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Un Oscar al mejor cortometraje (el primer Oscar obtenido por Chile), series animadas traducidas a 10 idiomas y distribuidas en más de 40 países, productoras que ganan concursos de ideas en los festivales más importantes de América y Europa, nuevas plataformas tales como Netflix apostando por creadoras jóvenes, series animadas que se estrenan simultáneamente en diferentes países y despiertan el interés de prestigiosas distribuidoras, co-producciones con canales panregionales (Cartoon Network, Natgeo, Disney), son solo algunos de los últimos logros obtenidos por la emergente industria de la animación chilena. Son muchos y no son casualidad.

Por Bernardita Ojeda, directora de Pájaro, productora de contenidos y animación.

REWIND. Cuando comenzamos a producir “Clarita”, (2002) la primera serie de animación en Chile realizada en TVN con el apoyo del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), no fue casualidad que desarrolláramos una serie de 22 capítulos de duración entre amigos/as ingeniosos y valientes sin experiencia pero dispuestos a poner la primera piedra. La industria de la animación no existía en nuestro país. Los guionistas, animadores y directores profesionales estaban, al parecer, solo en Disney o en Japón.

PLAY. Desde ese momento hasta ahora la situación ha cambiado radicalmente. Hoy existen más de 30 productoras de animación que desarrollan contenidos propios o servicios para cine y TV en Chile y el extranjero. Algunas de ellas están produciendo de manera constante e industrial, otras son más pequeñas y tienen mayores dificultades de subsistencia, pero todas ellas están trabajando intensamente por seguir creciendo y creando. Tenemos un festival de animación de talla mundial, CHILEMONOS, que en 7 años se ha transformado un punto de encuentro y difusión fundamental para la región. El año 2012 se formó ANIMACHI (Asociación Chilena de profesionales y productoras de Animación), que ha trabajado intensamente logrando incidir en las políticas de los fondos que nos apoyan y ha creado la marca CHILEAN ANIMATION que nos da visibilidad en los mercados internacionales más importantes de mundo, a los que asistimos apoyados por fondos del estado. Contamos con los fondos del CNTV, CNCA y CORFO que apoyan los proyectos en diferentes etapas de desarrollo, nunca suficientes, pero responsables de la existencia de la mayoría, sino de todos los proyectos de animación creados hasta el momento. Estamos co-produciendo, es decir, trabajando en conjunto con otros países, lo que significa un aprendizaje enorme y una mejora en los presupuestos, difusión y calidad de las producciones. Además, actualmente existen 7 universidades que imparten la carrera de animación y desde las cuales egresan más de 100 profesionales cada año con diferentes especialidades y variados talentos.

Como resultado de todo este trabajo, la animación chilena creció, se profesionalizó y se consagró con una producción con carácter propio y reconocible en todo el mundo. Y esto no es casualidad, es causa del intenso trabajo de muchos/as actores.

Películas, series y cortometrajes son los formatos más comunes que utilizan los creadores para contar sus historias. Las temáticas son variadas y van desde cápsulas de divulgación, videos educacionales, de rescate patrimonial, musicales, miniseries históricas hasta series de humor Cartoon como las que podemos ver en los canales infantiles más vistos del cable. La producción de series ha sido bastante constante en estos años y recientemente el formato de serieweb ha venido a refrescar el estilo de las propuestas. En la producción de cortometrajes podemos encontrar trabajos más personales de autores que exploran técnicas gráficas y de animación complejas para contar historias más oscuras y profundas. Y en el cine, después de diez años sin estrenos, actualmente se están realizando seis películas animadas, unas están en etapa de desarrollo y otras ya en plena producción, todas ellas con ideas originales de creadores locales e historias universales que pretenden conquistar el público familiar nacional e internacional.

PAUSE. Haciendo una pausa, el panorama actual parece bastante prometedor si pensamos en seguir trabajando y creciendo como lo hemos hecho hasta el momento, pero tenemos como país una deuda con nuestros creadores: Tenemos que ampliar el espacio que las pantallas nacionales dan a las producciones chilenas o bien  crear un espacio público de producción y exhibición como lo tienen otros países de Latinoamérica. Mientras en Argentina se transmiten nuestras series diariamente en varios horarios y en Brasil se han logrado éxitos comerciales que incluyen juguetes y merchandising, en nuestro país no contamos con espacios constantes y adecuados donde los niños puedan ver la producción local. Nuestros éxitos están sucediendo fuera de nuestras fronteras y nuestros niños no participan de ellos.

FORWARD. Seguir creciendo para la industria de la animación es una tarea que desafía a todos sus actores de diferentes maneras. A los canales a apostar por las producciones nacionales para generar y educar audiencias que permanezcan en sus pantallas, a las políticas de estado a que comiencen a considerar a la animación como una industria que, al igual que las tradicionalmente consolidadas, necesita de incentivos específicos para industria, normas internacionales y espacios de difusión, y a nosotros, los directores y productores, a seguir trabajando duro en productos audiovisuales originales, atractivos y de calidad que obtengan tanto o más logros que los obtenidos hasta ahora.

Historia de uno Oso. Ganadores de un Oscar en categoría cortometraje. Punk Robot.

Series web Personas Cetáceas, Abuelo Com y Niño surullo. Más de 100.000 suscriptores en Youtube. Marmota estudios

Petit. Co-producción Latinoamericana estrenada en tres países simultáneamente. Distribuida por Dandelooo, Francia. Pájaro.

Nahuel y el libro mágico. Película en producción. Carburadores.

Serie animada que cuenta con el financiamiento de Netflix para su etapa de desarrollo. Fernanda Frick.

Puerto Papel. Traducida a 10 idiomas. Zumbástico studios

La leyenda de Zeta y Ozz, co-producción con Cartoon Network. Typpo, Niño Viejo y Punkrobot.

Bernardita Ojeda es diseñadora, ilustradora y directora audiovisual. Es creadora y directora de “Clarita”, la primera serie animada producida en Chile y transmitida por TVN. Entre sus trabajos también se encuentran las series “Chanchiperri” y “Hostal Morrison”, ésta última emitida en toda Latinoamérica por Cartoon Network. Actualmente dirige Pájaro, productora de contenidos y animación. Su último trabajo es la serie animada “PETIT”, basada en el libro “Petit, El Monstruo”, de la destacada ilustradora argentina, Isol.

Conocí a Themo Lobos

Primero fueron sus historietas. Más tarde el encuentro fue personal. Ambas experiencias fueron reveladoras y llevaron a la escritura de un libro biográfico.

Por Rafael Valle, periodista. Autor de La gran aventura de Themo Lobos, Editorial Sudamericana, 2018.

Parte 1:

Conocí a Themo Lobos (1928-2012) y sus historietas en mi natal Valparaíso, en 1977. Tenía 6 años cuando mi papá llegó con ese número de la revista Mampato que incluía un capítulo de la aventura con los Suterones y que primero me dio miedo, con esas gigantescas garras de topo saliendo a la superficie para atrapar a un puñado de personajes entre los que se incluía un tipo peludo como gorila.

El susto dio paso a emociones encontradas: esa mezcla de monstruos subterráneos y dibujos de caricatura que para mí era extraña (dos mundos que no se juntaban, en mi lógica), una. La otra era la certeza de que descubría algo importante que por alguna extraña razón –porque ya leía y juntaba historietas y conocía varias chilenas- hasta el momento ignoraba. Los siguientes números de ese último año de publicación de Mampato lo confirmaron, con esas aventuras tan bien contadas y dibujadas, esos dinosaurios de ojos malignos, ese Ogú que se robaba la película, esos datos histórico-enciclopédicos que quedaban inevitablemente grabados, y esos remates de Continuará… que obligaban a ir al kiosco al miércoles siguiente.

Quedé huérfano de esa saga espacio-temporal hasta que volvió a fines de los ’70 con el álbum Ogú, donde descubrí que Themo Lobos tenía otros personajes. Ahí descubrí a uno que llegaría a ser un favorito personal: Máximo Chambónez, probablemente el primer cómic que me sacó lágrimas de risa; comedia de equívocos y estupidez en estado puro, con aguda mirada sobre el arribismo y el provincianismo chileno.

Otro hallazgo llegó en la biblioteca de mi casa: un libro de portada extraña, con gente enojada levantando el puño, llamado Revolución en Chile, que por años había estado ahí cerca y que para mi sorpresa -quizás ordenando o desempolvando un día- tenía en un rincón la forma de Themo Lobos. Nuevo convencimiento: aquí había un autor que tocaba varias teclas, incursionaba en varios géneros y formatos.

La firma de Themo se convirtió en símbolo de garantía y la excusa para empezar a buscarla. Así llegaron Alaraco y Lokán, el Bárbaro en Historietas e Icarito, de La Tercera; los relatos del Abuelo Chambónez en Pocas Pecas, de El Mercurio; alguna otra portada de libro por ahí, Michote y Pericón en algún añoso ejemplar de El Peneca, tiras cómicas o chistes sueltos en otras desaparecidas publicaciones como Barrabases y El Pingüino, y ese gran regreso de mediados de los ’80 con Cucalón, donde Lobos desafiaba la sequía de historieta local autopublicando sus propias creaciones

Más adelante, en la Escuela de Periodismo, conocí a Pedro Peirano, experto themolobólogo que me reveló otros secretos. Uno era que Themo había sido el dibujante de Los Pitufos en álbumes y tapas de cuadernos, y el otro era que un detalle perfecto para reconocer sus dibujos, cuando no había firma, eran los ojillos semicerrados de sus personajes, esos expresivos semicírculos con un punto negro.

Años más tarde, los álbumes compilatorios de la saga de Mampato llegarían como regalo soñado para fans como yo. Para mí aparecía como el gran cierre para un carrera que ya duraba medio siglo, sin sospechar que mi historia con Themo Lobos tendría un continuará.

Parte 2:

Conocí a Themo Lobos por teléfono antes que personalmente, siendo reportero en La Tercera, el año 2000.

Primero lo llamé a su casa en Concón por una polémica entre Oscar Vega –cocreador de Mampato- y los productores de la película animada del personaje, que terminó siendo una excusa para que Themo contara cómo Eduardo Armstrong -el otro cocreador (*)- le había pedido que se hiciera cargo de la historieta y para un artículo hiperventilado –lo reconozco- sobre la “difusa paternidad” del chico pelirrojo.

Poco después le telefoneé por la muerte de Pepo, el creador de Condorito, donde me llamó la atención que Themo, a excepción de varios dibujantes a los que también entrevisté y a los que les pedí ilustraciones de homenaje, fuera el único que no lo tributara con un mono del famoso pajarraco. Lobos se limitó a mandarme un fax con un saludo y una ilustración de Viborita, un antiguo personaje de Pepo.

La suma de ambos telefonazos me dejó con una sensación extraña. Algo me decía que Themo, con esos dos colegas, tenía y/o había tenido una relación, al menos, poco cercana. Primera anotación mental de mi parte.

Al Temístocles Lobos Aguirre de carne y hueso lo conocí en una función con un breve adelanto del largometraje Ogú y Mampato en Rapa Nui, en 2001. Fue el sueño del pibe: conocer al ídolo que, además, me autografió un ejemplar del cómic que inspiraba al futuro film y que me impresionó por el nivel de idolatría que inspiraba entre los que se acercaban a darle la mano, abrazarlo, pedirle que acompañara posando para una foto. Segunda anotación mental: los fans del dibujante y guionista éramos probablemente más y más fans de lo que yo sospechaba.

La idea de una memoria de título hecha a destiempo fue la excusa para acercarme a Themo Lobos en su casa de Concón, en 2009, con la idea tempranamente descartada de hacer un documental a medias con mi amigo Ernesto Garratt, que me ayudó a tantear terreno. En un primer encuentro descubrimos a un conversador inagotable, una fuente llena de anécdotas, reflexiones y conocimientos.

Ya en solitario y grabadora en mano avancé un poco más. Themo aceptó ser el protagonista de mi memoria y tuvo una excusa para ventilar la suya. Así llegó el relato de una formación artística marcada por el dibujo y la lectura, la crónica de su paso por publicaciones emblemáticas de varias décadas, las respuestas de sus desaveniencias con Pepo y Oscar Vega, las confesiones del hombre de izquierda cotizado por medios de derecha y al agnóstico que dibujaba santos, el relato de un artista siempre dispuesto a reirse de sí mismo y que siempre se miró al espejo propio y familiar para esbozar su obra.

Los dibujos contaron la otra parte. Esos cientos de originales a los que tuve acceso privilegiado: páginas de historietas, tiras cómicas, ilustraciones ‘serias’, pequeñas pinturas y acuarelas, bocetos de proyectos, trabajos anónimos. Esos trabajos que completaron el retrato de un hombre prolífico y multifacético, por un lado, pero también el de un creador que entendía el arte sin más pretensiones que la de ganarse el sustento, pagar las cuentas.

Conocí al Themo correcto e incorrecto. Al hombre alegre y optimista y que hablaba de algunos episodios de su propia vida como si fuera un cómic, pero también al que guardaba viejos rencores que revelaba en off y moderaba en público. Conocí a un autor de talento marcado por esa medianía y esas contradicciones, porque de aquellas nacía la chilenidad profunda de sus personajes que recorrían un mundo donde convivían chistes y monstruos, o que revelaban que detrás del apacible -e imaginario- pueblo de Piduquén había un desastre permanente; de aquellas nacía también una obra capaz de tocar varios géneros y teclas emocionales: el drama, la comedia, el suspenso, la fantasía.

Los consejos de amigos y cercanos dijeron que en esa memoria de título estaba la base para un libro hecho y derecho. Themo Lobos aprobó la idea poco antes de morir y ahí comenzó un proceso de varios años de reescritura y pulido, de sacar cosas accesorias y poner el foco en las más importantes, de quitar y agregar capítulos, de hacer más entrevistas y de recopilar el material que lo convirtiera en la biografía “profusamente ilustrada” que el artista pidió como requisito principal.

Ahí está como resultado La Gran Aventura de Themo Lobos, texto lanzado este año, en que se cumplen 90 del natalicio de su protagonista y el medio siglo de la creación de Mampato, la revista donde alguna vez vi el forado de un topo gigantesco que miré, en el que me sumergí y escarbé durante décadas para hacer el perfil de un artista local imprescindible.

(*) Roberto Edwards, dueño de la desaparecida Editorial Lord Cochrane, que publicaba la revista Mampato, afirma también haber dado ideas para que aquella tuviera una historieta protagonizada por un niño.

Isol en su propia voz: Un recorrido por sus obras

Divertida, carismática, entretenida, y claro que sí, muy talentosa. Así es Isol, quien en su reciente paso por Chile se presentó en Ibby para contarle a un atiborrado y fanático público sobre algunas de sus creaciones. Aquí te las presentamos.

Por Josefa Torres, Editora de Revista Había Una Vez

“Me gusta hacer hablar a cosas que no hablan, me gusta ponerme en el lugar de un niño y jugar con los lugares comunes del lenguaje, con ese absurdo con el que nosotros nos manejamos”. Isol.

Abecedario a mano. FCE, 2015:

“Un libro que nunca pensé que se publicaría más que en español, y ya tiene su versión al francés y al inglés. Fue muy divertido hacerlo. Fue un juego que me propuse, de hacer una imagen por cada letra del abecedario y el uso de una paleta de colores reducida con una técnica en específico: esas fueron las reglas que hicieron del juego algo más divertido de jugar. No uso muchos colores, me parece que eso le da unidad al libro y le da elegancia al dibujo. A veces la técnica nos lleva a encontrar imágenes, al estar jugando con el pincel aparecen personajes, y surge la frase. Es interesante que los ilustradores no seamos literales, eso sería redundante y serviría para una enciclopedia, no para la narración. Parte de la gracia es hacer jugar a la imagen y el texto, y cuando uno menos muestra, más evocadora es la imagen.

La letra más difícil fue la “w”, no hay nada en castellano realmente, la cuestión es que yo la puse con la palabra ‘wow!’, me pude permitir esa licencia. Con la x no quise hacer el clásico xilófono y pensé en los cromosomas. Por eso hice una madre y una niña con la frase “soy una x x y me expando”.

El Menino, Océano Travesía, 2015.

“Este libro lo hice después de ser madre y es sobre un ser que llega un día a una casa, y del cual nadie sabe bien qué hacer con él, ni qué lugar ocupa, ni cómo funciona. Son preguntas acerca de este acontecimiento: ‘¿sabe el menino dónde iba cuando emprendió el viaje o llegó a casa por casualidad?’, o ‘el recién llegado no sabe todavía cómo usar sus comandos’. La narración es propia de alguien que ve por primera vez a esta maravilla y lo está analizando, entonces la descripción es mitad observación empírica y mitad invento.

Yo aprendí un montón sobre bebés cuando tuve el mío y de cómo ellos se perciben a sí mismos, pareciera que los niños cuando nacen no saben que no están unidos a todo, por eso de pronto no tienen conciencia del espacio, y se miran en un reflejo y no saben si es él u otro. Un día me levanté y vi que mi bebé se miraba la mano asombrado, entonces claro, de repente te despertás y te das cuenta de que tiene este pulpo que sirve para tantas cosas. Así fue como lo describí, como si fuera la primera vez que lo veía. Una de las páginas favoritas de los lectores es la que habla de los desechos: ‘también libera aguas para purificarse…’ Cuando iba a salir en inglés me dijeron que en EEUU no se iba a vender el libro por esa página. Después salió elegido en el New York Times como uno de los 10 mejores libros del año.

Lo que me gusta mucho como herramienta artística es extrañarse de lo cotidiano, en lo poético, compararlo con otra cosa y volverlo a ver. Es por eso que toda la gracia de este libro pasa especialmente por el texto, por cómo está contado, por eso estuve muy atenta a las traducciones, porque si cambia eso, el libro pierde. Las imágenes son muy cotidianas y con pocos colores, como me gusta, porque el efecto que produce cuando sacas un color a lo largo de la historia es muy poderoso”.

Nocturno, recetario de sueños. FCE, 2011.

“Este libro es muy especial y querido para mí. Surgió de las ganas de trabajar con una tinta que brilla en la oscuridad luego de cargarla con luz, que siempre me ha gustado. Un día vi en un catálogo alemán que la habían usado en una portada y pensé que se podría hacer un libro con ella, de manera que la historia tuviera una sorpresa que no se viera a primera vista; eso me gusta mucho, lo poco evidente. Para que funcionara, tenía que crear una historia distinta, ya que la tinta demora 3 minutos en “cargarse”, debía funcionar la espera, que estuviera dentro del argumento, que fuera orgánico. Por eso se me ocurrió hacer un recetario de sueños, cosa que antes de acostarse uno tenga un montón de opciones de páginas que son sueños posibles y cuando uno vaya a dormir, lo ponga bajo la lámpara de noche y aparezca lo que estaba escondido. Cada página tiene 2 dibujos: uno se ve de día y el otro de noche. Es muy simple pero siempre llama la atención”.

La bella Griselda. FCE, 2010.

“Es la historia de una princesa que era tan linda que todos perdían la cabeza por ella. Me gustó mucho jugar con este lugar común de ‘voy a perder la cabeza por tu amor’. Eso es lo genial del dibujo, que uno puede delinear cualquier cosa, y cuando dibujé esa imagen literalmente, me pareció bastante terrible e interesante para hacer una historia: qué sucedería si eso pasara realmente, en qué consiste tener este poder y si sirve para algo o no. Así, la princesa se aburre tanto que empieza a juntar sus trofeos, hacer bricolaje y barnizar las cabezas que consigue. Luego sucede que ya no la invitan a ningún lado, porque siempre todo termina en desastre…. Al final se junta con un príncipe y a los 9 meses tiene una princesita, por quien pierde la cabeza… esa es la maternidad.

El libro lo trabajé con 4 colores: azul, naranja, negro y amarillo muy clarito, todos son experimentos que hago para que el libro salga bien, como yo lo pensé. A veces hago el dibujo como 100 veces hasta que la cara quede con el trazo que yo quería”.

Tener un patito es útil. FCE, 2007.

Me gusta mucho este libro porque con las mismas imágenes cuenta dos historias. Tardó 6 años en publicarse porque no encontraban la manera de hacerlo resistente y barato, de hecho fue el primer libro que FCE mandó a China por los costos. El libro es infinito, vuelve a empezar, y está hecho como acordeón porque es la única manera de que funcione narrativamente.

Tenemos las imágenes del nene que tiene un patito y lo usa para muchas cosas; él habla en primera persona, entonces pensé que el pato también podría hablar. Cuando termina el libro, en la otra punta empieza el libro “Tener un nene es útil”, y es la versión del pato. Me gusta mucho lo de la subjetividad y cómo la misma escena puede ser vista y vivida dependiendo de cómo uno se posicione. Me parece muy conceptual como libro álbum”.

Petit el monstruo. Ocholibros, 2010.

“Fue muy interesante hacerlo, es acerca de un niño que piensa que es un monstruo porque hace cosas que sabe que están bien y otras que están mal, le confunde ser bueno y malo al mismo tiempo. La madre le dice ‘cómo es posible que un chico tan bueno haga cosas tan malas’. El libro va poniendo en cuestión qué es lo malo y lo bueno, hay algo ahí que engancha bastante con el público, es un tema inacabable. La idea me surgió al ver el boom de libros de autoayuda para adultos y pensar en cómo estamos para necesitar que nos digan qué hacer y para dónde ir. Ahí se me ocurrió esta historia, un niño que necesita un manual de instrucciones que le diga lo que está bien y lo que está mal, y lo difícil de hacerlo.  El libro tiene también unos subdibujos que se relacionan con lo bueno y malo y a medida que avanza, el dibujo se enrarece también.

Ahora hay una serie animada hecha por la chilena Bernardita Ojeda, que quedó muy buena. En Argentina la dan en varios horarios y también hay capítulos en Internet. Trasladar mis dibujos a una serie es muy difícil, para animar es un lío total, pero pudieron mantener el estilo aunque tiene más colores y más personajes. Los guiones los hizo Fernando Salem, y son 27 capítulos. Ha salido bien la serie.

Secreto de familia. FCE, 2003.

“En secreto de familia tenía la idea de una niña que se avergonzaba de su familia, que era algo que me pasaba de chica, no cuando estábamos solos sino con otras personas, siempre me parecía que los demás eran más normales. Ya de grande me pareció linda la idea y un día dibujando apareció la de los pelos, que fue el germen para la historia. Ese año saqué dos libros sobre madres, la mía estaba un poco preocupada. En esta historia, la que habla es la niña, que tiene la subjetiva de que está viviendo una de monstruos; me gustó usar una subjetiva con un lenguaje gráfico un poquito expresionista alemán como “El gabinete del doctor Caligari”, pero que en Secreto de familia es tan ridículo que nos da mucha gracia, porque sabemos que en realidad no lo es”.

El Globo. FCE, 2002.

“Un día a Camila se le cumplió un deseo: su mamá se convirtió en un globo y no gritó más. Quería utilizar un dibujo simpático porque en la historia la madre no vuelve, pero no quería que nadie se pusiera triste, sino graficar que esto es un absurdo, hay que leerlo como algo divertido, tomárselo con humor, por eso las decisiones de los ilustradores tienen que ver con cómo quieren que se lea ese texto: si la historia de una madre que no vuelve más y se convierte en globo la hago con estilo realista o tipo Gorey uno dice ‘¡qué tremendo!’, pero si la hago así uno dice bueno, es un chiste, es para reírse”.

 

El lado B de Constanza Mekis

Desde la vereda del lugar en donde vive Connie Mekis se aprecia que su casa no es como todas. En el portón se asoman varias hormigas aladas pintadas por ella, y al cruzar la puerta de entrada la sorpresa aumenta, hay libros por todos los rincones, incluso en las escaleras que conducen al segundo piso, donde además descansa tranquilamente una gran pantera de peluche, “es mi guardiana” dice Constanza, y nos invita a pasar.

Por equipo FHUV

La magia del lugar es innegable, las piezas están llenas de detalles y artefactos (todos con algún significado especial y una historia entretenida de escuchar) y, por supuesto, más libros. Llama de inmediato la atención el comedor de la casa, pues todas sus paredes se encuentran cubiertas de fotografías de grandes escritores, sin duda invitados permanentes a las conversaciones de la sobremesa. Lo que no se puede pasar por alto, son las mariposas que rondan el lugar, todas de distintos tamaños, formas y colores.

Connie nos cuenta que su afición por los lepidópteros la heredó de su abuelo, “él era un entomólogo amateur. Recuerdo llegar a su casa y verlo sentado descubriendo las mariposas que le llegaban en sobres, desde diversos lugares del mundo. Cada una con alguna particularidad que la hacía única, ya sea por la forma de sus alas, su tamaño, los colores y las combinaciones de estos. Cuando llegaban estos sobres, mi abuelo nos enseñaba la forma en que debíamos extender sus frágiles alas, con sumo cuidado para no romperlas… Sin duda en ese momento nació mi interés”.

Con el pasar de los años Connie comenzó, al igual que su abuelo, a traer mariposas de distintos lugares, para así poder crear sus propias “insectografías”. Nos cuenta con emoción que “de las mariposas me interesa saber, más que la familia científica de la que proviene cada una, el lugar en el que habitan y los distintos colores que pueden tener. Por ejemplo, en Chile hay una gran variedad de mariposas de tonos amarillos y blancos, dentro de éstas me gusta destacar a la Argyrophorus argenteus, una mariposa pequeña de alas plateadas, que son nativas de Chile y Argentina”.

Tras unos años coleccionando mariposas, decidió comenzar a crear sus propios insectarios, en los que predomina un sentido artístico más que científico, puesto que los lepidópteros los  ordena por colores y por el lugar del que provienen, ofreciendo una geografía con un llamativo abanico de diversas tonalidades. Fue tanto el corazón que Constanza puso en estos cuadros-insectarios, que comenzó a regalarlos a gente muy querida por ella.

Eso sí las mariposas no son el único insecto que fascina a Connie, también gusta mucho de las chinitas. Nos cuenta con gran entusiasmo que las hay de diversos colores y que su preferida es la que posee siete lunares, “es que es la que trae la buena suerte” nos dice. Además nos cuenta que las pinta en acuarela y que también las regala.

De búsquedas y ancestros

El mundo de las mariposas es importante para Connie, y no solo desde sus artísticas “insectografías”, sino que también desde la poesía, pues colecciona relatos, poemas y versos en los que se alude a las mariposas, entre ellos hay algunos de Vladimir Nabokov, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

Sentadas en el living de su casa, Constanza nos revela que hay algo más que la apasiona: el baile celta. Y cómo no haberlo adivinado antes, si en su escritorio hay muchos libros sobre esta cultura, se distinguen algunos sobre mitos, leyendas y gastronomía. En ese punto, nos enteramos que Connie tiene ascendencia irlandesa, nos muestra un álbum de fotografías, el que narra la historia familiar. Se aprecian fotos de distintos tamaños, anotaciones en colores, preguntas, anécdotas, sin duda un álbum familiar que invita a la lectura. Constanza nos dice al respecto: “es la historia de mi familia”, mientras tanto nosotras observamos una fotografía en la que aparece Connie bailando en una presentación.

Nos cuenta que este hobby partió hace algunos años atrás, cuando comenzó a escuchar música celta y, coincidentemente, su hija menor quiso aprender a bailarla. “Hicimos toda una investigación para encontrar el lugar adecuado, partimos en el Flannery’s y luego en la Academia Sandra Claren. Mi hija iba dos veces a la semana, yo la acompañaba y pasaba ese rato mirándola bailar o leyendo. Hasta que un día la profesora se me acercó y me preguntó ‘¿por qué no bailas con tu hija?’ En ese momento mi hija era pequeña y aún no entraba al período en el que le avergonzara mi compañía en la clase, así es que pude hacerlo perfectamente”, cuenta.

“Lo mejor que me ha dado el baile celta es el poder acceder de una manera distinta a la cultura y la posibilidad de generar relaciones humanas profundas, pues para bailarlo se necesita del grupo, del trabajo en comunidad, todos debemos llevar el mismo ritmo y para sintonizarnos nos miramos a los ojos. Durante el baile hay una comunicación constante. Por ello, entre quienes practicamos esta danza se produce Anam Cara (hermanos del alma en gaélico).

El tiempo pasó y su hija dejó de practicar este baile. Connie continúa y nos cuenta divertida “soy la senior del grupo, bailo con chicas y chicos de 9 y 11 años”. Todavía participa en algunas presentaciones de final de año, donde baila a teatro lleno. De vez en cuando aprovecha la oportunidad de ir algún domingo a Flannery’s, lugar en el que se toca música celta en vivo y la gente que asiste tiene la oportunidad de participar y bailar. “Ir a este lugar es viajar, disfrutar de la cultura de otro país a través de la danza y su música”.

“Los hobbies son búsquedas y encuentros, lo mismo que sucede con la literatura. Algo que me gusta mucho de los libros es que siempre nos ofrecen la posibilidad de conocer otros mundos, culturas diversas, ofreciendo temas que despiertan nuestra curiosidad. Una vez que despierta, es imprescindible satisfacerla. Y aquí no puedo dejar de citar a Arnold Edinborough, quien dice: ‘la curiosidad es la mayor de las bases de la educación y si tú me dices que la curiosidad mató al gato, yo digo solamente que el gato murió noblemente’”.

Nos vamos de su casa, dándole vueltas a esta última reflexión que nos regaló Connie. Sin duda sus hobbies e intereses tienen origen en algún libro que descansa entre las estanterías de su casa.

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Mesa de trabajo: Amanda Mijangos

Chile tiene un lugar especial en la vida de la ilustradora mexicana Amanda Mijangos (1986). En 2017 estaba en Santiago como parte de la gira de la obra teatral “Risas de papel”, en la que dibujaba en vivo, cuando desde México le avisaron que había sido ganadora del prestigioso catálogo Iberoamérica Ilustra. Vueltas de la vida, ahora es su obra la que está en Chile, ya que hasta el 7 de agosto se exhiben en PLOP! Galería todos los trabajos seleccionados por el certamen, incluyendo los de los argentinos Natalia Colombo, Decur y María Elina, y las chilenas Sol Undurraga y Caro Celis.

Por Claudio Aguilera

Estos ires y venires no son ajenos a su propuesta. Arquitecto de profesión, ilustradora por pasión, las creaciones de Amanda Mijangos encuentran su camino entre el caos y el control, la síntesis del afiche y sutileza poética, mezclando con acierto y vitalidad la fluidez del azar con una paleta de colores escogida a conciencia y un deseo manifiesto de penetrar en la retina del espectador.

Entre la reciente publicación de una nueva edición de El libro de la selva, su participación como invitada al festival de ilustración Imaquinario de Lima y múltiples proyectos con el estudio de ilustración Cuarto para las 3, fundado junto a Abril Castillo y Eloísa Queijeiro, Amanda Mijangos nos invita a conocer su Mesa de Trabajo.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?

Mi mamá estudiaba en la universidad cuando yo era muy niña y solía llevarme a sus clases. Para que me quedara quieta me daba hojas y plumones. Nunca  fui muy habilidosa para las carreras o lo juegos de brincar, así que dibujar fue mi juego y mi entretención desde siempre.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?

Estudié Arquitectura y estuve de intercambio en la FADU en Buenos Aires durante un año, casi al llegar me encontré con un curso extracurricular de ilustración que impartía el ilustrador Daniel Roldán. Nunca me había planteado la posibilidad de hacer ilustración, ni siquiera sabía que eso era algo que uno pudiera hacer. Veía las imágenes en productos editoriales pero asumí que era parte de las responsabilidades de un diseñador y ya. Al terminar la primera sesión salí con la alegría y la certeza de haber encontrado mi lugar. Yo era ilustradora, pero no lo supe hasta entonces.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?

Diría que el que cada uno quiera…Todos tenemos intereses y gustos distintos que se reafirman con nuestras experiencias y lugares de los que venimos y pienso que eso que somos es lo que debemos escuchar siempre para producir imágenes sinceras con las que otro pueda conectarse.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.

Admiro y respeto muchísimo el trabajo de Jesús Cisneros, sus procesos de trabajo, las investigaciones exhaustivas en las que se sumerge abordando los temas desde la literatura, el cine, el teatro, sus experimentaciones con el dibujo y los materiales y los múltiples niveles de lectura que logra en sus imágenes.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?

Si hay tiempo lo dejo. Veo la tele, leo algo, salgo pasear, ya llegarán las ideas. Si el encargo está encima, trato de dibujar otras cosas, hago manchas y les encuentro formas o hago dibujos sin esperar llegar a un resultado específico. Recordar que dibujar es jugar ayuda a volver a los proyectos con menos preocupación. ¡Y salen mejor!

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?

Mi casa, acá tenemos el estudio que poco a poco vamos haciendo a nuestro gusto. ¡Además están los gatitos!

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?

Papeles en blanco y algo para dibujar. No soy muy quisquillosa con los materiales, aunque trato de tener a disposición una gran variedad. Dibujo con lo que tenga a la mano.

¿Hay algo que odies dibujar?

Creo que no.

¿Cuál es tu técnica preferida?

Me gustan mucho las técnicas aguadas, acuarelas o tintas, porque tienen muchísimas posibilidades y los resultados siempre son un poquito impredecibles.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?

Uy… Antes me daba mucha angustia verlos a la distancia y sentir que eran horribles y ya estaban ahí muy definitivos en algún libro o en una revista o en la eternidad de Internet. Ahora lo tomo con más tranquilidad. Me gusta que mi trabajo cambie de un proyecto a otro. Exploro técnicas y formas aunque haya temas y cosas recurrentes. Así que al verlos a la distancia con algunos sigo contenta y otros me hacen pensar en cómo los resolvería ahora o si de plano no me gustan nada y preguntarme por qué, pero ya sin esa sensación de vergüenza que tenía al principio.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?

Creo que en México hay una explosión de ilustradores que solo puede aplaudirse. Hay mucha curiosidad en torno a las posibilidades de las imágenes y se abren muchos espacios, además de lo editorial, donde podemos involucrarnos, pero al mismo tiempo creo que nos falta pensar más en qué significa ilustrar, quién es ilustrador, cuál es su trabajo. Y ser también más críticos para que la calidad de las ilustraciones que producimos sea mayor. Abrir más espacios de reflexión y formación.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?

Sí, definitivamente. Todas las imágenes comunican, sean creadas con la intención de hacerlo o no. Pienso que es fundamental tener una postura política y social crítica del entorno en el que nos desarrollamos, de la realidad que cada uno vive, y buscar construir desde ese lugar  nuestras imágenes para que nuestro trabajo haga preguntas e invite a los lectores a reflexionar también.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:

Dibuja, piensa, lee (libros, imágenes, el mundo que te rodea) y pregúntate cosas, luego dibuja más.

 

1.- Imagen de denuncia sobre la política migratoria de Estados Unidos. La importancia de la ilustración como herramienta de crítica.


2.- Esta ilustración forma parte de una serie que se llama Los peces son los pájaros del mar. Es viejita, de 2014, y fue la primera vez que quedé seleccionada en el Catálogo Iberoamericano. La quiero mucho con todo y su obsesividad acuarelosa de miles de escamas.


3.- Una ilustración para el último proyecto en el que colaboré y empecé a explorar las posibilidades de la monotipia.


4.- Me parece importante que la técnica y tipo de dibujo también esté significado en las ilustraciones. Este es un libro se llama Yo te pego, tú me pegas, del escritor  Antonio Ramos Revillas y lo editó 3 Abejas. Habla sobre la violencia y el maltrato infantil. Aunque las manchas que me gustan tanto están presentes, fueron hechas con materiales duros, grafito, carbón o pinceles con acrílico muy secos para que los trazos fueran el resultado de roces violentos con el papel.


5.- Unas manchas frijolitos que pertenecen al primer libro que hice. El sueño de una alubia, editado por Alfaguara, es un poema sobre cómo crece un frijol escrito por Eduardo Carrera.


6.- Esta imagen pertenece al Diccionario de Mitos Clásicos editado por El Naranjo. ¿Cómo puedo apropiarme de lo griego y romano desde México?¿Cómo construyo retratos conceptuales y narrativos? Fue un libro muy difícil de hacer que disfruté mucho y con un proceso de trabajo en el que aprendí muchísimo.


7.- Trato de llevar con consistencia libretas de trabajo. Desde 2014 emprendimos un proyecto con amigos ilustradores y la marca mexicana de libretas Pieldemole, que se llama #DiarioCreativo. Desde entonces hago un dibujo diario en mi libreta. Ahí todo se vale y es un excelente banco de ideas para el futuro


8.- Hay imágenes que no se agotan nunca, una de ellas para mí son los pájaros. Siempre vuelven a aparecer diciendo cosas diferentes cada vez. Esta imagen es de una reedición por Editorial Planeta para la Antología amorosa de J. Sabines.


9.- Un gato o la importancia de hacerse tiempo para dibujar por dibujar.


10.- Me encanta hacer proyectos colaborativos. Esta ilustración es de El Libro de la Selva de R. Kipling editado por Editorial Castillo, donde tuve la fortuna de hacer ilustraciones a cuatro manos con Armando Fonseca.

Leer para conocer: Descubriendo el libro informativo

Escribo este artículo en primera persona, para contarles mi experiencia al participar en el taller sobre el libro informativo, dictado por Daniela Sánchez, nuestra encargada de Área de Proyectos. Mi nombre es Josefa Torres, periodista de Fundación Había Una Vez. Llevo pocos meses acá y no se imaginan cuánto he aprendido sobre lectura y fomento lector; sin ir más lejos, hasta hace poco asociaba la lectura sólo a literatura, a ensoñación, a personajes que son reales en la medida del libro, al deleite de la ficción. Qué equivocada estaba. Y eso fue lo que me pasó en el taller del libro informativo: rompí mitos y prejuicios. ¿Quieren saber cuáles? Aquí voy:

A los niños no les gusta leer: A los niños les gusta leer en la medida que la oferta sea atractiva y que como mediadores les presentemos un amplio abanico de posibilidades; en este sentido el libro informativo es un recurso inagotable, y es que si buscan un tema, lo encontrarán: animales, el espacio, los números, la naturaleza y un infinito etcétera. Tenemos la suerte de estar viviendo un boom de este tipo de textos, así es que solo basta buscar.

Leer no ficción es aburrido: Falso. Los libros informativos son imanes para los niños, porque por medio de ellos saben que están aprendiendo y el gozo que les produce saber y conocer se asemeja a la sensación de haber encontrado un tesoro. Y lo mejor, es que a diferencia de lo que se pudiera pensar, la lectura es también una práctica social: cuando uno disfruta con algo, lo recomienda. Además, como los buenos libros informativos poseen una disposición espacial fragmentaria, son un hit por el simple pero importantísimo hecho de que permiten a los niños una lectura autónoma, llena de posibles elecciones. Así como en la literatura la dirección la determina el autor, en el libro informativo es el lector quien elige cómo leerlo y esto es fundamental, porque así se forman lectores competentes, curiosos, activos, a quienes se les desafía a relacionar los contenidos con su propio entorno y a  seguir investigando sobre algún tema relacionado si es de su interés.

Los libros informativos son inferiores a los literarios: Discutible. En términos de calidad siempre hay libros y libros, es verdad, pero los buenos libros informativos son valiosísimos. ¿Y qué hace que un libro informativo para niños sea bueno? Como muestra, dos características: la presencia de recursos paratextuales como índice, bibliografía, uso de fuentes acreditadas e incluso glosarios, y la cualidad de entregar distintos niveles de lectura. Nunca lo había pensado a pesar de que lo veo a menudo cuando miro a mi sobrino José. Acaba de cumplir 3 años y es fan de la música, en especial de The Who y The Beatles y es increíble verlo hojear libros biográficos de estas bandas y cómo disfruta al identificar a Lennon o Townshend en sus páginas e imitar sus poses. Y es que los buenos libros informativos tienen un buen equilibrio entre letra e imagen, y utilizan multiplicidad de tipologías textuales para presentar los datos y diversos lenguajes gráficos como fotografías, ilustraciones, infografías y mapas entre muchos otros, lo que también desarrolla distintas habilidades en el lector, aunque aún no sepa decodificar el texto.

Los libros informativos solo proporcionan información: Sí, pero no solo eso. Evidentemente que por medio de ellos es posible aprender de los más diversos temas, pero no solo entregan hechos, también entregan seguridad, sobre todo a los más chicos. Esto, porque los niños tienen la necesidad de conocer y ordenar el mundo, y por medio de un libro informativo pueden descubrir y controlar mejor su entorno, pueden entender y darle sentido a lo que los rodea. Además, permite tener las más entretenidas conversaciones, compartir datos y procesos, perfilarse como expertos en un tema, desarrollar el pensamiento crítico, y eso sí que entrega seguridad.

Como ven, las bondades y posibilidades de los libros informativos son infinitas, así es que los invito a investigar, a deleitarse con estos textos y a invitar a otros lectores a hacerlo; no se arrepentirán. Y si se agobian y no saben por dónde empezar a buscar buenos títulos, no duden en escribirnos.

 

Liliana Bodoc, artesana de palabras

“No digo adiós. Ustedes se irán. Yo permaneceré, reinventando el recuerdo de lo que han sido. No digo adiós, aquí me quedo para contarlo todo”.

Por Carola Martínez, psicóloga y experta en lIJ

La sorpresiva noticia de la muerte de Liliana Bodoc nos sumió en una profunda conmoción. En pocas horas las letras latinoamericanas lloraban a lo largo del continente y fuera de sus fronteras.

Liliana Chiavetta Bodoc nació en Santa Fe en el año 1958. Cuando era muy pequeña se trasladó con su familia a Mendoza, donde vivió gran parte de su vida. Estudió Literaturas Modernas en la Universidad Nacional de Cuyo y en 2016 recibió el Doctor Honoris Causa de la misma Universidad.

A los 40 años publicó el primer libro de la Saga de los confines, Los días del Venado, lo que cambió para siempre la forma en que concebimos el Fantasy en español. Su editor, Antonio Santa Ana, cuenta que, cuando recibió el original en su oficina, lo dejó estar hasta que lo tomó para matar el tiempo antes de una reunión y leyó: “Y ocurrió hace tantas Edades que no queda de ella ni el eco del recuerdo del eco del recuerdo. Ni un vestigio sobre estos sucesos ha conseguido permanecer y aun cuando pudieran adentrarse en cuevas sepultadas bajo nuevas civilizaciones, nada encontrarían…”

Fue así como la poética de Bodoc le saltó a la cara. Esa particular y bella forma de narrar, de organizar las palabras como quien talla lenta y prolijamente la madera, le habló a un editor experimentado de una escritora extraordinaria. Santa Ana contrató la saga conformada por Los días del Venado, Los días de la Sombra y Los días del fuego.

Liliana Bodoc publicó catorce obras más, entre las que destacan Amigos por el viento, Cuando San Pedro viajó en tren, Presagios de carnaval y El espejo africano. Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán, holandés, japonés, polaco e italiano. Su último libro Elisa, la rosa inesperada, fue parte de un proyecto de escritura para el que Liliana viajó por el norte argentino.

En 2004, la fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito y, en el 2014, el Konex de Platino. Ganó el premio Barco a Vapor en 2008 y el premio de la Feria del libro en 2000. Integró la lista “White Ravens” en 2002 y 2013 y fue candidata al Andersen en 2010.

Murió en la madrugada del 6 de febrero de 2018, en Mendoza, rumbo a su hogar en El Trapiche, Provincia de San Luis. Pero Liliana era mucho más que estos datos biográficos: era una poeta y vivía el universo poético con una ferviente intensidad. Tenía, por ejemplo, una caja con libros de poemas y jugaba a responder preguntas que le hacían amigos y familiares con pedacitos de estos poemas que sacaba al azar de la caja, como si fuera un tarot poético. “Una poesía es un silencio rodeado de las palabras precisas”, decía, así como así y te dejaba temblando.

Liliana era una persona bella e inolvidable, te abrazaba con tanto afecto. Escuchaba cada cosa que cada lector tenía para decir en esas interminables filas de firmas y dedicatorias. Miraba a los ojos como si te escaneara. Y escribía como los dioses.

Era una narradora ejemplar, comenzaba a leer con una forma potente y arrolladora,  avanzando sobre el lenguaje, rodeándolo como  a un amante. O como a un objeto sacro. Tomaba las palabras como una artesana, resignificándolas en su condición de materia prima, como si fuesen un barro del que se podría moldear cualquier cosa. Respetaba la lengua, el lenguaje, como respetaba a cada persona: “No es mancillando la lengua que lo vio crecer como vamos a unirlo al caudal del lenguaje. Es en cambio celebrando ese puñadito que trae en el fondo del bolsillo como podemos otorgarle voz y que su voz sea un camino.” “El mundo de cada uno empieza y termina con su lenguaje.”

Y Liliana era, sin lugar a dudas, una militante, una mujer comprometida con su tiempo y su realidad. Estaba presente físicamente o con sus palabras. Ahí, en esos casos, usaba las palabras como dagas y las lanzaba como una guerrera a sus enemigos. “Arte, educación y política, son conceptos entramados y dependientes. Si la educación es vapuleada, es vapuleada la palabra de nuestros niños y nuestros jóvenes y con la palabra, sus capacidades, sus sueños y sus derechos. Entonces, la pregunta que todos nos hacemos, pero muy especialmente los escritores: ¿debe la literatura erguirse en defensa de la palabra atropellada? Quién si no.”

Liliana era. Porque el 6 de febrero murió y nos dejó desolados y sufrientes entendiendo que el mundo es más triste y oscuro sin su presencia.

Quiero terminar diciendo que Liliana era extraordinaria. Que cada uno debería haberla leído más, escuchado más, invitado más, premiado más. Que ahora murió. Que quedan sus libros y que la tarea ahora es que el mundo no la olvide, que los chicos la lean, que la recomendemos en los talleres, que la llevemos a las charlas, que la seleccionemos para los planes lectores en las escuelas y las universidades. Que no debemos permitir que su palabra se pierda. Que está en nuestras manos.

Carola Martinez es chilena y vive hace 20 años en Argentina. Estudió psicología y la diplomatura en Literatura infantil y juvenil por la Universidad de San Martín. Dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Es editora, escritora y capacitadora. Ha publicado críticas, reseñas, notas, entrevistas y ensayos en distintos medios y desde su página web Donde viven los libros). Publicó recientemente su primera novela: Matilde (Norma), parte del catálogo White Ravens 2017. Actualmente trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y es socia de la librería Donde viven los libros.

Los cuentacuentos del Madre Tierra sacan la voz

A propósito de proyecto ganador del concurso de Innovación en Mediación Lectora de FHUV, quiero contar mi experiencia con este taller.

Por Constanza Mekis, Presidenta IBBY Chile

Hace algunos meses nació en mí un interés especial por conocer alguna experiencia de fomento lector, innovadora e institucional, que trabajara con niños que tuvieran necesidades educativas permanentes. Me tomó tiempo saber de la existencia de alguna que tuviese valor, hasta que me encontré con un equipo profesional que estaba indagando en estos rumbos: Pilarica Echeverría y María Isabel Aguirre realizaban el taller “quiero ser cuentacuentos” en el colegio diferencial Madre Tierra de lo Barnechea, con niños con discapacidad cognitiva.

Quiero contarles algunos detalles de esta práctica de fomento lector. Los asistentes a este taller son siete jóvenes, que tienen entre 17 y 25 años de edad. Todos poseen distintos diagnósticos, por ejemplo algunos de ellos tienen Síndrome de Down, otros pertenecen al espectro autista y la mayoría de ellos tiene una discapacidad leve y moderada. La razón de que sean tan pocos alumnos por taller, es que las monitoras no cuentan con formación profesional en el ámbito de la educación diferencial, además ese número de alumnos permite desarrollar clases más personalizadas.

Yo tuve el privilegio de participar en dos sesiones y lo primero que percibí es que son jóvenes muy cariñosos, muchos besos y besitos y que sus edades reales son muy diferentes a cómo se les ve, por ejemplo Olivia de 18 años parece de 8. La atención de ellos para escuchar es variable, algunos se ríen y gozan, otros están en su propio mundo… y al notarlo uno se pregunta ¿no escuchan el relato? Hay otros momentos en que se puede ver que todos ponen atención y no agachan la cabeza, lo que permite apreciar cómo ellos al escuchar cuentos, sueñan despiertos.

En mi primera intervención que hice en el taller, me aventuré a invitarlos a que leyéramos juntos el cuento silente Flora y el Flamenco de Molly Idle (Barbara Fiore Editora).  Les leí a viva voz las imágenes que se iban desplegando en el cuento, usando además de las palabras mi cuerpo: imitando a Flora o a Flamenco, con sus diversas posiciones; las que a lo largo de la historia van generando un vínculo entre ellos de amistad y aventura plena. En esta ocasión observé que casi todos los presentes prestaron una atención básica a mi perfomance lectora, salvo dos de ellos que en un momento de la lectura comenzaron a tomarse las manos y a mirarse con una especial complicidad de niños, entonces me fue inevitable preguntarme ¿estarían imitando a Flora que entrelazan sus manos con Flamenco?

Cómo describirles a ustedes esta prueba de fuego… ¡Qué difícil y que hermoso momento! Por una parte, tener en frente la presencia tan heterogénea de personas en edades y en disposiciones de atención distintas y por otra, constatar que estos “niños-jóvenes” tienen por sobre todo una necesidad de afecto muy grande. Constato que el componente emocional es crucial en el mundo de cuenta cuento, su “presencia invisible” potencia un enlace mágico con los lectores. Las preguntas posteriores a la lectura estuvieron relacionadas con sus mundos imaginarios y de qué depende tener imaginación. Una conversación breve y elemental. A paso seguido, Pilarica les contó ¿Cucú quien será?, hay participación entre ellos, se toman de las manos, responden, hacen chistes y un niño-joven comenta que tiene un perro y por eso se puede imaginar a otros animales. Considero que este momento para ellos fue de gran regocijo e interés, muy natural y que se había conquistado un espacio notable de confianza mutua. Finalmente, cantan juntos un poemita acerca de La Luna y vienen las despedidas cariñosas entre todos.

Tras mi participación en aquella sesión y conversando con Pilarica y María Isabel, me enteré que todas las clases del taller cuentan con una metodología similar, lo que les otorga a los jóvenes tranquilidad, pues aquella rutina no les genera ansiedad por saber qué se va a hacer en la sesión. Me gustaría compartir con ustedes su estructura. Cada clase comienzan con el siguiente ritual: todos los participantes se sientan en un círculo y en medio de ellos hay una pequeña mesa con un mantel, sobre el que descansa la figura de una casa, la que representa el lugar donde viven los cuentacuentos. Todas las sesiones se invita a los jóvenes a entrar a esta casa y luego se inicia una breve conversación sobre lo que cada uno ha hecho en la semana.

Tras esto y para partir con el taller propiamente tal, se realiza algún juego que involucre las manos y el canto, con lo que se busca estimular la coordinación visomotriz y el lenguaje oral. En la ocasión en que participé del taller me tocó presenciar: Rompompom, en una de versión de Tamara Chubarovsky.

Luego del juego inicial, los jóvenes se acercan a una exposición de libros, los que han sido seleccionados especialmente para ellos, considerando sus gustos y capacidades. En la que se espera que cada participante elija uno, por lo que se les da un tiempo para mirar y leer. El resultado de este espacio de exploración es puesto en común, ya sea leyendo a sus compañeros o comentando porqué escogieron tal libro y qué fue lo que llamó su atención. Sin duda, este momento de la clase es una excusa para conversar entre lectores, entre personas que gustan de los libros.

Hecho esto, se da inicio al momento central de la sesión, los jóvenes-niños practican el cuento que leerán a sus compañeros en la presentación final. En estos momentos, las monitoras retroalimentan a los participantes, dándoles consejos y sugerencias concretas para mejorar su narración.

Para finalizar las sesiones, se realiza algún juego relacionado con el lenguaje, ya sea con adivinanzas  (muy simples) o interactuando a partir de algún libro. Por ejemplo, con  Puedo rugir de Frank Asch (Editorial Corimbo), aparecen ilustrados diversos animales (tortuga, gato, caballo, cabra, serpiente, morsa, entre otros), que en lugar de tener cabeza tienen un agujero, el que permite que los lectores coloquen su cara en él. De este modo, los jóvenes se desafían unos a otros, invitando a poner sus caras en dicho espacio, para imitar el sonido del animal ilustrado.

En total se han realizado tres talleres y cada uno ha tenido una duración de ocho sesiones, los que finalizan con una gran presentación, en la que los que se han formado como cuentacuentos, regalan la lectura o narración de una historia a alumnos menores de su colegio.

Y en esta sesión final, fue la segunda vez que participé del taller. Se trataba de la ceremonia de graduación y observé a todos los participantes contar el cuento La tortilla corredora de manera coral, es decir, que cada uno narra una parte de la historia. En esta sesión de cierre, estuvieron presentes los padres y apoderados de los jóvenes cuentacuentos: Sebastián, Samuel, Olivia, Yoselyn, Dravna, Cristóbal y Allan. Se sentía en el ambiente un gran entusiasmo y disfrute de la sesión, tanto de los cuentacuentos como de los alumnos del colegio que iban a escuchar el cuento.

No obstante, reparé en una situación especial; había un alumno muy intranquilo pues su madre no llegaba a ver la función. Felizmente, la madre llegó atrasada, con lo cual esta tensión contenida, al final se tradujo en que joven estalló en llanto. Vino un abrazo fuerte, muy fuerte, entre ellos. No hubo palabras de consuelo, solo apego físico. Para él lo importante era simplemente que la madre estuviese allí.

Posteriormente, al conversar con la madre: me comentó que en la casa, ella “nunca está sola, siempre está el hijo a su siga…” él necesita estar cerca de ella, a su lado. Comprenderán que además de todo el trabajo que implican las labores del hogar, también hay que sumar estas demandas hogareñas, que para mí eran insospechadas. La presencia física, la dedicación y los tiempos que hay que dedicarles a estos jóvenes-niños son muy exigentes. Pensar en estas familias y lo que viven cotidianamente con sus hijos, me hizo reflexionar que este trabajo de cuentacuentos, tan simple y lleno de detalles, les traía a estas familias un bello suspiro y alegrías en sus vidas.

Recogiendo la experiencia incluyo algunos consejos prácticos para trabajar con niños con necesidades educativas permanentes:

  • Considerar siempre la etapa del desarrollo en que se encuentra el niño o joven.
  • Tener los intereses y los gustos del joven o del niño.
  • Ofrecer variedad de libros, formatos y géneros, que estos se adapten a sus necesidades, gustos y habilidades
  • Recordar que leer no es solo decodificar. Por lo que para trabajar con niños que no saben decodificar, los libros silentes serán un gran aliado.
  • Invitar a conversar; que los libros sean una excusa para iniciar una conversación.
  • Utilizar los juegos y canciones como otra alternativa para vincular al niño con el libro y la lectura.
  • Realizar una hora del cuento, preparando la sesión y articular de manera coherente sus tres partes (motivación, lectura y cierre).
  • Respetar siempre la visión o interpretación que el niño o joven pueda hacer del cuento.
  • Planificar pensando en adaptarse a las necesidades y habilidades del niño o joven y no al revés.

Y para finalizar, con el propósito que esta práctica se multiplique, me gustaría compartirles algunos libros que han dado buenos resultados en este taller:

  • ¡Beso, beso!, Margaret Wild, Ekaré
  • ¿Qué puede oír Blas?, Lucy Cousins, Serres
  • Lobo, Olivier Douzou, FCE
  • Buenas noches gorila, Peggy Rathmann¸ Ekaré Sur
  • Fuera de aquí horrible monstruo verde, Ed Emberly, Océano Travesía
  • Las manos de papá, Emile Jadoul, Corimbo
  • La sorpresa de Nandi, Eileen Browne, Ekaré Sur
  • Gato azul, Soledad Sebastián, Gato Azul
  • De paseo, Estrella Ortiz y Paloma Valdivia, Amanuta
  • Estaba la rana, Paloma Valdivia y Carles Ballesteros, Amanuta
  • La sorpresa, Sylvia van Ommen, FCE
  • Los amigos de Elmer, David McKee, Anaya
  • Cómo atrapar al monstruo de tu armario en 10 sencillos pasos, Laura Gamero y Manu Callejón, Bárbara Fiore
  • Todo el mundo hace caca, Rascal y Pascal Lemaitre, Corimbo
  • El niño y el aeroplano,  Mark Pett, GataGorda ediciones
  • El pastel está tan arriba, Susanne Straßer, Editorial Juventud
  • Oh! La luna, Eric Battut, Editorial Kókinos.
  • La ola, Suzy Lee, Bárbara Fiore Editora
  • Una pequeña casa en el bosque, Jutta Bauer, editorial Lóguez
  • Pequeña Oruga Glotona, Eric Carle, editorial Kókinos

Constanza Mekis: Bibliotecaria, Magister en Lectura y Literatura Infantil y Juvenil, Universidad de Zaragoza. A cargo por 20 años de la Coordinación Nacional de Bibliotecas Escolares/CRA Enseñanza Básica y Media del MINEDUC. Ex Directora para América Latina de la IASL (International Association School Librarianship).
El 2004 recibió el Premio anual Cámara Chilena del Libro por su destacado compromiso con la Promoción a la Lectura. Ha colaborado para el Máster en Promoción a la Lectura, coordinado por la Universidad Alcalá de Henares y Fundación Germán Sánchez Ruipérez y ha participado como maestra en la Diplomatura de postgrado en Bibliotecas escolares, cultura escrita y sociedad en red de la Universitat Autònoma de Barcelona y el Centro de Altos Estudios Universitarios CAEU de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Barcelona, España, 2012.

Pilarica Echeverría e Isabel Aguirre, ganadoras del concurso de Innovación en Mediación Lectora: Lectura y discapacidad

Con el fin de recoger las mejores prácticas nacionales de fomento lector, nuestra Fundación realizó el primer concurso de Innovación en Mediación Lectora. Luego de recibir 39 proyectos admisibles, el comité dio como ganador a “Los cuentacuentos del Madre Tierra sacan la voz”. Aquí sus protagonistas nos cuentan su experiencia en primera persona.

Por Josefa Torres, editora RHUV

La práctica ejecutada por María Isabel Aguirre y Pilar Echeverría –Pilarica- se lleva a cabo en el Colegio Diferencial Madre Tierra de Lo Barnechea, y consiste en la formación de jóvenes con discapacidad cognitiva de entre 17 y 25 años como cuentacuentos. El taller lleva dos años en curso y para el 2018 fue incorporado como parte del programa educativo del establecimiento. El jurado se decidió por este proyecto por lo novedoso y necesario que representa formar a jóvenes con discapacidad cognitiva como mediadores de la lectura –iniciativa única en nuestro país- y por la presencia del libro como eje central de la actividad.

Pilarica e Isabel realizan voluntariado en la comuna de Lo Barnechea desde hace un tiempo: Pilarica comenzó con la formación del grupo en los 90, e Isabel empezó en 2014, cuando asumió la coordinación del voluntariado con su compañera. Y fue en 2016 que comenzaron a realizar el taller de cuenta cuentos en Madre Tierra. Aquí nos cuentan cómo ha sido este increíble proceso.

– Entendemos que la idea nació de uno de los alumnos. ¿Cómo fue su propuesta?

– La labor de las voluntarias cuentacuentos de Lo Barnechea es ir a contar cuentos a los distintos colegios y jardines de la comuna. Uno de esos colegios era el Madre Tierra, donde periódicamente dos o tres voluntarias iban a encantar a los niños con cuentos, poesías, adivinanzas y trabalenguas. Un joven del nivel exploratorio, Javier, se entusiasmó tanto con esta actividad que le comentó a su profesora que quería ser cuentacuentos. El interés del joven fue tomado muy en serio por las profesoras y las autoridades del colegio, por lo que se acercaron a nosotras, como coordinadoras del voluntariado, para ver la posibilidad de encausar de alguna forma concreta aquel interés.

La primera medida que se tomó en conjunto, fue invitar a Javier a una de las reuniones mensuales del voluntariado, para que tuviera contacto con las cuentacuentos de igual a igual y evaluar la posibilidad de que se integrara al grupo. Para esa sesión él preparó la lectura del cuento Los mejores amigos de Rachel Anderson, lo que fue muy emocionante para todos los que participamos de ese encuentro.

Tras ello, nos reunimos con la directora del colegio, Dayany San Martín, y la jefa de UTP, Nancy Tello, y convenimos que lo mejor que podíamos hacer era realizar un taller de formación de cuentacuentos dedicado especialmente a los alumnos interesados del colegio. Fue así como el año 2016, cinco jóvenes asistieron una vez a la semana al Centro Lector para formarse como cuentacuentos.

– ¿Qué títulos han utilizado? ¿Cómo los eligen? ¿Cuáles son los favoritos de los alumnos?

La selección de los títulos ha sido un camino difícil de recorrer. Como mediadoras de lectura sabíamos que necesitábamos libros con textos básicos e ilustraciones llamativas, ya que no todos los participantes sabían decodificar ni leían de manera fluida y por otro lado sabíamos que los lectores eran jóvenes, por lo que había que buscar  un equilibrio entre libros con textos básicos y que no fueran demasiado infantiles… lo que no fue nada fácil.

El camino que hicimos fue el siguiente: la primera selección contenía libros como Biblioburro o Un león en la biblioteca, pero inmediatamente nos dimos cuenta de que sus textos eran largos y complejos para la habilidad lectora que tenían los jóvenes, ya que en su lectura en voz alta predominaba el silabeo. Por lo que, decidimos escoger libros con predominio de ilustraciones y textos breves; pero como ya adelantamos, el problema es que el tipo de libro que estábamos pensando era para niños muy pequeños, lo que discrepaba de los intereses e inquietudes de los jóvenes. Entonces, fue que se nos ocurrió decirles y aclarar constantemente que los libros con los que trabajaríamos eran para niños más chicos, porque dentro de las habilidades de un cuentacuentos es conocer los intereses de su público lector, y como ellos les leerían a otros niños debían escoger libros acordes a las edades de su público. Convencidos de su rol, rápidamente se apoderaron de los libros y los trabajaron con entusiasmo. Los títulos que seleccionaron de todos los que les presentamos fueron: Las manos de papá de Emile Jadoul, Lobo de Olivier Douzou, ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! de Ed Emberly, Beso, beso de Margareth Wild y Bridget Strevens-Marzo, La tortilla corredora de Laura Herrera y Scarlet Narciso, ¿Qué puedes oír Blas?  de Lucy Cousin y Buenas noches gorila de Peggy Rathmann.

Otros libros con los que hemos tenido buenos resultados han sido los de adivinanzas con solapas como ¿Cu-cú quién es?  de Amanda Leslie o Muéstrame tu colita de Stéphane Frattini. Por último, también recurrimos a juegos de palabras y cuentos breves, especialmente los de Tamara Chubarowsky, pues combinan muy bien movimientos corporales con juegos de rimas.

– ¿De qué manera guían la conversación literaria con estos jóvenes?

– En cada sesión intercambiamos ideas con ellos de manera muy libre y espontánea. Les pedimos sus opiniones sobre el cuento leído, sobre la actuación de los personajes, sobre las ilustraciones. Los escuchamos y sobre sus propias respuestas generamos nuevos comentarios. Obviamente que nosotras conocemos muy bien el tema de los libros y dominamos sus ilustraciones de tal manera que la conversación siempre la dirigimos hacia el libro que estamos comentando y tratamos que no se vayan por las ramas. Pero es inevitable que comenten sobre sus vidas, sus familias, sus preocupaciones del momento. Hay que escucharlos, pero a la vez hay que ser estrictas para traerlos nuevamente al cuento.

– ¿Han notado un aumento en el interés de estos jóvenes por conocer más libros?

– Espontáneamente diríamos que no. Pero nosotras les llevamos muchos libros distintos cada sesión y hacemos una exposición con ellos y los invitamos a mirarlos, a tocarlos, explorarlos y a leerlos. Ese ejercicio es algo que les gusta hacer y de vez en cuando nos piden que les prestemos alguno. Por otra parte, como no hemos hecho un seguimiento de sus experiencias lectoras fueras del taller, no podemos corroborar si ha aumentado el interés de los jóvenes por los libros.

– Comentan que uno de los beneficios de esta práctica es la mejora de la autoestima de los participantes. ¿En qué lo notan?

– En las primeras sesiones se muestran tímidos, conversan poco, se sienten inseguros de leer y titubean bastante. Poco a poco, en la medida que se van familiarizando entre ellos, porque no todos pertenecen al mismo curso, y cuando asumen la responsabilidad de leer a un público determinado, comienzan a adquirir confianza en lo que están haciendo. Esto se manifiesta en que una vez que el taller avanza, ellos comienzan a corregirse unos a otros, siempre en un ambiente de amistad y respeto. Eso es algo muy lindo de ver, el cómo terminan ayudándose entre ellos de tal modo que el día de la presentación se sienten muy seguros y convencidos de lo que están haciendo.

Otro momento en que se manifiesta esta confianza es el dominio del escenario y el desplante que tienen cuando realizan la presentación final. Los hemos visto interactuar con el público haciéndoles preguntas e invitándolos a participar de los juegos que han preparado previamente. Incluso, muchas veces lo hacen de manera improvisada y en forma adecuada. Por último, podemos contarles que los jóvenes del taller han demostrado su orgullo de ser cuentacuentos en las distintas entrevistas que les han hecho en el colegio.

– ¿Con qué dificultades se han encontrado en el camino?

– Más que hablar de dificultades sería bueno hablar de lo que hizo posible este proyecto. Creemos que sin el apoyo de la directora, Dayany San Martín y de la jefa de UTP, Nancy Tello, este taller no hubiese resultado. Ellas creyeron y confiaron en nosotras y con una fe ciega nos abrieron las puertas y nos entregaron a sus alumnos. Además, nos apoyaron aportándonos consejos y conocimientos más técnicos desde el ámbito de la educación diferencial, área que nosotras no manejamos.

Ahora, por supuesto que tuvimos dificultades, desde un inicio era obvio que las tendríamos pues sabíamos que estábamos construyendo un camino a pulso. No fue fácil definir qué libros serían los más adecuados o lograr que la asistencia fuera más constante. Con eso muchas veces nos vimos felizmente obligadas a alargar la cantidad de sesiones para suplir las que los niños habían faltado. Lo importante era lograr el dominio de las lecturas por parte de los cuentacuentos. Otra traba que se hizo evidente fue la falta de libros en la biblioteca y un sistema de préstamos profesional. Gracias a este taller el colegio se inscribió en las bibliotecas CRA y ya recibió su primera partida de libros.

– ¿Cómo es la recepción de los alumnos asistentes al taller final, cuando escuchan a sus compañeros contar cuentos?

– La primera vez que hicimos el taller fue en el Centro Lector. Allí los jóvenes hicieron tres presentaciones a cursos de distinto nivel del mismo colegio. La verdad es que los cuentacuentos dominaron muy bien al público, los motivaron y los dejaron encantados con la presentación. Varios niños de los que asistieron se nos acercaron diciendo que querían ser cuentacuentos, viendo en sus compañeros mayores un ejemplo a seguir. El año 2017 la presentación final fue en el mismo colegio y los niños que asistieron participaron de las canciones, se rieron y disfrutaron de la lectura colectiva de La tortilla corredora. En esa ocasión también se invitó a apoderados y amigos que realmente se conmovieron con la lectura en voz alta de los jóvenes. Fue muy motivador para nosotras ver el orgullo de las mamás, papás, abuelas al ver a sus hijos cautivando a un grupo de niños con un cuento.

– ¿Cuál ha sido la enseñanza más importante para ustedes de toda esta experiencia?

– La primera es que cuando uno cree en algo, se puede. Y la segunda, es que los libros y el gusto por ellos es un idioma universal, independientemente de los intereses, de las habilidades y dificultades de cada uno, siempre se podrá establecer una conversación entre lectores. Lo que queremos decir es que los libros constituyeron un puente de comunicación entre estos jóvenes y nosotras, que no teníamos experiencias con niños con discapacidades cognitivas. Y al final nos dimos cuenta que no resultó diferente a otros trabajos que hemos realizado como mediadoras.

– ¿Cómo creen que se podría diseminar esta práctica en otras instituciones con jóvenes con discapacidad cognitiva?

– Primero teniendo las ganas por parte de la institución de probar nuevas prácticas y teniendo confianza en los jóvenes y en las personas a cargo, como sucedió con la directora y jefa de UTP de este colegio, pues ellas creyeron en la posibilidad de desarrollar habilidades comunicativas y fomentar el gusto por la lectura de sus alumnos a través de instancias distintas a las clases de lenguaje. Fue así como modificaron horarios y reemplazaron las horas de lenguaje de los jóvenes participantes por las del taller. Es decir, fueron flexibles y no tuvieron temor de romper con la rigidez de la estructura escolar en beneficio de los alumnos.

Por otro lado, creemos que una muy buena forma de diseminar esta práctica es dándola a conocer a través de distintos medios para que otros se entusiasmen y las adapten a sus contextos. Por eso agradecemos a la Fundación Había Una Vez por organizar este concurso y por permitirnos contar nuestra experiencia.

– ¿Cuál creen que es la deuda de la sociedad con este tipo de iniciativas?

– Desgraciadamente como sociedad nos falta conciencia acerca de lo que realmente significa integrar a personas que son diferentes a uno. Uno no se pregunta quién es el diferente, simplemente lo da por hecho y eso no nos parece. Para nosotras estos jóvenes son uno más de la sociedad y tienen el derecho de formarse y el deber de entregar lo que han aprendido. Como sociedad hemos avanzado mucho en integración, pensemos en lo que se hizo con la película Los niños de Maite Alberdi, pero eso no quita que nos falta. Tenemos que atrevernos y convencernos que todos podemos cuando realmente queremos.

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Chile en Bolonia, un espacio ganado

Importantes incentivos como un programa de traducciones, y sobre todo, el trabajo coordinado entre el Consejo del Libro, ProChile y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE, permiten costear a una delegación de casi 30 personas con pasajes y estadía incluidas, y ha posibilitado que decenas de ilustradores, autores y editores puedan viajar desde hace varios años a las Ferias más importantes del libro del mundo a ofrecer su trabajo y conocer las características de la demanda editorial.

Por Vivian Lavín, corresponsal desde Bolonia

L

a Feria de Bolonia ofrece un espacio donde se intercambian y muestran “contenidos para niños”, esto es, no solo libros infantiles -considerando que los formatos con los que convive hoy el libro son cada vez más amplios- sino también la creación de aplicaciones digitales, audiolibros, y el licenciamiento. Con China como país invitado de honor 2018, la Feria del Libro Infantil quiso homenajear a una potencia editorial, impresora y compradora de derechos, sin contar con la enorme oferta creativa que tienen para su propio mercado. De hecho, las pequeñas editoriales chilenas vienen ya desde hace mucho tiempo imprimiendo sus libros en China, aunque esto sea a miles de kilómetros de distancia, debido al excelente precio y calidad que ofrece. Esto sucede, por lo general, cuando el Estado les solicita tirajes abultados. El mercado chino representa, junto al asiático en general, una fuente casi inagotable de oportunidades para vender copyrights o el derecho a reproducir libros por tirajes impensables en este lado del mundo. Hay que considerar que el tiraje promedio de un libro en Chile no supera los 500 ejemplares, de modo que alcanzar estas dimensiones implican una oportunidad de crecimiento inédita.

¿Y qué pasa con Chile?

¿Qué tiene que mostrar Chile en un mercado tan competitivo y desarrollado como el que se da cita en la Feria del Libro de Bolonia? Mucho agua ha pasado bajo el puente desde lo que sucedía hace más de una década cuando solo iban hasta allá las fundadoras de Editorial Amanuta o Constanza Mekis, una de las creadoras de las Bibliotecas CRA –Centro de Recursos del Aprendizaje -, y arribaban a un espacio cedido gratuitamente por los organizadores a aquellos expositores de países subdesarrollados… por cierto en una esquina prácticamente invisible.

Todo eso ha cambiado, y en la versión número 55 de la Feria, Chile contó con un stand de casi 50 metros cuadrados, que consideraba cinco mesas para la compraventa de derechos, un espacio de exhibición de los libros, una pequeña bodega-cocina donde se disfrutaba de un excelente espresso italiano y refrigerios para calmar la sed y el hambre de una treintena de personas que eran parte de la delegación y, dominando todo el espacio, una gigantografía que reproducía una de las páginas del libro La playa de la ilustradora chilena Sol Undurraga, ganadora del Premio Opera Prima 2018. Todo esto, sin contar que en el stand contiguo estaban las mismas Amanuta, como se les llama coloquialmente a las socias Ana María Pavez y Constanza Recart, que en esta versión fueron nominadas para el Premio BOP, que reconoce al oficio editorial de diferentes regiones mundo. Es la segunda vez que son nominadas a este premio y, lo cierto es que el solo hecho de estar entre los finalistas las sitúa en el olimpo boloñés.

Para que esto fuera posible, es decir, que la ilustración y la edición chilena hayan conseguido esta visibilidad y prestigio en las grandes ligas, es producto del trabajo serio que realizaron un par de editoriales infantiles nacionales por años, haciendo escuela, entre las que también se cuenta a Ekaré Sur. Por si fuera poco, mientras en el pabellón se realizaba una fecunda actividad comercial, la autora Sara Bertrand realizaba una exitosa gira por Italia y Lola Larra presentaba la versión en italiano en su libro Al Sur de la Alameda.

Importantes incentivos como un programa de traducciones, y sobre todo, el trabajo coordinado entre el Consejo del Libro, ProChile y la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE que permiten costear a una delegación de casi 30 personas con pasajes y estadía incluidas, han permitido que decenas de ilustradores, autores y editores tengan la posibilidad de viajar desde hace varios años a las Ferias más importantes del libro del mundo a ofrecer su trabajo y conocer las características de la demanda. Toda una organización que despierta la admiración y envidia de argentinos, peruanos y demás editores latinoamericanos que no cuentan con la ayuda de sus gobiernos para abrirse al mercado internacional. Porque el Chile de salmones, vino y cobre se va abriendo a nuevos mercados como es el de las industrias creativas, propias de países desarrollados que siguen dominando la escena, pero que van encontrando a nuevos competidores como Chile, donde el sector público y privado trabajan de manera coordinada. Una situación ejemplar a este lado del mundo y que orgullosamente los chilenos exhibimos como parte de una política pública de apoyo a las industrias creativas que queremos ver cada vez más consolidadas.

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Fotografías de Paula Vásquez