Malala, la niña que quería ir a la escuela

 


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Por Daniela Sánchez Allende, licenciada en Letras por la Univ. Católica. Encargada de Área de Proyectos de la Fundación Había Una Vez.

Malala, la niña que quería ir a la escuela
Escritora: Adriana Carranca
Ilustradora: Bruna Assis
Lectores V&R Editoras | 2017

La historia de Malala Yousafzai, la niña pakistaní que ha luchado por el derecho a la educación entre el autoritarismo y el terror que sembraron los talibanes en su región, ha recorrido el mundo. Tanto así que es la más joven ganadora del premio Nobel de la Paz. Mucho se ha escrito en torno a ella, desde libros ilustrados para los más pequeños, hasta su propia autobiografía en Yo soy Malala, que escribió junto a la periodista Christina Lamb.
Malala, la niña que quería ir a la esuela surge a través de una investigación periodística de Adriana Carranca, quien visitó el valle del Swat, donde vivía Malala; se hospedó con pastunes, conversó con ellos, con los amigos de Malala y sus profesores; visitó su casa y plasmó su experiencia y toda la información recabada en este libro. A través de él, busca no solo narrar la historia de una niña que arriesgó su vida por ir a la escuela, sino que también contextualizarla y dar al lector más antecedentes de la cultura pakistaní. Es común encontrarse, a lo largo del libro, con notas a pie de página que explican conceptos, definen palabras o relatan hechos históricos, lo que, sin duda, enriquece el relato principal; asimismo, las últimas páginas están centradas en un registro fotográfico que la autora llevó durante su investigación.
Y así nos vamos sumergiendo en el valle de Swat, en sus calles, conocemos la escuela Khushal, que pertenecía al padre de Malala, y donde ella participaba activamente. No solo destacaba en lo académico, le gustaba el deporte, el teatro y, sobre todo, leer e intercambiar con sus amigas los libros de Harry Potter. Pero cuando los talibanes bajan de las montañas, la violencia se apodera del valle y de la vida de los pastunes. Con fusiles en mano aterrorizaron a todos, destruyeron monumentos históricos e hicieron grandes fogatas con computadores, cámaras de fotos, televisiones, todo lo que para ellos era pecado. No permitían los bailes, la música, los cantos y prohibieron que las niñas fueran a la escuela. Malala, entristecida por la noticia y asustada por el nivel de violencia que se vivía, decidió comenzar un blog, que escribió por seguridad bajo un seudónimo, y donde hablaba de los miedos, de las restricciones y las amenazas bajo las que vivían. Este blog era publicado en la red de radio y de televisón de la BBC, y así Malala, con una gran claridad y sabiduría informó al mundo cómo había cambiado la vida en su pueblo y expresó sus temores y sueños. Tenía solamente once años y había decidido que “mi fuerza no está en la espada. Está en la pluma”.

Publicado en RHUV Nº26