Ahora que tu hijo puede leer solo, no lo abandones

Por Alejandra Schmidt
Editora en Zig-Zag
Especialista en libros infantiles 

Afortunadamente, cada vez son más las familias que aprenden y ponen en práctica la lectura desde que sus hijos son pequeños, incluso muchos valoran el hecho de leer desde el primer día en que los niños llegan al mundo; y hay otros que se aventuran a hacerlo cuando sus hijos todavía se encuentran en el vientre materno. En cualquiera de estos casos, los padres han sido testigos de los beneficios de la lectura temprana y de las bondades que los cuentos significan en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños.

Muchos padres contamos, orgullosos, que el ritual de la lectura antes de que los niños se entreguen a sus sueños es un momento sagrado en el hogar y varios coincidimos en que esos cinco, diez o quince minutos de lectura y de compartir con nuestros hijos no solo los beneficia a ellos, sino que a toda la familia.

¿Por qué, entonces, cuando los niños comienzan a leer solos vamos dejando de lado esta rutina? No es extraño ver cómo una vez que los niños empiezan a dominar la lectura y a disfrutar de ella –placer que se ha transmitido en gran medida por los momentos compartidos en torno a un libro– los padres nos hacemos a un lado y los dejamos continuar solos en esta aventura. La lectura compartida es, esencialmente, un acto de amor y, siguiendo la idea que Pennac plantea en Como una novela, al dejar de practicarla, los niños pueden sentirse heridos y, como consecuencia, dejar de experimentar el placer de la lectura. ¡Justamente aquello que con tanta entrega ayudamos a construir los primeros años de sus vidas!

La lectura compartida es importante en todas las etapas de la vida y el goce de una conversación generada por un buen libro es uno de sus grandes beneficios. Hay muchas maneras de seguir compartiendo la lectura con nuestros hijos lectores, y al hacerlo como parte de las rutinas de la casa aparecerán nuevos beneficios para una mejor y más rica relación familiar. Así como para cada edad hay un libro adecuado, también para cada etapa habrá una manera apropiada de compartir la lectura.

Al principio será la lectura en voz alta; más adelante, padres e hijos podrán turnarse para leer líneas o párrafos de un cuento; cuando lleguen los primeros libros con capítulos, alternar la lectura de estos puede ser una buena idea y, el día que nuestros hijos ya sean capaces de leer un libro completamente solos, los padres podremos leer el mismo libro para luego entregarnos a una conversación de esas que no se olvidan.

Padres e hijos tienen intereses en común, y así como, por ejemplo, muchos disfrutan juntos de un partido de fútbol, sin duda que más de algún libro atraerá genuinamente la atención de ambas generaciones. Basta con recordar el fenómeno que años atrás produjo la aparición de Harry Potter y el interés que estas novelas generaron en los niños, adolescentes y adultos por igual. Lo importante es estar atentos a lo que leen nuestros hijos: no alcanza con ayudarlos a conseguir los libros de lectura obligatoria del colegio; preguntémosles acerca de sus temas y personajes favoritos, busquemos juntos otros similares, acompañémoslos en este proceso y, sobre todo, no los abandonemos… La lectura compartida será uno de aquellos momentos memorables en que los gustos familiares se encuentran, se acogen, se conversan y, sobre todo, se comparten.

claudia