Chile, el país imaginado por la literatura

Julio Verne, Daniel Defoe, Herman Melville, Edgar Allan Poe y Neil Gaiman se inspiraron en el maravilloso paisaje americano en general -y el chileno, en particular- para componer el entorno ideal y fantástico de sus obras. Es posible que los niños de aquella época solo vieran estas bondades de la naturaleza como un imaginario de fantasía, gracias al ojo explorador de estos autores.

Por María José Frazzoni, redactora

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Ilustración de Elisa Monsalve

En El forastero misterioso, Mark twain se refiere a la vida como una visión y un sueño donde nada existe, excepto el espacio vacío en el que no somos más que un pensamiento, criaturas inventadas por nuestra propia fantasía. Mientras que George R. R. Martin, (autor de Juego de Tronos) uno de los grandes creadores de ficción, sostiene que un lector vive mil vidas antes de morir en comparación con quien no lee. Y es que sabemos que los libros son dispositivos efectivos para detonar la imaginación sin establecer límites, como si fueran tierras sin fronteras por las que cualquiera puede transitar sin necesitar pasaporte.

Lo más cercano a viajar
Aunque hoy nos parezca un concepto poco exclusivo, hubo un tiempo en que leer era privilegio de pocos, probablemente el momento más preciado era sentarse a escuchar historias y dejarse envolver por las palabras que tomaban forma antes de desaparecer en la nada. sí, eran otros tiempos, escuchar historias de aventureros que emprendían excursiones por tierras nunca antes exploradas era lo más cercano a viajar, y quizás, la única manera posible de conocer el mundo. La literatura entregaba un espacio ilimitado para vagar por la infinita imaginación, en soledad o en compañía de personajes eternos, revelaba lugares de naturaleza inextinguible e indestructible que liberaba la mente para soñar otros mundos, cada vez mejores.

Chile, inspirador de historias
Entre estos mundos, apareció en medio de la geografía literaria, el paisaje más austral del mundo, generando la fascinación precisa para inspirar las obras de grandes novelistas
a través de sus singularidades. Chile, en la fantasía universal, construido por quienes nunca estuvieron aquí, pero que supieron de nuestro país por lecturas, relatos o simplemente porque imaginaron el paisaje, emerge como un territorio aislado, ubicado en los confines del mundo, sacudido por terremotos y volcanes.
Por la enorme diversidad de paisajes y climas, la visión que los europeos tenían de Chile en el siglo XIX, era la de un país de lo más salvaje y tropical lleno de especies animales y vegetales que aún no llegaban al Viejo Continente, mientras que sus habitantes eran más parecidos a criaturas de la mitología clásica que a personas del mundo civilizado.

“Eran otros tiempos: probablemente el momento más preciado era sentarse a escuchar historias y dejarse envolver por las palabras que tomaban forma antes de desaparecer en la nada”

El tiempo y la nave imaginaria de Verne
Como un náufrago, Julio Verne, navegó entre la monotonía de una sociedad escéptica frente a los productos de la imaginación y sus conocimientos geográficos adquiridos a través de numerosos viajes. Para la época era un adelantado. su interés por la revolución industrial y adelantos tecnológicos, lo llevó a encontrar un cauce de expresión para la desbordada fantasía de su literatura, convirtiéndose en un especialista de los relatos de viajes y aventuras de corte científico. Entre las extravagantes situaciones que se le presenta- ban y los momentos poéticos que con dramática tensión combinaba, Los hijos del capitán Grant fue una de sus más apasionantes y mejores novelas. Para crear la ambientación perfecta, Verne fue capaz de saltar las barreras del tiempo y el espacio para trasladarse, bajo la mirada de los emigrantes europeos de 1800, a una tierra virgen y áspera. De esta manera las aventuras de la novela se centran en el viaje de Mary y robert, los hijos del capitán grant, quienes parten a bordo del Duncan en busca de su padre que ha naufraga- do; para encontrarlo solo cuentan con las indicaciones de un mensaje suyo hallado en el mar, dentro de una botella. Las coordenadas los llevan a navegar por el océano para llegar hasta donde los puntos aislados se van uniendo, los contornos se hacen conocidos y, finalmente, surge el nuevo continente, con sus lagos, riachuelos y ríos, con sus montañas, valles, aldeas y ciudades que se despliegan en todo su esplendor. Verne se inspiró en un Estrecho de Magallanes en el que desde su horizonte se distinguían las costas bajas de la Patagonia. Y a través de su nave imaginaria, el Duncan, navegó por numerosos manantiales de agua potable, bosques, ríos de abundante pesca, despertando el vuelo de las aves bajo los rayos del sol austral. Y así, era seguido por las atentas miradas de los fueguinos, desde las desérticas rocas de tierra del Fuego.
La naturaleza mística de la Cordillera de los Andes inspiró un capítulo entero de esta historia, en el que se describen las vértebras inferiores de la enorme espina dorsal en que se apoya toda la armazón del Nuevo Mundo. Aquí la travesía comienza en el paso de Antuco, con un cielo puro y la brisa marina refrescando los ardores del sol que se ocultaba entre los inmensos bosques, cuyos árboles tocaban las nubes con sus copas. El cielo más claro del mundo inspiró las noches de los personajes en lo alto de la cordillera cubierta de nieves perpetuas con brillantes estrellas que formaban la Cruz del sur para guiarlos.
Los zorros, llamas, chinchillas, focas y ballenas también tienen lugar en medio del paisaje fértil de este relato, pero es la figura del cóndor la que aparece como reina de los Andes del sur. El ave se transforma en el protagonista amenazante al intentar llevarse por los aires a robert, atrapado entre sus garras.

Defoe, del escritor a la isla
Las islas más australes de nuestro país, donde el cielo se une con el océano y el horizonte, desaparece en el infinito, entre- lazándose con los hielos eter- nos. se convierte también en una postal que ha servido como fuente de inspiración para otros grandes novelistas como Daniel Defoe y Herman Melville.
La puerta de entrada a la Patagonia, ese lugar mágico donde la vida se desarrolla a su ritmo, la naturaleza no solo es un testigo de la historia, sino que también es capaz de desatar cuadros de fantasía y ficción incomparables. La obra más famosa en esta categoría es Robinson Crusoe, la novela de Daniel Defoe basada en el verídico naufragio del marinero escocés Alejandro selkrik, en el archipiélago de Juan Fernández. Enmarcada en la literatura del siglo XVIII, a través de los recursos de la ilustración
y la influencia del movimiento romántico, se entrega por completo a la imaginación y la subjetividad con libertad de expresión e idealización de la naturaleza. De esta manera, la capacidad para transportar al lector al universo creado por Defoe, convierte a robinson Crusoe en una obra maestra de la literatura universal, recomen- dable para todos.
si bien la novela nace como inspiración de los cuatro años que Alexander selkirk pasó en una isla desierta que hoy lleva su nombre, la ambientación que el autor escogió para el relato se centra en Inglaterra, Marruecos, Brasil, Portugal y España. Durante el desarrollo de la novela, la isla ficticia del archipiélago real, en la que el protagonista vive 28 años se ubica cerca de la desembocadura del río orinoco, en la zona ecuatorial del océano Atlántico, con una descripción climática, de fauna y flora lejana a la realidad de nuestra isla austral. El protagonista navegaba por cuevas en la penumbra del alba entre frondosos árboles con espinas, descansaba en playas donde el sol quemaba la arena, exploraba valles cubiertos por neblina y su fiel amigo era un loro en un lugar donde los gatos se multiplican a gran velocidad. sin embargo, la relación entre la obra y Chile deja como herencia el bautizo de la que hoy conocemos como isla robinson Crusoe, que pasó a llamarse así en ho- nor a la fama mundial de la pieza literaria.

La costa chilena, musa de Melville
En las mismas aguas australes se inspiró también Herman Melville, otro autor que se abrió paso en la literatura de fantasía y aventura de un mundo por descubrir. Con la historia de Benito Cereno, el autor desarrolló un estilo reconcentrado, denso y muy ambiguo, sin abandonar el tono épico de sus novelas anteriores. Al desmarañar las historias de sus protagonistas como un juego de espejos con un constante intercambio de roles, la transformó en su obra más inquietante. Las reflexiones del protagonista, el Capitán Déla- no, siempre giran en torno al mar, nuestras aguas, que se transforman en la musa inspiradora de Melville. Luego de anclar en la bahía de una isla desierta del litoral chileno, describe el amanecer de las costas de Chile como una totalidad gris donde todo es silencio y calma, donde el mar, aunque cruzado por las largas ondas del oleaje, parece fijo, con la superficie bruñida como un plomo ondulado que se ha enfriado y solidificado en el molde de un fundidor. El cielo aparece siempre totalmente gris. Y las bandadas de aves de color gris turbio estrechamente entremezcladas con jirones de vapores de un gris igualmente opaco pasaban a rachas en vuelo rasante sobre las aguas, como golondrinas sobre un prado an- tes de una tormenta. Para Melville y sus personajes siempre hay sombras presentes en este lugar, que anuncian la llegada de otras más profundas.
Aunque uno no quiera ser parte de esta historia, a veces deprimente, su atmósfera entra sin permiso en el cuerpo del lector para quedarse.

Las historias de hielo de Allan Poe
Nuestro continente blanco es también un territorio que ha llamado la atención de escritores de distintas latitudes. Las aventuras de Arthur Gordon Pym, la única novela de Edgar Allan Poe y uno de sus textos más misteriosos y extraños, repleto de detalles que parecen ser símbolos y sugerencias que han hecho correr mucha tinta a los analistas literarios, concluye sobre el suelo de nuestro frío territorio. La obra es un diario de viaje de un marino aventurero que pasa por todo tipo de situaciones en su odisea. Con realismo a lo largo de la historia, Poe describe con precisión y gran detalle las características de la geografía visitada y los comportamientos de las aves que observa en la costa insular. No hay precisión sobre el origen de los conocimientos que Poe tenía sobre estos antecedentes de la Antártica, ya que en ese entonces había muy poca literatura científica al respecto, y en América se desconocían los detalles de los grandes viajes que Poe describe con enorme precisión.
Experiencias de vida y muerte, barcos fantasma- les llenos de cadáveres que se le aparecen de ca- mino a las aguas del Pacífico sur. Hambre y sed de pesadillas. tras penurias terroríficas, Las aventuras de… es un viaje a los misterios que esconde nuestra tierra en los confines del mundo. Poe se transforma en el cultor de un mito propio para
la Antártica. Una Antártica fabulosa, con aguas tibias que llegan al polo, con hostiles habitantes negros y gigantes custodiando entradas al interior del mundo. Estructura mítica que volverá a representarse varias veces más, en esa frontera entre la ciencia y lo imaginario que continúa rondando al legendario del continente blanco.

“Experiencias de vida y muerte, barcos fantasmales, cadáveres que se aparecen en las aguas del sur, hambre y sed de pesadillas: ingredientes básicos para Poe”

El mundo de fantasía para Gaiman
Para Neil gaiman (autor inglés, conocido por su novela gráfica El hombre de arena, además de El océano al final del camino, Coraline, Stardust… ), los libros eran sueños al alcance de la mano, y quizás para los niños del pasado, los paisajes de Chile fueron solo lugares fantásticos; tal vez las inmensas ballenas que solo se ven en las heladas aguas del sur del mundo o las majestuosas aves cordilleranas solo podían pertenecer al mundo de los sueños y cobrar vida en la imaginación.

Publicado en RHUV Nº25