Descubrir y guiar: lecturas informativas en contextos educativos

Desde su experiencia de más de dos décadas como bibliotecaria escolar, Paola Faúndez repasa algunas claves para seleccionar y trabajar con libros informativos en el aula o la biblioteca. 

Por Paola Faúndez
Máster en LIJ de la UAB
Biblioteca Colegio Wenlock

Central3

Ilustración de Mari Pérez
http://mariperezilustraciones.tumblr.com/

 

Trabajar con textos informativos en salas de clases, bibliotecas escolares, salas de párvulos y talleres es, además de una buena idea, una necesidad importante en la etapa en que los niños y niñas están formando sus conocimientos de la sociedad que los rodea. Con ellos podrán ampliar su mundo, desarrollar habilidades de información (extraer, organizar, juzgar), valorar y empatizar con el mundo transformándose en ciudadanos conscientes, responsables e informados.

¿Por dónde partir? Lo primordial es un mediador comprometido, que conozca una variedad importante de libros de referencia o no ficción, que tenga la habilidad de graduarlos por niveles de lectura dependiendo del lector que tiene enfrente, que logre presentarlos como libros interesantes y llenos de conocimientos, que despierte la curiosidad del lector leyendo algunas páginas en conjunto.

Tal vez, para ejemplificar, diremos que quien medie estos libros debe poder entregar el libro correcto al lector que lo espera, sin abrumar con información excesiva y evitando subvalorar al niño o joven.

Es interesante notar que los lectores de libros informativos leerán sobre sus intereses o hobbies sin importar el grado de dificultad de lectura que el libro les ofrezca; en estos casos su nivel lector no estará determinado por su edad o por el nivel que cursa, ya que el interés personal será el motor principal. Todos tenemos sobrinos o hermanos que a una edad temprana parecían expertos en insectos, piedras, mariposas, momias o dinosaurios.

Una vez que decidimos trabajar con un grupo lecturas informativas, una buena estrategia es encontrar una biblioteca que tenga libros informativos atractivos para distintas edades e intereses, y que estén al alcance de niños y mediadores.

En los últimos años, las bibliotecas públicas y escolares chilenas han privilegiado las colecciones literarias o de ficción, en desmedro de las informativas. Las razones son variadas: la falta de conocimiento y valoración de estos por mediadores de lectura, el boom experimentado por la literatura infantil que ha multiplicado la oferta de editoriales y autores, y la aparición de los libros álbum, por nombrar algunas.

Tal como sucede con los textos literarios, no todos los libros informativos disponibles en el mercado son adecuados o recomendables. Con frecuencia encontramos libros que incurren en errores de contenido al no estar asesorados por especialistas en el tema o que subestiman al lector infantilizando la información.

Algunos puntos a considerar  

Desde mi experiencia con los libros informativos en la biblioteca escolar, me gustaría destacar algunos aspectos de diseño y edición que adquieren relevancia en este tipo de contextos educativos.

Lo primero, la presentación. Ojalá tapas duras con portadas atractivas y títulos precisos, que reflejen a cabalidad el contenido del libro. A los niños les encanta revisar y comentar con sus amigos los datos que van descubriendo. Por eso, los formatos medianos o grandes, con hojas resistentes y empastes cosidos, funcionan muy bien a la hora de ser hojeados en grupo. También son muy cotizados en las bibliotecas los libros que incorporan mecanismos de diseño, tales como el despliegue de páginas –que hacen, por ejemplo, crecer a la ballena o al dinosaurio para adivinar su tamaño real–; los troquelados, que llevan al lector a nuevas páginas o personajes; los que usan solapas para descubrir un animal o un objeto que amplía el sentido de la lectura, o los con sonido, que imitan a la naturaleza, animales o medios de transporte. Es importante, eso sí, recalcar que un diseño atractivo o moderno no es garantía de calidad; hay otros factores que tener en cuenta a la hora de escoger un libro informativo para la biblioteca.

En línea con lo mencionado anteriormente, es fundamental que el libro entregue información correcta y verídica. En el número 10 de la Revista Había una Vez, la editora del sello especializado Iamiqué, Carla Baredes, destacó la importancia de que un libro informativo tenga autores que respalden los contenidos o alguna institución que avale la información. Esta no debe inducir a error y las leyendas bajo una fotografía o ilustración deben ser coherentes con lo que el niño visualiza. Si bien no es fácil revisar la veracidad y exactitud del contenido porque no somos expertos en todos los temas, un mediador puede confiar en el prestigio de editoriales serias para áreas específicas, lo que facilita la selección y compra.

En el mismo artículo de HUV, Baredes también llama a descartar “los libros que subestiman al lector, que piensan por él o le dan moralejas. Muy por el contrario, inclínese por aquellos libros que valoran su capacidad de observar, de comprender y de sacar sus propias conclusiones”.

El libro informativo debe ser coherente respecto a la terminología propia del contenido, sin descripciones figurativas, acompañada por glosarios con infografías precisas y de fácil comprensión visual. Resulta especialmente valioso que, en las series de lectores avanzados, se incluya una bibliografía o referencias a páginas web que permitan profundizar los intereses del lector.

Una opción para bibliografías de textos informativos es la que acompaña los actuales Programas de Estudio de Lenguaje y Comunicación, que ofrecen un listado recomendado para cada unidad de trabajo que el profesor debe revisar.

Trabajar en contextos educativos: algunas ideas 

-Ampliar la lectura de un libro literario con un cruce al libro informativo. A partir, por ejemplo, de Cosita Linda de Anthony Browne, se puede revisar en la revista National Geographic de enero de 1985 la historia real de Koko, el primer gorila en cautiverio que aprendió el lenguaje de señas, gracias al cual pidió un gatito. De igual forma, tras leer los cuentos de Julio Cortázar se puede recurrir al Diccionario de los símbolos de Chevalier, editado por Herder, para descubrir el significado de ciertos números, nombres u objetos que aparecen reiterativamente en sus narraciones. Las combinaciones posibles son múltiples y diversas; está en el mediador encontrar los cruces más atractivos y apropiados para cada nivel.

-Presentar un tema o unidad curricular a partir de una selección de libros informativos. Por ejemplo, antes de entrar de lleno al estudio de una unidad de Ciencias Sociales o Matemáticas entre primero y octavo básico, se pueden llevar a la sala de clases libros del tema a tratar, ya sea de exploradores, navegantes e instrumentos de navegación, o libros que permitan introducir fracciones, geometría básica o la vida de matemáticos famosos.

-Incorporar lecturas informativas en la Lista Mensual de Lecturas del plan de Lenguaje y Comunicación. Podemos incluir títulos informativos en todos los cursos y acompañar la lectura de este tipo de textos con la rutina del antes, durante y después. Libros como Juegos Tradicionales (Amanuta, 2011), Cachorros del fin del mundo (Pehuén y Ojoreja, 2014), Chile: de la A la Z (Everest, 2012) o Elegí vivir (Grijalbo, 2004) abren nuevos espacios de conversación para los alumnos y ellos aprecian el modelo de lectura que ofrece el profesor.

-Potenciar el uso de las revistas populares y/o especializadas. Las revistas son textos mixtos que los alumnos deben conocer, evaluar y aprender a citar. Se puede, por ejemplo, invitar al profesor de Biología a usar las revistas de la biblioteca para el inicio de una unidad con 2º Medio. Eso implica un trabajo previo de selección entre el profesor y el bibliotecario para poner a disposición de los alumnos varias opciones.

-Bibliotecas de aula diversas. Sabemos que tener libros a disposición de los niños en la sala de clases privilegia la autonomía en el uso de información y da opciones a espacios de ocio en la rutina diaria. Dividir la colección en dos casilleros (o cajas plásticas), separando visualmente los textos literarios e informativos, puede cooperar visualmente a la identificación y uso de los distintos tipos de textos.