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Diego Arboleda y Eugenia Ábalos: Una Aventura Formidable

Las palabras, dibujos y risas dan forma al trabajo de este matrimonio chispeante, dedicado a la realización de libros infantiles. Él, uniendo palabras y dándoles un sentido, y ella, interpretándolas a través de sus ilustraciones. En todo este proceso, y sobre todo en el resultado, el humor es la clave.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

Para entender al escritor Diego Arboleda y su mujer, la ilustradora Eugenia Ábalos, no hacen falta más de cinco minutos. Ambos parecen tímidos, cautos, menudos. Al mismo tiempo chispeantes, despiertos, divertidos, hasta infantiles. De hecho, podrían ser perfectamente los personajes imperfectos de cualquiera de sus libros, cuya realización definen como una aventura formidable y en donde el humor es el elemento que acompaña de principio a fin.
Han ganado premios por libros realizados en conjunto, y Diego se ha hecho más conocido por su obra Prohibido Leer a Lewis Carrol, con la que ganó el 2012 el premio Lazarillo de Creación Literaria, y dos años después el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil español.
Más que un escritor, Diego se considera un Junta-Palabras, definición inventada por él y que refleja lo que le gusta hacer. Ella, intérprete gráfica de textos, más que ilustradora. Ambos coinciden en que en un libro es clave seducir al lector y hacerlo cómplice, en eso trabajan.

“Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.”

Cuéntenme sobre sus certezas al momento de trabajar en un libro.
Diego (D): No creo en las certezas absolutas, pero sí hay cosas en el trabajo que se repiten y que dan pistas. Una de ellas es que el éxito de un libro no está tanto en los autores, que éstos deben completarse con los lectores, ellos hacen gran parte del trabajo. Por eso, desde hace tiempo, que pienso en los autores cuando escribo. Me siento muy lejano de tener el conocimiento exacto de las cosas, y ahí creo que está la clave. Al fin y al cabo, ellos harán la mitad del trabajo.
Eugenia (E): Me defino más como intérprete que como ilustradora. Como dice Diego, me preocupa mucho el lector al que me dirijo, lo tengo en cuenta. Trabajo atendiendo lo que él quiere, más que lo que yo pienso libremente podría crear. Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.

¿Cómo es el lector al que se dirigen?
(D): : Es múltiple, no podría encasillarlo en un rango de edad, de hecho es uno de los problemas de mis libros. Los lectores sólo tienen que poder disfrutar la historia y luego enriquecer el texto. Cuando hago encuentros en colegios me topo con niños de 9 años, de 14 … Después viene un adulto y me dice que le ha gustado el libro. Llegar a gente tan distinta es un elogio.
(E): Depende del libro. Trabajo en una librería, entonces intento imaginar el tipo de libro que mira el lector de la edad a la que me tengo que dirigir. Tic Tac por ejemplo, el texto es muy amplio, pero creo que la ilustración ha quedado muy infantil, pero la elogian chicas juveniles entonces es muy variable.

Han recalcado que no les interesa hacer libros perfectos…
(D): Antes que escritor, fui lector. Leyendo me di cuenta que muchos libros considerados clásicos tenían situaciones o estructuras imperfectas. Ejemplo: las obras maestras Las Brujas y Matilda que ha creado Roald Dahl, en las que el punto de mayor interés recién aparece en la mitad del libro. Eso es porque la estructura no es perfecta. El autor lo hace para crear complicidad, para provocar risas e interés.
No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa. Debe ser que somos muy imperfectos nosotros también. El concepto es relativo, muchas veces vemos personajes imperfectos que nos encantan, entonces a lo mejor nuestro concepto de perfección es erróneo. Si nos encantan, no pueden ser tan imperfectos.
(E): En la ilustración es lo mismo. A veces exagerar una perspectiva, o torcerla , o hacer un personaje demasiado cabezón; esa imperfección es una manera de llamar la atención, y a mí me gusta. Creo que no soy para nada una ilustradora perfecta, de hecho no me encasillo en algún estilo, lo que puede ser bueno o malo. Quiero estar contenta con mi trabajo, con que ha quedado bien, redondo. Con mi último trabajo, de hecho, he quedado contentísima, y curiosamente no tiene nada que ver con LIJ. Ha sido la cubierta para un ensayo sobre escritoras españolas de la pos guerra, tuve que ilustrar a tres de ellas Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. Ha sido una experiencia muy buena y tiene mucho de esa imperfección que hablamos.

“No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa.”

¿Es el acercamiento a lo imperfecto, el guiño que hacen a sus lectores, para lograr la complicidad que buscan?
(D): Está directamente relacionado. La mayoría estamos más cerca de la imperfección que de la perfección, y me alegro porque de otra forma sería todo más aburrido. Esa es una de las maneras de enganchar, pero además, les va a resultar siempre más cercano a los que leen. Por eso es bueno exagerar los defectos de los personajes. Cuando tú tomas un rasgo y lo exageras, todo lector con esa característica, o tenga a alguien alrededor con ese defecto, se sentirá identificado. Es una forma de acercar a los personajes. Con esa cercanía puedes crear la mayor de las locuras.

¿Porqué creen que el libro Prohibido Leer a Lewis Carrol ha ganado tantos premios?
(D): Todos los premios han sido una sorpresa para nosotros. De hecho, al único premio que yo me presenté fue al Lazarillo, que fue el primero que ganó.
No tengo muy claro porqué ha recibido tantos premios, pero sí creo que es un libro en el que hemos conseguido esa complicidad con el lector que siempre busco. Probablemente ayudó también la temática, partiendo por el título, que facilitó llegar a un público más amplio que el español.

(E): Me parece que está muy bien escrito y es muy original. Más allá del premio al que postuló, los demás han sabido ver esa originalidad.

Les gustan los cuentos clásicos, ¿cuáles son los que más les gustan o inspiran?
(D): Yo te puedo aburrir con esta respuesta.
Distingo entre obras clásicas, que ahí está Alicia y demases del estilo y los cuentos tradicionales. Los de los hermanos Grimm, Andersen, que provienen de la tradición oral. Eso me interesa muchísimo.

(E): Alicia es Alicia.

¿A quién le darían el premio Andersen?
(D): Me voy a hacer el estupendo con la respuesta. Se lo daría a uno de los grandes genios que existe y está vivo todavía. Se llama Francisco Meléndez. Es un ilustrador excepcional, conocido por esta faceta, y es además un escritor genial. Un tipo que ganó muchos premios en su momento, llegaron a comprarle los derechos en Disney para hacerle una película, y luego desapareció del panorama. Cuesta mucho encontrar sus libros.

(E): Estoy de acuerdo con Diego y si seguimos con ese toque sentimental de reconocimiento y tuviera que decir a alguien, me atrevería a nombrar a una: Laura Gallego. Mueve masas, capta lectores una y otra vez con libros que ya tienen un montón de tiempo y siguen gustando.

(D): Hay un punto de debate en estos grandes premios. Creo que todos los que se lo ganan lo merecen, sin duda. Pero a veces cuando se premia a un autor, por así decirlo, de masas, parece que el premio perdiera prestigio, y creo que está mal.
Los booktubers por ejemplo. Están directamente relacionados con Harry Potter que provocó el terremoto de un tsunami que estamos viviendo ahora. En su momento a J.K. Rowling le dieron el Príncipe de Asturias de las Letras, esto fue muy criticado. Bueno pues, creo que su influencia en toda una generación de personas que se han apasionado por la lectura es importantísima. En ese sentido, un premio entregado a una Laura Gallego no me parece una locura.

¿En qué estás hoy Diego?
(D): En dos proyectos, uno con Eugenia, una novelita breve infantil y terminando otro libro con Raúl Sagospe, que está bastante avanzado. Él está dando los últimos retoques a la ilustración. Se llama Elio, una Historia Holográfica y trata sobre los comienzos del cine.

¿Cuál es la diferencia entre la lectura que consumieron ustedes cuando niños y la lectura que se está viviendo hoy?
(D): Veo grandes diferencias, y no sólo en la estética, que por supuesto incluye hoy a la ilustración. Creo que hoy existe una variedad y una calidad superior que la que existía cuando yo era pequeño, en cuanto a libros y autores. Yo devoraba libros y hay muchos que no recuerdo, y creo que la calidad de la edición era inferior.
Así que creo que la principal diferencia es la calidad y variedad del producto final; el trabajo editorial. Vivimos un muy buen momento de la literatura infantil.
Pero hay una cosa en la que si creo que hemos retrocedido. Es en la valentía del mundo editorial para publicar obras transgresoras. Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda, por ejemplo; ahí creo que hemos retrocedido. Y cuando digo hemos me culpo también, a todos los que nos movemos en este ámbito.

(E): Los contenido si han cambiado, y es por el lector. Nosotros a los ocho años no teníamos la misma exigencia que los niños tienen hoy.
Creo que, en general, el mundo que rodea a los niños de hoy, los motiva más y les da más información de la que teníamos nosotros, eso influye en lo que ellos quieren leer. De otra forma se aburren.

“Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda; ahí creo que hemos retrocedido.”

Alicia Morel, adios a la última hada

Reconocida por sus numerosas obras literarias infantiles, entre las que se incluyen libros, ensayos, poemas y cuentos, algunos que incluso fueron transmitidos por radio teatro, Alicia Morel fue una de las voces más influyentes de la LIJ en Chile

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Fotografía de Memoria chilena

En Santiago falleció a los 95 años la escritora Alicia Morel (1921-2017), una de las voces más reconocidas de la literatura infantil en Chile.
Alicia fue bautizada con un nombre digno de una historia maravillosa. Así, predestinada a la fantasía, entró en el mundo de las hadas y la literatura infantil desde su propio nombre. Con su pelo blanco y ojos azules que siempre sonreían, parecía un personaje de cuento de otra dimensión que están allí para siempre. Fue una mujer que tenía algo de hada porque era capaz, con su sola presencia, de transfigurar la realidad; una mujer-niña que conservó intacta la capacidad de soñar, el asombro ante la vida y un impulso maravilloso hacia el mundo que nos rodea.
Siempre dijo que la lectura de cuentos en su infancia fue clave en el desarrollo de su obra literaria y en su personalidad. En esa época, leyó todo lo que cayó a sus manos. Sus tíos le regalaban libros de cuentos, que Alicia leía, además de mirar sus ilustraciones queriendo entrar en ellas y visitar las habitaciones de los castillos, palacios y casas de zapateros ilustradas por Gustave Doré.
Desde niña se identificó con la naturaleza, los árboles, los bosques y los animales; observó casi todos los fenómenos que más tarde aparecieron en sus cuentos. Su padre le enseñó a reconocer los árboles por sus hojas; percibía la naturaleza con todos sus sentidos: las flores, el viento, la lluvia, las hojas secas.
Lo maravilloso y fantástico era algo inherente a su forma imaginativa de pensar. En sus cuentos para niños, la realidad y la fantasía se mezclan porque la realidad suele ser fantástica y lo maravilloso resulta real. Esta unión entre el mundo real y el imaginario es la esencia de su obra literaria.
“Nací escritora para niños”, dijo. “Claro que no me he limitado solamente a este género, pero sé que mi facilidad está en él”.
Gran lectora de Christian Andersen, Selma Lagerlöf y Lewis Carroll, supo captar la mentalidad de los niños en sus cuentos llenos de fantasía y originalidad; le gustaban los mitos y leyendas. Escribió cuentos infantiles, poesías, ensayos, novelas, autobiografías, teatro infantil y de títeres. En su obra está presente la naturaleza como el más inspirador de sus personajes. Tradujo del inglés a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf. Dio charlas literarias y visitó colegios animando a la lectura.
Entre sus libros se destacan los Cuentos de la Hormiguita Cantora y el Duende Melodía (1956) que pasó de la radio al libro. Los niños que oían las historias por la radio buscaban después el libro para leerlo. Su gran aliada fue Elena Poirier, quien traspasó a bellas ilustraciones el mundo literario de Alicia. Junto con otros escritores, fundó IBBY Chile en 1964, dedicándose a la creación y difusión de la literatura infantil. Por la belleza del lenguaje, la calidad de los contenidos y la novedosa ambientación indígena, su libro Cuentos Araucanos, la Gente de la Tierra (1983) mereció figurar en la Lista de Honor de IBBY1984.
En Santiago fue despedida por su numerosa familia y escritores que le manifestaron admiración por su espiritualidad y sensibilidad literaria.
Vamos a extrañar a Alicia, que nos deja un legado literario y humano de primera calidad. Por suerte vamos a encontrarla cada vez que abramos uno de sus maravillosos libros de cuentos.

Su vida y obra pueden consultarse en la página web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en el siguiente enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/alicia_morel/presentacion/

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De Obligaciones y Libertad

La ya popular discusión acerca de la lectura obligatoria. ¿Los niños deben que elegir qué leer? Y no sólo qué leer, ¿deberán elegir también qué ver? Acá, la opinión de un experto.

Por Hugo Hinojosa, especialista en literatura, integrante de CiEL Chile

Todo aquel que se acerca a la lectura (sea verbal o visual) lo hace desde una actitud particular, esa que se explicita cuando el encuentro entre texto, imagen y lector/a se hace realidad. Y es claro que aquel o aquella que goza en el acto lector, lo hace a partir de una motivación que la mayoría de las veces es intrínseca al individuo. Desde este punto de vista, la lectura siempre es un acto de libertad, de entrega del yo (aunque luego nos veamos atados a las palabras o las imágenes), y sabemos que a nadie se le puede obligar a ser libre, porque es condición de ésta la disposición a realizar una acción de manera deliberada y autoconsciente. El lector o lectora que se deleita, el que anhela y sufre en la lectura, sabe que es libre en aquel instante en que orienta su voluntad para acercarse a una obra y entrar en ella.
Pero en el ámbito de la literatura para infancia y juventud es común la obstinación por la obligación y la imposición, que proviene de ámbitos tan disímiles como la escuela o el mercado. Al respecto, Michelle Petit, a propósito de los discursos adultos ante la supuesta falta de lectura en los jóvenes, señala que “ya sea que provengan de los poderes públicos, de los docentes, de los padres o de los editores, pueden ser percibidos como otros tantos mandamientos, como testimonios de impaciencia, de una voluntad de control, de dominio”, instalando la sospecha sobre aquellas prácticas y estrategias que solemos producir con tal de que niños, niñas, adolescentes y jóvenes lean, sin considerar lo que éstos y éstas piensan.
En otro sentido, si la lectura es un acto que se asume y construye desde la libertad de quien lee, exige a su vez un fuerte compromiso por parte de quienes producen dichos textos e imágenes. Por ejemplo, la proliferación actual de textos hermosamente ilustrados, pero de contenidos superfluos, pone una señal de alerta frente a las obras que se crean para dichos públicos, en donde historias poco desarrolladas son escondidas bajo imágenes puramente decorativas. Esta situación se vuelve un peligro para la verdadera valoración de una literatura dirigida a infancia, adolescencia y juventud, la cual históricamente ha sido menospreciada por ser considerada de menor calidad, y que nos lleva a poner el ojo nuevamente en los autores involucrados en estas propuestas.

“si la lectura es un acto que se asume y construye desde la libertad de quien lee, exige a su vez un fuerte compromiso por parte de quienes producen dichos textos e imágenes”

La imposición indiscriminada de la lectura, sumada a obras altamente moralizantes o centradas en la pura forma, genera el efecto contrario al esperado. Lectores y lectoras, ajenos a una mirada más profunda, confundidos en el discurso adultocéntrico que aboga por el leer, pero que termina alejando a los que se dirige, o les somete a textos sin mayor valor estético. En ese sentido, es importante comprender que, por un lado, debemos dejar que nuestros niños, niñas y jóvenes sean capaces de decidir en libertad los textos y las imágenes a las que deseen acceder, confiando en el criterio o gusto que puedan tener. Por otro, que también tras un texto dirigidos a ellos y ellas se esconde una gran responsabilidad. El filósofo e historiador del arte, Georges Didi- Huberman afirma que las imágenes queman, arden en llamas y nos consumen. Pero son aquellas que están escondidas dentro una buena historia, que se activan y nos hieren en el juego amistoso o contradictorio entre las palabras y las ilustraciones, en un ejercicio que claramente va más allá de la imposición o la idealidad del mundo adulto. Sabemos que, finalmente, la obra es completamente libre cuando su lector o lectora también lo es.


Hugo Hinojosa, Estudiante Doctorado en Literatura, Pontificia Universidad Católica de Chile. Magister Didáctica de la Literatura y de la Lengua, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Licenciado en Literatura en Lengua y Literatura hispánica, Universidad de Chile. Licenciado en Educación y profesor de Estado en Lengua castellana y Educación, Universidad Andrés Bello. Diplomado en Teoría, Edición y Creación de Literatura Infantil y Juvenil IDEA (Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago). Ha participado en el Comité de selección de obras juveniles del Centro lector de Lo Barnechea y del Comité de selección de obras juveniles “Un libro, una huella” de las Biblioteca Escolar Futuro (PUC). Actualmente es docente del Diplomado de Literatura para Infancia, Adolescencia y Juventud de CIEL Chile y del Departamento de Literatura, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, del Diplomado del Literatura infantil y juvenil contemporánea de la Universidad Finis Terrae y de la Escuela de Educación Diferencial de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Integrante de CiEL Chile. Centro de Investigación y Estudios Literarios: discursos para infancia, adolescencia y juventud (fundado el 2013). www.ciel.org

Mesa de trabajo: Luisa Rivera

 

Radicada en Londres, la ilustradora chilena Luisa Rivera se ha ido consolidando, de forma silenciosa pero sostenida; una obra potente que se mueve sigilosamente entre el misterio y la ensoñación. Con la mujer y la naturaleza como protagonistas, sus imágenes recrean atmósferas cargadas de lirismo en sintonía con el universo de Georgia O’Keffe, y proponen un atrevido y acertado uso del color que se ha transformado en uno de sus sellos más característicos.

Por Claudio Aguilera

Un buen ejemplo de su labor es la reciente, y notable, edición aniversario de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez, donde destaca la solidez e intensidad de su propuesta visual.


Portada para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España).

¿Cuál es tu primer recuerdo dibujando?
No lo sé exactamente, pero recuerdo una experiencia que me marcó de chica. Fue cuando logré dibujar el esqueleto de una estrella por primera vez. Había intentado mil veces antes, y nada, pero un día estaba dibujando otra cosa y sin pensarlo, salió. No sé por qué es especial, pero fue uno de esos momentos de auto-conciencia cuando la vi en el papel.

¿Cuándo dijiste por primera vez soy ilustrador?
En mi último año de universidad, cuando publiqué mi primer cuento ilustrado.

¿Una película o un libro que todo ilustrador debe ver/leer?
Recomendaría El Reino De Los Sueños y La Locura, un documental muy inspirador que muestra el proceso creativo y la historia de Studio Ghibli, sobre todo de Hayao Miyazaki e Isao Takahata, dos de mis directores favoritos.

Menciona un ilustrador o una ilustradora que consideres un referente.
Tove Jansson. Era muy prolífica, escribía para niños y adultos, pintaba, hacía ilustraciones y cómics. Me encanta su diversidad y su imaginario.

¿Qué haces cuando las ideas no vienen a ti?
Hago otra cosa, como salir a caminar, cocinar algo rico, o tocar ukelele. Si estoy con una entrega muy encima y no puedo hacer una pausa, intento una estrategia nueva para resolver ese problema creativo.

¿Cuál es tu lugar favorito para dibujar?
He aprendido a ser flexible con los lugares, porque en los últimos años me ha tocado viajar mucho. Por eso, me siento feliz donde sea que estén mis materiales.

¿Qué no puede faltar nunca en tu mesa de trabajo?
Los materiales que necesito tener a mano para trabajar, como pinceles, pinturas y lápices. Además de eso, mi computador y ojalá un café.

¿Hay algo que odies dibujar?
Creo que mientras la manera de ilustrar sea honesta y propia, no hay temáticas ni motivos malos.

¿Cuál es tu técnica preferida?
Me encantan las pinturas a base de agua, como la acuarela, témpera y tintas.

¿Qué frase se te viene a la mente cuando ves tus antiguos dibujos?
El camino tiene sentido, y sigue en desarrollo.

¿Qué opinas sobre el momento actual de la ilustración?
A nivel nacional, creo que hay excelentes ilustradores, propuestas, y ganas de hacer cosas. Creo que el siguiente paso es que los medios que encargan ilustraciones se sumen a ese desarrollo, creando mejores condiciones y espacios para proyectos.

Cómo ilustrador ¿sientes que tienes un rol social?
Sí, y creo que se da naturalmente, porque los ilustradores somos comunicadores, y vivimos en un contexto determinado, lo cual en sí es social. No es necesario plasmarlo en todo, porque también es bueno estar abierto a las temáticas que proponen los clientes.

Un consejo para alguien que comienza a ilustrar:
Ser consistente, tener metas claras y disfrutar. Es importante saber que esta disciplina demanda mucho tiempo y energía, por lo mismo, es clave la organización y el amor por el oficio.

La Fundación de Macondo. Ilustración interior para la edición de Cien Años de Soledad publicada por Penguin Random House Grupo Editorial (España). Esta ilustración muestra la fundación de Macondo, pueblo ficticio descrito en la novela.


El vínculo. Trabajo personal creado para la exposición Midnight en Light Grey Art Lab (EEUU), la cual trata sobre el imaginario de los sueños.


Isla Humana. Trabajo personal que reflexiona en torno al cuerpo como un espacio de refugio.


Migrar Es Fluir. Trabajo personal que trata sobre el proceso de migración.


Yellow Cricket. Portada para Yellow Cricket, proyecto musical de Lister Rossel (Chile) y Nina Miranda (Inglaterra) que combina música y cuentos sonoros.


Women Who Farm. Ilustración para Women Who Farm (EEUU), proyecto que reconoce a las mujeres como líderes en la agricultura.


Primavera. Ilustración inspirada en la primavera, para Mercado Mastica (Chile)


Los Secretos de La Noche. Ilustración que reflexiona en torno al tema de la noche, para la portada del número 22 de revista La Peste (México).


La Doula. Ilustración para Pollen (EEUU). El artículo cuenta la historia de una doula que ha pasado los últimos 10 años estudiando los desafíos que una mujer puede encontrar durante el parto.


Mesa de trabajo de Luisa Rivera


Luisa Rivera
Artista e ilustradora chilena, radicada en Londres.

Licenciada en Artes, Pontificia Universidad Católica de Chile. Realizó un Máster en Artes, especialidad en Ilustración entregado por el Minneapolis College of Art and Design gracias a una beca Fullbright

Para conocer más de su trabajo, pueden visitar http://www.luisarivera.cl y http://wildium.tumblr.com/

¿Qué pasa en la Feria de Bolonia?

Uno de los principales encuentros de Literatura Infantil y Juvenil del mundo se llevó a cabo en medio de la primavera italiana. A Bolonia llegaron miles de personas para comprar y vender derechos de libros, mostrar sus ilustraciones o simplemente enterarse de qué es lo que está pasando en el mundo de los libros infantiles; un mundo que toma, cada día, más fuerza. Chile no se queda atrás.


Fotografías por Pablo Álvarez

Cuando pensamos en la Feria de Bolonia no podemos evitar imaginar un lugar enorme repleto de amantes de los libros, ilustraciones, lo mágico y lo onírico. Cientos de stands y filas interminables de ilustradores con sus portafolios esperando ser captados por un agente editorial que enganche con su trabajo.
Con el paso del tiempo, esta imagen ha dejado de ser una simple fantasía y hemos sido testigos de cómo nuestro país se ha acercado cada vez más a este evento, que reúne lo más selecto del mundo de la Literatura Infantil y Juvenil.

Chile en la feria
Desde hace ya bastantes años que el mundo del libro en Chile está cambiando. Últimamente, apoyado también, por la Política Nacional de la Lectura y el Libro, que ha traído consigo una serie de medidas en torno a la lectura y su promoción. La participación de Chile en la Feria de Bolonia, es una muestra de esto. Por tercer año consecutivo, nuestro país contó con un stand propio. En esta última edición, éste aumentó en metros cuadrados, y en contenido editorial. Todo gracias a la gestión conjunta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, a través del Consejo Nacional del Libro y Pro Chile, además de los gremios de editores y representantes de los autores e ilustradores nacionales
Los principales cambios en la participación de Chile en los últimos tres años han sido las fuentes de financiamiento disponibles y la coordinación con los interesados, y sus agendas de actividades. Esto según Paula Larraín, Secretaria Ejecutiva del Consejo del Libro, quien ha liderado la comitiva chilena y ha sido parte de este proceso de evolución. “Este año nuestra mayor sorpresa fue el tamaño de la delegación de Chile en la feria. Contamos con casi 50 asistentes, entre editores, agentes, libreros e ilustradores. Desde el Consejo del Libro se realizó una apuesta por fomentar la participación en esta feria, pues es la principal vitrina para este sector a nivel mundial”. Tomando esto en cuenta, el aumento de integrantes de la comitiva refleja el creciente interés en la LIJ y su desarrollo en nuestro país y en el mundo.
El interés ha crecido también de parte de editoriales como Amanuta, que en oportunidades anteriores había ido a Bolonia independientemente y este año, por primera vez, decidió formar parte del stand de Chile. “Nos interesaba hacer país. Además que estando ahí, uno potencia las actividades y la exportación del libro chileno, y así finalmente todos salimos beneficiados”. Esto según Ana María Pavez, una de las socias de la editorial que va a Bolonia por sexto año consecutivo y ha sido testigo de las transformaciones que ha sufrido la feria. El principal cambio se ha visto reflejado en el foco de la feria, que hace algunos años era en la ilustración. Hoy, asegura Ana María, el quehacer principal de Bolonia es la compra y venta de derechos, y el mayor tiempo de trabajo es destinado a este propósito. “Es mucho más fácil comprar que vender derechos, por lo tanto, la idea es que tú lleves a la gente a tu stand”. Por esto, es fundamental trabajar en la implementación de un stand con altas normas de calidad, en el que se puedan llevar a cabo las negociaciones de la manera más expedita posible. El Consejo del Libro se ha preocupado de esto y Chile pasó de compartir el espacio con otros países de América Latina en 2015, hasta el stand propio de 32m2 de este año, compuesto por paneles en los que se exhibieron los trabajos de las editoriales participantes y mesas para que éstas pudieran llevar a cabo sus reuniones y cerrar tratos, o al menos verse las caras antes de cerrar negocios.

“Desde el Consejo del Libro se realizó una apuesta por fomentar la participación en esta feria, pues es la principal vitrina para este sector a nivel mundial”

Panorama Actual
Si bien la mayoría de la comitiva que viajó a la feria coincide en que es un espacio de negocios, el hecho de acercarse y ver qué es lo que se está haciendo en otras partes es siempre provechoso. La experiencia de la editorial Amanuta les ha demostrado que hay ciertos temas que en Chile se venden muy bien, pero que sin embargo en Bolonia no encuentran un espacio. “Hacemos un catálogo especial para fuera del país” dice Ana María. Por eso es importante equilibrar el catálogo, “un libro con temática chilena lo vendemos bien acá, pero no le va bien afuera. Lo mismo pasa con los temas americanos. No les va bien, no en Bolonia al menos”. Por el contrario, los temas universales son siempre llamativos en este encuentro. Como cuenta Ana María, los cuentos clásicos se venden muy bien afuera. De hecho, la adaptación de cuentos clásicos como La Caperucita Roja escritos por Gabriela Mistral que desarrollaron en Amanuta ha tenido éxito cuando ha salido afuera. No pasa lo mismo si lanzan un libro de poemas, independiente de que sean escritos por un Nobel. “Es bueno ir y ver lo que los demás están haciendo, para al menos saber qué es lo que ya no debes hacer, porque en esta industria no puedes copiar”. En esa línea, muchos destacan el trabajo que están realizando los polacos con su desarrollo de las ideas y del diseño, además de la tipografía y que pudo apreciarse en Bolonia.
El objetivo principal del Consejo de Libro en la feria fue la internacionalización de la industria editorial, fuese esto a través de la coordinación de actividades o a través de fondos que permitieran la participación en instancias internacionales. En el caso de Bolonia estaba el interés de establecer la presencia de Chile como un referente en América Latina. Si bien, este es un objetivo a largo plazo, la meta se ve próspera, “este año hemos sido una de las participaciones más destacadas de la región por el rápido crecimiento y la diversidad tanto de ilustradores como de propuestas editoriales”. Ana María Pavez coincide con esto, destacando que hoy hay preocupación porque el libro chileno salga al extranjero y porque ilustradores y escritores nacionales se den a conocer afuera.
Y si Bolonia es una instancia pensada para profesionales del libro, deben ser ellos quienes distingan las nuevas propuestas, las más atractivas e interesantes. Paula Larraín destaca el interés generalizado que se ha visto en nuestros ilustradores, y también en quienes esperan mostrar su material en esta parte del mundo. Para el futuro, y considerando el éxito de esta participación y el gran interés demostrado por el sector, el trabajo irá enfocado en continuar creciendo, tanto en la presencia de la delegación como en la cantidad de actividades donde pueda promoverse a la ilustración y la industria editorial chilena.

Los premiados
El interés en nuestro país se vio reforzado con las menciones honrosas y los premios obtenidos. Sara Bertrán, escritora premiada por su libro La Mujer de la Guarda fue por primera vez a la feria y rescata el valor de estar ahí, poder reunirse con editores y formar una red de contactos, “estas ferias sirven para darse a conocer, que no está mal. Vender un libro es sumamente difícil. Fue muy bueno para mi carrera ir a Bolonia, los proyectos que estaban caminando los concreté en Bolonia los cerré y puse fechas”.
El premio New Horizons lo recibió en conjunto con la ilustradora también chilena, Alejandra Acosta. La emoción de Sara fue máxima cuando la presidenta del jurado le dio las gracias por el relato, “es más normal en concursos como este premiar un libro álbum. En general es más fácil que gane un libro lindo, más que uno con mucho texto. Quedé feliz porque significó una retribución a mi trabajo”.
Llama la atención que La Mujer de la Guarda, de la editorial colombiana Babel en manos de María Osorio, quién además ganó el destacado premio BOP (Bolonia Prize) como la mejor editorial del año de libros para niños en Sur y Centroamérica, trate temas como la muerte y el abandono, que pueden pensarse como tristes considerando que estamos hablando de literatura infantil. Lo mismo pasa con otro de los premiados El Camino de Marwán, de editorial Amanuta, en el que se aborda el tema de los refugiados. Pensamos que la literatura infantil quiere encantar a través de sensaciones positivas, fantasías y colores, pero al ver las temáticas que hoy se están tratando nos damos cuenta de que no se pueden dejar de lado las emociones negativas. Así lo demuestran, al menos, estos reconocimientos a libros chilenos, ambos premiados en la categoría New Horizons. Los niños también vivencian a la soledad, la frustración y el dolor; y la literatura infantil tiene una historia haciéndose cargo de esto; desde los cuentos de Andersen, cargados de dolor y sufrimiento, hasta las temáticas negativas de hoy como la violencia, discriminación y tantas otras.

“Pensamos que la literatura infantil quiere encantar a través de sensaciones positivas, fantasías y colores, pero al ver las temáticas que hoy se están tratando nos damos cuenta de que no se pueden dejar de lado las emociones negativas”

Las letras de María José Ferrada no se quedaron atrás en este encuentro y obtuvo una mención honrosa en la categoría Ficción por Un jardín, de editorial A Buen Paso. Un libro audaz por su formato haiku.
La sensación que queda después de Bolonia es que estamos dando los pasos correctos.

Jane, el zorro & yo


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Jane, el zorro & yo
Escritora: Fanny Britt
Ilustradora: Isabelle Arsenault
Lectores Salamandra| 2016
Clasificación: Literatura

El libro Jane Eyre se convierte en el refugio de Helène, una niña solitaria y acosada en la escuela por las que algún día fueron sus amigas; la historia de su heroína la aleja de la realidad. Helène, se ve obligada a realizar un paseo con su curso por cuatro días en los que se convierte en el centro de burlas, pero todo cambia cuando llega una compañera nueva, y la acompaña.
La historia es narrada en dos niveles, uno en blanco y negro, que es la historia de Hèlene y el otro a color, donde se desarrolla la historia de Jane Eyre. En el transcurso del libro, las delicadas ilustraciones en blanco y negro se van llenando de color en un desenlace en el que la protagonista toma fuerza.

En Algún Lugar


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En Algún Lugar
Escritora: Fátima Fernández
Ilustradora: Alejandra Acosta
Lectores Zig-Zag| 2016
Clasificación: Literatura

Esta es la historia tras el vínculo entre un abuelo marinero y su nieto y lo que sucede con tras partida del abuelo.  Relación que trasciende lo físico, lo terrenal a través de un diálogo emotivo y constante entre el niño y su abuelo; hombre de mar, de caracolas, espuma y constelaciones.
Relato contado en primera persona que transita entre la mirada del niño y conmovedoras reflexiones en torno a la ausencia y de cómo los detalles y las vivencias compartidas permanecen en ese espacio secreto que existe en algún lugar.

Unas gafas para Rafa

 


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Unas gafas para Rafa
Escritora: Yasmeen Ismail
Ilustradora: Yasmeen Ismail
Primeros lectores Corimbo | 2015
Clasificación: Literatura

Rafa es un leoncito corto de vista que está muy avergonzado de sus nuevos lentes rojos ovalados. La vida sigue y él debe ir al jardín infantil, ¿Cómo logrará que sus compañeros no vean estos horribles anteojos?
Un libro sencillo y divertido que narra las ocurrencias de Rafa para esconder sus lentes. Las ilustraciones a todo color permiten disfrutar del libro con los más pequeños, la caracterización de niños/as- animales da paso al juego al igual que la conducta de Rafa. La vergüenza por una condición estética o por ser diferente al resto, es un primer acercamiento amoroso al tema, que se da de manera muy sutil en el libro.

Bárbaro

 


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Bárbaro
Escritor e liustrador: Renato Moriconi
Primeros lectores Fondo de Cultura Económica | 2015
Clasificación: Literatura

Bien armado y con impronta de bravo guerrero, un soldado sube a su caballo y emprende un viaje que lo lleva a luchar con monstruos, serpientes y gigantes. En las alturas o en las profundidades de la tierra, el guerrero se enfrenta con frialdad e hidalguía a sus opresores.
Un libro sin palabras que atrapa desde la primera página y sorprende con un genial desenlace. Ilustraciones expresivas, que guían con inteligencia al lector en el juego visual del carrusel que sube y baja. No hacen falta palabras para disfrutar de una historia redonda, bien ejecutada por su autor y original en su propuesta.

Abecedario Fantástico

 


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Abecedario Fantástico
Escritora: Ursula Wölfel
Ilustrador: Francisco Solé
Lectores Editorial Planeta| 2016
Clasificación: Literatura

Este es un libro de cuentos que tiene como propuesta narrativa construir un Abecedario de historias de la A a la Z, que nacen y se desarrollan a través del imaginario de sus personajes: Lena y Antón. A este último, tras escuchar la palabra Zibeben, se le ocurre idear un abecedario con palabras bellas y significativas tanto para él como para Lena, y luego para los otros personajes como sus padres o los niños vecinos, los que van sumando imaginarios y dinamismo a lo largo del relato.