Volver a escuchar: La importancia de la oralidad para un Chile nuevo

Por Nicole Castillo y Andrés Montero*

Quizá podríamos resumir los problemas que arrastra Chile en los últimos 30 años como la absoluta incapacidad de escucharnos. Esto tiene muchas razones: estamos lejos unos de otros, en un país segregado y desigual, por lo que las voces que reclaman justicia se pierden en la vorágine de la ciudad, y aún en caso de llegar a los oídos lejanos no pueden ser comprendidas porque pareciera que vienen de otro mundo. Nuestra geografía angosta y larga tampoco ayuda a escucharnos entre las diferentes regiones del país. Pero por sobre todo, la prepotencia que nos ha dejado como herencia el modelo económico nos hace preparar el contraataque antes de terminar de escuchar lo que nos quieren decir. En esas condiciones, entenderse ya es muy difícil. Superar las diferencias para construir un país mejor, es derechamente imposible.

En este contexto nacional y global, donde gana la voz del más fuerte, donde hemos perdido la capacidad de sentarnos y mirarnos a los ojos, podría resultar extraño que el arte de contar cuentos de viva voz experimente un auge, que haya cada vez más demanda de niños y adultos por escuchar cuentos. ¿No debería ser al revés? ¿No tendría más sentido que nadie quisiera escuchar cuentos hoy en día, ya que las pantallas ofrecen estímulos mucho más interesantes? Sin embargo, ocurre lo contrario, y todo indica que este auge es justamente una reacción al contexto: echamos de menos la escucha, el silencio del alma, los oídos abiertos que se preparan para recibir una historia. Necesitamos estar una hora con los teléfonos apagados, y dedicarnos a escuchar e imaginar. Este ejercicio tan sencillo es una de las primeras cosas que hizo el ser humano cuando adquirió la capacidad de hablar; y es además lo que nos diferencia de todas las demás especies animales: podemos ficcionar e imaginar a través de la palabra. Por tanto, cuando escuchamos cuentos nos conectamos con lo más esencial de la humanidad. Y este contacto, esta escucha activa y placentera, este ejercicio que parece imposible por su sencillez, puede permitir a los niños y niñas de hoy, pero también a los adultos, trabajar en la capacidad de escuchar atentamente, de entender lo que le pasa al otro, de estar tan dentro de su historia que pueda mirar, aunque sea por un segundo, el mundo con sus ojos.

En este proceso importante y decisivo para la historia de Chile, la oralidad ancestral nos recuerda que primero fuimos comunidad, y que si nos transformamos en individuos fue, entre otras cosas, porque fuimos perdiendo la capacidad de escucharnos, de entendernos y de contarnos historias.

*Directores de Escuela de Literatura y Oralidad “Casa Contada”. La periodista Nicole Castillo y el escritor Andrés Montero, ambos narradores orales, conforman la Compañía y Productora Cultural La Matrioska, desde la que realizan proyectos ligados a la narración oral, el fomento lector y el patrimonio cultural. Entre los más destacados se cuentan el Festival Internacional ChileCuentos y la Escuela de Literatura y Oralidad Casa Contada.