¿De qué hablamos cuando hablamos de Parra?

El pasado 23 de enero todo Chile se conmovió por la triste noticia de la muerte de Nicanor Parra. La prensa, conversaciones, redes sociales y calles se inundaron de imágenes y comentarios en torno al recién fallecido poeta. Todos quisimos compartir nuestro verso favorito o nuestro artefacto predilecto, todos quisimos ser por un segundo anti poetas.

Por Elisa Villanueva, Coordinadora de Proyectos Fundación Había Una Vez.

Esta efervescencia hizo que me preguntara, junto con mis compañeros de trabajo, qué es lo que hace que Parra impacte a tantas y tan diversas personas, partiendo de la premisa de que la poesía, por más de que se diga que Chile es país de poetas, nunca ha sido un interés tan popular ni algo que mueve masas.

Obtuvo el premio Nacional de Literatura, el Premio Juan Rulfo, el Reina Sofía, el Cervantes y el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Sus obras han sido reconocidas, estudiadas y divulgadas por el mundo entero, traducidas al inglés, francés, sueco, ruso, checo, finlandés, portugués, etc. No son sus premios ni sus reconocimientos, eso al final le importa a la academia, al mundo de las letras, unos pocos. Es su poesía: el lugar desde dónde se enuncia y cómo fragmenta y descoloca el lenguaje. Desde la Fuente de Soda, en la voz del compadre, en una banca de la Plaza de Armas contemplando jubilados, dentro de una camisa de once varas. En la quietud de una tarde casera, como muchos a veces pegados mirando la pared: “Antes que caiga la noche total / Estudiaremos las manchas en la pared:/ Unas parecen plantas/ Otras simulan animales mitológicos. / Hipogrifos, / dragones, / salamandras.”[i] En una fiesta, celebrando, en algún campo de por ahí: “A ver, señora, destape/ Un chuico del reservado/ Que todavía nos queda/ Voz para seguir brindando.”[ii] Cuestionando el sistema mientras camina por la calle: “En la ciudad no se puede vivir/ Sin tener un oficio conocido: / La policía hace cumplir la ley.”[iii]

Son esos lugares, reflexiones y maneras en los que muchos nos reconocemos y que, de alguna manera, nos invita a seguir habitando, ya sea desde la empatía, nuestros recuerdos o la ilusión. Con Nicanor Parra muchos descubrimos que podíamos leer poesía, y algunos incluso se alentaron a escribirla. Un terreno tan árido y desconocido para tantos se vuelve propio, porque Parra emerge de la sabiduría y música de nuestra tradición campesina, de la voluptuosidad de una buena fiesta, de la subversión ante el mundo y sus sistemas. Lugares y momentos en los que muchos hemos estado.

Un poeta conectado. Su obra evoluciona, transita en diferentes estilos y lugares sin perder su esencia y siempre de la mano con los cambios históricos. Quizás esta virtud hizo que llevara sus 103 años tan bien hasta el final, nunca dejó de dialogar con la realidad. Su obra Ilumina zonas de lo real, lo concreto que todos, si no vemos, tocamos, saboreamos, olemos o percibimos.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Parra? Desde nuestro rol de promotores de la lectura por placer, se nos hace natural colgarnos del espíritu de su obra. Al reflexionar sobre su poesía revalidamos nuestra misión y reafirmamos lo trascendental que puede ser una lectura que invite a las personas, en la que podemos reconocernos y entrar con facilidad. Como los versos de Don Nicanor, una fiesta a la que todos podemos ir a bailar: “Yo no permito que nadie me diga/ Que no comprenden los antipoemas/ Todos deben reír a carcajadas.”[iv]

Referencias:                                       

Parra, N. Méndez, A. (Editor). Obra gruesa. Ediciones Universidad Diego Portales, 2012.

[i] Manchas en la pared, Otros poemas, Obra gruesa, p. 245

[ii] Brindis a lo humano y lo divino, La cueca larga, Obra Gruesa, p. 77-78

[iii] Mendigo, Canciones Rusas, Obra gruesa, p.153.

[iv] Advertencia, Versos de Salón, Obra gruesa, p.95