La playa de las conchas

 


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Por María Isabel Molina Valenzuela, periodista. Directora de Grafito Ediciones y socia de PLOP! Galería.

La playa de las conchas
Escritor: Shin Hye-Een
Ilustrador: Cho Eun-Young
Lectores Saposcat | 2016

Hoy Corea está nuevamente en el foco del mundo. Volvió a los titulares con la amenaza de la reactivación de un conflicto que dividió a un país en dos, dejando familias separadas por varias décadas y miles de muertos y prisioneros políticos. Esta historia dolorosa está en los libros de historia contada por políticos y otras voces del mundo adulto. ¿Pero cómo acceder al recuerdo de los niños, a su versión de los hechos? Conectar este relato protagonizado por un niño o niña con el público infantil no es tan fácil. Es más bien una proeza.
En el caso de La playa de las conchas, libro que llega gracias a la lúcida selección de Editorial Saposcat, la violencia espera agazapada mientras transcurre la historia. Antes de su aparición Shin Hye–Een, autor del texto, nos muestra el mundo de Yon Jae, el protagonista. Con algunas pinceladas, nos revela cómo era la vida antes de la guerra usando una estructura narrativa que separa cada episodio en un breve relato independiente: la casa del protagonista, sus paseos, la actividad de su padre y a otros integrantes de la familia como el hermanito o el abuelo y hasta sus comidas. Este es también un vistazo a la vida coreana, sus tiempos y prácticas cotidianas, hasta que irrumpe la guerra, los refugiados y el dolor. Los hombres de la casa se van. Desde ahí y hasta el final, ese pequeño se transforma e incorpora la herida de su historia personal y la de su país en una forma que no se revela, pero que está patente.
Este retrato, tan personal y tan universal a la vez, se complementa con la ilustración de Cho Eun-Young que se asemeja a los trazos infantiles: poco prolijos, con manchas o zonas de color más fuertes que otras y personajes con proporciones diversas. Desde esa mirada infantil se produce la fuerte conexión entre ilustración y texto, que en los pasajes sobre la brutalidad del conflicto y sus secuelas cobra gran expresividad. El autor de las imágenes, llenas de colores y texturas, logra un gran manejo de las emociones que muestra el libro usando una técnica compleja.
En el final, un rostro real nos revela que esta historia es verídica porque es la de miles y no solo en Corea, sino en cada lugar en que los conflictos están dejando a niños crecer solos o sin parte de su familia. Es un recordatorio de que los testimonios volverán una y otra vez como advertencia para evitar que la sociedad siga cayendo en el mismo espacio del horror.

Publicado en RHUV Nº26