Humanizar la escuela


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Por María José Camus*

En diciembre de 2019 realizaríamos los últimos espacios formativos para agentes educativos de cinco escuelas en la provincia de Maipo. El contexto nacional nos ponía el desafío sobre cómo abordar estos espacios, visualizando al menos tres posibilidades: continuar con el plan de trabajo previo a la crisis; suspender la actividad o, modificar el trabajo planificado y re-mirar el sentido de lo que hacemos a raíz de las demandas sociales levantadas. Optamos por la última.

Pero ¿cómo dialogar y vincularnos desde un lugar distinto al que lo hacemos habitualmente? Entonces recordamos un cuento, que narramos a los docentes: ¿Dónde está el perro peludo? de Rosario Elizalde. Es la historia de una granja en la que sólo podían vivir los ejemplares más bellos de cada especie, quedando rechazados los locos, quienes tenían los zapatos rotos y los feos. Uno de los animales que vive en esa granja decide irse. No se siente digno de vivir allí. Sus amigos, para recuperarlo, deberán aprender a convivir de una manera distinta. Tendrán que mirarse honestamente y ser conscientes del tipo de granja que deberán construir.

Fue así como constatamos, una vez más, que abrir espacios de escucha colectiva con un cuento, facilita un dialogo afectivo y reflexivo que posibilita el encuentro de una comunidad como pocas estrategias educativas lo logran. Compartimos esta experiencia, ya que permite enfatizar aspectos que, a nuestro juicio, son relevantes al pensar en el rol del profesor como promotor de conciencia ciudadana.

Los niños y niñas viven inmersos en la cultura. Están atentos y son afectados por todo lo que sucede y construyen sus propias explicaciones acerca de lo que acontece. Es necesario, por tanto, reconocer e incorporar en los espacios de la escuela lo que ocurre en el país, como parte de la vida cotidiana de los niños y niñas, contribuyendo con ello a desarrollar una conciencia crítica de su entorno, compartiendo y escuchando experiencias, posiciones y visiones de mundo. Generar espacios de escucha permite también que los niños y niñas se sientan contenidos. Esto es un gran desafío para los adultos que acompañamos su formación: implica humanizar las relaciones al interior de las familias y de las escuelas, reconociendo a niños y niñas como sujetos y valorando sus experiencias, emociones y reflexiones.

No se puede hablar de participación o diálogo sin tener espacios reales de convivencia en los que pueda ejercitarse. No son un contenido, sino una forma de relación que se vivencia. Es por esto que dentro del rol de los agentes educativos está el impulsar que cada actor de la comunidad participe de la cultura escolar y de la construcción de la escuela que desean. En la medida que los niños, niñas y jóvenes tengan experiencias de colaboración, de dialogo, de escucha y de participación, será posible construir esa granja en la que todos y todas nos sintamos dignos de habitar.

*Psicóloga Universidad Diego Portales, Magíster en Intervención Social Interdisciplinaria y Territorio Universidad Alberto Hurtado. Cuenta con experiencia en diseño, implementación y evaluación de programas sociales, especialmente en materias de niñez y juventud.