La voz de las cigarras

 


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Pilar Echeverría, profesora de Castellano y animadora de la lectura

La voz de las cigarras
Escritora: Patricia Truffello
Ilustradora: Juanita Subercaseaux
Lectores avanzadosAlfaguara Juvenil | 2013

¿Qué es lo que Ana, la protagonista de La voz de las cigarras, encuentra en su corto pero punzante viaje? Solo a través de la lectura del libro podremos descubrir la respuesta. Sin embargo, puedo adelantar que Ana no debe enfrentar un único viaje, sino dos: por una parte, un traslado íntimo desde la infancia hacia la madurez, y por otra, un desplazamiento terrestre por diversos, apartados y enigmáticos lugares.
Ana, al quedar huérfana de padre y madre a los cuatro años, se ve obligada a vivir con dos tías viejas y odiosas, que día a día le hacen notar el desprecio que sienten por ella.
Un día cualquiera aparece un desconocido, que para sorpresa de la joven resulta ser nada menos que su padre. Ana se ve en la obligación de irse a vivir con él. Esta situación desencadenará en ella la obsesión por descubrir la verdad de su pasado, camino que no estará exento de sufrimiento, dolor y angustia.
Compartiendo a diario con su padre, la niña se da cuenta del tipo de hombre que es y, sin dudarlo un segundo, huye de su lado. Lola, una taxista a la que había conocido en el traslado desde la casa de sus tías, empatiza con ella, le ofrece su ayuda y se convierte rápidamente en la única persona en la que puede confiar. Juntas emprenderán la búsqueda de Soledad, la madre de Ana, cuya vida se ha convertido en un enigma. Este viaje, al igual que el de Odiseo, está cargado de desafíos y pruebas que finalmente la conducirán hacia su propio crecimiento.
Uno de los valores de esta novela –ganadora de la Medalla Colibrí 2014 en la categoría de Narrativa Juvenil–, está en el paralelo que se da entre la vida y los sentimientos de la protagonista, y el ambiente físico que la rodea. La casa de las tías es antigua, de tres pisos y con el mismo aspecto de abandono que vive Ana. La analogía también se da con el clima: los días grises, oscuros y con una llovizna persistente se suceden monótonos y agobiantes, tal como la melancolía y tristeza de la niña. Esta semejanza entre lo interno y lo externo se da también con el estado de deterioro total de la casa del padre: cortinas desteñidas, cristales resquebrajados, un pasillo oscuro, el aire más helado que en la calle. Igual que el corazón de Ana el día en que llegó a vivir con él.
La autora, mediante la potencia del ambiente, reafirma el tono oscuro y apesadumbrado de la novela, y a medida que Ana va viendo la luz, esta también comienza a iluminar el relato. Tal como la vida de las cigarras, que viven enterradas bajo tierra, en la oscuridad, hasta que llega la época de calor y salen a cantar.

Publicado en RHUV Nº20