Categoría: Entrevistas

Ellen Duthie: Más Preguntas que Respuestas

La Filosofía Visual para Niños que desarrolla esta filósofa inglesa explora temas controversiales como la crueldad a través de imágenes y una serie de preguntas. Wonder Ponder es su proyecto, que comprende una serie de libros en los que literatura y filosofía se relacionan. En ellos, plantea preguntas y encamina a los niños a disfrutar de éstas.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

¿De dónde nace la idea de trabajar con filosofía visual? Y en especial para niños…
Soy filósofa de formación y siempre me ha interesado y apasionado la Literatura Infantil y Juvenil. Por lo que no fue casual que quisiera unir estos dos mundos.
El proyecto, concretamente, surgió en un aula, con niños de cuatro años, con los que me reunía cada dos semanas, durante tres años, y tratábamos distintos temas de todo tipo. Hablábamos de qué tendría una receta de la felicidad, por ejemplo. Normalmente, les llevaba ilustraciones, para estimular el diálogo en una dirección determinada, o en torno a un tema determinado. Intentaba llevar álbumes que despertaran un conjunto de preguntas en torno al tema que me interesaba.
Llevábamos bastante tiempo así, y tratábamos temas morales, éticos…
Por lo general, llevaba un ramillete de estímulos, pero siempre centrado en torno a un álbum, como El Carnaval de los Animales de Marianne Dubuc.
Una vez llevé un vasito, para que vieran cómo la pajita parecía que estuviera cortada, hicimos experimentos, etc.

Después, se juntaron dos cosas. Una, que me apetecía mucho tratar con ellos tema de la crueldad o de la maldad, que es un tema que en un principio puede parecer escabroso para tratar con un niño de cuatro años; pero por otro lado, pienso que éste es el momento justo en el que ellos se están tratando de hacer una idea de qué se espera de ellos, de qué pueden ellos esperar de otras personas, hasta qué límites pueden llegar ellos y hasta qué límite pueden llegar otros con ellos y están tratando de situarse frente a la maldad o la crueldad. Reciben muchas órdenes contradictorias de parte de los adultos, les dicen que una cosa es buena, que otra es mala, luego otro adulto hace exactamente lo que le dijeron que no había que hacer, y así.

En este contexto, ¿habías encontrado referencias de algún libro que tratara el tema?
Me apetecía tratar la crueldad pero no encontraba ni un solo álbum que me pareciera que diera para explorar los distintos matices, casos, y grados de la crueldad; las distintas circunstancias que pueden resultar agravantes, o aminorantes.
Entonces iba apuntando una lista de situaciones, breves, todo esto pensando en mi libro. Una persona matando un bicho, por ejemplo.

Hay un porcentaje de escenas en Mundo Cruel que tienen que ver con animales, ¿qué te llamó la atención para trabajar con esto?
De hecho seis de las catorce imágenes tienen que ver con animales. El resto no.
Es verdad que uno de los campos en el que los humanos nos lucimos, en cuanto a la crueldad, tiene que ver con respecto a nuestro trato con los animales. Me parecía interesante tratar la diferencia con lo que consideramos como diferentes niveles de inteligencia. Y que un nivel de inteligencia menor, en un animal, por ejemplo, nos da una serie de derechos sobre ellos. Quise analizarlo desde ese punto de vista.

¿Qué siguió después?
Se lo comenté a Daniela Martagón, la ilustradora. La conocía y sabía que le iba a apetecer el reto: mostrar escenas de crueldad, sin asustar y sin endulcorar. Escenas que realmente llamaran la atención de los niños. Imágenes que les chocaran porque no suelen ver escenas de este tipo. Si miramos los libros infantiles, la mayoría da ejemplos, no da “malos” ejemplos. Hay una tendencia a evitar mostrar las cosas que no se deben hacer. Excepto quizás, a pequeñas travesuras y cosas así, pero no algo que consideraríamos cruel.
Daniela aceptó el reto, hizo todas las escenas en una noche y yo las vi al día siguiente.

¿Probaste el resultado con los mismos niños?
Si, inmediatamente, y engancharon, sin yo tener que decir nada. Empezaban observando, y diciendo: mira, una niña, matando una hormiga,… ¿porqué con un lápiz? No, no la está matando, la está pintando. No, no la está pintando, la está atravesando… y así discutían. Ellos solos comenzaron a hacer preguntas, ¿qué le habrá hecho la hormiga antes? ¿La van a castigar?
Y luego también comenzaron a hacer juicios: Eso está mal… pues mi madre mató a un hormiguero entero el otro día …
Este diálogo no requirió mediación. Y luego intervine para organizar y ordenar un poco la discusión, pero me pareció que no había tenido experiencia similar con otros estímulos. Habíamos dado con algo que merecía la pena explorar, investigar y desarrollar.

¿En tus libros qué toma más importancia, el texto, la imagen o la mediación?
En un principio era sólo la imagen, sin textos. O uno muy pequeño a pie de página o que uno de los personajes estuviera hablando, para anclarlo a una idea, pero no tenía preguntas. Después, hablando con docentes me comentaron que les costaba mucho formular las preguntas a los niños, a partir de las imágenes. Pensamos en esta forma de incluir preguntas, sin que fuera una lista que tuvieras que leer de principio a fin. Por eso están en distintas direcciones, para que sea un poco más juguetón, y que puedas elegir en qué dirección quieres dirigir las preguntas.

Ahondemos en esto de poner la atención a las preguntas…
Creo que, en general, ponemos muy poca atención a las preguntas. No sólo las que hacemos a los niños, sino que las que nos hacemos a nosotros mismos también. No nos centramos en la calidad de la pregunta y porqué la estamos haciendo.
Se puede ver esto, en el mercado de los libros de Autoayuda. Muchas veces responden a una preguntan, pero no se cuestiona previamente si esa pregunta te interpela o no; es como si te entregasen una respuesta y listo. No reflexionamos si esa pregunta me dice algo a mi o no.
Con los niños esto se exacerba. Creo que hay un miedo a la pregunta, en varios sentidos. Uno es qué respuesta va a salir de ahí, si voy a poder controlarla, otra es el desafío de, simplemente, quedarnos en la pregunta un rato. Corremos siempre a la respuesta. Creo que el escuchar preguntas, y leerlas, y quedarse simplemente en ese aspecto es un ejercicio bonito, y literario. Es lo que hace realmente la literatura, genera preguntas que no contesta, y esto tiene mucho que ver con el gusto de la lectura. ¿Por qué nos gusta leer? Es porque un buen libro nos genera muchas preguntas y somos capaces de disfrutarlas, es una de las pocas veces que nos preguntamos algo y no corremos a contestar, sino que disfrutamos la pregunta.

En este tipo de libros, ¿es necesaria la mediación?
Creo que no. De hecho, nuestra intención al realizarlo es que no. Hemos hecho un esfuerzo muy grande porque nada de lo que se hable en el libro vaya dirigido al mediador, sino que todo vaya dirigido al niño. Creo que son libros que se pueden leer y disfrutar a solas. Dejarse inundar por las preguntas, o intentar contestarlas también mientras las estás leyendo. También es verdad que si te enganchas leyéndolo a solas, es más probable que vayas y lo compartas, porque son preguntas que remueven y que te apetece preguntar a otros.

¿Comienzas a trabajar a partir de una pregunta? ¿De una imagen? ¿Cómo se genera esta idea o escena que tu retratas?
El proceso de trabajo es el siguiente, con variaciones: pensamos en un tema que nos apetece abordar, vamos a coger por ejemplo Mundo Cruel.
Primero, yo lo que hago es sentarme y pensar en todo lo interesante y todo lo que se tenga que tener en cuenta cuando se piensa en la crueldad. Luego se genera un mapa temático conceptual, a partir de ahí me siento y hago muchísimas preguntas. Hago preguntas para cada concepto, pensando como niño, pero tratando siempre de formular la pregunta de manera que le interese a todos. Es decir, pienso en la pregunta cómo se la haría a un niño, o cómo le atraería a un niño, pero la vinculo para que al adulto también le diga algo.
Luego pensamos posibles escenas concretas que sirvan de disparador para una pregunta en concreto, o para un grupo de preguntas. Y hacemos pruebas, y vamos probando, muchísimas las desechamos, no funcionan, las probamos entre nosotras también. Luego vamos a talleres y las probamos con niños, de distintas edades, con adultos también; desechamos de nuevo. Hasta que al final decimos vale, estamos contentas con las escenas que se quedaron en el libro.

¿Cuál es la principal diferencia que ves entre las preguntas, o el análisis que realiza un niño con respecto a esta filosofía visual, a un adulto?
En cierto sentido, en especial el análisis, es sorprendentemente similar. Mucho más similar de lo que uno pensaría de antemano.
En las preguntas sí creo que hay diferencia. La formulación de las preguntas a los adultos les cuesta mucho; les cuesta pensar en preguntas que les vengan bien a ellos y están pensando en preguntas que les vendrían bien a los niños. El reto nuestro cuando trabajamos con adultos es ese: Deja de pensar en el niño, ¡piensa en ti! ¿Qué te da curiosidad a ti?.
Hacemos muchas veces trabajos con docentes, les proponemos hacer su propia caja de preguntas, desde cero. Un tema con el que trabajamos una vez fue el sentido de la vida. Hacemos todos juntos un mapa conceptual y cada uno tiene que ir aportando. Lo pasan fatal. Pero luego llega un minuto en que se desbloquean y les da mucho gusto porque pueden llegar a explorar el tema de verdad.
Los niños en cambio son menos rígidos. Pero hay que romper muchas barreras porque hay muchos vicios que se van adquiriendo en la escuela, con respecto a la pregunta. Cuando haces una pregunta normalmente no se “recoge”. No hay suficiente tiempo, no interesa, porque supuestamente no viene al caso. Tenemos que trabajar el interés hacia ellos cuando hacen una pregunta.

¿Crees que tus imágenes podrían usarse para trabajar con niños en una psicoterapia?
Nunca pensamos en eso, pero la verdad es que desde que lanzamos los libros, muchísimos psicólogos nos han contactado. Principalmente porque dicen que funciona muy bien para simplemente hacer hablar a los niños, para soltarles. Y como material de proyección también.

¿Crees que es más fácil abordar el tema de la lectura en los niños a través de libros como los tuyos que son más visuales que textuales? ¿Cómo ves que se comportan los niños con los que tu trabajas hoy con respecto a la lectura?
Nuestros libros tienen una ventaja, esa “entrada visual” porque permite un enganche más inmediato. Por ejemplo, yo utilizaba álbumes con los niños pequeños porque tienen la ventaja de que son cortitos y también tienen una complejidad interesante de explorar; un diálogo entre el texto y la imagen, pero aun así tardan entre tres a diez minutos leyendo el álbum. La filosofía visual para niños es muchísimo más inmediata, en el sentido de que miras la imagen como un posible instante de un posible cuento, que es también lo que buscamos. Que algo que esté pasando, que haya una acción, personajes, un posible antes y un posible después; un preguntarte por la motivación, por cuáles serán las consecuencias. Y eso, que posiblemente es un estímulo literario que te da un instante de una posible historia, entra de una forma muy rápida y permite enganchar y llevar al diálogo de la reflexión muy rápido, más rápido que un texto.
También es verdad que si trabajas con el mismo material las respuestas serán buenas. Es una cuestión de hábito. Con el proyecto yo quiero que, de vez en cuando, nos paremos a pensar, y que sea un hábito. Que nos detengamos a pensar durante media hora, una hora…

¿Lo que estás buscando es que la gente se cuestione?
Sí.

¿Qué estás buscando poner sobre la mesa al trabajar estos temas, como crueldad y libertad, que pueden ser tan controversiales? Sobre todo si se piensa que estás trabajando con niños, y que puede ser difícil tratar estos temas con ellos.
Por un lado, el foco en estos temas es una declaración de honestidad. Es decir, vamos a hablar de esto, y vamos a hablar de esto de verdad. Los niños están muy acostumbrados a recibir lecciones en cuanto a valores, de una determinada manera, con una corrección política espantosa.
La crueldad, por ejemplo, es un tema que nos inquieta, y que nos cuesta comprender de verdad, por eso es interesante. Si hacemos un libro sobre la bondad, la definición de ésta no será tan compleja, no nos cuesta entenderla.
Una forma de hacer despertar, cuando queremos llamar a reflexionar es provocando. No provocamos gratuitamente. Jugamos al borde, vamos probando y viendo.
La escena de los esclavos, por ejemplo, es la escena que a todo el mundo se le queda grabada, que le encanta a todo el mundo, quienes la ven eligen a cuál se llevarían a casa. Inmediatamente, cuando tú te metes en ese juego de elegir, permites que la reflexión posterior te toque mucho más.

¿Las imágenes provocan empatía en los lectores?
Te permite pensar en cosas horribles y decir: tranquilo, todos pensamos en eso.
Los niños no se abisman, les pasa todo lo contrario.

¿Qué futuros proyectos se vienen?
Bueno, en España ya se publicó Yo Persona que es una exploración de qué somos y quién somos, un poco a partir de comparaciones entre personas y robots.
Tenemos tres títulos más proyectados. El siguiente es sobre la realidad, imaginación y sueño y luego, el quinto será sobre la posibilidad, y el sexto será sobre el sentido de la vida, y se llamará Pero, ¿para qué?.
Estamos desarrollando también una línea para niños muy pequeñitos, sin texto ninguno, que juegan con variaciones de una misma escena.

Diego Arboleda y Eugenia Ábalos: Una Aventura Formidable

Las palabras, dibujos y risas dan forma al trabajo de este matrimonio chispeante, dedicado a la realización de libros infantiles. Él, uniendo palabras y dándoles un sentido, y ella, interpretándolas a través de sus ilustraciones. En todo este proceso, y sobre todo en el resultado, el humor es la clave.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

Para entender al escritor Diego Arboleda y su mujer, la ilustradora Eugenia Ábalos, no hacen falta más de cinco minutos. Ambos parecen tímidos, cautos, menudos. Al mismo tiempo chispeantes, despiertos, divertidos, hasta infantiles. De hecho, podrían ser perfectamente los personajes imperfectos de cualquiera de sus libros, cuya realización definen como una aventura formidable y en donde el humor es el elemento que acompaña de principio a fin.
Han ganado premios por libros realizados en conjunto, y Diego se ha hecho más conocido por su obra Prohibido Leer a Lewis Carrol, con la que ganó el 2012 el premio Lazarillo de Creación Literaria, y dos años después el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil español.
Más que un escritor, Diego se considera un Junta-Palabras, definición inventada por él y que refleja lo que le gusta hacer. Ella, intérprete gráfica de textos, más que ilustradora. Ambos coinciden en que en un libro es clave seducir al lector y hacerlo cómplice, en eso trabajan.

“Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.”

Cuéntenme sobre sus certezas al momento de trabajar en un libro.
Diego (D): No creo en las certezas absolutas, pero sí hay cosas en el trabajo que se repiten y que dan pistas. Una de ellas es que el éxito de un libro no está tanto en los autores, que éstos deben completarse con los lectores, ellos hacen gran parte del trabajo. Por eso, desde hace tiempo, que pienso en los autores cuando escribo. Me siento muy lejano de tener el conocimiento exacto de las cosas, y ahí creo que está la clave. Al fin y al cabo, ellos harán la mitad del trabajo.
Eugenia (E): Me defino más como intérprete que como ilustradora. Como dice Diego, me preocupa mucho el lector al que me dirijo, lo tengo en cuenta. Trabajo atendiendo lo que él quiere, más que lo que yo pienso libremente podría crear. Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.

¿Cómo es el lector al que se dirigen?
(D): : Es múltiple, no podría encasillarlo en un rango de edad, de hecho es uno de los problemas de mis libros. Los lectores sólo tienen que poder disfrutar la historia y luego enriquecer el texto. Cuando hago encuentros en colegios me topo con niños de 9 años, de 14 … Después viene un adulto y me dice que le ha gustado el libro. Llegar a gente tan distinta es un elogio.
(E): Depende del libro. Trabajo en una librería, entonces intento imaginar el tipo de libro que mira el lector de la edad a la que me tengo que dirigir. Tic Tac por ejemplo, el texto es muy amplio, pero creo que la ilustración ha quedado muy infantil, pero la elogian chicas juveniles entonces es muy variable.

Han recalcado que no les interesa hacer libros perfectos…
(D): Antes que escritor, fui lector. Leyendo me di cuenta que muchos libros considerados clásicos tenían situaciones o estructuras imperfectas. Ejemplo: las obras maestras Las Brujas y Matilda que ha creado Roald Dahl, en las que el punto de mayor interés recién aparece en la mitad del libro. Eso es porque la estructura no es perfecta. El autor lo hace para crear complicidad, para provocar risas e interés.
No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa. Debe ser que somos muy imperfectos nosotros también. El concepto es relativo, muchas veces vemos personajes imperfectos que nos encantan, entonces a lo mejor nuestro concepto de perfección es erróneo. Si nos encantan, no pueden ser tan imperfectos.
(E): En la ilustración es lo mismo. A veces exagerar una perspectiva, o torcerla , o hacer un personaje demasiado cabezón; esa imperfección es una manera de llamar la atención, y a mí me gusta. Creo que no soy para nada una ilustradora perfecta, de hecho no me encasillo en algún estilo, lo que puede ser bueno o malo. Quiero estar contenta con mi trabajo, con que ha quedado bien, redondo. Con mi último trabajo, de hecho, he quedado contentísima, y curiosamente no tiene nada que ver con LIJ. Ha sido la cubierta para un ensayo sobre escritoras españolas de la pos guerra, tuve que ilustrar a tres de ellas Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. Ha sido una experiencia muy buena y tiene mucho de esa imperfección que hablamos.

“No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa.”

¿Es el acercamiento a lo imperfecto, el guiño que hacen a sus lectores, para lograr la complicidad que buscan?
(D): Está directamente relacionado. La mayoría estamos más cerca de la imperfección que de la perfección, y me alegro porque de otra forma sería todo más aburrido. Esa es una de las maneras de enganchar, pero además, les va a resultar siempre más cercano a los que leen. Por eso es bueno exagerar los defectos de los personajes. Cuando tú tomas un rasgo y lo exageras, todo lector con esa característica, o tenga a alguien alrededor con ese defecto, se sentirá identificado. Es una forma de acercar a los personajes. Con esa cercanía puedes crear la mayor de las locuras.

¿Porqué creen que el libro Prohibido Leer a Lewis Carrol ha ganado tantos premios?
(D): Todos los premios han sido una sorpresa para nosotros. De hecho, al único premio que yo me presenté fue al Lazarillo, que fue el primero que ganó.
No tengo muy claro porqué ha recibido tantos premios, pero sí creo que es un libro en el que hemos conseguido esa complicidad con el lector que siempre busco. Probablemente ayudó también la temática, partiendo por el título, que facilitó llegar a un público más amplio que el español.

(E): Me parece que está muy bien escrito y es muy original. Más allá del premio al que postuló, los demás han sabido ver esa originalidad.

Les gustan los cuentos clásicos, ¿cuáles son los que más les gustan o inspiran?
(D): Yo te puedo aburrir con esta respuesta.
Distingo entre obras clásicas, que ahí está Alicia y demases del estilo y los cuentos tradicionales. Los de los hermanos Grimm, Andersen, que provienen de la tradición oral. Eso me interesa muchísimo.

(E): Alicia es Alicia.

¿A quién le darían el premio Andersen?
(D): Me voy a hacer el estupendo con la respuesta. Se lo daría a uno de los grandes genios que existe y está vivo todavía. Se llama Francisco Meléndez. Es un ilustrador excepcional, conocido por esta faceta, y es además un escritor genial. Un tipo que ganó muchos premios en su momento, llegaron a comprarle los derechos en Disney para hacerle una película, y luego desapareció del panorama. Cuesta mucho encontrar sus libros.

(E): Estoy de acuerdo con Diego y si seguimos con ese toque sentimental de reconocimiento y tuviera que decir a alguien, me atrevería a nombrar a una: Laura Gallego. Mueve masas, capta lectores una y otra vez con libros que ya tienen un montón de tiempo y siguen gustando.

(D): Hay un punto de debate en estos grandes premios. Creo que todos los que se lo ganan lo merecen, sin duda. Pero a veces cuando se premia a un autor, por así decirlo, de masas, parece que el premio perdiera prestigio, y creo que está mal.
Los booktubers por ejemplo. Están directamente relacionados con Harry Potter que provocó el terremoto de un tsunami que estamos viviendo ahora. En su momento a J.K. Rowling le dieron el Príncipe de Asturias de las Letras, esto fue muy criticado. Bueno pues, creo que su influencia en toda una generación de personas que se han apasionado por la lectura es importantísima. En ese sentido, un premio entregado a una Laura Gallego no me parece una locura.

¿En qué estás hoy Diego?
(D): En dos proyectos, uno con Eugenia, una novelita breve infantil y terminando otro libro con Raúl Sagospe, que está bastante avanzado. Él está dando los últimos retoques a la ilustración. Se llama Elio, una Historia Holográfica y trata sobre los comienzos del cine.

¿Cuál es la diferencia entre la lectura que consumieron ustedes cuando niños y la lectura que se está viviendo hoy?
(D): Veo grandes diferencias, y no sólo en la estética, que por supuesto incluye hoy a la ilustración. Creo que hoy existe una variedad y una calidad superior que la que existía cuando yo era pequeño, en cuanto a libros y autores. Yo devoraba libros y hay muchos que no recuerdo, y creo que la calidad de la edición era inferior.
Así que creo que la principal diferencia es la calidad y variedad del producto final; el trabajo editorial. Vivimos un muy buen momento de la literatura infantil.
Pero hay una cosa en la que si creo que hemos retrocedido. Es en la valentía del mundo editorial para publicar obras transgresoras. Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda, por ejemplo; ahí creo que hemos retrocedido. Y cuando digo hemos me culpo también, a todos los que nos movemos en este ámbito.

(E): Los contenido si han cambiado, y es por el lector. Nosotros a los ocho años no teníamos la misma exigencia que los niños tienen hoy.
Creo que, en general, el mundo que rodea a los niños de hoy, los motiva más y les da más información de la que teníamos nosotros, eso influye en lo que ellos quieren leer. De otra forma se aburren.

“Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda; ahí creo que hemos retrocedido.”

Alicia Hoffmann: “Me gusta hacer libros que permiten a los niños interesarse en la observación de la naturaleza”

Médico de profesión, al poco tiempo de titulada cambió su rumbo y descubrió que lo que quería era estudiar la naturaleza y cómo esta se relaciona con las personas. La ecología se ha convertido en su gran pasión. Pronto se dio cuenta de que hacer libros para niños y adultos sería su camino para transmitir la importancia de conocer y proteger el entorno. Aquí, nos transmite su disfrute al estudiar el planeta.

Por Magdalena Palma, directora ejecutiva de Fundación Había Una Vez

IMG-20160830-WA0012
Alicia Hoffmann, investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad, escritora e ilustradora de libros de ecología

Legar a entrevistar a Alicia a su casa, comunica tanto como sus libros. Alejada del ruido en la Comunidad Ecológica de Peñalolén, vive como en el campo, rodeada de un frondoso jardín lleno de especies que han ido recolectando con su marido. se mezcla un chagual a punto de florecer, con el aroma de las fresias, el vaivén de unas suculentas voladoras que cuelgan de un añoso árbol y unas codornices que caminan por el jardín, haciéndose espacio entre los perros. sobre la mesa, unas ilustraciones de animales y aves recién terminadas para un próximo proyecto. El tiempo parece detenido en este mágico lugar, pero Alicia no se detiene nunca. Está llena de planes en marcha relacionados con su gran pasión: la ecología.

monito3Ilustración de Alicia Hoffmann

Forma parte del Instituto de Ecología y Biodiversidad, una corporación de institutos de investigación de ecología dependientes de las universidades de La serena, santiago (Católica y de Chile), Concepción, Valdivia y Magallanes. trabajó haciendo talleres de ciencia para niños que, liderados por Bruno Phillipi, se abrían lugar en distintos colegios como una actividad muy solicitada. Ahí fue donde descubrió que a los niños les encantaba la iniciativa: “los niños me esperaban en la puerta, ansiosos por empezar el taller. De hecho, una niña me dijo una vez que los talleres eran lo mejor que le había pasado”. Pero a los 6 años se cansó y, como una aparición divina, “pensando en mi futuro, en qué iba a hacer, se nos ocurrió hacer libros para niños”. Así empezó su largo camino por la fusión del estudio científico y la manufactura de libros, que ella misma ilustraba manualmente a partir de fotografías. Una vez publicado el primero, Aves de Chile (rIL, 2000), fue perfeccionando la fórmula y diseño hasta producir libros de gran calidad informativa y estética. Años después, El Alerce, bajo el sello de Amanuta, recibió la Medalla Colibrí, distinción de Ibby Chile y el Centro Lector Lo Barnechea, por ilustrar y dar cuenta del desarrollo histórico del alerce en Chile. Más tarde, todos sus libros, salvo este, los ha ilustrado ella, a mano, con lápiz y pluma, en base a fotografías.

“Los niños me esperaban en la puerta de su clase, ansiosos por empezar el taller de ciencia”

¿Cuál es su verdadera pasión? ¿La investigación o el dibujo?
-A mí me gusta hacer cosas. Me gusta estudiar. Y los libros me han permitido eso. Libros que no son parte del currículum, pero que amplían o complementan los temas que estudian los niños, con la idea de interesarlos en la observación y en el estudio de la naturaleza y la ecología, en las relaciones positivas y negativas de las personas con lo que las rodea.

Pero esto debe haber sido muy pionero porque antes la ecología no era tema…
-Es cierto que el interés por la ecología ha au- mentado mucho en los últimos años. En el apuro de que todo lo que está pasando, el daño que se le está haciendo al planeta, hay más conciencia y se hace necesario vivir en forma más ecológica.

¿Cómo ha sido este camino?
-Mi primer libro en esta línea fue Aves de Chile (2000). Era un libro sencillo porque es una página por cada especie. Cada una es un tema en sí. No hay otro libro en Chile en el que exista tanta información de cómo viven, cómo comen, cómo hacen sus nidos las aves, además de que se incluye mucho dato de cada especie. Pero hay que decir que ninguno de estos libros los he he- cho sola: siempre se hace en equipo, en el que se incluye un ecólogo y un especialista porque cada uno aporta lo que sabe. Ahora, al equipo se incorporó un ingeniero y una diagramadora editora. Ecología del agua, por ejemplo, tuvo un mejor diseño. Este libro fue elegido en el programa de difusión de apoyo a los niños del Ministerio de Educación, entidad que compró 246.000 libros, lo que fue un ingreso importante para el Instituto, pero sobre todo, un auténtico éxito para nosotros, un reconocimiento, ya que sus contenidos lo hacen importante.

“Estos libros funcionan porque están hechos con ejemplos de animales y plantas que existen de verdad, lo que les abre el mundo a los niños con una visión más amplia”

¿Por qué cree que funcionan estos libros?
-Este y el resto de los libros funcionó porque están hechos con ejemplos de animales y plantas que existen. son libros integradores. Estas informaciones les abren el mundo a los niños, con una visión y un conocimiento más amplio y de una forma más entretenida que la que sale en los textos escolares. Por ejemplo, incorpora fórmulas que permiten comparar las imágenes del mismo arbusto tanto durante el invierno como en el verano. o comparar a distintas plantas en diferentes zonas del país.

¿De dónde viene ese gusto por conocer este mundo que nos rodea?
-soy doctora pero ejercí en el hospital san Juan de Dios solo 6 meses y no lo resistí. En ese tiempo oí que venía un profesor alemán a organizar un instituto de investigación en botánica. Y me dije: “¡eso quiero hacer yo!”. solo tenía que cruzar la calle para poder hablar con aquel profesor, al que me imaginaba como Darwin, pero que era mucho más joven. Así, renuncié al hospital. El placer por este mundo es de familia. Vivíamos junto a la familia de mi prima, Adriana, ocho años menor que yo. salíamos de paseo con mis tíos, de excursión a la cordillera. Ellos sabían mucho de naturaleza, les interesaba todo. sabían mirar y admirar. Mi padre era más bien práctico: le gustaba y sabía mucho, pero ellos eran además, soñadores. En la familia, todos dibujábamos. La Adriana pintó durante mucho tiempo; mi hermano era un estupendo dibujante (¡y dibujaba de memoria!). Mis cuatro hijos también han pintado en alguna ocasión y entre mis nietos también hay varios artistas.

¿Cuáles son los grandes mensajes que te gustaría transmitir?
-Ahora estamos trabajando con problemas referidos a la relación del hombre con los eco- sistemas y los efectos positivos y negativos que ejercen las actividades humanas sobre dichos ecosistemas. En caso de tratarse de influencia negativa, el foco está en transmitir qué se puede hacer para compensarla o disminuirla. Ese es un foco bien directo en el libro que estamos haciendo ahora. Pero, sin duda, lo más importante es aprender a apreciar la belleza de las cosas y las relaciones ecológicas que existen entre ellas; las relaciones entre animales y plantas; las relaciones entre polinizadores y dispersores de semillas; los depredadores… en fin, todo lo que hacen los seres vivos para relacionarse entre sí y cómo las personas hacemos uso de la naturaleza en nuestro favor, y también cómo le producimos daño y cómo deberíamos aprender a reparar el impacto.

traro 14.08.15
Ilustración de Alicia Hoffmann

¿Cómo llega uno hasta las generaciones más jóvenes?
-A mí me gusta hacerlo a través de los libros. Hay una tendencia muy fuerte a leer en ebook, pero el poder transmitir el gozo que uno siente al hacer un libro no tiene comparación. Por ejemplo, un árbol puede inspirarnos para contarle a un niño o a un adulto sobre cómo funciona ese árbol. El aspecto estético de las cosas y de conocer cómo funciona aporta mucho, porque es lo que más cariño expresa. Por otra parte, el ejemplo de cómo viven tus padres y la gente que te rodea es muy importante.

¿Hay un boom de libros de naturaleza?
Hoy hay muchísimo más interés por los libros de naturaleza, pero no todos ellos se compran demasiado. Es decir, en las librerías no tienen mucha venta. En mi caso, el que más se vende es Aves de Chile, ya que hay un interés directo por reconocer cuáles son las aves que se pueden ver, por describirlas y adquirir más información acerca de ellas y de sus hábitos. Pero debe ser muy estrecha la colaboración entre la ilustración y la información. si fuera solo texto sería aburrido; si solo fuera ilustración, creo que el libro quedaría cojo.

¿Qué opina de cómo se está desarrollando el mundo de la ilustración de naturaleza?
Hay mucho, muchísimo trabajo y bueno. se están haciendo unos dibujos preciosos. también creo que se está intentando hacer más atractivos unos temas que son muy interesantes, pero que quizá no han logrado transmitir su importancia si no están acompañados de una bonita estética. Por eso, la tendencia es a poner especial dedicación a la ilustración en este tipo de libros.

¿Cuáles son los grandes temas ecológicos que interesan a Chile?
No soy una voz autorizada para hablar de estos temas, pero uno de los asuntos que me preocupa personalmente es que la educación está carente de un enfoque hacia lo que es nuestro. Y esto lo digo en el sentido de que sería muy positivo educar para conocer y aprender a cuidar, para después poder saber cómo evitar que se destruya parte de la naturaleza. En la actualidad, en los colegios no se enseña lo de aquí, no hay identificación propia, y solo se expone el tema de manera muy universal, muy general y amplia. Esto resulta ser muy anónimo. Mi orientación -que es la misma orientación que tiene el Instituto- es la de estudiar las relaciones ecosistémicas aquí, en nuestra tierra, estudiar nuestra fauna y nuestra flora. El siguiente paso es enseñarlo también a los demás (a los niños y adultos) y despertar el interés, el cariño y el saber que todos podemos hacer algo por solucionar los problemas ecológicos que azotan a nuestra naturaleza.

Tucúquere6
Ilustración de Alicia Hoffmann

Cuéntenos de su próximo libro que trata sobre minería y ecología.
La minería tiene muy mala imagen en cuanto al medio ambiente. Pero lo cierto es que Chile es un país minero. De hecho, el cobre es la fuente más grande de ingreso. El nuestro es el país que tiene más reservas de cobre en el mundo. Es decir, el cobre va a seguir siendo necesario y es inevitable que Chile siga comprando y vendiendo cobre. Leí el otro día que en los próximos años la mitad de la producción del cobre nacional se ex- traería entre la IV (La Ligua) y la VI región (rancagua). Eso repercute en una enorme alteración en los ecosistemas. Lo único que podemos hacer es enseñar a los mineros lo mismo que se les ense- ña a los niños. Por eso, el libro tiene una parte de economía y otra, de la historia de la minería, des- de cuándo empezó el hombre a trabajar la piedra para hacer puntas de flecha, por ejemplo, de cómo se descubrieron los minerales y la historia del cobre en Chile, desde los pueblos precolombinos hasta el siglo XX, con la gran minería. que la gente conozca con dibujos, fotografías, gráficos cómo se ha ido expandiendo interesa mucho. Y, al mismo tiempo, que se vea cómo afecta a las comunidades del altiplano, el uso excesivo del agua, su contaminación junto con la del suelo y el aire. Pero es necesario aprender a manejarlo, a disminuir en lo posible este impacto negativo. ésta es la idea de hacer el libro. si bien las minas producen un impacto ecológico importante, hay formas de manejarlo y deben preocuparse de las comunidades locales. Hasta 1960 no había conciencia de que la minería producía daño. Los relaves y residuos se tiraban al mar, al desierto y así pasaba. solo desde entonces empezó a conocerse. Y esto se ha disparado en los últimos años.

¿Cómo es su relación con la lectura?
He sido muy lectora siempre. Me gusta mucho estudiar. Mi libro clásico es Confieso que he vivido, de Pablo Neruda, con una linda descripción de los bosques del sur.

Publicado en RHUV Nº25

Sara Bertrand: “No creo que exista la literatura juvenil”

En lo que va del año, la escritora Sara Bertrand ha presentado dos libros que sobresalen en el ámbito editorial nacional: Álbum familiar y No se lo coma. Mientras cosecha elogios y construye una sólida carrera literaria, la autora habla de su relación con la escritura, la fotografía y la infancia, y, de paso, aprovecha de borrar una que otra frontera.

Por María Isabel Molina

Sara5
Sara Bertrand, periodista y escritora.

Hace dos años, participé en una serie de encuentros de escritores e ilustradores con escolares. En ese contexto pude ver a Sara Bertrand ante un público compuesto únicamente por inquietos preadolescentes. Los jóvenes habían leído su novela Ejercicio de supervivencia y preguntaban sobre el libro, pero también sobre su vida. Fue un diálogo que se prolongó ante el creciente interés de una audiencia que no se deja seducir fácilmente. La sesión terminó con firma de libros, selfies grupales y muchos abrazos.
Con esa mezcla de talento y carisma, la autora ha logrado, en los últimos años, conquistar a la crítica literaria y al lector, tanto en Chile como en el extranjero. Desde sus iniciales cuentos para niños y novelas juveniles a su más reciente Álbum familiar, Sara Bertrand, lectora de mujeres “rockeras” como Lydia Davis, Sylvia Plath, Inger Christensen y Louise Glück, ha recorrido un camino que evidencia la seriedad e intensidad con que desarrolla su oficio.

Primero, literatura infantil y juvenil, y ahora de adultos. ¿Cómo enfrentas al lector?
Uno no enfrenta al lector, sino que, al escribir, propones una conversación más o menos significativa para él. En ese sentido, las historias de aventuras con las que debuté en la literatura infantil fueron escritas sin más pretensión que entretener a mis hijos; mi conversación estaba anclada en mi propia maternidad. Una vez que mis hijos crecieron, comencé a escribir más apegada a los temas que me inquietaban y esta etapa, podría decir parafraseando a Borges, ha sido un jardín de senderos que se bifurcan en donde las fronteras de lo infantil, juvenil y adulto se vuelven difusas.

Cuesta hablar de géneros, rangos etarios o literaturas con apellido…
De hecho, a mí ni siquiera me gusta hablar de “lectores” porque me suena a rebaños. El lector, cualquier lector, es una persona que busca, que se da tiempo para detenerse y permitir que otro sujeto, el escritor, le hable al oído. Entonces, es una relación que merece respeto, cierta reverencia, pero además genera tantas posibilidades como libros y personas existen. Por eso, no creo que uno deba guiar por rango etario a nadie, más bien, tener la suficiente calidez y empatía como para comprender cuál es la conversación que le significa a la persona que tengo al frente. En eso, los niños son sumamente sanos e intuitivos. Pueden pasarse leyendo un mismo libro durante meses, hasta que un día, cambian de tema y pasan a otro libro.

“Al escribir, propones una conversación significativa para los lectores; escribí mis primeros libros sin más pretensión que la de entretener a mis hijos, ya que mi conversación estaba anclada en mi maternidad”

Los personajes de tus libros suelen estar conectados con su entorno y participan de él. ¿Son un reflejo de la generación actual?
Quizás tenga más que ver con el hecho de que durante mucho tiempo tuve la ilusión (o utopía) de que nosotros, los jóvenes que fuimos, podíamos cambiar el mundo, que efectivamente nuestros movimientos llevarían a derrotar a Pinochet y que la pobreza y la desigualdad no sería ese estigma con el que cargamos históricamente. Pero, luego, me di cuenta de que la Historia, así con mayúscula, es un engranaje complejo y que las resonancias de los movimientos particulares son tan mínimas, que no te queda más remedio que dejar de apelar a las grandes causas para detenerte y actuar en lo que te circunda: tu propio entorno.

“No me gusta hablar de los lectores como un rebaño. El lector, cualquier lector, es una persona que busca y que se da tiempo para detenerse y permitir que otro sujeto, el escritor, le hable al oído”

Otro elemento al que recurres en tu escritura es la fotografía, que también es un nexo con el lenguaje juvenil. ¿Cuál es tu relación con ella?
La fotografía ha formado parte del lenguaje familiar desde los tiempos de mi bisabuelo, Julio Bertrand Vidal. Mi padre era un gran fotógrafo, aunque no llegó a publicar como mi bisabuelo y eso, de algún modo, te da cierta mirada. Aprendes a detenerte. Me parece que es un formato de mucha potencia, porque una imagen que se captura es, al mismo tiempo, un testimonio; pero también, soterradamente, un anhelo: el deseo de capturar una emoción, una forma de ver el mundo.

Tanto en Álbum familiar como en La casa del ahorcado la imagen de la “patota” aborda la identidad individual ligada a un colectivo. ¿Cómo construyes narrativamente estos grupos de niños?
Pienso que tiene que ver con mi propia experiencia de infancia: me tocó crecer junto a mis primos. Entonces, es un registro al que accedo con facilidad y en el que me muevo con gusto. Por lo mismo, intento no abusar de él, sino solo cuando es necesario, cuando la historia lo requiere. Pero, claro, es indiscutible que a una edad, precisamente cuando comienza la pubertad, son tus pares los únicos referentes válidos, y en ese sentido, la “patota”, el grupo de amigos, la pandilla o como quieras llamarla, es lo que te acompaña a crecer y te ayuda a definirte también.

SARA-BERTRAND

Álbum familiar comenzó como una novela juvenil pero, por sugerencia de la editorial, pasó al ámbito de los adultos. ¿Tuviste alguna señal de este proceso?
El problema es que yo no creo que exista la literatura juvenil. Entonces, de algún modo, sigo sintiendo que Álbum familiar puede, perfectamente, ser leída por jóvenes. La decisión editorial pasó más que nada por ampliar el público de la novela, porque es una novela que funciona para adultos y jóvenes, y en ese sentido, para la editorial Planeta, era mejor que saliera por un sello como Seix Barral.

Junto a Álbum familiar hiciste No se lo coma (con el ilustrador mexicano Alejandro Magallanes), donde hay otro grupo de niños. ¿Es la infancia un territorio cambiante o crees que hay elementos que perduran en el tiempo?
Creo que la infancia es un espacio con el que conversaremos a lo largo de toda nuestra vida y, claro, que hay cosas que se repiten y otras cambian. Los niños de hoy tienen acceso al mundo por un tablet, eso les da otra perspectiva que la que tuvimos nosotros, pero les dona cierto nihilismo. Cuando le pregunté a Violeta, una de las niñas que aparecen en el libro, cuánto tarda en descubrir algo, ella me contestó que, en estos días, uno se demora toda la vida, porque ya está todo descubierto. Esa certeza del mundo como algo conocido, es algo que yo no tuve cuando era chica.

“La infancia es un espacio con el que conversaremos toda la vida; hay cosas que se repiten y otras que cambian, ya que los niños
de hoy tienen más acceso al mundo, lo que les da otra perspectiva”

También podríamos decir que tus libros salen “en patota”. Cuéntanos qué viene ahora para Sara Bertrand…
Sí, suelo trabajar en proyectos paralelos porque tengo la neurótica idea de que el proyecto en el que estoy será el último que haga, que pondré el punto final y nunca más escribiré. También, porque muchas veces me siento atascada, me parece que no avanzo y, entonces, le doy vueltas al tema en otro registro. Pasa como con los hermanos que se acompañan a crecer. Mis libros también tienen hermanos de nacimiento. En ese sentido, Álbum familiar, efectivamente, es hermano de No se lo coma y de La mujer de la guarda que sale en Colombia, editado por Babel y de Afuera, los fantasmas, que sale en España, por la editorial A buen paso.

Álbum familiar, Seix barral 2016
PORTADA ALBUM FAMILIAR_IMPRENTA
No se lo coma, Hueders niños 2016
No_se_lo_coma_400

Publicado en RHUV Nº24

Constanza Mekis: “El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos”

Durante 22 años estuvo a la cabeza de uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito del fomento lector nacional: dotar a los establecimientos educacionales de las más atractivas colecciones infantiles y juveniles. Por sus manos han pasado cientos de libros y ha observado de cerca los cambios de la escena editorial. Conversamos con Constanza Mekis, hasta hace unos meses coordinadora de las bibliotecas escolares CRA, sobre el devenir de la edición de literatura infantil y juvenil en Chile y el amplio panorama al que se enfrentan hoy los profesionales del sector.

Por María Isabel Molina

c-mekis
Constanza Mekis, fundadora del proyecto Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación de Chile y actual presidenta de IBBY Chile. Fotografía de Cristóbal Marambio (2014)

En su comedor hay decenas de fotografías de escritores. Todas del mismo tamaño y perfectamente enmarcadas. Con esa misma mezcla de prolijidad y regocijo, Constanza Mekis aborda los temas relacionados con el fomento lector, los cambios en la calidad de las publicaciones chilenas y las transformaciones en las prácticas de la lectura de los niños.
En su rol de coordinadora de las bibliotecas CRA (Centros de Recursos del Aprendizaje), cargo que dejó recientemente, fue una testigo privilegiada de los cambios editoriales. Conversamos sobre editores, libros, ilustración y lectores.

A muy grandes rasgos, ¿ha cambiado la edición infantil y juvenil en los últimos 15 a 20 años?
Rotundamente, sí. Ha habido un cambio sideral en cuanto a las formas de leer, al acceso del libro y a la valoración del objeto libro. En los años noventa lo que presentaban algunas editoriales en Chile eran obras clásicas, que año a año se reeditaban. Estoy pensando en autores tradicionales como Coloane, Marcela Paz, Baldomero Lillo o lo que hacían Zig-Zag o Pehuén, en ese momento. Eran colecciones muy básicas: la materialidad de las ediciones no iban a la conquista del lector, a pesar de que tenían contenidos muy interesantes. En 10 a 12 años ya se vio un gran cambio: las editoriales dijeron “aquí estamos y tenemos que hacer un cambio”, que vino aparejado de nuevos factores y nuevos actores.
Mekis distingue en ese panorama tres momentos: uno que inicia Amanuta, con sus colecciones ilustradas, otro con Pehuén, editorial ya establecida pero que hace un fuerte giro y un tercer momento, con la aparición de sellos como Hueders, Letra Capital, Grafito, Confín, Gata Gorda… “Hoy hay apuestas muy claras y precisas con respecto a posicionar el libro álbum, de darle una fuerza al cómic. Ha sido muy interesante el proceso hacia el campo patrimonial u otros géneros, como el libro más visual y existe hoy un posicionamiento más fuerte de la ilustración”.
Sin embargo, este gran desarrollo no ha sido del todo parejo. Unos campos han crecido más que otros. “Se nota la supremacía que ha tenido el campo de la ilustración versus el campo narrativo: ahí tenemos una deuda y estamos debiendo nuestra riqueza de las palabras, de las ideas”.

Al comenzar, ¿revisaban catálogos extranjeros?
Claro. Sobre todo lo proveniente desde España, con apuestas de editoriales emergentes, que conseguían derechos y hacían buenas traducciones de obras francesas o alemanas que estaban en boga y podían llegar a Chile. Vimos cómo se iba poblando de materiales de calidad y la pregunta era ¿por qué esto que llega desde fuera no hacerlo desde acá? Y hoy, a pesar de que no ha cambiado el predominio extranjero en cuanto a las colecciones, ya se puede notar cierto equilibrio.

¿Y cómo fue tu proceso como lectora cuando te encontraste con estos libros?
Fue una grata sorpresa. Uno aplaudía estos libros que sorprendían tanto en la factura de tapa dura, que no se deshojaran, como en que no eran de papel roneo sino de papel de calidad. Porque antes todo era paupérrimo: las ilustraciones eran en blanco y negro porque, claro, era muy costoso.

¿Sabían ustedes de lo importante que sería el CRA y el rol que iban a jugar en la edición?
No, no fuimos conscientes de que estábamos insuflando algo tan extraordinario alrededor. Existía la necesidad de tener un catálogo robusto en distintas áreas y poco a poco las editoriales nos fueron acompañando. Primero hubo una conciencia editorial de responder y después, desde una respuesta básica, ellos mismos, al verse beneficiados fortalecieron su propia mecánica al entregar mejores libros. Era un engranaje o máquina creativa que se fue abriendo e invirtiendo, porque a su vez hizo eco en el mundo de los ilustradores. Se creó un círculo virtuoso.

¿Se posicionan en el mundo editorial formatos o contenidos en desmedro de la diversidad?
Creo que la gracia de toda esta evolución -o revolución- del campo editorial es que nos aproximamos a una diversidad de propuestas. Pero, depende. Porque ¿cómo hoy los libros nos muestran la diversidad de la familia, por ejemplo? Ahí no está tan presente esta diversidad. Por otra parte, en un momento se dice “ah, se necesitan leyendas”, y vamos todos con la leyenda. Ahora está la locura del libro informativo. Todavía hay una reacción a lo que se necesita y no una reflexión sobre cuáles son los grandes vacíos que existen en nuestro desarrollo editorial, un estudio profundo o un análisis en cuanto a temáticas, géneros, materialidad. Nos falta mayor conciencia de lo que producimos y lo que necesitamos.

¿Cómo reaccionan los establecimientos?
Hay un tremendo desafío porque hemos visto que desde la escuela eligen lo tradicional. ¿Cómo producir ese encantamiento para que ellos se entusiasmen por algo que no conocen? ¿Qué profesores están hoy capacitados para trabajar el cómic desde sus propias disciplinas? ¿Ven la potencialidad de este u otro lenguaje o está deshabitado el profesor en cuanto a las prácticas y didácticas de estas nuevas formas de leer?

Eso nos lleva a hablar de cómo el desarrollo editorial va acompañado de la lectura…
Exactamente. Y es ahí donde uno debiese poner la mayor cantidad de inteligencia, colaboración, aportes del extranjero y de creadores nuestros para llegar al corazón de la escuela y a la red de profesores con estas nuevas formas de leer. Y, si bien es cierto, los coordinadores y encargados CRA han tenido un conocimiento, eso “no hace verano” cuando tienes un grupo de alumnos y profesores que requieren encantarse con estas temáticas y construcciones tan diversas de hoy.

“Uno debiese poner la mayor inteligencia, colaboración y aportes de nuestros creadores para
llegar al corazón de la escuela y a la red docente con estas nuevas formas
de leer ”

¿Y si ahondamos en las prácticas de la lectura?
No le podemos pedir a este ciudadano que sea lector crítico y autónomo si tenemos una familia que no cuenta todavía con las herramientas culturales; porque leer no es solo leer un libro, sino leer una obra de arte o el cine o el mundo natural; entender la música, enfrentar una fotografía o entender la visión del autor en su contexto.
No obstante, hay factores de género que se han modificado: hoy podemos ver al padre llegar a leer; antes iba directo a ver la tele. Que la mujer cuente historias a los hijos, es más tradicional, pero hoy eso también lo hace el padre y me parece interesante como transformación cultural.

¿Cuáles serán los desafíos para las editoriales?
Los sellos se han focalizado en la ficción y hay que generar una producción de no ficción. Y ahí son otras inversiones. Pero los sellos también se han dado cuenta de las necesidades del lector, en que se cruzan el campo de la ficción y no ficción de una manera natural. Hay que engarzar ambos mundos: al lector le gustan la magia, el fútbol, la cocina, pero también la poesía y lo onírico.

En el ámbito actual de la edición, se habla de la autoedición o que faltan miradas regionales.
Ahí está el gran juego de la diversidad, que sea más inclusivo y las regiones se vean fortalecidas. En los extremos de nuestro país, tanto en Punta Arenas como en el Norte, he visto ediciones interesantes. Pero debiesen existir fondos regionales para creación de editoriales en distintas zonas.

¿Cuál es tu sueño para esta sociedad lectora?
Más que nada lo que genera la lectura, que es tener conciencia del otro. Si tenemos eso en nuestro caminar es porque hemos visto, conocido y nos hemos sensibilizado con los que piensan los demás. El mundo de la lectura sensibiliza todos los sentidos, tienes opinión, fundamentación y se te abre el corazón. Sería extraordinario que esa capacidad surja desde la escuela, la familia, el campo social para tener una sociedad digna.

Publicado en RHUV Nº23

María Teresa Andruetto: “El lenguaje es la mayor construcción de la cultura”

Ganadora del prestigioso Premio Hans Christian Andersen 2012, la escritora argentina María Teresa Andruetto conversó con HUV sobre sus inicios en el mundo de las letras, su dilatada trayectoria y los principales lineamientos de su obra.

Por Bernardita Cruz M.

maria-andruetto
Ilustración de Consuelo Moreno
https://www.flickr.com/photos/consuelomorenod/

“Creadora de libros sensibles, profundos y poéticos con una clara base literaria”. Así describió el jurado del Premio Hans Christian Andersen a la escritora argentina María Teresa Andruetto, la primera mujer de habla hispana en recibir uno de los reconocimientos más prestigiosos de la literatura infantil y juvenil. El galardón se entrega cada dos años y distingue a un autor por el conjunto de su obra.

Cuando recibió la noticia, ella estaba en su casa, devolviendo la vajilla que había arrendado para el matrimonio de una de sus hijas. “Me sorprendí, me asusté también y lo llamé a mi marido; le pregunté si podía dejar el trabajo y regresar a casa”, recuerda.

Autora de numerosos libros para niños, jóvenes y adultos, María Teresa lleva más de treinta años interviniendo en el campo de la literatura infantil –trabajó en la formación de maestros, fundó centros de estudio y revistas especializadas, dirigió colecciones y participó en planes de lectura– y es conferencista habitual en todo tipo de actividades del ámbito literario.

Entre sus títulos más destacados de LIJ se cuentan El anillo encantado, Huellas en la arena, La mujer vampiro, El País de Juan, El árbol de lilas, El incendio, Solgo, Miniaturas, Stefano y Veladuras.

Desde el pequeño poblado de las Sierras Chicas, a 40 kilómetros de la ciudad de Córdoba, donde vive en un terreno grande con una pequeña huerta y algunos animales, María Teresa conversó con Había una Vez.

¿Cómo fue su relación con los libros en la infancia? ¿Fue una niña muy lectora?

Sí, una lectora voraz, que se internaba en libros, periódicos, fotonovelas, papeles sueltos… ¿Mis libros favoritos? Fueron distintos según las épocas: cuando era muy pequeña, Las aventuras de Tom Sawyer, Corazón, Pinocho, las biografías de San Francisco de Asís o de Santa Teresita de Liseaux; después, ya más grande, hacia los 12 o 13 años, descubrí la literatura argentina, el cuento rioplatense, y me fascinó. También leí de chica mucha poesía: Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, poetas patrióticos como Olegario Andrade, más exóticos como Rabindranath Tagore, o poetas de choque como Almafuerte. No siempre entendía lo que querían decir, pero me gustaba leerlos en voz alta, escuchar cómo sonaban…

¿Escribía de pequeña? ¿Recuerda cuál fue la primera historia que quiso llevar al papel?

De chica, 8 o 9 años, adquirí el vicio de inventar historias. Lo hacía de forma oral, para mis compañeras de grado. Escribí sobre eso en Mentir, un breve texto que está en mi página web (www.teresaandruetto.com.ar). En cuanto a escribir historias, lo primero creo que fue un esbozo de cuento escrito en unas hojas de carpeta de tres perforaciones que derivó de una tarea escolar, una redacción que nos habían pedido en sexto grado, el personaje se llamaba Dina; no recuerdo mucho más que eso. Pero poco después, esas búsquedas narrativas se desplazaron a la poesía, ¡la adolescencia pide poemas!

¿Cómo llegó a ser escritora? ¿Cuáles fueron sus inicios?

Me fui haciendo, fui tras esta pasión por las historias, fascinada por lo que leía, cada vez más ávida y con deseos de inventar historias también yo. En los inicios estuvo el deseo y el amor de mi mamá por las palabras y tras eso, seguramente, mi deseo de parecérmele. Y el vicio de leer. Y mi timidez de niña que me refugiaba en los libros, en ese mundo imaginario, más interesante tal vez que el mundo que me rodeaba. Y, sobre todo, el deseo temprano de comprender a los otros, de ponerme en el lugar de otro, de otros, porque desde muy chica me sorprendía el hecho de que no todos pensáramos de igual manera sobre cada cosa.

Participa activamente en charlas y congresos. ¿Qué la lleva a emprender esos desafíos? ¿La difusión y formación son materias que van de la mano con su rol de escritora?

Hacer de puente entre libros y personas ha sido mi trabajo. Encontré pronto que esto que me gustaba, leer, podía ser mi modo de ganarme la vida y eso es lo que hice dando talleres, formando a maestros y profesores, enseñando en la escuela media, escribiendo reseñas de libros o revisando escritos de otros… Un modo de vivir, un trabajo, además de una pasión o un vicio. Ya no doy clases y he dejado mis talleres, tarea que llevé adelante durante casi 30 años, pero sigo participando en charlas y congresos, eso más que antes, ya en mi condición de autora.

¿Qué importancia tiene para usted el lenguaje?

Mucha, casi todo… Es la mayor construcción de la cultura, creo. Un espejo en el que se refleja y refracta la sociedad toda, nosotros y los otros.

En varias entrevistas ha dicho que no le gusta la división entre literatura a secas y literatura infantil…

Es lo que intento al escribir, pero también al llevar libros de otros a un grupo de niños o de jóvenes: que lo que les acercamos a los lectores en formación sea ante todo literatura. Me gustaría que no necesitara de ese adjetivo que muchas veces la restringe y la recorta.

En muchos de sus libros hay una anécdota, un personaje, un lugar que salta de la realidad a la ficción. ¿Es un ejercicio consciente o un impulso que la lleva a escribir?

Realidad y ficción son dos caras de una misma moneda, todas nuestras ficciones nacen de nuestra percepción de lo real, el imaginario está plagado de realidad, nuestra imaginación es apenas un breve vuelo, un pequeño salto. ¡Nunca nos alejamos demasiado del suelo! Y eso es en parte un impulso, y en parte un ejercicio de conciencia.

Sus propias experiencias, sus raíces, también han quedado plasmadas en su obra; de hecho, ha nombrado a Stefano como su libro más preciado. ¿Qué la llevó a escribirlo?

Lo escribí un tiempo después de la muerte de mi padre, pensando no tanto en lo que a él le había sucedido (mi padre fue un inmigrante italiano en Argentina, igual que Stefano, el protagonista del libro), sino sobre todo en el sentimiento de pérdida de la migración, que podía percibir en él y en muchas otras personas que conocí.

Ha dicho que la literatura debe sacudir al lector. ¿A qué se refiere?

Debe interpelarlo, interpelar nuestra inteligencia o nuestras emociones, nuestra subjetividad, o todo eso al mismo tiempo. Los libros que me gustan son libros que me hacen pensar o sentir lo que antes no había sabido pensar ni sentir.

¿Qué siente hoy con respecto al Premio Andersen? ¿Es una responsabilidad muy grande recibir una distinción de este tipo?

Siento alegría y mucho agradecimiento. Un agradecimiento que no sé bien a quién destinar, a los lectores diría, y sobre todo a la vida. A veces siento un poco de agobio, cuando no puedo responder como quisiera, ni en el tiempo en que quisiera, a lo que me piden. Responsabilidad frente a la escritura y frente a los otros es algo que he sentido siempre, eso no ha cambiado.

Me tocó ver la alegría y orgullo de muchos autores chilenos al saber de su premio. En su opinión, ¿existe una identidad latinoamericana en el mundo de la LIJ?

Sí, sin duda. Se trata de una identidad que tiene que ver sobre todo con la lengua. Nuestra lengua común nos hace sentir que, más allá de los matices y particularidades que nos diferencian, compartimos una misma patria. A eso, que es fundamental, se agrega nuestra misma condición de países periféricos y el momento particular –momento de mayor conciencia sobre sí– que vive Sudamérica.

El jurado del premio destacó el hecho de que sus libros tratan tópicos tan variados como la injusticia, el amor, los mundos interiores, la pobreza o cuestiones políticas. ¿Se siente igual de cómoda en todas esas temáticas?

Sí, porque no las he vivido como cuestiones temáticas. Lo que hice fue hundirme en una escena, ir tras las huellas de un personaje o de unos personajes para ver qué había allí. A veces encontré amor o asombro o alegría; otras veces miseria, injusticia, problemas políticos; a veces varias de esas cuestiones al mismo tiempo.

Además, el jurado dijo que su obra es “sensible, profunda y poética”. ¿Usted también es un poco así?

¡Espero que sí! El adjetivo poética puede caberle tal vez a la escritura, no sé si a mi persona, porque estoy acostumbrada al trabajo y la observación quizás más que al ensueño, pero me considero sensible e intento, sí, mirar en profundidad.

Hoy, ¿está trabajando en un nuevo proyecto literario? ¿De qué se trata?

Al momento del premio estaba trabajando en una novela. Casi no he vuelto a ella desde aquel día, pero imagino que de a poco todo se irá remansando, irá encontrando su tiempo, llegará el verano y podré retomarla…

Cuando era muy pequeña me mandaron con un papelito en la mano a comprar algo a un bar/almacén. Tal vez porque era muy pequeña y tenía miedo de perderme fui mirándome los pies. Cuando levanté la cabeza estaba en un sitio desconocido, aunque no muy lejos de casa. Unas mujeres me preguntaron mi nombre y no supe decirlo, no sé si porque era pequeña o porque estaba asustada. Me encontró el cartero del pueblo, me preguntó si mi mamá se llamaba Cleofé, me cargó en el canasto de las cartas y me llevó de regreso a casa. Es el recuerdo más antiguo que tengo.

Una lee el pasado a la luz de lo que vino después. En ese momento, y por mucho tiempo, fue nomás eso, el susto de haberme perdido. Siendo ya adulta, pensando en los comienzos, aquel recuerdo de infancia cobró significado para mí: una niña inmersa en un mar de papeles, en un mar de palabras. Una niña guiada por o perdida en un papelito que lleva en la mano, unas anotaciones de su madre. Niña reencontrada por el nombre extraño de su madre, niña inmersa en un canasto de cartas, de mensajes… Todo eso, y más aún, está para mí ya en ese recuerdo remoto.

Escribí sobre él de diversos modos (al entrar en Mentir, en mi pagina web, está un relato llamado Extravío): poema, ensayo, novela, conferencia… No sé si aquella escena me determinó a ser escritora, imagino que son muchas las pequeñas, ínfimas cosas, que van construyendo lo que elegimos, lo que somos, pero sí sé que para la persona que acabé por ser, aquello se significó fuertemente como el comienzo (o quizás ya había comenzado) de una relación muy fuerte con las palabras, con la escritura.

Lola Larra: “Siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir”

En la historia de Lola Larra los libros están por todas partes. En su familia, tan ligada a las letras, en su infancia rodeada de títulos y estímulos, en su trabajo en Ekaré Sur, en su pasión por la escritura. Aquí, parte de esa historia y sus motivaciones para escribir Al sur de la Alameda, uno de los libros chilenos más premiados del 2014.

Por Bernardita Cruz M.

Lola Larra

Los muros de un colegio en toma no fueron obstáculo para que la historia de un grupo de escolares chilenos saliera al mundo. Escogida como la Mejor Novela Juvenil del 2014 por el suplemento cultural del diario El País de España, seleccionada por la Internationale Jugendbibliothek de Munich para su prestigioso catálogo White Ravens, premiada por la Fundación Cuatrogatos y por el Banco del Libro, distinguida en Chile con el Premio a la Edición de la Cámara Chilena del LibroAl sur de la Alameda definitivamente fue un libro que marcó pauta en el 2014.

Lola Larra, su autora, dice que nunca imaginó el éxito que tendría esta, su primera novela gráfica. “Mis anteriores experiencias me han enseñado que es mejor no esperar nada. El editor Jorge Herralde decía que los autores somos muy pesados porque creemos que al día siguiente de publicado tu libro, el mundo tiene por fuerza que haber cambiado. Lo cierto es que nada cambia”, afirma con una sonrisa.

Periodista de profesión y autora de títulos como Puesta en escena (Edebé, 2010) o Donde nunca es invierno (Edebé, 2013), Lola (cuyo nombre real es Claudia Larraguibel) creció en Caracas y estudió y trabajó en Madrid. En España tuvo una intensa actividad profesional en la que se paseó por una gama notable y variada de medios que incluyó, entre otros, la revista Colors, El País, Rolling Stone, Vogue y una corresponsalía con Radio Cooperativa. Hoy, alejada de ese mundo, asegura que siempre intuyó que su carrera como periodista iba a ser corta e intensa. “El buen periodismo vive y se alimenta de una curiosidad perpetua que, pasados los años, va menguando en la mayoría de nosotros. O por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. El periodismo fue una escuela en la que viví cosas y accedí a escenarios, acontecimientos y personajes que no hubiese conocido de otra manera, y que finalmente me sirven como bagaje para escribir libros”.

Libros, libros y más libros

Lola creció entre libros. Literalmente. La biblioteca de su casa en Caracas, recuerda, estaba llena de opciones para que todos buscaran y encontraran lo que les apetecía. Las lecturas eran un tema de conversación en la sobremesa, un tema que unía a la familia y los convocaba a comentar, discutir y plantear puntos de vista. Y también estaba el Banco del Libro, donde trabajaba su madre, la reconocida editora y fundadora de Ekaré, Verónica Uribe. “Yo pasaba muchas tardes después del colegio en los galpones en los que en esa época estaban las oficinas del Banco y luego las de la editorial Ekaré. Había una pequeña librería en la que leí muchas novelas y cuentos. Y también estaba a mi disposición el Centro de Documentación, a donde llegaban libros de todas partes del mundo. Tener acceso a ese mundo me abrió la cabeza, desde muy pequeña”, recuerda.

Has dicho que nunca dudaste que serías escritora. ¿De dónde nace esa convicción? 

Escribo desde niña, no recuerdo si desde los 8 o 9 años. En algún lugar conservo todavía algunos manuscritos de aquella época. Y siempre me he sentido muy privilegiada de tener este espacio, este oficio que me permite pasarlo muy bien a solas. Es una de las cosas que más disfruto, y por eso siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir. Supongo que muchas de mis decisiones en la vida han estado marcadas por ese deseo. Pero me ha costado muchos años y mucho esfuerzo lograr darle el tiempo, la calma y el espacio que requiere. En ese sentido, mi regreso a Chile ha sido un buen refugio y me ha permitido organizarme mejor.

Eres sobrina de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn. ¿Qué recuerdos tienes de ellos? 

Lo primero que me viene a la cabeza es la casa estrecha y alta en la que vivían en Sitges, un pueblo mediterráneo de cuento y una casa de cuento, con un pequeño jardín penumbroso, lleno de plantas. Cuando los visitábamos, eran vacaciones muy especiales. Fernando y María de la Luz siempre estaban inventando proyectos en los que implicaban a todo el que estuviera a su alrededor: hacían películas, obras de teatro, dibujos, sesiones de fotos, exposiciones, cuentos. Eran personas muy especiales. Ambos muy serios, muy intelectuales, y a la vez juguetones, lúdicos. El arte, para ellos, era un juego muy serio. Y a mí me gustaba, sobre todo, que nos consideraran a nosotros, los niños, como sus iguales; que nos invitaran sin prejuicios de edad a compartir esas experiencias creativas.

En el mundo de la LIJ tu madre, Verónica Uribe, es figura fundamental. ¿Qué sientes hoy al trabajar codo a codo con ella? ¿Imaginaste que eso pasaría algún día?

Mis dos hermanos han trabajado con ella, en diferentes ocasiones, desde hace mucho tiempo. Pero a mí no me parecía buena idea trabajar con la familia: pensaba que eso podría enturbiar las buenas relaciones que teníamos, así que preferí hacer mi camino sola. Cuando vine a vivir a Chile, en el 2006, Verónica me invitó a fundar juntas Ediciones Ekaré Sur, una editorial que distribuye lo que viene de Ekaré y que hace sus propios libros aquí, pensando en el público chileno. Nos lanzamos y me he dado cuenta de que mis vaticinios estaban completamente errados. Mi madre es la mejor compañera de trabajo que he tenido nunca. Nos entendemos muy bien y nos complementamos. Y sobre todo aprendo mucho; es una de las personas que más sabe de literatura infantil, y es una editora extraordinaria. Ella lleva más la parte editorial y yo me ocupo más de la gerencia. Pero somos una editorial mínima, así que al final todos hacemos de todo.

Diario de una toma

Al sur de la Alameda no surgió como un impulso espontáneo. Fue un proyecto cuya gestación estuvo marcada por varios acontecimientos: en el 2006 Lola visitó algunos colegios en toma, en el 2008 empezó a escribir el diario de Nicolás, en el 2011 comenzó a trabajar con Vicente y por fin, en enero del 2014, tuvieron el libro listo.

¿En qué momento se integra al proyecto Vicente Reinamontes? ¿Cómo fue la experiencia de trabajar juntos?

Cuando tenía lista una primera versión del manuscrito pensé que no era demasiado interesante tener solo el punto de vista de Nicolás, su diario de la toma. Faltaba algo más. Y en algún momento escribí un pequeño guión de esa segunda voz, y me dije que sería bonito que ese segundo narrador contara su historia en imágenes. Acababa de leer las cosas de Brian Selznick, por supuesto, y estaba maravillada por la manera en que fluían texto e imagen. Entonces una de las editoras, Sara Rodríguez, buscó y buscó hasta encontrar a Vicente, que fue todo un hallazgo. Trabajamos juntos más de año y medio; nos reuníamos todas las semanas Vicente, las editoras y yo. También con el director de arte. A medida que se iba construyendo el relato en imágenes, el texto cambiaba: se acortaron cosas, se escribieron otras, entraron nuevos personajes. Y a nivel gráfico se tomaron decisiones como el color de páginas o el troquel de portada o las viñetas, que aportaban a la historia, que no eran decorativas solamente. Todo tenía sentido… Fue un proceso muy interesante, muy grupal y muy entretenido.

Los libreros del Club Kirico destacaron el hecho de que un libro para adolescentes plantee el compromiso político “como algo que les puede implicar”. ¿Era uno de los objetivos del libro?

No lo fue al principio. Al empezar no estaba pensando en reflejar un momento histórico ni en documentar la ‘revolución pingüina’. Yo quería algo mucho más modesto y sencillo. Quería contar cómo era una toma por dentro: el día a día, las rencillas, cómo hacían para comer, organizarse, dormir… Y lo que me convocó a escribir una novela, lo que me hizo clic para empezar, fue que la toma me pareció una escenografía literaria fascinante; me atrajo aquel microcosmos en que nosotros los adultos éramos unos intrusos. Es decir, mis razones no eran aún políticas ni comprometidas, sino puramente literarias. Yo no estaba pensando en la justicia social ni en la educación como un derecho. Yo estaba pensando en El señor de las moscas y en La invención de Hugo Cabret. Estaba pensando en literatura.

Pero todo eso fue cambiando cuando comenzó mi trabajo con Vicente. Allí le tomé el peso a lo que estábamos haciendo. Gracias a él y también a mis editoras. En el año y medio en el que trabajamos juntos en el libro, me di cuenta de que lo que nos enseñaron (o nos recordaron) aquellos pingüinos en el 2006 es que no basta con la felicidad individual. Que el bien común es algo de lo que no podemos prescindir. Y esa toma de conciencia, ese paso, esa transformación de lo individual a lo comunitario, de lo privado a lo público, es finalmente lo que le sucede a Nicolás, el protagonista de Al sur de la Alameda. 

Una de las cosas que llama la atención del éxito internacional del libro es que algo que parece tan chileno pueda calar hondo en jóvenes de otras partes del mundo. ¿Qué piensas sobre eso?

Si bien nunca pensé que la novela fuera un éxito, nunca dudé que podría interesar en otros países. El movimiento estudiantil está en un momento efervescente, de México a Hong Kong. No es la primera vez en la historia que los estudiantes plantan cara y denuncian los problemas sociales y políticos. Y por eso pensé que nuestra novela podía interesar tanto a un estudiante chileno como a uno colombiano, o español, o argentino.

A fines de marzo se inauguró una muestra del libro en Valparaíso y tengo entendido que preparan unos fanzines. ¡Al sur de la Alameda no para! Cuéntanos un poco lo que se viene con el libro.

El fanzine de El cuaderno del gordo Mellado es un proyecto que queremos presentar en la Feria de Guadalajara; ojalá se pueda. En un capítulo de Al sur de la Alameda se cuenta cómo uno de los estudiantes, el Gordo Mellado, aprovecha para dar clases de ‘Historia de las movilizaciones estudiantiles’ durante la toma. Estamos trabajando en este fanzine, que es un facsímil del cuaderno de notas del que se servía el Gordo Mellado para dar aquellas clases. En él se recorren los movimientos estudiantiles más importantes del siglo XX y principios del XXI, y quiere ser una invitación a conocer el papel que los estudiantes han jugado en los grandes cambios sociales que han tenido lugar en la historia reciente. En nuestras visitas a colegios nos hemos dado cuenta de lo poco que saben los estudiantes sobre lo que han hecho sus pares; nadie se los enseña.

¿Tienes otros proyectos editoriales en marcha? ¿Vuelves a la novela gráfica?

Estoy terminando, por fin, una novela en la que he trabajado mucho tiempo. Soy de una lentitud exasperante. Apenas la entregue, me pondré con una novela gráfica que debía haber terminado hace tiempo.

Alameda-1

Al sur de la Alameda. Diario de una toma
Autora: Lola Larra
Ilustrador: Vicente Reinamontes
Ekaré Sur, 2014
ISBN: 9789568868130

Alameda-2 Alameda-3

María José Ferrada: “En la poesía tienes un espacio de silencio que no tienes en el habla cotidiana”

El nombre de María José Ferrada no dejó de sonar en el 2014. Sus libros recibieron importantes premios en Chile y el reconocimiento de prestigiosas entidades internacionales ligadas al mundo de la LIJ. Y para este 2015 vienen más sorpresas.

Por Bernardita Cruz M.

Ferrada-int-2

 

Elogiada por su obra profunda y delicada, reconocida con importantes distinciones y cargada de proyectos, el 2014 definitivamente fue un año redondo para la escritora chilena María José Ferrada. Pero ella se toma el éxito con calma. La misma que transmite con su hablar pausado y modo atento: “Siempre los premios significan mayor visibilidad para los libros y finalmente lo que una busca es que la historia que quieres contar llegue a otras personas, así que creo que el año pasado fue eso, una oportunidad de mostrar a más personas mi trabajo”, explica.

Y es que dos de sus libros publicados en el 2013 la convirtieron en la autora chilena de libros para niños y jóvenes más premiada del momento. Niños –un poemario en el que rinde un homenaje a los niños y niñas ejecutados o desaparecidos en la dictadura chilena–, recibió el Premio Academia, con el que la Academia Chilena de la Lengua distingue a la mejor obra literaria publicada en Chile, y también el Premio Municipal de Literatura otorgado por la I. Municipalidad de Santiago, en la categoría Juvenil. Notas al margen, en tanto, le valió el Premio Marta Brunet, que otorga el Consejo Nacional del Libro y la Lectura a la mejor obra de literatura infantil, y la Medalla Colibrí, de IBBY Chile.

Recibiste una verdadera avalancha de premios. ¿Hubo alguno que te haya emocionado especialmente?

Todos fueron importantes, una alegría, pero el que más me emocionó fue el Premio Academia. Primero, porque es un premio al que no se postula, por lo tanto cuando te llaman es una sorpresa, y porque además es un reconocimiento que se ha otorgado pocas veces a libros para niños. En el jurado había gente a la que yo admiro, entonces lo sentí como un honor.

El 2012 recibiste también el Premio de Poesía Ciudad de Orihuela con El idioma secreto. Entonces el jurado dijo que esa obra es “un canto a la infancia” y un valioso aporte al género de la literatura infantil. ¿Cómo recibes esos contundentes elogios a tu trabajo?

Los recibo con mucha alegría, claro, pero también intento tomarlos con calma. Lo mismo que las críticas. Una vez una ilustradora española que no había quedado contenta con el resultado de un libro me dijo que se había tranquilizado cuando había mirado la cantidad de libros que había en la librería. Creo que esa es una imagen que te permite llevar con bastante alegría este oficio.

 

Derribando muros

María José es periodista de profesión y máster en Estudios Asiáticos. Actualmente combina la escritura con su trabajo como editora de Chile para Niños, el portal para niños de la Biblioteca Nacional.

Tienes una conexión muy especial con la cultura japonesa. ¿De dónde nace y cómo ha influido en tu visión de las cosas?

Me gusta mucho la cultura japonesa, siempre la estoy estudiando. También yo me pregunto de dónde nace eso y no lo sé. Creo que debe haber influenciado en algo mi manera de escribir. Las lecturas, y sobre todo la interacción con otras culturas y todas las preguntas que se abren a partir de esos encuentros, van quedando en tu trabajo.

Tu poesía es delicada e intensa al mismo tiempo. ¿Se parece un poco a ti?

Es difícil la pregunta porque una no se sabe definir muy bien, pero creo que puede ser que tenga esas características… Ahora que lo dices, creo que sí.

¿En qué momento de tu vida descubriste que querías escribir?

Debe haber sido cuando aprendí a escribir, porque recuerdo que disfrutaba mucho haciendo las primeras composiciones que me enviaban de tarea en el colegio. Usaba en ellas una estructura que es bien similar a la de algunos de mis libros que abren y cierran con un poema casi idéntico (en el caso de las composiciones eran frases idénticas al inicio y al final). Entonces creo que la escritura ha tomado espacios e intensidades diferentes en distintos momentos de mi vida, pero desde que la aprendí ha estado ahí como algo importante.

¿Cómo se gestó la publicación en España de tu primer libro, Un mundo raro?

Ese libro fue muy importante para mí, vino después de 12 historias minúsculas de la tierra, el cielo y el mar –una autoedición que hicimos el año 2005 con la ilustradora Karina Letelier– y lo publicó Kalandraka, una editorial española que tenía en su catálogo libros que a mí me gustaban mucho. Y se gestó como he intentado que se gesten todos mis proyectos: buscando el correo que dice “enviar manuscritos” y enviando el mío.

La poesía es un género bastante ausente en la LIJ chilena. ¿Cómo recibieron tus primeras propuestas las editoriales nacionales? ¿Tuviste que derribar algún muro al comienzo?

Claro, más aún tomando en cuenta que la mayoría de mis trabajos están escritos en prosa poética y la literatura infantil es muy rígida: escribes poesía que rime o escribes cuento. Lo mío no encajaba en esas categorías. Publiqué en Kalandraka, en Oxford University Press y en Jinete Azul antes de publicar el primer libro acá, y no fue porque no enviara manuscritos.

¿Y los niños –según lo que has podido ver en tus visitas a colegios y lanzamientos–, cómo viven y experimentan tu poesía?

Esa es una de las partes más divertidas de este trabajo. Porque la opinión de los niños es muy sincera; tienen pocas palabras para expresarse, entonces son más intensos y rotundos, en el buen sentido de esas palabras. Si les gusta tu poema, hacen uno propio y te lo regalan. Lo mismo si no les gusta, te lo dicen y ya está, no tienen problema con eso.

 

Mirada poética

Editado por Grafito y con ilustraciones de Jorge Quien, Niños es un libro que no deja a nadie indiferente. Ni siquiera a su autora, a pesar de que ya ha pasado bastante tiempo desde su publicación. “Es un libro que fue difícil en su ejecución y que sigue siendo difícil. Me cuesta hablar de él. En la poesía tienes un espacio de silencio que no tienes en el habla cotidiana, la poesía te está diciendo todo el tiempo que hay una gran precariedad en las palabras, pero aun así intentas transmitir esa experiencia: la experiencia de la ausencia, en el caso de la desaparición o muerte de niños durante la dictadura chilena. Cuando he tenido que explicar ese libro me ha costado por lo mismo: el discurso cotidiano, con el que hablo contigo en esta entrevista, no es capaz de dar cuenta de un hecho tan irracional. La muerte de estos niños fue irracional y no habla de lo malos que fueron los militares –que lo fueron– sino del ser humano que tiene oscuridades tan profundas”.

María José recuerda que alguien nombró el tema en una conversación al pasar y comenzó a investigar, con ayuda de personas que trabajaban vinculadas en temas de derechos humanos. Así el libro comenzó a tomar forma.

Imagino que escribirlo no debe haber sido fácil…

No fue fácil. Pero hay otros libros que tampoco me han resultado fáciles. En este caso fue más delicado porque tomé la voz de esos niños. Siempre me quedará la duda de si tenía o no permiso para hacer eso. Por una parte, hay dolores muy grandes involucrados, pero por otra, me parece que hay una deuda con su memoria. Ellos no están para responder.

Notas al margen es un libro enigmático, que al contrastar recortes de prensa con poesía tiene un pie en la realidad y otro en la fantasía. ¿De dónde nació la idea?

En ese libro le debo bastante a la editora de Alfaguara de esa época, Ángeles Quinteros, porque la verdad es que eran ejercicios de escritura que yo hacía en base a noticias. Debo haber tenido unos tres o cuatro cuando ella los vio y me animó a hacer el libro.

¿Con qué criterios seleccionaste las noticias que finalmente se publicaron? ¿Qué buscabas transmitir?

El criterio era el margen, por eso el título. Lo que buscaba transmitir es que en el mundo pasan cosas cada día, cosas divertidas y cosas terribles. Y mientras tanto, nosotros solo estamos pendientes de lo que nos pasa a nosotros, lo que sentimos nosotros, lo que queremos nosotros; creo que hay algo un poco peligroso en esa mirada porque el mundo es bastante más. De eso, creo que sin decirlo explícitamente, habla ese libro.

¿Qué proyectos tienes en mente para el 2015?

El 2015 viene con varios libros, pero dos que estoy esperando especialmente. El primero es la reedición que hará Zig-Zag de mi primer libro, 12 historias minúsculas de la tierra, el cielo y el mar. También por primera vez uno de mis libros, El lenguaje de las cosas, será publicado en Italia. Las dos cosas me emocionan mucho.

 

Ferrada-Un mundo

Un mundo raro
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Nicolai Troshinsky
Kalandraka, 2010
ISBN: 9788492608195

Ferrada-El baile

El baile diminuto
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Sole Poirot Oliva
Kalandraka, 2012
ISBN: 9788492608522

Ferrada-El idioma

El idioma secreto
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Zuzanna Celej
Faktoría K de Libros, 2013
ISBN: 9788415250494

Ferrada-Notas

Notas al margen
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Francisca Yáñez
Alfaguara Juvenil, 2013
ISBN: 9789561522718

Ferrada-El dia

El día de Manuel
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Patricio Mena
Alfaguara Infantil, 2014
ISBN: 9789561524224

Ferrada-Geografia

Geografía de máquinas
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Fito Holloway
Pehuén, 2012
ISBN: 9789561605688

Ferrada-El lenguaje

El lenguaje de las cosas
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Pep Carrió
El Jinete Azul, 2011
ISBN: 9788493921309

Ferrada-Ninos

Niños
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Jorge Quien
Grafito Ediciones, 2013
ISBN: 9789569356018

Ferrada-Las memorias

Las memorias de Hugo
Autora: María José Ferrada
Ilustradora: Francisca Yáñez
Ebooks Patagonia, 2013
ISBN: 9789568992804

Ferrada-Escondido

Escondido
Autora: María José Ferrada
Ilustrador: Rodrigo Marín Matamoros
Ocho Libros, 2014
ISBN: 9789563352146

Daniel Goldin: “Los malos libros pueden ser útiles”

goldin-int

En su última intervención en el Seminario Internacional ¿Qué leer? ¿Cómo leer? Perspectivas sobre la lectura en la infancia, el editor y ensayista Daniel Goldin sorprendió a los presentes al comentar que tenía muchas objeciones al trabajo de los comités de selección y sus lecturas.

Tras el encuentro –que se realizó en diciembre del 2012 en Santiago–, Goldin, uno de los hombres más influyentes del ámbito editorial para niños y jóvenes, conversó con HUV y profundizó en un tema sobre el cual tiene una postura muy clara: “De entrada creo que el trabajo de los comités de selección es valioso y necesario para orientar al público y animar la discusión pública, pero tengo muchas reservas sobre la forma en que ese trabajo se presenta y particularmente sobre la manera en que se recibe en nuestros países”.

¿Cuáles son tus principales reservas?

El trabajo de un comité de selección suele ser un proceso de evaluación arduo y prolongado en el que se analizan y discuten diversas obras. Pero lo que el público puede ver de todo ese proceso suele ser un simple listado de obras que, a juicio de los evaluadores, son las mejores. El público lego no sabe qué consideraciones se tomaron. Acepta la decisión de una autoridad que no argumenta sus decisiones, cuando lo
más valioso habría sido justamente el razonamiento.

Desde otra perspectiva, me parece importante cuestionar si ese trabajo consigue lo que se busca. En teoría, esa selección permitiría que los menos capacitados puedan acercarse a los mejores libros y estos deberían ser el sustento idóneo de un programa de formación de lectores de calidad. Pero esto no es obvio. Por una parte, porque el concepto mismo de un libro bueno o de calidad es algo relativo. Pero sobre todo porque si lo que te interesa realmente es formar a un lector autónomo, con capacidad para distinguir y valorar, debes acercarlo a una oferta editorial variada que supone, entre otras cosas, diversas maneras de comprender la calidad.

Entonces, ¿qué es para ti un libro “valioso”?

Desde la perspectiva de un proceso lector (que es la que asumo en esta argumentación) un libro no tiene un valor en sí. Lo que en cierto momento y contexto puede ser bueno para la formación lectora, en otro momento es inocuo. En un programa de educación lectora es importante que los lectores se den cuenta de que hay diferentes formas de tratamiento de un tema, diversos lenguajes, posturas estéticas, ritmos narrativos, grados de dificultad, etc.

De ahí que el valor de un libro dependa de los otros componentes del acervo y de lo que un mediador pueda realizar. Por eso aun los títulos que normalmente serían desechables, se pueden tornar valiosos.

¿Nos puedes dar un ejemplo?

Te pongo un ejemplo sencillo para que sea comprensible: un libro de ciencia en el que se diga que el hombre nunca ha pisado la Luna, seguramente sería rechazado por un comité de selección por no estar actualizado. Pero ese libro puede ser muy valioso para entender la historia y desde luego sería un instrumento de gran utilidad para explicar cómo se construye la ciencia, si hay un maestro que proponga ese ejercicio de distanciamiento frente a lo publicado. Esto mismo se podría decir de una adaptación comercial de un cuento clásico. Si hay varias se compara y analizas otros elementos que forman parte de un libro; en otras palabras, amplías el universo de lo legible: ya no solo los textos y las ilustraciones, sino también los contextos, las opciones y los dilemas comprometidos en la publicación de un libro.

Entonces, ¿cuestionas que el criterio de calidad sea determinante para la formación de lectores?

No, lo que yo digo es que la calidad no se puede definir objetivamente y que no es el único criterio importante en la formación lectora (los “malos” libros pueden ser útiles aunque sea solo para poder comparar).

Por lo demás, en mi experiencia como editor he aprendido que los lectores suelen distinguir y apreciar el cuidado editorial y el refinamiento estético, particularmente los niños, las mujeres y los jóvenes. Valoran que se les respete y eso supone también el espacio que se le concede a su propia inteligencia y creatividad.

Últimamente se ha dicho que el criterio de calidad es importante en términos económicos: puesto que no hay suficiente dinero, se debe gastar prioritariamente en los libros que valen la pena…

Me parece que evaluar los criterios de inversión es positivo. Nos obliga a poner los pies en la tierra, fijarnos en los detalles y a establecer prioridades. Pero, ¿qué es lo que nos importa cuando hacemos una selección de obras? ¿Incrementar el valor de un acervo o disponer del mejor material para estimular el desarrollo de los lectores? Si se busca esto último, el índice debería estar correlacionado con las experiencias que se propician y la forma en que estas se traducen en un lector. Pero eso es muy difícil de medir. En cambio puedes evaluar la historia lectora del público que atiendes. Cualquier persona sabe lo azaroso que este proceso resulta. No hay una sola biografía lectora idéntica.

Según ese razonamiento, los libros “malos” también son valiosos…

Es asombrosa la cantidad de libros “malos” que marcaron los inicios de grandes lectores. Con frecuencia se trata de libros fáciles o comerciales, que fueron los primeros que despertaron su curiosidad o el deseo de leer más hasta que se encontraron con algo que los sorprendió y les hizo ver la lectura (y la vida) de otra forma.

Por eso digo que esos libros deben estar también en los acervos. ¿Que esos libros se pueden encontrar en la calle? Razón de más, eso establece puentes entre la calle y la biblioteca. Y le da un nuevo valor a la biblioteca: el de un espacio que acoge lo diverso y propicia una nueva convivencia regida por criterios no solo comerciales.

¿Cuál sería entonces el papel de los comités de expertos?

Los expertos no son sabios, ni seres iluminados. Son personas que han experimentado y a fuerza de acumular experiencias han adquirido saberes y destrezas que los distinguen. En sociedades tan desiguales como las nuestras, la función de un experto en promoción a la lectura es invitar a otros a experimentar con objetos culturales (que generalmente le son ajenos e incluso amenazantes) y estimularlos a razonar y crecer con sus experiencias. Se debe evitar a toda costa ser autorreferencial.

¿No consideras contradictorio que un editor como tú cuestione la calidad como criterio?

Yo me asumo como parte de un sistema. Cuando voy a publicar un libro lo trabajo con un esmero casi enfermizo; cuido todo: el texto, la ilustración, los detalles del diseño y la impresión (aunque casi siempre al publicarlo descubro fallas que no vi antes). Pero una vez que sale publicado les paso la posta a otros y los dejo que corran su carrera con libertad y alegría. En el fondo creo que de eso se trata la educación, de hacer lo mejor posible para luego darles a otros el espacio para ser ellos, con la esperanza que lo hagan con la misma o mayor responsabilidad que la tuya.

Liliana Bodoc: “Los niños deben aprender a saborear la dificultad”

La escritora Liliana Bodoc ganadora del Premio Barco de Vapor 2008 con la novela "El espejo Africano".

Por María Teresa Ferrer

La escritora argentina Liliana Bodoc es una mujer extremadamente sencilla para todo, menos para escribir. Su pluma es compleja, difícil para algunos, fascinante para la mayoría, y la ha hecho merecedora de múltiples reconocimientos entre los que destacan El Barco de Vapor (2008) y la nominación a los premios Hans Christian Andersen 2010. Su obra es tan reconocida que nadie pensaría que comenzó a escribir recién a los 40 años. SM la invitó a Chile y entonces tuvimos la oportunidad de conversar con ella sobre su infancia, su obra, su fascinación por los pueblos originarios y su rechazo a las lecturas obligatorias, las que le han hecho pasar uno que otro mal rato.

¿Cómo se genera tu primer vínculo con el mundo de la literatura?

Mi primer vínculo se genera siendo yo pequeña. Para mí no se llamaba literatura, sino alegría. La gran persona que estuvo involucrada en eso fue mi padre, no porque fuera un intelectual, ni un escritor, ni un literato…, solo era, y aún es, un hombre que ama la ficción, el lenguaje, y por lo tanto ama los libros, y nos fue acercando a mis hermanos y a mí a la literatura de diversa índole. Este fue mi primer vínculo amoroso con la palabra, vínculo sin el cual yo seguramente no hubiera sido escritora.

Sabemos que perdiste a tu madre siendo muy pequeña. ¿Cómo te ha marcado este hecho en tu vida profesional?

Me ha marcado profundamente y eso yo lo descubrí después de haber escrito varios libros y porque un lector me lo hizo notar. Una vez una persona me dijo: “La mayoría de tus personajes tienen familias disfuncionales o son huérfanos”. Yo pensé que estaba un poco loco, pero después me di cuenta que efectivamente era así. Después de descubrir eso intenté escribir sobre una familia completa y no puedo; me sale tan inverosímil que finalmente desisto y saco o cambio algo. Creo que debe tener que ver con el modelo de familia donde una se crió. En mi caso hay una presencia fuertísima de los abuelos, y mi obra está llena de abuelos. Cuando mi mamá recién murió, mi padre se tuvo que hacer cargo de mis tres hermanos y de mí. Ese tiempo fue muy confuso y problemático, y mi papá, que era obrero en una fábrica de cemento, se las ingeniaba para regalarnos nuestro ratito de alegría, y para mí es muy claro que la literatura significa eso. Él llegaba los viernes luego del trabajo y después de lavar su delantal nos inventaba unos versitos. Los llamaba “los versitos de colores” y eran pequeñas adivinanzas para que nosotros descubriéramos el color. Mi papá nunca fue escritor, pero sentía un amor muy grande y tenía una relación muy lúdica con la palabra, y eso seguro que lo aprendimos de él. De hecho yo después escribí Sucedió en colores (Norma), que está basado en la idea de los versos.

Cuando San Pedro viajó en tren (SM) cuenta la historia de un niño y su madre que deben dejar su pueblo siguiendo al padre que va a la ciudad en busca de trabajo. ¿Tiene algo de autobiográfico este libro?

Sí, tiene el sentimiento de desarraigo, la sensación del niño de “me llevan de acá” sin siquiera preguntar. Nosotros como familia hemos sido muy trashumantes por distintas causas, pero básicamente por temas laborales. Hubo un primer gran desarraigo familiar, que fue cuando nos trasladamos de Santa Fe a Mendoza. Nos fuimos de este a oeste del país, además con climas e idiosincrasias muy diferentes, con paisajes muy distintos. Fue muy fuerte y ese sentimiento seguro está en el libro.

¿Cuándo comenzó tu fascinación por la magia y cómo definirías el género épico fantástico?

Me parece que la fe religiosa y el encanto por lo mágico que yo sí tengo (al contrario de mi padre), fueron un poco mi tabla de salvación. Creo que lo mágico, dentro de los límites de la salud, le puede servir mucho a un niño. Yo utilicé la magia como tabla de salvación a través de la literatura, de los sueños, recortar figuritas de las revistas y hacer con ellas obras de teatro… Toda la ficción, por decirlo de alguna manera, me ayudó mucho cuando las cosas se iban poniendo difíciles. Por otro lado, la definición de épico es muy amplia: es una historia colectiva que narra una batalla ejemplificadora donde lucha el bien contra el mal. Yo creo que lo épico, por definición, tiene que ver básicamente con formar a un ciudadano para un mundo determinado. Siempre en lo épico hay un sentido o una intención educativa. Si a eso le mezclamos un componente mágico, la aparición de algún elemento sobrenatural, obtenemos como resultado el género épico fantástico.

¿De dónde viene el impulso a escribir sobre estos mundos fantásticos? ¿Tendrá que ver con abstraerse de la realidad tal cual es?

Es una linda pregunta sobre la cual he estado obligada a reflexionar muchas veces. Quiero aclarar que de ninguna manera me interesa la escritura fantástica como evasión. No creo en la evasión, en primer lugar, y por eso quiero diferenciar la tabla de salvación con la evasión. La evasión es escaparse, no comprometerse con lo que pasa alrededor, y eso me parece absolutamente nocivo tanto para un niño como para un adulto. Sí creo que mi impulso a escribir fantasías va relacionado con la posibilidad de ver la realidad con otra luz, con darles un nuevo significado a las cosas. De esta manera yo verdaderamente entiendo lo fantástico. Los personajes de mi épica fantástica son personajes que trabajan al lado de los hombres, y se equivocan, sienten miedos, tienen dudas, sufren y transpiran. Lo que sí tienen, a diferencia de los comunes mortales, es la capacidad de ver las conexiones de todo lo creado.

Los mundos que describes en La saga de los Confines, ¿los creaste hace mucho tiempo en tu imaginación o fueron apareciendo en la medida que empezaste a escribir?

Un poco de ambos. Hubo una primera concepción general que tuvo que ver con una decisión de escritura. Al escribir una épica fantástica hay que crear un mundo completo: inventar un continente, su geografía, su historia, sus culturas, y esto me obligó a buscar un referente real. El continente de las Tierras Fértiles tiene su referente en América. Y con eso apareció la idea de que los pueblos iban a ser pueblos aborígenes americanos: aztecas, mayas y mapuches. Después tuve que empezar a hilar finito, a leer geografía y a estudiar. Entonces esa idea general que yo tenía se fue especificando y fue ganando el detalle: las vestimentas, comidas, venenos, etc.

Considerando que nuestra revista es chilena, ¿qué elementos específicos mapuches se pueden encontrar en La saga de los Confines?

Muchos. En primer lugar, quien vea el mapa va a notar claramente que el país en el que viven los husihuilkes es en realidad Chile. Es la franjita que está dividida por unas montañas, que ellos llaman las Maduinas, en clara alusión a mahuida, que en mapudungun significa montaña. La descripción de los personajes, aunque no es estricta, también encuentra referencia en el pueblo mapuche: el color de su piel, su rostro, la vestimenta, las armas y los nombres.

¿Y tú sabías mucho de estas culturas o te fuiste interiorizando en el momento de escribir las obras?

No sabía mucho. Tengo una sensación de afecto y de cercanía así como con todos quienes considero han sido desposeídos injustamente. Yo creo que todos los pueblos aborígenes americanos de alguna manera sufrieron un avasallamiento importantísimo. Después, y a medida que fui leyendo, no solo de la cultura mapuche sino que también de la maya y la azteca, fui confirmando la idea de que había culturas maravillosamente ricas, profundas, serias, con lenguas maravillosas, con poesía, con ciencia, con filosofía, y que toda esta masacre ha sido un poco silenciada. Suelen hacernos creer que eran un montón de salvajes que apenas sabían dónde estaban parados, y con un poquitito que una se esfuerce en estudiar estas culturas, nos damos cuenta de que tenían un bagaje extraordinario que obviamente desapareció.

Soñemos un poco. ¿Te gustaría ver Los días del Venado hecha película? Si pudieras escoger tú, ¿quién te gustaría que hiciera el papel del guerrero Dulkancellin?

Por supuesto que me gustaría. Ha habido algunos intentos de unos productores y directores argentinos, pero la realidad cruel es que no hay presupuesto en Argentina para hacer una película así. Es una película muy cara, completamente impensable para el cine argentino. Así que por ahora nada de eso más que las ganas. Y mi Dulkancellin… ¡Antonio Banderas!

¿Piensas en el público objetivo cuando escribes? Es decir, ¿escribes para jóvenes o simplemente para quien quiera leer tus obras?

Empiezo por decirte que yo creo que la literatura infantil y/o juvenil, con esa especificidad, sí existe. Con esto digo que a mí me parece que la literatura tiene que ser un texto que le permita al lector entrar en crisis, es decir, poder transformarse, poder interpelar, dialogar, criticar ese texto. ¿Qué pasa si yo le doy un libro de Joyce o Proust a un niño? No puede hacer nada de esto. Entonces, como creo que existe, de alguna manera tengo en mente a mi lector. Jamás de manera despectiva, todo lo contrario, lo tengo en cuenta para someterlo a unas cuantas dificultades que él pueda vencer. Jamás le hago fácil la lectura; a mí me parece que la lectura debe plantear alguna dificultad.

¿Consideras a los niños y jóvenes un público particularmente exigente?

Siendo absolutamente sincera, a mí me gustaría que los niños y los jóvenes fueran mucho más exigentes. Mi experiencia, por lo menos en Argentina, es que se quejan por la dificultad del texto: de que transcurre en dos tiempos diferentes, en dos espacios diferentes, que hay dos narradores, que hay varios puntos de vista…, y la primera actitud es la de fastidio. Me parece que aquí hay un enorme trabajo del maestro, del escritor, idealmente también de las editoriales, para que el niño vaya aprendiendo a saborear la dificultad, a entender que en la dificultad hay alegría, hay diversión. Que es mucho mejor leer un libro que me proporcione un enigma, una búsqueda, que un libro que esté tan digerido que no me exija absolutamente nada, más que el ratito que me lleva prestar los ojos y decodificar lo que ahí está escrito.

¿No será que los niños se complican con la dificultad de los textos porque después los evalúan? ¿Qué piensas de que los niños tengan que hacer una prueba sobre tu libro después de leerlo?

Me parece terrible. De hecho tengo una mala experiencia con eso: estando yo en Buenos Aires, un día domingo sonó el teléfono de mi casa y cuando contesto escucho una serie de insultos. Corté y el llamado se volvió a repetir, y el jovencito que estaba al otro lado me dice que va a tener que repetir el curso de literatura por mi culpa y que sabe que voy a estar en la próxima Feria del Libro y que va a ir a insultarme en público. Bueno, llegó el día de la Feria del Libro y yo iba dispuesta a pasar un mal rato. Felizmente no fue, o si fue no se habrá atrevido, no sé. Pero bueno, mira lo que puede generar la lectura obligatoria, sobre todo de un texto como La saga de los Confines, que son más de 200 páginas; es muy difícil si no te apasiona. Definitivamente yo no creo en la lectura obligatoria.

¿En qué está Liliana Bodoc hoy?

Estoy escribiendo, por primera vez, poesía para niños. Yo soy una amante ferviente del género poético, como lectora, y la verdad es que nunca lo había abordado, no sé si por temor o porque sé que es un género muy particular y muy difícil, pero me animé y estoy intentando escribir poemas para niños sobre temáticas filosóficas… Vamos a ver qué sale.