Nuestra tierra de leyendas

Un hermoso recorrido por Chile de una forma muy particular. A través de mitos y leyendas inspiradas en nuestra geografía, nuestra flora y nuestra fauna, se transmiten las historias de generación en generación como narraciones orales que plasman la imagen y las creencias de nuestra cultura.

Por Manuel Peña Muñoz, escritor y especialista en literatura infantil y juvenil. www.elcaballerodelosalerces.cl

había una vezIlustración de Virginia Donoso

En tiempos de la Conquista, los españoles avanzaron hacia el sur desde Perú y llegaron al desierto nortino. Al pasar por el interior de Iquique, un español se enamoró de la hija de un cacique. La pidió en matrimonio, pero el cacique le dijo que se la entregaría a condición de que hiciera florecer el desierto. El español enamorado cavó la arena y apareció un hilillo de agua. reverdeció el valle y floreció un oasis con limoneros, mangos y papayos. Había nacido el poblado de Pica que quiere decir “una flor en la arena”, en lengua quechua.
Más al sur, los lugareños creen en el alicanto, el ave de alas doradas que sobrevuela las montañas para guiar a los mineros por los senderos andinos. Pero si el pájaro advierte que lo están siguiendo, desorienta al ambicioso hasta desbarrancarlo. solo conduce a la mina de oro al lugareño que no ambiciona riquezas, pues premia al desinteresado.

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El místico norte
Entre Copiapó y Coquimbo existió una joven enamorada de un minero. Un día, el apuesto joven se fue a los cerros en busca de una veta de oro, pero nunca más regresó. La joven murió de pena llorando al amado ausente. La lluvia mojó su sepulcro y al día siguiente había flores rojas sobre su tumba. Había nacido la añañuca que salpica de rojo el desierto florido…
En esta región también se realizan las pruebas de la Noche de San Juan, la noche del 23 de junio, que es cuando se puede ver el futuro debajo de una higuera. Quien se ponga bajo su follaje a medianoche, aprenderá a tocar la guitarra con toda la facilidad del mundo. En esta noche misteriosa hay que lavarse las manos y la cara con agua de vertiente, pedir tres deseos y mirar hacia la cordillera para ver cómo salen volando desde el cerro los brujos a celebrar su aquelarre.

La imaginación florece en el valle central
En una casa de barro, una vieja cuenta la historia de La flor Lililá al calor del brasero. La flor es especialmente mágica ya que sus pétalos pueden curar la ceguera del rey.
“No me toques, pastorcito, ni me dejes de tocar
Mi hermano mayor me ha muerto por la flor Lililá”

Tres hermanos han ido a buscar esta flor milagrosa custodiada por un dragón encantado, pero solo el menor de los tres regresará con ella, tras vencer al guardián de fuego.
Más allá, al interior de San Felipe, un viejecito de ojos celestes cuenta fantásticas historias de animales que hablan con voz propia: El caballito de los siete colores y Los pájaros jugaron a la chueca, son algunas de ellas. El que habla es el tío Ventura que relata sus cuentos y leyendas en una casa del valle del Aconcagua, como un Homero de nuestros campos.

Los legendarios caminos del sur
Más al sur, por los campos de San Vicente de Tagua Tagua, una mujer se untó la cara con ungüentos mágicos para salir de la casa transformada en oveja, pero cuando regresó no encontró la pomada y permaneció para siempre convertida en animal. En vendimias y cosechas, se narran los cuentos La carreta sin bueyes y El toro de los cachitos de oro. Marta Brunet se preguntó una vez: “¿Por qué la loica tiene el pecho colorado?” Y se respondió a sí misma con una hermosa narración poética en torno al avecilla que sobrevuela los campos del río Maule.
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El tesoro mapuche
Los mapuches crearon la serpiente Trentren Vilú. Un día, desde el océano, apareció otra, la serpiente Caicai Vilú. Encolerizada hizo subir el nivel de las aguas. Asustados, los mapuches corrieron montaña arriba. Las aguas subieron amenazando al pueblo. La serpiente Trentren Vilú los ayudó porque la montaña creció en altura. Los que no alcanzaron a subir, se transformaron en peces. En este mito de origen aparecen las serpientes del bien y del mal, y se narran secuencias en las que aparecen animales y peces.
Y es que el mapuche siente la presencia de la naturaleza y le atribuye significados mágicos. Por eso, el moscardón representa el alma de los muertos; el grito del zorro alerta un posible robo; la culebra representa las enfermedades y peligros. Este pueblo venera a los árboles, cuidándolos como un tesoro y evitando su tala. El pehuén o araucaria es un árbol que vive miles de años alimentando al pehuenche de la cordillera. El canelo es el árbol sagrado y a su sombra se celebran las reuniones de carácter mítico ritual. A su vez, esta es zona de copihues, la flor roja de los bosques sureños. Las jóvenes mapuches subían a los árboles para ver si venían sus enamorados, pero solo divisaban humo y muerte. Acongojadas bajaban de los canelos en medio de lágrimas que se convertían en copihues rojos en recuerdo de sus enamorados muertos en la batalla.

Personajes mágicos de lagos, islas y canales
En el lago Llanquihue vive un monstruo de larga cola, semejante a un dragón. Aletean misteriosas aves sobre el cráter del volcán Osorno y sobrevuelan hombres convertidos en pájaros nocturnos, disparando flechas desde la altura. La vegetación está dominada por la fantasía. Hay plantas que devoran y flores que hacen soñar.
Al cruzar el canal de Chacao, el viajero llega a Chiloé, isla mágica por excelencia, llena de supersticiones y mitos alojados entre sus gentes. Todo lo que rodea al hombre chilote tiene su explicación fantástica hasta la humilde papa que forma parte de su dieta alimenticia. Antiguamente, un cacique del pueblo huilliche deseó contemplar a sus dioses pues sabía que cuando la tierra temblaba era porque los dioses se abrazaban. Se asomó a un acantilado donde suponía que podría verlos, pero su curiosidad fue castigada porque los dioses lo hundieron en la tierra y lo transformaron en el mísero tubérculo que, por esa razón, tiene muchos ojos ciegos: para que nunca vieran lo que no se debe ver…
En esos canales, habita la Pincoya, la hermosa joven sentada sobre un tronco de oro en medio del océano. Los lugareños dicen haberla visto con el torso de mujer y las piernas unidas en forma de cola de pez. Allí vive también el Millalobo, el rey del mar, que vive bajo el agua sentado en una piedra en el fondo del océano, con un solo brazo levantado, dirigiendo las mareas y los movimientos de los peces.
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Los misteriosos hielos
Chiloé también es rico en predicciones agoreras. Si canta el chucao a mano derecha vendrán buenas noticias, pero si canta a mano izquierda habrá enfermedades y desgracias.
Más al sur está Magallanes donde comemos el fruto del calafate si queremos regresar. Y más allá aún, el continente blanco que nos sobrecoge por su inmensidad. Allí, en medio de la nieve, hay focas, lobos marinos y pingüinos que miran asombrados con sus trajes de etiqueta. Aquí se narran leyendas de los buques que venían a cazar ballenas en la gélida zona antártica. Algu- nos regresaron con su cargamento de barriles de aceite de cetáceo, pero otros no volvieron jamás. Fue el caso de un barco noruego que se hundió en las heladas aguas pereciendo todos sus tripulantes. En medio de las vastas soledades hay un cementerio de tumbas sin flores, consagradas a la Virgen de los Hielos que guarda los restos de estos marinos noruegos. Un epitafio reza: “Gracias por todo”.
Al pasearnos entre las tumbas cubiertas de nieve, nos sobrecoge el silencio. El viento hace rodar la imaginación… Más allá, en una caverna escondida en medio de los témpanos, se encuentra oculto el Santo Grial, el santo cáliz que contiene la sangre derramada por Cristo en la cruz desde su costado atravesado por la lanza de Longinos. Al término de la Segunda Guerra Mundial, alguien dice que un submarino alemán trajo el Santo Grial para resguardarlo en la Antártica, donde se supone que está más seguro… Quién sabe…
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Publicado en RHUV Nº25