El lado B de Constanza Mekis

Desde la vereda del lugar en donde vive Connie Mekis se aprecia que su casa no es como todas. En el portón se asoman varias hormigas aladas pintadas por ella, y al cruzar la puerta de entrada la sorpresa aumenta, hay libros por todos los rincones, incluso en las escaleras que conducen al segundo piso, donde además descansa tranquilamente una gran pantera de peluche, “es mi guardiana” dice Constanza, y nos invita a pasar.

Por equipo FHUV

La magia del lugar es innegable, las piezas están llenas de detalles y artefactos (todos con algún significado especial y una historia entretenida de escuchar) y, por supuesto, más libros. Llama de inmediato la atención el comedor de la casa, pues todas sus paredes se encuentran cubiertas de fotografías de grandes escritores, sin duda invitados permanentes a las conversaciones de la sobremesa. Lo que no se puede pasar por alto, son las mariposas que rondan el lugar, todas de distintos tamaños, formas y colores.

Connie nos cuenta que su afición por los lepidópteros la heredó de su abuelo, “él era un entomólogo amateur. Recuerdo llegar a su casa y verlo sentado descubriendo las mariposas que le llegaban en sobres, desde diversos lugares del mundo. Cada una con alguna particularidad que la hacía única, ya sea por la forma de sus alas, su tamaño, los colores y las combinaciones de estos. Cuando llegaban estos sobres, mi abuelo nos enseñaba la forma en que debíamos extender sus frágiles alas, con sumo cuidado para no romperlas… Sin duda en ese momento nació mi interés”.

Con el pasar de los años Connie comenzó, al igual que su abuelo, a traer mariposas de distintos lugares, para así poder crear sus propias “insectografías”. Nos cuenta con emoción que “de las mariposas me interesa saber, más que la familia científica de la que proviene cada una, el lugar en el que habitan y los distintos colores que pueden tener. Por ejemplo, en Chile hay una gran variedad de mariposas de tonos amarillos y blancos, dentro de éstas me gusta destacar a la Argyrophorus argenteus, una mariposa pequeña de alas plateadas, que son nativas de Chile y Argentina”.

Tras unos años coleccionando mariposas, decidió comenzar a crear sus propios insectarios, en los que predomina un sentido artístico más que científico, puesto que los lepidópteros los  ordena por colores y por el lugar del que provienen, ofreciendo una geografía con un llamativo abanico de diversas tonalidades. Fue tanto el corazón que Constanza puso en estos cuadros-insectarios, que comenzó a regalarlos a gente muy querida por ella.

Eso sí las mariposas no son el único insecto que fascina a Connie, también gusta mucho de las chinitas. Nos cuenta con gran entusiasmo que las hay de diversos colores y que su preferida es la que posee siete lunares, “es que es la que trae la buena suerte” nos dice. Además nos cuenta que las pinta en acuarela y que también las regala.

De búsquedas y ancestros

El mundo de las mariposas es importante para Connie, y no solo desde sus artísticas “insectografías”, sino que también desde la poesía, pues colecciona relatos, poemas y versos en los que se alude a las mariposas, entre ellos hay algunos de Vladimir Nabokov, Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

Sentadas en el living de su casa, Constanza nos revela que hay algo más que la apasiona: el baile celta. Y cómo no haberlo adivinado antes, si en su escritorio hay muchos libros sobre esta cultura, se distinguen algunos sobre mitos, leyendas y gastronomía. En ese punto, nos enteramos que Connie tiene ascendencia irlandesa, nos muestra un álbum de fotografías, el que narra la historia familiar. Se aprecian fotos de distintos tamaños, anotaciones en colores, preguntas, anécdotas, sin duda un álbum familiar que invita a la lectura. Constanza nos dice al respecto: “es la historia de mi familia”, mientras tanto nosotras observamos una fotografía en la que aparece Connie bailando en una presentación.

Nos cuenta que este hobby partió hace algunos años atrás, cuando comenzó a escuchar música celta y, coincidentemente, su hija menor quiso aprender a bailarla. “Hicimos toda una investigación para encontrar el lugar adecuado, partimos en el Flannery’s y luego en la Academia Sandra Claren. Mi hija iba dos veces a la semana, yo la acompañaba y pasaba ese rato mirándola bailar o leyendo. Hasta que un día la profesora se me acercó y me preguntó ‘¿por qué no bailas con tu hija?’ En ese momento mi hija era pequeña y aún no entraba al período en el que le avergonzara mi compañía en la clase, así es que pude hacerlo perfectamente”, cuenta.

“Lo mejor que me ha dado el baile celta es el poder acceder de una manera distinta a la cultura y la posibilidad de generar relaciones humanas profundas, pues para bailarlo se necesita del grupo, del trabajo en comunidad, todos debemos llevar el mismo ritmo y para sintonizarnos nos miramos a los ojos. Durante el baile hay una comunicación constante. Por ello, entre quienes practicamos esta danza se produce Anam Cara (hermanos del alma en gaélico).

El tiempo pasó y su hija dejó de practicar este baile. Connie continúa y nos cuenta divertida “soy la senior del grupo, bailo con chicas y chicos de 9 y 11 años”. Todavía participa en algunas presentaciones de final de año, donde baila a teatro lleno. De vez en cuando aprovecha la oportunidad de ir algún domingo a Flannery’s, lugar en el que se toca música celta en vivo y la gente que asiste tiene la oportunidad de participar y bailar. “Ir a este lugar es viajar, disfrutar de la cultura de otro país a través de la danza y su música”.

“Los hobbies son búsquedas y encuentros, lo mismo que sucede con la literatura. Algo que me gusta mucho de los libros es que siempre nos ofrecen la posibilidad de conocer otros mundos, culturas diversas, ofreciendo temas que despiertan nuestra curiosidad. Una vez que despierta, es imprescindible satisfacerla. Y aquí no puedo dejar de citar a Arnold Edinborough, quien dice: ‘la curiosidad es la mayor de las bases de la educación y si tú me dices que la curiosidad mató al gato, yo digo solamente que el gato murió noblemente’”.

Nos vamos de su casa, dándole vueltas a esta última reflexión que nos regaló Connie. Sin duda sus hobbies e intereses tienen origen en algún libro que descansa entre las estanterías de su casa.

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