De Obligaciones y Libertad

La ya popular discusión acerca de la lectura obligatoria. ¿Los niños deben que elegir qué leer? Y no sólo qué leer, ¿deberán elegir también qué ver? Acá, la opinión de un experto.

Por Hugo Hinojosa, especialista en literatura, integrante de CiEL Chile

Todo aquel que se acerca a la lectura (sea verbal o visual) lo hace desde una actitud particular, esa que se explicita cuando el encuentro entre texto, imagen y lector/a se hace realidad. Y es claro que aquel o aquella que goza en el acto lector, lo hace a partir de una motivación que la mayoría de las veces es intrínseca al individuo. Desde este punto de vista, la lectura siempre es un acto de libertad, de entrega del yo (aunque luego nos veamos atados a las palabras o las imágenes), y sabemos que a nadie se le puede obligar a ser libre, porque es condición de ésta la disposición a realizar una acción de manera deliberada y autoconsciente. El lector o lectora que se deleita, el que anhela y sufre en la lectura, sabe que es libre en aquel instante en que orienta su voluntad para acercarse a una obra y entrar en ella.
Pero en el ámbito de la literatura para infancia y juventud es común la obstinación por la obligación y la imposición, que proviene de ámbitos tan disímiles como la escuela o el mercado. Al respecto, Michelle Petit, a propósito de los discursos adultos ante la supuesta falta de lectura en los jóvenes, señala que “ya sea que provengan de los poderes públicos, de los docentes, de los padres o de los editores, pueden ser percibidos como otros tantos mandamientos, como testimonios de impaciencia, de una voluntad de control, de dominio”, instalando la sospecha sobre aquellas prácticas y estrategias que solemos producir con tal de que niños, niñas, adolescentes y jóvenes lean, sin considerar lo que éstos y éstas piensan.
En otro sentido, si la lectura es un acto que se asume y construye desde la libertad de quien lee, exige a su vez un fuerte compromiso por parte de quienes producen dichos textos e imágenes. Por ejemplo, la proliferación actual de textos hermosamente ilustrados, pero de contenidos superfluos, pone una señal de alerta frente a las obras que se crean para dichos públicos, en donde historias poco desarrolladas son escondidas bajo imágenes puramente decorativas. Esta situación se vuelve un peligro para la verdadera valoración de una literatura dirigida a infancia, adolescencia y juventud, la cual históricamente ha sido menospreciada por ser considerada de menor calidad, y que nos lleva a poner el ojo nuevamente en los autores involucrados en estas propuestas.

“si la lectura es un acto que se asume y construye desde la libertad de quien lee, exige a su vez un fuerte compromiso por parte de quienes producen dichos textos e imágenes”

La imposición indiscriminada de la lectura, sumada a obras altamente moralizantes o centradas en la pura forma, genera el efecto contrario al esperado. Lectores y lectoras, ajenos a una mirada más profunda, confundidos en el discurso adultocéntrico que aboga por el leer, pero que termina alejando a los que se dirige, o les somete a textos sin mayor valor estético. En ese sentido, es importante comprender que, por un lado, debemos dejar que nuestros niños, niñas y jóvenes sean capaces de decidir en libertad los textos y las imágenes a las que deseen acceder, confiando en el criterio o gusto que puedan tener. Por otro, que también tras un texto dirigidos a ellos y ellas se esconde una gran responsabilidad. El filósofo e historiador del arte, Georges Didi- Huberman afirma que las imágenes queman, arden en llamas y nos consumen. Pero son aquellas que están escondidas dentro una buena historia, que se activan y nos hieren en el juego amistoso o contradictorio entre las palabras y las ilustraciones, en un ejercicio que claramente va más allá de la imposición o la idealidad del mundo adulto. Sabemos que, finalmente, la obra es completamente libre cuando su lector o lectora también lo es.


Hugo Hinojosa, Estudiante Doctorado en Literatura, Pontificia Universidad Católica de Chile. Magister Didáctica de la Literatura y de la Lengua, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Licenciado en Literatura en Lengua y Literatura hispánica, Universidad de Chile. Licenciado en Educación y profesor de Estado en Lengua castellana y Educación, Universidad Andrés Bello. Diplomado en Teoría, Edición y Creación de Literatura Infantil y Juvenil IDEA (Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago). Ha participado en el Comité de selección de obras juveniles del Centro lector de Lo Barnechea y del Comité de selección de obras juveniles “Un libro, una huella” de las Biblioteca Escolar Futuro (PUC). Actualmente es docente del Diplomado de Literatura para Infancia, Adolescencia y Juventud de CIEL Chile y del Departamento de Literatura, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, del Diplomado del Literatura infantil y juvenil contemporánea de la Universidad Finis Terrae y de la Escuela de Educación Diferencial de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Integrante de CiEL Chile. Centro de Investigación y Estudios Literarios: discursos para infancia, adolescencia y juventud (fundado el 2013). www.ciel.org