Lola Larra: “Siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir”

En la historia de Lola Larra los libros están por todas partes. En su familia, tan ligada a las letras, en su infancia rodeada de títulos y estímulos, en su trabajo en Ekaré Sur, en su pasión por la escritura. Aquí, parte de esa historia y sus motivaciones para escribir Al sur de la Alameda, uno de los libros chilenos más premiados del 2014.

Por Bernardita Cruz M.

Lola Larra

Los muros de un colegio en toma no fueron obstáculo para que la historia de un grupo de escolares chilenos saliera al mundo. Escogida como la Mejor Novela Juvenil del 2014 por el suplemento cultural del diario El País de España, seleccionada por la Internationale Jugendbibliothek de Munich para su prestigioso catálogo White Ravens, premiada por la Fundación Cuatrogatos y por el Banco del Libro, distinguida en Chile con el Premio a la Edición de la Cámara Chilena del LibroAl sur de la Alameda definitivamente fue un libro que marcó pauta en el 2014.

Lola Larra, su autora, dice que nunca imaginó el éxito que tendría esta, su primera novela gráfica. “Mis anteriores experiencias me han enseñado que es mejor no esperar nada. El editor Jorge Herralde decía que los autores somos muy pesados porque creemos que al día siguiente de publicado tu libro, el mundo tiene por fuerza que haber cambiado. Lo cierto es que nada cambia”, afirma con una sonrisa.

Periodista de profesión y autora de títulos como Puesta en escena (Edebé, 2010) o Donde nunca es invierno (Edebé, 2013), Lola (cuyo nombre real es Claudia Larraguibel) creció en Caracas y estudió y trabajó en Madrid. En España tuvo una intensa actividad profesional en la que se paseó por una gama notable y variada de medios que incluyó, entre otros, la revista Colors, El País, Rolling Stone, Vogue y una corresponsalía con Radio Cooperativa. Hoy, alejada de ese mundo, asegura que siempre intuyó que su carrera como periodista iba a ser corta e intensa. “El buen periodismo vive y se alimenta de una curiosidad perpetua que, pasados los años, va menguando en la mayoría de nosotros. O por lo menos eso fue lo que me pasó a mí. El periodismo fue una escuela en la que viví cosas y accedí a escenarios, acontecimientos y personajes que no hubiese conocido de otra manera, y que finalmente me sirven como bagaje para escribir libros”.

Libros, libros y más libros

Lola creció entre libros. Literalmente. La biblioteca de su casa en Caracas, recuerda, estaba llena de opciones para que todos buscaran y encontraran lo que les apetecía. Las lecturas eran un tema de conversación en la sobremesa, un tema que unía a la familia y los convocaba a comentar, discutir y plantear puntos de vista. Y también estaba el Banco del Libro, donde trabajaba su madre, la reconocida editora y fundadora de Ekaré, Verónica Uribe. “Yo pasaba muchas tardes después del colegio en los galpones en los que en esa época estaban las oficinas del Banco y luego las de la editorial Ekaré. Había una pequeña librería en la que leí muchas novelas y cuentos. Y también estaba a mi disposición el Centro de Documentación, a donde llegaban libros de todas partes del mundo. Tener acceso a ese mundo me abrió la cabeza, desde muy pequeña”, recuerda.

Has dicho que nunca dudaste que serías escritora. ¿De dónde nace esa convicción? 

Escribo desde niña, no recuerdo si desde los 8 o 9 años. En algún lugar conservo todavía algunos manuscritos de aquella época. Y siempre me he sentido muy privilegiada de tener este espacio, este oficio que me permite pasarlo muy bien a solas. Es una de las cosas que más disfruto, y por eso siempre tuve la certeza de que lo que quería hacer era escribir. Supongo que muchas de mis decisiones en la vida han estado marcadas por ese deseo. Pero me ha costado muchos años y mucho esfuerzo lograr darle el tiempo, la calma y el espacio que requiere. En ese sentido, mi regreso a Chile ha sido un buen refugio y me ha permitido organizarme mejor.

Eres sobrina de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn. ¿Qué recuerdos tienes de ellos? 

Lo primero que me viene a la cabeza es la casa estrecha y alta en la que vivían en Sitges, un pueblo mediterráneo de cuento y una casa de cuento, con un pequeño jardín penumbroso, lleno de plantas. Cuando los visitábamos, eran vacaciones muy especiales. Fernando y María de la Luz siempre estaban inventando proyectos en los que implicaban a todo el que estuviera a su alrededor: hacían películas, obras de teatro, dibujos, sesiones de fotos, exposiciones, cuentos. Eran personas muy especiales. Ambos muy serios, muy intelectuales, y a la vez juguetones, lúdicos. El arte, para ellos, era un juego muy serio. Y a mí me gustaba, sobre todo, que nos consideraran a nosotros, los niños, como sus iguales; que nos invitaran sin prejuicios de edad a compartir esas experiencias creativas.

En el mundo de la LIJ tu madre, Verónica Uribe, es figura fundamental. ¿Qué sientes hoy al trabajar codo a codo con ella? ¿Imaginaste que eso pasaría algún día?

Mis dos hermanos han trabajado con ella, en diferentes ocasiones, desde hace mucho tiempo. Pero a mí no me parecía buena idea trabajar con la familia: pensaba que eso podría enturbiar las buenas relaciones que teníamos, así que preferí hacer mi camino sola. Cuando vine a vivir a Chile, en el 2006, Verónica me invitó a fundar juntas Ediciones Ekaré Sur, una editorial que distribuye lo que viene de Ekaré y que hace sus propios libros aquí, pensando en el público chileno. Nos lanzamos y me he dado cuenta de que mis vaticinios estaban completamente errados. Mi madre es la mejor compañera de trabajo que he tenido nunca. Nos entendemos muy bien y nos complementamos. Y sobre todo aprendo mucho; es una de las personas que más sabe de literatura infantil, y es una editora extraordinaria. Ella lleva más la parte editorial y yo me ocupo más de la gerencia. Pero somos una editorial mínima, así que al final todos hacemos de todo.

Diario de una toma

Al sur de la Alameda no surgió como un impulso espontáneo. Fue un proyecto cuya gestación estuvo marcada por varios acontecimientos: en el 2006 Lola visitó algunos colegios en toma, en el 2008 empezó a escribir el diario de Nicolás, en el 2011 comenzó a trabajar con Vicente y por fin, en enero del 2014, tuvieron el libro listo.

¿En qué momento se integra al proyecto Vicente Reinamontes? ¿Cómo fue la experiencia de trabajar juntos?

Cuando tenía lista una primera versión del manuscrito pensé que no era demasiado interesante tener solo el punto de vista de Nicolás, su diario de la toma. Faltaba algo más. Y en algún momento escribí un pequeño guión de esa segunda voz, y me dije que sería bonito que ese segundo narrador contara su historia en imágenes. Acababa de leer las cosas de Brian Selznick, por supuesto, y estaba maravillada por la manera en que fluían texto e imagen. Entonces una de las editoras, Sara Rodríguez, buscó y buscó hasta encontrar a Vicente, que fue todo un hallazgo. Trabajamos juntos más de año y medio; nos reuníamos todas las semanas Vicente, las editoras y yo. También con el director de arte. A medida que se iba construyendo el relato en imágenes, el texto cambiaba: se acortaron cosas, se escribieron otras, entraron nuevos personajes. Y a nivel gráfico se tomaron decisiones como el color de páginas o el troquel de portada o las viñetas, que aportaban a la historia, que no eran decorativas solamente. Todo tenía sentido… Fue un proceso muy interesante, muy grupal y muy entretenido.

Los libreros del Club Kirico destacaron el hecho de que un libro para adolescentes plantee el compromiso político “como algo que les puede implicar”. ¿Era uno de los objetivos del libro?

No lo fue al principio. Al empezar no estaba pensando en reflejar un momento histórico ni en documentar la ‘revolución pingüina’. Yo quería algo mucho más modesto y sencillo. Quería contar cómo era una toma por dentro: el día a día, las rencillas, cómo hacían para comer, organizarse, dormir… Y lo que me convocó a escribir una novela, lo que me hizo clic para empezar, fue que la toma me pareció una escenografía literaria fascinante; me atrajo aquel microcosmos en que nosotros los adultos éramos unos intrusos. Es decir, mis razones no eran aún políticas ni comprometidas, sino puramente literarias. Yo no estaba pensando en la justicia social ni en la educación como un derecho. Yo estaba pensando en El señor de las moscas y en La invención de Hugo Cabret. Estaba pensando en literatura.

Pero todo eso fue cambiando cuando comenzó mi trabajo con Vicente. Allí le tomé el peso a lo que estábamos haciendo. Gracias a él y también a mis editoras. En el año y medio en el que trabajamos juntos en el libro, me di cuenta de que lo que nos enseñaron (o nos recordaron) aquellos pingüinos en el 2006 es que no basta con la felicidad individual. Que el bien común es algo de lo que no podemos prescindir. Y esa toma de conciencia, ese paso, esa transformación de lo individual a lo comunitario, de lo privado a lo público, es finalmente lo que le sucede a Nicolás, el protagonista de Al sur de la Alameda. 

Una de las cosas que llama la atención del éxito internacional del libro es que algo que parece tan chileno pueda calar hondo en jóvenes de otras partes del mundo. ¿Qué piensas sobre eso?

Si bien nunca pensé que la novela fuera un éxito, nunca dudé que podría interesar en otros países. El movimiento estudiantil está en un momento efervescente, de México a Hong Kong. No es la primera vez en la historia que los estudiantes plantan cara y denuncian los problemas sociales y políticos. Y por eso pensé que nuestra novela podía interesar tanto a un estudiante chileno como a uno colombiano, o español, o argentino.

A fines de marzo se inauguró una muestra del libro en Valparaíso y tengo entendido que preparan unos fanzines. ¡Al sur de la Alameda no para! Cuéntanos un poco lo que se viene con el libro.

El fanzine de El cuaderno del gordo Mellado es un proyecto que queremos presentar en la Feria de Guadalajara; ojalá se pueda. En un capítulo de Al sur de la Alameda se cuenta cómo uno de los estudiantes, el Gordo Mellado, aprovecha para dar clases de ‘Historia de las movilizaciones estudiantiles’ durante la toma. Estamos trabajando en este fanzine, que es un facsímil del cuaderno de notas del que se servía el Gordo Mellado para dar aquellas clases. En él se recorren los movimientos estudiantiles más importantes del siglo XX y principios del XXI, y quiere ser una invitación a conocer el papel que los estudiantes han jugado en los grandes cambios sociales que han tenido lugar en la historia reciente. En nuestras visitas a colegios nos hemos dado cuenta de lo poco que saben los estudiantes sobre lo que han hecho sus pares; nadie se los enseña.

¿Tienes otros proyectos editoriales en marcha? ¿Vuelves a la novela gráfica?

Estoy terminando, por fin, una novela en la que he trabajado mucho tiempo. Soy de una lentitud exasperante. Apenas la entregue, me pondré con una novela gráfica que debía haber terminado hace tiempo.

Alameda-1

Al sur de la Alameda. Diario de una toma
Autora: Lola Larra
Ilustrador: Vicente Reinamontes
Ekaré Sur, 2014
ISBN: 9789568868130

Alameda-2 Alameda-3