Alicia Morel, adios a la última hada

Reconocida por sus numerosas obras literarias infantiles, entre las que se incluyen libros, ensayos, poemas y cuentos, algunos que incluso fueron transmitidos por radio teatro, Alicia Morel fue una de las voces más influyentes de la LIJ en Chile

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y experto en literatura infantil y juvenil

Fotografía de Memoria chilena

En Santiago falleció a los 95 años la escritora Alicia Morel (1921-2017), una de las voces más reconocidas de la literatura infantil en Chile.
Alicia fue bautizada con un nombre digno de una historia maravillosa. Así, predestinada a la fantasía, entró en el mundo de las hadas y la literatura infantil desde su propio nombre. Con su pelo blanco y ojos azules que siempre sonreían, parecía un personaje de cuento de otra dimensión que están allí para siempre. Fue una mujer que tenía algo de hada porque era capaz, con su sola presencia, de transfigurar la realidad; una mujer-niña que conservó intacta la capacidad de soñar, el asombro ante la vida y un impulso maravilloso hacia el mundo que nos rodea.
Siempre dijo que la lectura de cuentos en su infancia fue clave en el desarrollo de su obra literaria y en su personalidad. En esa época, leyó todo lo que cayó a sus manos. Sus tíos le regalaban libros de cuentos, que Alicia leía, además de mirar sus ilustraciones queriendo entrar en ellas y visitar las habitaciones de los castillos, palacios y casas de zapateros ilustradas por Gustave Doré.
Desde niña se identificó con la naturaleza, los árboles, los bosques y los animales; observó casi todos los fenómenos que más tarde aparecieron en sus cuentos. Su padre le enseñó a reconocer los árboles por sus hojas; percibía la naturaleza con todos sus sentidos: las flores, el viento, la lluvia, las hojas secas.
Lo maravilloso y fantástico era algo inherente a su forma imaginativa de pensar. En sus cuentos para niños, la realidad y la fantasía se mezclan porque la realidad suele ser fantástica y lo maravilloso resulta real. Esta unión entre el mundo real y el imaginario es la esencia de su obra literaria.
“Nací escritora para niños”, dijo. “Claro que no me he limitado solamente a este género, pero sé que mi facilidad está en él”.
Gran lectora de Christian Andersen, Selma Lagerlöf y Lewis Carroll, supo captar la mentalidad de los niños en sus cuentos llenos de fantasía y originalidad; le gustaban los mitos y leyendas. Escribió cuentos infantiles, poesías, ensayos, novelas, autobiografías, teatro infantil y de títeres. En su obra está presente la naturaleza como el más inspirador de sus personajes. Tradujo del inglés a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf. Dio charlas literarias y visitó colegios animando a la lectura.
Entre sus libros se destacan los Cuentos de la Hormiguita Cantora y el Duende Melodía (1956) que pasó de la radio al libro. Los niños que oían las historias por la radio buscaban después el libro para leerlo. Su gran aliada fue Elena Poirier, quien traspasó a bellas ilustraciones el mundo literario de Alicia. Junto con otros escritores, fundó IBBY Chile en 1964, dedicándose a la creación y difusión de la literatura infantil. Por la belleza del lenguaje, la calidad de los contenidos y la novedosa ambientación indígena, su libro Cuentos Araucanos, la Gente de la Tierra (1983) mereció figurar en la Lista de Honor de IBBY1984.
En Santiago fue despedida por su numerosa familia y escritores que le manifestaron admiración por su espiritualidad y sensibilidad literaria.
Vamos a extrañar a Alicia, que nos deja un legado literario y humano de primera calidad. Por suerte vamos a encontrarla cada vez que abramos uno de sus maravillosos libros de cuentos.

Su vida y obra pueden consultarse en la página web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes en el siguiente enlace:

http://www.cervantesvirtual.com/portales/alicia_morel/presentacion/

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