Aprender a mirar: el libro álbum y la competencia visual

Columna de Evelyn Arizpe
Investigadora y catedrática de la U. de Glasgow
Doctora por la U. de Cambridge

Nadie puede dudar de que a partir de finales del siglo XX, gracias a las nuevas tecnologías, se acelera el giro visual de nuestra cultura globalizada y nos encontramos rodeados de un creciente caudal de imágenes, con el potencial tanto de proporcionar nuevas experiencias e información como de ahogarnos. El que la mayoría nazcamos con ojos capaces de ver estas imágenes tiende a cegarnos al hecho de que no necesariamente sabemos mirarlas: distinguir con detenimiento lo que nos proponen o imponen. El libro álbum contemporáneo es un arte literario sofisticado y único que no solamente puede ofrecer al lector una experiencia estética divertida y placentera, sino también puede proporcionarle las herramientas para desarrollar una competencia visual que incluye el saber discernir, interpretar y juzgar.

Respecto a la competencia visual, la investigación acerca de las respuestas lectoras ante libros álbum ha confirmado dos hallazgos importantes: primero, que la experiencia temprana con cuentos y libros álbum contribuye de manera sustancial al desarrollo de la competencia visual, y segundo, que la mayoría de los niños tiene una comprensión básica de textos visuales, pero requieren apoyo para extender su competencia. Esta se obtiene a través del acceso a libros álbum de alta calidad, a través de mediadores experimentados como maestros, bibliotecarios o animadores, y a través del acto de compartir la lectura, descubrimientos y opiniones.

Para desarrollar la competencia visual a través de los libros álbum, todos los participantes en este singular acto de la lectura tienen que poner algo de su parte:

El autor/ilustrador proporciona su arte para que en la dinámica de la relación entre texto e imagen se abran espacios que inviten a los lectores a llenarlos. Esta invitación es también un reto a pensar, a ir de lo esperado a lo inesperado, de lo literal a lo metafórico. Incluso, a través de elementos metaficticios, puede ser una invitación a tomar conciencia del libro álbum como un objeto creado y de las intenciones del creador. Pero los lectores no son dejados a la deriva en su empeño ya que también encontrarán pistas, bromas, referencias intertextuales y sorpresas para apoyarlos y recompensarlos.

El lector aporta su interés y curiosidad, sus experiencias lectoras y vivenciales, además de su conocimiento de otros textos –cine, cuentos, historietas, televisión y videojuegos–. Su experiencia se enriquece al tomar en cuenta los aportes de compañeros o mediadores y al contribuir a la construcción colectiva de significado.

El adulto mediador selecciona libros álbum que presenten una invitación y un reto adecuados a la edad de los lectores; entrega espacio y tiempo suficientes para leer, mirar y volver a leer y mirar; estimula el diálogo constructivo por medio de preguntas abiertas, sin imponer su propia versión; proporciona el lenguaje visual, información sobre medios y técnicas para entender el aspecto artístico, y respeta las respuestas de los lectores, ya sean orales, escritas, visuales, dramáticas o digitales.

Cuando todos ponen de su parte, los lectores aprenden a mirar y a salir a flote o, incluso, a poner proa sobre ese creciente caudal visual.

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