Benjamin Lacombe: “Los niños son muy sensibles a las metáforas”

Cientos de personas disputándose un lugar para verlo de cerca, pedirle un autógrafo o recibir una ilustración largamente soñada… Benjamin Lacombe definitivamente causó revuelo en su visita a Chile, organizada por Edelvives y Contrapunto. En medio de su apretada agenda, el francés conversó sobre arte e ilustración con la Revista HUV.

Por Bernardita Cruz M. y María José González C.

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Fotografías de Camilo Mendoza T.
 www.mesagrafica.cl

Tras una exitosa visita a Argentina, caracterizada por largas filas de fanáticos y auditorios repletos, el autor e ilustrador Benjamin Lacombe llegó en mayo a Santiago con un programa de actividades que incluyó firmas de libros y diversos encuentros con el público local. Al igual que lo sucedido al otro lado de la cordillera, el hombre detrás de los inolvidables Melodía en la ciudad, Los Amantes Mariposa, Ondina, El Herbario de las Hadas, Blancanieves, Cuentos Macabros y tantos otros éxitos literarios, fue altamente requerido por su fanaticada local.

Una de esas actividades fue una charla abierta en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP, donde Mónica Bombal, coordinadora de Lee Chile Lee desde el Mineduc, presentó apasionadamente al autor francés: “Lacombe es un artista curioso. En su prolífera obra ha incursionado en distintos géneros, técnicas y formatos creando un espectro de atmósferas que hacen difícil clasificarlo dentro de un estilo determinado. Vemos sus diseños en pañuelos, en carteras y en joyas. Reconocemos cómo otros artistas se inspiran en sus personajes de rostros pálidos, enormes ojos y labios rojísimos, y realizan muñecas y esculturas (…) Nos maravillamos con su reinterpretación de los clásicos, con su apuesta por incorporar la música a la lectura (…) Comprobamos cómo juguetea con los distintos formatos cargando de cuerpo, relieve y volumen sus escenas favoritas de relatos clásicos (…) Admiramos cómo se atreve a dar el salto a lo que aún parece una aventura para muchos: el formato digital”.

Muchas más son las palabras que permiten presentar y describir la obra y personalidad de Benjamin Lacombe. En nuestro Especial de Artes Visuales nos deleitamos con su propia voz.

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¿Por qué decidiste presentar en el Cono Sur Nuestra Señora de París y Swinging Christmas, dos libros con referentes tan ajenos a Latinoamérica?

No vine específicamente a presentar esos libros. Vine a encontrarme con mi público y los libros que acaban de salir son esos. Pero es interesante la coincidencia porque ¿qué hay más francés que Notre Dame? Me parece atractivo presentar estos dos libros acá; sería una lástima que como parisino viniera a hablarles de Don Quijote. La riqueza de contar con importaciones de literatura extranjera está justamente en los aportes que se pueden traer de esa otra cultura.

En todos los lugares donde vas recibes mucho cariño de tus seguidores. ¿Cómo lo tomas?

Para mí fue especialmente emocionante la semana pasada en Argentina. Era la primera vez que visitaba ese país y fue extremadamente conmovedor encontrarme con el público, hablar un poco, compartir experiencias, sentir su cariño… ¡Me dieron montones de regalos!

Uno tiene cierto miedo de no estar a la altura de sus expectativas. Traté de dar lo máximo de mí, hablar con todo el mundo, hacer dibujos para todos. Pero da un poco de susto: hay personas que llegan temblando o llorando, y uno trata de consolarlos, de decirles: “Aquí estoy, ¡tranquilo!”.

Tienes 32 años y eres un ilustrador muy reconocido internacionalmente. ¿Cómo llevas eso?

El reconocimiento es una noción relativa: soy conocido en algunos medios y países, pero hay mucho que despejar todavía. Sobre todo porque tengo un estilo particular de álbumes y libros y hay ciertos mercados que son reticentes al tipo de libros que yo hago, que esperan de la LIJ una propuesta más simple, colorida y alegre.

Lo que a mí me gusta es contar historias, desarrollar mi propio universo, expresarme de distintas maneras. Recientemente diseñé vitrinas, hice objetos, estoy trabajando en dos películas de animación, he hecho literatura ilustrada para adultos, acabo de terminar un cómic… Lo que me interesa es no hacer dos veces el mismo proyecto. Para que los lectores sientan que están en un descubrimiento permanente yo mismo debo estar descubriendo cosas nuevas, asumiendo riesgos y no haciendo solo lo que me resulta más cómodo.

Has dicho que estás a favor de dar “complejidad” a los libros para niños. ¿Cómo entiendes esa complejidad?

No necesariamente hay una voluntad de hacer más complejos los libros para niños, sino que no quiero rebajar el nivel de lo que trato de comunicar porque esté dirigido a ellos. Vale decir, contar de una manera muy simple, darle un final positivo, poner detalles tiernos o entregar una moraleja. Creo que los niños son capaces de comprender mucho más de lo que los papás creen que pueden.
He hecho libros sobre temas considerados tabú, como La niña silencio. Uno no le entrega a un niño cuando se va a la cama una historia sobre una pequeña maltratada, pero es un libro importante: cuando he visitado escuelas, veo que conmueve a los niños, los hace reflexionar.

Debe haber libros para el puro disfrute. Yo no pretendo hacer solo libros difíciles y pesados, pero me gustaría que se dijera de mis libros que permitieron un momento de poesía que ayuda a evadirse, y también que nos hicieron reflexionar.

¿De qué manera desafías a los niños?

Mi idea de búsqueda está en el objeto libro. En el 2007 fui uno de los primeros en utilizar la técnica de recorte láser. Fue en el inicio de Los Amantes Mariposa: hice la puerta interior de un jardín japonés, la misma que lleva al corazón de la casa y que coincide con el camino que recorre el personaje. Trato siempre que el fondo y la forma estén estrechamente ligados. A veces me dicen: “Eso es muy frágil para los niños” o “no es adecuado para ellos”, pero yo creo que hay que traer cosas nuevas, papeles novedosos, formatos diferentes. En Ondina usé un sistema de transparencias que hacen pensar en algo confuso. Hay un momento en que, a nivel narrativo, se levantan los calcos y uno tiene una impresión de evanescencia muy sutil. Los niños son muy sensibles a las metáforas.

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Ilustración de Ondina, escrito e ilustrado por Lacombe (Edelvives, 2012).

 

En una entrevista dijiste que era difícil educar a los adultos para que leyeran libros ilustrados. ¿Sientes que eso ha cambiado?

No sé cómo son las cosas aquí, pero en Francia, España, Alemania e Italia, en el siglo pasado, se estimó que la literatura ilustrada y los dibujos animados eran exclusivamente para los niños. Sin embargo, en el siglo XIX, e incluso antes, existía una tradición de libros ilustrados y de animaciones destinadas a los adultos. Recordé ese punto porque la literatura ilustrada conlleva otro tipo de lectura. No hay que considerar la ilustración como una simple decoración. La ilustración, incluso en su sentido etimológico, significa iluminar un texto. Una buena ilustración conduce la lectura hacia otra parte, hacia otra narración, y pienso que se pueden crear obras para adultos en ese sentido también.

¿Crees que actualmente los adultos están más abiertos a los libros ilustrados?

Eso me parece, aunque no me gustan las delimitaciones que se hacen entre literatura adulta y LIJ. Pienso que un buen libro puede leerse en distintos momentos de la vida. También hay libros, como los que ilustré de Allan Poe o de Victor Hugo, que exigen una edad mínima para poder acceder a ellos, pero no creo que haya una edad límite para acercarse a un libro.

¿Qué rol cumplen las editoriales en esta separación pragmática de la literatura infantil, juvenil y adulta?

No creo que sea un deseo de las editoriales crear esos límites. Se crean por muchas razones: eficacia comercial, búsqueda de un nicho de cierta edad, autores que tienen casos particulares. También hay un tema con las librerías, y ese fue el problema fundamental cuando publicamos los Cuentos Macabros de Poe. En Francia era el primer libro ilustrado para adultos que se publicaba en mucho tiempo, y no tenía lugar en las librerías: no podían ponerlo en novelas estándar por su formato, ni en cómic, ni en literatura juvenil. Les costó mucho definirlo y finalmente cada librería usó su propio criterio. Ahora, en las grandes librerías, se creó una sección de libro ilustrado mucho más abierta, ligada al cómic, a la novela gráfica.

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De Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe, ilustrados por Lacombe (Edelvives, 2011).

 

¿Para ti, qué es el oficio de ilustrar?

Ser un buen ilustrador para mí es ir más allá de seguir un texto al pie de la letra y aumentarlo. No hay nunca que parafrasear un texto; hay que conducirlo en otra dirección. Dar luz a ciertos elementos, y necesariamente aportar la propia voz. En mi caso, no me considero solamente ilustrador sino autor: de mis 25 libros he escrito el texto de 18. Para mí es un trabajo de autor pues trato de desarrollar un universo propio, de generar emociones con las imágenes, el texto y el objeto libro.

¿Te consideras un artista integral?

Ocurre lo mismo que cuando le ponen una etiqueta a un libro. Cuando uno es un artista, uno necesita expresarse, y las etiquetas las ponen los otros. Yo tengo la posibilidad de hacer distintas cosas, y tomo esa oportunidad aunque el objeto de mi predilección sean los libros. Un creativo tiene, como su nombre lo indica, la idea permanente de crear distintas cosas.

Para terminar, ¿cómo es tu relación con los niños?

No tengo hijos propios, pero tengo sobrinos y sobrinas con edades muy variadas entre 8 meses y 15 años. También voy a los colegios y converso con los chicos. Es un público que no duda en decir lo que piensa. Me gusta mucho eso: me reconforta saber que mis decisiones son correctas. Veo cientos de niños por año que me dan una opinión directa y me confirman lo que son capaces de comprender.

Cuando comencé, me decían que lo que yo hacía no era para niños, que era muy complicado, que tenía que hacerlo de otra manera. El problema es que hay ideas preconcebidas y yo verifico que no son ciertas: los niños comprenden mucho más de lo que suponemos y no les gusta que uno “les sobe el lomo”, que los infantilice, que no los considere personas sino medias personas.

Conoce la obra de Benjamin Lacombe

© Benjamin Lacombe / ed Soleil / Metamorphose

www.benjaminlacombe.com

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Libros

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Cuentos silenciosos
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Textos: Antonio Rodríguez Almodóvar
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426377203

 

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Los Amantes Mariposa
Autor e Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2008
ISBN: 9788426367976

 

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Melodía en la ciudad
Autor e ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2010
ISBN: 9788426376978

 

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Genealogía de una bruja
Autor: Sébastien Perez
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2009
ISBN: 9788426372475

 

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Blancanieves
Autores: Jacob y Wilhelm Grimm
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2011
ISBN: 9788426381484

 

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Nuestra Señora de París II
Autor: Victor Hugo
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Edelvives, 2013
ISBN: 9788426390912