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Mensaje Cierre Fundación Había una Vez

Después de 15 años trabajando en el fomento de la lectura, en especial en sectores vulnerables,
nos vemos obligados a cerrar nuestras puertas el 31 de diciembre de 2020. La crisis social y la
pandemia nos han dejado sin recursos para continuar con nuestra obra. En estos años, hemos
realizado, entre muchas acciones, la creación, actualización y certificación de bibliotecas para
poner al alcance de distintas comunidades a lo largo de todo Chile, la riqueza de los infinitos
universos que nos regala el libro.
Seguimos convencidos de que la formación de lectores críticos e informados es lo que genera
ciudadanos con capacidad de contribuir, desde una perspectiva consciente y creativa, a su
desarrollo personal y al de toda la sociedad.
Agradecemos a todos los colaboradores de la fundación, personas que con tanto
cariño y pasión dedicaron su tiempo para llevar la lectura a miles de niños a lo
largo de todo el país.
 
Nos dormimos con la esperanza de que vendrán tiempos mejores.
¡Hasta la vista!

Fake news en Chile: responsabilidad de todos

Por Alejandro Oyarce*

La verificación de las fuentes de información es relevante para no propagar noticias falsas en Internet. Esto último es fundamental, ya que la información falsa puede influir en los ciudadanos para tomar malas decisiones lo que es especialmente grave si en los próximos meses se tendrá que votar por una nueva Constitución. Ahora bien, el papel que juegan las bibliotecas en esta tarea es relevante, ya que a nivel mundial cumplen el rol de enseñar a sus usuarios a buscar y a distinguir información de calidad reconociendo fuentes de información confiables a través de programas de Alfabetización Informacional (ALFIN). Este rol ha sido un trabajo que ha impulsado la Federación internacional de bibliotecas (IFLA), pero en los últimos años se ha agudizado, ya que a pesar de que las noticias falsas siempre han existido, el desarrollo de las tecnologías de la información hizo que estas noticias se movieran rápidamente en Internet afectando negativamente la democracia en diversos países.

Dada esta situación, vale la pena preguntarse qué aspectos son importantes a considerar al revisar información y compartir información en nuestras redes. Para responder esta pregunta me quiero basar en dos investigaciones sobre noticias falsas en Internet en Chile: “Noticias falsas o fake news en Chile, perfilando quiénes y cómo difunden noticias falsas en el país, entre otros temas relacionados a la desinformación.” (2018) y “Uso y evaluación de los medios de comunicación y las redes sociales durante el estallido social en Chile” (2019). Las conclusiones de estos estudios, especialmente del primero, apuntan a que el principal problema de las noticias falsas en Chile no son que los ciudadanos no identifiquen que son reales o falsas, sino que propagamos noticias que responden a nuestro punto de vista, independiente si son falsas o reales. De este modo, si vemos un titular de una noticia o foto en una red social que va en la línea de nuestras convicciones la compartimos sin siquiera leerla o verificar si es real o sacada de contexto. Existe un problema al dejarnos llevar solo por la emoción de lo que quiero creer y aunque reciba una noticia falsa que responde a mi forma de ver el mundo, la comparto. Las noticias falsas tienen un 70% más posibilidades de ser compartidas porque están diseñadas pensando en la emoción, la rabia, la sorpresa. Francis Bacon decía “El entendimiento humano, una vez que ha adoptado una opinión dibuja todo lo demás para apoyar y mostrar conformidad con ella. Y pese a haber un gran número de ejemplos, y de peso, que muestran lo contrario, los ignora o desprecia, prescinde de ellos o los rechaza.” Finalmente, recomiendo a la hora de compartir información leer primero el contenido y, si tienes dudas con la foto o el contexto, abstente de compartirlo. No olvidemos que al participar del intercambio de información en las redes nos convertimos en co-creadores de información y, por lo tanto, también deberíamos hacernos responsables de estas publicaciones.

*Coordinador de Proyectos en Fundación Había Una Vez. Bibliotecólogo. Magíster en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. 

Volver a escuchar: La importancia de la oralidad para un Chile nuevo

Por Nicole Castillo y Andrés Montero*

Quizá podríamos resumir los problemas que arrastra Chile en los últimos 30 años como la absoluta incapacidad de escucharnos. Esto tiene muchas razones: estamos lejos unos de otros, en un país segregado y desigual, por lo que las voces que reclaman justicia se pierden en la vorágine de la ciudad, y aún en caso de llegar a los oídos lejanos no pueden ser comprendidas porque pareciera que vienen de otro mundo. Nuestra geografía angosta y larga tampoco ayuda a escucharnos entre las diferentes regiones del país. Pero por sobre todo, la prepotencia que nos ha dejado como herencia el modelo económico nos hace preparar el contraataque antes de terminar de escuchar lo que nos quieren decir. En esas condiciones, entenderse ya es muy difícil. Superar las diferencias para construir un país mejor, es derechamente imposible.

En este contexto nacional y global, donde gana la voz del más fuerte, donde hemos perdido la capacidad de sentarnos y mirarnos a los ojos, podría resultar extraño que el arte de contar cuentos de viva voz experimente un auge, que haya cada vez más demanda de niños y adultos por escuchar cuentos. ¿No debería ser al revés? ¿No tendría más sentido que nadie quisiera escuchar cuentos hoy en día, ya que las pantallas ofrecen estímulos mucho más interesantes? Sin embargo, ocurre lo contrario, y todo indica que este auge es justamente una reacción al contexto: echamos de menos la escucha, el silencio del alma, los oídos abiertos que se preparan para recibir una historia. Necesitamos estar una hora con los teléfonos apagados, y dedicarnos a escuchar e imaginar. Este ejercicio tan sencillo es una de las primeras cosas que hizo el ser humano cuando adquirió la capacidad de hablar; y es además lo que nos diferencia de todas las demás especies animales: podemos ficcionar e imaginar a través de la palabra. Por tanto, cuando escuchamos cuentos nos conectamos con lo más esencial de la humanidad. Y este contacto, esta escucha activa y placentera, este ejercicio que parece imposible por su sencillez, puede permitir a los niños y niñas de hoy, pero también a los adultos, trabajar en la capacidad de escuchar atentamente, de entender lo que le pasa al otro, de estar tan dentro de su historia que pueda mirar, aunque sea por un segundo, el mundo con sus ojos.

En este proceso importante y decisivo para la historia de Chile, la oralidad ancestral nos recuerda que primero fuimos comunidad, y que si nos transformamos en individuos fue, entre otras cosas, porque fuimos perdiendo la capacidad de escucharnos, de entendernos y de contarnos historias.

*Directores de Escuela de Literatura y Oralidad “Casa Contada”. La periodista Nicole Castillo y el escritor Andrés Montero, ambos narradores orales, conforman la Compañía y Productora Cultural La Matrioska, desde la que realizan proyectos ligados a la narración oral, el fomento lector y el patrimonio cultural. Entre los más destacados se cuentan el Festival Internacional ChileCuentos y la Escuela de Literatura y Oralidad Casa Contada.

Humanizar la escuela

Por María José Camus*

En diciembre de 2019 realizaríamos los últimos espacios formativos para agentes educativos de cinco escuelas en la provincia de Maipo. El contexto nacional nos ponía el desafío sobre cómo abordar estos espacios, visualizando al menos tres posibilidades: continuar con el plan de trabajo previo a la crisis; suspender la actividad o, modificar el trabajo planificado y re-mirar el sentido de lo que hacemos a raíz de las demandas sociales levantadas. Optamos por la última.

Pero ¿cómo dialogar y vincularnos desde un lugar distinto al que lo hacemos habitualmente? Entonces recordamos un cuento, que narramos a los docentes: ¿Dónde está el perro peludo? de Rosario Elizalde. Es la historia de una granja en la que sólo podían vivir los ejemplares más bellos de cada especie, quedando rechazados los locos, quienes tenían los zapatos rotos y los feos. Uno de los animales que vive en esa granja decide irse. No se siente digno de vivir allí. Sus amigos, para recuperarlo, deberán aprender a convivir de una manera distinta. Tendrán que mirarse honestamente y ser conscientes del tipo de granja que deberán construir.

Fue así como constatamos, una vez más, que abrir espacios de escucha colectiva con un cuento, facilita un dialogo afectivo y reflexivo que posibilita el encuentro de una comunidad como pocas estrategias educativas lo logran. Compartimos esta experiencia, ya que permite enfatizar aspectos que, a nuestro juicio, son relevantes al pensar en el rol del profesor como promotor de conciencia ciudadana.

Los niños y niñas viven inmersos en la cultura. Están atentos y son afectados por todo lo que sucede y construyen sus propias explicaciones acerca de lo que acontece. Es necesario, por tanto, reconocer e incorporar en los espacios de la escuela lo que ocurre en el país, como parte de la vida cotidiana de los niños y niñas, contribuyendo con ello a desarrollar una conciencia crítica de su entorno, compartiendo y escuchando experiencias, posiciones y visiones de mundo. Generar espacios de escucha permite también que los niños y niñas se sientan contenidos. Esto es un gran desafío para los adultos que acompañamos su formación: implica humanizar las relaciones al interior de las familias y de las escuelas, reconociendo a niños y niñas como sujetos y valorando sus experiencias, emociones y reflexiones.

No se puede hablar de participación o diálogo sin tener espacios reales de convivencia en los que pueda ejercitarse. No son un contenido, sino una forma de relación que se vivencia. Es por esto que dentro del rol de los agentes educativos está el impulsar que cada actor de la comunidad participe de la cultura escolar y de la construcción de la escuela que desean. En la medida que los niños, niñas y jóvenes tengan experiencias de colaboración, de dialogo, de escucha y de participación, será posible construir esa granja en la que todos y todas nos sintamos dignos de habitar.

*Psicóloga Universidad Diego Portales, Magíster en Intervención Social Interdisciplinaria y Territorio Universidad Alberto Hurtado. Cuenta con experiencia en diseño, implementación y evaluación de programas sociales, especialmente en materias de niñez y juventud.

Literatura y transformación social

Por Miguel Yaksic*

Los profesores alemanes de la posguerra hacían que sus alumnos leyeran “El Diario de Anna Frank”. Sabían que leerlo les permitiría a los jóvenes comprender los horrores del holocausto y entender lo que habían sufrido las familias judías. Algo parecido sucedería si un grupo de estudiantes criados en una cultura machista y patriarcal leyeran “Teoría King Kong” de Virginie Despentes, una feminista provocativa y honesta que está lejos de transmitir una perspectiva complaciente del feminismo.  “La Cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher hizo más por desenmascarar el racismo en el sur de Estados Unidos que muchas políticas públicas.  Si quisiéramos ayudarle a alguien a comprender el lugar de la culpa en la conciencia humana, probablemente lo más efectivo sería hacerlos leer “Crimen y Castigo”.

Ha habido un grupo de filósofos británicos desde Hume en adelante que han defendido una teoría que llaman sentimentalismo moral. Sostienen que la educación no es solo un asunto de argumentación. Sino que consiste también en una apelación al sentimiento moral.  El género humano puede educarse en el respeto mutuo, la tolerancia, el reconocimiento, los derechos humanos, la democracia, la libertad, la igualdad y la no discriminación no solo por la vía de las razones, sino sobre todo por el camino de la empatía. No apelando a una esencia común de la humanidad, sino apelando a los sentimientos.

La literatura, y en especial la novela, ha cumplido un rol crucial en la expansión de la democracia. Ha permitido a las personas repensarse a sí mismas y su relación con los demás. La novela es un instrumento de transformación porque sensibiliza, potencia la imaginación, ensancha horizontes, desconfigura y reconfigura el aislamiento cultural, permite desinstalar etnocentrismos y ver a los demás como seres humanos.

Richard Rorty -un filósofo pragmatista estadounidense que se inscribe en la tradición del sentimentalismo moral y que falleció hace poco más de diez años- se preguntaba cómo expandir el “nosotros”, entendiendo por “nosotros” el valor de la democracia, la libertad, la justicia y la solidaridad. Y concluye que la novela contiene un enorme poder democrático. Poder que reside en su capacidad para desarmar la idea –de nuevo, etnocéntrica- de que existe una sola versión verdadera de la vida y de la realidad. La novela cumple un rol persuasivo y transformador. Porque produce nuevas categorías y repertorios que describen la realidad de maneras siempre nuevas y porque ha sustituido a la argumentación por la imaginación como eje fundamental del progreso moral. El poder transformador de la narrativa cultiva la empatía y ayuda a ver a los extraños como compañeros en el sufrimiento; favorece la agencia y la autonomía impulsando al lector a aprender a pensar por sí mismo, liberándose de formas acríticas de entenderse a sí mismo y a los demás.

Cuántas novelas han favorecido la ampliación del “nosotros”. O sea, han permitido a muchas personas empezar a ver a una niña judía, a un campesino negro, a una mujer prostituta o a un joven homosexual como uno de “nosotros”. Es decir, como un ser humano igual en dignidad y derechos.

Si el progreso moral consiste, como afirma Rorty, en expandir la empatía, entonces la literatura puede jugar un rol central.

Hace unos días una investigadora y columnista chilena publicó una columna criticando la performance de Lastesis. La había interpretado a la letra. No comprendió que era una acción performativa, una expresión de arte, una metáfora, que más allá de la literalidad de su letra lo que estaba denunciando son las estructuras sociales, culturales y políticas patriarcales en las que se ha desarrollado la vida. Su crítica era como criticar un cuadro de Picasso porque deforma la anatomía humana. Esta acción de arte callejero probablemente ha hecho más por la causa feminista que mucha argumentación y que muchas políticas paritarias. Se parece al poder de la novela, es el poder transformador del arte y la creatividad.

*Licenciado en filosofía, Licenciado en teología (UC) y Máster en ética social de Boston College (USA). Es director de Promoción, Formación y Vinculación en el Consejo para la Transparencia y profesor adjunto de la Escuela de Gobierno UC.

Corromper a los jóvenes

Por Sara Bertrand, escritora

“¿Tiene la literatura una función en el Estado, en el conjunto de humanos, en la república, en la res pública, que debería significar la convivencia pública?”, la pregunta de Pound debiéramos imprimirla en cada biblioteca, sala de clases o lugar de lectura y hacernos reflexionar, porque solemos disociar la literatura de su responsabilidad política, como si perteneciera mayormente al mundo del ocio y no es así. La literatura, como el resto de las artes, es un medio eficaz para la formación del pensamiento crítico. Separarla de las cuestiones del mundo equivale a pensar que escritores y artistas alzan la voz solo para escucharse a ellos mismos. Pound, continúa: “(Su función) Tiene que ver con la claridad y el vigor de todos y cada uno de los pensamientos y opiniones. Tiene que ver con la salud de la materia de la que está hecha el pensamiento”. ¿De qué se compone esa sanidad? De la posibilidad de llevar a cabo una conversación colectiva que reúna y construya; sacuda la mugre; alerte sobre heridas que sangran o costras que no terminan de cerrar. Las sociedades no son distintas de las personas que las componen, incluso más frágiles, porque sus narrativas tardan en cuajar, entendemos nuestra historia gracias a la memoria de nuestros pueblos y eso no sucede de inmediato, requiere tiempo y, por cierto, muchos libros.

El ejercicio de escribir, entonces, implica que el autor/autora vuelque sobre la página toda su capacidad de escucha, palabras que sugieren ecos, reverberaciones o equívocos de un público que no está presente, pero convive con ellas. Decir que un escritor/escritora es traductor de su tiempo no significa que “transcribe” la realidad, sino que oye, sopesa e interpreta. ¿En nombre de quién habla? ¿Qué público imagina? Volver a estas preguntas es necesario cuando la palabra se aleja de la plaza pública y los misterios, cuando las preguntas esenciales desaparecen de los discursos e imaginarios. Porque dirigirse a los jóvenes, por ejemplo, es atender a una conversación dúctil, movediza, un lector que interpela y busca armar un discurso propio, “destruirá” lo que no le interesa ni le parece y “construirá” aquello que le haga sentido, una nueva conversación surge de esa reflexión y lectura (escucha) de voces del pasado próximo y lejano, sopesar esa memoria, su furia y su rabia, porque como dice Alain Badiou, “corromper a los jóvenes quiere decir una sola cosa: intentar que no entren en los caminos ya trazados, que no se consagren a obedecer las costumbres de la ciudad, que puedan proponer otra orientación”. Lo contrario es subestimarlos, olvidar sus horizontes y oscilaciones, el hambre que manifiestan por comprender y aportar, desde sus perspectivas, una nueva manera de hacer las cosas.

Voces del libro y crisis social

En el contexto de la crisis social que estamos viviendo como país, quisimos convocar a distintas voces del ámbito del libro, la lectura y la cultura para que reflexionen sobre los cambios que están sucediendo. Con estas columnas nos interesa aportar desde nuestro ámbito a la discusión y reflexión nacional. A partir de la próxima semana comenzaremos con las publicaciones ¡Atent@s!

¡Ya está disponible el último número de RHUV !

Este año celebramos los 10 años de la revista Había Una vez y quisimos aventurarnos con un tema que aún está muy incipiente en la LIJ. Este último ejemplar está dedicado a la transmedia en la literatura infantil y juvenil, una dimensión algo desconocida que consideramos es importante explorar. Somos habituales consumidores de narrativas transmedia y no lo sabemos. Transmedia son Harry Potter, El señor de los anillos, La guerra de las Galaxias o Juego de Tronos, universos que han reinventado sus historias en múltiples formatos y soportes. La lectura, como la conocemos se está redefiniendo y es por eso que creemos que es relevante poder reflexionar en torno a estos cambios. En este número podrás encontrar distintas perspectivas y reflexiones en torno a los nuevos formatos y medios en los que se desarrolla la LIJ en la actualidad, tales como: literatura clásica y transmedia, lectura impresa v/s lectura digital, videojuegos y películas, mediación con transmedia, etc.

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Hemos sido nominados al premio Astrid Lindgren Memorial Award 2020 (ALMA). Este galardón es en memoria de la destacada autora sueca cuya obra más reconocida fueron las historias de Pippi Calzaslargas. El objetivo de este premio es reconocer a distintos actores del mundo del libro y la lectura para fortalecer y aumentar el interés en la literatura infantil y juvenil. Este es uno de los reconocimientos de la LIJ más importantes en el mundo y somos los únicos nominados en Chile. El ALMA fue establecido por el gobierno sueco en 2002 y administrado por el Consejo Nacional de cultura de Suecia.
Agradecemos a todos los que nos han apoyado y han sido parte de nuestro proyecto.
¡Nos sentimos muy honrados y contentos por este reconocimiento!

Revisa la lista completa de nominados aquí
NOMIDADOS ALMA 2020

Sitio oficial de ALMA

Yokai

 


recomendados-comite

Yokai
Escritora: Carmen Chica
Ilustrador: Manuel Marsol
Lectores  Fulgencio Pimentel e hijos | 2017
Clasificación: Literatura

La naturaleza salvaje es un lugar prodigioso. Internarse en ella es cruzar una puerta invisible. El mundo cambia a nuestro alrededor y nuestra identidad se tambalea. Bajo la bóveda celeste algo se desata, un vendaval silencioso, quizás el vínculo con una presencia que siempre habitó en nosotros. Perderse en una montaña, en cualquier montaña, también conlleva perder algo que éramos en nuestra vida anterior. Al regresar, como en un sueño, el mundo conocido se vuelve ignoto por unos instantes. Y nítidamente sentimos que, durante un breve lapso, fuimos otro.
La historia es simple pero entretenida, como un sueño. La ilustración es muy llamativa, el color y las texturas generan un lugar especial donde transcurre el viaje de este hombre. Ganador de un premio a la ilustración en la Feria de Bolonia 2017.