Saúl Schkolnik, cazador de cuentos

A los 88 años falleció el escritor Saúl Schkolnik (1929 – 2017), uno de los autores más destacados de la literatura infantil chilena.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Con pesar recibimos la noticia el 25 de octubre, pues fue nuestro amigo y compañero en la ruta de la literatura infantil a lo largo de muchos años. Saúl fue arquitecto, especialista en filosofía de las ciencias y un empedernido soñador. Se inició en la literatura infantil en 1965 con su libro Cuentos de por qué. Más tarde, a comienzos de los 70, dirigió la revista infantil “Cabrochico” en la mítica editorial Quimantú. A los 48 años comenzó a escribir su propia historia. Sería Un Cazador de cuentos. Con este libro, obtuvo el primer lugar en 1979 en el Concurso Latinoamericano de Literatura Infantil convocado por la UNESCO, en Colombia, y publicado en ese país en la editorial Voluntad. Este premio fue un gran impulso para dedicarse por completo a la creación literaria de libros infantiles. Uno de los primeros fue Cuentos para adolescentes románticos (1979) en el que combina ternura, poesía y toques de humor. En estos cuentos se preguntaba: “¿Por qué las lágrimas son transparentes?” Luego viene Erase una vez un hermoso planeta llamado tierra (1979).

Las editoriales Universitaria, Andrés Bello y Zig Zag acogen sus libros y lo difunden. Escribe libros de poesía, cuentos y novelas tanto en editoriales chilenas, extranjeras, como en la suya propia, Alicanto, con el deseo de publicar él mismo sus propios títulos en ediciones artesanales que imprimía en su casa de Ñuñoa donde algunas alumnas lo ayudaban a compaginar. Eran libros sencillos que se divulgaban en colegios y escuelas. Entre ellos sobresalen Había un vez y La espina del algarrobo inspirados en los cuentos orales recopilados en 1911 por Rodolfo Lenz.

En su libro Cuentos de Tío Juan, el Zorro Culpeo (1982) hace hablar a los animales del altiplano chileno: el quirquincho, el armadillo, la vizcacha, el ñandú y el flamenco de plumaje rosado pues siempre se interesó en la fauna y flora de Chile y Latinoamérica.

En 1984 publica Breve noticia de mi infancia, que narra la historia de la niña Fernanda Isabel de Sotomayor en Santiago en 1645 a través de un diario de vida imaginado. Luego viene Antai, la historia del príncipe de los Licanantai (1986) en cuyo prólogo señala que uno de los derechos fundamentales de cada niño es conocer las raíces de su propia nacionalidad.

Sus libros de cuentos tienen tres vertientes: una, de divulgación científica; otra de pura invención fantástica; y otra de recreación de mitos orales chilenos o latinoamericanos.

Saúl fue uno de los más activos escritores de libros para niños y jóvenes. Participó durante muchos años en IBBY Chile, siendo parte de su directiva. Fue un adelantado a su época. En una de las primeras reuniones a la que asistió, a principios de los 80, vaticinó que en el futuro íbamos a escribir en un computador, cosa que dejó perplejos a los escritores presentes que solo conocían la lapicera y la máquina de escribir. Quizás se trataba de un cuento de fantasía o ciencia ficción. Nunca se sabía si hablaba en serio o en broma pues tenía un particular sentido del humor.

Su obra muy extensa y variada con más de 120 libros publicados, lo situó entre los autores más representativos de la literatura infantil chilena de las últimas décadas. Le interesaban las ciencias, la filosofía, el medio ambiente, la historia y la divulgación de las culturas ancestrales. Era un humanista integral como hombre de su tiempo. Además de escribir, sabía contar muy bien las historias. Era un cuenta cuentos nato. Visitó colegios, dictó talleres y charlas, recopiló narraciones folclóricas e impartió clases de literatura infantil en las universidades. Tuvo muy buena relación con sus pares. Fue un impulsor del actual resurgimiento que en la actualidad tiene la literatura infantil en Chile y sin duda, un precursor en una época en que nadie hablaba de literatura infantil.

Obtuvo diversos reconocimientos por su labor. En 1995 mereció el Premio de Literatura Infantil del Consejo del Libro por El cazador de cuentos. En el 2006 IBBY Chile le concedió una medalla a la trayectoria por su labor de creación y difusión de la literatura infantil en Chile. Fue nominado al Premio Nacional de Literatura en el 2004 y 2006. Sus últimos libros fueron No me creas lo que te cuento (2013) y Cuentos para sonreír (2014).

Con su barba oscura y su hablar pausado, parecía un personaje bíblico. Fue una figura recurrente en las Ferias del Libro, contando cuentos y firmando sus libros a los niños con quienes le gustaba conversar. El público se le acercaba muy emocionado a saludarlo pues era muy cercano y afable. Fue un hombre amistoso y cordial que tuvo cinco hijos: Paula, Nora Lía, Mariana, Sergei Marcel y Demian Alei.

En los últimos años se retiró de Santiago para vivir en Rinconada de Silva junto a su esposa Marianne Müller, en una casa llena de libros y tesoros de sus viajes. Allí promovió la cultura, la literatura y los cuentos. Le gustaba estar rodeado de la naturaleza y vivir en comunión con el campo. Era un ecologista y un sabio. Hasta el final estuvo participando en coloquios y encuentros de la literatura infantil pues mantuvo siempre un espíritu optimista y vital.

Te extrañaremos, querido Saúl. Nos quedan tus cuentos y tus libros.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.