Jella Lepman, una mujer en tiempos de guerra.

En una Alemania destruida por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, la periodista alemana de origen judío Jella Lepman confió en el poder de la literatura infantil y juvenil para fomentar la paz y la tolerancia.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil


Ilustración de María Paz Muñoz

Las iniciativas destinadas a divulgar la literatura infantil y juvenil de calidad le deben mucho a Jella Lepman (Stuttgart, 1891-Zurich, 1970), una mujer valiente que dedicó su vida a difundir los libros infantiles en condiciones de extrema dificultad. Viuda de 30 años y con dos hijos, huyó a Inglaterra donde se refugió para escapar de los campos de concentración de prisioneros judíos. Al término de la guerra, fue invitada por el gobierno norteamericano para regresar a Alemania a trabajar en la reeducación de las mujeres y los niños. Recorriendo en jeep la ciudad de Múnich devastada por las bombas, vio a niños sin hogar en medio de los escombros. Comprendió que debía emprender una cruzada para reunir libros infantiles de todo el mundo con el fin de que esos niños pudiesen asomarse a otras culturas. Tenía que engrandecerles la mente y la esperanza con libros bellos en un afán de libertad y renovación.

Muchos países apoyaron su iniciativa y le enviaron libros infantiles para crear en 1949 la Biblioteca Internacional de la Juventud en un antiguo palacio de Múnich. En esas lujosas salas, donde en otra época Hitler hospedó a Mussolini, realizó la gran exposición de libros infantiles con el propósito de fomentar la comprensión internacional a través de la literatura infantil y juvenil. Eran libros de cuentos que mostraban ilustraciones de otras latitudes, libros en otros idiomas. Los niños de la guerra se acercaban fascinados a sus páginas, temerosos al comienzo, con más confianza después. En las páginas de esos libros recobraban la alegría y encontraban un mundo más feliz a través de la imaginación. Comprendían que en otros países había otros universos posibles y niños que soñaban y jugaban como ellos, en mundos lejanos. Jella Lepman sabía que esos libros podían contribuir a formar una nueva generación de niños lectores abiertos a otras culturas, credos y razas.

La biblioteca creada por esta mujer visionaria impulsó la literatura infantil a través de cursos, seminarios, charlas, encuentros con autores, conferencias, lecturas, teatro de marionetas y de sombras, clases de idiomas con ayuda de libros infantiles y talleres de pintura infantil. Todos tenían cabida en esas salas bellamente decoradas.

En 1953 creó IBBY (International Board on Books for Young People), organización para el Libro Juvenil que agrupa a profesionales del libro en todo el mundo. En 1964 publicó su autobiografía que se tradujo al inglés en 1969, y ahora por primera vez en español con el título Un puente de libros infantiles (Creotz Ediciones, España, 2017). En ella, da testimonio de las dificultades que tuvo que sortear para llevar a cabo su ambicioso proyecto en medio de las adversidades. Es un libro extraordinario, lleno de anécdotas y salpicado con toques de fino humor, recomendado especialmente a escritores, mediadores de lectura, bibliotecarios y especialistas de la LIJ como ella, que aman y difunden los libros infantiles.

Con el correr del tiempo, sus iniciativas se han multiplicado en todo el mundo, pues fueron muy inspiradoras para los nuevos profesionales de la LIJ. Prueba de ello es la Biblioteca Internacional de la Juventud que desde 1983 funciona en las afueras de Múnich, en el castillo de Blutenburg, precioso pabellón de caza del siglo XV, transformado en una biblioteca única, con una colección de 630.000 libros infantiles de todo el mundo. En sus anaqueles se atesoran colecciones de libros infantiles antiguos y modernos que son verdaderas obras de arte y que inspiran a sus nuevos creadores. Muchos escritores acuden a sus salas a conocer las últimas tendencias de la literatura infantil universal y a recrearse en sus maravillosas ilustraciones. A su vez, esta biblioteca ha creado una distinción llamada White Ravens, que premia anualmente los libros infantiles de más alta calidad en todo el mundo. Este castillo de libros de cuentos ha recibido el reconocimiento de escritores como Erich Kästner, Michael Ende o James Krüss, y la visita de expertos, editores y autores internacionales que acuden a investigar en diversos temas asociados a la LIJ.
Como puede verse, las ideas de Jella Lepman a favor de la literatura infantil y juvenil para favorecer la paz y el entendimiento entre los pueblos están hoy más vigentes que nunca.

Publicado en RHUV Nº26