Los caminos entre el editor y el lector

Una vez publicada la obra, ¿qué viene después en la cadena editorial? Producido el libro, los niños ya merecen tenerlo entre sus manos. Pero para que esto suceda, debe existir un puente entre el editor y el lector: la distribución, con sus más y sus menos. Desde hace un par de años, eso sí, han surgido muchas librerías nuevas que, quizá, cambien el panorama.

Por Aminie Filippi

El vínculo que une a los dos actores de nuestro ecosistema, editor y lector, es la distribución. Pero la mayoría de los profesionales del mundo del libro coinciden en que algo pasa con ella. ¿Hay aquí un problema? En Chile, la librería es el principal canal de distribución, pero no es el único. A lo largo de los años, se han ido incorporando otros como las papelerías, la venta directa, los clubes de lectores, el comercio electrónico, las multitiendas y las ferias del libro, que hacen que la librería tenga más competidores capaces de reducir la actividad de la tienda de libros tradicional.
Un estudio de la CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) define el importante rol que juega la librería en la cadena editorial: “tiene un papel cultural fundamental dentro del mercado del libro, principalmente como agente que garantiza y promueve el pluralismo en la oferta de libros en el mercado, que a la vez favorece el acceso de los lectores a la oferta editorial”. Sin embargo, algo anda mal. O no tan bien. Quisimos saber cuál era el punto débil del sistema que afecta a las librerías. El CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro de América Latina y el Caribe) destaca en su último informe las principales trabas de las librerías, que “en orden de importancia, son la escasez de capital de trabajo, la falta de modernización empresarial, la falta de capacitación de empleados y la competencia de las editoriales”.
Todos los países latinoamericanos presentan los mismos problemas a la hora de distribuir el libro en provincias, sobre todo, en países tan centralizados como Chile. “Entre los aspectos que más sobresalen –indica el informe- destacan las dificultades de transporte y el costo de los fletes”. La geografía chilena poco nos ayuda en ello.
Tampoco ayuda que la librería cobre a la editorial entre un 30 y un 40% por distribuir cada obra y hacerla llegar al lector. En el caso de los autoeditores, el esfuerzo es aún más evidente: además de la falta de plataforma para la promoción, tienen que pasearse con sus libros, gestionar la propia guía de despacho, ocuparse de las ventas… Pero los grandes sellos también sufren con este sistema que no llega a ser del todo eficiente, ya sea por sus altas tarifas como por las dificultades propias que supone trasladarse por nuestro territorio chileno.

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Ilustración de Paula Bustamante

La librería ideal
Pero, desde hace menos de dos años, también se ha experimentado un boom de nuevas librerías. No sabemos qué suerte correrán, pero, de momento, es una excelente realidad emprendedora. Una explosión de librerías de franquicia y otra de pequeñas nuevas librerías con encanto. Francisco Mouat, propietario de la librería Lolita, que abrió sus puertas en octubre de 2014, afirma que su actividad está, efectivamente, en auge. “El sello y la librería son una empresa familiar”, nos cuenta. Pero por lo mismo, el oficio es más demandante. “Nuestro catálogo es muy transversal, no es de nicho, sino que para todos los gustos. Esto es muy bueno, pero también es muy exigente porque te obliga a satisfacer y a lidiar con todo el espectro editorial”. Y así es. Entrar en Lolita no es solo entrar en una tienda de libros. Es dar un paso a un espacio de encuentro, de conversación, de discusión, de entretenimiento y de libros y lectura. Pasarse horas allí es fácil. Abierta de lunes a domingo, salvo los feriados, la librería está conformada por un equipo profesional basado en el vínculo y la confianza. “Es nuestra, de mi mujer, mi hija, un gran amigo y yo; y todos los que trabajamos aquí estamos unidos por alguna arista especial que nos ha permitido encontrarnos”.
Además del activo taller de lectura de literatura para adultos que se reúne un día a la semana, la librería ofrece actividades gratuitas: literatura para niños, una película al mes, presentaciones de libros, actuaciones de magia… “La vitrina sigue esta línea. Son detalles, pero hay que dedicarle tiempo, hay que dedicarle corazón”, aclara Mouat.
Por este mismo motivo la negativa de abrir otra sucursal de Lolita es rotunda. “No podríamos estar en ambos sitios, porque el espíritu de Lolita es que sea atendida por sus propios dueños”. La atención personalizada de una librería como Lolita permite otro tipo de relación con el cliente. “Yo no recomiendo un libro en el que no creo, por ejemplo”, confiesa el librero. Y, por otra parte, “con los mismos lectores aprendo tanto de mundos insospechados y desconocidos, descubriendo lo mucho y bueno que hay editado”, porque se establece no solo una conversación entre el librero y el lector, sino también un lazo más afectivo, y que seguramente no se da en las librerías más grandes, salvo algunas excepciones.
El público también es transversal. “En este tipo de librería, el ranking es más literario y con muchos libros infantiles. De hecho, un público muy fiel son los niños. Y junto a ellos, los papás, los abuelos, los tíos… Nos encanta que pase eso, que se haga un hábito, que venir a la librería sea un panorama, que los títulos que ponemos en la vitrina atraigan: los niños saben que este es un espacio donde pueden estar, ver y tocar libros”, se enorgullece Mouat.

Cuando una librería es atendida por su dueño, se nota: se establece una buena conversación y un lazo afectivo

¿Es muy alto el precio de los libros?
Comparativamente, es cierto que en nuestro país comprar un libro es caro. Y nuestra realidad geográfica encarece su precio final, por la tarifa de distribución de norte a sur. Pero no solo por eso; también porque la mayoría de los libros en español vienen de México y España. Por ejemplo, si vienen de España, tienen que cruzar el Atlántico, el Canal de Panamá, bajar por el Pacífico y después llegar a Chile. Y este gran periplo va añadiendo ceros al precio final.
Y seguimos sumando. No olvidemos que a este precio agregamos el iva, que en Chile alcanza el 19%, el más alto del mundo. No tenemos la posición privilegiada de Argentina, Perú y Brasil, por ejemplo, donde el iva es cero; ni siquiera la de España, con un 4% de iva al libro o la de Estados Unidos, con un 7%.
Sin embargo, también invitamos a reflexionar sobre cuál sería, en realidad, el impacto de una reducción del iva en la situación general del libro. Es posible que como consumidores, reivindiquemos, y con razón, una disminución significativa del iva o incluso aboguemos por su eliminación total. Pero lo cierto es que el debate, a veces, distrae de un aspecto importante, que es la lectura. Nuestra pregunta es si habrá más lectores en Chile si quitamos el iva a los libros. ¿Cuántos libros más va a leer la gente? En el fondo, una persona que lee habitualmente se podría comprar uno o dos libros más al año con la diferencia acumulada. Ahora, pensemos en un no lector: ¿leerá más porque se elimine el iva? No lo sabemos, pero es válido sospechar que no supondrá un aumento significativo en el nivel de lectura. Porque actualmente acceso al libro hay: están las bibliotecas públicas, el bibliometro, bibliotecas escolares, biblioteca digital pública… “El que no lee, no va a comprar más libros porque se elimine el iva. Por eso, esta situación no cambiaría esta parte del panorama de la lectura en Chile”, dice el librero de Lolita, quien añade que reducir el debate al tema del iva es erróneo y no conduce a soluciones. Quizá deberíamos centrarnos más en las medidas más eficientes para fomentar la lectura en nuestro país.

El precio final del libro contempla un iva del 19%, el más alto del mundo; en Argentina, Perú y Brasil es del 0%

Libros nacidos en regiones
Seamos francos. El mundo del libro, como muchos otros sectores, está bastante centralizado en Santiago. Sin embargo, ya empezamos a ser testigos de otra realidad. Pese a que más del 80% de la producción editorial se desarrolla en la Región Metropolitana, también, poco a poco, podemos ver emerger tanto editoriales como librerías en regiones, especialmente en el sur de Chile. Es el caso de Ediciones Kultrún, por ejemplo, una editorial valdiviana con Ricardo Mendoza al frente, que ha permitido materializar más de 100 títulos, aportando a la descentralización cultural del país. Junto a ella, hay alguna más, tales como ciertas universitarias (Ediciones de la Universidad Austral o Ediciones de la Universidad de Valparaíso), a las que reconocemos el gran valor que tienen, ya que han persevarado en un medio bastante duro. En general, en regiones la cadena editorial es precaria porque faltan distribuidores, programadores culturales y librerías. Aunque de estas últimas ya tenemos algunas en la mira. Y tremendamente mágicas y encantadoras. Una historia curiosa es la de la familia Castillo, cuatro de ocho hermanos (no uno, ni dos, ¡cuatro!) que decidieron montar una librería cada uno en distintos lugares del sur de Chile. Así, cada una con su catálogo, se levantaron las librerías Chiloé (Valdivia), Multilibro (Osorno), Sotavento (Puerto Montt) y El Tren (Castro). El amor por los libros fue el gran legado que les dejó su padre, René Castillo, concuerdan todos en una entrevista a El Mercurio.
Y otra buen noticia es la próxima apertura de Rayuela, una librería que se abrirá sus puertas en Aisén este año 2016, gracias a un Fondo del Libro.

El rol de las ferias
La Cámara del Libro es el gran organizador de las ferias del libro más importantes del país. El objetivo principal de un evento de esta categoría es velar por la libre circulación de ideas y promover la difusión del libro y la lectura. Además, es una instancia para reunir a los agentes editores, los autores, los ilustradores, los distribuidores y, por supuesto, el lector. En definitiva, es un gran lugar de encuentro y conversación entre los principales actores del ecosistema editorial.
La Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) es la más prestigiosa de Chile. En ella se genera una oportunidad para exponer contenidos culturales y se tienden puentes entre los autores de nuestro país, sus pares latinoamericanos y del resto del mundo. Desde hace un tiempo, la Feria del Libro de Santiago gira en torno a un tema central, con un un país que representa al invitado especial: en 2015 fueron los países nórdicos; este año el honor corresponderá a México.
Por otra parte, la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, cumplirá el próximo año tres décadas y la de Viña del Mar tiene ya 34 años, tres de ellos como un evento de carácter internacional. A nivel comunal este año hemos vivido una explosión de ferias: la de Ñuñoa, de Plaza de Armas, de La Florida, del Parque Forestal, de Lo Barnechea…

 

BIBLIOTECAS CRA:
Para que más niños accedan a más libros

Vamos a lo que nos convoca: los niños y su relación con los libros. El gran facilitador que ha permitido que haya un mayor acceso a los libros por parte de los niños es el programa de Bibliotecas Escolares CRA (Centros de Recursos para el Aprendizaje), del Ministerio de Educación. Desde su creación en 1994, estas bibliotecas se proponen como espacios de encuentro creativos y estimulantes al interior de los establecimientos escolares, y están orientadas a generar instancias activas para el aprendizaje, dando a la lectura un destacadísimo lugar en las escuelas y liceos. “En el marco de la recuperación de la democracia en Chile, surge un esfuerzo importante del Estado por mejorar la calidad y la equidad de la educación; he aquí el primer germen de los CRA, porque si queremos que los niños lean más, hay que proveer los recursos para ello”, contextualiza Alejandra Arratia, coordinadora nacional de la Unidad de Currículum y Evaluación (UCE), del Ministerio de Educación. Y, lo primero, dejar claro que hablamos de leer en el sentido amplio de la palabra: “leer para estudiar, hacer las tareas y ejercicios escolares, pero también leer para entretenerse, para pasarlo bien. En definitiva, leer por placer”, acota Arratia. “Y las bibliotecas del colegio son un espacio ‘protegido’ para ello”.
¿Y cómo se eligen los libros que leen nuestros niños? “Para nutrir estas bibliotecas tenemos equipos evaluadores externos y estamos reforzándolos con un gran Centro Evaluador. Después se hace otra revisión interna”, cuenta Andrea Labra, coordinadora nacional subrogante de las Bibliotecas Escolares CRA. “Este año -prosigue- también se fortalecerá este último punto, ya que debido a que los CRA han tenido un crecimiento enorme del que tenemos que hacernos conscientes, ahora tenemos más y nuevos requerimientos todo que el material que exista en nuestras bibliotecas sea pertinente”.

Solo las mejores
Una biblioteca CRA no es cualquier sitio donde se prestan libros. Debe cumplir una serie de requisitos. Empezando por el espacio, nos señala la coordinadora subrogante: “no debe ser inferior a 60 metros cuadrados, es decir, debe tener el espacio de una sala de clases, como mínimo; debe incluir, además, un rincón lector, para las tareas, la calma y la curiosidad. También tiene que contar con un encargado de biblioteca, a quien formamos para que a la larga sea un buen mediador. En algunos casos, también un coordinador pedagógico, vínculo entre la biblioteca y el equipo docente”.

Las bibliotecas CRA están pensadas como espacios de encuentro para conocer la lectura, para estudiar, pero también para leer por placer

Biblioteca digital en la escuela
Uno de los desafíos para cumplir este año tiene que ver con un nuevo convenio con la Biblioteca Pública Digital (BPDigital), la que acaba de ponerse en marcha con más de 10.000 títulos. “Empezaremos con unos 100 establecimientos haciendo un cruce entre cada catálogo y el de la Dibam. La BPDigital tiene unos 2.300 títulos para nuestro segmento infantil y juvenil (en edad escolar), pero hay que hacer toda una revisión y selección”. Alejandra Arratia dice que si bien este es un reto para 2016, “trasciende más allá, porque los niños de hoy son nativos digitales”.
La red de Centros de Recursos de Aprendizaje, CRA, ha dado un salto cuantitativo importante: hoy, los CRA están distribuidos en las 15 regiones del país, se han implementado 10.822 bibliotecas escolares (8.497 en educación básica y 2.385 en educación media) y la población de estudiantes beneficiada, en establecimientos particulares subvencionados y municipales, alcanza un 96,87% en básica (1.900.448 alumnos) y un 96,54% en media (750.352 alumnos).
Respecto a la cantidad de libros que el CRA compra y distribuye, las funcionarias del Mineduc nos cuentan que “dependiendo del tamaño del establecimiento, se reparten entre 60 y 120 títulos por biblioteca”. Se trata de distintos libros, según el tipo de biblioteca (rurales, técnicas…)”. Y el objetivo es que cada biblioteca compre y nutra su fondo según necesidades, geolocalización, temática escolar, etc. “Querríamos, más adelante, tener una especie de carrito de compra, con el que nosotros ofrezcamos los libros y las bibliotecas elijan lo que estimen pertinente”, nos cuenta Arratia. “Para ello es esencial -matiza- contemplar dos variables aquí: una, que los libros sean de calidad y la otra, la transparencia en la compra. Dos bienes que deben convivir a la perfección”.

El Estado, el gran comprador
Los CRA han hecho posible que los niños accedan a los libros. Desde el punto de vista de la editorial, también ha colaborado en un cambio significativo en las ventas. Cuando se hace un libro, se suele pensar en comercializarlo a un público general o particular. Pero, además, cada libro que se lanza, se manda al Ministerio y este, al cabo de un año, cuando hace su selección y decide que quiere comprar dichos libros, les pone un precio. El Ministerio compra unos 10 títulos al año, en una cantidad significativa (alrededor de 1.000 es un buen volumen), aunque, en ocasiones, la compra es bastante menor.
Las editoriales más pequeñas también consideran que uno de los hitos del cambio del mundo del libro en los últimos años es la compra por parte del Ministerio. “Pero es mezquino decir solo la compra”, señala Constanza Recart, directora fundadora de la editorial Amanuta. “Se trata de todo el programa de bibliotecas escolares, ya que es una iniciativa que implica comprar los libros, distribuirlos, estimular a los bibliotecarios, a los profesores… Y si bien se instauró hace más de 20 años, los frutos se están viendo ahora, paulatinamente.” Y eso se ve en el día a día: “impresiona cuando llega un niño que quizá no tiene muchos recursos y te dice ‘ese libro lo conozco, lo leo en el colegio’, se sorprende Ana María Pavez, también directora de Amanuta.