La naturaleza a través de un libro informativo

El ser humano se ha impuesto el gran desafío de aprender sobre el entorno en el que vive. La ciencia le ha ayudado desde siempre.
Pero verter la ciencia en un libro de manera entretenida, motivadora y con información rigurosa es otro arte que busca promover la formación de individuos curiosos, críticos y reflexivos. A continuación, les contamos una experiencia de cómo un libro informativo puede lograr este objetivo.

Por Carolina Torrealba, bióloga y directora de la editorial Ciencia & Vida

Libro-informativo-libroIlustración de Loreto Salinas

La ciencia es una manera de pensar que descansa sobre preguntas metódicas, diálogo y consenso. Es una búsqueda sinfín y uno de los más potentes desafíos que como humanidad tenemos: comprender nuestro entorno y a nosotros mismos. Pero el pensamiento crítico que la ciencia ejercita no es solo materia de laboratorios, es también una poderosa herramienta de equidad en un mundo en el que el conocimiento y el diálogo son fundamentales para construir una democracia sana y robusta. Es por ello que la cultura científica tiene un papel fundamental en la sociedad -desde la primera infancia- al promover la formación de ciudadanos más curiosos, soñadores e inquisitivos.
Sin embargo, y a pesar de ello, como sociedad no nos hemos hecho cargo de esta responsabilidad, y el mundo editorial no está ajeno a esta deuda. Los libros de no ficción escasean en las estanterías locales y, más aún, los que abordan temáticas científicas; y si acotamos la búsqueda de títulos científicos en el ámbito infantil y juvenil, el escenario pasa a ser semidesértico.
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No es de extrañar entonces, que la noción popular de la ciencia es de una disciplina lejana, representada por seres completamente desvinculados de las preocupaciones y sentimientos de la comunidad y que se ocupa de temas ajenos a los intereses de la población común. Basta recordar al doctor Van der Dunkel en el entrañable libro El Hombre Luna, de Tomi Ungerer, aquel científico encerrado en un castillo en medio de un bosque deshabitado, que dedicó su vida a construir una nave para llegar a la luna. Quizás porque nos quedamos con esa serie de referentes que plagaron la literatura, el cine y la televisión que se explica el temor que los chilenos sentimos frente a la ciencia, según constató la encuesta de percepción ciudadana de la ciencia, recientemente realizada por Conicyt.
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Acercar la ciencia a los niños
Sin embargo, lejos de decepcionarnos, la experiencia cotidiana nos anima a actuar, puesto que encantar a jóvenes y niños con la ciencia es siempre terreno fértil. Más aún, el entrenamiento para convertirse en científico profesional pasa, en parte, por recuperar algo de nuestra infancia; el motor de la investigación es la curiosidad y el asombro, los mismos que gobiernan la infancia y la juventud, y que a veces adormecemos en la universidad y en la vida profesional. Esa capacidad de admirarse con la naturaleza y dialogar con ella, esa que nos mueve a desafiar la lógica e intentar aprehender aquello que nos turbó.
Para niños y jóvenes, la separación entre ciencia y naturaleza es artificiosa: la experiencia de la naturaleza va de la mano de la exploración, análisis comparados, experimentación y la cadena de nuevas preguntas que nacen de una posible respuesta. Pongamos a un niño a pasear por el litoral: observan, analizan, buscan, comparan, tocan, ordenan, cuestionan y vuelven al acecho.
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Creando personas curiosas y reflexivas
En Ciencia & Vida –editorial al alero de la fundación científica del mismo nombre- nuestro objetivo es contribuir a fortalecer el rol de la ciencia en la sociedad, del patrimonio natural e intelectual del país en materias científicas. Y para lograrlo, registramos el patrimonio científico y lo entregamos a la sociedad vinculado con el imaginario cultural de Chile. No queremos entregar conocimientos, queremos estimular la formación de individuos curiosos y reflexivos, ciudadanos que piensen de manera autónoma, que observen, critiquen, debatan. Que aprecien la generación de conocimiento en la sociedad; su valor cultural, económico y social.
El sabelotodo quedó obsoleto. Hoy en día el verdadero valor de cualquier formación no está solo en los conocimientos; la entrega lineal de éstos es casi absurda en esta era en la que la información está a un clic de distancia. Hoy el desafío es filtrar la información, reunirla, enlazarla, cuestionarla. Fuimos educados con paradigmas que no se corresponden al mundo que nos ha tocado vivir, o sea, para un mundo mucho más estático que el actual. Es esa educación –formal e informal- que debemos cambiar con urgencia.
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Un experimento inigualable
Bajo ese paraguas conceptual nació, por ejemplo, Entremareas (Editorial Ciencia & Vida, 2015), con la idea de mostrar un ecosistema patrimonial chileno, vincularlo con nuestra cultura y con el conocimiento generado en Chile. La estrategia utilizada para todos los proyectos en los que nos embarcamos, es siempre interdisciplinar y Entremareas fue una linda muestra de ello. La idea original e ilustraciones vinieron de la mano de la diseñadora y acuarelista María José Carmona, los textos de la pluma del poeta Floridor Pérez, la edición científica del ecólogo y Premio Nacional de Ciencias, Juan Carlos Castilla. Asimismo, la interdisciplinariedad se tomó también la dirección editorial al coeditar
el libro junto a Daniela Correa, directora cultural de la Biblioteca Nacional.
El trabajo editorial fue entonces un experimento en sí, cuyo norte fue proveer el espacio en el cual este grupo de notables personajes pudiera encontrarse, conversar y crear, y cuyo objetivo era lograr plasmar el asombro que este equipo desbordaba.
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El formato resultante del proceso de edición es consecuente con las ideas inicialmente planteadas y, por lo mismo, el libro no busca entregar información, sino despertar curiosidad, motivar a la búsqueda de la información y generar asombro. Por ello, se eliminó el contenido educativo que alguna vez se proyectó, se creó un reverso pintable, limpio y que diera espacio a la imaginación. Adicionalmente se desarrolló una plataforma digital complementaria (www.entremareas. cl) que proporciona información adicional como punto de partida de la búsqueda: se incorporaron materiales descargables, fichas de las especies y guías educativas para su uso en bibliotecas y salas de clases. Además, la plataforma recibe a sus visitantes con un video de animación tipo booktrailer con la cueca larga, zapateada por los animales ilustrados en el libro y cantada por el músico Nikolás Botinelli.
Así, el resultado de aquel proceso editorial experimental fue un proyecto que involucra un libro-escenario, muy maleable, que se pliega y despliega como un acordeón, que no sólo se lee, sino que también se canta, se baila y se pinta. Y que tiene su versión digital, animándonos a ahondar en el tema o simplemente a visitar a nuestros animales en movimiento, intentando también ofrecer ayuda a los bibliotecarios, profesores y otros mediadores de la lectura.
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Aderezar con arte, música y poesía
Tenemos la convicción de que la interdisciplinariedad solo es posible en la medida que el trabajo colaborativo sea intrínseco al proceso de creación. La forma y contenidos finales de un libro informativo son el resultado de un trabajo editorial modelado por la conversación entre los autores, editores, instituciones y cualquier otra persona o entidad clave a lo largo del proceso.
Finalmente, el hecho vincular el patrimonio científico y natural con los otros modos de expresión –muy ligados a la naturaleza- como son la poesía y la ilustración, permite construir una emocionalidad particular que logra capturar al lector en aquel ecosistema que se describe. De este modo, la naturaleza actúa como un aglutinador alrededor del cual convergen la ciencia, la poesía, las acuarelas y la música, haciendo un vínculo espontáneo, evidente y que, sin embargo, nuestra cultura y educación se empeñan por segmentar. Es imposible respetar lo que no se conoce, lo que no se quiere; es necesario conocer y admirar primero. Como ciudadanos tenemos el deber moral de conocer nuestro entorno, mostrarlo a nuestros hijos y motivar en ellos el deseo de descubrirlo, quererlo y cuidarlo. Este tipo de libros son una invitación a celebrar el asombro que nos provoca la naturaleza, aquel que como sociedad encauzamos a través de la investigación científica, a través del arte, la música, la poesía… Se busca motivar a los lectores, a detenerse, observar y asombrarse. Y lo que se admira, luego se respeta y se cuida. Y, por último, entenderlo y hablar de ello con naturalidad y rigor.
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