Pati Aguilera. Retrato de familia

La tarea no fue fácil. Implicó hurgar en los recuerdos, repasar la historia común, preguntar sobre el presente y el futuro. Claudio Aguilera recibió una petición especial para este número de HUV: escribir el perfil de su hermana, la destacada ilustradora Pati Aguilera. Aquí, en primera persona, el íntimo resultado de esta experiencia. 

Por Claudio Aguilera
Periodista y socio fundador de PLOP! Galería
Investigador y curador de ilustración

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www.patiaguilera.com

 

La memoria está llena de trampas. Lo que recordamos no siempre es un recuerdo; a veces es algo que nos contaron, una imagen que de tanto verla se hizo real o incluso una ficción que nos inventamos para contarnos la historia de nuestras propias vidas.

Tal vez una de las razones por las cuales escribimos, e ilustramos, sea llenar esos vacíos que va instalando el olvido. “¿Cuál es tu primer recuerdo?”, le pregunto a mi hermana, la ilustradora Pati Aguilera, con quien realizamos el libro Hermanos (Quilombo Ediciones), donde evocamos, cada uno desde sus propias visiones, nuestra infancia.

“No recuerdo mucho”, me dice. “Los recuerdos que tengo de niña vienen todos de momentos de los que tenemos fotos. Puede ser que con el dibujo pase algo similar, porque son las imágenes las que quedan en la memoria”.

Yo tengo una imagen. Vamos caminando por un bosque. Ella se ha quedado atrás, como siempre lo hacía cuando salíamos de excursión. Está agachada junto a una charca donde se mueven cientos de diminutos renacuajos. Recogía piedritas, flores, pequeñas ramas, hojas y coquitos de eucaliptus.

Cuando volvíamos de paseo, Pati cargaba todos sus tesoros. Los ordenaba y usaba para hacer algunos collages que recreaban las caminatas que habíamos emprendido. “El olor del eucaliptus es una de las cosas que recuerdo”, me comenta. “Lo poníamos en un tarro con agua sobre la estufa a parafina”.

Por esa época vivíamos en Concepción y los inviernos eran furiosos, de lluvia y viento que levantaba los techos y rompía ventanas. Frente a nuestra casa había una gran vega donde después de la lluvia atrapábamos sapitos mientras esperábamos que volviera nuestra madre, quien a los 27 años criaba sola a tres hijos.

Inevitablemente esos años se colaron en nuestro libro. En una de las ilustraciones que hizo Pati se ve a cuatro pajaritos que salen de paseo arriba de tres ranas. En el cielo hay algunas nubes, en la tierra unas hierbas, y en sus corazones el pálpito de una aventura que aún no comienza.

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Crear el mundo

“Señor, podría dejar de hacer ruido, por favor. Mi hermanita duerme”. El que habla soy yo. Tengo un poco más de cuatro años. El “señor” es el conductor del camión del gas que ha decidido estacionarse justo frente a nuestra ventana mientras mi hermana recién nacida duerme.

Antes de su llegada, el Universo giraba en torno a mí. Ella cambió el curso de las órbitas pero no recuerdo haber sentido celos. Era apenas una hilachita, larga y delgada, que debía proteger a toda costa. Pero no tardó en dejar de ser inofensiva. La favorita de papá, el torbellino que arrasó con mis juguetes y un as para descubrir dónde escondía los dulces; también demostró tener un especial talento para negarse a comer, escarbar en la basura y quemarse con las estufas.

No era lo único. “A los diez años me di cuenta que tenía mucha capacidad para todo tipo de manualidades. No podía entender cómo mis compañeros se sacaban malas notas en Técnico Manual o Artes Plásticas, si para mí eran como un regalo que me ayudaba a subir el promedio”, recuerda.

Entre personitas de plastilina, vestidos para sus juguetes, tijeras y papel lustre, por esa época ganó un concurso por un volantín que diseñó y recibió de regalo una caja de lápices que se demoró semanas en abrir porque no quería que se gastaran o desordenaran. “Me pasa hasta el día de hoy. Cuando tengo materiales nuevos me cuesta empezar a usarlos porque me gusta mirarlos y que estén enteritos”, confiesa entre risas.

Hoy sus ilustraciones están llenas de flores y plantas, personajes sonrientes y de colores encendidos, como si parte de esa niñez saliera a relucir en sus composiciones. Pero por entonces el dibujo era apenas un pasatiempo más para una niña inquieta e imaginativa, que nunca tuvo miedo a los insectos, ni a subir a un árbol o rasparse las rodillas en bicicleta.

“Yo pensaba que existía un país donde los dibujos animados eran reales”, me dice en medio de nuestra conversación. “Que algún día podría ir hasta allá y casarme con Rick Hunter, el piloto de Robotech. Y recuerdo que te pregunté dónde quedaba ese país y me dijiste que no, que los dibujos los hacía una persona”.

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Corre, Pati, corre

Durante nuestra infancia se jugaba en la calle y el verano parecía nunca acabar. Las horas se derretían lentamente entre el olor a cemento mojado tras el “manguereo”, los helados en bolsita y las carreras en bicicleta o patines de cuatro ruedas. Sabíamos que teníamos que volver a la casa a tomar “la leche” y antes de que se prendieran los faroles.

Eran los tiempos de las olimpiadas de Los Ángeles y competir contra otros niños era parte de nuestras mayores entretenciones. Mi hermana era la corredora estrella. No importaba que fueran más grandes que ella; siempre ganaba.

Quizá de esa época le quedó el gusto de ponerse metas y trazarse un plan para alcanzar sus objetivos. A los 15 años se dio cuenta de que su promedio no era suficiente para ir a la universidad y decidió estudiar hasta ser la mejor alumna. Y cuando entró a Diseño dividía su tiempo entre su trabajo como garzona y las entregas de taller, lo que no le impidió ser en dos oportunidades la mejor alumna de su curso.

Sin embargo, el dibujo fue su calvario y el profesor a cargo del curso llegó a decirle que jamás aprendería. “Cuando estaba en la universidad tenía claro que de alguna manera quería ser artista”, cuenta. “Quería hacer exposiciones. Mostrar mi trabajo, pero no me iba bien en dibujo así que pensé en dedicarme a la fotografía. Ni siquiera era una alternativa el dibujo”.

Fue cuando creó, junto a Fito Holloway, la agencia de diseño AjíColor que el dibujo volvió a ser una opción. “Pero al principio no me lo creía. Fue después de tomar el taller de Alberto Montt y Francisco Javier Olea, que entendí que para ser ilustradora no era necesario dibujar bien; que lo importante era tener una voz propia que va surgiendo con el tiempo, incluso de las propias debilidades técnicas”.

Desde entonces mucha tinta ha pasado sobre el papel y hoy dedica la mayor parte de su tiempo a la ilustración, ya sea para clientes chilenos o extranjeros, o para proyectos propios, como los sitios de cocina criolla Cositas ricas ilustradas y de cocina saludable Palta Reina, además de haber sido seleccionada en el 2014 por la prestigiosa agencia española Pencil para ser representada a nivel internacional.

“Creo que siempre he sido muy estratégica”, comenta. “Y eso viene del deseo de siempre estar mejorando. Incluso me pasa, como a todos, supongo, que veo mis ilustraciones antiguas y las encuentro todas horribles. Hasta con las actuales me sucede que, una vez que las termino, les sigo encontrando detalles que mejorar. Nunca siento que algo esté perfecto”.

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Para chuparse los dedos
Autora: Pati Aguilera 

Letra Capital Ediciones, 2013
ISBN: 9789569271014
http://cositasricasilustradas.blogspot.com/

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Este 2015 Grafito Ediciones lanzará un libro con las mejores recetas del blog Reina Palta.
http://reinapalta.blogspot.com/

 

Un libro, muchos libros

El 2002 viajé a Francia para estudiar Historia del Arte. Fueron dos años lejos de mi familia, pero una gran experiencia que me permitió conocer el mundo de la ilustración europea y algunos espacios culturales que más tarde servirían de inspiración para PLOP! Galería.

Durante todo ese tiempo, Pati y yo intercambiamos cientos de correos, en que nos íbamos contando alegrías y penas. Cuando regresé ella había hecho para mí un libro donde reunía todas esas cartas y mensajes “con el fin de documentar el tiempo que no estuvimos juntos”. Fue nuestro primer libro.

Diez años después seguimos publicando. Ella como diseñadora e ilustradora; yo como escritor, editor o investigador. “Pero nunca fui una gran lectora como tú”, me dice. “Fue cuando descubrí los libros ilustrados que realmente me enamoré de los libros. Ahí estaba todo lo que me gustaba”.

Hoy Pati colecciona versiones de la Caperucita Roja y ha ilustrado libros de poemas de Gabriela Mistral y una historia de la plaza de Armas de Santiago, además de una compilación de sus recetas ilustradas bajo el sugestivo título de Para chuparse los dedos (Letra Capital Ediciones), y pronto presentará un nuevo recetario donde reúne preparaciones vegetarianas realizadas junto a la cocinera Antonia Cafati.

¿Qué diferencia hay entre ilustrar un libro de ficción y un libro informativo?

Cuando ilustro una historia de ficción siento mucha libertad para crear pero trato de no perder de vista el texto, para que las ilustraciones sigan manteniendo una relación con la palabra y el libro sea un todo. Cuando hago un libro informativo me documento mucho, voy al lugar, saco fotos, investigo y busco imágenes reales, porque soy consciente de que serán libros que los lectores utilizarán como referencia.

Ese rigor a la hora de emprender un nuevo libro la hizo pasar horas en la Plaza de Armas captando a los personajes que la pueblan y las características de su particular arquitectura. De la misma manera, su afición por la cocina la ha llevado a tomar varios talleres y antes de publicar alguna de sus recetas ilustradas prepara y prueba cada plato. “Incluso, haciendo este libro he cambiado mi alimentación. Ahora me preocupo más de lo que como. Tal vez es la edad y el hecho de ser mamá”.

Durante toda nuestra conversación, su hija, mi única sobrina, corre, juega y conversa entre nosotros. Violeta nació apenas una semana después de que en agosto del 2010 fundáramos, junto a Isabel Molina y Fito Holloway, PLOP! Galería. Para ella, que ha crecido entre talleres, lápices y libros, la ilustración será el lugar de su infancia, tanto como un bosque o una cancha de tierra fueron la nuestra.

“¿Qué sientes que te falta por hacer?”, le pregunto. Pero conozco la respuesta, porque compartimos el mismo sueño y aunque acabamos de inaugurar Casa PLOP!, un espacio para talleres y charlas sobre ilustración, Pati siempre quiere ir un poco más lejos y aspira a que PLOP! Galería se transforme en un gran centro cultural de la ilustración. “Imagino una casona de tres pisos, donde podamos dar clases, tener espacio para hacer exhibiciones y conferencias, residencia para ilustradores, salas para investigación, una biblioteca y un museo donde mostrar la historia de la ilustración chilena. Y un café para hacer mis recetas”.

“Tal vez eso sea para cuando tenga 50 años”, agrega. Y yo le pregunto cómo piensa que será a esa edad. Seguirá ilustrando, dice, quizá con una casita fuera de Santiago, con más trabajo, con más experiencia, ojalá que con algunos premios. Probablemente con más canas. Trato de imaginarla y no puedo. Creo que nunca podré dejar de ver a la niña que jugaba a coleccionar ramitas y piedras, que podía correr mejor que ninguno y que sigue creando un pequeño mundo de color y felicidad simplemente con un lápiz y un papel. Es mi hermana; no podría ser de otra forma.

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Ilustraciones del libro Plaza de Armas. El corazón de Santiago (Letra Capital Ediciones, 2012)

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Hermanos
Autores: Claudio Aguilera y Pati Aguilera
Quilombo Ediciones, 2014
ISBN: 9789568836184

Pati y Claudio  

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