Gloria Fuertes, la amiga de los niños

En el centenario de su nacimiento, recordamos a la española que escribió poesía para ellos, con su particular musicalidad y su tono cercano.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Hace cien años, nació la escritora española Gloria Fuertes (1917-1998), en un ambiente muy humilde, del ajetreado barrio madrileño de Lavapiés. A los cinco años ya escribía cuentos y dibujaba; su familia no la ayudó en el camino de las letras pero estaba convencida de que “si vales de verdad y quieres una cosa con todas tus ganas, sales adelante seguro”. Muy joven empezó a publicar sus poemas en revistas infantiles, y a leerlos en programas radiales. Luego, trabajó como redactora de la revista Maravillas donde publicaba cuentos e historietas. En la España de la post guerra, escribió un libro de Canciones para niños y Pirulí, Versos para párvulos, además de crear una pequeña biblioteca infantil ambulante que recorría los pueblos pues su interés era difundir los libros infantiles y que la poesía llegara todos los rincones españoles.
Gloria se autodefinía “la amiga de los niños” y como tal, escribió para ellos cuentos, obras de teatro, poesías, canciones, adivinanzas y acertijos. Su rostro fue muy conocido por la generación de niños y jóvenes de los años 70 por aparecer en programas de Televisión Española como “Un globo, dos globos, tres globos” cuya canción inicial fue compuesta por ella. Quienes fueron niños en esa época no podrían olvidarla.
Intuitiva, transgresora, disparatada, auténtica, fiel a sí misma; siempre de pantalones, con sus llamativas cortabas y sus frases punzantes a flor de piel. Se impuso en la España franquista con una forma de ser poco convencional: fumaba, bebía y andaba en moto. Escribía pensamientos y palabras en papelitos y servilletas. Decía lo que pensaba sin rodeos. Su humor era agudo y captaba a las personas a la primera mirada. Supo ganarse a grandes y chicos con su forma de hablar desenfadada, un tono conversacional muy castizo y de voz ronca pero a la vez dulce.

Le gustaba disfrazarse, jugar y sorprender al interlocutor. Evitaba a los niños que se le acercaban a pedirle autógrafos porque cuidaba su intimidad. Prefería comunicarse con ellos a través de sus canciones y poesías. Sabía que “un niño con un libro de poesías en sus manos nunca tendrá un arma entre ellas” y también que “los niños que leen poesía se aficionan a la belleza del lenguaje y seguirán leyendo poesía toda su vida”. “El mejor regalo para un niño es un cuento” solía decir.
Fue una defensora de la paz, enemiga acérrima de la violencia. Su poesía es anti autoritaria y llama a la comprensión de los seres humanos, borrando las diferencias. Combatió las discriminaciones de toda clase. Denunció la depredación de la naturaleza y el medio ambiente. Amó a los animales y a las plantas. Defendió la igualdad de género en una época en que la mujer estaba confinada al espacio doméstico y no estaba bien visto dedicarse profesionalmente a las letras, mucho menos a escribir poesía infantil. Tocó temas duros en su poesía para adultos como las injusticias sociales, la muerte y la soledad. Compartió en bares y tertulias con los poetas de la Generación del 50, como Miguel Celaya, Blas de Otero, José Hierro y Carlos Bousoño.
Su obra poética está llena de referencias autobiográficas porque se inspiró en sus propias experiencias, a menudo dolorosas. Cuando habla de sí misma, muchas veces de pequeños asuntos, da la sensación de que pone palabras a nuestros propios sentimientos.
Al morir a los 80 años, víctima de una enfermedad pulmonar, los niños de la Ciudad de los Muchachos de Madrid leyeron sus poemas y depositaron claveles rojos y blancos en su tumba. Fue irónica hasta para escribir su propio epitafio: “Ya no toso”.
Hoy, en el centenario de su nacimiento, se han sucedido en España homenajes, exposiciones y reediciones de sus libros para reivindicar su obra. Su poesía infantil, rica y lúdica, perdura por su musicalidad y un tono oral muy cercano a los niños. Antes de morir, aconsejó siempre la bondad y el talento a la hora de ponerse a escribir. Y esa fue siempre su regla de oro.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.