Los márgenes del libro

Si es inevitable la mala literatura, nada justifica un libro mal hecho

Por Ricardo Mendoza, profesor universitario, editor y diseñador de libros

Anoto reflexiones deshilachadas, asedios esporádicos al asunto que tratamos aquí. Advierto que soy un actor/espectador marginal, porque elegí vivir en la periferia del imperio. Porque no concibo la producción de libros como industria. La juzgo un oficio, una artesanía que “designa un impulso humano duradero y básico, el deseo de realizar bien una tarea, sin más”1, cuyo centro es el texto y su espacio de ejecución escrita, el libro, como un escenario de la lectura.
Tocante a las transformaciones del mundo editorial, la principal es su consolidación como “industria editorial” que emana a veces coherente, rigurosa y con calidad en ciertas áreas; otras veces, un revoltijo de obras maestras basura pseudocientífica y best-sellers del olvido.
Esto permite visualizar mejor las diferencias entre las editoriales transnacionalizadas y las pequeñas, surgidas en Santiago y en provincias. Éstas, creadas por escritores asociados a gestores o diseñadores, suelen ajustarse a un tema como poesía, novela gráfica, ciencia ficción, ensayo… Acogen la literatura creativa de su entorno y variados temas regionales. Técnica y materialmente diversificadas, pueden afrontar ediciones costosas en imprentas de alta calidad, impresiones digitales caseras o de corto tiraje, hasta propuestas “cartoneras” o experimentales.
En su mayoría personalizados, estos microeditores -editores artesanales, o alternativos, como suelen llamarnos- han proyectado a autores y temas emergentes, enriqueciendo la literatura chilena.
Quizás la intemperie no sea un mal ambiente salvo en la única gran dificultad: cómo hacer circular esos libros en los que se ha depositado tanta fe, dinero y esfuerzo; las distribuidoras masivas son una vía, no la única; los canales web son otra.
Dije “única dificultad” porque nunca ha habido tantas facilidades y herramientas para producir libros como hasta ahora. Si es inevitable la mala literatura, nada justifica un libro mal hecho. Una vez dije que “la computación nos ha devuelto el esplendor de la tipografía; son tantas nuestras ventajas que no hay ninguna disculpa para producir libros ilegibles, excepto nuestra torpeza, nuestra pereza o pobre talento”. Liberados de la extenuante y lenta labor del “tipo alzado” y el diseño manual, es nuestro deber entregar libros eficaces para reunir al texto con sus lectores.
Y aunque el costo es alto, el financiamiento se ha expandido; más allá de las discusiones sobre su uso político, los fondos concursables han sido de los factores que más han incidido en la producción de libros y proliferación de microeditoriales.

“Nunca ha habido tantas facilidades y herramientas para producir libros como hasta ahora”

Una palabra acerca del iva: solo es relevante porque afecta a un producto cuyo circuito eleva el precio varias veces por encima del costo base. Y ese costo es más alto en un tiraje microeditorial, limitado a 500 o 1.000 ejemplares. Y dos palabras para el libro electrónico.2 La primera, cuando apareció, algunos vaticinaron su muerte: el libro impreso en papel, pese a su milenario prestigio, sería aniquilado por la novedad, la liviandad, la funcionalidad del ebook. Nada de ello ocurrió. Siempre sostuve que el precio sería bajo solo hasta su instalación, y creo que así ha sido: baratas son las ediciones electrónicas de clásicos y libres de derechos, las demás tienden a acercarse al valor de un libro de papel. En rigor, ¿por qué pagar por todo? Hay gigantescos repositorios como Project Gutenberg3, que ofrece más de 50.000 libros libres en Txt, Doc, Epub, Pdf, Html. La segunda, sus herramientas de diseño todavía son básicas, las tipografías insuficientes, los formatos toscos y limitantes las máquinas.
Así como creo que el libro en papel no desaparecerá, también creo que el ebook está en su prehistoria.

1 Richard Sennett, El Artesano, Anagrama, 2009.

2 Hablo de epub, mobi o azw, por ejemplo, o de hipertextos (cuyo texto es elástico y fluye adaptándose a soportes y resoluciones cambiantes), no de versiones electrónicas estáticas de un libro usualmente diseñado para papel, como el pdf.

3 Project Gutenberg (www.gutenberg.org) advierte sobre las malas consecuencias que podría tener sobre nuestra materia el Tratado Transpacífico (TPP), que debería ser conocido por todos nosotros.

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Ricardo Mendoza Rademacher (1954), es profesor de Estado en Artes Plásticas (U. de Chile) y escritor. Enseñó Dibujo, Historia del Arte y Apreciación Artística en el Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Austral de Chile de Valdivia, entre 1977 y 1982. Hasta 1995 fue diseñador gráfico independiente.
En 1985 inició actividades como editor y diseñador de libros, bajo el sello propio de Ediciones Kultrún. A la fecha, ha publicado más de 200 títulos de poesía, cuento, novela, fotografía, investigación cultural y ciencias, todos ellos pertenecientes a escritores, artistas e investigadores de la zona sur de Chile.
En 1995 se incorporó a la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM / MINEDUC) como Director del Museo de Sitio Castillo de Niebla, en cuya función, amén de actividades administrativas, ha participado como investigador iconográfico y documental en proyectos museográficos; se ha involucrado activamente en temas patrimoniales regionales.
Ha publicado los libros Con palabras (poesía, edición personal, 1983), Escenas de la vida del bufón Íñigo Mendoza (poesía, publicación del Concurso Luis Oyarzún, Edición del Gobierno Regional de los Lagos, 2003), Los deseos consumidos (poesía, Ediciones Kultrún, 2005); y numerosos artículos, crónicas, reseñas críticas y presentaciones de libros.

Publicado en RHUV Nº23