Javier Zabala: “La mirada personal se construye y también, a veces, solo se descubre”

Invitado al 3er Festival Internacional de Ilustración de Chile, FESTILUS 2015, el destacado ilustrador español visitará por primera vez nuestro país en agosto, para compartir su oficio con lectores, mediadores y autores.

Por María Isabel Molina
Socia fundadora de PLOP! Galería
Directora editorial en Grafito Ediciones
Investigadora en edición e ilustración

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Si la ilustración fuera un territorio, Bolonia sería sin duda su capital. Todos los años se congregan ahí miles de autores en su famosa Feria del Libro Infantil y, en este evento de gran envergadura, hay nombres que, simplemente, no pueden faltar. Uno de ellos es Javier Zabala, a cuyo libro El pájaro enjaulado la editorial Edelvives le dedicó por completo su stand en el 2014.

Y es que por su abultada trayectoria, numerosas distinciones –entre las que se cuentan el Premio Nacional de Ilustración de España 2005– y la gran diversidad de libros en los que ha trabajado, Zabala es un autor imprescindible en el panorama de la ilustración internacional actual.

En medio de sus viajes y clases, dos ocupaciones que junto con ilustrar llenan gran parte de su tiempo, Javier dialogó con Había Una Vez sobre su proceso creativo y cómo ha construido ese terreno tan personal que plasma en cada uno de los libros en los que participa.

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En tu sitio web hay una cita de Rafael Vivas que dice que los libros que has ilustrado son diferentes entre sí y que no repites esquemas; sin embargo, hay algo que los unifica. ¿Identificas un hilo conductor en tu obra?

Quiero creer que así es. Si miras juntos todos mis trabajos de estos años creo que se perciben todos los eslabones de una cadena ya bastante larga (incluso los eslabones más débiles o menos claros). En realidad, si yo tuviese que definir mi estilo diría que es ecléctico, y lo es seguramente porque yo también lo soy como persona. Me cuesta elegir y quizás por ello también me guste conciliar situaciones a priori difíciles si intuyo que esa unión será positiva para ambas partes. Lo mismo me sucede con la plástica: son retos difíciles de eludir, me provocan, aunque soy consciente de que a veces puedo correr riesgos y meterme en un lío.

Casi al principio de mi carrera trabajé una temporada en equipo con tres colegas: Paz Rodero, Emilio Urberuaga y Arcadio Lobato. Un día le enseñé 50 o 60 ilustraciones a Arcadio. Él las miró detenidamente y me dijo: “Están todas muy bien, Javier, pero… ¿te das cuenta de que has empezado aquí cinco carreras y solo tienes una vida?”. Creo que desde entonces muchos de mis esfuerzos se han centrado en procurar ser coherente plásticamente, aunque no siempre lo he conseguido. Si a esto añadimos que me encanta investigar, probar técnicas, maneras, recursos, distintas formas de narrar…, tenemos lo que un italiano llamaría un casino, un lío.

Javier cuenta que hace un tiempo le tocó escuchar en Cuba una conferencia donde el novelista Leonardo Padura dijo: ¡Qué sería de los escritores sin sus obsesiones!”. Inmediatamente, recuerda Zabala, pensó que lo mismo sucede con los ilustradores.

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¿Y has buscado esas obsesiones en tu trabajo?

Sí, lo hice cuando volví a Madrid y me sorprendí con todas las que descubrí. Muchas, realmente. Temas recurrentes, composiciones similares con diez años o más de diferencia, gestos gráficos incluso muy alejados técnica o cronológicamente, ilustraciones en donde una e incluso varias de estas obsesiones aparecían…, y cuanto más tiempo dedicaba a esta tarea más aparecían, hasta que dejé de hacerlo.

Desde entonces, muchas veces, en vez de mostrar mi trabajo desde un punto de vista cronológico (desde donde se perciben más claramente todos los eslabones de esa cadena de la que hablaba), prefiero hacerlo desde el punto de vista de las obsesiones. Ahí se ve claramente el paso del tiempo, las búsquedas y luchas, pero a la vez creo que sí que hay un hilo conductor evidente. Pienso que la coherencia solo se puede percibir (al menos en mi caso) si ves la obra en conjunto. Aunque creo también que sobre estas cosas es siempre mejor que opinen los demás porque quizás yo no tenga suficiente perspectiva.

Por tu trabajo viajas con regularidad y estás en contacto con diferentes culturas. Este continuo movimiento, ¿se traduce como un aporte a tu obra? ¿De qué manera?

Mientras viajo dibujo mucho en cuadernos, ya sea en aviones, trenes, habitaciones de hotel…, pero me sucede una cosa curiosa: nunca dibujo lo que veo en ese momento o lo que estoy viviendo. Solo dibujo lo que tengo en la cabeza, de memoria. Tienen que pasar varios meses para que consiga metabolizar todos los estímulos, y normalmente entonces ya estoy en otro sitio. Pero claro que los viajes te enriquecen, tanto visual como profesional o personalmente. Todo lo que vivimos o hacemos o somos acaba en un papel, es como una especie de catarsis.

En una entrevista señalaste que tu forma de trabajo se relaciona con el hallazgo, lo cual proviene de tu actitud ante el mundo, es decir, de una característica personal. Según tu experiencia, ¿ante qué elementos deberían estar receptivos los ilustradores?

Creo que la curiosidad por todo debe ser una actitud en una profesión como la nuestra, también la capacidad de sorprenderse con los hallazgos inesperados y aprovecharlos como fuente de creación. Yo, que me tengo por una persona intuitiva, tanto en mi trabajo como en la vida, normalmente estoy muy atento a lo que sucede, y en un papel suceden muchas cosas inesperadas que se pueden canalizar, usar.

Una colega me recordaba hace poco que nosotros trabajamos con los sentimientos, de dentro hacia fuera, con nuestro yo más íntimo, pero no creo que eso sea suficiente si primero no eres receptivo y estás atento a las pequeñas cosas que suceden cada día delante de nuestros ojos. Los ilustradores tenemos una mirada un poco ausente, despistada cuando caminamos por la calle porque estamos concentrados en muchos detalles que llaman nuestra atención. Son nuestras fuentes de inspiración, pero por supuesto también los libros, el teatro, la ópera, el cine, la música… Si no te preocupas de “rellenar los saleros”, de renovar la información y los estímulos, de procurar tener una opinión sobre las cosas, es difícil que después puedas aportar algo interesante en tu trabajo. Por supuesto que el proceso creativo comienza mucho antes de que el lápiz o el pincel toquen el papel. Un libro creo que se trabaja el 80% en la cabeza y el 20% en el papel. La mirada personal se construye y también, a veces, solo se descubre. Luego se convierte en tu mundo plástico.

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Has ilustrado grandes obras de la literatura. ¿En qué se diferencia tu lectura como ilustrador de tu lectura normal o ajena a un proyecto?

Yo suelo leer los libros que ilustro tres veces como mínimo y procuro que la primera lectura sea solo como un lector “normal” ajeno a la plástica. No siempre es fácil y si una imagen me llega clara mientras leo, la apunto en el margen. En la siguiente lectura me esfuerzo en traducir la literatura en imágenes. La tercera lectura muchas veces es solo parcial; fragmentos o párrafos que llamaron mi atención o quizás una lectura entre líneas, más intuitiva. Son códigos muy distintos el plástico y el literario y obviamente hay un proceso de inevitable traducción para que la información llegue clara y sin ruido al receptor. Lo que sí tengo claro desde hace tiempo es que siempre es mejor sugerir al lector que imponer. Dejar espacio, huecos vacíos donde otros puedan incorporar sus sensibilidades, su visión personal de la historia. En definitiva, no cerrar demasiado la propuesta.

Considerando que has ilustrado libros de diferentes géneros, ¿hay diferencias entre ilustrar poesía y narrativa?

A mí me encanta ilustrar poesía y creo que es porque es el género que más posibilidad de interpretación y libertad creativa te permite; donde tu mundo plástico, emocional e intelectual tiene más cabida.

También has señalado que la ilustración, como lenguaje, ha alcanzado la mayoría de edad hace tiempo. En Chile se está asentando esta situación. Si bien depende del contexto, a grandes rasgos, ¿qué indicadores crees que marcan este proceso de maduración?

Creo que los propios ilustradores debemos trabajar un poco más allá del margen del mercado, fuera de la zona de confort, forzando un poco las cosas, los lenguajes, las formas de transmitir la información y por supuesto la plástica (a veces nos olvidamos de que más allá de la comunicación, la relación texto-imagen, etc., la ilustración es una manifestación eminentemente plástica). Sin embargo, esto no sería nunca suficiente si el propio mercado y sus demás actores (editores, lectores…) no estuviesen maduros y/o receptivos para seguir a los creadores. Al final, simplemente, no comprenderían.

A veces sucede que un libro queda demasiado lejos de esos márgenes de comprensión de un determinado público y solo años después se produce esa esperada y necesaria conexión, pero incluso esto creo que es positivo.

Has trabajado con diversas editoriales de todo el mundo, algunas bastante arriesgadas respecto del concepto de libro álbum…

En los últimos años en Europa, y también en varios países de Latinoamérica, se han creado muchas pequeñas y valientes editoriales de calidad que han permitido y potenciado que los lenguajes, tanto el gráfico como el literario, pudieran evolucionar, crecer y madurar. Si los lectores no hubiesen estado receptivos, no habría habido sitio para la creación de estas editoriales. Sin todos ellos habría sido imposible este crecimiento, la gran cantidad de propuestas gráficas de calidad que existen hoy en día. Por supuesto, soy consciente de que la ilustración es un gran cajón de sastre y de que hay muchos libros prescindibles en el mercado, pero creo que estamos en un momento en el que la ilustración de calidad tiene más espacio que nunca.

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Santiago
Autor: Federico García Lorca
Ilustrador: Javier Zabala
Libros del Zorro Rojo, 2007
ISBN: 9788496509559

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Árboles
Autor: Mario Benedetti
Ilustrador: Javier Zabala
Libros del Zorro Rojo, 2012
ISBN: 9788496509993

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El pájaro enjaulado
Autor: Vincent van Gogh
Ilustrador: Javier Zabala
Edelvives, 2013
ISBN: 9788426390905

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El soldadito Salomón
Autoras: Rocío Antón y Lola Núñez
Ilustrador: Javier Zabala
Anaya, 2014
ISBN: 9788467860825

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La prosa del Transiberiano y de la pequeña Juana de Francia
Autor: Blaise Cendrars
Ilustrador: Javier Zabala
FCE, 2013
ISBN: 9786071616098