Categoría: RHUV

“Contar con los cuentos” de Estrella Ortiz

Por  Amparo Arias

Los cuentos son relatos cortos, generosos que nos acercan y transforman. Mapas que nos iluminan y enseñan la utilidad de la palabra para crear mundos y melodías. Escuchar cuentos, nos transporta hacia ese instante único y mágico. Pues, festejar el poder de la voz, es rendirnos a la fantasía de oír el cuento, acompañándonos.

A través de cinco capítulos, la española Estrella Ortiz, maestra, escritora, teatrera, narradora y una de las creadoras de la primera Maratón de los Cuentos de Guadalajara, reflexiona sobre su propia experiencia como narradora oral. En cinco apartados, reúne pautas que cualquier mediador debiera considerar a la hora de iniciarse en el arte de contar cuentos. Con una epígrafe sobre la palabra, inicia el primer capítulo con el cuento y sus siete razones. En el segundo, escribe sobre las cualidades del cuentista; más tarde continúa con las consideraciones que debemos tener al contar cuentos a niñas y niños, y de cómo el libro puede ser parte de la narración; y finalmente ahonda sobre los objetos y la preparación de una sesión completa de cuentos.

“Contar con el cuento”, es sin duda, una invitación para todos quienes disfrutan narrando y escuchando historias, profesionales o no, y lo recomiendo especialmente a quienes aman los cuentos y están dispuestos a viajar a través del silencio, los gestos y el sonido de quien narra una historia. Este libro debiera ser un manual imprescindible para todos aquellos que quieran iniciarse en el arte de contar historias, y un libro de cabecera para los cuentistas que quieran profundizar más sobre las reflexiones recogidas por la gran Estrella Ortiz, pionera en la profesionalización de la narración oral en los ochenta, en España.

El renacer de las revistas infantiles

Por Sofía Arnaboldi

En tiempos en que los medios escritos pasan por momentos difíciles, hay un nicho que está despertando y viviendo un fuerte renacer: el de la revistas infantiles. Desde fines del año pasado cuatro proyectos editoriales enfocados a los niños han visto la luz: “Pataletas”, del colectivo Cuchuflí; “Capa”, de la periodista Valentina de Aguirre; “Patio de Atrás”, del Diario de Concepción; y próximamente, “La Mochila”, de Ají color y PLOP! Galería.

La motivación de quienes están detrás de estas publicaciones coinciden: todos creen que el nicho de los niños se ha subestimado y que hay mucho por aportar, buscan entregar un contenido que sea una alternativa atractiva a las pantallas, y que invite a los niños a encantarse con la lectura. “Nos parece genial que la infancia deje de ser invisibilidad o vista desde el mero campo educativo y que se construyan diferentes espacios y lugares destinados a la niñez. Este  grupo de revistas infantiles viene a democratizar una nueva visión de la infancia en Chile, una infancia enfocada en la calidad de vida, en el empoderamiento de niñas y niños, y en la validación de sus gustos e intereses, de sus conocimientos y visión de mundo”, comenta Loreto Aroca, editora de revista Patio de Atrás.

Para financiar estos proyectos, sus creadores han recurrido a diferentes estrategias como crowdfundings, espacios publicitarios ilustrados, fondos, e incluso, recursos propios para darle vida a sus sueños. Ninguno de ellos busca un retorno económico, sino, hacer los que les gusta y contribuir con un producto de calidad. Como dice Ludovico Toscano del Colectivo Cuchuflí, “Queremos enriquecer las experiencias de los niños para que el día de mañana sean personas más felices e inteligentes emocionalmente, si podemos aportar con un granito de arena para eso seremos inmensamente felices”.

Capa

Valentina De Aguirre es periodista y, con años de experiencia trabajando en revistas, reconoció que existía un vacío en Chile de publicaciones de calidad dedicada a los niños. “Me di cuenta que en otros países había muchas revistas para niños y niñas, y me pareció un tema fascinante. A pesar de que los medios escritos no están pasando por su mejor momento, creo que todavía hay mucho por aportar. Las revistas de nicho, que de verdad entregan contenido de calidad, tienen harto que decir. Por eso, decidí lanzarme con este proyecto.”, cuenta Valentina.

Para llevar a cabo su idea recurrió a un crowfunding que le permitió pagar la impresión del primer número. Así, en diciembre del año pasado se publicó Capa, una revista de calidad, casi un libro, sin publicidad, de 64 páginas llena de atractivas imágenes y de cuidado diseño. Cada número gira en torno a un tema general, como las estrella o la basura, a partir del cual se desarrollan las distintas secciones que incluyen un cuento inédito, comics, experimentos, manualidades, recetas, entrevistas y actividades.

Según Valentina, Capa busca ser un aporte en dos frentes. Por un lado empoderar a las niñas a que pueden ser lo que ellas quieran en la vida y por otro, aportar al fomento de la lectura. “Queremos mostrarle a todas las niñas que no hay una sola forma de ser mujer: les pueden gustar las ciencias, el arte, las letras… ¡Todo puede ser! Y eso lo logramos a través de las entrevistas que hacemos, por ejemplo. Además queremos ser un primer paso para que las niñas se enamoren de la lectura y se alejen de los teléfonos y televisores. Hasta ahora, las niñas han gozado con las sopas de letras, con las actividades, descifrando los códigos secretos que vienen en cada edición y volviendo a jugar como lo hacíamos antes… Además, al ser una revista en papel, se puede llevar a todos lados. ¡Es diversión portátil, sin baterías que cargar!”, comenta Valentina. Hoy están trabajando en el tercer numero, edición que será lanzada en julio.

Público: Niñas de 5 a 10 años

Periodicidad: Trimestral

Precio: 11.900

Dónde encontrarla: Santiago: Librería Alapa, Lolita, Periférica y Takk. En Viña del Mar: librería Mateo y Leo;  San Pedro de Atacama: Librería del Desierto; Puerto Varas: La Maga.

Contacto y suscripciones: hola@revistacapa.cl

Pag web: www.revistacapa.cl

 

Pataletas

Detrás de Pataletas están Javier Fox, Rodrigo Duran y Ludovico Toscano quienes tenían una doble inquietud, por un lado las ganas de hacer un revista y potenciar el comic chileno, y por otro,  un sentimiento de nostalgia hacia las antiguas publicaciones infantiles como Mampato, El Peneca, Cimoc o Disneylandia, revistas de las cuales eran grandes consumidores.

Como punto de partida crearon el Colectivo Cuchuflí para, desde ahí, empezar a darle forma a su idea. Después de meses de trabajo, en noviembre de 2018, vio a luz el primer número de Pataletas, una revista de comics dirigida a niños y que se vendió a través de ferias y redes sociales. “Pataletas busca ser una vitrina de lo que pasa en Chile en el mundo del comic. Diferentes colaboradores y gente muy talentosa participan de cada número”, cuenta Ludovico Toscano. La revista además de cinco comics inéditos incluye numerosas actividades como sopas de letras, crucigramas, recetas y manualidades. “Desde el punto de vista nostálgico, queremos compartir lo que significaba para nosotros, cuando niños, el hecho de que nos compraran una revista llena de actividades y cómics entretenidos. Queremos ofrecerles a las nuevas generaciones un contenido que pueda competir con el celular y la tablet y que sea igual de atrayente. Buscamos la entretención por sobre la educación”, dice Toscano.

La revista, hasta el momento, es autofinanciada por sus creadores. Para el primer número pagaron entre todos la impresión y con las ventas han podido seguir adelante con el proyecto. Su idea a futuro es que se autofinancie y agregar espacios publicitarios donde con sus propias ilustraciones se muestren los proyectos que apoyan ese espacio.

Público: a partir de 5 años

Periodicidad: Semestral

Precio: 2.500

Dónde encontrarla: Redes sociales 

Pag Web: @colectivocuchufli

Patio de Atrás:

El 7 de abril el diario Concepción incluía un suplemento dirigido a los niños: la revista Patio de Atrás, un inserto colorido, con dedicadas ilustraciones y lleno de actividades, manualidades, textos científicos y cuentos. Se trata de un nuevo proyecto editorial que busca que los niños tengan en el diario un espacio diseñado para ellos y que fomente su creatividad. A través de juegos como laberintos, o memorice, y manualidades como armar tu propia nave espacial, o una planta carnívora de papel, busca que los niños desarrollen la ejecución táctil, la motricidad fina, jueguen y aprendan.

Además de cuentos, en cada numero diferentes expertos colaboran para crear contenidos científicos dedicados a los niños: biólogos marinos, ingenieros, arquitectos, astrónomos y músicos han participado para crear información adaptada a niños y niñas, que atienden sus gustos y necesidades, y que a la vez son rigurosos y serios como un artículo científico formal. “Nos encantaría que los lectores de Patio de Atrás leyeran y escribieran con y por placer, y nos preocupamos por tenerles lecturas variadas, poesías, textos informativos, mitos, leyendas, narraciones visuales, que puedan leer letras, palabras, pero también dibujos, disposiciones espaciales y silencios. Queremos aportar a la lectura crítica, como también a la lectura recreativa y que la escritura no solo sea una herramienta escolarizada, si no que pueda ser intuitiva, creativa y cercana”, comenta su editora Loreto Aroca.

Público: niños de 4 a 10 años

Periodicidad: primer domingo de cada mes

Dónde encontrarla: junto a diario Concepción. 

Contacto: patiodeatras@gamil.com

Pag Web: www.diarioconcepcion.cl

La Mochila

La ilustradora y diseñadora Pati Aguilera, sentía una profunda desilusión cada fin de semana cuando su pequeña hija se emocionaba con las revistas de juguetes y de publicidad que traía el diario. Con experiencia en publicaciones ilustradas como “Brígida”, quiso hacer una revista infantil, y junto a los fundadores de PLOP! Galería, Fito Holloway, Isabel Molina, Claudio Aguilera, se aventuraron en este proyecto.

Actualmente se encuentran dando los últimos toque a “La Mochila” que esperan lanzar durante el invierno y que estará dedicada al chocolate y a la ciudad de Valdivia.

Según Pati Aguilera, La Mochila es una publicación que conjuga el trabajo de escritores e ilustradores para abordar temáticas vinculadas a la literatura, las artes, el patrimonio, la recreación y la vida sana por medio de relatos ilustrados, cómics, cuentos, poesía y juegos. “En Chile hay una larga tradición de revistas infantiles como El Peneca o Mampato, que fueron un espacio fundamental para el fomento lector, permitiendo, gracias a su menor precio, alcanzar a un público que no accedía a la oferta editorial. Hoy se vive un desarrollo sostenido de la literatura infantil y juvenil y de la ilustración en Chile, y nos parece maravilloso que estén naciendo nuevas publicaciones pensadas para niños y jóvenes”, dice Pati Aguilera.

Público: 5 a 12 años

Periodicidad: trimestral

Precio: 4.000

Dónde encontrarla: La revista estará a la venta en diferentes librerías del país. 

Suscripciones www.plopgaleria.com

Página web: @revistalamochila

 

Mesa de trabajo: Daniel Blanco Pantoja

Por Claudio Aguilera

“Edito para elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes”

Hay dos clases de personas. (Bueno, hay muchas más, pero para esta entrevista diremos que hay dos.) Decía, hay clases de personas: las que al momento de construir una casa la dibujan en un papel y se la pasan a un arquitecto para que la haga realidad, y aquellos que la construyen con sus propias manos. Daniel Blanco Pantoja es de los segundos.

Considerado uno de los mejores ilustradores de Chile y reconocido internacionalmente por libros como “Un diamante en el fondo de la tierra”, desde hace algunos años decidió levantarse del tablero de dibujo y comenzó a construir su propia editorial: Erdosain (erdosainediciones.com), un sello de libros ilustrados que atrapan al lector por su cuidadosa y llamativa factura, pero al mismo tiempo se transforman en una trampa con sus textos inclasificables e imágenes que transitan a contracorriente de los estándares  de la edición infantil y juvenil.

Pese a eso la LIJ local no ha tenido reparos en apropiarse y premiar su catálogo, reconociendo en él una propuesta personal, vigorosa y cuestionadora de los estrictos límites que usualmente condiciona al género.

Con el mismo derroche de energía y compromiso que pone en cada una de sus actividades, Daniel accedió a responder un breve cuestionario que con los días se transformó en una arrolladora, y a momentos torrencial, declaración de principios.

¿Qué te impulsó a fundar tu propia editorial?

Los libros son objetos extraños. Anacrónicos, como máquinas del tiempo. Tienen esa cosa críptica, ese misterio autómata: están allí, inertes, con sus páginas llena de símbolos artificiales en donde alguien, un escritor o ilustrador, registró una historia, una experiencia de su vida. Y de todas las artes, para mí siempre ha sido la literatura la más poderosa. No muestra nada: es la antiforma, flotando en el vacío del papel. La tipografía es sólo una estética acordada, pero detrás de ella no hay nada. Nada que puedas encontrar en el mundo, y sin embargo, los hombres hemos registrado a través de ella toda nuestra experiencia del mundo.

Todo esto me fascinaba tanto, y lo hace tanto aún, que, si bien ya trabajaba como un feliz editor en Pehuén, empecé a sentir la necesidad de elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes. Porque, entre otras cosas, el catálogo de una editorial es un discurso: el ordenamiento de un montón de otros discursos que suman una visión subjetiva del mundo. Erdosain sería la oportunidad de poder desarrollar aquellos libros que no podía encontrar en el mercado y que yo creía necesarios. Contar lo que no te han contado aún, y así poder compartir la experiencia mistérica que es la vida. Tal vez por eso Erdosain es, inevitablemente, una editorial extraña. Es un reflejo del principal atributo con el que podría adjetivar la experiencia de vivir: la extrañeza.

¿Cuáles son tus referentes como editor?

No tengo uno. Son muchos. Los libros antiguos de Siruela, cuando el conde estaba allí dirigiendo los hilos de la editorial, fueron sin duda un momento iniciático. Están también los libros de Pre-textos. Son objetos tan finos. Sobre todo su colección de poesía.

Zorro Rojo también lo fue en su momento. Si bien el tratamiento, estrategia y contenidos no son del todo similares, amé la reivindicación de la literatura ilustrada para adultos a través de la mano de artistas, no de «ilustradores», sino de artistas plásticos, como Breccia, Scafati o Caruso ejecutando con su trabajo no sólo un acompañamiento del texto, sino generando una nueva narración paralela; una estética, una nueva simbología. En el fondo, una nueva lectura, que aporte al texto, a la obra artística que es, una sobredosis de contemporaneidad y significados.

La editora Arianna Squilloni dice que editar es un asunto ético. ¿Lo es para ti?

Claro que lo es. Estás decidiendo qué decir. De todo lo que se dice, de todo el inconmensurable ruido del mundo, tú decides apartar un pequeño, ínfimo discurso y dices que es importante salvarlo, para que sea leído, para que cambie, aunque de forma misteriosa, una vida. Esa decisión es política, sea ampliamente fundada o no, es política pues está dejando una señal en los caminos del mundo. Publicar es decir que tienes algo que decir.

¿Cómo convive tu trabajo de editor con el de ilustrador?

Conviven horrible y angustiosamente. Todo me toma mucho tiempo. Soy una tortuga. Todos los plazos se me alargan y siempre hay alguna burocracia que hacer. Pocas veces puedo sentarme frente al papel y decir: es hora de ilustrar. Y cuando lo hago, siempre ha sido un proceso patético. Pero es sólo un problema de «medios de producción». El arte es una tarea muy difícil de ejecutar cuando debes sobrevivir.

Ahora bien, nada nuevo hay en esto. Es un tópico eterno del arte. Hay que aprender a sobrellevarlo y no lamentarse mucho. Ha sido un aprendizaje forzoso, y sigue siéndolo, pero, ciertamente, nadie más que yo ha sido quien me ha metido en las patas de los caballos.

Al final del día, la experiencia, “lo comido y lo bailado”, no te lo quita nadie.

¿Ser autor te ha permitido comprender mejor el proceso creativo?

Por supuesto que sí. Es una ventaja estar del lado de la gente que vas a explotar. Generas una empatía espontánea pues sabes cuánto cuesta desarrollar un trabajo de calidad, un trabajo de dimensión profunda. Y por supuesto, trabajas con gente que admiras. Y ese respeto, esa camaradería se siente en todo el proceso. Los autores terminan siendo en gran medida editores de su propio proyecto, pues el proceso entero se vuelve fraternal.

¿Qué espera un autor de un editor?

Que reconozca su trabajo, y no hablo de que le reconozcan si es conocido o si ha ganado premios: hablo de las características estilísticas de su trabajo. Que sepan qué haces, qué investigas y qué intentas decir a través de tus escritos o ilustraciones, que sepan leer tu búsqueda con exigencia crítica y referencial. Por eso un editor debe buscar la erudición de los tópicos que desea trabajar. Sino será sordo y ciego y no podrá establecer el diálogo que debe generar entre todas las partes del libro: ya sea el texto escrito, el ilustrado, ya sea un trabajo mixto.

Y, por supuesto, que le pague bien y a tiempo lo acordado.

¿Qué buscas en un autor?

No lo sé muy bien. Que  conmueva, que sobrecoja. Que su trabajo entre en esta dimensión mistérica de la que hablaba antes. La vida para mí es sólo esoterismo: articulaciones de no-conocimiento. Busco entonces autores cuyo trabajo entre en estas dimensiones. Y busco rigor de la técnica. Busco mucho esto. Me exaspera lo mal hecho, lo descuidado. A veces el mercado, incluso ayudados por la academia y la crítica, ensalzan lo superficial, pues lo superficial conviene al mercado, al consumo. Busco alejarme de esto como si se tratase de un anatema.

Quiero trabajar con artistas que padezcan lo contemporáneo, que entiendan o que intenten entender a través de su búsqueda artística la amplia dimensión histórica, filosófica que es nuestro paso por este mundo extraño. Que a través de su trabajo sepan evidenciar la catacresis, epifanía onírica y, por lo tanto, decadencia a la que todas las cosas de nuestro mundo significante están sujetas.

¿Qué puede aportar una microeditorial en una escena donde la oferta se multiplica y los grandes trasnacionales se imponen?

Su discurso. Un discurso. Uno más que no decepcione a sus lectores. Una editorial debe encontrar a sus lectores y, libro tras libro, no decepcionarlos. Abrir una puerta, una más, sí, aunque nos haga desfallecer, que entregue alguna visión del mundo. Si hay 100 millones de editoriales o solo 10, no importa. Uno debe mantenerse ocupado en la búsqueda de sus carbunclos en la noche del mundo. Solo eso, si la suerte además lo acompaña, puede mantener a flote el barco de una editorial independiente. Ah, y en la dimensión más terrenal: no hacer el «jipi». Hacer libros es una cosa seria, complicada. Un libro bien hecho es una enorme cantidad de trabajo. Y un catálogo, no solo es mucho trabajo: es un negocio bien ordenado y proyectado, a largo, larguísimo plazo. No hay forma mejor de homenajear a tus lectores que no desaparecer. No hacerlo, mantenerse vigente, es la verdadera resistencia, la prueba de que sí eres un aporte.

Has optado por imprimir en China, ampliar tus redes de distribución y conformar un catálogo latinoamericano, ¿es un camino que recomiendes a otras pequeñas editoriales?

No lo sé. La biografía de una editorial independiente es la biografía de un ser orgánico y complejo.

No sé si podría recomendar un camino. Lo que sí creo que hay que hacer es tener mucho cuidado de las fórmulas. Hay que ser empático y moverse mucho. Curioso, sentarse en muchas mesas y establecer muchos vínculos. Aprender, aprender, aprender. El mundo es un lugar grande, redondo, vasto. Hay que sentirle ese peso y aprender a moverse por sus ríos sin naufragar.

Los libros de tu catálogo tienen un importante componente en la ilustración, pero no son libros necesariamente para niños, aunque mucha de la crítica chilena, incluyendo especialistas y jurados, los siguen considerando LIJ ¿Cómo te sitúas tú?

No hay nada en el mundo que me dé más pena que esta sigla. La rechazo rotundamente. Puedes escribir un libro dirigido a un niño, pero eso no tiene por qué hacerlo un libro infantil. Ni siquiera suena bien: LIJ.  Son clasificaciones comerciales  y sumergen al libro, según mi parecer, en un triste automatismo. Lo hacen predecible. Yo prefiero, para hablar de libros, de universos más bien amplios: nosotros publicamos literatura, que a veces va profusamente ilustrada. Cada libro tendrá sus propios afanes. Nos encantaría que nuestros libros lleguen al mayor grupo posible de lectores y que nunca ellos sean homologados.

¿Cómo ves a Erdosain en 10 años?

Ojalá ya superado el punto de equilibro de inversión, con un catálogo que de más de 50 libros y con una distribución amplia en todo el mundo hispanohablante. Con autores y lectores satisfechos, integrando todos una comunidad de artistas y trabajadores del libro.

ILUSTRACIONES

1.Me gusta mucho trabajar con símbolos. Copiarlos, desarrollarlos. Investigo mucho en la historia del arte y la humanidad para intentar universalizar el mensaje, introduciendo en ellos arquetipos que luego modifico según como se vaya mezclando todo en mi cabeza. Intentar que la imagen se vuelva un rito en sí misma.

  

2 y 11. Estas dos ilustraciones de Un diamante en el fondo de la tierra son complejas. Un niño, para quienes va dirigido el libro, no sabría entenderla. Pueden entenderse los elementos que hay en ellas: en la primera, una mujer, dos hombres, una carretera en un desierto, todo ello reflejado en un espejo, en la segunda, un adulto y una niña, asustados, mientras aviones pasan por sus cabezas… Pero el mensaje que todas ellas componen es uno muy triste y que está implícito en el fotograma de cada imagen. Los adultos sabemos que se trata de una mujer secuestrada por agentes de la DINA y de transeúntes caminando por el centro de Santiago mientras los Hawker Hunter bombardeaban La Moneda. Pero la imagen no lo dice. Ellos, los niños, preguntarán ¿por qué esa señora que va atrás tiene un ojo morado y va triste? ¿Por qué pasan esos aviones por encima de la ciudad? Y así es como comienza, en esa imagen, la historia que, el que sepa, tendrá que contarla, y el que no, preguntará.

3. Esta foto es mentirosa. Nunca, ni aun hoy, he podido establecer propiamente un escritorio de trabajo. Los continuos cambios de casa y precariedad del oficio, que yo mismo me he buscado y causado, lo han tramado así. Mi espacio de trabajo es cualquier mesa donde haya luz. En esta imagen todo está como ordenadito pero es que me avisaron que me tomarían esa foto. Entonces ordené.

4. A veces, cuando tengo tiempo para experimentar, cambio las técnicas con las que trabajo. En gran medida esto sucede según qué artistas esté siguiendo y estudiando en ese momento. Lo mismo con los tópicos: la composición y tema de están siempre muy influenciados por las lecturas e investigaciones que esté siguiendo en ese momento.

5. Esto es lo bello de los signos y los símbolos: son artificios humanos que pueden ser desarmados y vueltos a armar. Ese proceso de apropiación que ocurre en el arte pictórico es vital en mi trabajo, e intento llevarlo a cabo en cada una de las imágenes para generar discurso.

6. Del cine, nada me gusta más que el trabajo de la fotografía. Pienso las composiciones de las ilustraciones, sobre todo las que son para acompañar un texto literario, como si fueran tiros de cámara.

7. Intentar poner en una imagen tantos referentes que sean una sinécdoque fantástica del mundo entero.

  

8 y 10. Todo arte es un proceso de sublimación de la experiencia del mundo. En este libro, Animal, del cual también soy el escritor, hablo de esta experiencia muda de la vida, la que va más allá de nuestra individualidad y que trasciende el lenguaje.

9. Este es mi verdadero espacio de trabajo: una cajita de metal con distintos grafitos.

 

Recordando a María Isabel Tenhamm

Recuerdos y huellas de María Isabel Tenhamm 

Por: María del Pilar Echeverría y Carolina Valenzuela C.

En febrero de 2019 nos dejó María Isabel Tenhamm, mujer entrañable, de alma noble, generosa y sincera que narraba, leía y cautivaba con voz dulce y serena. Arquitecto de profesión, tomó siempre, con entusiasmo y responsabilidad cada oportunidad que se le presentó para crear y construir aquello que pudiera transformar y tornar más amable la vida de los demás. Se entregó a los otros a través de su amor por los libros, la poesía y la naturaleza.

Isabel aseguraba: “La vida te pone peldaños y te lleva de la mano hacia donde es bueno que tú vayas y adonde tú puedes poner granitos de arena que son los que viniste a entregar”. Fiel a sus convicciones, en 1995 aceptó el cargo de coordinadora de un nuevo proyecto del Centro Agua Viva denominado “Cuenta cuentos”. El objetivo era preparar y organizar a grupos de voluntarios para contar cuentos en los hospitales pediátricos, con el propósito de contribuir en el proceso de sanación de los niños y ayudarles a enfrentar la enfermedad, el dolor y, muchas veces la soledad que viven al estar lejos de sus familias que permanecían en provincias.

La perseverancia y el esfuerzo de María Isabel junto a María Angela Albertini y al apoyo de los directores y enfermeras de los hospitales pediátricos Roberto del Río y Luis Calvo Mackenna, contribuyó a que en el año 2001 se concretara uno de sus sueños más anhelados: la Fundación Giracuentos, un voluntariado que lleva entretención, compañía, nuevos conocimientos, cultura, esperanza y alegría a través de los libros, los cuentos y el juego a niños hospitalizados y en tratamientos ambulatorios. La Fundación Giracuentos ya tiene 24 años de vida y actualmente cuenta con más de 80 voluntarios que semanalmente entregan dos horas de su tiempo y caminan con sus llamativos canastos por los pasillos de los hospitales haciendo sonar campanas que anuncian a los niños la llegada de los cuentos e historias que les permiten soñar, viajar a mundos lejanos y que les enseñan que, con las palabras y el corazón, todo es posible de crear e imaginar. Cuando María Isabel formaba a los nuevos voluntarios les transmitía su profundo gozo de pertenecer a la Fundación Giracuentos y les decía que los años de experiencia en los hospitales de niños le habían demostrado que los cuentos, bien seleccionados, tienden puentes de amor y ternura y que en ellos está la tregua que devuelve la fuerza para vencer la adversidad.

Gracias a la constancia por sacar adelante este proyecto y consolidarlo a lo largo del tiempo es que en el año 2012 recibió el Premio Buenas Prácticas en Lectura en la Región Metropolitana, entregado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Hoy día podemos afirmar que los voluntarios Giracuentos están haciendo realidad el sueño de Isabel de que todo niño que pase por los hospitales Luis Calvo Mackenna y Roberto del Río escuche al menos un cuento durante su hospitalización.

Fue pionera también en la creación de la biblioteca del Centro Lector de Lo Barnechea donde, junto a Carmen Lucía Benavides y María Angela Albertini, consolidaron un equipo de voluntariado que sembraba el amor por la palabra en distintos colegios de la comuna. Motivaba a las nuevas voluntarias diciéndoles “el cuentacuentos, cuando tú lo haces con amplitud, es decir, incorporando rimas, versos, música y toda esa cosa maravillosa que tiene el lenguaje, realmente abres puertas para que los niños valoren el leer, la escritura y las bibliotecas”. Tan convencida estaba de la importancia de que los estudiantes escucharan cuentos que ella misma iba a los colegios y cautivaba a los alumnos, los hacía reír, los hacía participar y dejó una huella en el corazón de muchos. En más de una ocasión nos tocó ir caminando por el pueblo de Lo Barnechea y ver correr a un niño a abrazarla diciendo “¡Qué lindo el cuento que nos contó en la escuela!, ¿Cuándo va a ir de nuevo?”. Era una persona querida y recordada.

También se acercó con especial cariño a un grupo de adultos mayores que visitaban el Centro Lector y mantuvo con ellos una estrecha relación que perduró por más de 10 años. Con gran sabiduría y sensibilidad -porque sabía escuchar, mirarlos y acogerlos- los incentivó a escribir sus propias historias, verdaderas autobiografías, con los cuales levantó una obra de teatro. Años después, las mismas abuelas motivadas por María Isabel grabaron sus cuentos en la radio de la Universidad de Chile para que fueran difundidos en radios comunales e hicieron arpilleras retratando su infancia. Es impresionante comprobar cuánto la querían estas señoras por quienes ella tanto se preocupó. Las llamaba por teléfono, las iba a buscar y a dejar a sus casas para que asistieran a la reunión mensual que tenían en el Centro Lector. Una vez más la generosidad afloraba en ese corazón que parecía no tener límite.

Su amor por la naturaleza la llevó a recorrer Chile con su querido Juan Carlos y, junto a él, trabajó en la Fundación Huilo-Huilo buscando proteger y conservar nuestra flora y fauna, especialmente aquella en peligro de extinción como el huemul. Llevaron a cabo un proyecto de criar huemules en la Reserva Huilo-Huilo y, con esfuerzo y sacrificio, después de varios años de lucha por tratar de reproducirlos, lograron tener éxito. Con lágrimas en los ojos nos contó cuando nació el primer huemul en esa área protegida. Aprendió a amar, a reconocer y apreciar la flora y fauna de nuestro país. Cuando hablaba de los árboles del sur, de las flores de su jardín, de los picaflores que visitaban su casa y de los distintos animales que fue conociendo en sus viajes nos transportaba a lugares remotos e idílicos que nos hacían soñar. Quiénes la conocimos de cerca lamentamos que no volveremos a recorrer esos hermosos parajes guiados por su voz tranquila y cautivadora. En el último año de su vida -y a pesar de su salud resentida- nos dio un gran ejemplo de tenacidad al escribir el libro, “Los centinelas del bosque,” que relata con humor los cuidados que necesitan las ranitas de Darwin, esas pequeñas criaturas que habitan los templados bosques del sur de Chile, que tanto amó.

Tuvimos el privilegio de conocerla, de vivir con ella momentos inolvidables, de trabajar juntas, de ser sus amigas y, sobretodo, de aprender de su sabiduría, su sensibilidad, su generosidad, en una palabra, de su entrega total al prójimo.

 

El lado B de Maga Villalón

Por Sofía Arnaboldi

En la invitación con la imagen de un conejo dentro de una taza se lee en letra cursiva “Te invito a mi fiesta de no cumpleaños. Trae tu taza favorita para que tomemos un té de locos. Puedes traer un pastel, mermelada de naranjas, champagne “Bébeme” o lo que quieras. No olvides venir con sombrero o acompañado de Alicia”.

En la casa de Maga Villalón, a las 18:00 horas con la puntualidad del conejo, Alicia es la protagonista indiscutida del lugar: distintas ediciones del cuento  de Lewis Carroll y objetos como tarjetas, cojines, y teteras con ilustraciones de sus personajes decoran el lugar. El toque final a la ambientación se lo dan las rosas y los naipes. En el comedor la mesa está puesta con tanta dedicación que el té de no cumpleaños del Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo se queda corto: naranjitas bañadas en chocolate hechas por Maga con frutas de su jardín, bombones de pera, pan de aceituna, mermelada de nuez, tartaleta con crema pastelera, distintos quesos, salame, uvas y tres tipo de tés diferentes, cada uno en una colorida tetera son parte de la dedicada puesta en escena.

Maga cuenta que el primer té de Alicia fue hace 10 años en honor a Mario Aliaga quien vivía en México y venía a Chile. Mario había sido su editor en Books and Bits y fue el primero que publicó sus escritos. “Un lunes de diciembre del año 2001 recibí un llamado inesperado de un desconocido a quien le habían comentado que yo escribía cuentos, y que los quería leer”, comenta Maga. Unos meses después, se publicaban Las Tribrujas, Viento Sur y El rumbo de las mareas.

El té para Mario, al que invitó a sus amigos y al equipo que había trabajado en sus libros entre los que estaban Carmen Cardemil, Ivonne Lacombe, Mónica de Simone y Manuel Peña, resultó un éxito y desde entonces lo repite una o dos veces al año siempre con comensales relacionados al mundo de las letras y las artes.

A medida que los invitados empiezan a llegar al Té de Alicia, la conversación fluye fácil y dinámica y Maga es la anfitriona que con su talento innato hipnotiza a todos mientras lee su último cuento que aún no está publicado, “El gran libro mágico de las Tribujas buenas”. Es un libro lleno de magia que relata secretos y pócimas con remedios naturales y caseros para evitar todo tipo de males, desde la pena hasta el dolor de muelas, y con fórmulas para tener el pelo brillante como el de Blancanieves, o para enmendar el ala rota de un hada.

Según Maga Villalón tanto mundo mágico viene de su infancia, cuando creció en Los Vilos en una antigua casona, criada por su bisabuela y una tía abuela. En sus libros se mezclan imágenes de su niñez, la magia, y las costumbres del campo chileno. Dejó la provincia para estudiar diseño en la Universidad de Chile, se graduó y se dedicó de lleno al diseño hasta ese llamado Mario Aliaga. Desde entonces ha publicado 17 títulos, ha sido nominada a los premios Altazor y algunos de sus libros fueron seleccionados por el Centro de Recursos para el Aprendizaje para estar en las bibliotecas y llegar a los niños de todo Chile. Sus cuentos, además, han sido editados en Cuba y hoy alguno títulos se están traduciendo al francés y al italiano.

En la ambientación del té destaca un antiguo ejemplar de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, publicado en 1951. “Este libro había sido de mi mamá y me lo leía mi tía abuela Olguita cada noche antes de dormir. Era mi cuento favorito”, comenta mientras pasa las hojas con cuidado, como si el amarillo y gastado papel del libro fuera una fina seda, y muestra las antiguas ilustraciones que ella misma coloreó cuando niña. “No me gustaba que fueran en blanco y negro así que las pinté”, cuenta. Sin embargo reconoce que fue a partir de los Té de Alicia que este personaje empezó a entrar en su vida. “A raíz de estas celebraciones comenzaron a regalarme diferentes cosas de Alicia y hoy tengo una pequeña colección. Pero yo no la busqué, Alicia me encontró a mí”.

    

 

La Cabeza de Elena

Ese territorio común[1]

Por: Luz Yennifer Reyes Q

Quisiera compartir mi experiencia de lectura con “La cabeza de Elena”, primero como lectora, después como inmigrante y finalmente como mediadora.

Para iniciar, quisiera destacar algunas huellas lectoras que como buen libro álbum nos han dejado sus autores, empecemos por su nombre:  Elena, de la mitología griega, luz que brilla en la oscuridad, esa que indica el viaje de regreso, que brilla con luz propia en medio de la oscuridad. Y si seguimos pensado en personajes épicos cómo no pensar en Penélope, la que espera y la que teje tal como la querida Elena recordando a su madre.

Y por qué no pensar en los bellos agapantos que se hacen presentes desde la portada de la obra. El agapanto o la flor del amor representa desde mi punto de vista ese lazo que une a nuestra protagonista con su madre ausente.

Pero sin lugar a duda, uno de los aspectos que más me sorprendió de este bello encuentro fue hallar al que se queda y no al que se va y cómo aquel que se va, deja trozos de sí… a la larga uno está con un píe acá u otro allá (como digo yo, con un píe Colombia y otro en Chile).

Y ahí mi “yo inmigrante” se hace presente, y mientras tránsito por las páginas de Elena pienso en el innegable papel de la literatura como lugar de acogida, que ofrece y engloba un discurso común, en este caso, en torno a la ausencia del otro, y en el libro álbum, aún sin que entiendas el idioma español (como el caso de los muchos emigrantes haitianos y de otros países no hispano hablantes), el vacío es latente y entonces este espacio acogedor es un espacio para todos.  

El tema de la migración no es un tema nuevo en la literatura universal ni en la literatura infantil, especialmente después de la segunda guerra mundial y la evolución hacia sociedades más interconectadas, caracterizada en gran parte por la descripción sensorial (olores, colores, música, mercados y paisajes) del tipo de vida del lugar abandonado, del lugar anhelado…

Viene entonces a mi mente obras icónicas de la LIJ como “Emigrantes”, de Shaun Tan; “Flotante”, de David Wiesner; y de la región recuerdo el impecable trabajo del libro “Migrar”, de José Manuel Mateo y Javier Martínez en la editorial mexicana Ediciones Tecolote, que retrata la realidad de los indígenas mexicanos al partir a América en busca de una vida más digna  y cómo no pensar en los libros del Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, como “Eloisa y los Bichos”, relatando la historia de una niña “nueva” en un lugar extraño y “Dos conejos blancos” sobre la historia de una niña y su padre y su travesía hacia la frontera.

En todos estos casos, al igual que con Elena la obra se proyecta como un lugar de encuentro, donde imagino-empatizo con la sensibilidad y los problemas del otro y especialmente, con Elena, no solo pienso en el  que se va, sino en aquel que se queda, encontrándome en ese territorio común de emociones con el hijo o la hija del haitiano, colombiano, peruano, que está sentado a mi lado en el metro, un territorio común estético y poético que produce la obra.

Esta proyección empática es muy necesaria en el Chile de hoy en dónde el tema migratorio está en la agenda política y en dónde somos cada vez más compartiendo ese territorio común de emociones que genera la buena literatura.

Para terminar y pensado en las grandes oportunidades de mediación, Elena se convierte no solo en un objeto estético para el disfrute de la obra sino en un potencial detonador de reflexiones acerca del mundo y de nuestro lugar en él, y ¿acaso no es eso lo que nos permiten la literatura, la ilustración y las otras formas de arte?

No como instrumento para enseñar esto o aquello, sino un espacio para compartir preguntas como: ¿Para quién es más difícil sobrellevar una partida, para el que se va o el que se queda? ¿Somos los mismos cuando regresamos de un viaje?, y el que se queda, ¿lo es?… Preguntas que pueden potenciar una lectura compartida, para seguirnos encontrando en este territorio común de la buena literatura para la infancia.

[1] Texto leído en el marco del lanzamiento del libro “La cabeza de Elena” Claudio Aguilera y Karina Cocq de la Editorial Zig- Zag

Mesa de trabajo: Karina Cocq

MESA DE TRABAJO Karina Cocq
 

La infancia, la naturaleza  y la cosmovisión de los pueblos originarios son algunos de los ejes que atraviesan el trabajo de Karina Cocq. Su sobresaliente manejo de la acuarela y su delicada labor con los lápices le ha permitido forjar una obra de notable calidad y coherencia, capaz de trasmitir un universo denso en significados pero también cautivar con la dulce belleza de sus personajes. Ajena a las tentaciones del preciosismo, sabe impregnar cada de sus ilustraciones con una calidez que proviene de una acertada administración de la paleta de colores y una búsqueda de la esencia de las formas.

Por Claudio Aguilera, periodista y socio de PLOP! Galería

Reciente ganadora del Premio Municipal de Literatura por su libro La cabeza de Elena, escrito por Claudio Aguilera, y a días de radicarse temporalmente en Barcelona, nos permitió conocer su Mesa de Trabajo.

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
En la vereda de mi casa con mis amigas, dibujando con tiza, estrellas, arcoíris y obviamente el tablero para jugar al luche. Luego también dibujaba en el comedor con mi hermano, en unos pliegos de papel imprenta que mis papás compraban para envolver la mercadería de nuestro almacén.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustradora?
No lo recuerdo. Ahora lo digo más segura, pero ha sido paulatino, en la medida que he ido publicando más me he ido sintiendo más ilustradora.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Depende de la formación e intereses de cada persona. Pero ver Akira, las animaciones de Jan Švankmajer o Miyazaki, es realmente inspirador. Y para leer, poesía, pienso que la poesía y la ilustración tienen lazos y conexiones misteriosas y muy potentes.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson es mi máximo referente, luego Moebius, sin ser muy conocedora o lectora de él, sus imágenes me conectan con el sentido de la vida.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Intento dejar de centrarme en eso y empiezo a hacer actividades hogareñas: voy a mirar las plantas, lavo la loza, hago mi pieza, ordeno la ropa, sin darme cuenta ya tengo ideas. Igual trato de llevar más de un proyectos a la vez y eso sirve un montón, para ir de uno en otro sin aburrirse. De todos modos entro en trabas creativas y a veces me frustro un montón y puedo tener una semana entera de frustración y de congelamiento creativo, hasta  que todo decanta y vuelvo al ritmo normal.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
Mi taller es mi refugio, puedo estar todo el día ahí sin salir, pero cuando el tiempo mejora, me gusta salir a dibujar a la calle y los parques.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Papel, acuarelas, fotos de personas queridas y una ventana.

¿Hay algo que odies dibujar?
Cualquier cosa para publicidad.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Acuarela y ahora témpera.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
¿Cómo se me ocurrían esas cosas tan locas?

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
Pienso que está en un momento de libertad y diversidad increíble, no es un boom, eso ya pasó hace rato. Ahora el que quiere se edita, no dependes de una gran editorial, hay un montón de instancias en que la ilustración se expande y se hace cotidiana para las personas. Pero me gustaría que llegara a más gente, a las poblaciones y no solamente a los sitios de moda. Aunque ahora en lugares como el Persa se ven tiendas con obras de ilustradores al lado de la señora que vende ropa, y eso lo hace más democrático cada vez.

Como ilustradora ¿sientes que tienes un rol social?
Claro que sí. Crear es proponer un mundo, y esa propuesta tiene una responsabilidad. Dibujamos porque amamos dibujar, pero cuando mostramos este trabajo inmediatamente influimos en otros. A mí me gusta hacer proyectos que lleguen a los niños y niñas, gratis ojalá, llegar a las personas y que tu trabajo plantee preguntas y propuestas me parece una parte importante de nuestra labor.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Confía en ti, no desesperes, no mires al lado y busca en ti. Cada camino es diferente, busca en tu historia, en tu infancia, mira a tu alrededor, conéctate con las personas y contigo mismo y claro,  dibuja mucho, pero mucho. No eres ilustrador o ilustradora porque lo quieres o por decirlo: tu trabajo es tu mejor carta de presentación.

Karina Cocq (1984)

Licenciada en Artes de la Universidad de Chile y especializada en ilustración para publicaciones infantiles y juveniles en EINA, Barcelona. Desde 2010 ha colaborado con diferentes instituciones como Conicyt, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Fundación Pablo Neruda, entre otras. Ha sido parte de diversos festivales y exposiciones, además de ser ilustradora de más de una decena de libros infantiles.

ILUSTRACIONES

1. Esta pertenece a la serie fruto rojo, fruto verde, con el que obtuve una mención honrosa en el catálogo Iberoamérica Ilustra, para mi marca un antes y un después.


2.De la exposición Piel Oscura en PLOP! Galería el  2014, fue un momento de mirar mis raíces.


3.ilustración de un proyecto personal que tomo cada cierto tiempo desde 2013 y que espero terminar algún día.


4. Me gustan las escenas que mezclan fauna, naturaleza indómita y fantasía.


5.Cada cierto tiempo salgo a dibujar en mi libreta, es una costumbre que adopté durante mis estudios en Barcelona, esta es una casa en Valparaíso este año.


6.Tomé el curso de ilustración botánica de campo en Chiloé en su primera versión. Hice este canelo, que es un árbol que me fascina, no me dedico a ello, pero no pierdo la esperanza de darme un tiempo para profundizar en ello.


7.Cada cierto tiempo me gusta imaginar mundos y pequeñas historias oníricas, esta la envié para Iberoamérica ilustra 2018. Me aventuré con el carbón de sauce esta vez.


8. Del libro La Cabeza de Elena, escrito por Claudio Aguilera y editado por Zig Zag, Premio Municipal de Literatura 2018, categoría literatura infantil.


9.Del libro Yo soy la feliz Violeta que me invitaron a ilustrar desde Ediciones Biblioteca Nacional, este libro me ha traído grandes alegrías.


10.Una niña vive grandes transformaciones físicas e internas, del libro Ayelén y los frutos mágicos, Cocorocoq editoras.

 

Recordando a Christine Nöstlinger

Por Carola Martínez, psicóloga y experta en LIJ

“Esa mujer gorda y vieja del dibujo de ahí arriba soy yo”. Así empieza Christine Nöstlinger Los chicos del sótano mágico, escrita en 1971. Es su tercer libro editado en castellano en 1989 por Noguer. La frase grafica la particular forma de escribir de Christine. Un estilo único, especial, desenfadado, pero respetuoso de la infancia, cercano, verosímil y podría seguir escribiendo cualidades hasta siempre. Porque junto a Maurice Sendak, es mi escritora favorita, quien murió el pasado 28 de junio.

Sobre su propia infancia, Christine recuerda: “Aprendimos mucho menos que los niños de hoy, y éramos bastante estúpidos”. Creció muy pobre en una casa en Ottakring, un distrito de la clase trabajadora en Viena, avergonzada de vivir en una planta baja con un padre discapacitado por la guerra y una madre maestra jardinera obligada a jubilarse tempranamente por negarse a adoctrinar a los niños durante la ocupación nazi. Su adolescencia no fue mejor, con los adultos ocupados en la reconstrucción de los primeros años de la posguerra.

Nöstlinger fue una escritora comprometida, que retrataba la infancia tal como la percibía sin filtros moralizantes, sin miradas progresistas, sin edulcorantes ni finales ultra felices. En un hermoso artículo de 2016 de la revista feminista alemana “Emma” titulado “Por siempre roja”, ella cuenta que en 1970, cuando publica Federica Pelirroja estaba un poco deprimida, harta de estar en su casa cuidando a sus hijos entre la cocina y la lavadora, y fue en ese momento que apareció esta historia, que en pocos meses fue éxito de ventas y que desde ese momento no paró más. Más de 150 libros, además de columnas, poemas y hasta libros de cocina. “Fábrica de cartas” se llamaba a ella misma.

Dueña de una mirada justa, nunca logra un personaje niño que no sea eso, un niño. Con todas sus maravillas y sus problemas, con sus bajezas y sus cualidades. Esa mirada única es la que los niños premian con su cariño y lealtad.

Otro tema es la organización en capítulos de sus libros, con una característica que me parece deliciosa e imitable.

“Capítulo 1:

en el que encuentro un argumento útil con el cual silenciar temporalmente un coro de lamentos a siete voces.”

Ese es el primer capítulo de Olfi y el Edipo, una obra editada en 1984 y traducida en 1987. Escrita en primera persona sostenida de manera admirable en toda la novela, cuenta la historia de Wolfgang o “Olfi”, como le gusta que le digan, un chico criado en una casa llena de mujeres que al inicio de la novela encuentra una noticia que dice que los chicos criados por varones son más inteligentes que los criados por mujeres.

Crianza, familia, feminismo son temas que recorren toda la obra de Nöstlinger. Las madres reunidas en una crianza en comunidad en Mi amigo Lucky Live. La familia de madre, tía y abuelas en Un marido para mamá. La madre de Gretchen en Una historia familiar, que decide estudiar, recibirse y ejercer de trabajadora social, adelgazar y dejar al padre. La misma Gretchen que adelgaza y toma el control de su vida y su sexualidad y las siete mujeres que cuidan a Olfi y de las que él quiere huir.

“–¡Boba! Tu eres una criatura.

–¡Pero una criatura muy mujer! – exclamó Susi.

Beni gritó

–¿Acaso tienes busto? ¿Tienes uñas lacadas? ¿Tienes un trasero que se contonea? ¿Pides constantemente dinero a un hombre? ¿Te compras vestidos todos los días? ¿Chillas todo el tiempo porque alguien te ha ofendido?

Susi negó cada una de estas preguntas.

–¡Entonces no eres una mujer! Susi sabía que Beni tenía ideas erradas sobre las mujeres. Por eso se involucró en una larga discusión sobre las mujeres.” Un marido para mamá.

Toca cada uno de los temas que a los autores de libros para niños le parecen ríspidos:

“Me soltó un discurso sobre lo abyecto de la drogas, con lo cual destacó con brillantes su desconocimiento del tema. Para ella la coca, el hachís, la heroína y el LSD eran una sarta de productos del demonio.” Olfi y el edipo

“Claro que traté de probarme sexualmente. Por un ojo de la cara me compré dos revistas pornográficas bien gruesas, una con mujeres desnudas y la otra con hombres desnudos. Pero no fue mucho lo que me aportaron porque ni los hombres ni las mujeres me condujeron a un éxtasis erótico especial. Yo mismo no podría decir, después de haber hojeado varias veces las revistas, si uno de los dos sexos dio más alas a mi fantasía erótica que el otro porque nada allí me dio alas, aparte de hacerme pensar por qué los hombres estaban tan aceitados y las mujeres tan empolvadas, ¡Fue un dinero tontamente desperdiciado!” Bonsai

“–Además las chicas no entienden nada de técnica –dice Fredi. El día anterior Rosalinde había arreglado el bolígrafo de cuatro colores de Fredi, porque Fredi no podía hacerlo. Y otro día le había explicado a Fredi para qué están las ruedas del despertador y por qué un despertador necesita un resorte para la cuerda y cómo es que un reloj a pilas no necesita resorte y tiene muchas menos ruedas.” Rosalinde tiene ideas en la cabeza

Y la gordura, creo firmemente que Nöstlinger odiaba la gordura, o por lo menos eso parecía. Con respecto al tema era ácida, incisiva, sarcástica. Christine, ajena a la corrección política, construye unos personajes gordos que viven a merced de sus necesidades, no pueden domarlas, los dulces son sus enemigos y están siempre fuera de control:

“Una docena de curas de adelgazamiento ha probado la pobre mujer; pero no es posible adelgazar cuando uno mismo no se da cuenta de lo que come.

Y cuando uno adelgaza, hay que saber que el perder gordura se funda en que la obesidad es insana o que se hace así porque uno mismo no quiere estar gordo, pero no para que el señor Gatternigg vuelva a estar cariñoso y amable”. Mi amigo Lucky Live

“No soy especialmente aficionada a los niños”, decía y escribía en niño mejor que nadie. Hemos perdido una pieza fundamental de la literatura de mitad del siglo XX.

Te amamos Christine.

Hasta siempre.

Carola Martínez es chilena y vive hace 20 años en Argentina. Estudió psicología y la diplomatura en Literatura infantil y juvenil por la Universidad de San Martín. Dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Es editora, escritora y capacitadora. Ha publicado críticas, reseñas, notas, entrevistas y ensayos en distintos medios y desde su página web Donde viven los libros). Publicó recientemente su primera novela: Matilde (Norma), parte del catálogo White Ravens 2017. Actualmente trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y es socia de la librería Donde viven los libros.

La Librería

Por Trinidad Cabezón, coordinadora de proyectos FHUV

La película “La librería” es una obra dirigida por la directora Isabel Coixet y protagonizada por Emily Mortimer, basada en la novela de Penelope Fitzgerald. La obra trata de una joven llamada Florence Green, quien decide montar la primera librería en un pequeño pueblo de Inglaterra en el año 1959, a pesar de la fuerte oposición de Violet Gamart, una dama con mucho poder dentro de la zona.

Quisimos destacar esta película por la figura de esta joven, quien con fuerza, convicción y seguridad lucha por crear un espacio lector dentro del pueblo, a pesar de los obstáculos y la presión que se le presentan en contra. Con calma y perseverancia, Florence logra levantar un lugar en el que los vecinos y vecinas se encuentran con los libros y abren el mundo al que estaban acostumbrados a vivir. La mujer logra conquistar así un espacio no conocido anteriormente en el pueblo, y más importante aún, logra conquistar el corazón de sus habitantes, particularmente el de una pequeña niña que queda admirada por el amor que Florence le tiene a los libros, cariño que ella no logra comprender del todo pues no le gusta leer. No obstante, la niña se transforma en su fiel asistente y comienza a familiarizarse con el funcionamiento de la librería y el vínculo con los libros.  Por otra parte, Florence logra llegar también al corazón de un hombre viejo y aislado en el pueblo, pero que adora la lectura y con el que establece una bella complicidad. Paulatinamente, este hombre comienza a convertirse en su asesor y apoyarla en su proyecto.

Esta es una película con una linda ambientación y cuidada escenografía, que trabaja con un lenguaje y diálogo de los personajes al más puro humor y estilo inglés. Si bien no es una película intensa en emociones, logra conmover por la pasión y tozudez de la joven de mantener su sueño en pie y en la importancia que le otorga a la lectura. Es una película que refleja las conexiones que se generan en las personas a través de los libros, las ricas conversaciones que aparecen a partir de estos y cómo los demás pueden contagiarse al ver a una persona tan convencida del valor de un libro. “Cuando leemos una historia, habitamos en ella. Lo que a ella más le gustaba en el mundo, era el momento en el que terminaba un libro, y la historia la seguía acompañando como el más vívido de los sueños”.

 

El lado B de Manuel Peña

En el cementerio de Playa Ancha se encontraron un día dos mujeres. Cada una visitaba la tumba de su respectiva madre. El encuentro comenzó a repetirse hasta que se hicieron amigas, incluso se ponían de acuerdo para hacer sus visitas al camposanto. En uno de esos encuentros una le cuenta a la otra que lleva 5 años casada y que no ha podido tener hijos. Entonces la amiga le recomienda que le rece a San Juan de Dios, un santo milagroso que la ayudará, y si es así, debe ponerle a su hijo el nombre del mismo santo. Poco tiempo después, en sus habituales visitas al cementerio, la mujer casada, encaramada en un piso para poner flores en la tumba de su madre, cae desplomada. Fue un desmayo, producto de su embarazo. La amiga la recogió y dijo “San Juan de Dios me escuchó, si es niño quiero ser su madrina”. Meses después llegó al hospital, con guantes, sombrero y elegante como siempre, anunciando a los recientes padres que venía a ver a su ahijado. Dos de las tías del recién nacido se estaban peleando el título de madrina y no contaban con esta tercera aparición. Y así, en medio de la pelotera, el padre resolvió: “No peleen más, esta señora que es neutral será la madrina, pero no se llamará Juan de Dios, se llamará Manuel”.

Suena a cuento, pero es verdad. Así llegó a este mundo Manuel Peña, quien desde el vientre materno ha vivido una vida mágica. Y fue la misma señora, doña María Olga Leighton, su madrina, quien lo introdujo al mundo de las letras y la fantasía. “Mi casa no era de libros, mi papá era dueño de una charcutería y mi madre dueña de casa. Mi madrina, que se tomó a pecho su rol, me visitaba mucho y me invitaba a su casa en el Cerro Alegre, una casa mágica, con varios pisos y escalera caracol. Tenía muchos libros, ella me los leía y comenzó a regalarme algunos. Hasta que una Navidad me regaló un libro especial: era rojo y tenía candado. Nunca había visto un diario de vida. Le puse mi nombre y ella me dijo ‘ahora tú eres el autor de este libro’. ‘¿Y qué escribo en él?’, dije yo. ‘Lo que tú quieras, todo lo que te pase, tú serás el protagonista y yo puedo ser un personaje’. Así lo hice hasta que llegó el 24 de enero, día en que no pasó nada, entonces le pregunté a mi madrina qué podía hacer y ella me dio la palabra mágica que cambió mi vida: ‘Si no te ha pasado nada, no importa, inventa, ¿tú crees que Julio Verne dio la vuelta al mundo en 80 días?’ Y yo, alumno de colegio católico, no podía creer que pudiera escribir ‘mentiras’. ‘Miente todo lo quieras, y no es pecado’, dijo ella. Ahí encontré un camino”.

Los tesoros de Manuel

Entrar a la casa de Manuel es introducirse en un espacio mágico, así como la historia de su nacimiento y de su “hada” madrina. “En la universidad leí un libro que me marcó mucho, llamado La poética del espacio del filósofo Bachelard, quien dice que todo espacio, grande y pequeño, tiene poética”. No cabe duda de que aquello ha resonado en su vida.

Desde la entrada, donde hay una campana en vez de timbre, hasta las piezas, el baño e incluso el clóset, cada espacio tiene su encanto, y es que Manuel es un gran coleccionista de diversos objetos, entre los que predominan los juguetes de madera, las cajas metálicas y las postales. “Al frente de mi colegio estaba El Bazar del Abuelo, el anticuario de don Pablo Eltesch, al que frecuentaba mucho Neruda. Desde que era niño, después de clases, mientras todos los compañeros se iban rápido a sus casas, con mi amigo Guillermo partíamos al bazar. Ahí nació mi relación con los objetos, pasábamos horas ahí. Ya cuando juntaba algunos pesos, partía a comprarle tarjetas postales o láminas”, cuenta. Láminas y postales con las que comenzó a hacer álbumes de recortes y lindos collages, así como su propio departamento: “Esta es una casa collage”, dice divertido.

Así es como en el tiempo fue recolectando todo tipo de objetos, los que con cuidado ha ido poniendo en cada rincón de su casa. “Me hacen recordar el mundo que yo tenía en Valparaíso”, cuenta. Los objetos son más que solo decorativos, muchos de ellos los utiliza cuando hace kamishibai, como algunas marionetas, títeres, cajitas de música y bicicletas de juguete, elementos que hacen del teatro de papel algo más llamativo aún.

Los collage de Manuel también han salido de su casa. Además de ilustrar con ellos las portadas de algunos de sus libros, ha realizado exposiciones con ellos, la primera en el Instituto Chileno Francés, a sus 20 años, y en el Museo de Arte Contemporáneo de Ancud. En ellos mezcla postales, sobres, partituras de música; y en sus álbumes de recorte también une elementos que le llaman la atención como fotos, cromos, ilustraciones, boletas, papeles de chocolate, santitos de bautismo, dibujos que le han dedicado… todos verdaderos tesoros que ha recolectado a lo largo de su vida y que como dice, “me llegan solos, cuando uno comienza a coleccionar, los objetos aparecen”, todos objetos que lo hacen viajar a su vida pasada, en su Valparaíso querido, y que hablan de todos sus amores.

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