Diego Arboleda y Eugenia Ábalos: Una Aventura Formidable

Las palabras, dibujos y risas dan forma al trabajo de este matrimonio chispeante, dedicado a la realización de libros infantiles. Él, uniendo palabras y dándoles un sentido, y ella, interpretándolas a través de sus ilustraciones. En todo este proceso, y sobre todo en el resultado, el humor es la clave.

Por Catalina González Pendola, editoria de RHUV

Para entender al escritor Diego Arboleda y su mujer, la ilustradora Eugenia Ábalos, no hacen falta más de cinco minutos. Ambos parecen tímidos, cautos, menudos. Al mismo tiempo chispeantes, despiertos, divertidos, hasta infantiles. De hecho, podrían ser perfectamente los personajes imperfectos de cualquiera de sus libros, cuya realización definen como una aventura formidable y en donde el humor es el elemento que acompaña de principio a fin.
Han ganado premios por libros realizados en conjunto, y Diego se ha hecho más conocido por su obra Prohibido Leer a Lewis Carrol, con la que ganó el 2012 el premio Lazarillo de Creación Literaria, y dos años después el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil español.
Más que un escritor, Diego se considera un Junta-Palabras, definición inventada por él y que refleja lo que le gusta hacer. Ella, intérprete gráfica de textos, más que ilustradora. Ambos coinciden en que en un libro es clave seducir al lector y hacerlo cómplice, en eso trabajan.

“Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.”

Cuéntenme sobre sus certezas al momento de trabajar en un libro.
Diego (D): No creo en las certezas absolutas, pero sí hay cosas en el trabajo que se repiten y que dan pistas. Una de ellas es que el éxito de un libro no está tanto en los autores, que éstos deben completarse con los lectores, ellos hacen gran parte del trabajo. Por eso, desde hace tiempo, que pienso en los autores cuando escribo. Me siento muy lejano de tener el conocimiento exacto de las cosas, y ahí creo que está la clave. Al fin y al cabo, ellos harán la mitad del trabajo.
Eugenia (E): Me defino más como intérprete que como ilustradora. Como dice Diego, me preocupa mucho el lector al que me dirijo, lo tengo en cuenta. Trabajo atendiendo lo que él quiere, más que lo que yo pienso libremente podría crear. Mi objetivo principal es que la ilustración calce bien con el texto, y que llegue lo mejor posible como un todo al lector.

¿Cómo es el lector al que se dirigen?
(D): : Es múltiple, no podría encasillarlo en un rango de edad, de hecho es uno de los problemas de mis libros. Los lectores sólo tienen que poder disfrutar la historia y luego enriquecer el texto. Cuando hago encuentros en colegios me topo con niños de 9 años, de 14 … Después viene un adulto y me dice que le ha gustado el libro. Llegar a gente tan distinta es un elogio.
(E): Depende del libro. Trabajo en una librería, entonces intento imaginar el tipo de libro que mira el lector de la edad a la que me tengo que dirigir. Tic Tac por ejemplo, el texto es muy amplio, pero creo que la ilustración ha quedado muy infantil, pero la elogian chicas juveniles entonces es muy variable.

Han recalcado que no les interesa hacer libros perfectos…
(D): Antes que escritor, fui lector. Leyendo me di cuenta que muchos libros considerados clásicos tenían situaciones o estructuras imperfectas. Ejemplo: las obras maestras Las Brujas y Matilda que ha creado Roald Dahl, en las que el punto de mayor interés recién aparece en la mitad del libro. Eso es porque la estructura no es perfecta. El autor lo hace para crear complicidad, para provocar risas e interés.
No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa. Debe ser que somos muy imperfectos nosotros también. El concepto es relativo, muchas veces vemos personajes imperfectos que nos encantan, entonces a lo mejor nuestro concepto de perfección es erróneo. Si nos encantan, no pueden ser tan imperfectos.
(E): En la ilustración es lo mismo. A veces exagerar una perspectiva, o torcerla , o hacer un personaje demasiado cabezón; esa imperfección es una manera de llamar la atención, y a mí me gusta. Creo que no soy para nada una ilustradora perfecta, de hecho no me encasillo en algún estilo, lo que puede ser bueno o malo. Quiero estar contenta con mi trabajo, con que ha quedado bien, redondo. Con mi último trabajo, de hecho, he quedado contentísima, y curiosamente no tiene nada que ver con LIJ. Ha sido la cubierta para un ensayo sobre escritoras españolas de la pos guerra, tuve que ilustrar a tres de ellas Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite. Ha sido una experiencia muy buena y tiene mucho de esa imperfección que hablamos.

“No tiene porqué encajar todo perfectamente, la imperfección da cercanía, provoca la sorpresa.”

¿Es el acercamiento a lo imperfecto, el guiño que hacen a sus lectores, para lograr la complicidad que buscan?
(D): Está directamente relacionado. La mayoría estamos más cerca de la imperfección que de la perfección, y me alegro porque de otra forma sería todo más aburrido. Esa es una de las maneras de enganchar, pero además, les va a resultar siempre más cercano a los que leen. Por eso es bueno exagerar los defectos de los personajes. Cuando tú tomas un rasgo y lo exageras, todo lector con esa característica, o tenga a alguien alrededor con ese defecto, se sentirá identificado. Es una forma de acercar a los personajes. Con esa cercanía puedes crear la mayor de las locuras.

¿Porqué creen que el libro Prohibido Leer a Lewis Carrol ha ganado tantos premios?
(D): Todos los premios han sido una sorpresa para nosotros. De hecho, al único premio que yo me presenté fue al Lazarillo, que fue el primero que ganó.
No tengo muy claro porqué ha recibido tantos premios, pero sí creo que es un libro en el que hemos conseguido esa complicidad con el lector que siempre busco. Probablemente ayudó también la temática, partiendo por el título, que facilitó llegar a un público más amplio que el español.

(E): Me parece que está muy bien escrito y es muy original. Más allá del premio al que postuló, los demás han sabido ver esa originalidad.

Les gustan los cuentos clásicos, ¿cuáles son los que más les gustan o inspiran?
(D): Yo te puedo aburrir con esta respuesta.
Distingo entre obras clásicas, que ahí está Alicia y demases del estilo y los cuentos tradicionales. Los de los hermanos Grimm, Andersen, que provienen de la tradición oral. Eso me interesa muchísimo.

(E): Alicia es Alicia.

¿A quién le darían el premio Andersen?
(D): Me voy a hacer el estupendo con la respuesta. Se lo daría a uno de los grandes genios que existe y está vivo todavía. Se llama Francisco Meléndez. Es un ilustrador excepcional, conocido por esta faceta, y es además un escritor genial. Un tipo que ganó muchos premios en su momento, llegaron a comprarle los derechos en Disney para hacerle una película, y luego desapareció del panorama. Cuesta mucho encontrar sus libros.

(E): Estoy de acuerdo con Diego y si seguimos con ese toque sentimental de reconocimiento y tuviera que decir a alguien, me atrevería a nombrar a una: Laura Gallego. Mueve masas, capta lectores una y otra vez con libros que ya tienen un montón de tiempo y siguen gustando.

(D): Hay un punto de debate en estos grandes premios. Creo que todos los que se lo ganan lo merecen, sin duda. Pero a veces cuando se premia a un autor, por así decirlo, de masas, parece que el premio perdiera prestigio, y creo que está mal.
Los booktubers por ejemplo. Están directamente relacionados con Harry Potter que provocó el terremoto de un tsunami que estamos viviendo ahora. En su momento a J.K. Rowling le dieron el Príncipe de Asturias de las Letras, esto fue muy criticado. Bueno pues, creo que su influencia en toda una generación de personas que se han apasionado por la lectura es importantísima. En ese sentido, un premio entregado a una Laura Gallego no me parece una locura.

¿En qué estás hoy Diego?
(D): En dos proyectos, uno con Eugenia, una novelita breve infantil y terminando otro libro con Raúl Sagospe, que está bastante avanzado. Él está dando los últimos retoques a la ilustración. Se llama Elio, una Historia Holográfica y trata sobre los comienzos del cine.

¿Cuál es la diferencia entre la lectura que consumieron ustedes cuando niños y la lectura que se está viviendo hoy?
(D): Veo grandes diferencias, y no sólo en la estética, que por supuesto incluye hoy a la ilustración. Creo que hoy existe una variedad y una calidad superior que la que existía cuando yo era pequeño, en cuanto a libros y autores. Yo devoraba libros y hay muchos que no recuerdo, y creo que la calidad de la edición era inferior.
Así que creo que la principal diferencia es la calidad y variedad del producto final; el trabajo editorial. Vivimos un muy buen momento de la literatura infantil.
Pero hay una cosa en la que si creo que hemos retrocedido. Es en la valentía del mundo editorial para publicar obras transgresoras. Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda, por ejemplo; ahí creo que hemos retrocedido. Y cuando digo hemos me culpo también, a todos los que nos movemos en este ámbito.

(E): Los contenido si han cambiado, y es por el lector. Nosotros a los ocho años no teníamos la misma exigencia que los niños tienen hoy.
Creo que, en general, el mundo que rodea a los niños de hoy, los motiva más y les da más información de la que teníamos nosotros, eso influye en lo que ellos quieren leer. De otra forma se aburren.

“Tengo serias dudas de que una gran editorial hoy se animara a publicar un libro como Matilda; ahí creo que hemos retrocedido.”