Manuel Peña Muñoz: “Sigo siendo el mismo niño que fui”

Su infancia en Valparaíso, sus raíces españolas, sus innumerables viajes, su pasión por las letras. El destacado escritor, profesor e investigador chileno abrió las puertas de su casa y de sus recuerdos para esta entrevista, donde revela su faceta más personal.

Por Bernardita Cruz M.

P1120439

Antiguas cajas de latón, coloridos juguetes de madera, tazas de porcelana, cajas de música, carpetas repletas de collages, joyas literarias, fotos en blanco y negro… El departamento de Manuel Peña Muñoz es, simplemente, un mundo aparte. Un espacio donde el escritor reúne parte de los recuerdos que ha acumulado a lo largo de su vida. El resto de esos momentos inolvidables están registrados en sus libros o permanecen intactos en su memoria, listos para salir al ruedo en cualquier conversación.

Y es que Manuel es un hombre lleno de anécdotas y experiencias, un viajero inquieto que tiene amigos e intereses en cada destino. Escritor, investigador y cronista, posee una extensa obra literaria y su aporte a la difusión y reconocimiento de la literatura infantil es innegable.

Quienes han leído sus libros o lo han escuchado en algún congreso, saben que es un profundo conocedor del pasado y presente de la LIJ, y un escritor que va, como si nada, de la novela a la crónica, de la recopilación a la creación, de la historia pura a la anécdota. Pero, ¿cómo es el Manuel más íntimo? ¿Cómo se define a sí mismo? “Escritor viajero; son las palabras que más me identifican”.

Partamos por el comienzo. ¿Cómo lo marcó su infancia en Valparaíso?

La ciudad del viento tiene fantasía, magia y asombro. Sus calles laberínticas y llenas de recovecos me marcaron junto con sus personajes extravagantes y poéticos. La presencia del mar y sus barcos que se iban con sus pasajeros me dejaban un fuerte deseo de viajar. Mi tío Lázaro, que era tripulante del Reina del Pacífico, nos traía libros de cuentos maravillosos que no conocíamos en Valparaíso. La gente que nos rodeaba y las casas pretéritas hablaban siempre de mejores épocas. La nostalgia por otros mundos estuvo presente siempre en mi infancia y perdura hasta el día de hoy.

Al leer Valparaíso, la ciudad de mis fantasmas resulta sorprendente lo vívido de sus recuerdos infantiles. Imagino que fue un niño muy observador. ¿Cómo era ese Manuel niño?

Imaginativo, solitario, ensimismado y tímido. Mi refugio eran los libros y los diarios de vida que escribía en lo alto de un gran damasco en el fondo del jardín. Me había construido una atalaya de madera entre sus ramas para contemplar el mar y leer a solas. Aprendí a entretenerme con las palabras. Mis juegos favoritos eran el bachillerato (escribíamos nombres de frutas, árboles y ciudades con las distintas letras) y el dilema (armábamos palabras con letras impresas en cuadraditos de madera sobre un tablero). Luego, en Talagante, donde veraneábamos, me entretenía escribiendo cartas y leyendo libros de la Colección Robin Hood.

Los cuentos de la casa de su madrina, las fábulas que recitaba su padre… ¿Cómo se formó su amor por las letras?

La casa de mi madrina era fabulosa en el cerro de la Concepción, muy misteriosa, llena de cuartos secretos con una escalera victoriana de caracol para subir y bajar por las habitaciones llenas de libros, objetos de arte y un piano. Esa casa me marcó mucho. Mi padre recitaba las fábulas de Iriarte y me hablaba de su pueblo natal en España. Las conversaciones eran recurrentes a la familia española, de manera que en el comedor de mi casa desfilaban personajes de quienes todos hablaban sin que nunca los viéramos. Había un mundo real y otro imaginario; un mundo paralelo, más vívido e interesante, con castillos, iglesias con cigüeñas, casas de piedra y tíos invisibles que convivían con nosotros en una realidad paralela. Todo ese mundo formó mi imaginación literaria.

Antes de cumplir 10 años comenzó a escribir su primer diario. ¿De ahí viene el afán por atesorar recuerdos?

A los nueve años mi madrina me regaló un diario de vida en el que escribía lo que me había pasado en el día. Una noche no tenía de qué escribir. Entonces me dijo: “Inventa”. Esa “palabra mágica” me dio alas para escribir todo lo que imaginaba. Inventaba viajes en barco a lugares donde nunca fui. Quería fijar en palabras lo que pasaba por mi mente. De ahí viene mi afán por plasmar mis memorias por escrito para dejar registro de todo lo vivido y lo soñado.

Creció en una familia orgullosa de sus raíces españolas. ¿Cómo fue su primer viaje a España? ¿Fue ahí que llegó a la literatura infantil?

Mi primer viaje a Europa fue a los 19 años en un viaje de estudios con compañeros de la universidad, en 1970. Este viaje supuso para mí un deslumbramiento por una cultura diferente y unas ansias por volver. Cuando me titulé de profesor de castellano en la Universidad Católica de Valparaíso obtuve una beca para ir a España en 1976. Fue ahí donde descubrí el mundo de la literatura infantil en los cursos que dictaba la escritora española Carmen Bravo-Villasante, que fue mi maestra y mentora.

Ha vivido en Madrid en distintas épocas. ¿Qué encanto tiene esa ciudad para usted? Alguna vez dijo que era un “hombre de dos reinos”…

Madrid tiene para mí un encanto único, irrepetible, me identifica totalmente: sus tiendas del pasado, sus bares, cafés, teatros, su riqueza cultural, su gastronomía, sus pequeñas plazas, sus barrios entrañables… Es una ciudad que me potencia al máximo. Me pone signos de exclamación y me subraya. Siento que pertenezco a Madrid pero estoy integrado a Chile, por eso me siento un hombre de dos reinos. En ambos me siento feliz aunque siempre me hace falta un pedacito del otro reino…

¿Tiene idea de cuántos viajes ha hecho?

Perdí la cuenta. A Europa he viajado muchas veces: París, Lisboa, Lucerna…, pero también a Latinoamérica porque me han invitado a dictar conferencias a Colombia, Brasil, Costa Rica, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Argentina… Ahora en mayo voy a Ushuaia, a Tierra del Fuego. Conozco casi todas las ciudades españolas e Islas Canarias. Una gran experiencia fue haber pasado tres meses en el Castillo de Blutenburg, en Munich, Alemania, para crear e investigar.

¿Qué lo lleva a emprender tantos viajes y qué es lo que más disfruta en cada destino?

Hans Christian Andersen decía: “Viajar es vivir”. De la experiencia viajera sale la inspiración para escribir. En cada viaje tomo notas de lo que observo y luego se transforman en libros. La novela Mágico Sur describe un viaje al estuario de Reloncaví. Lo que más me gusta de viajar es conocer otras culturas, escuchar acentos diferentes, apreciar las costumbres y entablar nuevas amistades.

Su departamento en Ñuñoa tiene las huellas de esas experiencias plasmadas en fotografías y colecciones. ¿Nos puede contar un poco sobre eso?

Las casas de Valparaíso eran un muestrario surrealista de objetos anacrónicos que me incentivaron a coleccionar objetos similares de otras épocas como posacubiertos de cristal de colores muy vivos y brillantes. Me ha gustado sentirme rodeado de cajas de lata, frascos de caramelos, álbumes de fotos, tarjetas postales antiguas, cajas de música, libros infantiles, cascanueces, relojes, plumas. Estas colecciones son la inspiración de mis libros.

En la introducción de sus Crónicas porteñas cuenta cómo una conversación sobre Valparaíso lo impulsó a escribir esos relatos. ¿Qué hay en el oficio de cronista que lo seduce?

Me gusta la idea de fijar la memoria con palabras. Es una faceta que desarrollé cuando escribía para El Mercurio. Me inspiraron las crónicas de Joaquín Edwards Bello, mi maestro en el arte de la observación de Valparaíso. Este autor la define como “la patria de los buenos detalles” y así es, pero hay que saber descubrirlos pues no se aparecen a simple vista, igual que los duendes.

También ha realizado obras críticas fundamentales y numerosas antologías sobre literatura infantil. Este afán por estudiar y recopilar información sobre LIJ, ¿de dónde nace?

De haber sido discípulo de Carmen Bravo-Villasante. Ella me impulsó para que coleccionara rimas, adivinanzas, trabalenguas y canciones de cuna del acervo popular y publicara antologías. También me incentivó para que escribiera la Historia de la Literatura Infantil Chilena. Esto me significó reunir una gran cantidad de libros infantiles que he atesorado al cabo de los años. De allí nació la Historia de la Literatura Infantil en América Latina publicada por la Fundación SM en Madrid.

Además de todo lo mencionado, da charlas y seminarios, escribe literatura creativa… ¿Nunca se cansa o es de los que no pueden decir que no?

Lo que ocurre es que el oficio de escribir me apasiona. Cuando el profesor Félix Morales Pettorino me entregó el diploma de profesor en Valparaíso, me dijo: “Usted va a ser un obrero de la palabra”. Me sorprendió, pues a los otros les decía: “Usted va a ser un buen pedagogo”. Fue profético pues he trabajado la palabra escrita y oral en mis libros y conferencias. La verdad es que no me canso pues tengo mucha energía para todo lo creativo.

Como experto en literatura infantil y juvenil, ¿cómo vislumbra el futuro de la LIJ?

Creo que se ha profesionalizado mucho en los últimos 20 años. Y será cada vez mejor, pues las nuevas generaciones vienen con deseos de aprender e innovar; prueba de ello son los constantes congresos, diplomados y revistas especializadas.

Y usted mismo, ¿cómo se proyecta? ¿Le falta otro camino por recorrer? ¿Un libro álbum, quizás?

El libro álbum es un gran desafío que no podré superar porque exige economía expresiva y tiendo a extenderme cuando escribo. Lo que me queda pendiente es una nueva novela.

¿En qué proyectos está trabajando ahora?

Estoy transcribiendo el epistolario que sostuve con Carmen Bravo-Villasante pues en sus cartas me da fuerzas para investigar y escribir. Me traza un camino. Sus palabras resultan proféticas 30 años después, por eso creo que fue una verdadera hada madrina a quien le estaré siempre agradecido.

Al principio de la entrevista le pregunté por el Manuel niño de Valparaíso. ¿Qué hay de él que los años no cambiaron?

Sigo siendo el mismo niño que fui. No he cambiado nada, solo en apariencia, pero internamente sigo teniendo el mismo espíritu observador y curioso.

 

LIBROS

Iván-16

María Carlota y Millaqueo
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Andrés Bello, 1991
ISBN: 9561309432

Iván-22

Los niños de la Cruz del Sur
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Zig-Zag
Premio Marta Brunet 2005
ISBN: 956121850X

Iván-35

Juguemos al hilo de oro
Poesía infantil chilena de tradición oral
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Virginia Donoso
MN Editorial, 2012
ISBN: 9789562943154

Iván-26

De la A a la Z… Chile
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Soledad Sebastián
Editorial Everest, 2012
ISBN: 9788444147994

Iván-33

Más de cien damas hermosas
Adivinanzas recopiladas
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ilustraciones de Víctor Mahana
Alfaguara Infantil, 2009
ISBN: 9789562396837

Bernardita

Mágico sur
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 1998
Premio Gran Angular 1997
ISBN: 9789562646369

Iván-40-(1)

Ayer soñé con Valparaíso
Crónicas porteñas
Autor: Manuel Peña Muñoz
RIL Editores, 2012 (6ª edición revisada y ampliada)
ISBN: 9562845281

Iván-13

Historia de la literatura infantil en América Latina
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789587053371

caperucita-roja

Caperucita Roja
De Gabriela Mistral
Ilustraciones de Paloma Valdivia
Comentario crítico de Manuel Peña Muñoz
Editorial Amanuta, 2012
ISBN: 9789568209780

Iván-6

El niño del pasaje
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Andrés Bello, 1989
ISBN: 9561318652

Iván-10

Historia de la literatura infantil en América Latina
Autor: Manuel Peña Muñoz
Ediciones SM, 2009
ISBN: 9789587053371

Iván-11

Alas para la infancia
Fundamentos de literatura infantil
Autor: Manuel Peña Muñoz
Editorial Universitaria, 2000
ISBN: 9561111144