Bologna Children’s Book Fair 2016 o un ‘sudaca’ por la Feria de Bolonia

La Feria del Libro Infantil de Bolonia es una exposición con lo más destacado en libros para niños y jóvenes. En ella confluyen editoriales, escritores e ilustradores de todo el mundo, se concretan reuniones para ver catálogos y portafolios, cerrar contratos, vender derechos y comprar traducciones. En su edición de 2016 recibió a una gran delegación chilena de editores e ilustradores. Una crónica de primera mano del paso por la Feria.

Por Pablo Álvarez, editor en Ekaré Sur

Sobre el stand de Polonia había unas manzanas. Tomé una mientras miraba libros. Deliciosas propuestas gráficas; herencias de décadas de ilustración, guerras, socialismo, tradición cartelista. Al salir del stand probé una manzana, que inmediatamente me llevó al puesto de una feria libre en San Bernardo, que se ponía todos los jueves y domingo en la calle de al lado del pasaje donde vivía. En la escena, tenía 15 años y las manzanas aún conservaban ese jugoso dulzor. Esa manzana que saqué del stand de Polonia, estoy seguro que la probé hace más de 10 años en San Bernardo.

afiche-mesa-2-web Ilustraciones de Catalina Bu. Afiches para la delegación chilena en la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2016.

Pude ir a la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2016 gracias al financiamiento del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que realizó una convocatoria para enviar a una delegación de ilustradores y editores. La Feria es una exposición enorme con lo más destacado en libros para niños y jóvenes. Confluyen ahí, importantes editoriales, escritores e ilustradores de todo el mundo donde se presentan las últimas novedades, se concretan reuniones para ver catálogos y portafolios, cerrar contratos, vender derechos, comprar traducciones. Una plataforma, un puente, un punto de partida, una vitrina de las imágenes que rodean el mundo de los libros para niños y para jóvenes.

Asimismo, todos los años, la Feria entrega reconocimientos a la producción de libros. Desde las mejores propuestas gráficas, textuales y editoriales para niños y jóvenes, el BolognaRagazzi Award, pasando por los premios al tercer mundo bajo un sutil New Horizons, y el Bologna Prize Best Children’s Publisher of the Year (BOP), que distingue a la mejor editorial por continente. Este año, en el afán por integrar, o segregar, no me quedó muy claro -pero suena lindo en la cita que hacen de Quentin Blake-, también se entregó un premio especial, el BolognaRagazzi Award for Disability, que reconoce la inclusión, la tolerancia, el respeto y la diversidad, entre otros muchos temas de moda en la producción de libros para niños y jóvenes, con la presencia de personajes discapacitados en los libros.
En ese mismo ítem, el de los premiados, me llamó profundamente la atención la colección de Media Vaca: Libros para mañana. En un interesante rescate editorial, estos cuatro libros, cuyos textos fueron escritos en los años 70, trabajan sobre temas de política para niños y niñas. Actualizados en su edición y, sobre todo, en la propuesta gráfica, son, sin duda, una línea a tener en cuenta en la nueva camada de producción de libros. Mención especial para No des puntada sin hilo (Editorial Amanuta, 2015), selección de refranes de Manuel Peña con ilustraciones bordadas por Maureen Chadwick, que fue distinguido en la categoría New Horizons: una muestra del buen trabajo que las editoras de Amanuta vienen realizando desde hace un tiempo, con una enorme proyección internacional y haciéndose lugar entre las miles de propuestas que año a año aparecen en el mercado.

“La Feria de Bolonia es una plataforma, un vínculo, un punto de partida, una vitrina de las imágenes que rodean el mundo de los libros para niños y jóvenes”

En la comisión de ilustradores y editores se encontraba Sol Undurraga, seleccionada por segunda vez en la Bologna Illustrators Exhibition. Su destacada propuesta no pasa inadvertida para la mirada extranjera y es del gusto de los más prestigiosos sellos editoriales. No es menor que Nobrow, una editorial de altos estándares a nivel de imagen e impresión, haya puesto atención en su trabajo y la convocara a una cita durante la Feria. El premio recayó en el mexicano Juan Palomino, con una obra que está por debajo de sus reales capacidades como ilustrador. El resto de la comisión de ilustradores la completaban Francisca Yáñez, quien dio talleres en pequeños poblados de Italia junto al editor Paolo Primavera; Pati Aguilera, cuyo trabajo como ilustradora y directora de PLOP! Galería es fundamental, y tiene el reconocimiento de importantes editoriales de habla hispana y otras extranjeras y Paloma Valdivia, quizás la ilustradora chilena con más reconocimiento y trayectoria en el ámbito internacional, y que lo demuestra con cada nueva publicación. También nos representaron las editoriales chilenas Recrea Libros y Gata Gorda Ediciones. El catálogo de esta última se proyecta hacia el mundo con esa preocupación por encontrar un lenguaje universal a través de la imagen, es el caso de Mi lista de envidias o Tot; una editorial reciente con una interesante línea de internacionalización. Destaco, asimismo, las invitaciones especiales que recibieron Constanza Mekis, actual presidenta de IBBY Chile, quien se ha preocupado de renovar y dinamizar la institución; Lola Larra, la otra invitada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, era la escritora que naturalmente debía ir a la Feria: autora de la novela más premiada de 2015 en Chile, Al sur de la Alameda, no podía restarse de este evento. Y lo hizo con una charla excepcional ante niños y jóvenes italianos, que escuchaban con asombro cómo los estudiantes en Chile se tomaban los colegios. Será imborrable la pregunta de un chico, de unos 10 años, que en italiano le preguntó a la escritora (la traducción no es mía): “¿Cómo estos niños juntan el valor para ocupar los colegios?”. Sin duda, una de las preguntas más lúcidas de la jornada.

“Un premio especial, el BolognaRagazzi Award for Disability, reconoce la inclusión, la tolerancia, el
respeto y la diversidad, con la presencia de personajes discapacitados en los libros”

Un reconocimiento muy especial fue el BOP, que lo entregan todos los editores que participan con un stand en la Feria. Ediciones Ekaré estaba nominada como Mejor Editorial del año por Centro y Sudamérica. La sorpresa fue mayor cuando, en la Biblioteca dell’Archigginasio, Ediciones Ekaré fue reconocida con el premio “por establecer un puente entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo. Editorial refinada y elegante, de referencia para jóvenes talentos de la ilustración y países con un fuerte desarrollo cultural, como, por ejemplo, Chile”. Sin duda, un premio al trabajo que por casi cuarenta años han desarrollado Verónica Uribe -quien participara en el comité editorial de nuestra revista durante los cinco primeros años- y Carmen Diana Dearden, y que ha trascendido en todos quienes aportan a diario en el trabajo de esta editorial.

“Ekaré premiada por establecer un puente entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo; editorial refinada y elegante, de referencia para jóvenes talentos”

El último día de Feria, la tarde en que salí de esos galpones, impresionado aún por el stand checo, la sofisticación del francés, lo multiforme del chino, el ruso, clásico y vanguardista a la vez, y las sorprendentes editoriales portuguesas, me encuentro con tres tipos que van fumando. Me miran de pies a cabeza. Cargo muchas bolsas con libros, encargos y esa compulsión por tenerlo todo. Miran las bolsas, la cámara y mi imposibilidad de poder correr con tanto bulto encima. Debía cruzar un parque que está justo fuera de la Feria, donde hay un edificio pequeño precioso, como una instalación. Los tipos se adelantan y yo aprovecho para ralentizar el paso. De pronto un silbido, levanto la cabeza, y unos ilustradores españoles que conocí entre spritz y birras, me alertan de la situación, que ponga ojo en los tres bandidos, como en una desafortunada cita al maestro. No sé si fue el silbido o la complicidad con los españoles, pero los tres italianos siguieron caminando y los perdí de vista. Al final del parque -yo había decidido cortarlo en una diagonal- me encontré con el ilustrador argentino Gusti, que había tomado el camino lateral. Se acerca, con ese aire medio místico, medio de gurú de la Patagonia, y me dice: “Ché, flaco, casi te afanan esos chorros”, mientras fuma su tabaco liado hace unos minutos. Sorprendido por el repentino saludo de quien acababa de ganar el premio mayor de la categoría Disability en Bologna, no atino a ninguna conversación inteligente y lo felicito por el premio. Mi torpeza no fue tanta, pues inmediatamente pasamos a hablar de qué es la inclusión en la literatura y en el arte; qué es eso de hacer libros para discapacitados; qué es eso de hacer evidente la diferencia. Nos divertimos conversando hasta el hotel. Ya se me habían olvidado los “chorros” italianos. Yo comía una manzana y el fumaba un tabaco. Un Gitanes, probablemente. Un poco antes de despedirnos, me dice: “Ché, yo no sé qué es eso de la inclusión. Yo hice este libro para mi hijo y ya está. Y si me hablan de inclusión, dejame decirte que no hay nada más inclusivo que la ilustración, donde usamos todas las técnicas, todos los colores, todos los materiales para expresar algo. Eso es inclusión”. En ese momento elevé a Gusti a la calidad de autor.
Nos separamos en la recepción del hotel. Gusti tomó la derecha y yo, la izquierda.

Publicado en RHUV Nº24