Categoría: Entrevistas

Pilarica Echeverría e Isabel Aguirre, ganadoras del concurso de Innovación en Mediación Lectora: Lectura y discapacidad

Con el fin de recoger las mejores prácticas nacionales de fomento lector, nuestra Fundación realizó el primer concurso de Innovación en Mediación Lectora. Luego de recibir 39 proyectos admisibles, el comité dio como ganador a “Los cuentacuentos del Madre Tierra sacan la voz”. Aquí sus protagonistas nos cuentan su experiencia en primera persona.

Por Josefa Torres, editora RHUV

La práctica ejecutada por María Isabel Aguirre y Pilar Echeverría –Pilarica- se lleva a cabo en el Colegio Diferencial Madre Tierra de Lo Barnechea, y consiste en la formación de jóvenes con discapacidad cognitiva de entre 17 y 25 años como cuentacuentos. El taller lleva dos años en curso y para el 2018 fue incorporado como parte del programa educativo del establecimiento. El jurado se decidió por este proyecto por lo novedoso y necesario que representa formar a jóvenes con discapacidad cognitiva como mediadores de la lectura –iniciativa única en nuestro país- y por la presencia del libro como eje central de la actividad.

Pilarica e Isabel realizan voluntariado en la comuna de Lo Barnechea desde hace un tiempo: Pilarica comenzó con la formación del grupo en los 90, e Isabel empezó en 2014, cuando asumió la coordinación del voluntariado con su compañera. Y fue en 2016 que comenzaron a realizar el taller de cuenta cuentos en Madre Tierra. Aquí nos cuentan cómo ha sido este increíble proceso.

– Entendemos que la idea nació de uno de los alumnos. ¿Cómo fue su propuesta?

– La labor de las voluntarias cuentacuentos de Lo Barnechea es ir a contar cuentos a los distintos colegios y jardines de la comuna. Uno de esos colegios era el Madre Tierra, donde periódicamente dos o tres voluntarias iban a encantar a los niños con cuentos, poesías, adivinanzas y trabalenguas. Un joven del nivel exploratorio, Javier, se entusiasmó tanto con esta actividad que le comentó a su profesora que quería ser cuentacuentos. El interés del joven fue tomado muy en serio por las profesoras y las autoridades del colegio, por lo que se acercaron a nosotras, como coordinadoras del voluntariado, para ver la posibilidad de encausar de alguna forma concreta aquel interés.

La primera medida que se tomó en conjunto, fue invitar a Javier a una de las reuniones mensuales del voluntariado, para que tuviera contacto con las cuentacuentos de igual a igual y evaluar la posibilidad de que se integrara al grupo. Para esa sesión él preparó la lectura del cuento Los mejores amigos de Rachel Anderson, lo que fue muy emocionante para todos los que participamos de ese encuentro.

Tras ello, nos reunimos con la directora del colegio, Dayany San Martín, y la jefa de UTP, Nancy Tello, y convenimos que lo mejor que podíamos hacer era realizar un taller de formación de cuentacuentos dedicado especialmente a los alumnos interesados del colegio. Fue así como el año 2016, cinco jóvenes asistieron una vez a la semana al Centro Lector para formarse como cuentacuentos.

– ¿Qué títulos han utilizado? ¿Cómo los eligen? ¿Cuáles son los favoritos de los alumnos?

La selección de los títulos ha sido un camino difícil de recorrer. Como mediadoras de lectura sabíamos que necesitábamos libros con textos básicos e ilustraciones llamativas, ya que no todos los participantes sabían decodificar ni leían de manera fluida y por otro lado sabíamos que los lectores eran jóvenes, por lo que había que buscar  un equilibrio entre libros con textos básicos y que no fueran demasiado infantiles… lo que no fue nada fácil.

El camino que hicimos fue el siguiente: la primera selección contenía libros como Biblioburro o Un león en la biblioteca, pero inmediatamente nos dimos cuenta de que sus textos eran largos y complejos para la habilidad lectora que tenían los jóvenes, ya que en su lectura en voz alta predominaba el silabeo. Por lo que, decidimos escoger libros con predominio de ilustraciones y textos breves; pero como ya adelantamos, el problema es que el tipo de libro que estábamos pensando era para niños muy pequeños, lo que discrepaba de los intereses e inquietudes de los jóvenes. Entonces, fue que se nos ocurrió decirles y aclarar constantemente que los libros con los que trabajaríamos eran para niños más chicos, porque dentro de las habilidades de un cuentacuentos es conocer los intereses de su público lector, y como ellos les leerían a otros niños debían escoger libros acordes a las edades de su público. Convencidos de su rol, rápidamente se apoderaron de los libros y los trabajaron con entusiasmo. Los títulos que seleccionaron de todos los que les presentamos fueron: Las manos de papá de Emile Jadoul, Lobo de Olivier Douzou, ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! de Ed Emberly, Beso, beso de Margareth Wild y Bridget Strevens-Marzo, La tortilla corredora de Laura Herrera y Scarlet Narciso, ¿Qué puedes oír Blas?  de Lucy Cousin y Buenas noches gorila de Peggy Rathmann.

Otros libros con los que hemos tenido buenos resultados han sido los de adivinanzas con solapas como ¿Cu-cú quién es?  de Amanda Leslie o Muéstrame tu colita de Stéphane Frattini. Por último, también recurrimos a juegos de palabras y cuentos breves, especialmente los de Tamara Chubarowsky, pues combinan muy bien movimientos corporales con juegos de rimas.

– ¿De qué manera guían la conversación literaria con estos jóvenes?

– En cada sesión intercambiamos ideas con ellos de manera muy libre y espontánea. Les pedimos sus opiniones sobre el cuento leído, sobre la actuación de los personajes, sobre las ilustraciones. Los escuchamos y sobre sus propias respuestas generamos nuevos comentarios. Obviamente que nosotras conocemos muy bien el tema de los libros y dominamos sus ilustraciones de tal manera que la conversación siempre la dirigimos hacia el libro que estamos comentando y tratamos que no se vayan por las ramas. Pero es inevitable que comenten sobre sus vidas, sus familias, sus preocupaciones del momento. Hay que escucharlos, pero a la vez hay que ser estrictas para traerlos nuevamente al cuento.

– ¿Han notado un aumento en el interés de estos jóvenes por conocer más libros?

– Espontáneamente diríamos que no. Pero nosotras les llevamos muchos libros distintos cada sesión y hacemos una exposición con ellos y los invitamos a mirarlos, a tocarlos, explorarlos y a leerlos. Ese ejercicio es algo que les gusta hacer y de vez en cuando nos piden que les prestemos alguno. Por otra parte, como no hemos hecho un seguimiento de sus experiencias lectoras fueras del taller, no podemos corroborar si ha aumentado el interés de los jóvenes por los libros.

– Comentan que uno de los beneficios de esta práctica es la mejora de la autoestima de los participantes. ¿En qué lo notan?

– En las primeras sesiones se muestran tímidos, conversan poco, se sienten inseguros de leer y titubean bastante. Poco a poco, en la medida que se van familiarizando entre ellos, porque no todos pertenecen al mismo curso, y cuando asumen la responsabilidad de leer a un público determinado, comienzan a adquirir confianza en lo que están haciendo. Esto se manifiesta en que una vez que el taller avanza, ellos comienzan a corregirse unos a otros, siempre en un ambiente de amistad y respeto. Eso es algo muy lindo de ver, el cómo terminan ayudándose entre ellos de tal modo que el día de la presentación se sienten muy seguros y convencidos de lo que están haciendo.

Otro momento en que se manifiesta esta confianza es el dominio del escenario y el desplante que tienen cuando realizan la presentación final. Los hemos visto interactuar con el público haciéndoles preguntas e invitándolos a participar de los juegos que han preparado previamente. Incluso, muchas veces lo hacen de manera improvisada y en forma adecuada. Por último, podemos contarles que los jóvenes del taller han demostrado su orgullo de ser cuentacuentos en las distintas entrevistas que les han hecho en el colegio.

– ¿Con qué dificultades se han encontrado en el camino?

– Más que hablar de dificultades sería bueno hablar de lo que hizo posible este proyecto. Creemos que sin el apoyo de la directora, Dayany San Martín y de la jefa de UTP, Nancy Tello, este taller no hubiese resultado. Ellas creyeron y confiaron en nosotras y con una fe ciega nos abrieron las puertas y nos entregaron a sus alumnos. Además, nos apoyaron aportándonos consejos y conocimientos más técnicos desde el ámbito de la educación diferencial, área que nosotras no manejamos.

Ahora, por supuesto que tuvimos dificultades, desde un inicio era obvio que las tendríamos pues sabíamos que estábamos construyendo un camino a pulso. No fue fácil definir qué libros serían los más adecuados o lograr que la asistencia fuera más constante. Con eso muchas veces nos vimos felizmente obligadas a alargar la cantidad de sesiones para suplir las que los niños habían faltado. Lo importante era lograr el dominio de las lecturas por parte de los cuentacuentos. Otra traba que se hizo evidente fue la falta de libros en la biblioteca y un sistema de préstamos profesional. Gracias a este taller el colegio se inscribió en las bibliotecas CRA y ya recibió su primera partida de libros.

– ¿Cómo es la recepción de los alumnos asistentes al taller final, cuando escuchan a sus compañeros contar cuentos?

– La primera vez que hicimos el taller fue en el Centro Lector. Allí los jóvenes hicieron tres presentaciones a cursos de distinto nivel del mismo colegio. La verdad es que los cuentacuentos dominaron muy bien al público, los motivaron y los dejaron encantados con la presentación. Varios niños de los que asistieron se nos acercaron diciendo que querían ser cuentacuentos, viendo en sus compañeros mayores un ejemplo a seguir. El año 2017 la presentación final fue en el mismo colegio y los niños que asistieron participaron de las canciones, se rieron y disfrutaron de la lectura colectiva de La tortilla corredora. En esa ocasión también se invitó a apoderados y amigos que realmente se conmovieron con la lectura en voz alta de los jóvenes. Fue muy motivador para nosotras ver el orgullo de las mamás, papás, abuelas al ver a sus hijos cautivando a un grupo de niños con un cuento.

– ¿Cuál ha sido la enseñanza más importante para ustedes de toda esta experiencia?

– La primera es que cuando uno cree en algo, se puede. Y la segunda, es que los libros y el gusto por ellos es un idioma universal, independientemente de los intereses, de las habilidades y dificultades de cada uno, siempre se podrá establecer una conversación entre lectores. Lo que queremos decir es que los libros constituyeron un puente de comunicación entre estos jóvenes y nosotras, que no teníamos experiencias con niños con discapacidades cognitivas. Y al final nos dimos cuenta que no resultó diferente a otros trabajos que hemos realizado como mediadoras.

– ¿Cómo creen que se podría diseminar esta práctica en otras instituciones con jóvenes con discapacidad cognitiva?

– Primero teniendo las ganas por parte de la institución de probar nuevas prácticas y teniendo confianza en los jóvenes y en las personas a cargo, como sucedió con la directora y jefa de UTP de este colegio, pues ellas creyeron en la posibilidad de desarrollar habilidades comunicativas y fomentar el gusto por la lectura de sus alumnos a través de instancias distintas a las clases de lenguaje. Fue así como modificaron horarios y reemplazaron las horas de lenguaje de los jóvenes participantes por las del taller. Es decir, fueron flexibles y no tuvieron temor de romper con la rigidez de la estructura escolar en beneficio de los alumnos.

Por otro lado, creemos que una muy buena forma de diseminar esta práctica es dándola a conocer a través de distintos medios para que otros se entusiasmen y las adapten a sus contextos. Por eso agradecemos a la Fundación Había Una Vez por organizar este concurso y por permitirnos contar nuestra experiencia.

– ¿Cuál creen que es la deuda de la sociedad con este tipo de iniciativas?

– Desgraciadamente como sociedad nos falta conciencia acerca de lo que realmente significa integrar a personas que son diferentes a uno. Uno no se pregunta quién es el diferente, simplemente lo da por hecho y eso no nos parece. Para nosotras estos jóvenes son uno más de la sociedad y tienen el derecho de formarse y el deber de entregar lo que han aprendido. Como sociedad hemos avanzado mucho en integración, pensemos en lo que se hizo con la película Los niños de Maite Alberdi, pero eso no quita que nos falta. Tenemos que atrevernos y convencernos que todos podemos cuando realmente queremos.

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Philip Nel: De racismo y literatura infantil

El doctor Philip Nel estuvo de visita en nuestro país para el seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer?: Lectura e Inclusión”, que se llevó a cabo en la Universidad Católica de Chile. Allí habló de literatura infantil y racismo. En esta entrevista ahonda en algunos conceptos y nos habla, entre otras cosas, del futuro en la investigación y el interés académico en la LIJ.

Por Andrea Casals*. Extracto de la entrevista publicada en ESLA (Estudios de Inglés en América Latina, Revista de Crítica Cultural y Literaria), revista digital organizada por la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El doctor Philip Nel es director del programa de literatura para niños de la Universidad del Estado de Kansas, EEUU, y autor de  Was the cat in the hat black?: The hidden racism of children’s literature, and the need for diverse books -2017- (“Estaba el gato en el sombrero negro?: El racismo oculto de la literatura infantil y la necesidad de libros diversos”); de Crockett Johnson y Ruth Krauss: How an unlikely couple found love, dodged the FBI, and transformed children’s literatura -2014- (Crockett Johnson y Ruth Krauss: cómo una pareja improbable encontró amor, esquivó al FBI y transformó la literatura infantil); coeditor de Keywords for Children’s Literature -2011- (“Palabras clave para la literatura infantil”) con Lissa Paul; y Tales for Little Rebels: Una colección de literatura infantil radical,  coeditado con Julia Mickenberg, entre otros.

En agosto pasado fue invitado por el Ministerio de Educación chileno a abrir el Seminario Internacional “¿Qué leer? ¿Cómo leer?: Lectura e Inclusión”, que se llevó a cabo en la Universidad Católica de Chile, con la charla  “¿Era negro el gato con sombrero?” La audiencia local respondió a su presentación con una fuerte ronda de aplausos. Leyendo la literatura infantil como un niño, se convirtió en un lector de por vida, sin embargo, el profesor Nel no idealiza los libros infantiles. De hecho, se los toma muy en serio y eso estuvo claro durante su presentación en Santiago. En esta entrevista nos ofrece información más profunda acerca de sus argumentos.

Tu charla en el seminario fue muy inspiradora y fue recibida de manera muy entusiasta por el público, a pesar de que la audiencia no estaba muy familiarizada con los libros que comentaste. A pesar de que “Doctor Seuss” es un ícono norteamericano, ¿cuáles dirías tú que son los hilos que unen tus principales argumentos en este discurso dirigido a una audiencia más amplia?

¡Gracias nuevamente a ti y a todos por su generosa respuesta a mi discurso! A pesar de que no aseveraría que el racismo chileno y el americano operan de forma idéntica, sí diría que en cualquier parte del mundo la estructura de la opresión puede ser invisible, sutilmente entretejida en la cultura que consumimos. En los libros infantiles, algunos ejemplos pueden ser la persistente influencia de la caricatura racial, la relativa escasez de personas de color, menos heroínas femeninas que héroes masculinos, la invisibilidad de las personas transexuales, o cualquier otra forma en que las comunidades marginadas se vuelvan más marginadas. Supongo que es por esa razón que mi discurso resonó en la audiencia de Santiago.

Tu ensayo Radical Children’s Literature Now! (2011, coescrito con Julia Mickenberg) y la antología Tales for Little Rebels (2008, coeditada con Mickenberg) destaca “cuentos progresivos, viejo y nuevo” que puede inspirar a la próxima generación “para crear un futuro mejor para todos” (Tales …. 5). Por muy importante que pueda ser, como crítico literario, ¿cómo manejas el equilibrio del valor estético y las preocupaciones ideológicas en la literatura infantil?

Creo que la clave es reconocer que los valores estéticos y las preocupaciones ideológicas son interdependientes y por eso se constituyen mutuamente. Por ejemplo, si tu experiencia vivida es diferente a la experiencia del narrador de una novela, podrías encontrar que su historia es menos creíble y por lo tanto no lo suficientemente fuerte. Por otro lado, el racismo de un libro ilustrado puede distraerte del hecho de que está bien escrito y bellamente ilustrado. Por lo tanto, creo que siempre debemos ser conscientes de cómo nuestras propias suposiciones y experiencias pueden dar forma a nuestra respuesta a un libro.

En términos de literatura infantil radical, tiendo a estar un poco más dispuesto a perdonar los valores estéticos más débiles de un trabajo si, por ejemplo, promueve la paz, la igualdad de derechos o la justicia ambiental. Pero también soy consciente de mi parcialidad, y, por supuesto, mi perdón tiene límites. Diré que, en Radical Children’s Literature Now, elegimos libros que pensamos que eran estéticamente fuertes también. Esa afirmación también es válida en general para Tales for Little Rebels, pero parte del objetivo de ese libro era simplemente establecer la existencia de un corpus de trabajo radical para niños que había sido ignorado (y en algunos casos negado).

En el prólogo del libro Tales for Little Rebels, Jake Zipes argumenta que cuando los autores exploran las “raíces” de las experiencias vividas retratadas [en la literatura infantil], se vuelven “radicales” … si estos autores son honestos, entonces las narraciones radicales son “tristes” porque muchos niños viven en condiciones deplorables. En este sentido, ¿cómo han sido representadas (o están subrepresentadas) las experiencias vividas por niños en comunidades indígenas en los Estados Unidos? En su búsqueda de libros infantiles radicales, ¿ha encontrado escritores indígenas y / o protagonistas indígenas? ¿Dirías que estas son representaciones honestas? ¿O tienen los autores idealizadas tales experiencias como en lo que Greg Garrard llama el mito “indio ecológico” (en Ecocriticims 2004)? He leído La alegría de leer y escribir: Superman y yo de Sherman Alexie y sé que ha escrito para niños, pero no conozco nada más allá de ese ensayo.

-La experiencia de los niños en las comunidades indígenas está poco representada en la literatura infantil, tanto en general como en los EE. UU. específicamente. La mejor persona para responder a tu pregunta sería Debbie Reese, cuyo American Indians in Children’s Literature es un buen lugar para comenzar. Desarrollé cierta experiencia en literatura infantil afroamericana. Aunque he leído literatura infantil nativa americana, sé mucho menos de lo que me gustaría en esa área y no me siento cómodo al ofrecer una respuesta definitiva sobre el tema.

Puedes consultar los Top 100 books by Indigenous Masters: http://blogs.slj.com/afu­se8production/2014/02/26/top-100-books-by-indigenous-masters/# , a list she co-wrote. Or take a look at this page with resources on “best books by or about American Indians”. https://america­nindiansinchildrensliterature.blogspot.cl/p/best-books.html

En Chile, la literatura infantil y juvenil es un campo que ha recibido poca atención académica más allá de preocupaciones pedagógicas. Como Jefe del programa de literatura infantil en la Universidad del Estado de Kansas, ¿cómo visualizas el futuro de la investigación y el interés académico en la literatura infantil y juvenil?

Creo que el futuro de la investigación en el campo estará en las siguientes áreas: No es sorprendente que me incline a los estudiosos que se centran en los muchos tipos de experiencia representados (u omitidos) en libros para lectores jóvenes. Tengo muchas ganas de leer el libro de Marilisa Jiménez García sobre la formación de literatura y medios latinos para jóvenes, y el próximo libro The Dark Fantastic, de Ebony Elizabeth Thomas. Una segunda área abordará cómo la tecnología da forma a la forma en que los jóvenes leen: narrativas transmedia (es decir, historias que se desarrollan en múltiples plataformas), libros electrónicos mejorados y cualquier otra nueva tecnología de lectura que pueda surgir. Un tercero incluirá las propias voces de los niños, como lectores y creadores de historias. Si aceptamos que la audiencia de niños y jóvenes adultos está definida por su audiencia, entonces debemos prestar más atención a esa audiencia. Afortunadamente, podemos hacerlo a través de las comunidades de admiradores (y la fanfiction que crean) y escuchando sus  experiencias de lectura.

¿Compartirías con nosotros cómo tu gusto por la literatura infantil desembocó en un interés académico?

La literatura infantil es la razón por la que me convertí en profesor de inglés, pero no me di cuenta de eso hasta mucho después de haber obtenido el doctorado. La literatura infantil me hizo lector. Como me gustaba leer, me especialicé en inglés. Al darme cuenta, como estudiante universitario, de que leer libros y escribir documentos era mucho más atractivo que buscar un “trabajo real”, solicité hacer un postgrado en inglés. Aunque disfruté escribir una tesis de honor sobre William Faulkner, los libros de la primera infancia fueron más importantes: me inculcaron el amor por la lectura.
Un capítulo de mi disertación fue sobre el Dr. Seuss. Ese capítulo – Dada Knows Best: Growing Up ‘Surreal’ with Dr. Seuss – se convirtió en mi primer documento de conferencia (1997) y, en su versión revisada, en mi primer artículo publicado (1999). Hasta que escribí ese capítulo, no me había dado cuenta de que se podía hacer un trabajo académico sobre literatura infantil. (Aunque ahora hay más oportunidades para estudiar postgrados en literatura infantil, muchos de nosotros en el campo somos autodidactas). Mi paso hacia la literatura infantil comenzó por casualidad, pero se volvió pragmático. Con la excepción del capítulo de Seuss, mi disertación fue sobre literatura estadounidense y música para adultos. Entonces, cuando obtuve el título, pensé que era un americanista del siglo XX. Pero no pude conseguir una entrevista de trabajo como un americanista del siglo XX. Entonces, pensé, si me promociono como un americanista del siglo XX y un especialista en literatura infantil, deberían aumentar mis posibilidades. Esta decisión de publicar y presentar en ambos campos pareció ayudar. Tres años después de recibir el título, obtuve un puesto en la universidad donde todavía enseño.

*Andrea Casals es actualmente becaria postdoctoral en la U. Católica (FONDECYT # 3170134), con una investigación sobre la conciencia ambiental en la literatura ilustrada chilena contemporánea para jóvenes. Es docente en el programa de inglés de la Facultad de Letras (PUC) y es una de las editoras de ESLA. 

Inés Garland: “Se da mucho en la literatura una violencia que es tan oscura que no tiene salida, yo a eso no adhiero”

La escritura instintiva, esa que va armando el libro a medida que se escribe, es la que practica Inés Garland. Sin premeditarlo, ha dedicado sus últimas obras a un público juvenil, al que ella pretende mostrar la realidad sin tapujos: cruda y oscura, pero
que convive con la belleza y la luz del mundo que la rodea.

Por Catalina González, editora RHUV

Fotografía © Alejandro Guyot

La adolescencia es probablemente una de las edades más complicadas por las que nos toca atravesar. Una etapa de tránsito, en la que sentimos todo intensamente y nos forjamos como adultos. Inés acompaña a los jóvenes en ese camino, y lo hace a través de novelas en las que no hay espacio para tabúes. Sus personajes transitan a la adultez de manera brusca, violenta, y son testigos, desde diferentes escenarios, del acontecer político y social que los rodea, del abuso de poder, abusos sexuales y, sobre todo, de las diferencias.
Su novela Las otras islas habla del conflicto de Las Malvinas; Piedra, papel o tijera transcurre en la dictadura y fue premiada como mejor novela juvenil del año 2009 por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina (ALIJA). Su última novela para jóvenes se llama Los ojos de la noche, y trata también sobre la violencia, pero esta vez en las relaciones de amor.

¿Qué es lo que te provoca tocar temas complicados y violentos en la literatura juvenil?
– Cuando empecé a escribir Piedra, papel y tijera no tenía intención de tocar la dictadura. Lo comencé como un cuento corto; había un tipo de violencia en el plan, pero era social. Eran dos amigas, una iba los fines de semana a la isla y la otra era isleña. En la adolescencia se dan cuenta de la diferencia social que las separa y eso es una clase de violencia, la de las sociedades.
Luego, mientras lo escribía pasó algo bastante raro: apareció el personaje de Marito, que es isleño también. En mi cabeza sabía que iba a militar en los años setenta, que iba a ser políticamente muy activo. Con esto me di cuenta de que era una novela y decidí que iba a transcurrir en ese tiempo.
Parezco medio loca cuando te lo digo, pero es que yo escribo así. Las cosas se me van apareciendo en la mente. Entiendo lo que voy a decir cuando ya lo dije.

¿Con qué tuvo que ver este cambio de rumbo en la historia?
– No tomé una decisión consciente, pero sí sé que tuvo que ver con que yo en la dictadura tenía 16 años, por lo que se relaciona con mi propia vida, independientemente de que hay material que yo investigué. En esa época yo iba a un colegio de monjas, igual que Alma, la protagonista. En mi casa no se hablaba del tema y yo me enteré de todo muchos años más tarde, en un viaje que hice. Ahí tuve una sensación horrible de culpa, de no haberme dado cuenta de lo que estaba pasando, de haber sido engañada. Tuve muchos enfrentamientos con mis padres por esto. El tema quedó dando vueltas en mí, hasta que escribí la novela. La violencia impactó en mi vida, necesitaba entenderla y por eso me decidí a escribirla.

¿Escribiste la novela pensando en adolescentes? ¿O también eso se dio espontáneamente?
– No escribo para jóvenes pensando que el libro es para ellos. Lo que sí sabía era que la protagonista era joven. Cuando lo revisó la editora de adultos, ella pensó que podía ser concebida como una muy buena novela para jóvenes, y así resultó.

¿Qué te provoca eso?
– Ha sido genial para mí. Justo hoy estuve muchas horas en un colegio, con chicos jóvenes. Me preguntan muchas cosas y hablamos sobre temas complicados. Entre ellos, salió la violencia.
Me gusta porque no escribí la novela para jóvenes, y resultó siendo para ellos. No pienso distinto cuando escribo una novela para jóvenes o cuando escribo una novela para adultos. Me parece que eso lo terminan resolviendo los editores. Yo escribo lo que la historia necesita, después se ve…

“Parezco medio loca cuando te lo digo, pero es que yo escribo así. Las cosas se me van apareciendo en la mente. Entiendo lo que voy a decir cuando ya lo dije”.

¿Cuál es tu opinión con respecto a si la literatura juvenil tiene o no que dar espacio a temas violentos? Independientemente de que sean temas oscuros.
– Los niños y adolescentes están sometidos a todo tipo de violencia en la televisión, en los medios, en cada paso que dan en la vida que los rodea. Me llama la atención que la violencia y la sexualidad aparezcan como tabú para estos grupos y pienso exactamente lo mismo con respecto a ambos. Bombardean a los niños por todos lados y después no quieren que los libros les muestren lo que están viendo todo el día.
La violencia me interesa que apele, en algún momento, a lo más luminoso que tenemos los seres humanos. El tema puede ser todo lo oscuro que quieras, pero tiene que mostrar alguna salida. El ser humano necesita tener esa luz al final del oscurantismo, esa ilusión de que las cosas pueden cambiar y pueden ser mejores, esa confianza en el costado luminoso de nosotros mismos. Ahora se da mucho en la literatura una violencia que es tan oscura que no tiene salida, yo a eso no adhiero.

¿Por algún motivo en especial?
– Porque soy idealista y me parece que si vamos a hablar de violencia sin salida o de oscuridad total, estamos simplemente abandonando algo que está ahí. Creo que la literatura aspira a algo más.

¿A qué, por ejemplo?
– Creo que apela al lado más luminoso, compasivo y amoroso del ser humano. Tiene que haber un personaje que sea querible o amoroso en una historia. Ese tipo de literatura donde solo hay víctimas y victimarios no me interesa para nada. Ni para mí, ni para los jóvenes. Me da la sensación de que tenemos que apelar a algo más, pero eso es una opinión personal.

¿Intentas torcer la historia para que termine bien?
– No, de hecho, Piedra, papel o tijera no termina bien y los chicos me viven preguntando por qué lo terminé así, pero yo veo ahí una luz. La veo en la historia de la dictadura, la veo en lo que fue de los hijos y los nietos de los desaparecidos. Me parece que el final que elegí, sin ser alegre, tiene que ver con esta única luz posible que queda dentro de la historia. Que haya gente que siga preocupándose por los desaparecidos políticos, que los sigan buscando y que haya abuelas que los sigan queriendo encontrar, que haya toda una sociedad involucrada en que aparezcan; eso no puede sino hablar de la luz de la que te hablé antes.

Te reúnes con jóvenes. ¿Cómo crees que es su percepción del mundo violento en que vivimos? ¿En qué buscan refugio?
– Hoy justamente hablábamos de la violencia en sus relaciones amorosas. En Los ojos de la noche, el novio de la protagonista le dice que van a pasar las vacaciones juntos, pero él la abandona a último momento y parte solo a Brasil; le manda fotos con garotas y ella sufre mucho. De algún modo, él la maltrata. Una de las chicas me preguntó por qué ella no volvía con este novio, a mí me llamó la atención y le pregunté: ¿por qué querrías que volviera con alguien que la hace sufrir? Ella me miraba…
Yo creo que ellos viven una naturalización de la violencia espeluznante. Yo no tengo televisión hace años y me impresiona lo distinta que soy a personas que están todo el día expuestas a escenas violentas en la televisión.

“La violencia me interesa que apele, a lo más luminoso que tenemos. El tema puede ser todo lo oscuro que quieras, pero tiene que mostrar alguna salida”.

¿Qué puede hacer la literatura con respecto a esto?
– Le puede dar una vuelta, hacernos pensar. Con las imágenes, la violencia se percibe distinta. Desde la literatura, el protagonista o cualquier personaje puede reflexionar sobre el tema. Mientras que la imagen te la enchufan, vos tenés que mirar y no tenés tiempo para reflexionar, es tal el bombardeo que no te da tiempo de digerir.
Esa falta de pausa genera una desconexión muy grande con lo que te producen esas imágenes. Creo que es importante que la violencia sí aparezca en la literatura, pero que lo haga con cierta reflexión. Creo que la literatura te da más ese espacio.

¿Cómo crees que lo están haciendo los demás autores en literatura al tratar estas temáticas?
– Al menos yo elijo leer novelas que, aunque traten la violencia, estén llenas de amor y cosas buenas también. De lo contrario, ni siquiera las hojeo porque sé que me van a afectar, pero es por cómo soy yo.
Apunto al tipo de literatura en la que el ser humano tiene, en sí mismo, la posibilidad de conectarse en cualquier momento con el amor, por más espantoso que sea todo.

En tu obra el amor se aborda como algo complejo, se trata de historias tristes ¿Qué buscas con esto?
– Las dos cosas van juntas: amor y dolor. El amor lo presento como un problema. Es como si fuéramos un instrumento que está afinado a la perfección y que se desafina permanentemente. Cuando nos desafinamos, nos desencontramos. El amor es un problema porque en su máxima afinación es maravilloso, pero todo el tiempo nos desafinamos. Por eso me aparece a mí como un problema, porque entiendo que es esa búsqueda de encuentro con otro, de compartir y quererse. Eso es difícil y ese camino está lleno de obstáculos. Así, tal cual, lo muestro en mis libros.

“El amor lo presento como un problema. Es como si fuéramos un instrumento que está afinado a la perfección y que se desafina permanentemente”.

¿Qué otro tema crees que es urgente tratar desde la literatura?
– Todas las desigualdades, la poca tolerancia con las diferencias. Pero no es que crea que es urgente tratarlas desde la literatura, creo que tenemos que pensar en estas cosas primero, reflexionar, para después poder escribir sobre ellas. Tenemos que estar preocupados como seres humanos, y después aparecerán los temas en nuestra literatura.
El bullying en redes sociales y todo lo que está pasando con ellas es un temazo.

Publicado en RHUV Nº26

Ellen Duthie: Más Preguntas que Respuestas

La Filosofía Visual para Niños que desarrolla esta filósofa inglesa explora temas controversiales como la crueldad a través de imágenes y una serie de preguntas. Wonder Ponder es su proyecto, que comprende una serie de libros en los que literatura y filosofía se relacionan. En ellos, plantea preguntas y encamina a los niños a disfrutar de éstas.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

¿De dónde nace la idea de trabajar con filosofía visual? Y en especial para niños…
Soy filósofa de formación y siempre me ha interesado y apasionado la Literatura Infantil y Juvenil. Por lo que no fue casual que quisiera unir estos dos mundos.
El proyecto, concretamente, surgió en un aula, con niños de cuatro años, con los que me reunía cada dos semanas, durante tres años, y tratábamos distintos temas de todo tipo. Hablábamos de qué tendría una receta de la felicidad, por ejemplo. Normalmente, les llevaba ilustraciones, para estimular el diálogo en una dirección determinada, o en torno a un tema determinado. Intentaba llevar álbumes que despertaran un conjunto de preguntas en torno al tema que me interesaba.
Llevábamos bastante tiempo así, y tratábamos temas morales, éticos…
Por lo general, llevaba un ramillete de estímulos, pero siempre centrado en torno a un álbum, como El Carnaval de los Animales de Marianne Dubuc.
Una vez llevé un vasito, para que vieran cómo la pajita parecía que estuviera cortada, hicimos experimentos, etc.

Después, se juntaron dos cosas. Una, que me apetecía mucho tratar con ellos tema de la crueldad o de la maldad, que es un tema que en un principio puede parecer escabroso para tratar con un niño de cuatro años; pero por otro lado, pienso que éste es el momento justo en el que ellos se están tratando de hacer una idea de qué se espera de ellos, de qué pueden ellos esperar de otras personas, hasta qué límites pueden llegar ellos y hasta qué límite pueden llegar otros con ellos y están tratando de situarse frente a la maldad o la crueldad. Reciben muchas órdenes contradictorias de parte de los adultos, les dicen que una cosa es buena, que otra es mala, luego otro adulto hace exactamente lo que le dijeron que no había que hacer, y así.

En este contexto, ¿habías encontrado referencias de algún libro que tratara el tema?
Me apetecía tratar la crueldad pero no encontraba ni un solo álbum que me pareciera que diera para explorar los distintos matices, casos, y grados de la crueldad; las distintas circunstancias que pueden resultar agravantes, o aminorantes.
Entonces iba apuntando una lista de situaciones, breves, todo esto pensando en mi libro. Una persona matando un bicho, por ejemplo.

Hay un porcentaje de escenas en Mundo Cruel que tienen que ver con animales, ¿qué te llamó la atención para trabajar con esto?
De hecho seis de las catorce imágenes tienen que ver con animales. El resto no.
Es verdad que uno de los campos en el que los humanos nos lucimos, en cuanto a la crueldad, tiene que ver con respecto a nuestro trato con los animales. Me parecía interesante tratar la diferencia con lo que consideramos como diferentes niveles de inteligencia. Y que un nivel de inteligencia menor, en un animal, por ejemplo, nos da una serie de derechos sobre ellos. Quise analizarlo desde ese punto de vista.

¿Qué siguió después?
Se lo comenté a Daniela Martagón, la ilustradora. La conocía y sabía que le iba a apetecer el reto: mostrar escenas de crueldad, sin asustar y sin endulcorar. Escenas que realmente llamaran la atención de los niños. Imágenes que les chocaran porque no suelen ver escenas de este tipo. Si miramos los libros infantiles, la mayoría da ejemplos, no da “malos” ejemplos. Hay una tendencia a evitar mostrar las cosas que no se deben hacer. Excepto quizás, a pequeñas travesuras y cosas así, pero no algo que consideraríamos cruel.
Daniela aceptó el reto, hizo todas las escenas en una noche y yo las vi al día siguiente.

¿Probaste el resultado con los mismos niños?
Si, inmediatamente, y engancharon, sin yo tener que decir nada. Empezaban observando, y diciendo: mira, una niña, matando una hormiga,… ¿porqué con un lápiz? No, no la está matando, la está pintando. No, no la está pintando, la está atravesando… y así discutían. Ellos solos comenzaron a hacer preguntas, ¿qué le habrá hecho la hormiga antes? ¿La van a castigar?
Y luego también comenzaron a hacer juicios: Eso está mal… pues mi madre mató a un hormiguero entero el otro día …
Este diálogo no requirió mediación. Y luego intervine para organizar y ordenar un poco la discusión, pero me pareció que no había tenido experiencia similar con otros estímulos. Habíamos dado con algo que merecía la pena explorar, investigar y desarrollar.

¿En tus libros qué toma más importancia, el texto, la imagen o la mediación?
En un principio era sólo la imagen, sin textos. O uno muy pequeño a pie de página o que uno de los personajes estuviera hablando, para anclarlo a una idea, pero no tenía preguntas. Después, hablando con docentes me comentaron que les costaba mucho formular las preguntas a los niños, a partir de las imágenes. Pensamos en esta forma de incluir preguntas, sin que fuera una lista que tuvieras que leer de principio a fin. Por eso están en distintas direcciones, para que sea un poco más juguetón, y que puedas elegir en qué dirección quieres dirigir las preguntas.

Ahondemos en esto de poner la atención a las preguntas…
Creo que, en general, ponemos muy poca atención a las preguntas. No sólo las que hacemos a los niños, sino que las que nos hacemos a nosotros mismos también. No nos centramos en la calidad de la pregunta y porqué la estamos haciendo.
Se puede ver esto, en el mercado de los libros de Autoayuda. Muchas veces responden a una preguntan, pero no se cuestiona previamente si esa pregunta te interpela o no; es como si te entregasen una respuesta y listo. No reflexionamos si esa pregunta me dice algo a mi o no.
Con los niños esto se exacerba. Creo que hay un miedo a la pregunta, en varios sentidos. Uno es qué respuesta va a salir de ahí, si voy a poder controlarla, otra es el desafío de, simplemente, quedarnos en la pregunta un rato. Corremos siempre a la respuesta. Creo que el escuchar preguntas, y leerlas, y quedarse simplemente en ese aspecto es un ejercicio bonito, y literario. Es lo que hace realmente la literatura, genera preguntas que no contesta, y esto tiene mucho que ver con el gusto de la lectura. ¿Por qué nos gusta leer? Es porque un buen libro nos genera muchas preguntas y somos capaces de disfrutarlas, es una de las pocas veces que nos preguntamos algo y no corremos a contestar, sino que disfrutamos la pregunta.

En este tipo de libros, ¿es necesaria la mediación?
Creo que no. De hecho, nuestra intención al realizarlo es que no. Hemos hecho un esfuerzo muy grande porque nada de lo que se hable en el libro vaya dirigido al mediador, sino que todo vaya dirigido al niño. Creo que son libros que se pueden leer y disfrutar a solas. Dejarse inundar por las preguntas, o intentar contestarlas también mientras las estás leyendo. También es verdad que si te enganchas leyéndolo a solas, es más probable que vayas y lo compartas, porque son preguntas que remueven y que te apetece preguntar a otros.

¿Comienzas a trabajar a partir de una pregunta? ¿De una imagen? ¿Cómo se genera esta idea o escena que tu retratas?
El proceso de trabajo es el siguiente, con variaciones: pensamos en un tema que nos apetece abordar, vamos a coger por ejemplo Mundo Cruel.
Primero, yo lo que hago es sentarme y pensar en todo lo interesante y todo lo que se tenga que tener en cuenta cuando se piensa en la crueldad. Luego se genera un mapa temático conceptual, a partir de ahí me siento y hago muchísimas preguntas. Hago preguntas para cada concepto, pensando como niño, pero tratando siempre de formular la pregunta de manera que le interese a todos. Es decir, pienso en la pregunta cómo se la haría a un niño, o cómo le atraería a un niño, pero la vinculo para que al adulto también le diga algo.
Luego pensamos posibles escenas concretas que sirvan de disparador para una pregunta en concreto, o para un grupo de preguntas. Y hacemos pruebas, y vamos probando, muchísimas las desechamos, no funcionan, las probamos entre nosotras también. Luego vamos a talleres y las probamos con niños, de distintas edades, con adultos también; desechamos de nuevo. Hasta que al final decimos vale, estamos contentas con las escenas que se quedaron en el libro.

¿Cuál es la principal diferencia que ves entre las preguntas, o el análisis que realiza un niño con respecto a esta filosofía visual, a un adulto?
En cierto sentido, en especial el análisis, es sorprendentemente similar. Mucho más similar de lo que uno pensaría de antemano.
En las preguntas sí creo que hay diferencia. La formulación de las preguntas a los adultos les cuesta mucho; les cuesta pensar en preguntas que les vengan bien a ellos y están pensando en preguntas que les vendrían bien a los niños. El reto nuestro cuando trabajamos con adultos es ese: Deja de pensar en el niño, ¡piensa en ti! ¿Qué te da curiosidad a ti?.
Hacemos muchas veces trabajos con docentes, les proponemos hacer su propia caja de preguntas, desde cero. Un tema con el que trabajamos una vez fue el sentido de la vida. Hacemos todos juntos un mapa conceptual y cada uno tiene que ir aportando. Lo pasan fatal. Pero luego llega un minuto en que se desbloquean y les da mucho gusto porque pueden llegar a explorar el tema de verdad.
Los niños en cambio son menos rígidos. Pero hay que romper muchas barreras porque hay muchos vicios que se van adquiriendo en la escuela, con respecto a la pregunta. Cuando haces una pregunta normalmente no se “recoge”. No hay suficiente tiempo, no interesa, porque supuestamente no viene al caso. Tenemos que trabajar el interés hacia ellos cuando hacen una pregunta.

¿Crees que tus imágenes podrían usarse para trabajar con niños en una psicoterapia?
Nunca pensamos en eso, pero la verdad es que desde que lanzamos los libros, muchísimos psicólogos nos han contactado. Principalmente porque dicen que funciona muy bien para simplemente hacer hablar a los niños, para soltarles. Y como material de proyección también.

¿Crees que es más fácil abordar el tema de la lectura en los niños a través de libros como los tuyos que son más visuales que textuales? ¿Cómo ves que se comportan los niños con los que tu trabajas hoy con respecto a la lectura?
Nuestros libros tienen una ventaja, esa “entrada visual” porque permite un enganche más inmediato. Por ejemplo, yo utilizaba álbumes con los niños pequeños porque tienen la ventaja de que son cortitos y también tienen una complejidad interesante de explorar; un diálogo entre el texto y la imagen, pero aun así tardan entre tres a diez minutos leyendo el álbum. La filosofía visual para niños es muchísimo más inmediata, en el sentido de que miras la imagen como un posible instante de un posible cuento, que es también lo que buscamos. Que algo que esté pasando, que haya una acción, personajes, un posible antes y un posible después; un preguntarte por la motivación, por cuáles serán las consecuencias. Y eso, que posiblemente es un estímulo literario que te da un instante de una posible historia, entra de una forma muy rápida y permite enganchar y llevar al diálogo de la reflexión muy rápido, más rápido que un texto.
También es verdad que si trabajas con el mismo material las respuestas serán buenas. Es una cuestión de hábito. Con el proyecto yo quiero que, de vez en cuando, nos paremos a pensar, y que sea un hábito. Que nos detengamos a pensar durante media hora, una hora…

¿Lo que estás buscando es que la gente se cuestione?
Sí.

¿Qué estás buscando poner sobre la mesa al trabajar estos temas, como crueldad y libertad, que pueden ser tan controversiales? Sobre todo si se piensa que estás trabajando con niños, y que puede ser difícil tratar estos temas con ellos.
Por un lado, el foco en estos temas es una declaración de honestidad. Es decir, vamos a hablar de esto, y vamos a hablar de esto de verdad. Los niños están muy acostumbrados a recibir lecciones en cuanto a valores, de una determinada manera, con una corrección política espantosa.
La crueldad, por ejemplo, es un tema que nos inquieta, y que nos cuesta comprender de verdad, por eso es interesante. Si hacemos un libro sobre la bondad, la definición de ésta no será tan compleja, no nos cuesta entenderla.
Una forma de hacer despertar, cuando queremos llamar a reflexionar es provocando. No provocamos gratuitamente. Jugamos al borde, vamos probando y viendo.
La escena de los esclavos, por ejemplo, es la escena que a todo el mundo se le queda grabada, que le encanta a todo el mundo, quienes la ven eligen a cuál se llevarían a casa. Inmediatamente, cuando tú te metes en ese juego de elegir, permites que la reflexión posterior te toque mucho más.

¿Las imágenes provocan empatía en los lectores?
Te permite pensar en cosas horribles y decir: tranquilo, todos pensamos en eso.
Los niños no se abisman, les pasa todo lo contrario.

¿Qué futuros proyectos se vienen?
Bueno, en España ya se publicó Yo Persona que es una exploración de qué somos y quién somos, un poco a partir de comparaciones entre personas y robots.
Tenemos tres títulos más proyectados. El siguiente es sobre la realidad, imaginación y sueño y luego, el quinto será sobre la posibilidad, y el sexto será sobre el sentido de la vida, y se llamará Pero, ¿para qué?.
Estamos desarrollando también una línea para niños muy pequeñitos, sin texto ninguno, que juegan con variaciones de una misma escena.

Diego Arboleda y Eugenia Ábalos: Una Aventura Formidable

Las palabras, dibujos y risas dan forma al trabajo de este matrimonio chispeante, dedicado a la realización de libros infantiles. Él, uniendo palabras y dándoles un sentido, y ella, interpretándolas a través de sus ilustraciones. En todo este proceso, y sobre todo en el resultado, el humor es la clave.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

Para entender al escritor Diego Arboleda y su mujer, la ilustradora Eugenia Ábalos, no hacen falta más de cinco minutos. Ambos parecen tímidos, cautos, menudos. Al mismo tiempo chispeantes, despiertos, divertidos, hasta infantiles. De hecho, podrían ser perfectamente los personajes imperfectos de cualquiera de sus libros, cuya realización definen como una aventura formidable y en donde el humor es el elemento que acompaña de principio a fin.
Han ganado premios por libros realizados en conjunto, y Diego se ha hecho más conocido por su obra Prohibido Leer a Lewis Carrol, con la que ganó el 2012 el premio Lazarillo de Creación Literaria, y dos años después el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil español.
Más que un escritor, Diego se considera un Junta-Palabras, definición inventada por él y que refleja lo que le gusta hacer. Ella, intérprete gráfica de textos, más que ilustradora. Ambos coinciden en que en un libro es clave seducir al lector y hacerlo cómplice, en eso trabajan.

“Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.”

Cuéntenme sobre sus certezas al momento de trabajar en un libro.
Diego (D): No creo en las certezas absolutas, pero sí hay cosas en el trabajo que se repiten y que dan pistas. Una de ellas es que el éxito de un libro no está tanto en los autores, que éstos deben completarse con los lectores, ellos hacen gran parte del trabajo. Por eso, desde hace tiempo, que pienso en los autores cuando escribo. Me siento muy lejano de tener el conocimiento exacto de las cosas, y ahí creo que está la clave. Al fin y al cabo, ellos harán la mitad del trabajo.
Eugenia (E): Me defino más como intérprete que como ilustradora. Como dice Diego, me preocupa mucho el lector al que me dirijo, lo tengo en cuenta. Trabajo atendiendo lo que él quiere, más que lo que yo pienso libremente podría crear. Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.

¿Cómo es el lector al que se dirigen?
(D): : Es múltiple, no podría encasillarlo en un rango de edad, de hecho es uno de los problemas de mis libros. Los lectores sólo tienen que poder disfrutar la historia y luego enriquecer el texto. Cuando hago encuentros en colegios me topo con niños de 9 años, de 14 … Después viene un adulto y me dice que le ha gustado el libro. Llegar a gente tan distinta es un elogio.
(E): Depende del libro. Trabajo en una librería, entonces intento imaginar el tipo de libro que mira el lector de la edad a la que me tengo que dirigir. Tic Tac por ejemplo, el texto es muy amplio, pero creo que la ilustración ha quedado muy infantil, pero la elogian chicas juveniles entonces es muy variable.

Han recalcado que no les interesa hacer libros perfectos…
(D): Antes que escritor, fui lector. Leyendo me di cuenta que muchos libros considerados clásicos tenían situaciones o estructuras imperfectas. Ejemplo: las obras maestras Las Brujas y Matilda que ha creado Roald Dahl, en las que el punto de mayor interés recién aparece en la mitad del libro. Eso es porque la estructura no es perfecta. El autor lo hace para crear complicidad, para provocar risas e interés.
No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa. Debe ser que somos muy imperfectos nosotros también. El concepto es relativo, muchas veces vemos personajes imperfectos que nos encantan, entonces a lo mejor nuestro concepto de perfección es erróneo. Si nos encantan, no pueden ser tan imperfectos.
(E): En la ilustración es lo mismo. A veces exagerar una perspectiva, o torcerla , o hacer un personaje demasiado cabezón; esa imperfección es una manera de llamar la atención, y a mí me gusta. Creo que no soy para nada una ilustradora perfecta, de hecho no me encasillo en algún estilo, lo que puede ser bueno o malo. Quiero estar contenta con mi trabajo, con que ha quedado bien, redondo. Con mi último trabajo, de hecho, he quedado contentísima, y curiosamente no tiene nada que ver con LIJ. Ha sido la cubierta para un ensayo sobre escritoras españolas de la pos guerra, tuve que ilustrar a tres de ellas Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. Ha sido una experiencia muy buena y tiene mucho de esa imperfección que hablamos.

“No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa.”

¿Es el acercamiento a lo imperfecto, el guiño que hacen a sus lectores, para lograr la complicidad que buscan?
(D): Está directamente relacionado. La mayoría estamos más cerca de la imperfección que de la perfección, y me alegro porque de otra forma sería todo más aburrido. Esa es una de las maneras de enganchar, pero además, les va a resultar siempre más cercano a los que leen. Por eso es bueno exagerar los defectos de los personajes. Cuando tú tomas un rasgo y lo exageras, todo lector con esa característica, o tenga a alguien alrededor con ese defecto, se sentirá identificado. Es una forma de acercar a los personajes. Con esa cercanía puedes crear la mayor de las locuras.

¿Porqué creen que el libro Prohibido Leer a Lewis Carrol ha ganado tantos premios?
(D): Todos los premios han sido una sorpresa para nosotros. De hecho, al único premio que yo me presenté fue al Lazarillo, que fue el primero que ganó.
No tengo muy claro porqué ha recibido tantos premios, pero sí creo que es un libro en el que hemos conseguido esa complicidad con el lector que siempre busco. Probablemente ayudó también la temática, partiendo por el título, que facilitó llegar a un público más amplio que el español.

(E): Me parece que está muy bien escrito y es muy original. Más allá del premio al que postuló, los demás han sabido ver esa originalidad.

Les gustan los cuentos clásicos, ¿cuáles son los que más les gustan o inspiran?
(D): Yo te puedo aburrir con esta respuesta.
Distingo entre obras clásicas, que ahí está Alicia y demases del estilo y los cuentos tradicionales. Los de los hermanos Grimm, Andersen, que provienen de la tradición oral. Eso me interesa muchísimo.

(E): Alicia es Alicia.

¿A quién le darían el premio Andersen?
(D): Me voy a hacer el estupendo con la respuesta. Se lo daría a uno de los grandes genios que existe y está vivo todavía. Se llama Francisco Meléndez. Es un ilustrador excepcional, conocido por esta faceta, y es además un escritor genial. Un tipo que ganó muchos premios en su momento, llegaron a comprarle los derechos en Disney para hacerle una película, y luego desapareció del panorama. Cuesta mucho encontrar sus libros.

(E): Estoy de acuerdo con Diego y si seguimos con ese toque sentimental de reconocimiento y tuviera que decir a alguien, me atrevería a nombrar a una: Laura Gallego. Mueve masas, capta lectores una y otra vez con libros que ya tienen un montón de tiempo y siguen gustando.

(D): Hay un punto de debate en estos grandes premios. Creo que todos los que se lo ganan lo merecen, sin duda. Pero a veces cuando se premia a un autor, por así decirlo, de masas, parece que el premio perdiera prestigio, y creo que está mal.
Los booktubers por ejemplo. Están directamente relacionados con Harry Potter que provocó el terremoto de un tsunami que estamos viviendo ahora. En su momento a J.K. Rowling le dieron el Príncipe de Asturias de las Letras, esto fue muy criticado. Bueno pues, creo que su influencia en toda una generación de personas que se han apasionado por la lectura es importantísima. En ese sentido, un premio entregado a una Laura Gallego no me parece una locura.

¿En qué estás hoy Diego?
(D): En dos proyectos, uno con Eugenia, una novelita breve infantil y terminando otro libro con Raúl Sagospe, que está bastante avanzado. Él está dando los últimos retoques a la ilustración. Se llama Elio, una Historia Holográfica y trata sobre los comienzos del cine.

¿Cuál es la diferencia entre la lectura que consumieron ustedes cuando niños y la lectura que se está viviendo hoy?
(D): Veo grandes diferencias, y no sólo en la estética, que por supuesto incluye hoy a la ilustración. Creo que hoy existe una variedad y una calidad superior que la que existía cuando yo era pequeño, en cuanto a libros y autores. Yo devoraba libros y hay muchos que no recuerdo, y creo que la calidad de la edición era inferior.
Así que creo que la principal diferencia es la calidad y variedad del producto final; el trabajo editorial. Vivimos un muy buen momento de la literatura infantil.
Pero hay una cosa en la que si creo que hemos retrocedido. Es en la valentía del mundo editorial para publicar obras transgresoras. Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda, por ejemplo; ahí creo que hemos retrocedido. Y cuando digo hemos me culpo también, a todos los que nos movemos en este ámbito.

(E): Los contenido si han cambiado, y es por el lector. Nosotros a los ocho años no teníamos la misma exigencia que los niños tienen hoy.
Creo que, en general, el mundo que rodea a los niños de hoy, los motiva más y les da más información de la que teníamos nosotros, eso influye en lo que ellos quieren leer. De otra forma se aburren.

“Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda; ahí creo que hemos retrocedido.”

Alicia Hoffmann: “Me gusta hacer libros que permiten a los niños interesarse en la observación de la naturaleza”

Médico de profesión, al poco tiempo de titulada cambió su rumbo y descubrió que lo que quería era estudiar la naturaleza y cómo esta se relaciona con las personas. La ecología se ha convertido en su gran pasión. Pronto se dio cuenta de que hacer libros para niños y adultos sería su camino para transmitir la importancia de conocer y proteger el entorno. Aquí, nos transmite su disfrute al estudiar el planeta.

Por Magdalena Palma, directora ejecutiva de Fundación Había Una Vez

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Alicia Hoffmann, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad, escritora e ilustradora de libros de ecología

Legar a entrevistar a Alicia a su casa, comunica tanto como sus libros. Alejada del ruido en la Comunidad Ecológica de Peñalolén, vive como en el campo, rodeada de un frondoso jardín lleno de especies que han ido recolectando con su marido. se mezcla un chagual a punto de florecer, con el aroma de las fresias, el vaivén de unas suculentas voladoras que cuelgan de un añoso árbol y unas codornices que caminan por el jardín, haciéndose espacio entre los perros. sobre la mesa, unas ilustraciones de animales y aves recién terminadas para un próximo proyecto. El tiempo parece detenido en este mágico lugar, pero Alicia no se detiene nunca. Está llena de planes en marcha relacionados con su gran pasión: la ecología.

monito3Ilustración de Alicia Hoffmann

Forma parte del Instituto de Ecología y Biodiversidad, una corporación de institutos de investigación de ecología dependientes de las universidades de La serena, santiago (Católica y de Chile), Concepción, Valdivia y Magallanes. trabajó haciendo talleres de ciencia para niños que, liderados por Bruno Phillipi, se abrían lugar en distintos colegios como una actividad muy solicitada. Ahí fue donde descubrió que a los niños les encantaba la iniciativa: “los niños me esperaban en la puerta, ansiosos por empezar el taller. De hecho, una niña me dijo una vez que los talleres eran lo mejor que le había pasado”. Pero a los 6 años se cansó y, como una aparición divina, “pensando en mi futuro, en qué iba a hacer, se nos ocurrió hacer libros para niños”. Así empezó su largo camino por la fusión del estudio científico y la manufactura de libros, que ella misma ilustraba manualmente a partir de fotografías. Una vez publicado el primero, Aves de Chile (rIL, 2000), fue perfeccionando la fórmula y diseño hasta producir libros de gran calidad informativa y estética. Años después, El Alerce, bajo el sello de Amanuta, recibió la Medalla Colibrí, distinción de Ibby Chile y el Centro Lector Lo Barnechea, por ilustrar y dar cuenta del desarrollo histórico del alerce en Chile. Más tarde, todos sus libros, salvo este, los ha ilustrado ella, a mano, con lápiz y pluma, en base a fotografías.

“Los niños me esperaban en la puerta de su clase, ansiosos por empezar el taller de ciencia”

¿Cuál es su verdadera pasión? ¿La investigación o el dibujo?
-A mí me gusta hacer cosas. Me gusta estudiar. Y los libros me han permitido eso. Libros que no son parte del currículum, pero que amplían o complementan los temas que estudian los niños, con la idea de interesarlos en la observación y en el estudio de la naturaleza y la ecología, en las relaciones positivas y negativas de las personas con lo que las rodea.

Pero esto debe haber sido muy pionero porque antes la ecología no era tema…
-Es cierto que el interés por la ecología ha au- mentado mucho en los últimos años. En el apuro de que todo lo que está pasando, el daño que se le está haciendo al planeta, hay más conciencia y se hace necesario vivir en forma más ecológica.

¿Cómo ha sido este camino?
-Mi primer libro en esta línea fue Aves de Chile (2000). Era un libro sencillo porque es una página por cada especie. Cada una es un tema en sí. No hay otro libro en Chile en el que exista tanta información de cómo viven, cómo comen, cómo hacen sus nidos las aves, además de que se incluye mucho dato de cada especie. Pero hay que decir que ninguno de estos libros los he he- cho sola: siempre se hace en equipo, en el que se incluye un ecólogo y un especialista porque cada uno aporta lo que sabe. Ahora, al equipo se incorporó un ingeniero y una diagramadora editora. Ecología del agua, por ejemplo, tuvo un mejor diseño. Este libro fue elegido en el programa de difusión de apoyo a los niños del Ministerio de Educación, entidad que compró 246.000 libros, lo que fue un ingreso importante para el Instituto, pero sobre todo, un auténtico éxito para nosotros, un reconocimiento, ya que sus contenidos lo hacen importante.

“Estos libros funcionan porque están hechos con ejemplos de animales y plantas que existen de verdad, lo que les abre el mundo a los niños con una visión más amplia”

¿Por qué cree que funcionan estos libros?
-Este y el resto de los libros funcionó porque están hechos con ejemplos de animales y plantas que existen. son libros integradores. Estas informaciones les abren el mundo a los niños, con una visión y un conocimiento más amplio y de una forma más entretenida que la que sale en los textos escolares. Por ejemplo, incorpora fórmulas que permiten comparar las imágenes del mismo arbusto tanto durante el invierno como en el verano. o comparar a distintas plantas en diferentes zonas del país.

¿De dónde viene ese gusto por conocer este mundo que nos rodea?
-soy doctora pero ejercí en el hospital san Juan de Dios solo 6 meses y no lo resistí. En ese tiempo oí que venía un profesor alemán a organizar un instituto de investigación en botánica. Y me dije: “¡eso quiero hacer yo!”. solo tenía que cruzar la calle para poder hablar con aquel profesor, al que me imaginaba como Darwin, pero que era mucho más joven. Así, renuncié al hospital. El placer por este mundo es de familia. Vivíamos junto a la familia de mi prima, Adriana, ocho años menor que yo. salíamos de paseo con mis tíos, de excursión a la cordillera. Ellos sabían mucho de naturaleza, les interesaba todo. sabían mirar y admirar. Mi padre era más bien práctico: le gustaba y sabía mucho, pero ellos eran además, soñadores. En la familia, todos dibujábamos. La Adriana pintó durante mucho tiempo; mi hermano era un estupendo dibujante (¡y dibujaba de memoria!). Mis cuatro hijos también han pintado en alguna ocasión y entre mis nietos también hay varios artistas.

¿Cuáles son los grandes mensajes que te gustaría transmitir?
-Ahora estamos trabajando con problemas referidos a la relación del hombre con los eco- sistemas y los efectos positivos y negativos que ejercen las actividades humanas sobre dichos ecosistemas. En caso de tratarse de influencia negativa, el foco está en transmitir qué se puede hacer para compensarla o disminuirla. Ese es un foco bien directo en el libro que estamos haciendo ahora. Pero, sin duda, lo más importante es aprender a apreciar la belleza de las cosas y las relaciones ecológicas que existen entre ellas; las relaciones entre animales y plantas; las relaciones entre polinizadores y dispersores de semillas; los depredadores… en fin, todo lo que hacen los seres vivos para relacionarse entre sí y cómo las personas hacemos uso de la naturaleza en nuestro favor, y también cómo le producimos daño y cómo deberíamos aprender a reparar el impacto.

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Ilustración de Alicia Hoffmann

¿Cómo llega uno hasta las generaciones más jóvenes?
-A mí me gusta hacerlo a través de los libros. Hay una tendencia muy fuerte a leer en ebook, pero el poder transmitir el gozo que uno siente al hacer un libro no tiene comparación. Por ejemplo, un árbol puede inspirarnos para contarle a un niño o a un adulto sobre cómo funciona ese árbol. El aspecto estético de las cosas y de conocer cómo funciona aporta mucho, porque es lo que más cariño expresa. Por otra parte, el ejemplo de cómo viven tus padres y la gente que te rodea es muy importante.

¿Hay un boom de libros de naturaleza?
Hoy hay muchísimo más interés por los libros de naturaleza, pero no todos ellos se compran demasiado. Es decir, en las librerías no tienen mucha venta. En mi caso, el que más se vende es Aves de Chile, ya que hay un interés directo por reconocer cuáles son las aves que se pueden ver, por describirlas y adquirir más información acerca de ellas y de sus hábitos. Pero debe ser muy estrecha la colaboración entre la ilustración y la información. si fuera solo texto sería aburrido; si solo fuera ilustración, creo que el libro quedaría cojo.

¿Qué opina de cómo se está desarrollando el mundo de la ilustración de naturaleza?
Hay mucho, muchísimo trabajo y bueno. se están haciendo unos dibujos preciosos. también creo que se está intentando hacer más atractivos unos temas que son muy interesantes, pero que quizá no han logrado transmitir su importancia si no están acompañados de una bonita estética. Por eso, la tendencia es a poner especial dedicación a la ilustración en este tipo de libros.

¿Cuáles son los grandes temas ecológicos que interesan a Chile?
No soy una voz autorizada para hablar de estos temas, pero uno de los asuntos que me preocupa personalmente es que la educación está carente de un enfoque hacia lo que es nuestro. Y esto lo digo en el sentido de que sería muy positivo educar para conocer y aprender a cuidar, para después poder saber cómo evitar que se destruya parte de la naturaleza. En la actualidad, en los colegios no se enseña lo de aquí, no hay identificación propia, y solo se expone el tema de manera muy universal, muy general y amplia. Esto resulta ser muy anónimo. Mi orientación -que es la misma orientación que tiene el Instituto- es la de estudiar las relaciones ecosistémicas aquí, en nuestra tierra, estudiar nuestra fauna y nuestra flora. El siguiente paso es enseñarlo también a los demás (a los niños y adultos) y despertar el interés, el cariño y el saber que todos podemos hacer algo por solucionar los problemas ecológicos que azotan a nuestra naturaleza.

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Ilustración de Alicia Hoffmann

Cuéntenos de su próximo libro que trata sobre minería y ecología.
La minería tiene muy mala imagen en cuanto al medio ambiente. Pero lo cierto es que Chile es un país minero. De hecho, el cobre es la fuente más grande de ingreso. El nuestro es el país que tiene más reservas de cobre en el mundo. Es decir, el cobre va a seguir siendo necesario y es inevitable que Chile siga comprando y vendiendo cobre. Leí el otro día que en los próximos años la mitad de la producción del cobre nacional se ex- traería entre la IV (La Ligua) y la VI región (rancagua). Eso repercute en una enorme alteración en los ecosistemas. Lo único que podemos hacer es enseñar a los mineros lo mismo que se les ense- ña a los niños. Por eso, el libro tiene una parte de economía y otra, de la historia de la minería, des- de cuándo empezó el hombre a trabajar la piedra para hacer puntas de flecha, por ejemplo, de cómo se descubrieron los minerales y la historia del cobre en Chile, desde los pueblos precolombinos hasta el siglo XX, con la gran minería. que la gente conozca con dibujos, fotografías, gráficos cómo se ha ido expandiendo interesa mucho. Y, al mismo tiempo, que se vea cómo afecta a las comunidades del altiplano, el uso excesivo del agua, su contaminación junto con la del suelo y el aire. Pero es necesario aprender a manejarlo, a disminuir en lo posible este impacto negativo. ésta es la idea de hacer el libro. si bien las minas producen un impacto ecológico importante, hay formas de manejarlo y deben preocuparse de las comunidades locales. Hasta 1960 no había conciencia de que la minería producía daño. Los relaves y residuos se tiraban al mar, al desierto y así pasaba. solo desde entonces empezó a conocerse. Y esto se ha disparado en los últimos años.

¿Cómo es su relación con la lectura?
He sido muy lectora siempre. Me gusta mucho estudiar. Mi libro clásico es Confieso que he vivido, de Pablo Neruda, con una linda descripción de los bosques del sur.

Publicado en RHUV Nº25

Sara Bertrand: “No creo que exista la literatura juvenil”

En lo que va del año, la escritora Sara Bertrand ha presentado dos libros que sobresalen en el ámbito editorial nacional: Álbum familiar y No se lo coma. Mientras cosecha elogios y construye una sólida carrera literaria, la autora habla de su relación con la escritura, la fotografía y la infancia, y, de paso, aprovecha de borrar una que otra frontera.

Por María Isabel Molina

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Sara Bertrand, periodista y escritora.

Hace dos años, participé en una serie de encuentros de escritores e ilustradores con escolares. En ese contexto pude ver a Sara Bertrand ante un público compuesto únicamente por inquietos preadolescentes. Los jóvenes habían leído su novela Ejercicio de supervivencia y preguntaban sobre el libro, pero también sobre su vida. Fue un diálogo que se prolongó ante el creciente interés de una audiencia que no se deja seducir fácilmente. La sesión terminó con firma de libros, selfies grupales y muchos abrazos.
Con esa mezcla de talento y carisma, la autora ha logrado, en los últimos años, conquistar a la crítica literaria y al lector, tanto en Chile como en el extranjero. Desde sus iniciales cuentos para niños y novelas juveniles a su más reciente Álbum familiar, Sara Bertrand, lectora de mujeres “rockeras” como Lydia Davis, Sylvia Plath, Inger Christensen y Louise Glück, ha recorrido un camino que evidencia la seriedad e intensidad con que desarrolla su oficio.

Primero, literatura infantil y juvenil, y ahora de adultos. ¿Cómo enfrentas al lector?
Uno no enfrenta al lector, sino que, al escribir, propones una conversación más o menos significativa para él. En ese sentido, las historias de aventuras con las que debuté en la literatura infantil fueron escritas sin más pretensión que entretener a mis hijos; mi conversación estaba anclada en mi propia maternidad. Una vez que mis hijos crecieron, comencé a escribir más apegada a los temas que me inquietaban y esta etapa, podría decir parafraseando a Borges, ha sido un jardín de senderos que se bifurcan en donde las fronteras de lo infantil, juvenil y adulto se vuelven difusas.

Cuesta hablar de géneros, rangos etarios o literaturas con apellido…
De hecho, a mí ni siquiera me gusta hablar de “lectores” porque me suena a rebaños. El lector, cualquier lector, es una persona que busca, que se da tiempo para detenerse y permitir que otro sujeto, el escritor, le hable al oído. Entonces, es una relación que merece respeto, cierta reverencia, pero además genera tantas posibilidades como libros y personas existen. Por eso, no creo que uno deba guiar por rango etario a nadie, más bien, tener la suficiente calidez y empatía como para comprender cuál es la conversación que le significa a la persona que tengo al frente. En eso, los niños son sumamente sanos e intuitivos. Pueden pasarse leyendo un mismo libro durante meses, hasta que un día, cambian de tema y pasan a otro libro.

“Al escribir, propones una conversación significativa para los lectores; escribí mis primeros libros sin más pretensión que la de entretener a mis hijos, ya que mi conversación estaba anclada en mi maternidad”

Los personajes de tus libros suelen estar conectados con su entorno y participan de él. ¿Son un reflejo de la generación actual?
Quizás tenga más que ver con el hecho de que durante mucho tiempo tuve la ilusión (o utopía) de que nosotros, los jóvenes que fuimos, podíamos cambiar el mundo, que efectivamente nuestros movimientos llevarían a derrotar a Pinochet y que la pobreza y la desigualdad no sería ese estigma con el que cargamos históricamente. Pero, luego, me di cuenta de que la Historia, así con mayúscula, es un engranaje complejo y que las resonancias de los movimientos particulares son tan mínimas, que no te queda más remedio que dejar de apelar a las grandes causas para detenerte y actuar en lo que te circunda: tu propio entorno.

“No me gusta hablar de los lectores como un rebaño. El lector, cualquier lector, es una persona que busca y que se da tiempo para detenerse y permitir que otro sujeto, el escritor, le hable al oído”

Otro elemento al que recurres en tu escritura es la fotografía, que también es un nexo con el lenguaje juvenil. ¿Cuál es tu relación con ella?
La fotografía ha formado parte del lenguaje familiar desde los tiempos de mi bisabuelo, Julio Bertrand Vidal. Mi padre era un gran fotógrafo, aunque no llegó a publicar como mi bisabuelo y eso, de algún modo, te da cierta mirada. Aprendes a detenerte. Me parece que es un formato de mucha potencia, porque una imagen que se captura es, al mismo tiempo, un testimonio; pero también, soterradamente, un anhelo: el deseo de capturar una emoción, una forma de ver el mundo.

Tanto en Álbum familiar como en La casa del ahorcado la imagen de la “patota” aborda la identidad individual ligada a un colectivo. ¿Cómo construyes narrativamente estos grupos de niños?
Pienso que tiene que ver con mi propia experiencia de infancia: me tocó crecer junto a mis primos. Entonces, es un registro al que accedo con facilidad y en el que me muevo con gusto. Por lo mismo, intento no abusar de él, sino solo cuando es necesario, cuando la historia lo requiere. Pero, claro, es indiscutible que a una edad, precisamente cuando comienza la pubertad, son tus pares los únicos referentes válidos, y en ese sentido, la “patota”, el grupo de amigos, la pandilla o como quieras llamarla, es lo que te acompaña a crecer y te ayuda a definirte también.

SARA-BERTRAND

Álbum familiar comenzó como una novela juvenil pero, por sugerencia de la editorial, pasó al ámbito de los adultos. ¿Tuviste alguna señal de este proceso?
El problema es que yo no creo que exista la literatura juvenil. Entonces, de algún modo, sigo sintiendo que Álbum familiar puede, perfectamente, ser leída por jóvenes. La decisión editorial pasó más que nada por ampliar el público de la novela, porque es una novela que funciona para adultos y jóvenes, y en ese sentido, para la editorial Planeta, era mejor que saliera por un sello como Seix Barral.

Junto a Álbum familiar hiciste No se lo coma (con el ilustrador mexicano Alejandro Magallanes), donde hay otro grupo de niños. ¿Es la infancia un territorio cambiante o crees que hay elementos que perduran en el tiempo?
Creo que la infancia es un espacio con el que conversaremos a lo largo de toda nuestra vida y, claro, que hay cosas que se repiten y otras cambian. Los niños de hoy tienen acceso al mundo por un tablet, eso les da otra perspectiva que la que tuvimos nosotros, pero les dona cierto nihilismo. Cuando le pregunté a Violeta, una de las niñas que aparecen en el libro, cuánto tarda en descubrir algo, ella me contestó que, en estos días, uno se demora toda la vida, porque ya está todo descubierto. Esa certeza del mundo como algo conocido, es algo que yo no tuve cuando era chica.

“La infancia es un espacio con el que conversaremos toda la vida; hay cosas que se repiten y otras que cambian, ya que los niños
de hoy tienen más acceso al mundo, lo que les da otra perspectiva”

También podríamos decir que tus libros salen “en patota”. Cuéntanos qué viene ahora para Sara Bertrand…
Sí, suelo trabajar en proyectos paralelos porque tengo la neurótica idea de que el proyecto en el que estoy será el último que haga, que pondré el punto final y nunca más escribiré. También, porque muchas veces me siento atascada, me parece que no avanzo y, entonces, le doy vueltas al tema en otro registro. Pasa como con los hermanos que se acompañan a crecer. Mis libros también tienen hermanos de nacimiento. En ese sentido, Álbum familiar, efectivamente, es hermano de No se lo coma y de La mujer de la guarda que sale en Colombia, editado por Babel y de Afuera, los fantasmas, que sale en España, por la editorial A buen paso.

Álbum familiar, Seix barral 2016
PORTADA ALBUM FAMILIAR_IMPRENTA
No se lo coma, Hueders niños 2016
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Publicado en RHUV Nº24

Constanza Mekis: “El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos”

Durante 22 años estuvo a la cabeza de uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito del fomento lector nacional: dotar a los establecimientos educacionales de las más atractivas colecciones infantiles y juveniles. Por sus manos han pasado cientos de libros y ha observado de cerca los cambios de la escena editorial. Conversamos con Constanza Mekis, hasta hace unos meses coordinadora de las bibliotecas escolares CRA, sobre el devenir de la edición de literatura infantil y juvenil en Chile y el amplio panorama al que se enfrentan hoy los profesionales del sector.

Por María Isabel Molina

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Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

En su comedor hay decenas de fotografías de escritores. Todas del mismo tamaño y perfectamente enmarcadas. Con esa misma mezcla de prolijidad y regocijo, Constanza Mekis aborda los temas relacionados con el fomento lector, los cambios en la calidad de las publicaciones chilenas y las transformaciones en las prácticas de la lectura de los niños.
En su rol de coordinadora de las bibliotecas CRA (Centros de Recursos del Aprendizaje), cargo que dejó recientemente, fue una testigo privilegiada de los cambios editoriales. Conversamos sobre editores, libros, ilustración y lectores.

A muy grandes rasgos, ¿ha cambiado la edición infantil y juvenil en los últimos 15 a 20 años?
Rotundamente, sí. Ha habido un cambio sideral en cuanto a las formas de leer, al acceso del libro y a la valoración del objeto libro. En los años noventa lo que presentaban algunas editoriales en Chile eran obras clásicas, que año a año se reeditaban. Estoy pensando en autores tradicionales como Coloane, Marcela Paz, Baldomero Lillo o lo que hacían Zig-Zag o Pehuén, en ese momento. Eran colecciones muy básicas: la materialidad de las ediciones no iban a la conquista del lector, a pesar de que tenían contenidos muy interesantes. En 10 a 12 años ya se vio un gran cambio: las editoriales dijeron “aquí estamos y tenemos que hacer un cambio”, que vino aparejado de nuevos factores y nuevos actores.
Mekis distingue en ese panorama tres momentos: uno que inicia Amanuta, con sus colecciones ilustradas, otro con Pehuén, editorial ya establecida pero que hace un fuerte giro y un tercer momento, con la aparición de sellos como Hueders, Letra Capital, Grafito, Confín, Gata Gorda… “Hoy hay apuestas muy claras y precisas con respecto a posicionar el libro álbum, de darle una fuerza al cómic. Ha sido muy interesante el proceso hacia el campo patrimonial u otros géneros, como el libro más visual y existe hoy un posicionamiento más fuerte de la ilustración”.
Sin embargo, este gran desarrollo no ha sido del todo parejo. Unos campos han crecido más que otros. “Se nota la supremacía que ha tenido el campo de la ilustración versus el campo narrativo: ahí tenemos una deuda y estamos debiendo nuestra riqueza de las palabras, de las ideas”.

Al comenzar, ¿revisaban catálogos extranjeros?
Claro. Sobre todo lo proveniente desde España, con apuestas de editoriales emergentes, que conseguían derechos y hacían buenas traducciones de obras francesas o alemanas que estaban en boga y podían llegar a Chile. Vimos cómo se iba poblando de materiales de calidad y la pregunta era ¿por qué esto que llega desde fuera no hacerlo desde acá? Y hoy, a pesar de que no ha cambiado el predominio extranjero en cuanto a las colecciones, ya se puede notar cierto equilibrio.

¿Y cómo fue tu proceso como lectora cuando te encontraste con estos libros?
Fue una grata sorpresa. Uno aplaudía estos libros que sorprendían tanto en la factura de tapa dura, que no se deshojaran, como en que no eran de papel roneo sino de papel de calidad. Porque antes todo era paupérrimo: las ilustraciones eran en blanco y negro porque, claro, era muy costoso.

¿Sabían ustedes de lo importante que sería el CRA y el rol que iban a jugar en la edición?
No, no fuimos conscientes de que estábamos insuflando algo tan extraordinario alrededor. Existía la necesidad de tener un catálogo robusto en distintas áreas y poco a poco las editoriales nos fueron acompañando. Primero hubo una conciencia editorial de responder y después, desde una respuesta básica, ellos mismos, al verse beneficiados fortalecieron su propia mecánica al entregar mejores libros. Era un engranaje o máquina creativa que se fue abriendo e invirtiendo, porque a su vez hizo eco en el mundo de los ilustradores. Se creó un círculo virtuoso.

¿Se posicionan en el mundo editorial formatos o contenidos en desmedro de la diversidad?
Creo que la gracia de toda esta evolución -o revolución- del campo editorial es que nos aproximamos a una diversidad de propuestas. Pero, depende. Porque ¿cómo hoy los libros nos muestran la diversidad de la familia, por ejemplo? Ahí no está tan presente esta diversidad. Por otra parte, en un momento se dice “ah, se necesitan leyendas”, y vamos todos con la leyenda. Ahora está la locura del libro informativo. Todavía hay una reacción a lo que se necesita y no una reflexión sobre cuáles son los grandes vacíos que existen en nuestro desarrollo editorial, un estudio profundo o un análisis en cuanto a temáticas, géneros, materialidad. Nos falta mayor conciencia de lo que producimos y lo que necesitamos.

¿Cómo reaccionan los establecimientos?
Hay un tremendo desafío porque hemos visto que desde la escuela eligen lo tradicional. ¿Cómo producir ese encantamiento para que ellos se entusiasmen por algo que no conocen? ¿Qué profesores están hoy capacitados para trabajar el cómic desde sus propias disciplinas? ¿Ven la potencialidad de este u otro lenguaje o está deshabitado el profesor en cuanto a las prácticas y didácticas de estas nuevas formas de leer?

Eso nos lleva a hablar de cómo el desarrollo editorial va acompañado de la lectura…
Exactamente. Y es ahí donde uno debiese poner la mayor cantidad de inteligencia, colaboración, aportes del extranjero y de creadores nuestros para llegar al corazón de la escuela y a la red de profesores con estas nuevas formas de leer. Y, si bien es cierto, los coordinadores y encargados CRA han tenido un conocimiento, eso “no hace verano” cuando tienes un grupo de alumnos y profesores que requieren encantarse con estas temáticas y construcciones tan diversas de hoy.

“Uno debiese poner la mayor inteligencia, colaboración y aportes de nuestros creadores para
llegar al corazón de la escuela y a la red docente con estas nuevas formas
de leer ”

¿Y si ahondamos en las prácticas de la lectura?
No le podemos pedir a este ciudadano que sea lector crítico y autónomo si tenemos una familia que no cuenta todavía con las herramientas culturales; porque leer no es solo leer un libro, sino leer una obra de arte o el cine o el mundo natural; entender la música, enfrentar una fotografía o entender la visión del autor en su contexto.
No obstante, hay factores de género que se han modificado: hoy podemos ver al padre llegar a leer; antes iba directo a ver la tele. Que la mujer cuente historias a los hijos, es más tradicional, pero hoy eso también lo hace el padre y me parece interesante como transformación cultural.

¿Cuáles serán los desafíos para las editoriales?
Los sellos se han focalizado en la ficción y hay que generar una producción de no ficción. Y ahí son otras inversiones. Pero los sellos también se han dado cuenta de las necesidades del lector, en que se cruzan el campo de la ficción y no ficción de una manera natural. Hay que engarzar ambos mundos: al lector le gustan la magia, el fútbol, la cocina, pero también la poesía y lo onírico.

En el ámbito actual de la edición, se habla de la autoedición o que faltan miradas regionales.
Ahí está el gran juego de la diversidad, que sea más inclusivo y las regiones se vean fortalecidas. En los extremos de nuestro país, tanto en Punta Arenas como en el Norte, he visto ediciones interesantes. Pero debiesen existir fondos regionales para creación de editoriales en distintas zonas.

¿Cuál es tu sueño para esta sociedad lectora?
Más que nada lo que genera la lectura, que es tener conciencia del otro. Si tenemos eso en nuestro caminar es porque hemos visto, conocido y nos hemos sensibilizado con los que piensan los demás. El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos, tienes opinión, fundamentación y se te abre el corazón. Sería extraordinario que esa capacidad surja desde la escuela, la familia, el campo social para tener una sociedad digna.

Publicado en RHUV Nº23

María Teresa Andruetto: “El lenguaje es la mayor construcción de la cultura”

Ganadora del prestigioso Premio Hans Christian Andersen 2012, la escritora argentina María Teresa Andruetto conversó con HUV sobre sus inicios en el mundo de las letras, su dilatada trayectoria y los principales lineamientos de su obra.

Por Bernardita Cruz M.

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Ilustración de Consuelo Moreno
https://www.flickr.com/photos/consuelomorenod/

“Creadora de libros sensibles, profundos y poéticos con una clara base literaria”. Así describió el jurado del Premio Hans Christian Andersen a la escritora argentina María Teresa Andruetto, la primera mujer de habla hispana en recibir uno de los reconocimientos más prestigiosos de la literatura infantil y juvenil. El galardón se entrega cada dos años y distingue a un autor por el conjunto de su obra.

Cuando recibió la noticia, ella estaba en su casa, devolviendo la vajilla que había arrendado para el matrimonio de una de sus hijas. “Me sorprendí, me asusté también y lo llamé a mi marido; le pregunté si podía dejar el trabajo y regresar a casa”, recuerda.

Autora de numerosos libros para niños, jóvenes y adultos, María Teresa lleva más de treinta años interviniendo en el campo de la literatura infantil –trabajó en la formación de maestros, fundó centros de estudio y revistas especializadas, dirigió colecciones y participó en planes de lectura– y es conferencista habitual en todo tipo de actividades del ámbito literario.

Entre sus títulos más destacados de LIJ se cuentan El anillo encantado, Huellas en la arena, La mujer vampiro, El País de Juan, El árbol de lilas, El incendio, Solgo, Miniaturas, Stefano y Veladuras.

Desde el pequeño poblado de las Sierras Chicas, a 40 kilómetros de la ciudad de Córdoba, donde vive en un terreno grande con una pequeña huerta y algunos animales, María Teresa conversó con Había una Vez.

¿Cómo fue su relación con los libros en la infancia? ¿Fue una niña muy lectora?

Sí, una lectora voraz, que se internaba en libros, periódicos, fotonovelas, papeles sueltos… ¿Mis libros favoritos? Fueron distintos según las épocas: cuando era muy pequeña, Las aventuras de Tom Sawyer, Corazón, Pinocho, las biografías de San Francisco de Asís o de Santa Teresita de Liseaux; después, ya más grande, hacia los 12 o 13 años, descubrí la literatura argentina, el cuento rioplatense, y me fascinó. También leí de chica mucha poesía: Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, poetas patrióticos como Olegario Andrade, más exóticos como Rabindranath Tagore, o poetas de choque como Almafuerte. No siempre entendía lo que querían decir, pero me gustaba leerlos en voz alta, escuchar cómo sonaban…

¿Escribía de pequeña? ¿Recuerda cuál fue la primera historia que quiso llevar al papel?

De chica, 8 o 9 años, adquirí el vicio de inventar historias. Lo hacía de forma oral, para mis compañeras de grado. Escribí sobre eso en Mentir, un breve texto que está en mi página web (www.teresaandruetto.com.ar). En cuanto a escribir historias, lo primero creo que fue un esbozo de cuento escrito en unas hojas de carpeta de tres perforaciones que derivó de una tarea escolar, una redacción que nos habían pedido en sexto grado, el personaje se llamaba Dina; no recuerdo mucho más que eso. Pero poco después, esas búsquedas narrativas se desplazaron a la poesía, ¡la adolescencia pide poemas!

¿Cómo llegó a ser escritora? ¿Cuáles fueron sus inicios?

Me fui haciendo, fui tras esta pasión por las historias, fascinada por lo que leía, cada vez más ávida y con deseos de inventar historias también yo. En los inicios estuvo el deseo y el amor de mi mamá por las palabras y tras eso, seguramente, mi deseo de parecérmele. Y el vicio de leer. Y mi timidez de niña que me refugiaba en los libros, en ese mundo imaginario, más interesante tal vez que el mundo que me rodeaba. Y, sobre todo, el deseo temprano de comprender a los otros, de ponerme en el lugar de otro, de otros, porque desde muy chica me sorprendía el hecho de que no todos pensáramos de igual manera sobre cada cosa.

Participa activamente en charlas y congresos. ¿Qué la lleva a emprender esos desafíos? ¿La difusión y formación son materias que van de la mano con su rol de escritora?

Hacer de puente entre libros y personas ha sido mi trabajo. Encontré pronto que esto que me gustaba, leer, podía ser mi modo de ganarme la vida y eso es lo que hice dando talleres, formando a maestros y profesores, enseñando en la escuela media, escribiendo reseñas de libros o revisando escritos de otros… Un modo de vivir, un trabajo, además de una pasión o un vicio. Ya no doy clases y he dejado mis talleres, tarea que llevé adelante durante casi 30 años, pero sigo participando en charlas y congresos, eso más que antes, ya en mi condición de autora.

¿Qué importancia tiene para usted el lenguaje?

Mucha, casi todo… Es la mayor construcción de la cultura, creo. Un espejo en el que se refleja y refracta la sociedad toda, nosotros y los otros.

En varias entrevistas ha dicho que no le gusta la división entre literatura a secas y literatura infantil…

Es lo que intento al escribir, pero también al llevar libros de otros a un grupo de niños o de jóvenes: que lo que les acercamos a los lectores en formación sea ante todo literatura. Me gustaría que no necesitara de ese adjetivo que muchas veces la restringe y la recorta.

En muchos de sus libros hay una anécdota, un personaje, un lugar que salta de la realidad a la ficción. ¿Es un ejercicio consciente o un impulso que la lleva a escribir?

Realidad y ficción son dos caras de una misma moneda, todas nuestras ficciones nacen de nuestra percepción de lo real, el imaginario está plagado de realidad, nuestra imaginación es apenas un breve vuelo, un pequeño salto. ¡Nunca nos alejamos demasiado del suelo! Y eso es en parte un impulso, y en parte un ejercicio de conciencia.

Sus propias experiencias, sus raíces, también han quedado plasmadas en su obra; de hecho, ha nombrado a Stefano como su libro más preciado. ¿Qué la llevó a escribirlo?

Lo escribí un tiempo después de la muerte de mi padre, pensando no tanto en lo que a él le había sucedido (mi padre fue un inmigrante italiano en Argentina, igual que Stefano, el protagonista del libro), sino sobre todo en el sentimiento de pérdida de la migración, que podía percibir en él y en muchas otras personas que conocí.

Ha dicho que la literatura debe sacudir al lector. ¿A qué se refiere?

Debe interpelarlo, interpelar nuestra inteligencia o nuestras emociones, nuestra subjetividad, o todo eso al mismo tiempo. Los libros que me gustan son libros que me hacen pensar o sentir lo que antes no había sabido pensar ni sentir.

¿Qué siente hoy con respecto al Premio Andersen? ¿Es una responsabilidad muy grande recibir una distinción de este tipo?

Siento alegría y mucho agradecimiento. Un agradecimiento que no sé bien a quién destinar, a los lectores diría, y sobre todo a la vida. A veces siento un poco de agobio, cuando no puedo responder como quisiera, ni en el tiempo en que quisiera, a lo que me piden. Responsabilidad frente a la escritura y frente a los otros es algo que he sentido siempre, eso no ha cambiado.

Me tocó ver la alegría y orgullo de muchos autores chilenos al saber de su premio. En su opinión, ¿existe una identidad latinoamericana en el mundo de la LIJ?

Sí, sin duda. Se trata de una identidad que tiene que ver sobre todo con la lengua. Nuestra lengua común nos hace sentir que, más allá de los matices y particularidades que nos diferencian, compartimos una misma patria. A eso, que es fundamental, se agrega nuestra misma condición de países periféricos y el momento particular –momento de mayor conciencia sobre sí– que vive Sudamérica.

El jurado del premio destacó el hecho de que sus libros tratan tópicos tan variados como la injusticia, el amor, los mundos interiores, la pobreza o cuestiones políticas. ¿Se siente igual de cómoda en todas esas temáticas?

Sí, porque no las he vivido como cuestiones temáticas. Lo que hice fue hundirme en una escena, ir tras las huellas de un personaje o de unos personajes para ver qué había allí. A veces encontré amor o asombro o alegría; otras veces miseria, injusticia, problemas políticos; a veces varias de esas cuestiones al mismo tiempo.

Además, el jurado dijo que su obra es “sensible, profunda y poética”. ¿Usted también es un poco así?

¡Espero que sí! El adjetivo poética puede caberle tal vez a la escritura, no sé si a mi persona, porque estoy acostumbrada al trabajo y la observación quizás más que al ensueño, pero me considero sensible e intento, sí, mirar en profundidad.

Hoy, ¿está trabajando en un nuevo proyecto literario? ¿De qué se trata?

Al momento del premio estaba trabajando en una novela. Casi no he vuelto a ella desde aquel día, pero imagino que de a poco todo se irá remansando, irá encontrando su tiempo, llegará el verano y podré retomarla…

Cuando era muy pequeña me mandaron con un papelito en la mano a comprar algo a un bar/almacén. Tal vez porque era muy pequeña y tenía miedo de perderme fui mirándome los pies. Cuando levanté la cabeza estaba en un sitio desconocido, aunque no muy lejos de casa. Unas mujeres me preguntaron mi nombre y no supe decirlo, no sé si porque era pequeña o porque estaba asustada. Me encontró el cartero del pueblo, me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé, me cargó en el canasto de las cartas y me llevó de regreso a casa. Es el recuerdo más antiguo que tengo.

Una lee el pasado a la luz de lo que vino después. En ese momento, y por mucho tiempo, fue nomás eso, el susto de haberme perdido. Siendo ya adulta, pensando en los comienzos, aquel recuerdo de infancia cobró significado para mí: una niña inmersa en un mar de papeles, en un mar de palabras. Una niña guiada por o perdida en un papelito que lleva en la mano, unas anotaciones de su madre. Niña reencontrada por el nombre extraño de su madre, niña inmersa en un canasto de cartas, de mensajes… Todo eso, y más aún, está para mí ya en ese recuerdo remoto.

Escribí sobre él de diversos modos (al entrar en Mentir, en mi pagina web, está un relato llamado Extravío): poema, ensayo, novela, conferencia… No sé si aquella escena me determinó a ser escritora, imagino que son muchas las pequeñas, ínfimas cosas, que van construyendo lo que elegimos, lo que somos, pero sí sé que para la persona que acabé por ser, aquello se significó fuertemente como el comienzo (o quizás ya había comenzado) de una relación muy fuerte con las palabras, con la escritura.

Lola Larra: “Siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir”

En la historia de Lola Larra los libros están por todas partes. En su familia, tan ligada a las letras, en su infancia rodeada de títulos y estímulos, en su trabajo en Ekaré Sur, en su pasión por la escritura. Aquí, parte de esa historia y sus motivaciones para escribir Al sur de la Alameda, uno de los libros chilenos más premiados del 2014.

Por Bernardita Cruz M.

Lola Larra

Los muros de un colegio en toma no fueron obstáculo para que la historia de un grupo de escolares chilenos saliera al mundo. Escogida como la Mejor Novela Juvenil del 2014 por el suplemento cultural del diario El País de España, seleccionada por la Internationale Jugendbibliothek de Munich para su prestigioso catálogo White Ravens, premiada por la Fundación Cuatrogatos y por el Banco del Libro, distinguida en Chile con el Premio a la Edición de la Cámara Chilena del LibroAl sur de la Alameda definitivamente fue un libro que marcó pauta en el 2014.

Lola Larra, su autora, dice que nunca imaginó el éxito que tendría esta, su primera novela gráfica. “Mis anteriores experiencias me han enseñado que es mejor no esperar nada. El editor Jorge Herralde decía que los autores somos muy pesados porque creemos que al día siguiente de publicado tu libro, el mundo tiene por fuerza que haber cambiado. Lo cierto es que nada cambia”, afirma con una sonrisa.

Periodista de profesión y autora de títulos como Puesta en escena (Edebé, 2010) o Donde nunca es invierno (Edebé, 2013), Lola (cuyo nombre real es Claudia Larraguibel) creció en Caracas y estudió y trabajó en Madrid. En España tuvo una intensa actividad profesional en la que se paseó por una gama notable y variada de medios que incluyó, entre otros, la revista Colors, El País, Rolling Stone, Vogue y una corresponsalía con Radio Cooperativa. Hoy, alejada de ese mundo, asegura que siempre intuyó que su carrera como periodista iba a ser corta e intensa. “El buen periodismo vive y se alimenta de una curiosidad perpetua que, pasados los años, va menguando en la mayoría de nosotros. O por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. El periodismo fue una escuela en la que viví cosas y accedí a escenarios, acontecimientos y personajes que no hubiese conocido de otra manera, y que finalmente me sirven como bagaje para escribir libros”.

Libros, libros y más libros

Lola creció entre libros. Literalmente. La biblioteca de su casa en Caracas, recuerda, estaba llena de opciones para que todos buscaran y encontraran lo que les apetecía. Las lecturas eran un tema de conversación en la sobremesa, un tema que unía a la familia y los convocaba a comentar, discutir y plantear puntos de vista. Y también estaba el Banco del Libro, donde trabajaba su madre, la reconocida editora y fundadora de Ekaré, Verónica Uribe. “Yo pasaba muchas tardes después del colegio en los galpones en los que en esa época estaban las oficinas del Banco y luego las de la editorial Ekaré. Había una pequeña librería en la que leí muchas novelas y cuentos. Y también estaba a mi disposición el Centro de Documentación, a donde llegaban libros de todas partes del mundo. Tener acceso a ese mundo me abrió la cabeza, desde muy pequeña”, recuerda.

Has dicho que nunca dudaste que serías escritora. ¿De dónde nace esa convicción? 

Escribo desde niña, no recuerdo si desde los 8 o 9 años. En algún lugar conservo todavía algunos manuscritos de aquella época. Y siempre me he sentido muy privilegiada de tener este espacio, este oficio que me permite pasarlo muy bien a solas. Es una de las cosas que más disfruto, y por eso siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir. Supongo que muchas de mis decisiones en la vida han estado marcadas por ese deseo. Pero me ha costado muchos años y mucho esfuerzo lograr darle el tiempo, la calma y el espacio que requiere. En ese sentido, mi regreso a Chile ha sido un buen refugio y me ha permitido organizarme mejor.

Eres sobrina de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn. ¿Qué recuerdos tienes de ellos? 

Lo primero que me viene a la cabeza es la casa estrecha y alta en la que vivían en Sitges, un pueblo mediterráneo de cuento y una casa de cuento, con un pequeño jardín penumbroso, lleno de plantas. Cuando los visitábamos, eran vacaciones muy especiales. Fernando y María de la Luz siempre estaban inventando proyectos en los que implicaban a todo el que estuviera a su alrededor: hacían películas, obras de teatro, dibujos, sesiones de fotos, exposiciones, cuentos. Eran personas muy especiales. Ambos muy serios, muy intelectuales, y a la vez juguetones, lúdicos. El arte, para ellos, era un juego muy serio. Y a mí me gustaba, sobre todo, que nos consideraran a nosotros, los niños, como sus iguales; que nos invitaran sin prejuicios de edad a compartir esas experiencias creativas.

En el mundo de la LIJ tu madre, Verónica Uribe, es figura fundamental. ¿Qué sientes hoy al trabajar codo a codo con ella? ¿Imaginaste que eso pasaría algún día?

Mis dos hermanos han trabajado con ella, en diferentes ocasiones, desde hace mucho tiempo. Pero a mí no me parecía buena idea trabajar con la familia: pensaba que eso podría enturbiar las buenas relaciones que teníamos, así que preferí hacer mi camino sola. Cuando vine a vivir a Chile, en el 2006, Verónica me invitó a fundar juntas Ediciones Ekaré Sur, una editorial que distribuye lo que viene de Ekaré y que hace sus propios libros aquí, pensando en el público chileno. Nos lanzamos y me he dado cuenta de que mis vaticinios estaban completamente errados. Mi madre es la mejor compañera de trabajo que he tenido nunca. Nos entendemos muy bien y nos complementamos. Y sobre todo aprendo mucho; es una de las personas que más sabe de literatura infantil, y es una editora extraordinaria. Ella lleva más la parte editorial y yo me ocupo más de la gerencia. Pero somos una editorial mínima, así que al final todos hacemos de todo.

Diario de una toma

Al sur de la Alameda no surgió como un impulso espontáneo. Fue un proyecto cuya gestación estuvo marcada por varios acontecimientos: en el 2006 Lola visitó algunos colegios en toma, en el 2008 empezó a escribir el diario de Nicolás, en el 2011 comenzó a trabajar con Vicente y por fin, en enero del 2014, tuvieron el libro listo.

¿En qué momento se integra al proyecto Vicente Reinamontes? ¿Cómo fue la experiencia de trabajar juntos?

Cuando tenía lista una primera versión del manuscrito pensé que no era demasiado interesante tener solo el punto de vista de Nicolás, su diario de la toma. Faltaba algo más. Y en algún momento escribí un pequeño guión de esa segunda voz, y me dije que sería bonito que ese segundo narrador contara su historia en imágenes. Acababa de leer las cosas de Brian Selznick, por supuesto, y estaba maravillada por la manera en que fluían texto e imagen. Entonces una de las editoras, Sara Rodríguez, buscó y buscó hasta encontrar a Vicente, que fue todo un hallazgo. Trabajamos juntos más de año y medio; nos reuníamos todas las semanas Vicente, las editoras y yo. También con el director de arte. A medida que se iba construyendo el relato en imágenes, el texto cambiaba: se acortaron cosas, se escribieron otras, entraron nuevos personajes. Y a nivel gráfico se tomaron decisiones como el color de páginas o el troquel de portada o las viñetas, que aportaban a la historia, que no eran decorativas solamente. Todo tenía sentido… Fue un proceso muy interesante, muy grupal y muy entretenido.

Los libreros del Club Kirico destacaron el hecho de que un libro para adolescentes plantee el compromiso político “como algo que les puede implicar”. ¿Era uno de los objetivos del libro?

No lo fue al principio. Al empezar no estaba pensando en reflejar un momento histórico ni en documentar la ‘revolución pingüina’. Yo quería algo mucho más modesto y sencillo. Quería contar cómo era una toma por dentro: el día a día, las rencillas, cómo hacían para comer, organizarse, dormir… Y lo que me convocó a escribir una novela, lo que me hizo clic para empezar, fue que la toma me pareció una escenografía literaria fascinante; me atrajo aquel microcosmos en que nosotros los adultos éramos unos intrusos. Es decir, mis razones no eran aún políticas ni comprometidas, sino puramente literarias. Yo no estaba pensando en la justicia social ni en la educación como un derecho. Yo estaba pensando en El señor de las moscas y en La invención de Hugo Cabret. Estaba pensando en literatura.

Pero todo eso fue cambiando cuando comenzó mi trabajo con Vicente. Allí le tomé el peso a lo que estábamos haciendo. Gracias a él y también a mis editoras. En el año y medio en el que trabajamos juntos en el libro, me di cuenta de que lo que nos enseñaron (o nos recordaron) aquellos pingüinos en el 2006 es que no basta con la felicidad individual. Que el bien común es algo de lo que no podemos prescindir. Y esa toma de conciencia, ese paso, esa transformación de lo individual a lo comunitario, de lo privado a lo público, es finalmente lo que le sucede a Nicolás, el protagonista de Al sur de la Alameda. 

Una de las cosas que llama la atención del éxito internacional del libro es que algo que parece tan chileno pueda calar hondo en jóvenes de otras partes del mundo. ¿Qué piensas sobre eso?

Si bien nunca pensé que la novela fuera un éxito, nunca dudé que podría interesar en otros países. El movimiento estudiantil está en un momento efervescente, de México a Hong Kong. No es la primera vez en la historia que los estudiantes plantan cara y denuncian los problemas sociales y políticos. Y por eso pensé que nuestra novela podía interesar tanto a un estudiante chileno como a uno colombiano, o español, o argentino.

A fines de marzo se inauguró una muestra del libro en Valparaíso y tengo entendido que preparan unos fanzines. ¡Al sur de la Alameda no para! Cuéntanos un poco lo que se viene con el libro.

El fanzine de El cuaderno del gordo Mellado es un proyecto que queremos presentar en la Feria de Guadalajara; ojalá se pueda. En un capítulo de Al sur de la Alameda se cuenta cómo uno de los estudiantes, el Gordo Mellado, aprovecha para dar clases de ‘Historia de las movilizaciones estudiantiles’ durante la toma. Estamos trabajando en este fanzine, que es un facsímil del cuaderno de notas del que se servía el Gordo Mellado para dar aquellas clases. En él se recorren los movimientos estudiantiles más importantes del siglo XX y principios del XXI, y quiere ser una invitación a conocer el papel que los estudiantes han jugado en los grandes cambios sociales que han tenido lugar en la historia reciente. En nuestras visitas a colegios nos hemos dado cuenta de lo poco que saben los estudiantes sobre lo que han hecho sus pares; nadie se los enseña.

¿Tienes otros proyectos editoriales en marcha? ¿Vuelves a la novela gráfica?

Estoy terminando, por fin, una novela en la que he trabajado mucho tiempo. Soy de una lentitud exasperante. Apenas la entregue, me pondré con una novela gráfica que debía haber terminado hace tiempo.

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Al sur de la Alameda. Diario de una toma
Autora: Lola Larra
Ilustrador: Vicente Reinamontes
Ekaré Sur, 2014
ISBN: 9789568868130

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