Monky

 


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Por Pablo Álvarez, editor en Ekaré Sur


Monky
Autor: Dieter Schubert
Lectura en pañalesEkaré | 2016

¿Qué nos motiva a la aventura, la exploración, el viaje? Un deseo, una instrucción, un castigo, tal vez. Pero, en otras oportunidades, tan sólo un infortunio. Monky es el relato visual de ese infortunio.
Durante el frío invierno, un niño, su madre y su mono de peluche aprovechan de salir a dar un paseo en bicicleta hacia el bosque. Ante la amenaza de lluvia, la madre decide volver con el niño, pero sin Monky, que en un momento de descuido cae de las faldas del niño. Una vez en la casa el niño nota la ausencia y, desconsolado, regresa al bosque en busca de su amigo, pero Monky ya no está: ahora se encuentra seguro dentro de la madriguera de unas ratas.
La anécdota es sencilla, la forma es compleja. Y es ahí donde radica la fortaleza de un libro que ya puede ser entendido como un clásico contemporáneo. Ediciones Ekaré recuperó este libro de los años 80, y evidenció con esto dos cosas: la vigencia de los relatos silentes, por un lado, y el retorno al origen, por otro. La historia en sí es un retorno. La construcción de este relato tiene los recursos de un libro de aventuras, donde el héroe debe superar una serie de obstáculos y dificultades para regresar al hogar.
A nivel narrativo, el libro es una cátedra, o una especie de manual de cómo contar una historia solamente con imágenes. La interacción entre la página completa y las viñetas que cuentan una secuencia narrativa, la utilización del espacio y los elementos dentro de él, el ritmo de las viñetas que arman un sentido completo y profundo.
Monky dialoga con una larga tradición de relatos, y lo hace a partir tan sólo de imágenes. La recuperación de este libro guarda una directa relación con sus contenidos: el retorno, la reutilización, el oficio de revivir o dotar de una aparente animación a lo inanimado. La recuperación, en definitiva, de la narración justa, del arte de contar.
En un tiempo donde lo épico y heroico está en desuso, y las gestas se liban en los conflictos débiles del yo contemporáneo, Monky aparece como un refresco vintage, un bálsamo narrativo, una clase de cómo contar una historia para niños sin necesidad de abusar de los contenidos.