista que lo seduce?

Me gusta la idea de fijar la memoria con palabras. Es una faceta que desarrollé cuando escribía para El Mercurio. Me inspiraron las crónicas de Joaquín Edwards Bello, mi maestro en el arte de la observación de Valparaíso. Este autor la define como “la patria de los buenos detalles” y así es, pero hay que saber descubrirlos pues no se aparecen a simple vista, igual que los duendes.

También ha realizado obras críticas fundamentales y numerosas antologías sobre literatura infantil. Este afán por estudiar y recopilar información sobre LIJ, ¿de dónde nace?

De haber sido discípulo de Carmen Bravo-Villasante. Ella me impulsó para que coleccionara rimas, adivinanzas, trabalenguas y canciones de cuna del acervo popular y publicara antologías. También me incentivó para que escribiera la Historia de la Literatura Infantil Chilena. Esto me significó reunir una gran cantidad de libros infantiles que he atesorado al cabo de los años. De allí nació la Historia de la Literatura Infantil en América Latina publicada por la Fundación SM en Madrid.

Además de todo lo mencionado, da charlas y seminarios, escribe literatura creativa… ¿Nunca se cansa o es de los que no pueden decir que no?

Lo que ocurre es que el oficio de escribir me apasiona. Cuando el profesor Félix Morales Pettorino me entregó el diploma de profesor en Valparaíso, me dijo: “Usted va a ser un obrero de la palabra”. Me sorprendió, pues a los otros les decía: “Usted va a ser un buen pedagogo”. Fue profético pues he trabajado la palabra escrita y oral en mis libros y conferencias. La verdad es que no me canso pues tengo mucha energía para todo lo creativo.

Como experto en literatura infantil y juvenil, ¿cómo vislumbra el futuro de la LIJ?

Creo que se ha profesionalizado mucho en los últimos 20 años. Y será cada vez mejor, pues las nuevas generaciones vienen con deseos de aprender e innovar; prueba de ello son los constantes congresos, diplomados y revistas especializadas.

Y usted mismo, ¿cómo se proyecta? ¿Le falta otro camino por recorrer? ¿Un libro álbum, quizás?

El libro álbum es un gran desafío que no podré superar porque exige economía expresiva y tiendo a extenderme cuando escribo. Lo que me queda pendiente es una nueva novela.

¿En qué proyectos está trabajando ahora?

Estoy transcribiendo el epistolario que sostuve con Carmen Bravo-Villasante pues en sus cartas me da fuerzas para investigar y escribir. Me traza un camino. Sus palabras resultan proféticas 30 años después, por eso creo que fue una verdadera hada madrina a quien le estaré siempre agradecido.

Al principio de la entrevista le pregunté por el Manuel niño de Valparaíso. ¿Qué hay de él que los años no cambiaron?

Sigo siendo el mismo niño que fui. No he cambiado nada, solo en apariencia, pero internamente sigo teniendo el mismo espíritu observador y curioso.

 

LIBROS

Iván-16

María Carlota y Millaqueo
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Andrés Bello, 1991
ISBN: 9561309432

Iván-22

Los niños de la Cruz del Sur
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Zig-Zag
Premio Marta Brunet 2005
ISBN: 956121850X

Iván-35

Juguemos al hilo de oro
Poesía infantil chilena de tradición oral
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Virginia Donoso
MN Editorial, 2012
ISBN: 9789562943154

Iván-26

De la A a la Z… Chile
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Soledad Sebastián
Editorial Everest, 2012
ISBN: 9788444147994

Iván-33

Más de cien damas hermosas
Adivinanzas recopiladas
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Víctor Mahana
Alfaguara Infantil, 2009
ISBN: 9789562396837

Bernardita

Mágico sur
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 1998
Premio Gran Angular 1997
ISBN: 9789562646369

Iván-40-(1)

Ayer soñé con Valparaíso
Crónicas porteñas
Autor: Manuel Peña Muñoz
RIL Editores, 2012 (6ª edición revisada y ampliada)
ISBN: 9562845281

Iván-13

Historia de la literatura infantil en América Latina
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789587053371

caperucita-roja

Caperucita Roja
De Gabriela Mistral
Ilustraciones de Paloma Valdivia
Comentario crítico de Manuel Peña Muñoz
Editorial Amanuta, 2012
ISBN: 9789568209780

Iván-6

El niño del pasaje
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Andrés Bello, 1989
ISBN: 9561318652

Iván-10

Historia de la literatura infantil en América Latina
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789587053371

Iván-11

Alas para la infancia
Fundamentos de literatura infantil
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Universitaria, 2000
ISBN: 9561111144

El explorador infinito: Toño Malpica

Ya no explora como cuando era niño, con una linterna; ahora escribe. “Cuando una historia me demanda ser contada, me deja sin alternativas. Desde que nace la semilla en mi mente, escribirla deja de ser opcional: simplemente sé que tengo que hacerlo”, asegura el reconocido escritor mexicano.

Por Adolfo Córdova
Periodista, narrador y promotor de la lectura
www.linternasybosques.com

Tono-Malpica-21

Escribe de todo lo que nos llama, lo que no muestra su final, porque quiere que vayamos a buscarlo.
No hay temas prohibidos para Toño Malpica. Aunque a veces lo acosen los demonios que persiguen a sus personajes, sigue escribiendo y busca un final donde lo dejen en paz, a él y a los protagonistas. Aprovecha su esencia de científico loco para inventar que se hace justicia con los malhechores y comprobar que la realidad está hecha de millones de puntitos diferentes.

Es uno de los escritores de LIJ más prolíficos y premiados en México, pero no vive solo de letras. Toca el piano como una necesidad tan o más vital que la literatura y tiene un grupo de rock para niños. Le gusta comer tacos al pastor y ver Bob Esponja. Dice que no sabe cuidar mascotas y aunque te podría explicar por qué tu computadora no responde (es ingeniero en computación), seguro que prefiere contarte alguna historia sobre un grupo de amigos que descubre una máquina misteriosa o mostrarte en YouTube un concierto de jazz.

Cuando Toño (o Antonio, firma de ambas formas) vuelve a su infancia, se ve rodeado de niños: su hermano Javier (también escritor), su mejor amigo y otro par de hermanos, Quique y Roger. Una pequeña pandilla que conquistaba los cerros, hacía la cimarra y enfrentaba peligros al más puro estilo de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. “Juntos entramos a la oscurísima cueva del Diablo, subimos al inalcanzable cerro de las Cruces y exploramos el misterioso valle de las Libélulas”, recuerda Malpica.

Todavía hoy, si descubre una nueva pregunta detrás de un volcán o un cuerpo celeste, no parará hasta escribir su respuesta con botas de alpinista o casco de astronauta.

Quizá por eso cuando leyó que Antoine de Saint-Exupéry dedicó El Principito a su mejor amigo, León Werth (no a su mujer, no a sus padres, no a su maestro favorito), inició una búsqueda por la vida del autor que le hizo publicar Por el color del trigo, seleccionado para el prestigioso catálogo White Ravens 2013. Su amor a la libertad y al jazz, en tanto, se desdobló en la atípica historia del abuelo desmemoriado de Billie Luna Galofrante. El dolor de la violencia, los crímenes, el secuestro, lo inquietaron tanto como para crear Los mil años de Pepe Corcueña.

Toño ha publicado más de 30 libros y no para. Como si no quisiera dejar nunca de averiguar el final.

¿Qué no te has atrevido a contar todavía? ¿Cómo empezaría esa historia?

Confieso que, cuando una historia me demanda ser contada, me deja sin alternativas. Desde que nace la semilla en mi mente, escribirla deja de ser opcional: simplemente sé que tengo que hacerlo. Por supuesto, no me pasa con cualquier historia, solo con aquellas que me prenden fuego al interior, que no se va a extinguir sino hasta que termine la escritura. Por lo mismo, no hay historias que no me “atreva” a contar; si no lo he hecho es, simplemente, porque estas no me lo han demandado. Pero, para no dejarte con las ganas, te voy a regalar el inicio de un texto que jamás de los jamases tendría el coraje de continuar: “Anexos 3 y 25 de la tercera resolución de modificaciones a la resolución miscelánea fiscal correspondiente al ejercicio en curso…” (Terrorífico, ¿eh?).

¿Cuál ha sido el tema que más te ha costado abordar en una historia?

Me pesa mucho escribir sobre el maltrato a los niños en cualquiera de sus acepciones. Por ello trato de que mi literatura sea más bien lúdica. No obstante, es cierto también que a veces la historia demanda echar luz sobre esas zonas oscuras, como en Los mil años de Pepe Corcueña o Adonde no conozco nada. Objetivo miedo, donde lo abordo de un modo aún menos tangencial; me costó muchísimo trabajo. Honestamente, me he aventurado en este tipo de anécdotas solo porque sé que como autor, tengo la última palabra (y, en cierto modo, también el veredicto final). Me alivia saber que ningún maldito se va a escapar de la justicia si yo no lo dejo.

¿Por qué decidiste hablar del secuestro en Los mil años de Pepe Corcueña?

Porque me lo demandaba la historia. Lo que yo quería contar tenía más que ver con otro tipo de cuestiones que ese dolor específico de mi país, ese tipo de crimen tan arraigado. Esencialmente, quería confrontar a dos personajes disímiles e intentar un salto de empatía. En breve me di cuenta que un niño plagiado y su captor me funcionaban perfectamente. Carlos y Noé soportan una tesis, una posibilidad de entendimiento que bien podría funcionar con otros relatos y a otros niveles. Podrían ser soldados ambos, o policía y ladrón, o el dueño de una plantación y un viejo esclavo. En fin. A veces partes de una idea y la vas concretando de a poco, tomas decisiones, evalúas posibilidades, seleccionas ambientes, personajes, momentos, y envuelves tu idea con ellos para poder transmitirla lo mejor posible. Con Pepe Corcueña fue así. Y creo que no quedó tan mal.

¿Cuáles son los tabúes a los que te enfrentas cada día?

Me da la impresión de que el máximo tabú de nuestros días es el miedo a mostrar debilidad. El mundo nos ha hecho creer que hasta dar una moneda a un pordiosero es señal de flaqueza. O preguntar por una calle. O soltarse a llorar en el cine. A lo mejor ni es un tabú. A lo mejor nada más es un miedo como tantos otros. Pero de que existe, existe. Y lo lamento porque también a mí me asalta de vez en cuando y lo único que consigue es deshumanizar a las personas. Hubo un tiempo en el que no era problema ser imperfecto y tener dudas y equivocarse. En cambio ahora es el máximo pecado. Alguien dice frente a una espontánea cámara de celular que la capital de Puerto Rico es Paramaribo y de inmediato es llevado al patíbulo de Internet. Ojalá hiciéramos más frecuentemente el ridículo para no olvidar que justo eso somos. Y que es más digno de celebrarse que de lamentar.

¿Cuándo has decidido que es mejor guardar silencio?

Cuando no me gusta lo que estoy escribiendo. Prefiero botarlo a la basura que hacer pasar a los demás por el incordio de leer algo que ni yo mismo puedo disfrutar.

 

Vivir para el juego

Toño tuvo una infancia muy feliz, con mucha libertad. Vivía en una zona del Estado de México cerca de varios cerros que le permitían repetir una y otra vez su juego favorito: los exploradores. “Mi hermano Javier y yo formábamos parte de un club (¿o sería más correcto llamarlo pandilla?) donde varios niños de nuestra edad nos lanzábamos toda la tarde (o hasta un día entero si eran vacaciones) a explorar los cerros. Nos metíamos a las cuevas, nos maravillábamos con la fauna del lugar, inventábamos leyendas”, recuerda.

¿Y a qué juegas hoy?

Lamentablemente me volví muy urbano y ya no juego a los exploradores ni en la sala de mi casa. Sí juego mucho con mis hijos: deportes, juegos de mesa, a armar bloques, rompecabezas, a los piratas, a la guerra de las galaxias, a las luchas… Con mi hermano sí sigo jugando, pero a otras cosas: a la banda de rock y al teatro, principalmente.

¿Qué momento viviste en la infancia que juraste era magia pura?

Hubo una vez, durante una de nuestras expediciones al cerro, en la que creímos descifrar una especie de código escrito en la geografía del lugar. Según nosotros era un mensaje mágico de tiempos ancestrales, de visitantes de tierras remotas. Y estaba cifrado en la localización de algunos cactus, cuevas, parajes; todo parecía conformar parte de un entramado, un patrón. Por algunos días nos pareció que estábamos al borde de algo importante. Luego… simplemente no supimos descifrar nada y lo abandonamos.

¿A qué le tenías miedo?

Vivíamos en una casa grande, de tres pisos. Uno de mis más grandes temores era quedarme completamente solo en esa casa. Otro, que llegara la noche, todos estuvieran ya dormidos y yo siguiera viendo –solo, por supuesto– la tele en el piso inferior. El camino de regreso hacia mi habitación siempre estaba colmado de susurros, de escalofríos, de tactos inexplicables.

Has dicho que las novelas de tu saga El libro de los Héroes te han provocado pesadillas. Cuéntanos una.

Claro, aunque son más bien pesadillas en torno a la obra. Cuando me interno junto con mis personajes en mundos sombríos, siento la responsabilidad de no abandonarlos dentro. Mientras más avanzo en la trama, más me acomete la urgencia de terminar. Podría hacer la descripción exacta de los gritos de Brianda porque los he escuchado repetidamente en mis sueños. Los personajes a veces duelen igual que los hijos. Y causan idénticas pesadillas. Te cuento una: me visita un demonio en su más tradicional estampa. Me advierte que he de pagar las consecuencias por escribir lo que estoy escribiendo. Despierto sobresaltado. Vuelvo a la tecla. Así sean las tres de la mañana.

 

Malpica-1

Siete esqueletos decapitados
Autor: Antonio Malpica
Océano, 2013 (2a edición)
ISBN: 9786077351047

 

 

Malpica-2

Nocturno Belfegor
Autor: Antonio Malpica
Océano, 2011
ISBN: 9786074003109

 

Malpica-3

El llamado de la estirpe
Autor: Antonio Malpica
Océano, 2013
ISBN: 9786078303113

 

Malpica-4

Un viejo gato gris mirando por la ventana
Autor: Toño Malpica
Ilustradora: Alba Rivera
FCE, 2014
ISBN: 9786071622419

 

Malpica-5

Soldados en la lluvia

Autor: Toño Malpica
Ilustradora: María Teresa Devia
Norma, 2013
ISBN: 9789584541314

 

Malpica-6

Por el color del trigo
Autor: Toño Malpica
Ilustrador: Iban Barrenetxea
FCE, 2012
ISBN: 9786071609243

 

Malpica-7

Billie Luna Galofrante
Autor: Antonio Malpica
Norma, 2011
ISBN: 9789700919300

 

Malpica-8

Ka súut naj: Vuelta a casa
Autor: Antonio Malpica
Ilustrador: Richard Zela
Alfaguara, 2011
ISBN: 9786071115881

 

Malpica-9

Los mil años de Pepe Corcueña
Autor: Toño Malpica
Ilustradora: Amira Aranda
El Naranjo, 2010
ISBN: 97860776614

 

Malpica-10

Querido Tigre Quezada
Autor: Toño Malpica
Ilustrador: Edgar Clement
Castillo, 2004
ISBN: 9789702009955

 

Malpica-11

Ulises 2300
Autor: Antonio Malpica
SM, 2003
ISBN: 9789706889577

Keiko Kasza: “Adoro contar historias”

“Mi principal propósito como autora es que los lectores se diviertan”, afirma en esta entrevista con RHUV la destacada autora japonesa Keiko Kasza, quien estuvo en Chile recientemente invitada por la Fundación Educacional Oportunidad.

Por Bernardita Cruz M.
Traducción de María José González C.

  Keiko-principal
Fotos: gentileza Fundación Oportunidad

Un chancho que casi mata de susto a su enamorada cuando llega a buscarla usando una cola de zorro, melena de león y rayas de cebra; un lobo que planea engordar a una gallina con panqueques y rosquillas y se convierte en el tío favorito de sus cien pollitos; un tejón que sueña con una cena elegante de hamburguesas de rata, tacos de topo y banana split de conejo.

Inquietos e impredecibles, los personajes de Keiko Kasza ostentan un sitial destacado en el imaginario de niños y niñas de todo el mundo. Dedicada hace 30 años a los libros infantiles y con una veintena de exitosos títulos publicados, la autora de origen japonés estuvo en Chile a fines del 2013, gracias a una invitación de la Fundación Educacional Oportunidad.

En los tres días que duró su visita compartió con párvulos, escolares, estudiantes universitarios, educadoras, profesores, bibliotecarios, profesionales ligados al mundo de los libros infantiles y decenas de fanáticos que hicieron largas filas para conseguir un autógrafo.

Uno de los encuentros se llevó a cabo en la Biblioteca de Santiago, donde Keiko explicó a los presentes que nunca imaginó que llegaría a ser autora de libros infantiles. En esa ocasión contó que tras muchos años dedicada a trabajar como diseñadora, un día llegó a sus manos Frederick de Leo Lionni y quedó tan impresionada que comenzó a escribir e ilustrar. Tres años después, en 1981, publicó su primer libro en Tokio. Ese fue el comienzo de una larga carrera que ya acumula 20 títulos, entre los que se cuentan El día de campo de don Chancho, El estofado del lobo, Choco encuentra una mamá, Mi día de suerte, Una cena elegante, Cuando el elefante camina y Los secretos del abuelo Sapo, entre otros.

Keiko-3
Keiko-4

De regreso a Estados Unidos, donde vive junto a su familia, respondió las preguntas de la Revista Había una Vez.

¿Qué impresión se llevó de Chile?

No sabía mucho de Santiago ni de Chile antes de mi visita. Mi primera impresión de Santiago fue que era como otras grandes ciudades, muy cosmopolita. Trenes subterráneos, buses, malls, supermercados, rascacielos, y calles desbordantes de personas con iPhones. Me sentí completamente segura caminando en la calle. Me hubiera gustado quedarme más tiempo y conocer un poco más del país.

¿Tuvo la oportunidad de ver el trabajo de autores o ilustradores locales? ¿Qué le pareció lo que se está haciendo en nuestro país?

Conocí a un autor de libros para niños en una de mis charlas: Pepe Pelayo. Entendí que sus libros a menudo son ilustrados por su hijo. Y no olvidemos a nuestra amiga, Trinidad Castro, que es autora de varios libros.

En cada una de sus actividades fue recibida con entusiasmo. ¿Qué siente frente al cariño de sus seguidores?  

¡“Sorpresa” es la palabra! Quedé anonadada de lo bien que han sido acogidos mis libros en Chile.

Nunca pensó que terminaría haciendo libros para niños. ¿Ahora se imagina volviendo al diseño?

Aun si lo quisiera, ya no sería capaz de trabajar en el campo del diseño porque no tengo habilidades gráficas computacionales. Espero seguir escribiendo para niños todo el tiempo que sea posible.

¿Qué tiene esta profesión que le apasiona?

Adoro contar historias. Los niños están leyendo y disfrutando mis libros (afortunadamente) y eso me emociona.

¿Cuál es su principal motivación como autora? ¿Qué busca transmitir?

Mi principal propósito como autora es que los lectores se diviertan. Quiero que disfruten mis libros. ¡Cualquier otra cosa que puedan extraer de mis libros además, será como la guinda de la torta!

Usted afirma que escribe pensando en los niños y que ellos no han cambiado en los últimos 30 años. ¿Cómo logra conectarse con sus lectores?

Yo creo que en su esencia, los niños pequeños no han cambiado. Todos necesitan amor, amigos, humor y consuelo. Todos quieren ser entendidos y aceptados. Entonces lo que tengo que hacer para conectarme con mis lectores es pensar cómo era yo cuando tenía 5 años. Gracias a Dios, mis libros son para niños muy chicos. Si escribiera libros para adultos jóvenes, seguramente tendría que cambiar mi forma de pensar acerca de mis lectores.

En la Biblioteca de Santiago dijo que en todas sus historias está su “niña interior”. ¿Cómo fue y cómo es hoy en día esa Keiko niña?

La pequeña Keiko me sigue guiando para escribir. Espero que mis recuerdos no se desvanezcan mientras continúe escribiendo.

 

Keiko-2

Ilustraciones de Keiko Kasza del libro El estofado del lobo (Norma, 2007)

Los animales y la cocina

“Siempre me preguntan por qué uso animales”, comentó Keiko en su visita a Chile. Y por supuesto, la interrogante surge de inmediato al comprobar que todos sus libros son protagonizados por lobos, cerdos, tigres, ratones, zarigüeyas, pájaros, zorros y animales de todo tipo. Según explicó en Santiago, sus razones son muy concretas. Primero, porque no le gusta dibujar personas, y segundo, porque se siente con más libertad al dibujar animales, en el sentido de que con ellos puede construir mundos de fantasía donde “cualquier cosa es posible”. La tercera y última razón es, según ella, la principal: le da a sus libros un carácter más universal. “Si el personaje principal es un niño de una raza específica en un país determinado con un tema acotado, puede que muchos lectores no se conecten bien con el personaje. Sin embargo, inmediatamente luego de decir: “Había una vez un alegre conejo viviendo bajo un árbol”, cada niño en todos los países puede entender al conejo. Ningún niño se pregunta si el conejo es americano o japonés. Al niño no le importa, un conejo es un conejo. Realmente esto funciona bien para mí porque yo estoy tratando de escribir historias universales, historias en las cuales todos podemos vernos reflejados. Los animales como personajes no tienen nacionalidad. Por esto, creo que funcionan en distintos idiomas”.

¿Qué es lo más difícil de dar humanidad a los animales? ¿Y qué es lo más simple, en lo que más nos parecemos?

Darle expresión humana a los personajes animales no es tan difícil, pero darles movimiento humano es a veces complicado, especialmente cuando el cuerpo del animal no tiene las mismas proporciones del cuerpo humano. Por ejemplo, cuando uno hace un caballo parado en dos patas, sus patas delanteras son comparativamente mucho más largas que los brazos de un hombre. Por eso debo ser cuidadosa al elegir mis animales.

¿En qué proyecto literario está trabajando actualmente?

En este momento, estoy trabajando en un libro álbum titulado Finders, Keepers (Descubridores, Guardianes). La historia y los bocetos fueron aprobados para su publicación, así que estoy en la etapa de la pintura. Este álbum no sigue la línea argumental usual de mis libros. Aunque hay 5 animales en la historia, ninguno es el protagonista. ¡El protagonista es un sombrero! La fecha de publicación depende de cuán rápido yo pueda pintar. ¿Quizá el 2015?

Este número 16 de la Revista HUV es un especial de literatura y cocina. ¿Por qué en la mayoría de sus cuentos la comida cumple un papel importante en la historia?  

¡Porque adoro comer! Hablando en serio, creo que la comida es una parte fundamental de la vida de los niños. La comida significa familia, bienestar e historias compartidas. Crecí en un hogar donde mi madre o mi abuela cocinaban todos los días, y todos los miembros de la familia comíamos juntos. En nuestros cumpleaños, mis hermanos y yo podíamos elegir la cena que queríamos. Yo nací en diciembre, que es la estación de los cangrejos en Japón. Así que siempre elegí una cena con jaiba en mi cumpleaños. Cuando pienso en cómo crecí, mis recuerdos están frecuentemente relacionados con la comida.

Keiko libros-1Keiko libros-2

Mi día de suerte
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2006
ISBN: 9789580494720

No te rías, Pepe
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2007
ISBN: 9789580493945

El día de campo de Don Chancho
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2006
ISBN: 9789580493979

Cuando el elefante camina
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2006
ISBN: 9789580494683

Los secretos del Abuelo Sapo
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2006
ISBN: 9580493995

El estofado del lobo
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2007
ISBN: 9789580493983

El perro que quiso ser lobo
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2009
ISBN: 9789584516626

Una cena elegante
Autora: Keiko Kasza
Norma, 2009
ISBN: 9789584517517

Isol: “La línea entre lo que es para chicos y grandes ya no está tan definida”

La autora argentina, ganadora del Premio Astrid Lindgren (ALMA) 2013, conversó con RHUV sobre sus inicios, su proceso de trabajo y su percepción sobre el libro álbum en los países latinoamericanos.

Por María Isabel Molina V.
Directora PLOP! Galería y Grafito Ediciones

Isol_800x450

Foto: Xavier Martin

Príncipes azules descabezados por princesas, niños que son angelicales y monstruosos al mismo tiempo, madres iracundas que se transforman en objetos y elefantes que solo quieren ver televisión. Los mundos a los que Isol da vida en sus libros son extraños, humorísticos y absurdos, pero no exentos de ternura. A través de sus más de veinte publicaciones, en las que ha oficiado de autora integral en unas e ilustradora en otras, sus personajes son reconocibles no solo por una línea gráfica de trazos sueltos y a veces desgarbados, sino también por su conducta inteligente y desprejuiciada.

Más aún, y tal como lo señalara la Ministra de Cultura de Suecia, Lena Adelsohn, durante la entrega del ALMA a Isol en mayo pasado, “sus historias muestran un sincero respeto por la experiencia y sentimientos de los niños. Ella tampoco tiene miedo de contemplar la parte más triste y los momentos difíciles de la vida a través de los ojos de un niño”. Con este reconocimiento a nivel mundial, en el que participaron 207 candidatos de 67 países y al que postuló gracias al Banco del Libro de Venezuela, la vida de Isol se ha transformado en un constante dar entrevistas, planificar viajes y preparar ediciones de sus libros para nuevos países y lenguas diferentes.

En esta apretada agenda, Marisol Misenta –verdadero nombre de Isol– realizará una visita a Chile entre el 25 de agosto y el 1 de septiembre para hacerse parte del Festival Internacional de Ilustración de Chile, Festilus, organizado por PLOP! Galería, espacio en el que también inaugurará una exposición. Sus actividades incluirán charlas abiertas al público general, encuentros con especialistas en fomento lector, talleres para ilustradores profesionales y firmas de libros. Todo ello en un contexto de intercambio entre importantes ilustradores internacionales, como son Isidro Ferrer y Gabriel Pacheco y editores de renombre como Sebastián García, director de arte de la emblemática editorial Libros del Zorro Rojo, con ilustradores y profesionales chilenos ligados a esta disciplina artística y distintas audiencias interesadas en la ilustración.

En estos encuentros la ilustradora hablará de su vasta experiencia, cuyo puntapié inicial fue su participación en un concurso internacional. Ahí demostró su estilo narrativo y visual, tan fuera de los parámetros habituales, al que llegó tras hacer un Magisterio en Bellas Artes en la Escuela Nacional Rogelio Yrurtia, y de un breve paso por la carrera de Licenciatura en Artes. También trabajó como ilustradora para prensa, cómic e incluso filatelia.

A lo largo de su trayectoria profesional ha recibido importantes galardones como la Mención  Premio Hans Christian Andersen 2006 y 2007, instancia en la que fue finalista; el Premio Golden Apple en la Bienal de Ilustración de Bratislava 2003; el Premio de la Asociación de Libro Infantil y Juvenil Argentina (Alija), y la Mención Especial en la lista de The White Ravens 2003.

Entre sus publicaciones internacionales destacan las versiones en noruego de Vida de perros, los libros en estonio y turco de El cuento de navidad de Auggie Wren, cuyo texto es de Paul Auster, y las traducciones al francés e inglés de Pantuflas de perrito, escrito por el poeta Jorge Luján, con quien también colaboró en los libros Tic Tac, Equis y Zeta, Ser y parecer, Mi cuerpo y yo y Numeralia.

¿Cómo iniciaste la internacionalización de tu carrera como ilustradora?

Mi primer libro se publicó en FCE, que es una editorial con base en México pero que se distribuye en muchos países de habla hispana, y tiene presencia internacional en ferias como Bolonia y Guadalajara. Envié el proyecto del libro Vida de Perros al Concurso A la Orilla del Viento, y aunque no gané, el editor de entonces, Daniel Goldin, quiso publicarlo. A partir de esa colaboración seguimos haciendo libros juntos, que llegaron a gente como el poeta Jorge Luján, por ejemplo, quien me ofreció ilustrar algunos textos que luego se vendieron a Francia y España. También en esos años publiqué un libro en la editorial Media Vaca (Valencia), a los que llegué por el lado de mi trabajo en cómics de los que hacía autoediciones de tirada chica yo misma en serigrafía (ellos los compraron en un viaje a Buenos Aires). Así, cada publicación abrió otra posibilidad, y otra…

¿Cuál es tu visión de la literatura infantil latinoamericana?

La verdad es que tengo una cultura pobre en literatura infantil de Latinoamérica, no puedo hablar mucho… Sí puedo hablar de lo que yo percibo en Argentina, que tiene que ver con pertenecer a una cultura de cuentos cortos y humor muy importante, de disfrute por el absurdo y el juego (como ejemplo está la obra de María Elena Walsh). También de narradores gráficos personales y potentes que se dedicaron a prensa de adultos (como Hermegildo Sabat, Quino, Caloi, Crist) e ilustradores como Ayax Barnes y Napoleón (en mi infancia) o Lucas Nine, Istvansch, Turdera y Bianki, que están haciendo cosas bárbaras… Me parece que cada país tiene su identidad también en la literatura para chicos, y aquí hace ya 40 años que se habla de hacer libros que no sean moralizadores o didácticos, sino más cercanos al disfrute de una buena historia, un dibujo inspirador, con calidad gráfica y literaria.

Reconociendo que no siempre es así, Isol  valora el hecho de que la literatura infantil se esté abriendo a nuevas posibilidades. “En este momento veo que la línea entre lo que es para chicos y grandes ya no está tan definida, con lo cual el espectro de lo que se produce se enriquece y amplía mucho. Esto también lo he visto en Brasil, Ecuador y Colombia, que son países que he visitado. Por otra parte, hay una nueva valoración del libro ilustrado, ¡lo cual me alegra mucho!”, agrega.

Música y maternidad

A la par de su carrera de ilustradora, Isol ha desplegado una trayectoria como cantante. Hasta el 2005 fue vocalista de la banda de pop electrónico y experimental Entre Ríos, con la cual  grabó varios discos. Después de retirarse de esta agrupación, ha colaborado con su hermano en el dúo Isol/Zypce e integra el Ensamble The Excuse, dedicado a la música de cámara del siglo XVII y XVIII, en el cual participa como soprano y con el que se presenta habitualmente en Buenos Aires.

Asimismo, debe conjugar su intensa vida artística con la maternidad, ya que el 2012 tuvo a su primer hijo con Rafael Spregelburd, dramaturgo y director de teatro.

¿Cómo es tu rutina de trabajo?

No podría hablar de rutina, voy por proyectos y cada día se arma distinto. Si estoy trabajando en un libro o una exhibición de mi trabajo, en general subo a mi estudio luego del almuerzo y trabajo unas seis o siete horas al día (o lo intento, porque me encanta estar concentrada en eso). Por la mañana estoy con mi familia y tal vez miro y contesto el correo (que cada vez es más). Si estoy en época de conciertos, ensayo algunas horas dos días a la semana. Y si tengo que viajar o dar charlas… ¡cambia todo de nuevo!

¿Cuál es tu proceso para escribir historias?

Estoy atenta a las imágenes y palabras que van surgiendo mientras dibujo en mi cuaderno. Esto lo hago mientras viajo, espero en la cola del banco, etc. Voy anotando cosas, ideas que aparecen, observaciones. Y cuando termino un libro, empiezo a buscar entre esas ocurrencias, y abro mi cabeza a que surjan otras. A veces el interés surge de alguna idea plástica también, como me pasó con la tinta que brilla en Nocturno. A partir de ese interés enfoco mi antena para encontrar cómo usarla  en un libro… Luego voy haciendo una especie de story board y viendo si la idea funciona, agregando, recortando, dejando reposar unos días, y así va creciendo…

El rol de los niños

En la entrega del premio ALMA, Isol dijo en su discurso de aceptación que “los puntos de vista del artista y el niño tienen muchos aspectos en común. Una vez oí que un artista es un niño que ha sobrevivido”. Sus palabras remiten al lugar protagónico que tienen los menores en sus libros, los que constantemente se hacen preguntas sobre sí mismos y su entorno, como se puede apreciar en Petit el monstruo, Secreto de familia y Vida de perros.

En la misma oportunidad, señaló sus claras preferencias por las historias en las que el lector participa en forma activa, al explicar que “no me gustan los libros que me dicen lo que tengo que pensar, y creo que no es respetuoso del otro cerrar la lectura en un solo significado. Lo que es realmente inspirador es sentir que uno descubre algo propio a través de una obra pensada por otra persona. Eso me pasa con los libros que más amo: aquellos que me compartieron su poder”.

Los temas que abordas en tus libros apuntan, en parte, a la complejidad de los niños y de los roles que asumimos. ¿Qué te ha llevado a seleccionar estos temas por sobre otros?

Mis temas surgen de lo que me provoca gracia, extrañeza, curiosidad… No termino de resignarme a ciertas convenciones, y no creo en las certezas absolutas. En mis libros esas dudas e inquietudes surgen a través de historias y dibujos, de manera subterránea. Una elije desde quien una es.

Los niños son humanos y reflejan mucho de lo que sucede en nuestra sociedad de una manera directa y sin defensas de modales. Por eso me gusta que hablen por mí; disfruto narrar en el lugar de un personaje niño que aún no aprendió a tener miedo de mostrar quién es y qué le pasa. Es una liberadora impunidad creativa.

Isol-3

El cuento de Navidad de Auggie Wren
Autor: Paul Auster
Ilustraciones de Isol
Booket, 2012
ISBN: 9788432214714

Isol-4
Nocturno. Recetario de Sueños
Autora: Isol
FCE, 2012
ISBN: 9786071606525

Isol-5

Mi cuerpo y yo
Texto: Jorge Luján
Ilustraciones de Isol
Kókinos, 2005
ISBN: 8488342780

Isol-6

Pantuflas de perrito
Texto: Jorge Luján
Ilustraciones de Isol
Pequeño Editor, 2010
ISBN: 9789871374151

Isol-7

La bella Griselda
Texto e ilustraciones de Isol
FCE, 2010
ISBN: 9786071604491

Isol-9

Tener un patito es útil
Texto e ilustradores Isol
FCE, 2007
ISBN: 9789681672850

Isol-8

Petit el monstruo
Texto e ilustraciones de Isol
Editorial Ocho Libros, 2010
ISBN: 9789563350159