Raquel Echenique: “En la naturaleza encuentro la fuerza y el movimiento que pongo en mis ilustraciones”

Nacida en el sur de Francia, la ilustradora chilena llegó a Chile siendo una adolescente. El impacto de un nuevo país, los recuerdos de su infancia y un diálogo permanente con el medioambiente son algunos de los ingredientes que enriquecen su intenso y profundo trabajo artístico.

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería
Investigador y curador de ilustración

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www.raquelechenique.blogspot.com

La imagen es más o menos así. Un pueblo medieval en el sur de Francia que parece sacado de un cuento, con una abadía de los tiempos de Carlomagno y un puente de piedra del siglo XII. Los niños corren en el bosque, nadan en el río, escalan cerros. Podrían llamarse Rachid, Cheng, Enzo o Raquel. En sus casas se podría hablar árabe, chino, italiano o español. Pero eso a nadie le importaría mucho, porque a la hora de jugar o ir a la escuela pública todos serían iguales, todos habitarían el mismo país: la infancia.

La siguiente escena transcurre en Santiago de Chile. La niña Raquel ya es una adolescente recién llegada a un país en plena dictadura. No es solo otro idioma, son otros códigos y otra cultura. La libertad y la diversidad son cosa del pasado. Aquí prevalecen las convenciones sociales, las reglas y el deber ser.

“Cuando llegué a Chile sentí por primera vez lo que era ser extranjero”, recuerda la ilustradora Raquel Echenique, de nacionalidad chilena y española, pero nacida en Lagrasse, Francia. “Venía de un pueblo multicultural y llegué a una capital muy cerrada, en la que incluso ser adolescente era distinto. En Francia, la adolescencia era probar y tener experiencias. Acá lo que importaba era adaptarse a las normas”.

Han transcurrido varios años, pero ella sigue sin conformarse con las reglas. En un mercado editorial en el que no siempre es fácil alejarse de los estereotipos que marcan lo que debe ser un libro ilustrado o un libro para niños, el trabajo de Raquel Echenique se presenta como un desafío visual, que no rehúye la intensidad de la materia ni tampoco las sombras, a fin de cuentas tan propias de la vida como las luces.

“Ser extranjero en Chile, sobre todo si vienes de Europa o Estados Unidos, tiene algo bueno, porque se valora tu mirada”, acota. “Eso es rico y te da cierta seguridad. Pero por otra parte produce una especie de nostalgia muy profunda que a veces se transforma en rabia, porque no encuentras esa manera de ver y vivir aquí. O la encuentras en círculos muy pequeños”.

Es probable que sus libros, que ya suman más de 30, sean uno de esos círculos. En ellos se respira aquella sensación de libertad, espontaneidad y fuerza que tanto anhela. Desde las evocaciones a la muerte en Alturas de Macchu Picchu de Pablo Neruda (Amanuta) y el feroz despliegue pictórico en Reino Animal de Gabriela Mistral (Pehuén), a la cándida nostalgia de Luchín de Víctor Jara (Lom) y la poesía cotidiana y mínima de Diez pájaros en mi ventana de Felipe Munita (Ekaré Sur), sus imágenes se elevan a partir del texto gracias a una lectura llena de sugerencias y vivencias propias.

“En el fondo, ilustro mis temas”, explica. “Aquellos que me llaman y que busco. Con los que convivo, sufro, de los que intento recuperarme, trato de superar o sobrellevar. Es a través de esa cosa negra, triste e incluso violenta, que logro profundizar en un texto. Me costaría trabajar desde la alegría, desde la cosa colorida y cálida. Es el leguaje que conozco”.

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Escribir para ilustrar

Raquel Echenique traza grandes manchas negras sobre la pared blanca. La pintura escurre. Se expande. Corre muro abajo. Ella deja que siga su curso hasta que en el momento exacto la atrapa, la devuelve, le da forma, la hace suya. Agrega detalles. Construye personajes. Añade color. No hay errores ni duda. Todo fluye.

El pequeño mural es parte de la muestra Bandada que pocos días después inaugurará frente a decenas de personas en PLOP! Galería. Ahí reunió sus trabajos más recientes. Un conjunto en el que, incluso si las técnicas y los materiales con los que trabaja son diversos (collages, papel de color, pastel graso, tinta, lápiz, acuarela), se siente la cohesión y solidez de su obra. “Cada texto me trae un material, me pide una forma particular de dibujo”, dirá semanas después durante una visita guiada.

Pero lo de ella es un azar controlado. Quizás porque creció entre dos culturas, quizás porque todavía piensa y sueña en español y francés, Raquel Echenique se mueve en un vaivén permanente entre la planificación y la espontaneidad, entre la estructura y el hallazgo, entre la palabra y la imagen.

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La soltura con que resuelve cada una de sus imágenes es el resultado de un proceso que parte con una lectura del texto y una gran cantidad de anotaciones donde deja registro de las sensaciones que le ha provocado. Luego vienen los bocetos, en los que comienza a estructurarse la historia ilustrada, su ritmo gráfico, composición, escenas, planos y símbolos. Es lo que ella llama “cranear”.

“Hacer un libro es ir desde algo intuitivo a algo muy concreto”, explica. “Llevar esa sensación que te da el texto a una estrategia que te permita conjugar tus ilustraciones con el escrito de manera que formen un lenguaje paralelo, que no es el mismo, pero que se enriquecen mutuamente y se transforman en un todo”.

Cada uno de esos pasos implica cientos de decisiones. ¿Será un primer plano o un gran paisaje? ¿Se incluirá un árbol, un florero o una casa? Y nada de eso es trivial porque ella busca que todo signifique, que nada sea decorativo en sus ilustraciones.

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Naturaleza interior

Cuando ya el plan está trazado, recién entonces llega la hora de “pensar con el lápiz”, completar los detalles y abandonarse a la “sorpresa que trae la mancha”. “Es valorar también lo orgánico y espontáneo, eso que no depende de mí, que sucede a pesar de mí, y poder crear desde ahí. Algo que tiene probablemente que ver con la cercanía y emoción que me provoca la naturaleza”.

Raquel siempre vuelve a la naturaleza. Es el lugar en el que se reencuentra con el país de su infancia. Ese pueblo de piedra y tejas, inmerso en la vegetación, donde aprendió a dialogar con su entorno, a maravillarse con las formas y los colores. Donde se construyó su manera de expresar, comunicar y plasmar. Donde, como ella misma dice, “se formó la persona que soy”.

Esa relación sigue intacta hasta hoy. Es parte de su vida y de su trabajo, de sus preocupaciones como ciudadana. También es el refugio donde encuentra la energía para seguir creando. “Si tuviera que decir qué es lo que más me emociona hacer, diría que es ir a la montaña, caminar y hacer cumbre. Cuando ilustro, que es algo que también me gusta muchísimo, hay una mezcla de sufrimiento y placer. La naturaleza en cambio es puro placer. En ella, en el viento, las piedras, la tierra y los árboles, encuentro la fuerza y el movimiento que pongo en mis ilustraciones”, comenta.

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Vivimos en una sociedad que está destruyendo el medioambiente. ¿Cómo te afecta eso?

Me preocupa lo que pasa. No deja de sorprenderme esa capacidad autodestructiva del ser humano. Ningún hecho, ni siquiera aquellos científicamente comprobados, lo hace cambiar de rumbo. Todo va hacia una mayor explotación de los recursos, a costa de lo que sea y de quien sea. Eso me impacta mucho y me angustia.

¿Tienes esperanza de que las cosas cambien?

La esperanza es lo único que no se pierde nunca. Y gracias a eso una está viva. Hay grupos que son más conscientes, que hacen pequeñas acciones que tratan de frenar la destrucción. Pero no creo que haya un cambio de rumbo a nivel global. Es como un tren que se va a estrellar contra un muro y que ya partió. Sí se pueden seguir haciendo cosas a pequeña escala. Todos los intentos son válidos y hay que seguir intentándolo.

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Como ilustradora, ¿sientes que tienes un rol que jugar?

Creo que sí. Quizá no directamente. Pero sí está en nuestras manos sensibilizar. Mostrar la belleza de lo que nos rodea. Espero que ese pueda ser un aporte.

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Pablo Neruda, poemas ilustrados
Alturas de Macchu Picchu
Autor: Pablo Neruda
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2011
ISBN: 9789568209742

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Viaje al Corazón de Neruda
Autora: Marilú Ortiz de Rozas
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2014
ISBN: 9789568209902

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Luchín
Autor: Víctor Jara
Ilustradora: Raquel Echenique
Lom, 2014
ISBN: 9789560005304

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Reino Animal
Prosa del agua y del viento
Autora: Gabriela Mistral
Ilustradora: Raquel Echenique
Pehuén, 2014
ISBN: 9789561606029

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Diez pájaros en mi ventana
Autor: Felipe Munita
Ilustradora: Raquel Echenique
Ekaré Sur, 2015

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El alerce. Gigante milenario
Autora: Alice Hoffman
Ilustradora: Raquel Echenique
Amanuta, 2011
ISBN: 9789568209735