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Concurso innovación en mediación lectora

Mediación lectora y experiencias destacadas

¡Llamada a concurso!

Con el objetivo de fomentar, estimular y rendir homenaje a las experiencias más destacadas de promoción de la lectura es que nuestra Fundación Había Una Vez, con el patrocinio de IBBY Chile, Fundación SM y OEI Colombia, ha organizado el concurso “Innovación en mediación lectora”

Con esta iniciativa se rendirá homenaje a las buenas prácticas lectoras aplicadas por escuelas, bibliotecas, centros culturales, empresas, ONG y otros espacios culturales. A través del concurso se difundirán estas buenas prácticas, para que así otras entidades puedan replicarlas.

La inscripción es gratuita.

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Talleres de lectura y escritura en Fundación Las Rosas

Independencia, Región Metropolitana

Financiado por el Fondo del Libro, convocatoria 2017, el objetivo de este taller es compartir, semanalmente, la riqueza del lenguaje con los adultos mayores que viven en hogares de la Fundación Las Rosas. Junto a los participantes se recorrió un interesante camino a través de la literatura y sus múltiples posibilidades, desde la tradición oral con sus refranes y juegos de palabras, pasando por la poesía, narrativa y también dando espacio a la escritura. Esta instancia se convirtió en un espacio de reflexión, expresión y, sobre todo, de diversión para los entusiastas participantes. El p  rimer semestre se trabajó en el Hogar Santísima Trinidad de la comuna de Santiago y durante el segundo semestre estamos en el Hogar Juan Pablo I y Nuestra Señora de las Rosas de la comuna de Independencia.

 

Nuestro Norte es la Lectura

Combarbalá, Andacollo y Vicuña, Región de Coquimbo

Proyecto financiado por el Fondo del Libro, convocatoria 2017, que permitió que parte del equipo de Fundación Había una Vez se trasladara a comunas aisladas, de alta vulnerabilidad y con poca oferta de actividades culturales y para capacitar a mediadores de la lectura, concretamente a equipos CRA, profesores y educadores de colegios municipales y particulares subvencionados. Las capacitaciones, que se realizaron en Combarbalá, Andacollo y Vicuña (IV región), contemplaron diversas áreas que permiten apoyar la labor de estos mediadores de la lectura, entre ellas, administración y gestión de biblioteca, tendencias actuales en los libros para niños y jóvenes, estrategias concretas para promover la lectura en la comunidad y cuál es el rol del mediador de la lectura. Los asistentes participaron activamente, compartiendo sus propias experiencias y resolviendo dudas o inquietudes que nacen de su trabajo cotidiano con estudiantes.

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Mediación lectora para niños vulnerables

Región Metropolitana

Fundación Itaú y Fundación Había una Vez se encuentran desarrollando la fase piloto de un importante proyecto de voluntariado y mediación lectora con niñas y niños de entre 3 y 7 años de sectores vulnerables.
El objetivo de esta iniciativa es formar un amplio cuerpo de voluntarios provenientes del Banco Itaú, quienes, tras un proceso de capacitación e inducción en relación a la lectura, las formas de acercamiento a ésta, estrategias de estimulación y encantamiento con los libros y la narración oral, puedan visitar a niñas y niños en distintos espacios de acogida, como hogares de menores, hospitales, establecimientos educacionales, entre otros. En estas visitas los voluntarios – mediadores aplicarán los conocimientos adquiridos buscando generar un vínculo personal con las niñas y niños a partir de la lectura y los libros: se trata de un regalo, un instante de afecto en torno a la lectura compartida.
La fase piloto se inició exitosamente durante el mes de agosto con dos grupos de voluntarios que visitaron el Hogar Oncológico Felipe Rivera Frigero de María Ayuda y el Hogar Santa Bernardita de la Fundación San José.

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Fundación Arauco

Constitución, Región Del Maule

En este proyecto, la Fundación Arauco nos contrató para gestionarla compra de 830 libros de lectura complementaria y antologías para lectura en voz alta para cursos que van desde kinder a octavo básico, en tres colegios pertenecientes a la zona afectada por los incendios del verano del 2017. Los establecimientos necesitaban recuperar algo de lo mucho que perdieron y así, nosotros apoyamos con la compra del fondo bibliográfico necesario para que sus alumnos pudieran continuar disfrutando de la lectura.. Los colegios beneficiados son Enrique Mac Iver, Las Corrientes y Barranquillas, en la comuna de Constitución.

Casa San Benito de Rengo

Rengo, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins

Nuestra intervención en la Casa de San Benito, de la sexta región, ha estado principalmente centrado en capacitaciones en el área del fomento lector. Éstas, dirigidas a profesores del centro para reforzar su rol como mediadores de la lectura, se dividieron en cuatro talleres, los que abordaron diferentes temas fundamentales para poder desarrollar el gusto por leer en los niños y jóvenes con los que trabajan. Para que el fondo bibliográfico presente en la biblioteca fuera interesante para los niños y, efectivamente, despertara en ellos el leer por placer, se hizo una compra de 50 libros imprescindibles de la LIJ y otros recursos que contribuyen al fomento lector. Finalmente, se realizaron talleres abiertos a los alumnos que asisten a la Casa San Benito, en las que pudieron realizar diferentes actividades con la destacada cuentacuenos Elena García Huidobro.

Colegio Dr. Manuel Avilés de Iloca

Este proyecto, contempló la renovación integral de la antigua biblioteca del colegio Doctor Manuel Avilés quienes, con el apoyo de la Fundación Viento Sur, confiaron en nosotros para poder contar con un espacio bonito y más innovador, con diferentes espacios para que todos los miembros de la comunidad se sientan bienvenidos y acogidos. También se seleccionaron nuevos libros para el fondo bibliográfico, de manera que los lectores encuentren mayor variedad de formatos y temas según sus intereses. En cuanto al apoyo al equipo de biblioteca, se incorporaron capacitaciones y visitas mensuales de acompañamiento para así poder ir desarrollando en conjunto un programa que despierte el interés por la lectura en los alumnos y en la comunidad en general.

 

Colegio Ayelén

Rancagua, Región Del Libertador Bernardo O’higgins

Para este proyecto fuimos contactados por la Fundación Impulsa, entidad sostenedora del colegio Ayelén, de Rancagua,y quienes gracias al aporte de la Fundación Educacional Hernán Briones Gorostiaga, nos encargaron la habilitación integral de la biblioteca del establecimiento. .
En abril del 2017, se inauguró la biblioteca; el espacio cuenta con un rincón especialmente habilitado para cuenta cuentos, un sector más informal para lectura recreativa, mesones de trabajo y mesas de trabajo individual, además de un segundo piso pensado en adultos y en la comunidad local. Son 260 metros cuadrados destinados a la lectura
No sólo se trabajó en la implementación de esta tremenda biblioteca, el proyecto contempló también material de activación como títeres, teatros de kamishibai, juegos de mesa tablets y, lo más importante, capacitaciones y acompañamiento para el equipo de biblioteca, para que puedan desarrollar un programa de fomento lector que promueva la lectura en el colegio y que sea sostenible en el tiempo.
Durante el segundo semestre de 2017, realizaremos talleres a la comunidad escolar: profesores, alumnos y apoderados, para que no se queden fuera de esta gran oportunidad de acceder a libros de gran calidad y que puedan seguir avanzando en su ruta como lectores.

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Recuerdos de un lector

Acompañamos al periodista, columnista, investigador y amante de la literatura Sergio Andricaín, en este recorrido en el que relata su primer encuentro con los libros y el camino en el que éstos se han convertido en su gran pasión.

Por Sergio Andricaín, escritor, periodista, crítico, investigador literario, editor y fundador de la Fundación Cuatrogatos.

Mi camino lector está conformado por múltiples recuerdos. Explorando los más antiguos llego al año 1960. Tengo cuatro años. Mis primos Mercedes y Néstor y mi hermana Silvia van a la escuela. Yo, el más pequeño, me quedo en casa, junto a mi madre y mi tía (las dos familias viven en casas contiguas en un barrio de La Habana). No tengo edad para que me reciban en el colegio. Los “grandes” han aprendido a leer, yo no. Mi madre me lee, pero yo quiero hacerlo solo. Entonces, una mañana, con un silabario muy viejo, comienza a enseñarme. Poco a poco me voy apoderando de las palabras, comienzo a descifrarlas, a encontrarles sentido, a dar mis primeros pasos como lector. Leo cuanto cae ante mis ojos ávidos: palabras sueltas, pequeñas oraciones, anuncios comerciales, titulares de periódicos… y llego a la lectura de los primeros versos y cuentos junto a Rosa, mi madre, que me ayuda y me corrige. Desde entonces se inicia mi “amistad” con los libros en un hogar donde no hay muchos. Mis padres, al ver mi interés, empiezan a destinar una discreta cantidad de dinero a la compra de aquellos que me gustan (la economía familiar es limitada). Una librería me tienta más que una heladería o una tienda de juguetes. Cada visita al médico termina en el espacio dedicado a los libros en una tienda por departamentos de El Vedado. De allí salgo con versiones de cuentos clásicos, listo para devorarlos en el camino.
Cada título que leo me ratifica que ese mundo paralelo, hecho de palabras, es tan importante como el que habito. Voy creciendo y también mis lecturas. Mi sed de ellas es inagotable. Llegan a mí por muy diversos caminos: Había una vez, de Ruth Robés y Herminio Almendros, una colección de poemas e historias de la tradición oral; Oros viejos, de Almendros; Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez; Corazón, de Edmundo de Amicis…
También leo cómics. El nuevo gobierno cubano los ha prohibido porque a su juicio representan “la ideología capitalista desterrada por el socialismo”. Pero me gustan las adaptaciones de obras literarias y las vidas de personajes célebres que se publican en ese formato. Es mi abuela materna, llamada Amparo, quien se encarga de conseguirlas para mí. Ella, que es analfabeta, quiere que yo lea. De esta forma descubro El jorobado de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo; El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, padre; El jorobado, de Paul Féval, padre… Un día mi abuelo materno, Serafín, saca de su escaparate un libro y lo lee conmigo. Es La Edad de Oro, de José Martí. Gracias a esta obra me inicio en el misterio de esos libros que te proponen el reto de descifrarlos, porque su lectura es difícil, múltiple y rica en sentidos. Varias ediciones de esta obra martiana me han acompañado a lo largo de mi vida. Sé de la musicalidad de las palabras, del encanto de una frase, de imágenes poderosas a través de las historias, los artículos y los poemas reunidos en este título fundacional.
También la pequeña y la gran pantalla me invitaron a leer: los adaptaciones televisivas o cinematográficas de novelas clásicas me impulsaban a buscarlas en las bibliotecas, en las librerías: así llegaron los primeros relatos de Julio Verne que leí y comenzaron a filtrarse títulos complejos, reservados para los adultos: el teatro de Shakespeare, las tragedias griegas, la Ilíada y la Odisea, Decamerón y hasta Lolita, de Vladimir Nabokov, que llegó bien temprano en mi adolescencia, junto al despertar de mi erotismo…
He sido un lector ecléctico que se ha hecho a sí mismo, como he podido, con los libros que he encontrado, con los que han salido a buscarme, porque los necesitaba. Con los que alguien ha mencionado ante mí o me ha ofrecido; algunos llegaron muy temprano, los hubo que se retrasaron… Quedan deudas pendientes por saldar, amigos de cuya existencia tengo noticias y que aguardan todavía por mí en los anaqueles de mi biblioteca. También ha habido reencuentros por dos, tres o más veces. Cada cierto tiempo me cito con El idiota, F. M. Dostoievsky, y con El gran Meaulnes, de Alain-Fournier. Suelo reencontrarme con la poesía de mis autores preferidos: San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Jorge Manrique, Lope de Vega, Federico García Lorca, Miguel Hernández… Leo romances antiguos de la lengua castellana porque sí, porque me gustan…
Cada lector tiene un camino por recorrer, que puede contar con múltiples senderos. Todos conducen a descubrir a los libros como amigos incondicionales. Cuando se nos revela esta verdad, nos convertimos en lectores en la niñez, la juventud o en la adultez; porque nos damos cuenta de que no existen mejores compañeros que ellos para hacer el viaje que es la vida. Los libros siempre nos estarán esperando para ayudarnos a formular mejor las preguntas eternas del hombre e intentar darles una respuesta que dé sentido a nuestra existencia y la justifique: quiénes somos, para qué estamos aquí, qué nos espera después de la muerte.


Sergio Andricaín (La Habana, Cuba, en 1956) , Escritor, periodista, crítico, investigador literario y editor. Se graduó en Sociología en La Universidad de La Habana. Fue investigador del Centro de Investigaciones Culturales Juan Marinello, del Ministerio de Cultura de Cuba.
En 1991, en Costa Rica, fue asesor del programa nacional de lectura Un libro, un amigo, realizado por el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, y profesor del Taller Modular de Promoción de Lectura , proyecto desarrollado por la Oficina Subregional de Educación de la UNESCO para Centroamérica y Panamá.
Entre 1994 y 1999 residió en Bogotá, Colombia. Allí trabajó como oficial de proyectos del Centro Latinoamericano para el Libro y la Lectura (CERLALC) y como editor de la revista infantil de la Fundación Batuta.
Actualmente es coordinador del Programa de Autores Iberoamericanos de la Feria del Libro de Miami.
Ha publicado, entre otros libros, La caja de las coplas, Hace muchísimo tiempo, Un zoológico en casa, Libro secreto de los duendes, Había otra vez. Historias de siempre vueltas a contar, Cuando sea grande y Dragones en el cielo.
Creó con Antonio Orlando Rodríguez la Fundación Cuatrogatos (www.cuatrogatos.org), que desarrolla proyectos educativos y culturales, con énfasis en el fomento de la lectura. Es director de esta organización sin ánimo de lucro.

Ellen Duthie: Más Preguntas que Respuestas

La Filosofía Visual para Niños que desarrolla esta filósofa inglesa explora temas controversiales como la crueldad a través de imágenes y una serie de preguntas. Wonder Ponder es su proyecto, que comprende una serie de libros en los que literatura y filosofía se relacionan. En ellos, plantea preguntas y encamina a los niños a disfrutar de éstas.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

¿De dónde nace la idea de trabajar con filosofía visual? Y en especial para niños…
Soy filósofa de formación y siempre me ha interesado y apasionado la Literatura Infantil y Juvenil. Por lo que no fue casual que quisiera unir estos dos mundos.
El proyecto, concretamente, surgió en un aula, con niños de cuatro años, con los que me reunía cada dos semanas, durante tres años, y tratábamos distintos temas de todo tipo. Hablábamos de qué tendría una receta de la felicidad, por ejemplo. Normalmente, les llevaba ilustraciones, para estimular el diálogo en una dirección determinada, o en torno a un tema determinado. Intentaba llevar álbumes que despertaran un conjunto de preguntas en torno al tema que me interesaba.
Llevábamos bastante tiempo así, y tratábamos temas morales, éticos…
Por lo general, llevaba un ramillete de estímulos, pero siempre centrado en torno a un álbum, como El Carnaval de los Animales de Marianne Dubuc.
Una vez llevé un vasito, para que vieran cómo la pajita parecía que estuviera cortada, hicimos experimentos, etc.

Después, se juntaron dos cosas. Una, que me apetecía mucho tratar con ellos tema de la crueldad o de la maldad, que es un tema que en un principio puede parecer escabroso para tratar con un niño de cuatro años; pero por otro lado, pienso que éste es el momento justo en el que ellos se están tratando de hacer una idea de qué se espera de ellos, de qué pueden ellos esperar de otras personas, hasta qué límites pueden llegar ellos y hasta qué límite pueden llegar otros con ellos y están tratando de situarse frente a la maldad o la crueldad. Reciben muchas órdenes contradictorias de parte de los adultos, les dicen que una cosa es buena, que otra es mala, luego otro adulto hace exactamente lo que le dijeron que no había que hacer, y así.

En este contexto, ¿habías encontrado referencias de algún libro que tratara el tema?
Me apetecía tratar la crueldad pero no encontraba ni un solo álbum que me pareciera que diera para explorar los distintos matices, casos, y grados de la crueldad; las distintas circunstancias que pueden resultar agravantes, o aminorantes.
Entonces iba apuntando una lista de situaciones, breves, todo esto pensando en mi libro. Una persona matando un bicho, por ejemplo.

Hay un porcentaje de escenas en Mundo Cruel que tienen que ver con animales, ¿qué te llamó la atención para trabajar con esto?
De hecho seis de las catorce imágenes tienen que ver con animales. El resto no.
Es verdad que uno de los campos en el que los humanos nos lucimos, en cuanto a la crueldad, tiene que ver con respecto a nuestro trato con los animales. Me parecía interesante tratar la diferencia con lo que consideramos como diferentes niveles de inteligencia. Y que un nivel de inteligencia menor, en un animal, por ejemplo, nos da una serie de derechos sobre ellos. Quise analizarlo desde ese punto de vista.

¿Qué siguió después?
Se lo comenté a Daniela Martagón, la ilustradora. La conocía y sabía que le iba a apetecer el reto: mostrar escenas de crueldad, sin asustar y sin endulcorar. Escenas que realmente llamaran la atención de los niños. Imágenes que les chocaran porque no suelen ver escenas de este tipo. Si miramos los libros infantiles, la mayoría da ejemplos, no da “malos” ejemplos. Hay una tendencia a evitar mostrar las cosas que no se deben hacer. Excepto quizás, a pequeñas travesuras y cosas así, pero no algo que consideraríamos cruel.
Daniela aceptó el reto, hizo todas las escenas en una noche y yo las vi al día siguiente.

¿Probaste el resultado con los mismos niños?
Si, inmediatamente, y engancharon, sin yo tener que decir nada. Empezaban observando, y diciendo: mira, una niña, matando una hormiga,… ¿porqué con un lápiz? No, no la está matando, la está pintando. No, no la está pintando, la está atravesando… y así discutían. Ellos solos comenzaron a hacer preguntas, ¿qué le habrá hecho la hormiga antes? ¿La van a castigar?
Y luego también comenzaron a hacer juicios: Eso está mal… pues mi madre mató a un hormiguero entero el otro día …
Este diálogo no requirió mediación. Y luego intervine para organizar y ordenar un poco la discusión, pero me pareció que no había tenido experiencia similar con otros estímulos. Habíamos dado con algo que merecía la pena explorar, investigar y desarrollar.

¿En tus libros qué toma más importancia, el texto, la imagen o la mediación?
En un principio era sólo la imagen, sin textos. O uno muy pequeño a pie de página o que uno de los personajes estuviera hablando, para anclarlo a una idea, pero no tenía preguntas. Después, hablando con docentes me comentaron que les costaba mucho formular las preguntas a los niños, a partir de las imágenes. Pensamos en esta forma de incluir preguntas, sin que fuera una lista que tuvieras que leer de principio a fin. Por eso están en distintas direcciones, para que sea un poco más juguetón, y que puedas elegir en qué dirección quieres dirigir las preguntas.

Ahondemos en esto de poner la atención a las preguntas…
Creo que, en general, ponemos muy poca atención a las preguntas. No sólo las que hacemos a los niños, sino que las que nos hacemos a nosotros mismos también. No nos centramos en la calidad de la pregunta y porqué la estamos haciendo.
Se puede ver esto, en el mercado de los libros de Autoayuda. Muchas veces responden a una preguntan, pero no se cuestiona previamente si esa pregunta te interpela o no; es como si te entregasen una respuesta y listo. No reflexionamos si esa pregunta me dice algo a mi o no.
Con los niños esto se exacerba. Creo que hay un miedo a la pregunta, en varios sentidos. Uno es qué respuesta va a salir de ahí, si voy a poder controlarla, otra es el desafío de, simplemente, quedarnos en la pregunta un rato. Corremos siempre a la respuesta. Creo que el escuchar preguntas, y leerlas, y quedarse simplemente en ese aspecto es un ejercicio bonito, y literario. Es lo que hace realmente la literatura, genera preguntas que no contesta, y esto tiene mucho que ver con el gusto de la lectura. ¿Por qué nos gusta leer? Es porque un buen libro nos genera muchas preguntas y somos capaces de disfrutarlas, es una de las pocas veces que nos preguntamos algo y no corremos a contestar, sino que disfrutamos la pregunta.

En este tipo de libros, ¿es necesaria la mediación?
Creo que no. De hecho, nuestra intención al realizarlo es que no. Hemos hecho un esfuerzo muy grande porque nada de lo que se hable en el libro vaya dirigido al mediador, sino que todo vaya dirigido al niño. Creo que son libros que se pueden leer y disfrutar a solas. Dejarse inundar por las preguntas, o intentar contestarlas también mientras las estás leyendo. También es verdad que si te enganchas leyéndolo a solas, es más probable que vayas y lo compartas, porque son preguntas que remueven y que te apetece preguntar a otros.

¿Comienzas a trabajar a partir de una pregunta? ¿De una imagen? ¿Cómo se genera esta idea o escena que tu retratas?
El proceso de trabajo es el siguiente, con variaciones: pensamos en un tema que nos apetece abordar, vamos a coger por ejemplo Mundo Cruel.
Primero, yo lo que hago es sentarme y pensar en todo lo interesante y todo lo que se tenga que tener en cuenta cuando se piensa en la crueldad. Luego se genera un mapa temático conceptual, a partir de ahí me siento y hago muchísimas preguntas. Hago preguntas para cada concepto, pensando como niño, pero tratando siempre de formular la pregunta de manera que le interese a todos. Es decir, pienso en la pregunta cómo se la haría a un niño, o cómo le atraería a un niño, pero la vinculo para que al adulto también le diga algo.
Luego pensamos posibles escenas concretas que sirvan de disparador para una pregunta en concreto, o para un grupo de preguntas. Y hacemos pruebas, y vamos probando, muchísimas las desechamos, no funcionan, las probamos entre nosotras también. Luego vamos a talleres y las probamos con niños, de distintas edades, con adultos también; desechamos de nuevo. Hasta que al final decimos vale, estamos contentas con las escenas que se quedaron en el libro.

¿Cuál es la principal diferencia que ves entre las preguntas, o el análisis que realiza un niño con respecto a esta filosofía visual, a un adulto?
En cierto sentido, en especial el análisis, es sorprendentemente similar. Mucho más similar de lo que uno pensaría de antemano.
En las preguntas sí creo que hay diferencia. La formulación de las preguntas a los adultos les cuesta mucho; les cuesta pensar en preguntas que les vengan bien a ellos y están pensando en preguntas que les vendrían bien a los niños. El reto nuestro cuando trabajamos con adultos es ese: Deja de pensar en el niño, ¡piensa en ti! ¿Qué te da curiosidad a ti?.
Hacemos muchas veces trabajos con docentes, les proponemos hacer su propia caja de preguntas, desde cero. Un tema con el que trabajamos una vez fue el sentido de la vida. Hacemos todos juntos un mapa conceptual y cada uno tiene que ir aportando. Lo pasan fatal. Pero luego llega un minuto en que se desbloquean y les da mucho gusto porque pueden llegar a explorar el tema de verdad.
Los niños en cambio son menos rígidos. Pero hay que romper muchas barreras porque hay muchos vicios que se van adquiriendo en la escuela, con respecto a la pregunta. Cuando haces una pregunta normalmente no se “recoge”. No hay suficiente tiempo, no interesa, porque supuestamente no viene al caso. Tenemos que trabajar el interés hacia ellos cuando hacen una pregunta.

¿Crees que tus imágenes podrían usarse para trabajar con niños en una psicoterapia?
Nunca pensamos en eso, pero la verdad es que desde que lanzamos los libros, muchísimos psicólogos nos han contactado. Principalmente porque dicen que funciona muy bien para simplemente hacer hablar a los niños, para soltarles. Y como material de proyección también.

¿Crees que es más fácil abordar el tema de la lectura en los niños a través de libros como los tuyos que son más visuales que textuales? ¿Cómo ves que se comportan los niños con los que tu trabajas hoy con respecto a la lectura?
Nuestros libros tienen una ventaja, esa “entrada visual” porque permite un enganche más inmediato. Por ejemplo, yo utilizaba álbumes con los niños pequeños porque tienen la ventaja de que son cortitos y también tienen una complejidad interesante de explorar; un diálogo entre el texto y la imagen, pero aun así tardan entre tres a diez minutos leyendo el álbum. La filosofía visual para niños es muchísimo más inmediata, en el sentido de que miras la imagen como un posible instante de un posible cuento, que es también lo que buscamos. Que algo que esté pasando, que haya una acción, personajes, un posible antes y un posible después; un preguntarte por la motivación, por cuáles serán las consecuencias. Y eso, que posiblemente es un estímulo literario que te da un instante de una posible historia, entra de una forma muy rápida y permite enganchar y llevar al diálogo de la reflexión muy rápido, más rápido que un texto.
También es verdad que si trabajas con el mismo material las respuestas serán buenas. Es una cuestión de hábito. Con el proyecto yo quiero que, de vez en cuando, nos paremos a pensar, y que sea un hábito. Que nos detengamos a pensar durante media hora, una hora…

¿Lo que estás buscando es que la gente se cuestione?
Sí.

¿Qué estás buscando poner sobre la mesa al trabajar estos temas, como crueldad y libertad, que pueden ser tan controversiales? Sobre todo si se piensa que estás trabajando con niños, y que puede ser difícil tratar estos temas con ellos.
Por un lado, el foco en estos temas es una declaración de honestidad. Es decir, vamos a hablar de esto, y vamos a hablar de esto de verdad. Los niños están muy acostumbrados a recibir lecciones en cuanto a valores, de una determinada manera, con una corrección política espantosa.
La crueldad, por ejemplo, es un tema que nos inquieta, y que nos cuesta comprender de verdad, por eso es interesante. Si hacemos un libro sobre la bondad, la definición de ésta no será tan compleja, no nos cuesta entenderla.
Una forma de hacer despertar, cuando queremos llamar a reflexionar es provocando. No provocamos gratuitamente. Jugamos al borde, vamos probando y viendo.
La escena de los esclavos, por ejemplo, es la escena que a todo el mundo se le queda grabada, que le encanta a todo el mundo, quienes la ven eligen a cuál se llevarían a casa. Inmediatamente, cuando tú te metes en ese juego de elegir, permites que la reflexión posterior te toque mucho más.

¿Las imágenes provocan empatía en los lectores?
Te permite pensar en cosas horribles y decir: tranquilo, todos pensamos en eso.
Los niños no se abisman, les pasa todo lo contrario.

¿Qué futuros proyectos se vienen?
Bueno, en España ya se publicó Yo Persona que es una exploración de qué somos y quién somos, un poco a partir de comparaciones entre personas y robots.
Tenemos tres títulos más proyectados. El siguiente es sobre la realidad, imaginación y sueño y luego, el quinto será sobre la posibilidad, y el sexto será sobre el sentido de la vida, y se llamará Pero, ¿para qué?.
Estamos desarrollando también una línea para niños muy pequeñitos, sin texto ninguno, que juegan con variaciones de una misma escena.