Rapa Nui, la editorial amiga de los niños

Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero las palabras impresas quedan.

Por Manuel Peña Muñoz y Claudio Aguilera

Y a través de aquellos libros que escapan al tiempo y llegan a nosotros por misteriosos caminos es posible reconstruir la historia de esos hombres y mujeres que se dedicaron a capturar palabras y ponerlas en letras de molde para que sigan vivas cuando ellos ya no estén.
La historia, por ejemplo, del escritor chileno Hernán del Solar (1901-1985) y el editor catalán Francesc Trabal (1898-1957), quienes decidieron unir esfuerzos para realizar una proeza que parecía imposible: fundar en Chile una editorial de excelencia para niños.
Así nació en 1946 Editorial Rapa-Nui, cuya misión era “crear una tradición en ediciones infantiles” con “escritores del país, de dibujantes del país, de papel nacional y de imprentas chilenas”.
No fue una tarea fácil. Gracias a la experiencia editorial que había adquirido Trabal en Barcelona y al empeño creativo de Del Solar, el sello logró dar un enorme impulso a la literatura infantil y a la ilustración chilena. A falta de escritores nacionales, Del Solar ideó decenas de historias bajo seudónimos tan improbables como Peter Kim, Gastón Colina, Oliverio Baker, Abelardo Troy, Ricardo Chevalier, Clovis Kerr, Bat Palmer, Juan Camerón, Walter Grandson y Aldo Blu, entre otros.
“Desde que hemos lanzado los primero libros Rapa-Nui, no tratamos otra cosa: aplicar todo nuestro esfuerzo para ir mejorando. Es muy difícil crear una tradición en ediciones infantiles. Pocos países lo han logrado. En la mayor parte no hacen sino repetir, adaptar, traducir…”, escribió Trabal en 1950.
El resultado fueron cerca de sesenta títulos que destacaron por la calidad de su factura y diseño, e historias entretenidas y dinámicas dotadas de una gran carga alegórica y poética, en las que se transmite un deseo de evasión y un trasfondo de tierna humanidad.
Inspiradas en la novela clásica policial inglesa, con toques de sorpresa y humor, los libros de Hernán del Solar, en particular, dan cuenta de un profundo conocimiento de la psicología de los niños y se dirigen a su inteligencia e imaginación. Gracias a su perfecto dominio de la técnica novelesca, supo mantener el interés de los lectores. Prueba de ello es que aún hoy se siguen reeditando sus títulos más representativos, como La Porota, Mac, El microbio desconocido y Cuando el viento desapareció.
La atenta mirada de la dupla editorial permitió además incorporar al catálogo de Rapa-Nui obras esenciales de la literatura infantil gracias a un concurso realizado en 1947, el que tuvo como ganador del Premio Rapa Nui a Joaquín Gutiérrez con Cocorí. El Premio de Honor fue nada menos que para Papelucho, de Marcela Paz, y la Mención de Honor recayó en Isidora Aguirre, autora de Wai-Kii.
Uno de los grandes aportes de editorial Rapa-Nui fueron sus ilustradores. Provenientes de diversos ámbitos, supieron dar a cada título una dosis de humor absurdo y modernidad poco habitual en los libros para niños de la época. A las firmas de Mario Silva Ossa y Elena Poirier, nombres emblemáticos de la revista El Peneca y las ediciones de Zig-Zag, se sumaron los hermanos Aníbal y Lautaro Alvial, grabadores y experimentados ilustradores de la revista El Cabrito, y el historietista Jorge Christie, autor de la primera tira cómica diaria chilena.
La editorial acogió también a jóvenes creadores como Yola Huneeus, hermana de Marcela Paz, y a una serie de artistas que se vieron obligados a emigrar desde Europa, como los catalanes Darío Carmona y Roser Bru, la escenógrafa y bailarina austríaca Hedi Krasa y los dibujantes italianos Paolo, Vittorio y Claudio Di Girolamo, y Nino, seudónimo de Giovanni Corradini, quienes enriquecieron la escena nacional con una novedosa visión gráfica y plástica.
Al cumplirse sesenta años de la muerte de Trabal y setenta del nacimiento de este importante sello, releer los libros de Rapa-Nui es una manera de reencontrarnos con nuestra historia y rendir un merecido homenaje a aquellos pioneros que construyeron las bases de la literatura y la ilustración infantil chilena.
Y sin duda, no hay mejor homenaje para Hernán del Solar y para Francesc Trabal que desempolvar la memoria de su obra y ayudar a que las nuevas generaciones de niños chilenos, aquellos a los que tantos desvelos dedicaron, vuelvan a reencantarse con las historias e imágenes que nos legaron. Tal como escribió el autor en las primeras líneas de Cuando el viento desapareció: “Ahora los tiempos han cambiado y ya no suceden cosas tan extraordinarias. Pero hubo épocas en que todo era posible. Si deseamos convencernos, abramos algunos viejos libros y leamos las historias que nos cuentan”.

Publicado en RHUV Nº26