Ellen Duthie: Más Preguntas que Respuestas

La Filosofía Visual para Niños que desarrolla esta filósofa inglesa explora temas controversiales como la crueldad a través de imágenes y una serie de preguntas. Wonder Ponder es su proyecto, que comprende una serie de libros en los que literatura y filosofía se relacionan. En ellos, plantea preguntas y encamina a los niños a disfrutar de éstas.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

¿De dónde nace la idea de trabajar con filosofía visual? Y en especial para niños…
Soy filósofa de formación y siempre me ha interesado y apasionado la Literatura Infantil y Juvenil. Por lo que no fue casual que quisiera unir estos dos mundos.
El proyecto, concretamente, surgió en un aula, con niños de cuatro años, con los que me reunía cada dos semanas, durante tres años, y tratábamos distintos temas de todo tipo. Hablábamos de qué tendría una receta de la felicidad, por ejemplo. Normalmente, les llevaba ilustraciones, para estimular el diálogo en una dirección determinada, o en torno a un tema determinado. Intentaba llevar álbumes que despertaran un conjunto de preguntas en torno al tema que me interesaba.
Llevábamos bastante tiempo así, y tratábamos temas morales, éticos…
Por lo general, llevaba un ramillete de estímulos, pero siempre centrado en torno a un álbum, como El Carnaval de los Animales de Marianne Dubuc.
Una vez llevé un vasito, para que vieran cómo la pajita parecía que estuviera cortada, hicimos experimentos, etc.

Después, se juntaron dos cosas. Una, que me apetecía mucho tratar con ellos tema de la crueldad o de la maldad, que es un tema que en un principio puede parecer escabroso para tratar con un niño de cuatro años; pero por otro lado, pienso que éste es el momento justo en el que ellos se están tratando de hacer una idea de qué se espera de ellos, de qué pueden ellos esperar de otras personas, hasta qué límites pueden llegar ellos y hasta qué límite pueden llegar otros con ellos y están tratando de situarse frente a la maldad o la crueldad. Reciben muchas órdenes contradictorias de parte de los adultos, les dicen que una cosa es buena, que otra es mala, luego otro adulto hace exactamente lo que le dijeron que no había que hacer, y así.

En este contexto, ¿habías encontrado referencias de algún libro que tratara el tema?
Me apetecía tratar la crueldad pero no encontraba ni un solo álbum que me pareciera que diera para explorar los distintos matices, casos, y grados de la crueldad; las distintas circunstancias que pueden resultar agravantes, o aminorantes.
Entonces iba apuntando una lista de situaciones, breves, todo esto pensando en mi libro. Una persona matando un bicho, por ejemplo.

Hay un porcentaje de escenas en Mundo Cruel que tienen que ver con animales, ¿qué te llamó la atención para trabajar con esto?
De hecho seis de las catorce imágenes tienen que ver con animales. El resto no.
Es verdad que uno de los campos en el que los humanos nos lucimos, en cuanto a la crueldad, tiene que ver con respecto a nuestro trato con los animales. Me parecía interesante tratar la diferencia con lo que consideramos como diferentes niveles de inteligencia. Y que un nivel de inteligencia menor, en un animal, por ejemplo, nos da una serie de derechos sobre ellos. Quise analizarlo desde ese punto de vista.

¿Qué siguió después?
Se lo comenté a Daniela Martagón, la ilustradora. La conocía y sabía que le iba a apetecer el reto: mostrar escenas de crueldad, sin asustar y sin endulcorar. Escenas que realmente llamaran la atención de los niños. Imágenes que les chocaran porque no suelen ver escenas de este tipo. Si miramos los libros infantiles, la mayoría da ejemplos, no da “malos” ejemplos. Hay una tendencia a evitar mostrar las cosas que no se deben hacer. Excepto quizás, a pequeñas travesuras y cosas así, pero no algo que consideraríamos cruel.
Daniela aceptó el reto, hizo todas las escenas en una noche y yo las vi al día siguiente.

¿Probaste el resultado con los mismos niños?
Si, inmediatamente, y engancharon, sin yo tener que decir nada. Empezaban observando, y diciendo: mira, una niña, matando una hormiga,… ¿porqué con un lápiz? No, no la está matando, la está pintando. No, no la está pintando, la está atravesando… y así discutían. Ellos solos comenzaron a hacer preguntas, ¿qué le habrá hecho la hormiga antes? ¿La van a castigar?
Y luego también comenzaron a hacer juicios: Eso está mal… pues mi madre mató a un hormiguero entero el otro día …
Este diálogo no requirió mediación. Y luego intervine para organizar y ordenar un poco la discusión, pero me pareció que no había tenido experiencia similar con otros estímulos. Habíamos dado con algo que merecía la pena explorar, investigar y desarrollar.

¿En tus libros qué toma más importancia, el texto, la imagen o la mediación?
En un principio era sólo la imagen, sin textos. O uno muy pequeño a pie de página o que uno de los personajes estuviera hablando, para anclarlo a una idea, pero no tenía preguntas. Después, hablando con docentes me comentaron que les costaba mucho formular las preguntas a los niños, a partir de las imágenes. Pensamos en esta forma de incluir preguntas, sin que fuera una lista que tuvieras que leer de principio a fin. Por eso están en distintas direcciones, para que sea un poco más juguetón, y que puedas elegir en qué dirección quieres dirigir las preguntas.

Ahondemos en esto de poner la atención a las preguntas…
Creo que, en general, ponemos muy poca atención a las preguntas. No sólo las que hacemos a los niños, sino que las que nos hacemos a nosotros mismos también. No nos centramos en la calidad de la pregunta y porqué la estamos haciendo.
Se puede ver esto, en el mercado de los libros de Autoayuda. Muchas veces responden a una preguntan, pero no se cuestiona previamente si esa pregunta te interpela o no; es como si te entregasen una respuesta y listo. No reflexionamos si esa pregunta me dice algo a mi o no.
Con los niños esto se exacerba. Creo que hay un miedo a la pregunta, en varios sentidos. Uno es qué respuesta va a salir de ahí, si voy a poder controlarla, otra es el desafío de, simplemente, quedarnos en la pregunta un rato. Corremos siempre a la respuesta. Creo que el escuchar preguntas, y leerlas, y quedarse simplemente en ese aspecto es un ejercicio bonito, y literario. Es lo que hace realmente la literatura, genera preguntas que no contesta, y esto tiene mucho que ver con el gusto de la lectura. ¿Por qué nos gusta leer? Es porque un buen libro nos genera muchas preguntas y somos capaces de disfrutarlas, es una de las pocas veces que nos preguntamos algo y no corremos a contestar, sino que disfrutamos la pregunta.

En este tipo de libros, ¿es necesaria la mediación?
Creo que no. De hecho, nuestra intención al realizarlo es que no. Hemos hecho un esfuerzo muy grande porque nada de lo que se hable en el libro vaya dirigido al mediador, sino que todo vaya dirigido al niño. Creo que son libros que se pueden leer y disfrutar a solas. Dejarse inundar por las preguntas, o intentar contestarlas también mientras las estás leyendo. También es verdad que si te enganchas leyéndolo a solas, es más probable que vayas y lo compartas, porque son preguntas que remueven y que te apetece preguntar a otros.

¿Comienzas a trabajar a partir de una pregunta? ¿De una imagen? ¿Cómo se genera esta idea o escena que tu retratas?
El proceso de trabajo es el siguiente, con variaciones: pensamos en un tema que nos apetece abordar, vamos a coger por ejemplo Mundo Cruel.
Primero, yo lo que hago es sentarme y pensar en todo lo interesante y todo lo que se tenga que tener en cuenta cuando se piensa en la crueldad. Luego se genera un mapa temático conceptual, a partir de ahí me siento y hago muchísimas preguntas. Hago preguntas para cada concepto, pensando como niño, pero tratando siempre de formular la pregunta de manera que le interese a todos. Es decir, pienso en la pregunta cómo se la haría a un niño, o cómo le atraería a un niño, pero la vinculo para que al adulto también le diga algo.
Luego pensamos posibles escenas concretas que sirvan de disparador para una pregunta en concreto, o para un grupo de preguntas. Y hacemos pruebas, y vamos probando, muchísimas las desechamos, no funcionan, las probamos entre nosotras también. Luego vamos a talleres y las probamos con niños, de distintas edades, con adultos también; desechamos de nuevo. Hasta que al final decimos vale, estamos contentas con las escenas que se quedaron en el libro.

¿Cuál es la principal diferencia que ves entre las preguntas, o el análisis que realiza un niño con respecto a esta filosofía visual, a un adulto?
En cierto sentido, en especial el análisis, es sorprendentemente similar. Mucho más similar de lo que uno pensaría de antemano.
En las preguntas sí creo que hay diferencia. La formulación de las preguntas a los adultos les cuesta mucho; les cuesta pensar en preguntas que les vengan bien a ellos y están pensando en preguntas que les vendrían bien a los niños. El reto nuestro cuando trabajamos con adultos es ese: Deja de pensar en el niño, ¡piensa en ti! ¿Qué te da curiosidad a ti?.
Hacemos muchas veces trabajos con docentes, les proponemos hacer su propia caja de preguntas, desde cero. Un tema con el que trabajamos una vez fue el sentido de la vida. Hacemos todos juntos un mapa conceptual y cada uno tiene que ir aportando. Lo pasan fatal. Pero luego llega un minuto en que se desbloquean y les da mucho gusto porque pueden llegar a explorar el tema de verdad.
Los niños en cambio son menos rígidos. Pero hay que romper muchas barreras porque hay muchos vicios que se van adquiriendo en la escuela, con respecto a la pregunta. Cuando haces una pregunta normalmente no se “recoge”. No hay suficiente tiempo, no interesa, porque supuestamente no viene al caso. Tenemos que trabajar el interés hacia ellos cuando hacen una pregunta.

¿Crees que tus imágenes podrían usarse para trabajar con niños en una psicoterapia?
Nunca pensamos en eso, pero la verdad es que desde que lanzamos los libros, muchísimos psicólogos nos han contactado. Principalmente porque dicen que funciona muy bien para simplemente hacer hablar a los niños, para soltarles. Y como material de proyección también.

¿Crees que es más fácil abordar el tema de la lectura en los niños a través de libros como los tuyos que son más visuales que textuales? ¿Cómo ves que se comportan los niños con los que tu trabajas hoy con respecto a la lectura?
Nuestros libros tienen una ventaja, esa “entrada visual” porque permite un enganche más inmediato. Por ejemplo, yo utilizaba álbumes con los niños pequeños porque tienen la ventaja de que son cortitos y también tienen una complejidad interesante de explorar; un diálogo entre el texto y la imagen, pero aun así tardan entre tres a diez minutos leyendo el álbum. La filosofía visual para niños es muchísimo más inmediata, en el sentido de que miras la imagen como un posible instante de un posible cuento, que es también lo que buscamos. Que algo que esté pasando, que haya una acción, personajes, un posible antes y un posible después; un preguntarte por la motivación, por cuáles serán las consecuencias. Y eso, que posiblemente es un estímulo literario que te da un instante de una posible historia, entra de una forma muy rápida y permite enganchar y llevar al diálogo de la reflexión muy rápido, más rápido que un texto.
También es verdad que si trabajas con el mismo material las respuestas serán buenas. Es una cuestión de hábito. Con el proyecto yo quiero que, de vez en cuando, nos paremos a pensar, y que sea un hábito. Que nos detengamos a pensar durante media hora, una hora…

¿Lo que estás buscando es que la gente se cuestione?
Sí.

¿Qué estás buscando poner sobre la mesa al trabajar estos temas, como crueldad y libertad, que pueden ser tan controversiales? Sobre todo si se piensa que estás trabajando con niños, y que puede ser difícil tratar estos temas con ellos.
Por un lado, el foco en estos temas es una declaración de honestidad. Es decir, vamos a hablar de esto, y vamos a hablar de esto de verdad. Los niños están muy acostumbrados a recibir lecciones en cuanto a valores, de una determinada manera, con una corrección política espantosa.
La crueldad, por ejemplo, es un tema que nos inquieta, y que nos cuesta comprender de verdad, por eso es interesante. Si hacemos un libro sobre la bondad, la definición de ésta no será tan compleja, no nos cuesta entenderla.
Una forma de hacer despertar, cuando queremos llamar a reflexionar es provocando. No provocamos gratuitamente. Jugamos al borde, vamos probando y viendo.
La escena de los esclavos, por ejemplo, es la escena que a todo el mundo se le queda grabada, que le encanta a todo el mundo, quienes la ven eligen a cuál se llevarían a casa. Inmediatamente, cuando tú te metes en ese juego de elegir, permites que la reflexión posterior te toque mucho más.

¿Las imágenes provocan empatía en los lectores?
Te permite pensar en cosas horribles y decir: tranquilo, todos pensamos en eso.
Los niños no se abisman, les pasa todo lo contrario.

¿Qué futuros proyectos se vienen?
Bueno, en España ya se publicó Yo Persona que es una exploración de qué somos y quién somos, un poco a partir de comparaciones entre personas y robots.
Tenemos tres títulos más proyectados. El siguiente es sobre la realidad, imaginación y sueño y luego, el quinto será sobre la posibilidad, y el sexto será sobre el sentido de la vida, y se llamará Pero, ¿para qué?.
Estamos desarrollando también una línea para niños muy pequeñitos, sin texto ninguno, que juegan con variaciones de una misma escena.