¿Qué pasa en la Feria de Bolonia?

Uno de los principales encuentros de Literatura Infantil y Juvenil del mundo se llevó a cabo en medio de la primavera italiana. A Bolonia llegaron miles de personas para comprar y vender derechos de libros, mostrar sus ilustraciones o simplemente enterarse de qué es lo que está pasando en el mundo de los libros infantiles; un mundo que toma, cada día, más fuerza. Chile no se queda atrás.


Fotografías por Pablo Álvarez

Cuando pensamos en la Feria de Bolonia no podemos evitar imaginar un lugar enorme repleto de amantes de los libros, ilustraciones, lo mágico y lo onírico. Cientos de stands y filas interminables de ilustradores con sus portafolios esperando ser captados por un agente editorial que enganche con su trabajo.
Con el paso del tiempo, esta imagen ha dejado de ser una simple fantasía y hemos sido testigos de cómo nuestro país se ha acercado cada vez más a este evento, que reúne lo más selecto del mundo de la Literatura Infantil y Juvenil.

Chile en la feria
Desde hace ya bastantes años que el mundo del libro en Chile está cambiando. Últimamente, apoyado también, por la Política Nacional de la Lectura y el Libro, que ha traído consigo una serie de medidas en torno a la lectura y su promoción. La participación de Chile en la Feria de Bolonia, es una muestra de esto. Por tercer año consecutivo, nuestro país contó con un stand propio. En esta última edición, éste aumentó en metros cuadrados, y en contenido editorial. Todo gracias a la gestión conjunta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, a través del Consejo Nacional del Libro y Pro Chile, además de los gremios de editores y representantes de los autores e ilustradores nacionales
Los principales cambios en la participación de Chile en los últimos tres años han sido las fuentes de financiamiento disponibles y la coordinación con los interesados, y sus agendas de actividades. Esto según Paula Larraín, Secretaria Ejecutiva del Consejo del Libro, quien ha liderado la comitiva chilena y ha sido parte de este proceso de evolución. “Este año nuestra mayor sorpresa fue el tamaño de la delegación de Chile en la feria. Contamos con casi 50 asistentes, entre editores, agentes, libreros e ilustradores. Desde el Consejo del Libro se realizó una apuesta por fomentar la participación en esta feria, pues es la principal vitrina para este sector a nivel mundial”. Tomando esto en cuenta, el aumento de integrantes de la comitiva refleja el creciente interés en la LIJ y su desarrollo en nuestro país y en el mundo.
El interés ha crecido también de parte de editoriales como Amanuta, que en oportunidades anteriores había ido a Bolonia independientemente y este año, por primera vez, decidió formar parte del stand de Chile. “Nos interesaba hacer país. Además que estando ahí, uno potencia las actividades y la exportación del libro chileno, y así finalmente todos salimos beneficiados”. Esto según Ana María Pavez, una de las socias de la editorial que va a Bolonia por sexto año consecutivo y ha sido testigo de las transformaciones que ha sufrido la feria. El principal cambio se ha visto reflejado en el foco de la feria, que hace algunos años era en la ilustración. Hoy, asegura Ana María, el quehacer principal de Bolonia es la compra y venta de derechos, y el mayor tiempo de trabajo es destinado a este propósito. “Es mucho más fácil comprar que vender derechos, por lo tanto, la idea es que tú lleves a la gente a tu stand”. Por esto, es fundamental trabajar en la implementación de un stand con altas normas de calidad, en el que se puedan llevar a cabo las negociaciones de la manera más expedita posible. El Consejo del Libro se ha preocupado de esto y Chile pasó de compartir el espacio con otros países de América Latina en 2015, hasta el stand propio de 32m2 de este año, compuesto por paneles en los que se exhibieron los trabajos de las editoriales participantes y mesas para que éstas pudieran llevar a cabo sus reuniones y cerrar tratos, o al menos verse las caras antes de cerrar negocios.

“Desde el Consejo del Libro se realizó una apuesta por fomentar la participación en esta feria, pues es la principal vitrina para este sector a nivel mundial”

Panorama Actual
Si bien la mayoría de la comitiva que viajó a la feria coincide en que es un espacio de negocios, el hecho de acercarse y ver qué es lo que se está haciendo en otras partes es siempre provechoso. La experiencia de la editorial Amanuta les ha demostrado que hay ciertos temas que en Chile se venden muy bien, pero que sin embargo en Bolonia no encuentran un espacio. “Hacemos un catálogo especial para fuera del país” dice Ana María. Por eso es importante equilibrar el catálogo, “un libro con temática chilena lo vendemos bien acá, pero no le va bien afuera. Lo mismo pasa con los temas americanos. No les va bien, no en Bolonia al menos”. Por el contrario, los temas universales son siempre llamativos en este encuentro. Como cuenta Ana María, los cuentos clásicos se venden muy bien afuera. De hecho, la adaptación de cuentos clásicos como La Caperucita Roja escritos por Gabriela Mistral que desarrollaron en Amanuta ha tenido éxito cuando ha salido afuera. No pasa lo mismo si lanzan un libro de poemas, independiente de que sean escritos por un Nobel. “Es bueno ir y ver lo que los demás están haciendo, para al menos saber qué es lo que ya no debes hacer, porque en esta industria no puedes copiar”. En esa línea, muchos destacan el trabajo que están realizando los polacos con su desarrollo de las ideas y del diseño, además de la tipografía y que pudo apreciarse en Bolonia.
El objetivo principal del Consejo de Libro en la feria fue la internacionalización de la industria editorial, fuese esto a través de la coordinación de actividades o a través de fondos que permitieran la participación en instancias internacionales. En el caso de Bolonia estaba el interés de establecer la presencia de Chile como un referente en América Latina. Si bien, este es un objetivo a largo plazo, la meta se ve próspera, “este año hemos sido una de las participaciones más destacadas de la región por el rápido crecimiento y la diversidad tanto de ilustradores como de propuestas editoriales”. Ana María Pavez coincide con esto, destacando que hoy hay preocupación porque el libro chileno salga al extranjero y porque ilustradores y escritores nacionales se den a conocer afuera.
Y si Bolonia es una instancia pensada para profesionales del libro, deben ser ellos quienes distingan las nuevas propuestas, las más atractivas e interesantes. Paula Larraín destaca el interés generalizado que se ha visto en nuestros ilustradores, y también en quienes esperan mostrar su material en esta parte del mundo. Para el futuro, y considerando el éxito de esta participación y el gran interés demostrado por el sector, el trabajo irá enfocado en continuar creciendo, tanto en la presencia de la delegación como en la cantidad de actividades donde pueda promoverse a la ilustración y la industria editorial chilena.

Los premiados
El interés en nuestro país se vio reforzado con las menciones honrosas y los premios obtenidos. Sara Bertrán, escritora premiada por su libro La Mujer de la Guarda fue por primera vez a la feria y rescata el valor de estar ahí, poder reunirse con editores y formar una red de contactos, “estas ferias sirven para darse a conocer, que no está mal. Vender un libro es sumamente difícil. Fue muy bueno para mi carrera ir a Bolonia, los proyectos que estaban caminando los concreté en Bolonia los cerré y puse fechas”.
El premio New Horizons lo recibió en conjunto con la ilustradora también chilena, Alejandra Acosta. La emoción de Sara fue máxima cuando la presidenta del jurado le dio las gracias por el relato, “es más normal en concursos como este premiar un libro álbum. En general es más fácil que gane un libro lindo, más que uno con mucho texto. Quedé feliz porque significó una retribución a mi trabajo”.
Llama la atención que La Mujer de la Guarda, de la editorial colombiana Babel en manos de María Osorio, quién además ganó el destacado premio BOP (Bolonia Prize) como la mejor editorial del año de libros para niños en Sur y Centroamérica, trate temas como la muerte y el abandono, que pueden pensarse como tristes considerando que estamos hablando de literatura infantil. Lo mismo pasa con otro de los premiados El Camino de Marwán, de editorial Amanuta, en el que se aborda el tema de los refugiados. Pensamos que la literatura infantil quiere encantar a través de sensaciones positivas, fantasías y colores, pero al ver las temáticas que hoy se están tratando nos damos cuenta de que no se pueden dejar de lado las emociones negativas. Así lo demuestran, al menos, estos reconocimientos a libros chilenos, ambos premiados en la categoría New Horizons. Los niños también vivencian a la soledad, la frustración y el dolor; y la literatura infantil tiene una historia haciéndose cargo de esto; desde los cuentos de Andersen, cargados de dolor y sufrimiento, hasta las temáticas negativas de hoy como la violencia, discriminación y tantas otras.

“Pensamos que la literatura infantil quiere encantar a través de sensaciones positivas, fantasías y colores, pero al ver las temáticas que hoy se están tratando nos damos cuenta de que no se pueden dejar de lado las emociones negativas”

Las letras de María José Ferrada no se quedaron atrás en este encuentro y obtuvo una mención honrosa en la categoría Ficción por Un jardín, de editorial A Buen Paso. Un libro audaz por su formato haiku.
La sensación que queda después de Bolonia es que estamos dando los pasos correctos.