¿Qué, cómo y por qué leen los jóvenes?

Los jóvenes son diversos, es decir, no hay una única forma de ser joven. Y ser joven hoy es distinto a haberlo sido hace 20 años y serlo dentro de 20 más. Estamos frente a una transformación social en la que las y los jóvenes participan activamente, son parte protagónica desde el punto de vista social, político, histórico y psicológico, lo que también marca las nuevas tendencias en su comportamiento, incluidos sus hábitos lectores.

Por Lorena López Sáez, licenciada en Letras Hispánicas UC, y Antonia Garcés, licenciada en Historia y Ciencias Sociales USACH, ambas del Núcleo de Investigación-Acción en Juventudes, de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad de Chile.

Hablar sobre qué lee la juventud de hoy no es tarea sencilla. Viendo la magnitud del movimiento estudiantil, su permanencia en el tiempo y todo lo que ha despertado en la sociedad, muchos se preguntan si estamos frente a una revolución juvenil. Pero más que hablar de una revolución, creemos estar frente a una transformación social importante, y los y las jóvenes han asumido un rol protagónico en ella, tensionando los paradigmas y prácticas de la sociedad en diferentes ámbitos, no sólo en la educación. Sin embargo, creemos que decir que toda la población joven está en lo mismo es una generalización que niega la diversidad de las identidades juveniles.

Desde el trabajo que se realiza en el Núcleo de Investigación en Juventudes, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (FACSO), se establece como punto de partida que las juventudes son diversas. Es decir, no hay una única forma de ser joven. Y esa forma se da, además, en profunda relación con contextos específicos: ser joven es una construcción socio-histórica, no se trata solo de una condición biológica, psicológica o delimitada por la edad. Tiene que ver también con las relaciones que se dan entre sujetos de diferentes generaciones en un momento y lugar particulares, y como se definen los roles de los sujetos en la sociedad. Ser joven en Chile hoy es muy diferente a haberlo sido hace 20 años atrás o serlo dentro de otros 20 años, y eso influye también en las prácticas culturales de la juventud.

Lectura jovenes_ignacio Ilustración de Ignacio Ortega

La visión adultocéntrica
Las miradas más tradicionales sobre la juventud nos hablan desde los prejuicios (jóvenes delincuentes, jóvenes problema), desde el esencialismo (juventud como ideal de belleza, por ejemplo), desde el mercado (consumidores, lo juvenil como bien de consumo) o desde la anulación de su actoría social actual (las y los jóvenes de hoy “son el futuro de Chile”, nunca vinculados realmente al presente). Hay que tener en cuenta que estas miradas se construyen desde el mundo adulto, quitándole poder y protagonismo a los jóvenes en la sociedad y en sus propias vidas.

El libro remueve el interior del joven
Esta comprensión de las juventudes como categoría socio-histórica construida nos lleva a mirar de un modo distinto la relación que se da entre jóvenes y lectura. Si vamos más allá de las perspectivas psicosociales, esencialistas o de moratoria, que limitan sus posibilidades de decisión y acción sobre sí mismos, podremos mirar la multiplicidad de opciones de motivación y significación que se abre entre la lectura y los mundos juveniles. Es decir, si nos deshacemos de los numerosos prejuicios de adultos, el mundo juvenil se nos abren de par en par, como un gran abanico de oportunidades. Desde esa perspectiva más abierta es posible reconocer que hay tantos gustos e intereses literarios como jóvenes hay, y que un libro puede remover muchísimos aspectos en el interior un lector.

“Las miradas más tradicionales nos hablan de la juventud desde los prejuicios, desde el esencialismo, desde el mercado o desde
la anulación de su actoría social actual”

Leer de todo un poco y de otra forma
Qué, cómo y por qué leen los jóvenes implica emprender un camino de investigación muy diferente a los que se han recorrido hasta hoy. Sabemos de jóvenes que leen sagas, literatura erótica, relatos románticos, fantasía, terror, cómics (desde los clásicos superhéroes a otros personajes de tira cómica populares o más existencialistas)… Sabemos de algunos que leen a Nietzsche, o que leen poesía, literatura de género… Y, sin embargo, también sabemos de otros muchos que ni siquiera leen los subtítulos de una película.
Pero es que también han cambiado los formatos, los lenguajes y los intereses, de manera exponencial. Los indicadores cuantitativos de diversos estudios lectores hablan de los niveles de comprensión, catalogan a lectores según el número de libros leídos por año y los clasifican, además, según cortes etarios. No obstante, los números no logran dar cuenta real de las motivaciones, o de cómo la variedad de grupos juveniles da pie a una diversidad de posibles relaciones entre jóvenes, lecturas y libros.

El sentido de la lectura
Un elemento importante al hablar de libros tiene que ver con que la relación que se establece entre las personas y los libros va más allá de las especulaciones que podamos hacer sobre lo que motiva la práctica o sobre sus efectos. En los personajes, ambientes y relaciones que se dan en el libro, un lector puede descubrir cosas de sí mismo, y puede vincularse con su propia historia y sus emociones. Puede aprender y puede sentir. Y también puede, simplemente, entretenerse.
Michèle Petit, antropóloga francesa y gran investigadora del ámbito de la lectura infantil y juvenil, habla del papel de ésta en la construcción de uno mismo y resalta lo notorio que es ese papel en la juventud. La lectura puede abrir posibilidades para elaborar un mundo propio o dar forma a la existencia. Hoy en día hay quienes cuestionan la tendencia (o no) de los jóvenes a refugiarse en largas sagas, a huir de su realidad a través de ese tipo de literatura o sólo a entretenerse de manera distinta. Pero afirmar, por ejemplo, que la lectura de cierto tipo de libros (sagas, fantasía, aventuras, relatos, entre otros) sólo tiene un fin de evasión de realidad y que “para ellos, eso está bien, porque son jóvenes”, cierra las ventanas para mirar con más profundidad el fenómeno de la lectura como práctica cultural compleja. Es posible que se lea por entretención, pero puede haber muchas otras motivaciones para leer: quizá los libros propongan paradigmas de sociedad distintos o presenten emociones que reconocemos en los personajes y nos parecen similares a las nuestras. Tal vez una saga habla de temas de interés o identifica al pensamiento joven.

Comunicarse con uno mismo
La lectura es una práctica solitaria, pero eso no implica siempre que sea una huida de la realidad. En los libros es posible encontrar o despertar reflexiones de gran profundidad, puesto que ocurre una comunicación con uno mismo a través del texto. Umberto Eco decía que el lector actualiza el texto, porque leer es también un acto de comunicación y la comunicación implica reciprocidad, roles que se intercambian en un flujo constante para significar, para dar sentido.

Facilitar que la lectura esté al alcance de todos
Una de las perspectivas que aborda la identidad juvenil plantea que los jóvenes en general están viviendo un periodo de moratoria social, es decir, que están en tránsito o en preparación para ser adultos y que, por lo tanto, tienen ciertas licencias o permisos que el mundo adulto ya no disfruta. Pero esta mirada nos parece que no aborda la complejidad de ser joven, pues se limita a una dimensión psicobiológica, sin considerar factores socioculturales, históricos y relacionales que inciden en la determinación de la juventud.
Es por eso que, cuando se analizan los intereses lectores juveniles y se generalizan (e incluso institucionalizan) afirmaciones sin conocimiento o desde una mirada adultocéntrica, se reducen posibilidades y se invisibiliza a las y los jóvenes. Porque hay mucho prejuicio en las cargas de valor que asignamos a las motivaciones para leer (“es bueno leer para aprender; es malo leer para distraerse”). Desde la perspectiva de que la lectura es un derecho, lo importante es que se fomente la lectura, se faciliten las condiciones sociales, culturales y de acceso para extender esta práctica cultural a todas y todos.

“Es posible que se lea por entretención, pero también por otras motivaciones: quizá los libros propongan paradigmas de sociedad distintos o presenten emociones que reconocemos”

¿Han vuelto a leer o nunca dejaron de hacerlo?
Es difícil identificar si la juventud ha vuelto a leer en estos últimos años o si realmente no ha dejado de hacerlo nunca. En estos tiempos, en los que la información circula tan rápida y abiertamente por las redes y por los medios masivos, y en un ambiente donde la lectura se presenta (se vende) como bien de consumo, existe mayor acceso a los libros, en formatos muy distintos, un poco más a mano que antes. Asimismo, el hecho de que muchos jóvenes asuman mayor protagonismo como actores sociales también lleva a redefinir algunas prácticas, a autogestionarse en los aprendizajes, a querer abrir las opciones dialogando con las ideas de otros a través de los libros. ¿Han cambiado sus gustos? Tal vez, de la misma manera que las identidades juveniles de hoy se diversifican y fortalecen, los gustos también lo hacen.

Hay tantos lectores como contextos existen
Aceptar que las juventudes son diversas, que no se encasillan en una categoría ni son estáticas, pone una serie de desafíos a quienes se proponen trabajar en el fomento lector con jóvenes. Es importante asumir el concepto de que, como en todas partes, hay quienes leen y quienes no. Influyen fuertemente en esto factores de clase y socioeconómicos que no siempre consideramos como lectores. Y no solo por un tema de acceso económico a los libros, sino porque la lectura es una práctica cultural, que se da en contextos de la sociedad. Y nuestro contexto promueve ciertos tipos de lectura y no otros, y la promueve para algunos y no para todos. Detrás de eso hay opciones políticas, porque la lectura abre muchas puertas a las personas, genera preguntas y cuestionamientos, y no siempre a todos ni a todas les interesa lo mismo.
En sectores periféricos o de alta vulnerabilidad casi no hay librerías, las bibliotecas son menos y poseen menos ejemplares. La lectura obligatoria en la escuela funciona como otra imposición más de un modelo educativo adultocéntrico que no comparte su poder y, por tanto, impone la lectura como tarea, obliga los gustos y no promueve la integración de la práctica porque no integra a los jóvenes en ella. Este tipo de acciones tiene en el fondo opciones que apuntan a que las generaciones adultas mantengan el dominio sobre los sujetos jóvenes, verticalizando y restringiendo el acceso a la cultura, al conocimiento, negando derechos para mantener el control sobre quienes considera “menores”, por tanto, inferiores. Y eso ocurre porque la institucionalidad sabe que aunque se quisiera controlar a los lectores a través de los temas, del acceso a los textos, del mercado literario, una vez que se produce el encuentro entre un libro y un lector, se abre un mundo de posibilidades.
Después de esto es posible mirar críticamente la relación de la juventud con la lectura. Hoy en día se sigue monopolizando el poder para decidir qué deben leer o no las juventudes. Las decisiones de los planes de lectura escolar se elaboran desde el mundo adulto, a partir de criterios cerrados en el ámbito del aprendizaje, que se sigue entendiendo como traspaso de “contenidos” (porque se mira a jóvenes estudiantes como contenedores que hay que llenar, como sujetos que carecen de madurez, de educación, de “adultez”). La literatura que se ofrece en el mercado de los circuitos culturales se pone a disposición de algunos, segrega, no promueve un encuentro grato y significativo con la lectura.

“Desde hace dos o tres años se abordan temas que interesan a los adolescentes: la diversidad, las penas de amor, la producción de películas a partir de libros o libros a partir de películas; se ven reflejados”

¿Qué pasa en la biblioteca juvenil?
Somos unos convencidos de que la juventud tiene mucho que entregar y de que nosotros, los adultos, tenemos mucho que aprender de ellos también. Para conocer cómo se genera este diálogo y esa nueva relación de libertad con el libro, hemos querido conocer también la opinión de quienes están trabajando diariamente con jóvenes lectores, y quienes observan día a día lo que ellos y ellas tienen que ofrecer, sus gustos, sus preferencias, sus estilos, sus tendencias, sus emociones, sus intereses… La sala juvenil de la Biblioteca de Santiago cuenta con un fondo de casi 12.000 títulos disponibles en sus instalaciones, ubicadas en Quinta Normal de la capital, y recibe desde 2005 a jóvenes de entre 11 y 18 años, aunque, por supuesto, cualquier persona y de cualquier edad puede entrar.
El equipo conformado por Flor Toledo, Elisa Bravo, Pablo Navarro, Rossana Mella y Paula Bernardot, nos cuenta que las “colecciones que aquí hay se mueven según el propio movimiento de los públicos”. Es decir, la demanda de lo que quieren los jóvenes importa y determina el fondo bibliográfico de la sala. Frecuentada por chicos de todos los sectores de Santiago, en 2015 se registraron 114.664 visitas a la sala y 73.145 préstamos en todo el año.
Flor Toledo, encargada de la sala juvenil de la Biblioteca de Santiago, señala que desde hace 10 años viene ocurriendo algo en la lectura juvenil, especialmente durante los últimos dos o tres. “Nosotros vemos la diferencia entre antes y ahora. El mercado de las sagas nos ha traído un público de 16 años en adelante, que busca esas colecciones, como los libros de películas de cine o de series de TV, lo que antiguamente no pasaba. Y hay que decir que el mundo editorial se ha hecho eco de estos gustos, por lo que ha producido y aumentado la oferta de este tipo de lecturas”. Elisa Bravo, asistente profesional de la sala, recuerda que hace una década “la oferta era muy vacía: había poco y lo poco que había no era muy atractivo. Ahora, hay un acercamiento a la realidad de los jóvenes. Y las editoriales escuchan y aprovechan esta demanda. La gestión cultural también sigue esta tendencia. La adquisición de libros es ahora más fácil. Siguen siendo caros, pero ya se prevé dentro de los gastos habituales de cada familia”.

El impacto del cine en la lectura
Pablo Navarro, administrativo y encargado del taller de Astronomía de la sala, añade que esta línea va de la mano con el cine. Con los efectos especiales de las películas como El Señor de los anillos (2001,2002 y 2003), resurgió la lectura del libro homónimo, de J.R.R. Tolkien, que había sido publicado por primera vez en 1954. Lo mismo ocurrió años antes con La historia sin fin (1984), película inspirada en La historia interminable, de Michael Ende, editada en 1979. Esta tendencia se consolidó con Harry Potter (primera publicación en 1997 y primera película, en 2001), serie literaria con la que libro y película convivieron y engancharon a partes iguales a miles de adolescentes, preadolescentes y también adultos.

Los grandes hitos
El gran cambio fue abordar temas que a los adolescentes les interesaban. La diversidad, el sentirse diferentes, las penas de amor, la producción de películas a partir de libros o libros a partir de películas. Así se ven reflejados, se ven identificados. Por eso, Bajo la misma estrella (John Green, 2012, Nube de Tinta) ha resultado ser un boom. Otro éxito entre jóvenes fue Crepúsculo (Stephenie Meyer, 2005, Alfaguara), por ejemplo, que mezclaba lo gótico con lo romántico, lo que supuso una novedad literaria, que no se había dado así. Este último fue uno de los hitos en el cambio.
Otro fenómeno que no se puede dejar de mencionar son las siete entregas de Harry Potter, “con las que sucedió algo aún más sorprendente: marcó generación. Cada año que se editaba un nuevo libro, los lectores también habían crecido, crecían con Potter”, reflexiona Elisa Bravo.
Todo esto se ha podido observar en el terreno, en el camino. Flor Toledo añade que “lo bueno es que hemos detectado grupos de lectura y eso aumenta el abanico, hay diversidad. En Letras en género 3, un estudio sobre experiencias lectoras juveniles de la Biblioteca de Santiago, publicado en 2015, se vio que definitivamente los jóvenes no leen cuando se les obliga o tienen que estudiar a presión. Ellos eligen las novelas de fantasía y aventuras, y algunas nuevas formas de literatura como los cómics o los manga japoneses”.

“Si bien los jóvenes debieran seguir leyendo los clásicos, la clave está en cómo los leen y cómo se evalúan esas lecturas”

Calidad literaria o lectora
La calidad de la lectura es relativa, ya que podemos referirnos a la comprensión lectora, al nivel de satisfacción del joven o a la calidad literaria. “Cuando salieron Crepúsculo y similares, todos los criticaron. Pero como biblioteca pública tenemos la misión de difundir la lectura por placer, no con la formalidad del colegio. No somos quiénes para calificar la lectura si es buena o es mala; es una decisión tan personal”, coincide el equipo.
Eso sí, hay un tema pendiente y este es cómo se trabajan las lecturas. “Básicamente –opina Flor Toledo- aunque no somos expertos en ello, creemos que, si bien los jóvenes debieran seguir leyendo los clásicos, la clave está en cómo los leen y cómo se evalúan esas lecturas. Si seguimos con el antiguo formato, les hacemos un flaco favor a los jóvenes”, concluye.
La responsable de la sala juvenil dice que los jóvenes sí leen. “Pero no siempre leen libros; son tantos nuevos formatos, tablet, computador, que ellos consideran la lectura desde un punto de vista más amplio. Son mucho más tecnológicos y quizá sus intereses los llevan a leer también muchos artículos diferentes y en diferentes soportes”. Lo curioso es que, de leer libros, prefieren el papel. Los que leen manga oriental –se lee mucho manga japonés en Chile- lo hacen en el computador, “porque, pese a que hay mucho en papel, a Chile no llega el mejor, ni en calidad de contenido ni de impresión”, afirma Navarro.

Fomentar la lectura en jóvenes
¿Cómo se hace? No es una tarea fácil. Hay espacios que desde otros paradigmas levantan acciones participativas, integradoras, tanto en el mundo privado como público, pero siguen instalando opciones que mantienen el distanciamiento de las clases sociales. Existen igualmente buenas experiencias, una de ellas salió hace unos días en las redes sociales de nuestro país y fue la invitación de una profesora del Liceo Carmela Carvajal a que sus estudiantes hicieran memes basados en el archiconocido libro Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez. La idea logró interconectar el texto con nuevas y distintas formas de comunicar. Cuántas generaciones han leído ese libro y cuán necesario es actualizar su lectura.
Ejemplos como éste desafían al mundo de las organizaciones de fomento lector a revisar su relación con los mundos juveniles, sus formas
de acercamiento, sus paradigmas y sus estrategias, pues si se quiere efectivamente que la juventud lea, es necesario partir por el diálogo y generar relaciones intergeneracionales horizontales, que validen a todos los sujetos como interlocutores, como ciudadanos, partiendo de la base de que hoy, en la era de la información, la lectura es un derecho.
Una fórmula podría ser la de la Biblioteca de Santiago: talleres tanto de escritura como de encuentros temáticos (cocina vegana, astronomía…), con expertos en las materias, “es que somos una unidad de información”, acota Elisa Bravo.

Los temas que ellos buscan
Ya hemos dicho que, definitivamente, los temas que eligen como favoritos tienen que ver con que ellos se puedan sentir identificados: diversidad, despertar sexual, relatos autobiográficos, diferencias, amor, emociones encontradas… La idea de una biblioteca es tener para todos los gustos, para todos los niveles, propuestas muy buenas y otras que quizá no lo son tanto, pero siempre guiarlos desde lo micro a lo macro. “Por suerte, las generaciones de ahora son menos prejuiciosas que los adultos y son más libres para leer, pensar y opinar. Buscan y preguntan. Ves que hay un interés, una identificación”. Elisa Bravo interviene diciendo que, a veces, no es fácil guiarlos “ya que las preguntas son un auténtico desafío. Por ejemplo, piden un libro para llorar, y eso es tan relativo porque puede que lo que me haga llorar a mí no les haga llorar a ellos”.

Los libros más pedidos en la sala juvenil


CÓMICS
1. Naruto (manga)
2. Walking Dead
3. Los de Marvel


SAGAS
1. Conexión
2. Saga Divergente
3. Harry Potter
4. Percy Jackson
5. Correr o morir


RELATOS
1. Las ventajas de
ser invisible
2. Yo antes de ti
3. Los de Blue Jeans
4. Los de John Green


AVENTURAS
1. Diario de Greg
2. Nikki
3. Las de Julio Verne


NOVELAS GRÁFICAS
1. Persépolis
2. V de Vendetta
3. Emigrantes


LIBROS DE YOUTUBERS
1. Pepi, la fea
2. Virtual heroes, de El Rubius
3. Wigetta
4. Luna de Plutón, de Dross
5. Libro Troll, de El Rubius

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Publicado en RHUV Nº24