Francisco Ortega. La ballena blanca

Por Francisco Ortega

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El primer libro que leí fue Moby Dick. Primero, en una versión reducida que aparecía en las primeras páginas de la revista Mampato; luego, en un corte novela juvenil de aventuras, con tapas duras amarillas y dibujos, que publicó Zig-Zag en los 60. Más adelante, en una edición también resumida que publicó la revista Apuntes, y así hasta que finalmente me atreví con la novela íntegra, tal cual la escribió Herman Melville, aunque eso fue muchos (bastantes) años después. Y sí, puedo decir que es el libro de mi vida. El primero y el último, el de siempre.

“Si el lector quiere puede llamarme Ismael. Hace algún tiempo, no importa cuánto, encontrándome yo sin un céntimo, decidí recorrer el mundo por los caminos del mar…”, recuerdo que era el inicio de la libre traducción que descubrí en 1978, en las páginas de Mampato. Tenía yo 4 años y había aprendido a leer solo o jugando con mi mamá, no lo tengo muy claro. Sí, entré a kínder y a primero básico sabiendo leer, fortuna que se tiene al crecer en una casa con libros. Mi papá era muy lector, sobre todo lector de historietas, y cuando yo nací, en julio del 74, comenzó a comprar semanalmente el Mampato. Su idea era que de chico me familiarizara con las historias, con los relatos, con el cómic, cuando entonces nadie lo llamaba así. De cabro chico yo era un fanático de todo lo que fuera grande y animado: dragones, dinosaurios y ballenas… y me encontré con esa historia del capitán Ahab enajenado por una venganza contra un enorme cachalote blanco que le cortó la pierna –porque a esa edad yo sabía identificar perfecto los tipos de ballenas y Moby Dick no era una ballena común y corriente–; también me encontré con el viaje del Pequod, la nobleza de Starbuck, la camaradería de Quiqueg y la inocencia de Ismael, narrador, testigo y único superviviente del viaje. En otra Mampato venía una lectura distinta y libre del relato, esta vez en historieta y con Mampato y Ogú embarcados en el barco ballenero del hermano del capitán Ahab, quien recorría el Pacífico tras el loco comandante del Pequod. Y allí, con dibujos de Themo Lobos, otra vez el cachalote blanco.

Recuerdo que también de chico vi la película de John Huston, con guión de Ray Bradbury (nombres que averigüé con los años), una tarde de domingo en el Canal 7, el único que entonces llegaba al sur. Y recuerdo también haber descubierto por una vieja Selecciones de Reader’s Digest que Moby Dick se había basado en la existencia real de un cachalote albino divisado a inicios del siglo XIX en las costas de Chile, cerca de la isla Mocha, por la cual los marinos y navegantes lo habían bautizado como Mocha Dick… Descubrir a los 8 años que tu monstruo marino favorito no solo era real, sino que además era chileno, puede ser peligroso, sobre todo en una época en que no había Internet. Y la obsesión creció, y el ritual de leer año tras año distintas versiones de Moby Dick se convirtió en fetichismo literario. Hasta el día de hoy colecciono ediciones del libro, en diversos idiomas y formatos. Tuve además la fortuna de escribir mi tributo, Mocha Dick, la novela gráfica que firmamos con Gonzalo Martínez el 2012 y en la cual cumplimos la mutua obsesión de traer de vuelta la ballena blanca a mares chilenos y, personalmente, de regresar la ballena blanca a mí, aunque en verdad jamás se fue. Siempre ha permanecido cerca, nadando entre mis dedos y mi imaginación, con su poderosa frente, su mandíbula torcida y sus arpones clavados en el pellejo. Moby Dick fue el primer libro que leí y compré, también el último… hace dos semanas, en una recopilación francesa en formato novela gráfica de esta aventura tanto moral como física. Y en lo personal, de crecimiento.

* Francisco Ortega (40) nació en Victoria. Es autor de las novelas gráficas 1899 y Mocha Dick, y de las novelas 60 Kilómetros, El Horror de Berkoff, El Verbo Kaifman y Logia; también de cuentos aparecidos en diversas antologías. En agosto publicará Max Urdemales, abogado de monstruos, su primera novela infantil-juvenil, editada por Planeta. Existe en Twitter como @efeortega.