Receta para viajeros nómadas y sedentarios

Columna de Abril Castillo Cabrera
Gestora cultural, editora e ilustradora
www.abrilcastillo.com

Existen dos tipos de viajeros: los nómadas y los sedentarios. Los nómadas no se cansan de moverse de un lado a otro, como insomnes cuya cama les queda chica y deben explorar lo alto y ancho del planeta. Los sedentarios se congratulan de su lugar en el mundo y no dudan en echar vistazos hacia afuera, desde la comodidad de donde estén, hasta los lugares más recónditos de sus sueños, memorias y lecturas.

Nómadas y sedentarios pueden recorrer el ancho mundo en avión, tren o barco; a pie, en metro o en bicicleta. Ir de país en país con sus propios pasos, mente y ojos. Comprar un boleto a donde sea o simplemente abrir un libro (o sus computadoras).

Nadie es solo nómada o sedentario; todo ser humano siente la urgencia de viajar y lo hace. A continuación, ofrezco una receta con ingredientes y procedimientos que pueden ser útiles tanto para el viajero en ciernes como para el de largo vuelo.

INGREDIENTES

Boleto de traslado: Pedazo de papel o comprobante digital que avala la posibilidad de abordar un medio de transporte o un libro. En este último caso, el boleto es el ticket de compra o el registro de una biblioteca.

Destino: Lugar que se aspira conocer (un pueblo, una ciudad, un país… o una realidad virtual).

Maleta:
Debe estar llena de todo lo necesario antes, durante y después del viaje. Lo bueno del caso de visitar el interior de un libro es que el equipaje puede reducirse a una taza de café y una dona, una cerveza en la playa o un vaso de agua y, por supuesto, la memoria.

Hospedaje: Para viajes continentales, un hostal, un hotel, la casa de un amigo, el sofá de un desconocido. Y una silla, la cama, el WC o el metro en movimiento para un viaje al interior de un libro.

Acompañante (opcional): Aquel con quien se compartirán las experiencias de viaje. Puede convertir la estadía en un paraíso o en el mismísimo infierno. Siempre se puede viajar solo, pero las experiencias se pueden quedar atoradas por el deseo de tener a mano alguien con quien compartirlas. En el caso de un libro, basta una lectura en voz alta o leer a la vez en silencio con otro.

PROCEDIMIENTO

1. Planeación y preparativos

El plan idealmente se construye antes del traslado, pero hay casos de viajeros improvisados que sobre la marcha deciden destinos y fijan fechas. No es grave, pero si se viaja con un acompañante hay que saber de qué tipo de viajero se trata. Los preparativos consisten en armar la maleta, decir los adioses y proceder a embarcarse.
En el caso de un libro, basta con decidir qué leer. Para ello, a veces la contraportada es suficiente, pero hay quien además lee críticas y reseñas. O, tal como en los viajes continentales, hay lectores que disfrutan jugar con el azar.

2. El traslado
Todo viaje tiene un trayecto y la maestría en disfrutarlo se relaciona con la experiencia: cuanto más se ha viajado, más se sabe qué esperar de cada momento. Con todo, siempre se lo pasa mejor quien sabe jugar con la ecuación paciencia-expectativa, de tal forma que se domine el ejercicio de esperar.

3. La meta
Durante el viaje el tiempo no importa y más bien parece que se detiene. No somos los mismos. Ir a cualquier lugar es como leer un libro, pues la lectura no solo es un trayecto, también es un destino.
Ya sea en un viaje continental o hacia el interior de un libro, los destinos son diversos y hay que probarlos con nuestros propios sentidos. Suele suceder que los sueños se hagan realidad o se rompan al encontrarse frente a ella. De ahí que muchos viajes puedan verse interrumpidos abruptamente o que haya libros que nunca se terminarán de leer.

4. El regreso
Un viaje siempre implica volver a casa. Durante los traslados (al principio y al final del recorrido) reinan los momentos de reflexión. La ida implica siempre un adiós y el regreso una reconciliación con lo que se dejó atrás. Viajar a otro continente o al interior de un libro, con o sin acompañante, es hacer las paces con los trayectos y, sobre todo, con uno mismo.