Matador

 


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Por Bernardita Cruz, periodista. Encargada de comunicaciones de Ediciones Ekaré Sur.

Matador
Escritor: Wander Piroli
Ilustrador: Odilon Moraes
Lectores Babel Libros | 2015

“Brutal” fue la primera palabra que se me vino a la mente cuando terminé de leer Matador. La portada, con un pequeño pajarito posado en un muro, no entrega ninguna pista del contenido, pero el texto no se demora en hacernos llegar hasta el lugar donde trascurre la historia: en primera persona, el narrador nos lleva a un barrio sencillo, a un recuerdo de su propia infancia. Todos los niños de la cuadra matan gorriones con sus hondas, menos él. No porque no quiera, sino porque nunca consigue dar en el blanco. Los amigos se burlan y hasta los propios pájaros parecen mofarse de su ineptitud. La frustración lo hace perseverar, afinar la puntería, hasta que un día, al fin, lo logra: una anécdota que se transforma en una mancha imborrable, un dolor que se transmite al lector. “Brutal” vuelve a ser la palabra indicada para describir ese instante del relato en que ya no hay vuelta atrás. La presión del grupo que domina las acciones, la rabia como motor, las reacciones insensatas. El protagonista no olvida el piar agónico del gorrión, y el lector no puede dejar de sentirse identificado, de pensar en las propias marcas de la memoria.
Con una paleta acotada de verdes y grises –el azul del cielo aparece solo en la portada y en las guardas, enmarcando magistralmente el relato–, el ilustrador brasileño Odilon Moraes construye un barrio que podría estar en cualquier recuerdo. Hay casas sencillas, postes de luz, mucha vegetación. Todo, envuelto en un aura borrosa, como la memoria. El trazo sugiere y se basta en su simpleza.
El texto de Wander Piroli, en tanto, nos sumerge en la intimidad del protagonista. Un testimonio descriptivo y sincero, que revela la frustración acumulada y las ansias por el lograr el cruel objetivo. Hacia el final, el vértigo del desenlace y un cierre donde el autor escoge con pinzas
las palabras, que arroja sin piedad sobre el lector.
Un libro especial, escaso en su tipo. Despojado de almohadas que suavicen el golpe, nos empuja junto al protagonista a buscar entre la maleza al gorrión derribado y nos convierte en testigos incómodos de un acto impulsivo e irracional, tan propio de la niñez. “La vergüenza de confesar el primer error nos lleva a muchos otros”, dice la contraportada, citando a La Fontaine. Una lectura brutal pero tan bien construida y editada, que sobrecoge.

Publicado en RHUV Nº26