Recordando a Christine Nöstlinger

Por Carola Martínez, psicóloga y experta en LIJ

“Esa mujer gorda y vieja del dibujo de ahí arriba soy yo”. Así empieza Christine Nöstlinger Los chicos del sótano mágico, escrita en 1971. Es su tercer libro editado en castellano en 1989 por Noguer. La frase grafica la particular forma de escribir de Christine. Un estilo único, especial, desenfadado, pero respetuoso de la infancia, cercano, verosímil y podría seguir escribiendo cualidades hasta siempre. Porque junto a Maurice Sendak, es mi escritora favorita, quien murió el pasado 28 de junio.

Sobre su propia infancia, Christine recuerda: “Aprendimos mucho menos que los niños de hoy, y éramos bastante estúpidos”. Creció muy pobre en una casa en Ottakring, un distrito de la clase trabajadora en Viena, avergonzada de vivir en una planta baja con un padre discapacitado por la guerra y una madre maestra jardinera obligada a jubilarse tempranamente por negarse a adoctrinar a los niños durante la ocupación nazi. Su adolescencia no fue mejor, con los adultos ocupados en la reconstrucción de los primeros años de la posguerra.

Nöstlinger fue una escritora comprometida, que retrataba la infancia tal como la percibía sin filtros moralizantes, sin miradas progresistas, sin edulcorantes ni finales ultra felices. En un hermoso artículo de 2016 de la revista feminista alemana “Emma” titulado “Por siempre roja”, ella cuenta que en 1970, cuando publica Federica Pelirroja estaba un poco deprimida, harta de estar en su casa cuidando a sus hijos entre la cocina y la lavadora, y fue en ese momento que apareció esta historia, que en pocos meses fue éxito de ventas y que desde ese momento no paró más. Más de 150 libros, además de columnas, poemas y hasta libros de cocina. “Fábrica de cartas” se llamaba a ella misma.

Dueña de una mirada justa, nunca logra un personaje niño que no sea eso, un niño. Con todas sus maravillas y sus problemas, con sus bajezas y sus cualidades. Esa mirada única es la que los niños premian con su cariño y lealtad.

Otro tema es la organización en capítulos de sus libros, con una característica que me parece deliciosa e imitable.

“Capítulo 1:

en el que encuentro un argumento útil con el cual silenciar temporalmente un coro de lamentos a siete voces.”

Ese es el primer capítulo de Olfi y el Edipo, una obra editada en 1984 y traducida en 1987. Escrita en primera persona sostenida de manera admirable en toda la novela, cuenta la historia de Wolfgang o “Olfi”, como le gusta que le digan, un chico criado en una casa llena de mujeres que al inicio de la novela encuentra una noticia que dice que los chicos criados por varones son más inteligentes que los criados por mujeres.

Crianza, familia, feminismo son temas que recorren toda la obra de Nöstlinger. Las madres reunidas en una crianza en comunidad en Mi amigo Lucky Live. La familia de madre, tía y abuelas en Un marido para mamá. La madre de Gretchen en Una historia familiar, que decide estudiar, recibirse y ejercer de trabajadora social, adelgazar y dejar al padre. La misma Gretchen que adelgaza y toma el control de su vida y su sexualidad y las siete mujeres que cuidan a Olfi y de las que él quiere huir.

“–¡Boba! Tu eres una criatura.

–¡Pero una criatura muy mujer! – exclamó Susi.

Beni gritó

–¿Acaso tienes busto? ¿Tienes uñas lacadas? ¿Tienes un trasero que se contonea? ¿Pides constantemente dinero a un hombre? ¿Te compras vestidos todos los días? ¿Chillas todo el tiempo porque alguien te ha ofendido?

Susi negó cada una de estas preguntas.

–¡Entonces no eres una mujer! Susi sabía que Beni tenía ideas erradas sobre las mujeres. Por eso se involucró en una larga discusión sobre las mujeres.” Un marido para mamá.

Toca cada uno de los temas que a los autores de libros para niños le parecen ríspidos:

“Me soltó un discurso sobre lo abyecto de la drogas, con lo cual destacó con brillantes su desconocimiento del tema. Para ella la coca, el hachís, la heroína y el LSD eran una sarta de productos del demonio.” Olfi y el edipo

“Claro que traté de probarme sexualmente. Por un ojo de la cara me compré dos revistas pornográficas bien gruesas, una con mujeres desnudas y la otra con hombres desnudos. Pero no fue mucho lo que me aportaron porque ni los hombres ni las mujeres me condujeron a un éxtasis erótico especial. Yo mismo no podría decir, después de haber hojeado varias veces las revistas, si uno de los dos sexos dio más alas a mi fantasía erótica que el otro porque nada allí me dio alas, aparte de hacerme pensar por qué los hombres estaban tan aceitados y las mujeres tan empolvadas, ¡Fue un dinero tontamente desperdiciado!” Bonsai

“–Además las chicas no entienden nada de técnica –dice Fredi. El día anterior Rosalinde había arreglado el bolígrafo de cuatro colores de Fredi, porque Fredi no podía hacerlo. Y otro día le había explicado a Fredi para qué están las ruedas del despertador y por qué un despertador necesita un resorte para la cuerda y cómo es que un reloj a pilas no necesita resorte y tiene muchas menos ruedas.” Rosalinde tiene ideas en la cabeza

Y la gordura, creo firmemente que Nöstlinger odiaba la gordura, o por lo menos eso parecía. Con respecto al tema era ácida, incisiva, sarcástica. Christine, ajena a la corrección política, construye unos personajes gordos que viven a merced de sus necesidades, no pueden domarlas, los dulces son sus enemigos y están siempre fuera de control:

“Una docena de curas de adelgazamiento ha probado la pobre mujer; pero no es posible adelgazar cuando uno mismo no se da cuenta de lo que come.

Y cuando uno adelgaza, hay que saber que el perder gordura se funda en que la obesidad es insana o que se hace así porque uno mismo no quiere estar gordo, pero no para que el señor Gatternigg vuelva a estar cariñoso y amable”. Mi amigo Lucky Live

“No soy especialmente aficionada a los niños”, decía y escribía en niño mejor que nadie. Hemos perdido una pieza fundamental de la literatura de mitad del siglo XX.

Te amamos Christine.

Hasta siempre.

Carola Martínez es chilena y vive hace 20 años en Argentina. Estudió psicología y la diplomatura en Literatura infantil y juvenil por la Universidad de San Martín. Dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Es editora, escritora y capacitadora. Ha publicado críticas, reseñas, notas, entrevistas y ensayos en distintos medios y desde su página web Donde viven los libros). Publicó recientemente su primera novela: Matilde (Norma), parte del catálogo White Ravens 2017. Actualmente trabaja en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y es socia de la librería Donde viven los libros.