El renacer de las revistas infantiles

Por Sofía Arnaboldi

En tiempos en que los medios escritos pasan por momentos difíciles, hay un nicho que está despertando y viviendo un fuerte renacer: el de la revistas infantiles. Desde fines del año pasado cuatro proyectos editoriales enfocados a los niños han visto la luz: “Pataletas”, del colectivo Cuchuflí; “Capa”, de la periodista Valentina de Aguirre; “Patio de Atrás”, del Diario de Concepción; y próximamente, “La Mochila”, de Ají color y PLOP! Galería.

La motivación de quienes están detrás de estas publicaciones coinciden: todos creen que el nicho de los niños se ha subestimado y que hay mucho por aportar, buscan entregar un contenido que sea una alternativa atractiva a las pantallas, y que invite a los niños a encantarse con la lectura. “Nos parece genial que la infancia deje de ser invisibilidad o vista desde el mero campo educativo y que se construyan diferentes espacios y lugares destinados a la niñez. Este  grupo de revistas infantiles viene a democratizar una nueva visión de la infancia en Chile, una infancia enfocada en la calidad de vida, en el empoderamiento de niñas y niños, y en la validación de sus gustos e intereses, de sus conocimientos y visión de mundo”, comenta Loreto Aroca, editora de revista Patio de Atrás.

Para financiar estos proyectos, sus creadores han recurrido a diferentes estrategias como crowdfundings, espacios publicitarios ilustrados, fondos, e incluso, recursos propios para darle vida a sus sueños. Ninguno de ellos busca un retorno económico, sino, hacer los que les gusta y contribuir con un producto de calidad. Como dice Ludovico Toscano del Colectivo Cuchuflí, “Queremos enriquecer las experiencias de los niños para que el día de mañana sean personas más felices e inteligentes emocionalmente, si podemos aportar con un granito de arena para eso seremos inmensamente felices”.

Capa

Valentina De Aguirre es periodista y, con años de experiencia trabajando en revistas, reconoció que existía un vacío en Chile de publicaciones de calidad dedicada a los niños. “Me di cuenta que en otros países había muchas revistas para niños y niñas, y me pareció un tema fascinante. A pesar de que los medios escritos no están pasando por su mejor momento, creo que todavía hay mucho por aportar. Las revistas de nicho, que de verdad entregan contenido de calidad, tienen harto que decir. Por eso, decidí lanzarme con este proyecto.”, cuenta Valentina.

Para llevar a cabo su idea recurrió a un crowfunding que le permitió pagar la impresión del primer número. Así, en diciembre del año pasado se publicó Capa, una revista de calidad, casi un libro, sin publicidad, de 64 páginas llena de atractivas imágenes y de cuidado diseño. Cada número gira en torno a un tema general, como las estrella o la basura, a partir del cual se desarrollan las distintas secciones que incluyen un cuento inédito, comics, experimentos, manualidades, recetas, entrevistas y actividades.

Según Valentina, Capa busca ser un aporte en dos frentes. Por un lado empoderar a las niñas a que pueden ser lo que ellas quieran en la vida y por otro, aportar al fomento de la lectura. “Queremos mostrarle a todas las niñas que no hay una sola forma de ser mujer: les pueden gustar las ciencias, el arte, las letras… ¡Todo puede ser! Y eso lo logramos a través de las entrevistas que hacemos, por ejemplo. Además queremos ser un primer paso para que las niñas se enamoren de la lectura y se alejen de los teléfonos y televisores. Hasta ahora, las niñas han gozado con las sopas de letras, con las actividades, descifrando los códigos secretos que vienen en cada edición y volviendo a jugar como lo hacíamos antes… Además, al ser una revista en papel, se puede llevar a todos lados. ¡Es diversión portátil, sin baterías que cargar!”, comenta Valentina. Hoy están trabajando en el tercer numero, edición que será lanzada en julio.

Público: Niñas de 5 a 10 años

Periodicidad: Trimestral

Precio: 11.900

Dónde encontrarla: Santiago: Librería Alapa, Lolita, Periférica y Takk. En Viña del Mar: librería Mateo y Leo;  San Pedro de Atacama: Librería del Desierto; Puerto Varas: La Maga.

Contacto y suscripciones: hola@revistacapa.cl

Pag web: www.revistacapa.cl

 

Pataletas

Detrás de Pataletas están Javier Fox, Rodrigo Duran y Ludovico Toscano quienes tenían una doble inquietud, por un lado las ganas de hacer un revista y potenciar el comic chileno, y por otro,  un sentimiento de nostalgia hacia las antiguas publicaciones infantiles como Mampato, El Peneca, Cimoc o Disneylandia, revistas de las cuales eran grandes consumidores.

Como punto de partida crearon el Colectivo Cuchuflí para, desde ahí, empezar a darle forma a su idea. Después de meses de trabajo, en noviembre de 2018, vio a luz el primer número de Pataletas, una revista de comics dirigida a niños y que se vendió a través de ferias y redes sociales. “Pataletas busca ser una vitrina de lo que pasa en Chile en el mundo del comic. Diferentes colaboradores y gente muy talentosa participan de cada número”, cuenta Ludovico Toscano. La revista además de cinco comics inéditos incluye numerosas actividades como sopas de letras, crucigramas, recetas y manualidades. “Desde el punto de vista nostálgico, queremos compartir lo que significaba para nosotros, cuando niños, el hecho de que nos compraran una revista llena de actividades y cómics entretenidos. Queremos ofrecerles a las nuevas generaciones un contenido que pueda competir con el celular y la tablet y que sea igual de atrayente. Buscamos la entretención por sobre la educación”, dice Toscano.

La revista, hasta el momento, es autofinanciada por sus creadores. Para el primer número pagaron entre todos la impresión y con las ventas han podido seguir adelante con el proyecto. Su idea a futuro es que se autofinancie y agregar espacios publicitarios donde con sus propias ilustraciones se muestren los proyectos que apoyan ese espacio.

Público: a partir de 5 años

Periodicidad: Semestral

Precio: 2.500

Dónde encontrarla: Redes sociales 

Pag Web: @colectivocuchufli

Patio de Atrás:

El 7 de abril el diario Concepción incluía un suplemento dirigido a los niños: la revista Patio de Atrás, un inserto colorido, con dedicadas ilustraciones y lleno de actividades, manualidades, textos científicos y cuentos. Se trata de un nuevo proyecto editorial que busca que los niños tengan en el diario un espacio diseñado para ellos y que fomente su creatividad. A través de juegos como laberintos, o memorice, y manualidades como armar tu propia nave espacial, o una planta carnívora de papel, busca que los niños desarrollen la ejecución táctil, la motricidad fina, jueguen y aprendan.

Además de cuentos, en cada numero diferentes expertos colaboran para crear contenidos científicos dedicados a los niños: biólogos marinos, ingenieros, arquitectos, astrónomos y músicos han participado para crear información adaptada a niños y niñas, que atienden sus gustos y necesidades, y que a la vez son rigurosos y serios como un artículo científico formal. “Nos encantaría que los lectores de Patio de Atrás leyeran y escribieran con y por placer, y nos preocupamos por tenerles lecturas variadas, poesías, textos informativos, mitos, leyendas, narraciones visuales, que puedan leer letras, palabras, pero también dibujos, disposiciones espaciales y silencios. Queremos aportar a la lectura crítica, como también a la lectura recreativa y que la escritura no solo sea una herramienta escolarizada, si no que pueda ser intuitiva, creativa y cercana”, comenta su editora Loreto Aroca.

Público: niños de 4 a 10 años

Periodicidad: primer domingo de cada mes

Dónde encontrarla: junto a diario Concepción. 

Contacto: patiodeatras@gamil.com

Pag Web: www.diarioconcepcion.cl

La Mochila

La ilustradora y diseñadora Pati Aguilera, sentía una profunda desilusión cada fin de semana cuando su pequeña hija se emocionaba con las revistas de juguetes y de publicidad que traía el diario. Con experiencia en publicaciones ilustradas como “Brígida”, quiso hacer una revista infantil, y junto a los fundadores de PLOP! Galería, Fito Holloway, Isabel Molina, Claudio Aguilera, se aventuraron en este proyecto.

Actualmente se encuentran dando los últimos toque a “La Mochila” que esperan lanzar durante el invierno y que estará dedicada al chocolate y a la ciudad de Valdivia.

Según Pati Aguilera, La Mochila es una publicación que conjuga el trabajo de escritores e ilustradores para abordar temáticas vinculadas a la literatura, las artes, el patrimonio, la recreación y la vida sana por medio de relatos ilustrados, cómics, cuentos, poesía y juegos. “En Chile hay una larga tradición de revistas infantiles como El Peneca o Mampato, que fueron un espacio fundamental para el fomento lector, permitiendo, gracias a su menor precio, alcanzar a un público que no accedía a la oferta editorial. Hoy se vive un desarrollo sostenido de la literatura infantil y juvenil y de la ilustración en Chile, y nos parece maravilloso que estén naciendo nuevas publicaciones pensadas para niños y jóvenes”, dice Pati Aguilera.

Público: 5 a 12 años

Periodicidad: trimestral

Precio: 4.000

Dónde encontrarla: La revista estará a la venta en diferentes librerías del país. 

Suscripciones www.plopgaleria.com

Página web: @revistalamochila

 

Mesa de trabajo: Daniel Blanco Pantoja

“Edito para elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes”

Hay dos clases de personas. (Bueno, hay muchas más, pero para esta entrevista diremos que hay dos.) Decía, hay clases de personas: las que al momento de construir una casa la dibujan en un papel y se la pasan a un arquitecto para que la haga realidad, y aquellos que la construyen con sus propias manos. Daniel Blanco Pantoja es de los segundos.

Considerado uno de los mejores ilustradores de Chile y reconocido internacionalmente por libros como “Un diamante en el fondo de la tierra”, desde hace algunos años decidió levantarse del tablero de dibujo y comenzó a construir su propia editorial: Erdosain (erdosainediciones.com), un sello de libros ilustrados que atrapan al lector por su cuidadosa y llamativa factura, pero al mismo tiempo se transforman en una trampa con sus textos inclasificables e imágenes que transitan a contracorriente de los estándares  de la edición infantil y juvenil.

Pese a eso la LIJ local no ha tenido reparos en apropiarse y premiar su catálogo, reconociendo en él una propuesta personal, vigorosa y cuestionadora de los estrictos límites que usualmente condiciona al género.

Con el mismo derroche de energía y compromiso que pone en cada una de sus actividades, Daniel accedió a responder un breve cuestionario que con los días se transformó en una arrolladora, y a momentos torrencial, declaración de principios.

¿Qué te impulsó a fundar tu propia editorial?

Los libros son objetos extraños. Anacrónicos, como máquinas del tiempo. Tienen esa cosa críptica, ese misterio autómata: están allí, inertes, con sus páginas llena de símbolos artificiales en donde alguien, un escritor o ilustrador, registró una historia, una experiencia de su vida. Y de todas las artes, para mí siempre ha sido la literatura la más poderosa. No muestra nada: es la antiforma, flotando en el vacío del papel. La tipografía es sólo una estética acordada, pero detrás de ella no hay nada. Nada que puedas encontrar en el mundo, y sin embargo, los hombres hemos registrado a través de ella toda nuestra experiencia del mundo.

Todo esto me fascinaba tanto, y lo hace tanto aún, que, si bien ya trabajaba como un feliz editor en Pehuén, empecé a sentir la necesidad de elaborar mi propia biblioteca de libros aún inexistentes. Porque, entre otras cosas, el catálogo de una editorial es un discurso: el ordenamiento de un montón de otros discursos que suman una visión subjetiva del mundo. Erdosain sería la oportunidad de poder desarrollar aquellos libros que no podía encontrar en el mercado y que yo creía necesarios. Contar lo que no te han contado aún, y así poder compartir la experiencia mistérica que es la vida. Tal vez por eso Erdosain es, inevitablemente, una editorial extraña. Es un reflejo del principal atributo con el que podría adjetivar la experiencia de vivir: la extrañeza.

¿Cuáles son tus referentes como editor?

No tengo uno. Son muchos. Los libros antiguos de Siruela, cuando el conde estaba allí dirigiendo los hilos de la editorial, fueron sin duda un momento iniciático. Están también los libros de Pre-textos. Son objetos tan finos. Sobre todo su colección de poesía.

Zorro Rojo también lo fue en su momento. Si bien el tratamiento, estrategia y contenidos no son del todo similares, amé la reivindicación de la literatura ilustrada para adultos a través de la mano de artistas, no de «ilustradores», sino de artistas plásticos, como Breccia, Scafati o Caruso ejecutando con su trabajo no sólo un acompañamiento del texto, sino generando una nueva narración paralela; una estética, una nueva simbología. En el fondo, una nueva lectura, que aporte al texto, a la obra artística que es, una sobredosis de contemporaneidad y significados.

La editora Arianna Squilloni dice que editar es un asunto ético. ¿Lo es para ti?

Claro que lo es. Estás decidiendo qué decir. De todo lo que se dice, de todo el inconmensurable ruido del mundo, tú decides apartar un pequeño, ínfimo discurso y dices que es importante salvarlo, para que sea leído, para que cambie, aunque de forma misteriosa, una vida. Esa decisión es política, sea ampliamente fundada o no, es política pues está dejando una señal en los caminos del mundo. Publicar es decir que tienes algo que decir.

¿Cómo convive tu trabajo de editor con el de ilustrador?

Conviven horrible y angustiosamente. Todo me toma mucho tiempo. Soy una tortuga. Todos los plazos se me alargan y siempre hay alguna burocracia que hacer. Pocas veces puedo sentarme frente al papel y decir: es hora de ilustrar. Y cuando lo hago, siempre ha sido un proceso patético. Pero es sólo un problema de «medios de producción». El arte es una tarea muy difícil de ejecutar cuando debes sobrevivir.

Ahora bien, nada nuevo hay en esto. Es un tópico eterno del arte. Hay que aprender a sobrellevarlo y no lamentarse mucho. Ha sido un aprendizaje forzoso, y sigue siéndolo, pero, ciertamente, nadie más que yo ha sido quien me ha metido en las patas de los caballos.

Al final del día, la experiencia, “lo comido y lo bailado”, no te lo quita nadie.

¿Ser autor te ha permitido comprender mejor el proceso creativo?

Por supuesto que sí. Es una ventaja estar del lado de la gente que vas a explotar. Generas una empatía espontánea pues sabes cuánto cuesta desarrollar un trabajo de calidad, un trabajo de dimensión profunda. Y por supuesto, trabajas con gente que admiras. Y ese respeto, esa camaradería se siente en todo el proceso. Los autores terminan siendo en gran medida editores de su propio proyecto, pues el proceso entero se vuelve fraternal.

¿Qué espera un autor de un editor?

Que reconozca su trabajo, y no hablo de que le reconozcan si es conocido o si ha ganado premios: hablo de las características estilísticas de su trabajo. Que sepan qué haces, qué investigas y qué intentas decir a través de tus escritos o ilustraciones, que sepan leer tu búsqueda con exigencia crítica y referencial. Por eso un editor debe buscar la erudición de los tópicos que desea trabajar. Sino será sordo y ciego y no podrá establecer el diálogo que debe generar entre todas las partes del libro: ya sea el texto escrito, el ilustrado, ya sea un trabajo mixto.

Y, por supuesto, que le pague bien y a tiempo lo acordado.

¿Qué buscas en un autor?

No lo sé muy bien. Que  conmueva, que sobrecoja. Que su trabajo entre en esta dimensión mistérica de la que hablaba antes. La vida para mí es sólo esoterismo: articulaciones de no-conocimiento. Busco entonces autores cuyo trabajo entre en estas dimensiones. Y busco rigor de la técnica. Busco mucho esto. Me exaspera lo mal hecho, lo descuidado. A veces el mercado, incluso ayudados por la academia y la crítica, ensalzan lo superficial, pues lo superficial conviene al mercado, al consumo. Busco alejarme de esto como si se tratase de un anatema.

Quiero trabajar con artistas que padezcan lo contemporáneo, que entiendan o que intenten entender a través de su búsqueda artística la amplia dimensión histórica, filosófica que es nuestro paso por este mundo extraño. Que a través de su trabajo sepan evidenciar la catacresis, epifanía onírica y, por lo tanto, decadencia a la que todas las cosas de nuestro mundo significante están sujetas.

¿Qué puede aportar una microeditorial en una escena donde la oferta se multiplica y los grandes trasnacionales se imponen?

Su discurso. Un discurso. Uno más que no decepcione a sus lectores. Una editorial debe encontrar a sus lectores y, libro tras libro, no decepcionarlos. Abrir una puerta, una más, sí, aunque nos haga desfallecer, que entregue alguna visión del mundo. Si hay 100 millones de editoriales o solo 10, no importa. Uno debe mantenerse ocupado en la búsqueda de sus carbunclos en la noche del mundo. Solo eso, si la suerte además lo acompaña, puede mantener a flote el barco de una editorial independiente. Ah, y en la dimensión más terrenal: no hacer el «jipi». Hacer libros es una cosa seria, complicada. Un libro bien hecho es una enorme cantidad de trabajo. Y un catálogo, no solo es mucho trabajo: es un negocio bien ordenado y proyectado, a largo, larguísimo plazo. No hay forma mejor de homenajear a tus lectores que no desaparecer. No hacerlo, mantenerse vigente, es la verdadera resistencia, la prueba de que sí eres un aporte.

Has optado por imprimir en China, ampliar tus redes de distribución y conformar un catálogo latinoamericano, ¿es un camino que recomiendes a otras pequeñas editoriales?

No lo sé. La biografía de una editorial independiente es la biografía de un ser orgánico y complejo.

No sé si podría recomendar un camino. Lo que sí creo que hay que hacer es tener mucho cuidado de las fórmulas. Hay que ser empático y moverse mucho. Curioso, sentarse en muchas mesas y establecer muchos vínculos. Aprender, aprender, aprender. El mundo es un lugar grande, redondo, vasto. Hay que sentirle ese peso y aprender a moverse por sus ríos sin naufragar.

Los libros de tu catálogo tienen un importante componente en la ilustración, pero no son libros necesariamente para niños, aunque mucha de la crítica chilena, incluyendo especialistas y jurados, los siguen considerando LIJ ¿Cómo te sitúas tú?

No hay nada en el mundo que me dé más pena que esta sigla. La rechazo rotundamente. Puedes escribir un libro dirigido a un niño, pero eso no tiene por qué hacerlo un libro infantil. Ni siquiera suena bien: LIJ.  Son clasificaciones comerciales  y sumergen al libro, según mi parecer, en un triste automatismo. Lo hacen predecible. Yo prefiero, para hablar de libros, de universos más bien amplios: nosotros publicamos literatura, que a veces va profusamente ilustrada. Cada libro tendrá sus propios afanes. Nos encantaría que nuestros libros lleguen al mayor grupo posible de lectores y que nunca ellos sean homologados.

¿Cómo ves a Erdosain en 10 años?

Ojalá ya superado el punto de equilibro de inversión, con un catálogo que de más de 50 libros y con una distribución amplia en todo el mundo hispanohablante. Con autores y lectores satisfechos, integrando todos una comunidad de artistas y trabajadores del libro.

ILUSTRACIONES

1.Me gusta mucho trabajar con símbolos. Copiarlos, desarrollarlos. Investigo mucho en la historia del arte y la humanidad para intentar universalizar el mensaje, introduciendo en ellos arquetipos que luego modifico según como se vaya mezclando todo en mi cabeza. Intentar que la imagen se vuelva un rito en sí misma.

  

2 y 11. Estas dos ilustraciones de Un diamante en el fondo de la tierra son complejas. Un niño, para quienes va dirigido el libro, no sabría entenderla. Pueden entenderse los elementos que hay en ellas: en la primera, una mujer, dos hombres, una carretera en un desierto, todo ello reflejado en un espejo, en la segunda, un adulto y una niña, asustados, mientras aviones pasan por sus cabezas… Pero el mensaje que todas ellas componen es uno muy triste y que está implícito en el fotograma de cada imagen. Los adultos sabemos que se trata de una mujer secuestrada por agentes de la DINA y de transeúntes caminando por el centro de Santiago mientras los Hawker Hunter bombardeaban La Moneda. Pero la imagen no lo dice. Ellos, los niños, preguntarán ¿por qué esa señora que va atrás tiene un ojo morado y va triste? ¿Por qué pasan esos aviones por encima de la ciudad? Y así es como comienza, en esa imagen, la historia que, el que sepa, tendrá que contarla, y el que no, preguntará.

3. Esta foto es mentirosa. Nunca, ni aun hoy, he podido establecer propiamente un escritorio de trabajo. Los continuos cambios de casa y precariedad del oficio, que yo mismo me he buscado y causado, lo han tramado así. Mi espacio de trabajo es cualquier mesa donde haya luz. En esta imagen todo está como ordenadito pero es que me avisaron que me tomarían esa foto. Entonces ordené.

4. A veces, cuando tengo tiempo para experimentar, cambio las técnicas con las que trabajo. En gran medida esto sucede según qué artistas esté siguiendo y estudiando en ese momento. Lo mismo con los tópicos: la composición y tema de están siempre muy influenciados por las lecturas e investigaciones que esté siguiendo en ese momento.

5. Esto es lo bello de los signos y los símbolos: son artificios humanos que pueden ser desarmados y vueltos a armar. Ese proceso de apropiación que ocurre en el arte pictórico es vital en mi trabajo, e intento llevarlo a cabo en cada una de las imágenes para generar discurso.

6. Del cine, nada me gusta más que el trabajo de la fotografía. Pienso las composiciones de las ilustraciones, sobre todo las que son para acompañar un texto literario, como si fueran tiros de cámara.

7. Intentar poner en una imagen tantos referentes que sean una sinécdoque fantástica del mundo entero.

  

8 y 10. Todo arte es un proceso de sublimación de la experiencia del mundo. En este libro, Animal, del cual también soy el escritor, hablo de esta experiencia muda de la vida, la que va más allá de nuestra individualidad y que trasciende el lenguaje.

9. Este es mi verdadero espacio de trabajo: una cajita de metal con distintos grafitos.

 

Recordando a María Isabel Tenhamm

Recuerdos y huellas de María Isabel Tenhamm 

Por: María del Pilar Echeverría y Carolina Valenzuela C.

En febrero de 2019 nos dejó María Isabel Tenhamm, mujer entrañable, de alma noble, generosa y sincera que narraba, leía y cautivaba con voz dulce y serena. Arquitecto de profesión, tomó siempre, con entusiasmo y responsabilidad cada oportunidad que se le presentó para crear y construir aquello que pudiera transformar y tornar más amable la vida de los demás. Se entregó a los otros a través de su amor por los libros, la poesía y la naturaleza.

Isabel aseguraba: “La vida te pone peldaños y te lleva de la mano hacia donde es bueno que tú vayas y adonde tú puedes poner granitos de arena que son los que viniste a entregar”. Fiel a sus convicciones, en 1995 aceptó el cargo de coordinadora de un nuevo proyecto del Centro Agua Viva denominado “Cuenta cuentos”. El objetivo era preparar y organizar a grupos de voluntarios para contar cuentos en los hospitales pediátricos, con el propósito de contribuir en el proceso de sanación de los niños y ayudarles a enfrentar la enfermedad, el dolor y, muchas veces la soledad que viven al estar lejos de sus familias que permanecían en provincias.

La perseverancia y el esfuerzo de María Isabel junto a María Angela Albertini y al apoyo de los directores y enfermeras de los hospitales pediátricos Roberto del Río y Luis Calvo Mackenna, contribuyó a que en el año 2001 se concretara uno de sus sueños más anhelados: la Fundación Giracuentos, un voluntariado que lleva entretención, compañía, nuevos conocimientos, cultura, esperanza y alegría a través de los libros, los cuentos y el juego a niños hospitalizados y en tratamientos ambulatorios. La Fundación Giracuentos ya tiene 24 años de vida y actualmente cuenta con más de 80 voluntarios que semanalmente entregan dos horas de su tiempo y caminan con sus llamativos canastos por los pasillos de los hospitales haciendo sonar campanas que anuncian a los niños la llegada de los cuentos e historias que les permiten soñar, viajar a mundos lejanos y que les enseñan que, con las palabras y el corazón, todo es posible de crear e imaginar. Cuando María Isabel formaba a los nuevos voluntarios les transmitía su profundo gozo de pertenecer a la Fundación Giracuentos y les decía que los años de experiencia en los hospitales de niños le habían demostrado que los cuentos, bien seleccionados, tienden puentes de amor y ternura y que en ellos está la tregua que devuelve la fuerza para vencer la adversidad.

Gracias a la constancia por sacar adelante este proyecto y consolidarlo a lo largo del tiempo es que en el año 2012 recibió el Premio Buenas Prácticas en Lectura en la Región Metropolitana, entregado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Hoy día podemos afirmar que los voluntarios Giracuentos están haciendo realidad el sueño de Isabel de que todo niño que pase por los hospitales Luis Calvo Mackenna y Roberto del Río escuche al menos un cuento durante su hospitalización.

Fue pionera también en la creación de la biblioteca del Centro Lector de Lo Barnechea donde, junto a Carmen Lucía Benavides y María Angela Albertini, consolidaron un equipo de voluntariado que sembraba el amor por la palabra en distintos colegios de la comuna. Motivaba a las nuevas voluntarias diciéndoles “el cuentacuentos, cuando tú lo haces con amplitud, es decir, incorporando rimas, versos, música y toda esa cosa maravillosa que tiene el lenguaje, realmente abres puertas para que los niños valoren el leer, la escritura y las bibliotecas”. Tan convencida estaba de la importancia de que los estudiantes escucharan cuentos que ella misma iba a los colegios y cautivaba a los alumnos, los hacía reír, los hacía participar y dejó una huella en el corazón de muchos. En más de una ocasión nos tocó ir caminando por el pueblo de Lo Barnechea y ver correr a un niño a abrazarla diciendo “¡Qué lindo el cuento que nos contó en la escuela!, ¿Cuándo va a ir de nuevo?”. Era una persona querida y recordada.

También se acercó con especial cariño a un grupo de adultos mayores que visitaban el Centro Lector y mantuvo con ellos una estrecha relación que perduró por más de 10 años. Con gran sabiduría y sensibilidad -porque sabía escuchar, mirarlos y acogerlos- los incentivó a escribir sus propias historias, verdaderas autobiografías, con los cuales levantó una obra de teatro. Años después, las mismas abuelas motivadas por María Isabel grabaron sus cuentos en la radio de la Universidad de Chile para que fueran difundidos en radios comunales e hicieron arpilleras retratando su infancia. Es impresionante comprobar cuánto la querían estas señoras por quienes ella tanto se preocupó. Las llamaba por teléfono, las iba a buscar y a dejar a sus casas para que asistieran a la reunión mensual que tenían en el Centro Lector. Una vez más la generosidad afloraba en ese corazón que parecía no tener límite.

Su amor por la naturaleza la llevó a recorrer Chile con su querido Juan Carlos y, junto a él, trabajó en la Fundación Huilo-Huilo buscando proteger y conservar nuestra flora y fauna, especialmente aquella en peligro de extinción como el huemul. Llevaron a cabo un proyecto de criar huemules en la Reserva Huilo-Huilo y, con esfuerzo y sacrificio, después de varios años de lucha por tratar de reproducirlos, lograron tener éxito. Con lágrimas en los ojos nos contó cuando nació el primer huemul en esa área protegida. Aprendió a amar, a reconocer y apreciar la flora y fauna de nuestro país. Cuando hablaba de los árboles del sur, de las flores de su jardín, de los picaflores que visitaban su casa y de los distintos animales que fue conociendo en sus viajes nos transportaba a lugares remotos e idílicos que nos hacían soñar. Quiénes la conocimos de cerca lamentamos que no volveremos a recorrer esos hermosos parajes guiados por su voz tranquila y cautivadora. En el último año de su vida -y a pesar de su salud resentida- nos dio un gran ejemplo de tenacidad al escribir el libro, “Los centinelas del bosque,” que relata con humor los cuidados que necesitan las ranitas de Darwin, esas pequeñas criaturas que habitan los templados bosques del sur de Chile, que tanto amó.

Tuvimos el privilegio de conocerla, de vivir con ella momentos inolvidables, de trabajar juntas, de ser sus amigas y, sobretodo, de aprender de su sabiduría, su sensibilidad, su generosidad, en una palabra, de su entrega total al prójimo.

 

El lado B de Maga Villalón

Por Sofía Arnaboldi

En la invitación con la imagen de un conejo dentro de una taza se lee en letra cursiva “Te invito a mi fiesta de no cumpleaños. Trae tu taza favorita para que tomemos un té de locos. Puedes traer un pastel, mermelada de naranjas, champagne “Bébeme” o lo que quieras. No olvides venir con sombrero o acompañado de Alicia”.

En la casa de Maga Villalón, a las 18:00 horas con la puntualidad del conejo, Alicia es la protagonista indiscutida del lugar: distintas ediciones del cuento  de Lewis Carroll y objetos como tarjetas, cojines, y teteras con ilustraciones de sus personajes decoran el lugar. El toque final a la ambientación se lo dan las rosas y los naipes. En el comedor la mesa está puesta con tanta dedicación que el té de no cumpleaños del Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo se queda corto: naranjitas bañadas en chocolate hechas por Maga con frutas de su jardín, bombones de pera, pan de aceituna, mermelada de nuez, tartaleta con crema pastelera, distintos quesos, salame, uvas y tres tipo de tés diferentes, cada uno en una colorida tetera son parte de la dedicada puesta en escena.

Maga cuenta que el primer té de Alicia fue hace 10 años en honor a Mario Aliaga quien vivía en México y venía a Chile. Mario había sido su editor en Books and Bits y fue el primero que publicó sus escritos. “Un lunes de diciembre del año 2001 recibí un llamado inesperado de un desconocido a quien le habían comentado que yo escribía cuentos, y que los quería leer”, comenta Maga. Unos meses después, se publicaban Las Tribrujas, Viento Sur y El rumbo de las mareas.

El té para Mario, al que invitó a sus amigos y al equipo que había trabajado en sus libros entre los que estaban Carmen Cardemil, Ivonne Lacombe, Mónica de Simone y Manuel Peña, resultó un éxito y desde entonces lo repite una o dos veces al año siempre con comensales relacionados al mundo de las letras y las artes.

A medida que los invitados empiezan a llegar al Té de Alicia, la conversación fluye fácil y dinámica y Maga es la anfitriona que con su talento innato hipnotiza a todos mientras lee su último cuento que aún no está publicado, “El gran libro mágico de las Tribujas buenas”. Es un libro lleno de magia que relata secretos y pócimas con remedios naturales y caseros para evitar todo tipo de males, desde la pena hasta el dolor de muelas, y con fórmulas para tener el pelo brillante como el de Blancanieves, o para enmendar el ala rota de un hada.

Según Maga Villalón tanto mundo mágico viene de su infancia, cuando creció en Los Vilos en una antigua casona, criada por su bisabuela y una tía abuela. En sus libros se mezclan imágenes de su niñez, la magia, y las costumbres del campo chileno. Dejó la provincia para estudiar diseño en la Universidad de Chile, se graduó y se dedicó de lleno al diseño hasta ese llamado Mario Aliaga. Desde entonces ha publicado 17 títulos, ha sido nominada a los premios Altazor y algunos de sus libros fueron seleccionados por el Centro de Recursos para el Aprendizaje para estar en las bibliotecas y llegar a los niños de todo Chile. Sus cuentos, además, han sido editados en Cuba y hoy alguno títulos se están traduciendo al francés y al italiano.

En la ambientación del té destaca un antiguo ejemplar de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, publicado en 1951. “Este libro había sido de mi mamá y me lo leía mi tía abuela Olguita cada noche antes de dormir. Era mi cuento favorito”, comenta mientras pasa las hojas con cuidado, como si el amarillo y gastado papel del libro fuera una fina seda, y muestra las antiguas ilustraciones que ella misma coloreó cuando niña. “No me gustaba que fueran en blanco y negro así que las pinté”, cuenta. Sin embargo reconoce que fue a partir de los Té de Alicia que este personaje empezó a entrar en su vida. “A raíz de estas celebraciones comenzaron a regalarme diferentes cosas de Alicia y hoy tengo una pequeña colección. Pero yo no la busqué, Alicia me encontró a mí”.

    

 

La Cabeza de Elena

Ese territorio común[1]

Por: Luz Yennifer Reyes Q

Quisiera compartir mi experiencia de lectura con “La cabeza de Elena”, primero como lectora, después como inmigrante y finalmente como mediadora.

Para iniciar, quisiera destacar algunas huellas lectoras que como buen libro álbum nos han dejado sus autores, empecemos por su nombre:  Elena, de la mitología griega, luz que brilla en la oscuridad, esa que indica el viaje de regreso, que brilla con luz propia en medio de la oscuridad. Y si seguimos pensado en personajes épicos cómo no pensar en Penélope, la que espera y la que teje tal como la querida Elena recordando a su madre.

Y por qué no pensar en los bellos agapantos que se hacen presentes desde la portada de la obra. El agapanto o la flor del amor representa desde mi punto de vista ese lazo que une a nuestra protagonista con su madre ausente.

Pero sin lugar a duda, uno de los aspectos que más me sorprendió de este bello encuentro fue hallar al que se queda y no al que se va y cómo aquel que se va, deja trozos de sí… a la larga uno está con un píe acá u otro allá (como digo yo, con un píe Colombia y otro en Chile).

Y ahí mi “yo inmigrante” se hace presente, y mientras tránsito por las páginas de Elena pienso en el innegable papel de la literatura como lugar de acogida, que ofrece y engloba un discurso común, en este caso, en torno a la ausencia del otro, y en el libro álbum, aún sin que entiendas el idioma español (como el caso de los muchos emigrantes haitianos y de otros países no hispano hablantes), el vacío es latente y entonces este espacio acogedor es un espacio para todos.  

El tema de la migración no es un tema nuevo en la literatura universal ni en la literatura infantil, especialmente después de la segunda guerra mundial y la evolución hacia sociedades más interconectadas, caracterizada en gran parte por la descripción sensorial (olores, colores, música, mercados y paisajes) del tipo de vida del lugar abandonado, del lugar anhelado…

Viene entonces a mi mente obras icónicas de la LIJ como “Emigrantes”, de Shaun Tan; “Flotante”, de David Wiesner; y de la región recuerdo el impecable trabajo del libro “Migrar”, de José Manuel Mateo y Javier Martínez en la editorial mexicana Ediciones Tecolote, que retrata la realidad de los indígenas mexicanos al partir a América en busca de una vida más digna  y cómo no pensar en los libros del Jairo Buitrago y Rafael Yockteng, como “Eloisa y los Bichos”, relatando la historia de una niña “nueva” en un lugar extraño y “Dos conejos blancos” sobre la historia de una niña y su padre y su travesía hacia la frontera.

En todos estos casos, al igual que con Elena la obra se proyecta como un lugar de encuentro, donde imagino-empatizo con la sensibilidad y los problemas del otro y especialmente, con Elena, no solo pienso en el  que se va, sino en aquel que se queda, encontrándome en ese territorio común de emociones con el hijo o la hija del haitiano, colombiano, peruano, que está sentado a mi lado en el metro, un territorio común estético y poético que produce la obra.

Esta proyección empática es muy necesaria en el Chile de hoy en dónde el tema migratorio está en la agenda política y en dónde somos cada vez más compartiendo ese territorio común de emociones que genera la buena literatura.

Para terminar y pensado en las grandes oportunidades de mediación, Elena se convierte no solo en un objeto estético para el disfrute de la obra sino en un potencial detonador de reflexiones acerca del mundo y de nuestro lugar en él, y ¿acaso no es eso lo que nos permiten la literatura, la ilustración y las otras formas de arte?

No como instrumento para enseñar esto o aquello, sino un espacio para compartir preguntas como: ¿Para quién es más difícil sobrellevar una partida, para el que se va o el que se queda? ¿Somos los mismos cuando regresamos de un viaje?, y el que se queda, ¿lo es?… Preguntas que pueden potenciar una lectura compartida, para seguirnos encontrando en este territorio común de la buena literatura para la infancia.

[1] Texto leído en el marco del lanzamiento del libro “La cabeza de Elena” Claudio Aguilera y Karina Cocq de la Editorial Zig- Zag

Limonero es elegida como la mejor editorial de América Latina

“Buscamos libros que convoquen a niños y adultos por igual”

Ser parte de la amistad entre una niña y un hombre encerrado en su casa, conocer las quince ocasiones para pedir deseos en la calle, o a ver la vida desde el interior de una cebra, son algunas de invitaciones que editorial Limonero hace a través de sus libros, libros de poesía con imágenes, de arte con texto, de narrativa ilustrada…

De la mano de los licenciados en letras y amantes de los álbumes ilustrados Lulu Kirschenbaum y Manuel Rud, Limonero empezó con su sello editorial en 2014 destinado a crear publicaciones que difundieran el trabajo de autores, ilustradores y artistas. Desde su origen sus fundadores se enfocaron tanto en la búsqueda de textos de otras lenguas como en el desarrollo de contenidos propios. Ya son 20 libros publicados de los cuales 15 corresponden a traducciones y cinco a creaciones inéditas de las cuales tres han recibido prestigiosos premios como una mención de honor en la categoría Children’s Picture Books del concurso Talking Pictures de la New York Rights Fair por “Dentro de una cebra”; “Clara y el hombre en la ventana” ganó el premio por sus ilustraciones por Alija, y “Quince ocasiones para pedir deseos en la calle” recibió el premio al diseño por Alija y otro por sus ilustraciones en el Nami Concours.

A pesar de su premiada trayectoria, esta pequeña editorial argentina no esperaba para nada recibir el reconocimiento a la mejor editorial infantil de centro y sur américa el mes de abril en la 56 Feria del Libro Infantil de Bolonia. En medio del frenesí post premio, su fundadora Lulu Kirschenbaum conversó con nosotros sobre su emprendimiento, el reconocimiento que recibieron y sus proyecciones.

 ¿Qué es lo distintivo de Limonero como editorial?

Uno de los aspectos distintivos de Limonero es que publicamos realmente los libros que nos gustan. A pesar de que nos importa que el proyecto se sostenga comercialmente, el motor de la publicación no es una búsqueda de éxito económico sino publicar material que nos parezca interesante. Otra particularidad es la mezcla que tenemos de traducciones y libros propios, así como también la importancia que le damos a la calidad de la manufactura: nos interesa que sean libros durables tanto en lo material como en que inviten a sus lectores a volver a leerlos a lo largo de los años.

¿Qué requisitos tiene que tener un libro para ser parte de su catálogo?

Lo más importante es que el libro nos guste profundamente a Manuel y a mí como editores y como lectores. El espíritu de nuestras publicaciones puede ser para un público infantil pero buscamos que le interesen genuinamente a los adultos, que sean libros que apunten al vínculo. Creemos que para que exista la transmisión de un goce de la lectura, para generar un hábito y un fomento lector, se necesitan libros que convoquen abiertamente a niños y a adultos por igual.

Muchas veces la literatura infantil es tan estereotipada que el adulto participa con ajenidad al material, nosotros buscamos que sea invitante para los adultos también.

Ustedes tienen cinco publicaciones propias y tres de ellas han recibido premios, ¿cual es la magia que tiene Limonero para hacer recetas que funcionan?

No se qué sensibilidad es, pero después uno tiene medio a perderla -ríe. Por correo nos llegan muchos textos, y de esos, son muy pocos los que nos convoca y nos interesan. Cuesta encontrar buenas historias. Cuando un texto nos resuena a ambos, y coincidimos bastante, elegimos un ilustrador y confiamos en su trabajo, le damos total libertad, y respetamos la apuesta que hicimos por el artista.

¿Cuál es su visión del estado actual de la literatura infantil?

 Yo creo que está en un momento próspero respecto a otros géneros. Los ilustradores están tomando una dimensión importante como autores, y creo que de la mano del crecimiento de la ilustración también está creciendo y ampliándose el mundo de la literatura infantil. Esto genera un nuevo lugar de convocatoria distinto al de los libros más tradicionales con enseñanzas, personajes convencionales, etcétera. Y ese es el camino que queremos recorrer: el de libros de calidad literaria y de ilustración, que tenga que ver con goce y que le abran mundos a niños y adultos. Y creo que hay cada vez mas editoriales haciendo y proponiendo cosas interesantes en el mundo.

¿Qué significó recibir este premio?

Recibir este premio fue increíble, no lo esperábamos para nada. Cuando vimos que nos habían nominados fue maravillosos, con eso entras en el mapa del mundo editorial. Íbamos sin expectativas de ganar, competíamos con editoriales espectaculares como Amanuta, o Companhia das letras, y ya estábamos más que contentos con haber sido nominados. Cuando dijeron nuestro nombre en la premiación nos volvimos locos de  alegría, es un premio por el que votan los colegas, entonces se siente una cosa muy cálida de reconocimiento, fue muy emocionante. Y lo que parecía impensado, y no estaba en el horizonte de nuestras expectativas, pasó. Este premio nos abre puertas como invitaciones a festivales (y para una pequeña editorial latinoamericana ayuda mucho), nos da cierta reputación que nos abre puertas a la hora de comprar o vender libros, nos dio tribuna en la prensa local y mucha gente que no nos conocía se acercó a nosotros… Es una cadena de cosas y a la vez, una responsabilidad enorme.

¿Cómo se proyectan como editorial?

 Venimos publicando cinco libros por año y la idea es aumentarlo a seis u ocho. Ese número tiene que ver con la dedicación que le ponemos a cada álbum, y sobre todo a los libros propios que nos llevan más tiempo de trabajo. Vamos construyendo desde el placer, y del propio aprendizaje, y vamos viendo donde nos lleva… No sé dónde para dónde. Es un lujo permitirnos publicar lo que nos gusta y eso tiene que ver con que los dos tenemos otro trabajo que nos ayuda a ganarnos la vida.  No tenemos claro el plan, más que fluir…

http://www.limonero.com.ar

En chile los libros de Limonero los distribuye Zig-Zag

 

  

Estudio revela los increíbles beneficios de la lectura en la crianza

La lectura compartida con niños pequeños reduce la posibilidad de que ellos sean hiperactivos o conflictivos. Así lo revela un estudio de la Universidad de Rutgers llevado a cabo en mayo de este año. Este tipo de actividad, además, prepara a los niños para la escuela mediante el desarrollo del lenguaje, la alfabetización y las habilidades emocionales.

Los resultados mostraron que quienes tienen el hábito de leer con sus niños pequeños tienen menos probabilidades de participar en una crianza severa, mientras que los niños tienen menos probabilidades de ser hiperactivos. Así también, la lectura compartida puede generar un vínculo más fuerte entre padres e hijos y menos hiperactividad y problemas de atención en los niños. Además, la lectura compartida frecuente se asoció con una crianza menos severa y menos dura a mediano plazo (cuando los niños tenían 5 años).

Para llegar a estas conclusiones, se revisaron datos de 2,165 parejas de madres e hijos (entre 1 y 3 años) de 20 ciudades grandes de Estados Unidos sobre la frecuencia de lectura, disciplina y conductas de los pequeños. Los resultados se publicaron en el Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics.

Fuente y Fotos: https://news.rutgers.edu/

Con gran entusiasmo se llevó a cabo el Taller de Sara Bertrand

Este miércoles se llevó a cabo en Fhuv el taller de Sara Bertrand “Un paso al frente: hacia una mirada estética de los libros” dirigido a mediadores, docentes y público en general y que la fundación impulsa periódicamente en su anhelo por apoyar y acompañar el fomento lector infantil y juvenil.

El objetivo del taller fue buscar una conversación en torno a la literatura juvenil, desde una aproximación reflexiva y crítica de los libros dirigidos a jóvenes.Dentro de los conceptos analizados estuvieron presentes las características de las lecturas dirigidas a este público, como así también los conceptos y herramientas críticas para analizarlos. Todo en torno a un taller práctico dirigido por la escritora y tallerista.

Al finalizar el taller, los asistentes recibieron sus diplomas de la mano de Sara Bertrand.

Ponte en mi lugar


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Ponte en mi lugar
Escritor: Sam Hepburn
Lectores avanzados  Maeva | 2015
Clasificación: Novela

Un emocionante thriller sobre qué somos capaces de hacer en una situación límite para proteger a nuestra familia.Poco después de que la familia de Aliya se instale en Londres, tras su huida de Afganistán, su hermano es acusado de ser un terrorista. Aliya está convencida de su inocencia, pero cuando su amigo Dan, el hijo de un fontanero, encuentra una pistola en el baño de su nueva casa ya no sabe qué pensar. Dan sospecha que la pistola pertenece a su padre, un exconvicto, y permanece en silencio. Juntos deberán desentrañar la verdad para proteger a sus familias.