Abrir la conversación forma lectores y ciudadanos

La educación vive un momento histórico. La reforma educacional pone a las escuelas en el centro del cambio social, basado en superar las profundas desigualdades. Se debe promover un aprendizaje íntegro con una concepción inclusiva, que acoja a todos.

por Mónica Bombal, desde Plan de la lectura.

La lectura cumple un lugar protagónico de esta reforma a través del Plan Nacional de la Lectura. No sólo al implementar programas que garanticen la presencia de más y mejores libros sino también velando por la creación de espacios liderados por mediadores comprometidos con la inclusión.
Elaborar criterios de selección de lecturas que aborden el tema de la inclusión tiene sus riesgos. Por un lado se debe velar y asegurar una diversidad de formatos: audiocuentos, traducciones desde y hacia las lenguas de pueblos originarios o lenguaje de señas, libros con macrotipos y textos de “lectura accesible”, etc.

Textos que valoran la diversidad
Pero sin duda, la mayor complejidad radica en los contenidos de estos textos. Cuando los comités de selección o grupos que definen listas de lecturas incluyen dentro de sus criterios “libros que promuevan y fomenten la buena convivencia, el reconocimiento de la diversidad cultural, el respeto…”, se abre la puerta a textos repletos de moralinas, carentes de sutileza o que presentan de forma forzada los temas de inclusión. Estos textos difícilmente posibilitan reflexiones interesantes acerca del otro. Sugerimos entonces que se prefieran obras que no atenten contra el respeto y la diversidad cultural, social, orientación sexual, género, religiones, características físicas, nivel socioeconómico, origen étnico, necesidades educativas especiales, pertenencia a culturas originarias u otras subculturas de carácter local. Apreciar textos y estéticas que valoricen estas diversidades, así como evitar promocionar obras que propongan la violencia como sistema de vida o respuesta en la búsqueda de soluciones; obras que busquen adoctrinar o que no dejen abierta ninguna salida o esperanza son criterios que permitirán construir colecciones inclusivas.
Hoy las escuelas públicas cuentan con bibliotecas de aula desde prekínder hasta segundo básico, gestionadas por el Mineduc. Títulos como Eloísa y los bichos, de Jairo Buitrago (Editorial Babel); De aquí y de allá, de Maya Hanisch (Amanuta); El libro negro de los colores, de Manena Cottin (Tecolote); Escucha mis manos, de Alvarito Cuevas (Tecolote); ¡Vamos a ver a papá!, de Lawrence Schimel (Ekaré); Catalina, el oso y Pedro, de Christiane Pieper (Kalandraka); Cuentos indígenas (Amanuta); ¿Quién es Juan?, de María José Ferrada (Planeta); Nawel, el hijo de los animales/pu kulliñ ñi yall, de Sofía Guerrero (Planeta Sostenible) y Mundo cruel (Wonder Ponder), están expuestos para uso diario y manipulación directa de los niños.
Sin embargo, la discriminación arbitraria no se vence únicamente comprando libros con temas que aborden estos asuntos de forma pertinente, sino que la conversación sobre los libros es el factor más determinante en la formación de lectores. Si queremos formar lectores sensibles, solidarios, informados, reflexivos, críticos, creativos y participativos debemos abrir conversaciones desinhibidas, complejas y respetuosas.